Historia al azar: Amor y odio II
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Lindsey Cooper, la hermana de Lily Evans » El fantasma
Lindsey Cooper, la hermana de Lily Evans (ATP)
Por Hermaire
Escrita el Sábado 11 de Enero de 2020, 20:34
Actualizada el Viernes 20 de Noviembre de 2020, 07:32
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El fantasma

Capítulos
  1. El nacimiento
  2. Magia
  3. La verdad
  4. Lista para el viaje.
  5. Albus Dumbledore
  6. Hogwarts
  7. Conociendo a los Dursley
  8. Valle de Godric
  9. Severus Snape, ¿el amigo de Lily?
  10. ¡Hola, tía Lindsey!
  11. Conociendo un poco más
  12. Una visita nocturna
  13. La vista en el juzgado
  14. No eres ella
  15. Desahogo
  16. La llegada de Beauxbatons
  17. ¡No puede ser posible!
  18. Un pequeño enfrentamiento.
  19. La carta del abogado
  20. La primera prueba
  21. La vista en el juzgado
  22. Una contienda lejos del juzgado
  23. El anuncio de Dumbledore
  24. Una carta de tía Petunia
  25. ¿Irías conmigo al baile?
  26. El baile
  27. Un espía en el pasillo
  28. Incertidumbre
  29. Un nuevo artículo de Skeeter
  30. El paseo
  31. Amor
  32. Un intruso
  33. Gemelas.
  34. Revelación.
  35. Perdóname
  36. ¿Qué sucede con Lindsey?
  37. La segunda prueba del torneo
  38. ¿Ocurrió de nuevo?
  39. Antídoto
  40. Muerte en el castillo
  41. Cuidaré de ti
  42. La excursión a Hogsmeade.
  43. Una grata visita.
  44. El fantasma
  45. ¿Qué diantres está pasando?
  46. Conjeturas
  47. Lindsey furiosa

Cuando regresaron a Hogwarts Lindsey no podía más con la incertidumbre así que se fue directamente a las mazmorras para conversar con Severus y poner de una vez por todas fin a sus dudas. Sabía (porque algo en su interior se lo decía y también porque él se lo había demostrado) que sus intenciones no eran malas, que hacía mucho tiempo había dejado de ser un mortífago pero con respecto a Karkarov... no confiaba para nada en él y con toda sinceridad lo que Harry dijo en esa cueva cuando estaban conversando con Sirius la dejó bastante preocupada, eso de que Karkarov advertía a Snape acerca de la manifestación de su marca tenebrosa...

Hasta donde ella sabía, voldemort llamaba a sus mortífagos a través de ella, al menos era lo que Severus le había explicado aquella noche, entonces ¿significaba esa manifestación que Voldemort estaba regresando? 


Al llegar al despacho de Severus se dio cuenta de que no había nadie, lo sabía porque la puerta ahora contaba con una gruesa cadena y un candado que lanzaba mordidas a la más mínima cercanía, además de emitir pequeños choques como si de electricidad se tratase. 


En ese momento Severus estaba en la oficina de Dumbledore, preocupado con el mismo asunto.  Ya no soportaba más esa situación sin hablarlo con alguien, creía que explotaría como una olla express sin válvula de escape.   

—¿Desde cuándo has sentido esta manifestación? —preguntó Dumbledore con solemnidad. 

—Desde diciembre se ha intensificado pero en el verano comencé a percibir cierta actividad—respondió Snape mientras se arremangaba la casaca y la camisa—. ¡Mirala! Comienza a percibirse con mayor claridad, incluso se mueve un poco. 

—¿Y dices que Karkarov también lo ha percibido? 

—Sí, está terriblemente asustado, ha estado siguiéndome para saber si me sucedía lo mismo.

—Esto podría ser un llamado de alerta —respondió Dumbledore sin quitarle la mirada de encima a la marca en el antebrazo de Snape. Su semblante preocupado contagió al profesor de Pociones.

—¿Crees que esté a punto de regresar? —preguntó Snape atento a su reacción.

—Es indudable que algo está tramando y que al parecer cobra fuerza paulatinamente. Esto podría tener mucho que ver con Pettigrew, ya sabes que huyó el año pasado. Muy probablemente logró reunirse con él y por ende lo está ayudando. 

—Black también huyó el año pasado —agregó Snape con amargura—. Así que si el Señor Tenebroso está cobrando fuerza...

