Historia al azar: Realidad o sueño
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Lindsey Cooper, la hermana de Lily Evans » Una grata visita.
Lindsey Cooper, la hermana de Lily Evans (ATP)
Por Hermaire
Escrita el Sábado 11 de Enero de 2020, 20:34
Actualizada el Jueves 29 de Octubre de 2020, 20:58
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Una grata visita.

Capítulos
  1. El nacimiento
  2. Magia
  3. La verdad
  4. Lista para el viaje.
  5. Albus Dumbledore
  6. Hogwarts
  7. Conociendo a los Dursley
  8. Valle de Godric
  9. Severus Snape, ¿el amigo de Lily?
  10. ¡Hola, tía Lindsey!
  11. Conociendo un poco más
  12. Una visita nocturna
  13. La vista en el juzgado
  14. No eres ella
  15. Desahogo
  16. La llegada de Beauxbatons
  17. ¡No puede ser posible!
  18. Un pequeño enfrentamiento.
  19. La carta del abogado
  20. La primera prueba
  21. La vista en el juzgado
  22. Una contienda lejos del juzgado
  23. El anuncio de Dumbledore
  24. Una carta de tía Petunia
  25. ¿Irías conmigo al baile?
  26. El baile
  27. Un espía en el pasillo
  28. Incertidumbre
  29. Un nuevo artículo de Skeeter
  30. El paseo
  31. Amor
  32. Un intruso
  33. Gemelas.
  34. Revelación.
  35. Perdóname
  36. ¿Qué sucede con Lindsey?
  37. La segunda prueba del torneo
  38. ¿Ocurrió de nuevo?
  39. Antídoto
  40. Muerte en el castillo
  41. Cuidaré de ti
  42. La excursión a Hogsmeade.
  43. Una grata visita.
  44. El fantasma
  45. ¿Qué diantres está pasando?

—¿A donde rayos fueron? —se preguntó Snape alzando el cuello para mirar entre el mar de estudiantes que de pronto obstaculizaron la calle.

—¿Qué sucede? —preguntó un chico de Hufflepuff.

—¿No lo sabes? Hans Spellman, el cantante de Rock está aquí en Hogsmeade. 

—¿En serio? 

—Sí, se metió en Cabeza de Puerco pero el lugar está rodeado de fans. 

—¡Rayos! Así lo asustarán y terminará desapareciéndose.

Cada vez llegaban más y más mocosos, dificultándole el paso al profesor de pociones que terminó perdiendo la poco paciencia que le quedaba.

—¡Apártense de mi camino ahora mismo! —gritó.

Todo el mundo le abrió un espacio en medio de la calle y él pudo transitar pero por más que miró hacia un lado y otro no pudo hallar a Lindsey y a los chicos. De todos modos volvió a mirar a través de la vidriera de la tienda de ropa para ver si ellos habían vuelto a entrar allí pero no los encontró, así que, resignado, no le quedó más remedio que volver sobre sus pasos y al menos intentar relajarse un poco, hallaría la forma de abrirse camino entre ese mar de adolescentes descarriados para llegara Cabeza de Puerco o mejor cualquier otro Pub donde no hubiese estúpidas celebridades, incluso preferiría Las Tres Escobas. 

Quizá debía tratar de no ser tan paranoico con respecto a Lindsey... le aterraba la sola idea de perderla pero tenía que aceptar que Vertonghen jamás le haría daño pues le constaba el grado de compromiso y pasión que el medimago le dedicó a cada minuto de trabajo para salvar la vida de su ex esposa y pues la única causante de sus males, Colette, estaba muerta...    




El camino era largo y pesado, El perro, