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Lindsey Cooper, la hermana de Lily Evans » Hogwarts
Lindsey Cooper, la hermana de Lily Evans (ATP)
Por Hermaire
Escrita el Sábado 11 de Enero de 2020, 20:34
Actualizada el Jueves 22 de Octubre de 2020, 20:36
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Hogwarts

Capítulos
  1. El nacimiento
  2. Magia
  3. La verdad
  4. Lista para el viaje.
  5. Albus Dumbledore
  6. Hogwarts
  7. Conociendo a los Dursley
  8. Valle de Godric
  9. Severus Snape, ¿el amigo de Lily?
  10. ¡Hola, tía Lindsey!
  11. Conociendo un poco más
  12. Una visita nocturna
  13. La vista en el juzgado
  14. No eres ella
  15. Desahogo
  16. La llegada de Beauxbatons
  17. ¡No puede ser posible!
  18. Un pequeño enfrentamiento.
  19. La carta del abogado
  20. La primera prueba
  21. La vista en el juzgado
  22. Una contienda lejos del juzgado
  23. El anuncio de Dumbledore
  24. Una carta de tía Petunia
  25. ¿Irías conmigo al baile?
  26. El baile
  27. Un espía en el pasillo
  28. Incertidumbre
  29. Un nuevo artículo de Skeeter
  30. El paseo
  31. Amor
  32. Un intruso
  33. Gemelas.
  34. Revelación.
  35. Perdóname
  36. ¿Qué sucede con Lindsey?
  37. La segunda prueba del torneo
  38. ¿Ocurrió de nuevo?
  39. Antídoto
  40. Muerte en el castillo
  41. Cuidaré de ti
  42. La excursión a Hogsmeade.
  43. Una grata visita.
  44. El fantasma

Nota de autora: Como las musas me atraparon desde ayer y no me soltaron hasta ahora, logré crear este episodio y adelantar el siguiente, así que por eso tienen una actualización tan rápido. Espero que la disfruten en demasía. La próxima la tendrán el siguiente viernes como de costumbre, Dios mediante. 

Así que ahora, a disfrutar del episodio



Después de buscar un lugar adecuado y discreto (libre de las miradas de los muggles) el profesor Dumbledore tomó las manos de ambas mujeres y se desapareció con ellas para aparecer segundos más tarde frente a las verjas del colegio Hogwarts. Las dos mujeres miraron con curiosidad el par de cerdos alados que imperaban a cada lado del portón, aunque Madame Maxime incluso esbozó una mueca de desagrado, Lindsey en cambio hasta dejó escapar una sonrisa, a pesar de la tristeza que sentía en ese momento. 

—¡Bienvenidas a Hogwarts, escuela de Magia y Hechicería! —exclamó Dumbledore abriendo los brazos en cruz mientras el portón se abría por arte de magia. 

—Muchas gracias —respondieron ambas mujeres. 

—Disculpen que las haga caminar tanto, lo que sucede es que parte de los encantamientos protectores de Hogwarts es que no se puede aparecer ni desaparecer dentro de los terrenos del castillo —explicó el director—. No obstante yo puedo saltarme esa regla, pero me parece más adecuado mostrarles las instalaciones, o al menos parte porque como pueden observar el terreno es muy vasto. 

A lo lejos se divisaba la imponente figura de un castillo medieval que no parecía tan grande, aunque a medida que se fueron aproximando se dieron cuenta de que era incluso dos o tres veces más grande que su amado Beauxbatons. Los tres iban avanzando por un camino largo no demasiado interesante e impactante, pero cuando ya llevaban rato el terreno se fue volviendo más alegre, con pasto y algunos árboles a la vista, incluso un huerto y una cabaña que Madame Maxime encontró pequeña pero a Lindsey le pareció enorme. 

—Esa es la cabaña de Hagrid, nuestro guardabosque —explicó Dumbledore, señalando el lugar—. Ahora debe estar en Londres en busca de repelente para babosas. Él cuida mucho de su huerto de calabazas.

Las mujeres siguieron al director a través de una extensa explanada mientras Madame Maxime se abanicaba, estaba un poco exhausta por el esfuerzo de la subida. Lindsey se imaginó el lugar lleno de estudiantes y sobre todo imaginó a su hermana Lily por aquellos terrenos. Sin poder evitarlo un par de  lágrimas rodaron por sus mejillas, pero ella se apresuró a secarlas pues quería disfrutar de la hermosa vista. De alguna forma podía sentir ese lugar como suyo pues era a donde hubiese asistido si Emily no la hubiese robado de los brazos de la señora Evans. Observó el muelle y el extenso lago y dio un respingo cuando el calamar gigante salió a la superficie conjuntamente con un enorme salpicón de agua. 

Oh mon dieu! —exclamó Madame Maxime después de ahogar un grito.     

—Oh! No te asustes, querida Olympe, es nuestro calamar gigante, protector del lago negro. Los estudiantes de primer año llegan por primera vez al colegio atravesando el lago en barcas, precedidos por nuestro guardabosque.   

—Es interesante —comentó Lindsey, imaginándose a sí misma sobre una de esas barcas en compañía de su hermana. 

Al frente tenían ya el enorme castillo, la altura e imponencia de sus infinitas almenas y atalayas no podían ser alcanzadas por la vista y era evidente que jamás podrían recorrerlo en un día. Las dos mujeres estaban asombradas y más todavía cuando traspasaron el umbral y llegaron al vestíbulo, aunque Peeves estuvo a punto de arruinar la impresión del lugar cuando se preparaba para arrojar tizas. No obstante, la voz del director fue suficiente para imponer respeto y hacerlo desistir. 

—Creo que será mejor que no le des una mala impresión de nuestro hogar a mis invitadas. No querrás que llame al barón sanguinario, ¿o sí?              

Dumbledore les dio un pequeño recorrido por el gran comedor, explicándoles las divisiones de las mesas correspondientes a las cuatro casas y para Lindsey una vez más era inevitable dejar volar su imaginación al encontrarse en ese lugar. Le pareció fascinante ver que el techo del gran comedor reflejaba el cielo del exterior, dando la impresión de que estaban a la intemperie. 

Lindsey no dejaba de ver los estandarte de las casas, analizandolos mientras se preguntaba a cuál de ellas había pertenecido su hermana y ahora su sobrino. Dumbledore, al ver su expresión melancólica intuyó sus pensamientos sin necesidad de legeremancia, así que le colocó una mano sobre el hombro y expresó señalando el estandarte escarlata con el león dorado: 

—Gryffindor, la de los valentes. Esa es la casa a la que perteneció nuestra querida Lily, su marido James y su único hijo, Harry. 

La muchacha esbozó una sonrisa triste y bajó la cabeza. ¿Por qué la vida era así? ¿Por qué le había arrebatado a sus padres y a su hermana gemela? 

—Me gustaría tanto haberla conocido. ¿Guarda usted alguna fotografía de ella y mi sobrino? —preguntó la muchacha con curiosidad. 

—Sí, desde luego —respondió el anciano, todavía sin poder dejar de mirarla con curiosidad—. Ella y su marido eran grandes amigos míos, ambos pertenecían a La Orden del Fénix, orden que fundé con el fin de ayudar a derrotar los planes de Lord Voldemort. 

—Pero él terminó destruyéndolos a ambos —musitó Lindsey con impotencia, dolor y odio. No conocía a ese tal Voldemort pero nada más con saber que él había asesinado a parte de su familia ya deseaba eliminarlo, por más que en su corazón, antes no había cabida para el odio.   

—No, no es así del todo, recuerda que Harry sobrevivió. Muy pronto lo conocerás, mientras tanto solo puedo mostrarte su fotografía. Acompañenme ambas a mi despacho.  


Madame Maxime tuvo que inclinarse para traspasar el pasadizo que dejaba la gárgola detrás de sí para abordar la escalera que conducía al despacho del director. Había tantas cosas en ese despacho que llamaban la atención de las dos mujeres, pero Madame Maxime no dejaba de compararlo con el suyo, encontrándolo menos vistoso. 

Una vez allí, Lindsey solicitó que en primer lugar pusieran en orden los detalles para el próximo torneo que era la razón por la cual la directora de Beauxbatons había llegado hasta allí, Madame Maxime se negó, solidarizándose con ella, pero la mujer insistió porque deseaba hablar largo y tendido referente a su asunto. Quería saborear a gusto la conversación, saber todos los detalles de lo ocurrido y muchas cosas más. Así que ella se dedicó a mirar los diversos retratos mientras los directores se ponían de acuerdo. 