—Severus, sabes perfectamente que Sirius no tiene nada que ver con Voldemort —respondió Dumbledore con un tono admonitorio que no admitía refutaciones—. Lo sabes y estás convencido de ello aunque el orgullo, la soberbia y el odio que sientes por él te haga negarlo. 

Severus sonrió con ironía. 

—Sí, claro, ¿cómo pude dudar de él? Si ahora mismo de seguro debe estar aislado en alguna abadía, ermita o montaña, orando como buen santo anacoreta.  

Por unos segundos Dumbledore guardó silencio, a sabiendas de que Sirius efectivamente estaba aislado en la cueva de una montaña, no muy lejos de allí pero posteriormente respondió: 

—Me tiene sin cuidado tu sarcasmo, Severus. Esto es serio y debería ser Voldemort quién más te preocupe.  

—¿Y crees que no me preocupa? —preguntó el profesor levantándose abruptamente de su asiento—. Soy yo el que tiene que cargar con esto —dijo señalando su marca. 

—Si mal no recuerdo fue tu elección portarla —respondió Dumbledore—. ¿o acaso fuiste obligado?

Severus no respondió pero a pesar de su mirada adusta, el brillo de sus ojos logró conmover al director que enseguida intentó resarcirse. No había querido lastimarlo.  

—Lo siento, Severus, no quise...

—No debí venir. 

—¡No! ¡Espera! Esta situación nos tiene a todos nerviosos pero deberíamos analizar las cosas con calma. Por favor siéntate. 

—¿Crees que me siento orgulloso de esto en verdad, Albus? ¿Acaso piensas que esta marca no es suficiente recordatorio para mí de la idiotez que cometí?

—Lo sé, hijo, lo sé. Como te dije antes esto me ha tenido muy inquieto. Para colmo estoy recordando que hace tiempo al niño le estuvo doliendo la cicatriz y eso, aunado a lo que me cuentas hoy podría ser muy peligroso. 

—¿Sabes si ha vuelto a dolerle últimamente? —preguntó Snape. 

—Lo ignoro pero no creo que haya sido así o de lo contrario me habría buscado para contármelo, tal y como le indiqué en su momento o habría recurrido a Lindsey. 

—¿Ella lo sabe? 

—Sí, está enterada de todo lo referente a su sobrino desde luego.


Y en ese momento, justo como si la hubiesen convocado con el pensamiento la medimaga tocó la puerta del despacho. 

—¡Soy yo, Lindsey! ¿Me permite pasar, señor director? 

Dumbledore intercambió una mirada con Snape el cual asintió.

—¡Adelante, Lindsey! —dijo el director. 

Al entrar, la mujer se complació al ver que Severus estaba presente. 

—Supuse que estabas aquí cuando vi que tu despacho estaba cerrado, en realidad es a ti a quien buscaba —dijo la mujer, observando con curiosidad la manga de la casaca que Severus había vuelto a bajarse pero que estaba desarreglada. 

Al percatarse de la trayectoria de la mirada de la mujer, él se apresuró a arreglarse la manga. 

—Vamos a mi despacho entonces —dijo él con un gesto, invitándola a salir de la oficina pero ella se negó.

—No —dijo colocando una mano al frente—. Ya que estamos aquí y que él está al tanto de muchas cosas, aprovechemos la presencia del señor director para hablar de cierto punto que nos interesa a todos.... se trata de Voldemort. 

Severus abrió los ojos en señal de sorpresa cuando la escuchó nombrarlo con tanta naturalidad.  

—¿Qué quieres saber? —preguntó Snape mientras intentaba abotonarse la manga pero ella detuvo la acción al sujetar su mano para impedírselo. 

—¡Déjalo! —dijo—. Me gustaría verla.

—¿Qué dices? 

—Sí ¿o me negarás que ha habido cierta actividad últimamente? —preguntó ella tomándolo ahora con fuerza de la muñeca antes de intentar forzar la manga hacia arriba para revelar la marca. 

—¡Suéltame! —exclamó Snape liberándose de un tirón—. ¿Qué te pasa? 

—No, ¿qué te pasa a tí? —respondió ella cruzándose de brazos, luego miró al profesor Dumbledore—. ¿Usted lo sabía, profesor? ¿Sabía que Voldemort ha estado manifestándose de cierta manera a través de sus mortífagos? 

