Historia al azar: La Última Batalla
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Lindsey Cooper, la hermana de Lily Evans » Albus Dumbledore
Lindsey Cooper, la hermana de Lily Evans (ATP)
Por Hermaire
Escrita el Sábado 11 de Enero de 2020, 20:34
Actualizada el Jueves 22 de Octubre de 2020, 20:36
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Albus Dumbledore

Capítulos
  1. El nacimiento
  2. Magia
  3. La verdad
  4. Lista para el viaje.
  5. Albus Dumbledore
  6. Hogwarts
  7. Conociendo a los Dursley
  8. Valle de Godric
  9. Severus Snape, ¿el amigo de Lily?
  10. ¡Hola, tía Lindsey!
  11. Conociendo un poco más
  12. Una visita nocturna
  13. La vista en el juzgado
  14. No eres ella
  15. Desahogo
  16. La llegada de Beauxbatons
  17. ¡No puede ser posible!
  18. Un pequeño enfrentamiento.
  19. La carta del abogado
  20. La primera prueba
  21. La vista en el juzgado
  22. Una contienda lejos del juzgado
  23. El anuncio de Dumbledore
  24. Una carta de tía Petunia
  25. ¿Irías conmigo al baile?
  26. El baile
  27. Un espía en el pasillo
  28. Incertidumbre
  29. Un nuevo artículo de Skeeter
  30. El paseo
  31. Amor
  32. Un intruso
  33. Gemelas.
  34. Revelación.
  35. Perdóname
  36. ¿Qué sucede con Lindsey?
  37. La segunda prueba del torneo
  38. ¿Ocurrió de nuevo?
  39. Antídoto
  40. Muerte en el castillo
  41. Cuidaré de ti
  42. La excursión a Hogsmeade.
  43. Una grata visita.
  44. El fantasma

Lindsey suspiró de nostalgia al encontrarse dentro de los muros de aquella habitación en su amado Beauxbatons. Miró a su alrededor y aunque se encontraba en una habitación de huéspedes, no pudo evitar recordar los días vividos dentro de la sala común de Doué, adornada con tonos púrpuras e imagenes de caballos por todos lados.  Ella se dejó caer sobre la cama mientras ahora pensaba en sus padres y en la nueva vida que posiblemente le esperaba en Inglaterra... ¿y si sus padres y hermanas ya se habían acostumbrado a su ausencia después de treinta y cuatro años y ya no la querían en sus vidas? ¡No! No debía pensar en eso, pero muchas más interrogantes  llegaban a su mente ¿Sus hermanas se habrían casado? ¿Se conseguiría con sobrinos al llegar a Inglaterra? ¿Qué edad tendrían?¿Sus padres habrían tenido más hijos y por consiguiente ella tendría más hermanos que Lily y su hermana mayor? ¿Que tan igual a ella sería su hermana Lily, su gemela? ¿Llevaría el cabello más corto o largo que ella? ¿Cómo sería ese encuentro entre ambas? 

Su corazón, por muy lastimado que estuviera también estaba rebosante de expectativas y mucha emoción por saber qué encontraría los próximos días. Por ahora solo sabía que al día siguiente iba a encontrarse con ese tal Dumbledore, director de Hogwarts que tal vez le daría noticias de sus hermanas y quizá hasta un empleo en su colegio como la nueva medimaga que tanto buscaba.     

La mañana siguiente, a la hora del desayuno, Noah no dejaba de mirarla y ella sospechaba que él estaba por rogarle, una vez más, que considerara su petición de acompañarla, por eso rehuía su mirada, no deseaba hablar con él mucho menos tenerlo cerca un solo segundo más. Giró el rostro hacia el otro lado y pudo observar a Colette, conversando con una compañera suya. Lindsey odió más que nunca su forma de apartarse el cabello del rostro con excesiva arrogancia y coquetería, como si ella fuese el tesoro más valioso de la tierra. 

No había demasiados profesores en el palacio, y definitivamente no había un solo estudiante, debido a que se encontraban en pleno verano. Lo que provocaba que el lugar se sintiera más íntimo, pero Lindsey se mantenía alejada de todos, ausente, pensativa y taciturna.  

Noah se levantó del asiento, quizá pretendiendo ocupar la silla vacía de Madame Máxime, pero volvió a sentarse al ver que la mujer se acercaba con elegancia por el pasillo, dispuesta a ocupar su lugar. 