Lindsey estaba demasiado sumergida en sus pensamientos entretanto miraba por una de las ventanas lo que parecía ser el estadio de quidditch, allá a lo lejos. A ratos le llegaban fragmentos de la conversación de los dos directores, aunque a decir verdad poco le interesaba y de esa forma supo que el director de Durmstrang ya había hecho su respectiva visita unos días atrás y cosas por el estilo, pero ahora sus pensamientos la trasladaron hacia Noah... ¿Qué estaría haciendo? ¿Estarían pensando en ella como ella pensaba en él? Qué más daba, ya no estaban casados y probablemente él estaría disfrutando su nueva vida de soltero junto a Colette —pensó la mujer tras un bufido de molestia, pero... ¿A quién pretendía engañar? Todavía lo amaba y ese amor no iba a borrarse de la noche a la mañana, por más que ella no hubiese estado dispuesta a tolerar su traición, por eso estaba ahí, lejos de él hasta que el destino lo trajera de nuevo a ella lamentablemente en el mes de octubre junto a la comitiva de Beauxbatons. Por ahora sus prioridades eran otras... 

Ella también pensó en lo impresionado que debía estar sintiéndose el director Dumbledore con su sola presencia y a cada momento sentía su azul mirada puesta en ella y lo comprendía, eso inevitablemente la llevó a pensar en su sobrino Harry... Harry Potter. Todavía no podía creer que ese chico tan famoso cuyo caso fue estudiado en la academia de medimagia resultara ser su pariente tan cercano... Se preguntó dónde estaría ahora, quien estaría a su cuidado... ¿Sería su otra hermana Petunia? Pero el director mencionó que a ella no le gustaba la magia en lo absoluto... o al menos eso había entendido, bueno, de cualquier modo eso no significaba que ella no lo amara —pensó luego más aliviada. Se trataba de su sobrino, su único sobrino que además era huérfano. ¡Sí! Lo más probable es que ella lo tuviera a su cargo y cuidado, incluso, probablemente lo tendría muy mimado. 

¿Cómo sería Petunia, su hermana? Puede que no le gustara la magia pero de seguro la amaría a ella y se alegraría de verla, después de todo le recordaría a Lily... Ahora ella y Harry eran su única familia o probablemente no...  ¿Ella estaría casada? ¿Tendría hijos? ¿Cuantos sobrinos más a parte de Harry tendría? Lindsey no podía más con sus nervios, las preguntas  en su cabeza y las ganas locas de conocer a su hermana y sobrinos.     

—¡Lindsey, cariño! —la llamó Madame Maxime.

—¡Ah! Sí, ehhh, disculpe, Madame. Estaba un poco distraída.  

Ahoga me magcharé, guecuegda que asistigué a la final del mundial que segá mañana, pego hoy voy a encontgagme con algunos alumnos que me espegan en el campamento. 

Lindsey la abrazó con ternura. 

—Muchas gracias por todo, Madame, sin usted me habría costado mucho más contactar al profesor Dumbledore. De verdad estoy muy agradecida con usted... con ambos —añadió después mirando al profesor que le regaló una sonrisa.  

—Gracias, Olympe, espero que hayas quedado satisfecha con todos los términos. En ese pergamino que te entregué hay más información acerca de la historia del colegio y pues, nuestras coordenadas, beneficio que como sabes, solo pueden poseer los organizadores y participantes del evento que tendremos en puerta este año —el hombre tomó un poco de polvos flu del saquito que colgaba de su chimenea y se lo colocó en la enorme mano a la directora—. En el caldero Chorreante encontrarás trasladores de los que el ministerio ha repartido a propósito del mundial. Espero que te diviertas mucho y no te preocupes por Lindsey, la dejas en buenas manos. 

Au revoir, ma chérie! Rendez-vous en octobre (¡Adiós, querida mía! Nos veremos en octubre) —se despidió la mujer, besando a Lindsey en cada mejilla. 

Cuando el director y Lindsey se quedaron solos, él volvió a mirarla con curiosidad, le parecía mentira toda aquella situación.

—Así que eres especialista en reparación de huesos —dijo para romper el hielo.  

—Y tengo un diploma en toxicología mágica, señor, he elaborado antídotos para lidiar con venenos que van desde los de doxys hasta diversas serpientes mágicas y manticoras —comentó la muchacha entregándole unos documentos al director y luego añadió—: Tengo once años de experiencia en el hospital mágico de Madrid, sin contar con los años de práctica en la academia. 