Snape cerró los ojos en un gesto de dolor al escucharla pronunciar esa última palabra... sonaba como un doloroso reproche, sobre todo por el tono adusto de su voz. 

—Sé que lo hacía anteriormente pero acabo de enterarme por Severus que recientemente ha venido experimentando cierta actividad. Sin embargo, Lindsey... debemos primero analizar la situación... 

—¿Por qué no me lo contaste, Severus? ¿Acaso regresó y te está llamando? —preguntó la mujer mirando a Severus a los ojos.  

—Es lo que estamos tratando de dilucidar, Lindsey —volvió a intervenir Dumbledore. 

—¡Cielos! Eso sería terrible —respondió la medimaga. 

—Fue Potter quien te lo dijo, ¿no? —dedujo Snape.

—Él solo sabe que Karkarov te mostró algo en el brazo pero no vio de qué se trataba. 

—¡Lo sabía! ¿Y acaso te contó también de dónde sacó las branquialgas que usó en la segunda prueba? ¡Las hurtó de mi despacho! 

—¡No seas ridículo! Él no necesita nada de lo que guardas allí.  

—¿Entonces de dónde las sacó? ¿Acaso lo sabes? 

Ella sabía perfectamente de donde habían salido pero no quería meter a Dobby en problemas así que intentó dirigirse hacia el curso original de la conversación. 

—Ese no es el punto ya demás es algo completamente irrelevante. Solo quiero saber como es que algo tan grave está ocurriendo y ni siquiera me lo dices. 

—¿Para qué? ¿Para que me juzgues una vez más? 

—Yo no... solo quiero saber si él regresó... Harry está en peligro, ¿es eso? —preguntó Lindsey temblando—. Está en peligro y ninguno de los dos me lo quiere decir. ¡Por Merlín! Soy su tía y tengo todo el derecho a saber lo que sucede con ese niño.  

Dumbledore, notado el temblor de sus manos y su voz comprendió que estaba nerviosa y aterrorizada, así que intentó calmarla con su voz apaciguadora. No obstante también consideró que no habían razones para mentirle, no siendo ella la tía de Harry y además interesada en su custodia.  

—Lindsey... Verás, en efecto Voldemort creó una especie de conección entre sus seguidores y él a la que conocemos como... la marca tenebrosa. De esta manera los contactaba cuando los necesitaba o ellos lo llamaban a él. No obstante, si bien es cierto que tanto Severus como Karkarov (los cuales ya sabes que fueron seguidores de Voldemort) han venido experimentando cierta actividad, no ha sido tan fuerte o relevante como para considerar que Voldemort ha recuperado toda su fuerza. 

—Es decir ¿que no creen que haya regresado? 

—No todavía —respondió Dumbledore mientras Severus permanecía callado, abotonándose la manga y el gabán. 

—Pero lo hará en algún momento, ¿verdad? 

—Lindsey... desde que llegaste siempre te he hablado con la verdad y por ende esa fue una de las cosas que te dejé claro en su momento. 

Ella cerró los ojos mientras asentía con la cabeza y un par de lágrimas se escurrieron por sus mejillas. 

—Sabes que el año pasado un mago llamado Peter Pettigrew, mejor conocido como Colagusano, quien en su época de estudiante fue uno de los amigos de tu cuñado, James, resultó ser el traidor de la familia Potter. 

—Sí, lo sé.

—También sabes que huyó y pues... creemos que a estas alturas debe estar reunido con su amo, o más bien, lo que queda de él, porque también sabes que la noche en que murieron tu hermana y tu cuñado, Voldemort perdió su cuerpo... Después de lo que me ha revelado Severus tengo la hipótesis de que Pettigrew ha estado ayudándolo a fortalecerse aunque no lo ha conseguido del todo y esa es la razón por la que sus ex seguidores sienten la actividad. 

No ha regresado todavía, Lindsey pero debemos estar preparados para cuando lo haga porque... lo hará, definitivamente lo hará. 

—¡Dios mío, Harry! ¡No dejaré que lo lastime! Se lo prometí a mi hermana y si es necesario... también estoy dispuesta a dar mi vida por él. 

—¡NO! —reaccionó Severus al fin, tomándola por los hombros—. ¡Eso jamás! 

—Cuando él regrese no me quedaré de brazos cruzados esperando a que mate a mi sobrino... si el destino me trajo hasta aquí, si regresé a mi lugar de origen es porque tengo una misión con ese niño y no pienso ignorarla. 