   —¡Lindsey! Cariño, acabo de hablar con Albus ya que anoche lo olvidé por completo. Él dice que estará muy emocionado de recibirte. No hay demasiados medimagos que deseen trabajar para las escuelas y mucho menos los de tu talla, con tantos conocimientos adquiridos, ellos prefieren los hospitales mágicos donde su salario es más elevado, pero de todos modos él te manda a decir que no podrás quejarte de la paga. En fin, ya hablarás con él cuando estemos allá. 

Muchas gracias, Madame Maxime —respondió la mujer, asintiendo con elegancia—. De todos modos esa es la menor de mis preocupaciones. Con lo que mis padres me heredaron puedo vivir y de hecho planeo comprar una casa para los días de vacaciones. Lo que realmente me preocupa es saber si podré al fin conseguir información de mis hermanas, de mi familia en general.

Claro que lo harás, estoy segura. Albus, al igual que yo y cualquier director, debe guardar todos los registros con los datos de los estudiantes de todas las generaciones. Según mis cálculos, tu hermana gemelas debió haber egresado del colegio más o menos en el año 78 pues en Hogwarts entran un año más tarde que aquí, con once años cumplidos, pero con respecto a  a tu hermana mayor, lo ignoro. ¿Qué edad tenía ella cuando tú naciste? 

Mi madre no lo sabía, o al menos no me lo dijo, lo ignoro por completo.   

No importa, con el registro de tu hermana gemela será suficiente, al encontrar sus datos en los registros del colegio, encontraremos también los de tu otra hermana y por consiguiente daremos con el paradero de toda tu familia —la tranquilizó la directora—. En cuanto terminemos de desayunar nos iremos. Tienes todo listo ¿no?

—Así es, Madame.

Bien, son las nueve de la mañana pero en inglaterra deben ser las ocho, muy temprano aún —dijo la directora, consultando el enorme reloj sostenido por querubines de mármol que adornaba una de las esquinas del gran comedor—Albus nos estará recibiendo a las diez, así que tendremos un par de horas libres, el tiempo suficiente para darnos una paseadita por el lado mágico de Londres. Aunque es probable que esté medio vacío a propósito del mundial de quidditch que como sabes se celebrará en Gran Bretaña y en estos días todo el mundo vive pegado a la radio mágica. Yo tengo pases para ir a la final y me encontraré allá con algunos alumnos. Será mañana. ¿Te gustaría acompañarme y así te animas un poco? 

—No, gracias, Madame, dejó de interesarme el mundial cuando España, Francia e inglaterra fueron eliminados —respondió Lindsey. A ella le gustaba el quidditch pero la verdad era que dadas las circunstancias, no se sentía con ánimos para festejos—. ¿Sabe si el director Dumbledore asistirá? 

No, él no asistirá, me dijo que le da igual si ganan los irlandeses o los búlgaros y hoy, bueno, se reunirá con nosotras para ultimar detalles y lo haremos en Londres ya que hasta ahora no sé en qué lugar de la Gran Bretaña se encuentra Hogwarts.. Precisamente durante nuestra reunión será que él me dé las coordenadas para poder asistir luego con la comitiva.     

Al terminar el desayuno, ambas mujeres se levantaron de sus asientos y Madame Máxime procedió a despedirse de los pocos profesores, el jardinero, la sanadora y el medimago. Lindsey por su parte prefirió guardar silencio mientras la escuchaba. 

Cuando Lindsey estaba a punto de abandonar el gran comedor en compañía de la directora, Noah no pudo resistir el impulso y se fue detrás, tomando a su ex esposa del brazo. 

Por favor, Lindsey, permite que yo... 

Ya te dije que necesito hacer esto sola y no pienso seguir repitiéndolo. 

Noah, debemos partir —anunció Madame Máxime para ayudar a Lindsey. 

A él no le quedó más remedio que retroceder. Ella estaba dispuesta a marcharse y debía aceptarlo. La había perdido y ella se embarcaba a una nueva vida lejos de él. Pero le era tan difícil que tal vez nunca terminaría aceptandolo. Guardó silencio y la dejó marchar rumbo al despacho de la directora donde se perderían a través de la chimenea, la dejó marchar pero él no se resignaría, iba a seguirla cuando fuera el momento indicado pues ya sabía que como medimago del colegio debía formar parte de la comitiva que representaría al colegio durante el tan anhelado torneo de los tres magos.  Solo le quedaba esperar a que Lindsey fuese admitida en Hogwarts como la nueva medimaga del colegio Británico, así solo tendría que esperar a octubre para verla de nuevo.