—Lo sé, no tengo dudas de eso, muchacha —respondió Dumbledore sonriendo mientras enarcaba una ceja y paseaba los ojos por el pergamino—. Has tenido una carrera brillante, lo que me lleva a preguntarme por qué alguien con tantos conocimientos decide renunciar a su puesto en el hospital mágico para solicitar uno que normalmente buscan los recién graduados de la academia. No todos los medimagos están dispuestos a prestar sus servicios en colegios. 

—Yo quería buscar a mi familia, señor, como le dije anteriormente. 

—Sí, pero... ¿tu familia no se opuso a que dejaras el país y tu empleo?. 

—Yo... no tengo familia, señor director —dijo Lindsey un tanto incómoda—. Como bien sabe, mis padres adoptivos murieron y... pues, acabo de divorciarme, así que nada me retenía en España. 

—¡Cielos! Lo siento... a veces suelo ser algo indiscreto —se disculpó el hombre.

—Descuide —respondió Lindsey, más aliviada.

—Bueno, creo que está de más decirte que el puesto es tuyo. Nos serás de mucha utilidad en el colegio pues las rivalidades entre las casas Gryffindor y Slytherin normalmente tornan los partidos de quidditch donde se enfrentan ambos equipos, mucho más violentos que de costumbre y aunque nuestra sanadora, la señora Pomfrey está muy cualificada, la pobre ya no se da abasto, además, para el Torneo de los Tres Magos nos imperativa la presencia de un medimago. Más adelante te llevaré a conocer la enfermería y a tu compañera, la señora Pomfrey, es muy amable aunque un tanto quisquillosa con sus pacientes. 

Ella sonrió mientras afirmaba con la cabeza. 

—Bien, pero ahora que creo que es justo que te muestre algo que de seguro has estado esperando con ansias desde hace mucho tiempo —dijo Albus.   

Ella observó con curiosidad todos los movimientos del director que en ese momento hurgaba dentro de una de las gavetas de su escritorio para luego extraer una fotografía que le ofreció con amabilidad. 

Ella la miró con una sonrisa y cuando la tomó de manos del director, pudo comprobar que se trataba de un retrato de la familia Potter donde estaban su hermana Lily, James y el pequeño Harry. 

Lindsey estaba asombrada mientras acariciaba la fotografía con la yema de los dedos. Era terriblemente extraño observar a alguien exactamente igual a ella. Era su hermana, su gemela, sonriendo para la cámara mientras besaba la manita del bebé. No pudo evitar imaginar la vida si hubiese crecido junto a ella y su otra hermana y mucho menos pudo evitar sollozar mientras apretaba la fotografía contra su pecho. Albus Dumbleore la miró con indulgencia.

—No es justo —decía Lindsey una y otra vez—. No debieron haber muerto 

—Puedes quedarte con la fotografía, es tuya ahora —concedió el director Dumbledore, conmovido.  

—¿Cómo era ella? —preguntó Lindsey cuando pudo hablar al fin. 

—Físicamente igual de hermosa que tú, como ya comprobaste —dijo el hombre señalando la fotografía, arrancándole una breve sonrisa a Lindsey—. Pero también era hermosa en su interior. Ella tenía una personalidad noble y altruista, siempre quería ayudar a otros y no toleraba las injusticias pero asimismo era obstinada, no se apartaba de su punto de vista o de lo que consideraba justo, intransigente con sus decisiones —dijo con la mirada perdida, como sumergido en sus pensamientos—. Ella sabía amar y era un alma piadosa pero lo que definitivamente no toleraba ni admitía era la magia oscura. Ella decía que podría las almas y torcía vidas —el hombre suspiró hondamente y luego añadió—: Creo que tenía razón, pero en fin... Su corta vida fue... maravillosa. 

—¿Dónde está Harry? —preguntó Lindsey instintivamente—. ¿Quien se quedó con él después que Lily y su esposo murieron?  

—Tu otra hermana, Petunia... Verás, Lindsey: cuando lord Voldemort entró a la casa de los Potter, asesinó primero a James para tener el camino libre hacia la habitación del niño. Evidentemente tu hermana se opuso entre el intruso y su hijo, no dejaría que lo lastimaran, Voldemort esperaba que ella se apartara pero ella no lo hizo. 

—¿Acaso estaba loco? ¿Cómo podía pensar que una madre se haría a un lado? 

—En efecto, Lindsey, ese fue su error. Él nunca aprendió amar y por lo tanto no pudo comprender ese sentimiento que terminó siendo llevándolo al fracaso esa noche. Cuando Lily Potter dio la vida por su hijo lo dotó de una protección extraordinaria que lo salvaría de la muerte. 