—Pero no es necesario que te inmoles —dijo Severus mirándola a los ojos con intensidad. 

—Estoy de acuerdo con Severus, Lindsey. No ganarías nada con inmolarte, además de que el sacrificio que tu hermana hizo mantendrá protegido y a salvo al muchacho mientras sea menor de edad y esté bajo tu custodia o la de tu hermana Petunia. 

—Me urge tenerlo conmigo ¡Tengo que hacerlo! —dijo la mujer con lágrimas de impotencia mientras golpeaba el aire con el puño. 

—Voldemort regresará, eso es un hecho que sostuve desde el principio pero les puedo asegurar que no nos tomará por sorpresa, debemos estar preparados así que... me temo que llegado el momento, cuando sientas el llamado oficial... deberás acudir a su encuentro, Severus. 

—Regresar junto a él —musitó el profesor de pociones con aprensión—. Volver a estar en sus filas.  

—Es necesario, completamente imperativo que lo hagas cuando llegue el momento —dijo Dumbledore—. Es necesario que te ganes su confianza. Eso nos resultaría muy útil. 

—¡Ya no soy un mortífago! —exclamó Severus apartándose de los dos para ir a una de las ventanas en las que se apreciaba la luna llena y entraba una suave brisa que arremolinaba con elegancia sus cabellos.   

—¡Ya lo sabías, Severus! Lo habíamos hablado y estuviste de acuerdo. 

Lindsey estaba atónita con todo lo que estaba oyendo. 

—Lo sé pero no será fácil —masculló Snape desde su posición. 

—¡No! —exclamó la mujer al notar la reacción de Severus—. ¡No puede obligarlo, Dumbledore! ¡No es justo! 

—No quiero ni pretendo obligarlo, Lindsey, él es libre de dimitir de esa misión si así lo desea pero tanto él como yo sabemos que es necesario, solo así lograremos extraer información valiosa de lo que Voldemort pretende hacer y al mismo tiempo confundirlo con falsa información de nuestra parte. 

—Pero y si.... ¡No! Puede ser muy peligroso, podrían lastimarlo si lo descubren... 

—Pues tendrá que demostrar dotes de un gran actor y estoy más que seguro de que lo logrará. Solo así podremos garantizar la victoria cuando a Harry le llegue el momento de ejecutar la profecía. 


La profecía.... La profecía.... ¿hasta cuando esa maldita profecía? —pensó Severus mientras analizaba las palabras de Dumbledore. Pero debía admitir que tenía razón... solo así podría ayudar a debilitar a Voldemort desde adentro, desde su propio lado sin que lo sospechase. 


—Sería una locura... 

—Albus tiene razón —respondió al fin el profesor de Pociones. 

—¿Qué dices? ¡No! Estoy segura de que tiene que existir otra forma, algo más se debe hacer porque sería demasiado peligroso que tú...

—Lindsey, no hay secretos contigo y por lo tanto sabes perfectamente bien que fuí yo quien causó todo esto hace años, fui yo quien escuchó la profecía y la reveló, causando todo lo que aconteció después, por lo tanto tendría que ser yo quien al menos ayude a resolver la situación.

—¡No!... Severus, lo que hiciste en aquella ocasión no estuvo para nada bien pero... no tienes por qué...

—Lindsey —dijo Dumbledore tomándola por los hombros—. El hecho de que Severus regrese con Voldemort cuando llegue el momento no quiere decir a fuerzas que vayan a lastimarlo o a matarlo. Solo tendrá que desempeñar su papel y —a este punto caminó hacia Snape para colocarle una mano en el hombro—, asegurate de convencerlo de dejarte en Hogwarts como «espía» de esta forma estarás más seguro. 

—No estoy de acuerdo —dijo Lindsey antes de intentar salir por la puerta pero la voz de Severus la detuvo. 

—¿Quieres o no proteger a tu sobrino? 

—Desde luego que quiero pero no a costa de tu vida... 

—Albus tiene razón, mi vida no tiene porqué correr peligro si sé como cuidarme... es solo que. Me resultará difícil volver a estar frente a él después de... lo que sucedió... ¡Disculpenme!  

Severus salió del despacho  sin decir nada más pero con tan solo mirarle el rostro resultaba más que evidente que estaba afectado. Lindsey lo siguió con la mirada hasta que salió.