¡Hasta luego! —exclamó antes de que las mujeres se perdieran tras la puerta del despacho de la directora. 

¿Cómo que hasta luego? Yo no pienso volver —preguntó Lindsey mientras Madame Máxime cerraba la puerta del despacho. 

—Verás, Lindsey —comenzó la mujer, con algo de incomodidad mientras hurgaba en la bolsita de polvos flu. En octubre, cuando yo deba ir a Hogwarts para el torneo, desde luego debo asistir con una comitiva de estudiantes y profesores pero el medimago de la escuela también debe estar incluído por órdenes ministeriales. El torneo será peligroso y... 

—¿No sé supone que en Hogwarts ya hay una sanadora y que, si el director me acepta yo seré la medimaga? —preguntó Lindsey recibiendo los polvos flu. 

—¡Vamos, Lindsey! Es como en los partidos de quidditch profesionales, cada equipo debe tener su propio sanador que se haga cargo, Durmstrang también llevará el suyo. 

Entonces no estoy segura si quiero aceptar ese empleo, tal vez preferiría trabajar en ese San... San Mungo que usted nombró antes... 

¡Lindsey, querida! No seas tan drástica. Aún no sabes si te espera un futuro maravilloso en Hogwarts o si el lugar te encantará y ya planeas desistir solo porque tendrás que ver a tu ex marido por unos meses. Si hubiese sido así yo me habría perdido de muchas cosas solo por encontrarme a Didier, mi esposo —comentó la mujer riendo, aunque luego tomó una postura más solemne—. Decidí demostrarle que su presencia no me perturbaba en lo más mínimo, aunque al principio debo admitir que no era así, sí me importaba pero me esforcé en demostrarle lo contrario. 

—¿Y funcionó? —preguntó Lindsey, mirando los polvos flu en la mano mientras un par de lágrimas emergían de sus ojos. 

Sí, desde luego que sí, además, cariño, con el tiempo lo vas a olvidar —respondió la mujer, inclinándose para estrechar a la muchacha entre sus brazos, aunque le costó un poco.

Lindsey no estaba segura acerca si podría olvidar a Noah después de tantos años de haberlo amado y mucho menos si tendría que topárselo todos los días a partir de octubre. Esperaba que Hogwarts fuese al menos la mitad de grande que el palacio de Beauxbatons para tener que verlo lo menos posible. En fin, todavía hacía falta ver si sería admitida en el lugar. 

¿Y por qué su esposo y usted?...

—Él decidió prestarle oídos a ciertos rumores que. Fue hace muchos años y algunas personas creían que yo descendía de... En fin, se hace tarde para ir al ministerio de magia. Tenemos que solicitar el traslador

La mujer decidió cambiar el tema a última hora. Lindsey notó su incomodidad así que decidió no volver a tocarle el tema. De todos modos sabía a qué clase de rumores se estaba refiriendo la mujer pues, desde que era una estudiante y Madame Máxime era profesora de Historia de la magia, por los pasillo del colegio se rumoraba que ella era descendiente de gigantes (algo que además saltaba a la vista y que por desgracia casi provoca que no le concedieran el puesto de directora más tarde) Ahora como medimaga estaba segura de que los rumores eran ciertos y consideraba que la mujer debería aceptar su condición con orgullo de una vez por todas y demostrarle a todo el mundo que eso no afectaba sus capacidades en lo absoluto. No obstante comprendía que la mujer se había sometido a muchos prejuicios en la vida. 

Después de reducir el equipaje mediante magia y guardarlo en los bolsillos, ambas entraron al fin a la chimenea y después de salir al ministerio de magia, solicitaron el traslador que resultó ser una lata de refrescos. Madame Máxime la tomó con dos dedos y una profunda expresión de asco que hizo reír a su compañera. 

Cinco minutos más después, que fue lo que el traslador tardó en en activarse, las dos mujeres se encontraron en el ministerio de magia británico donde un mago de aspecto huraño, recibía los trasladores y tomaba los datos de los turistas e inmigrantes además de revisar que todo estuviese en orden con sus documentos.  