—La magia del amor —susurró Lindsey—. Sí, recuerdo el profesor Maberly en la academia nos expuso esa hipótesis cuando estudiamos el caso. Ese tipo de protección perdura en la sangre de la víctima. 

—Exacto —confirmó el profesor Dumbledore chascando los demos—. Yo no creo que Voldemort haya muerto en realidad, sino que más bien perdió su cuerpo y que en cualquier momento puede regresar. Es por eso que Harry vive en casa de tu hermana Petunia. Ella era la única persona entonces que poseía la misma sangre de Lily y por lo tanto debía y... debe amparar a Harry hasta que cumpla la mayoría de edad —dijo esto último volviendo a quedar pensativo. 

—Sí, es natural, ella no querrá apartarse de él... Debe amarlo como a un hijo, después de todo lo crió. 

Dumbledore no se sintió con valor para refutar a la muchacha y aumentar su dolor al decirle que su sobrino no se sentía a gusto en casa de los Dursley, así que prefirió callar. 

—¿Ella también se casó? ¿Tiene hijos? ¿Cómo es Petunia? ¿Por qué no le gusta la magia si creció junto a una bruja?

—Ehh, pues... supongo que no soportó el hecho de no poder asistir a Hogwarts como su hermana —dijo encogiéndose de hombros y luego continuó—: Se casó, sí, con Vernon Dursley que al igual que ella es un muggle muy convencional en todos los sentidos. Tienen un hijo llamado Duddley. 

Lindsey sonrió. 

—Tengo otro sobrino —dijo con emoción—. Me complace que Harry haya crecido junto a su primo, seguro son como hermanos... Me gustaría verlos, profesor... ¿puede darme la dirección? Quiero ver a Harry, a mi hermana y a mis sobrinos. 

—¡Espera! —exclamó Dumbledore, tomando asiento e invitandola con un gesto a imitarlo, ya que ella se había levantado en el momento de recibir la fotografía—. Harry no se encuentra en casa en estos momentos.

—¿Ah no? ¿Y eso por qué? 

—Hay una familia... los Weasley, es la familia de su mejor amigo, Ron. Ellos se lo llevan con ellos a mitad del verano donde se divierte por montón y... bueno, piensan asistir al partido final del mundial de quiddicth.

—¡Que bueno! Que se divierta entonces. Ya habrá tiempo de conocerlo, no falta mucho tiempo para que las clases comiencen, pero entonces me gustaría ir a conocer a Petunia y a su familia. Deseo conocer a mi única hermana. ¡Por favor, profesor Dumbledore!  

Él lo meditó por un momento. 

—Ehhh, no creo que sea buena idea, Lindsey. Es decir, habrá que prepararla primero pues es evidente que... 

—¡No importa! Hágalo, usted mismo. Escríbale y dígale que existo que regresé a este país para conocerla y que ya la quiero por el simple hecho de ser mi hermana. 

En ese momento tocaron a la puerta. 

—¡Adelante! —dijo Dumbledore casi sin pensarlo, absorto todavía y conmovido con el discurso de Lindsey. No lo había pensado pero en cuanto la puerta se abrió se arrepintió de haber concedido el permiso—. ¡Hagrid! —exclamó con asombro. 

El semigigante entró en el despacho con una garrafa enorme de repelente para babosas. 

—Buenas tardes, señor Director. Este fue el que conseguí porque no había de la marca habitual. ¡Oh disculpe! No sabía que tenía visita... ¡Oh por Merlín!... Ella... ella es... pero ¿cómo es posible?

—¡Hagrid! ¡Cálmate! —dijo Dumbledore—. Ella no es...

—¡Sí! Es Lily... pero cómo es que... 

—¡Hola! —lo saludó Lindsey un tanto incómoda, era evidente que ese hombre conocía a su hermana—. Soy Lindsey Cooper, la hermana gemela de Lily. 

Las piernas de Hagrid dejaron de sostenerlo y este cayó sentado al suelo sin dejar de mirarla con asombro. 

—¿Estás bien? —preguntó ella corriendo hacia él para examinarlo. 

Él no dejaba de escrutarle el rostro mientras ella le tomaba el pulso y le pedía que se calmara. Se veía un tanto mayor, mucho más madura pero era ella, era Lily.... Como que era su...