—Es necesario —volvió a decir Dumbledore—. Confía en él y en sus habilidades, es un gran oclumantico y...

—En quien no confío es en esa malvada bestia que asesinó a mi hermana y a mi cuñado. 

—¿Te aterra que le haga daño a Severus porque él todavía te importa? 

—Porque es un ser humano y no merece que... en fin, yo también necesito retirarme, Dumbledore, estoy cansada por el viaje a Hogsmeade.  

—A propósito del viaje a las afueras de Hogsmeade —dijo Dumbledore haciendo énfasis en la última frase—, ¿qué tal te pareció Sirius Black? 

—¿Qué? ¿Acaso invadió mi mente? —preguntó Lindsey sorprendida. Ella no le había mencionado en ningún momento que se encontraría con Sirius en las afueras de Hogsmeade. 

—Solo lo suficiente como para saber que en tu visita a Hogsmeade fuiste un poco más allá. Pero no te preocupes, fui yo quien le sugirió esa cueva como refugio, creo que ahí estará a salvo. 

—Lo encontré un poco anémico debido a su precaria alimentación. Me comprometí a enviarle algunos insumos para mejorar su calidad de vida. 

—Me alegra —contestó el director—, pero ¿qué tal te pareció su personalidad? 

—Es un poco atrevido pero bastante simpático en términos generales. Adora a Harry y es lo único que me importa. Ahora si me disculpa, deseo retirarme a mi habitación. 

—De acuerdo, nos vemos dentro de poco en la cena. 

Ella negó con la cabeza.

—No tengo hambre, profesor. Me retiraré hasta mañana. 

La pelirroja salió del despacho y volvió a las mazmorras en busca de Severus pero de nuevo encontró la puerta bloqueada, no había regresado ¿quién sabe dónde estaba? No quería presionarlo pero tampoco quería que volviera a acercarse a Voldemort. Estaba aterrorizada por dos razones: una era el hecho en sí de que su vida peligrara y el otro... que peligrara su lealtad... ¿qué sucedería si Voldemort lograba conquistar de nuevo su voluntad?... ¿sería eso posible? ¡No! No sonaba lógico después de lo sucedido en el pasado... pero ¿y si sucedía todo lo contrario y debido al rencor no podía desempeñar su papel correctamente y por ende terminara delatándose, poniendo en riesgo su vida?  

Ese asunto le causaba gran angustia. 


Severus por su parte estaba en la torre de astronomía, el lugar que le gustaba visitar cuando quería estar solo para reflexionar. Tampoco le apetecía bajar a cenar ni entrar en su habitación al menos por los momentos...  lo dominaba la incertidumbre: Por una parte tenía recelos de regresar con los mortífagos cuando llegara el momento porque no quería volver a sentirse parte de ellos, le asqueaba y le traía viejos y desagradables recuerdos, mucho menos quería volver a encontrarse con El Señor Tenebroso, pero por otra parte estaba seguro de que Dumbledore tenía toda la razón, esa era la única manera de debilitar al Señor desde sus bases, facilitándole el camino a Potter llegado el momento. Y al mismo tiempo sería una forma de solventar su deuda con Lily y finalmente deshacerse un poco de la carga... 

Sin embargo no pudo evitar sentir un hálito de esperanza con respecto a la objeción de Lindsey a que él participara como espía. Ella parecía preocupada por él... ¿significaba eso que de alguna forma todavía lo amaba? 

Después de tanto meditar y contemplar la menuda lluvia que comenzaba a caer conforme la brisa ruidosa batía los arboles del bosque en la distancia, a media noche Severus decidió bajar a las mazmorras para entrar en su habitación pero al llegar al pasillo que conducía a las aulas y que finalmente desembocaba en su despacho quedó atónito con lo que vio...    

—¿Tú? —preguntó impávido. 

Frente a él y junto a la mazmorra clausurada donde ocurrió el polémico suicidio, se encontraba el fantasma de una hermosa mujer de cabellos blondos, flotando en el aire con semblante triste.

—¿Colette Piaf? —preguntó el profesor pero la mujer al advertir su presencia en ese solitario lugar se sobresaltó y lo miró asustada, disponiéndose a huir. 

—¡Espera! ¡Espera un momento! —exclamó Snape pero fue inútil porque el fantasma de la mujer veela desapareció. 

        






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