—¿Cuánto tiempo piensan quedarse en el país? —preguntó el caballero. 

—Yo no mucho —respondió Madame Máxime, contenta de poder practicar su inglés. Siempre se jactaba de poder hablar tres idiomas además del suyo: inglés, español y portugués—. Solo vengo pog asuntos de tgabajo y guetognagé Fgancia hoy mismo o quizá mañana, no lo sé, pego mi compañega viene a vivir aquí. 

—Bueno eso no lo sé todav...

—¿Hizo la solicitud previamente? —preguntó el mago con parquedad mientras sellaba la documentación de Madame Máxime, pero mirando a Lindsey.

—No la necesita —respondió la directora de Beauxbatons, comenzando a irritarse, irguiéndose cuan alta era. El hombre carraspeó un poco la garganta, visiblemente intimidado y formuló una nueva pregunta, esta vez en un tono de voz menos bélico aunque sí con un tilde de ironía que molestó a Lindsey.  

—¿Es usted diplomática, señorita? Según su documentación es usted ciudadana española, así que si pretende ingresar al país como residente permanente debe primero hacer una solicitud formal a menos que se usted la nueva embajadora de...

—No —respondió Lindsey, pasando una de las páginas de la documentación que el hombre tenía sobre la mesa—. No soy la nueva embajadora pero soy ciudadana inglesa de nacimiento. Mis padres me llevaron a España cuando yo tenía solo unos días de nacida. Así que... ¿me dejará o no entrar en el país?    

—Bueno, siendo así, desde luego que sí pero ha debido mencionarlo antes —comentó el hombre, señando el documento para luego devolverlo a su dueña. 

—Gracias ¿Acaso me dio usted alguna oportunidad de aclararlo antes? Como sea, gracias de nuevo y adios. 

Lindsey y Madame Máxime abandonaron el ministerio rezongando de molestia mientras el hombre solo escuchaba frases como: C's est incroyable(Esto es increíble) Je déteste les gens sarcastiques! (odio a la gente sarcástica)Je vais le diré  á Albus Il est le chef du conseil des magiciens (se lo contaré a Albus, él es el jefe del consejo de magos)

Madame Máxime consultó su elegante reloj de bolsillo y comprobó que era aún muy temprano, así que para distraerse y hacer tiempo le propuso a Lindsey dar una vuelta primero por el Londres muggle.

¿Qué te parece tu país? —preguntó mientras le señalaba el río Támesis—. No habías venido antes ¿no es cierto?  

Lindsey negó con la cabeza. 

Desde que nací, mis padres jamás quisieron regresar. Así que solo tuve que conformarme por conocerlo a través de fotos y la televisión, pero siempre me ha parecido hermoso. ¡Oh mire ese puente! Desde ahí se puede ver el Big ben. 

Madame Maxime sonrió al ver su entusiasmo, parecía una niña.  Cada vez estaba más segura de que allí, en su país de origen, la pobre lograría al fin reponerse de todo lo acontecido en su vida en tan poco tiempo. 

Sí, es el Lambeth Bridge —comentó la directora—. Fue inaugurada en 1932 por el Rey Jorge V. 

Posteriormente, Madame Máxime llevó a Lindsey a conocer Buckingham y el London Eye, e incluso estaba a punto de guiarla hasta El Caldero Chorreante cuando se dio cuenta de que faltaba una escasa media hora antes de la aparición de Albus Dumbledore en el lugar acordado. De modo que visitaron la casa del conocidísimo magizoólogo Newt Scamander que ahora era un museo y que se encontraba cerca de los jardines de St. Mary's en Lambeth. Lindsey estaba tan maravillada con ese pedazo de historia que no dejaba de tomar fotografías con su cámara mágica a cada rincón e incluso a las criaturas que todavía se conservaban allí. 

Posteriormente, al ver que solo faltaban diez minutos, las dos mujeres se dirigieron a los jardines que era un pintoresco, apacible y precioso lugar cerca de Westminster. 

Pasaron cinco minutos luego de la hora acordada pero no había ni rastros del director, lo que extrañó a Madame Máxime.

Albus suele ser muy puntual como buen inglés. No lo entiendo.

—Solo han pasado cinco minutos —dijo Lindsey, comprobando su reloj de pulsera—. Está lleno de muggles aquí, tal vez por eso no se ha aparecido aún.  

Bueno, él tiene sus métodos —respondió Madame Máxime. 