—Soy su hermana gemela y es una larga historia pero se resume a que fuimos separadas al nacer —comentó la mujer—. Me crié en España pero al enterarme acerca de mi origen decidí venir a conocer a mi familia, encontrándome con la triste noticia de lo que sucedió con mi hermana y mi cuñado. Soy medimaga y vine a trabajar al castillo para estar cerca de mi sobrino. 

—¡Por la vara y la barba de Merlín! ¿Es eso cierto? pero... ¿cómo la consiguió usted, profesor? ¡Cielos! Cuando Harry te vea... 

—Yo me muero por verlo pero ahora es imposible porque él está con su mejor amigo, sin embargo el profesor Dumbledore va a llevarme a conocer a Petunia, mi otra hermana.

—Lindsey, yo...

—¡Por favor! —suplicó la mujer, tomando las manos del director.  

—Su hermana gemela —musitó Hagrid mientras se incorporaba del suelo—. ¡Sí! Son idénticas... Es asombroso. 

Dumbledore por su parte también meditaba... ¿Qué sentido tenía ocultarle la verdad a Petunia? Tarde o temprano se enteraría también, además... dadas las circunstancias todo eso del hechizo de protección con Harry podía cambiar y él podría vivir junto a su otra tía que además era la gemela de su madre, con ella incluso podría tener mayor protección pues el vínculo con Lily era aún más fuerte.... Además, estaba seguro de que Petunia se asombraría de todos modos así él la preparara primero, quizá ni siquiera le creería. No obstante... estaba seguro de que Petunia no se alegraría de verla y que Lindsey se alegraría mucho menos al saber en qué condiciones habían criado al niño en esa casa, pero no había opciones, era mejor que por más que doliera, Lindsey supiera toda la verdad, plena, absoluta y sin velos. Ya había tenido suficientes mentiras en su vida. 

—Bueno, pero primero será mejor tomar un buen almuerzo antes... ¿no lo crees? Me muero de hambre —dijo al fin. 

—Está bien —concedió Lindsey con una sonrisa alegre—. ¿Vamos Hagrid?

—E... está bien.. Li...

—Lindsey —dijo la mujer mientras él estrechaba su mano con nerviosismo. 

—¿Pu... puedo darte un abrazo? Fui... un gran amigo de tu hermana y ahora lo soy de tu sobrino Harry. Disculpame pero es asombroso —dijo después de sonarse la nariz con una gran pañuelo de lunares. 

—Desde luego, Hagrid —concedió Lindsey con una sonrisa amable, dejando que el semigigante la estrechara. Ella se veía mucho más frágil entre los enormes brazos del guardabosque mientras este sollozaba de melancolía  y alegría al mismo tiempo. 

—¡Ya, ya! Vamos, Hagrid —dijo Dumbledore con voz indulgente mientras le daba palmaditas en el codo para que liberara a Lindsey—. Ahora vamos a tomar un delicioso almuerzo y posteriormente Lindsey y yo viajaremos a Surrey. 

Cuando estuvieron en el gran comedor, la señora Pomfrey, Aurora Sinistra, el profesor Flitwick y la profesora Sprout que eran los únicos residentes en el castillo en ese momento, además de Hagrid, quedaron impactados tanto con la apariencia física como con el relato. Lindsey se veía un tanto incómoda, no solamente por las miradas curiosas sino por el simple hecho de tener que exponer la situación de haber sido robada del seno de su familia. Era algo incómodo pero inevitable pues era la única explicación que tenía. No obstante se mostraron muy amables con ella, receptivos y alegres cuando lograron salir del estupor. 

Posteriormente la señora Pomfrey llevó a Lindsey a conocer su alcoba y área de trabajo. No solo estaba feliz al saber que tendría la ayuda de una medimaga cualificada, sino que además era la hermana gemela de Lily Potter. Pese a su trágica historia era una gran noticia. 


Lindsey ya estaba preparada para conocer a su hermana mayor, su corazón danzaba de emoción y no podía esperar un segundo más. No importa si Petunia estaba o no encariñada con los asuntos de la magia, ella estaba segura de que, como todo el mundo hasta ahora, después de asombrarse hasta las lágrimas, la recibiría con el corazón y los brazos abiertos, después de todo era su única hermana. Así que, sin más dilación se dirigió de nuevo junto al profesor Dumbledore hacia las verjas de la entrada para poder desaparecerse y aparecer segundos más tarde, detrás de unos setos en el número cuatro de Private Drive en Surrey. 




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