—Debo ir al baño, creo que por culpa del calor he bebido demasiado jugo de calabaza —dijo Lindsey abanicándose el rostro mientras señalaba los sanitarios detrás de su espalda—. Vuelvo enseguida.   

No te preocupes, querida. 

Lindsey siguió hacia los sanitarios, envidiando la capacidad de la enorme vejiga de su compañera. Ella podría beber litros de agua o jugo sin tener que molestarse de ir al baño en mucho tiempo. 

Mada Máxime en cambió se sentó sobre una de las banquetas del parque, aunque la pobre estaba tan incómoda que tuvo que levantarse casi enseguida para sentarse en el borde que rodeaba la inmensa fuente. Dumbledore llegó hasta ella unos segundos después. Estaba vestido de muggle con un traje de paño oscuro que lo hacía parecer incómodo. De hecho se quitó la chaqueta y se aflojó la corbata, después de besar la mano de la directora. 

—¡Ohh, mil disculpas, Olympe! Aparecí a la hora acordada, solo que no podías verme porque tenía un encantamiento desilusionador. Estaba por allá —dijo señalando a lo lejos donde estaba un bebedero de agua—, esperando a que se marchara ese montón de muggles o de lo contrario imagínate su sorpresa al ver aparecer a un viejo chiflado de repente.

La mujer rió con elegancia, como siempre. 

—Mientras estaba a lo lejos vi que estabas con alguien pero me bastaron unos segundos de distracción para perderla de vista. ¿Se trata de tu antigua alumna, la medimaga?

—Sí, ella fue a los sanitaguios, pero vegás... Ella no solo ha venido a hablar contigo acegca del empleo que le ofgeciste.   

Cuando Lindsey salió del sanitario, observó que Madame Máxime estaba junto a la fuente y además, acompañada por un hombre mayor. Ese sin lugar a dudas debía ser el director de Hogwarts, así que se fue acercando. 

—Ella desea sabeg si tú consegvas la infogmación de todas las genegaciones de estudiantes que han pasado pog tu colegio.  Es muy impogtante paga ella. Luego te explicaguemos pog qué. 

—Es una petición un tanto bizarra viniendo de una medimaga en lugar de algún representante del ministerio pero sí, desde luego que puede contar con ella. Además quizá querrá saber si hay registro de algún estudiante con una enfermedad mágica grave que pudiera afectar a sus descendientes —dedujo el director con una de sus afables sonrisas. 

—No, bueno, más bien se tgata de... ¡Ah! Ya estás aquí, queguida —dijo Madame Máxime al ver que Lindsey estaba de vuelta—. Él es Albus Dumbledore, el diguectog del colegio Hogwarts. Albus, ella es Lindsey Coopeg, medimaga especialista en toxicología mágica y guepagación de huesos. Cgeo que segá muy útil en el colegio, sobge todo dugante el togneo, ¿no es así? Además fue mi alumna en Beauxbatons y sus calificaciones egan excelentes, así que... ¡Albus! ¡Albus! ¿Me escuchas? ¿Estás bien? 

Dumbledore se había quedado de piedra al contemplar a la mujer que tenía en frente.... No podía ser cierto... Él creía haberlo visto todo a su edad, menos a una persona regresar de la muerte, eso era imposible y sin embargo ella... ella estaba ahí, frente a él, extendiendo su mano para que se la estrechara, como si nada. Todo era tan surrealista. ¡No! No se trataba de un fantasma, era completamente tangible y real, podía sentir su piel suave y cálida cuando ella al fin estrechó su mano, y luego cuando sintió el beso que la muchacha le depositó en cada mejilla y posteriormente, cuando ella se separó, pudo contemplar la expresión de desconcierto en su rostro. Era ella, con unos años más, se veía como de treinta y tantos pero era ella, estaba seguro. ¿Cómo podía ser posible? 

—¿Lily? —se atrevió a hablar al fin, mirándola de hito en hito—. ¿Eres tú? 

Al escuchar ese nombre, la mirada de Lindsey se iluminó por completo ya que lo comprendió todo. Él la estaba confundiendo con su hermana gemela, es decir, que la recordaba, aunque quizá habían pasado muchos años sin verse. Eso le dio una gran esperanza. ¡Sí! Él sabía quién era Lily, podía recordarla, de seguro entonces él podría decirle dónde localizarla a ella o a su otra hermana. Quería verlas a ambas y también a sus padres, saber cómo eran y también descubrir si tenía sobrinos. Era demasiada su emoción pero primero tenía que identificarse y explicar todo lo sucedido para no confundir más al pobre director.

—¡No! Verá, mi nombre es Lindsey, Lindsey Cooper —explicó mientras el anciano tomaba asiento en el borde de la fuente, sin dejar de contemplarla con asombro. 

Esa melena roja, esos mismos ojos verdes... El tiempo había pasado volviendo su apariencia más madura y solemne pero era ella, igual de hermosa, igual de gentil pero con otro nombre... ¿Qué rayos estaba sucediendo?   

—De seguro usted conoce a mis hermanas. Estoy segura de que ellas estudiaron en Hogwarts. 

—Sí, Albus, es pog eso que te pgeguntaba pog los datos de las genegaciones anteguiogues —intervino Madame Máxime, mirándolo con curiosidad. 

—Mis hermanas son las hermanas Evans. Una de ellas, Lily, es mi hermana gemela —siguió Lindsey.

Eso lo explicaba todo pero....... ¿Cómo podía ser posible aquello?

Dumbledore había visto de todo alrededor de su larga vida, incluso pudo constatar que alguien hubiese sobrevivido a la maldición asesina como lo fue en el caso de Harry, pero nunca pudo estar preparado para ver, después de tantos años, la imagen de Lily, aunque no se tratara de ella en verdad, pero ¿cómo podía ser ella su gemela? Nunca supo que Lily tuviese otra hermana más que la odiosa Petunia. Él, que era un gran estudioso sabía que todo tenía un por qué y una razón de ser, y este caso no sería la excepción.   

Madame Maxime y Lindsey tomaron asiento junto a él y entonces, con lágrimas en los ojos, la muchacha se dedicó a relatar todo lo que su madre le había confesado, hasta en el más mínimo detalle. Se sintió algo incómoda y extraña hablando de algo tan personal frente a un completo desconocido pero sabía que era necesario si quería que él la ayudara a dar con sus hermanas. Él la escuchó con atención y tranquilidad, imaginándolo todo en su mente mientras le daba forma a la historia...

Lily Potter tenía otra hermana y además una exactamente igual a ella. ¡Por Merlín! Era algo tan bizarro y difícil de asimilar hasta para una mente tan privilegiada como la suya.  

—¡Cielos! —fue la única palabra que pudo articular después de oírla. ¿Cómo diantres iba a explicarle que los padres y la hermana gemela que ella buscaba con tanto anhelo habían muerto hacía muchos años? 

—¿Y bien? —preguntó Lindsey con voz esperanzada y lágrimas en los ojos—. Es evidente que conoce a mis hermanas, sobre todo a Lily, mi gemela. Ambas asistieron a Hogwarts, ¿no?

Él negó con la cabeza. La directora de Beauxbatons también lo observaba con atención.   

—Solo Lily. Petunia es muggle, como tus padres —aclaró Dumbledore sin dejar de mirarla.  

Ella sonrió y volvió a secarse un par de lágrimas más. 

—¿En serio? Mis padres adoptivos también eran muggles... Así que mi hermana mayor se llama Petunia —añadió con emoción, luego tomó el hombro del director y dijo con más entusiasmo—: Me gustaría verla... a las dos, es decir, a todos. Muero por conocer a mis verdaderos padres y saber como son... si me parezco a ellos y...

—¡Espera un segundo, muchacha! Li... Lily, es decir...

—Lindsey —lo corrigió la mujer, mirándolo con detenimiento. El hombre parecía incómodo. 

—Lindsey —siguió el director—. Sé perfectamente dónde ubicar a tu hermana Petunia pero...

—¿Qué sucede? ¿Hay algún inconveniente con ella? Supongo que aunque sea muggle, conoce acerca del mundo de la magia debido a Lily ¿no es así?

Dumbledore asintió pero... Él estaba seguro de que en casa de los Dursley no sería bien recibida por Petunia: en primer lugar por tratarse de una bruja, otra bruja más en su familia, y en segundo lugar debido al evidente parecido de la mujer con su hermana fallecida. No obstante no podía hacer nada más que decirle la verdad. Esa muchacha había viajado desde España en busca de respuestas y solo él podía dárselas, nadie más. Tenía que ser sincero con ella, por más que doliera.

—Es que... bueno, tanto tus padres como Lily... bueno ¡Eh!... Ellos fallecieron hace muchos años. Lily primero y ellos después. Por otra parte Petunia... Bueno, ella jamás aceptó el hecho de que tu hermana fuese una bruja. Es una de esas muggles convencionales que parecen ignorar nuestro mundo.   

Eso no podía ser posible —pensó Lindsey mientras Madame Maxime ahogaba un grito. Su desgracia parecía cada vez en aumento: primero la muerte de su padre adoptivo, luego el descubrimiento de la traición de Noah, después enterarse de que fue robada del seno de su familia, a eso le siguió la inmediata muerte de su madre y ahora esto.... Estaba casi completamente sola en el mundo.  

Ella se levantó del asiento con parsimonia. 

—No, no puede ser... Yo creí que podía recuperar a mi familia pero llegué tarde... demasiado tarde —se lamentó—. Aún no entiendo qué estoy pagando para pasar por todo esto.

—Lindsey, hija mía —exclamó Máxime, abrazándola conmovida—. Tú no has hecho nada malo, al contgagiosiempge has sido como un ángel, es solo que la vida a veces cguel, pego no es tu culpa, tú solo has sido una víctima, muchacha...

—¿Cómo fue? —quiso saber ella, sin dejar de sollozar—. ¿Cómo que murieron?

—El señor y la señora Evans murieron en un accidente de auto y Lily... Bueno, su caso fue muy famoso en todo el país, incluso fuera de él —explicó Dumbledore mientras se secaba algunas lágrimas con un pañuelo—. Ella se  casó con joven llamado James Potter y tuvieron un hijo al que llamaron Harry, pero un mago tenebroso llamado lord Voldemort que en ese entonces tenía azotado al país bajo absurdos ideales de supremacía de la raza pura, los  asesinó a ambos. Lo hizo por una profecía que afirmaba que el hijo de los aurores que lo habían desafiado tres veces y que estaba destinado a eliminarlo, nacería al concluir el séptimo mes. Dos niños cumplían con esa descripción, pero él decidió ir a buscar al pequeño Harry y bueno... Sus padres dieron la vida por él. 

—Sí, yo escuché acerca de ese caso —dijo la directora de Beauxbatons, visiblemente apesadumbrada—. Llegó a oídos de todos porque hubo un sobreviviente.

—El pequeño Harry Potter —añadió Lindsey, componiendo una mueca de dolor—. También yo escuché sobre el caso mientras estuve en la academia de medimagia y aprovechamos para debatir acerca de la razón por la cual el niño sobrevivió, aunque entonces no tenía forma de saber que era mi propia hermana la que había muerto... ¡Dios! Yo estuve aquí en el Reino Unido para entonces, en la academia... Estuve tan cerca y jamás sospeché... 

—¡Oh pog Dios! —exclamó Madame máxime dejando que la muchacha sollozara sobre su falda, acariciando su espalda y cabello para contenerla. Ella había llegado a su país cargada de ilusiones y ahora se encontraba con noticias devastadoras. 

De pronto un par de personas más acudieron a la memoria de Albus Dumbledore mientras contemplaba el llanto de Lindsey Cooper: Harry Potter, el único hijo de Lily y bueno, no estaba tan seguro de la reacción de Severus Snape, su mejor amigo y eterno enamorado. Él jamás había podido superar el dolor de haberla perdido, aún después de muchos años, y ahora al ver a su hermana gemela le sería todavía más imposible, pero había que afrontar el hecho. No había más que pensar, contrataría a Lindsey como medimaga en Hogwarts y al culminar el verano cuando Harry Potter y Severus Snape regresaran al castillo tendrían que enfrentarse con esta nueva realidad. Lily Potter tenía una hermana gemela y había regresado. 

—No te preocupes, Lindsey —dijo el anciano con voz indulgente—. Vendrás conmigo a Hogwarts y serás nuestra medimaga, ayudarás a la señora Pomfrey, nuestra sanadora y estarás cerca de Harry, tu sobrino. Él se alegrará de verte, estoy seguro. Así que, después de todo, tienes motivos para estar alegre —dijo con su acostumbrado aire bonachón, luego se dirigió a Madame Maxime—. Vamos, Olympe, allá hablaremos también de nuestros asuntos referentes al torneo.  





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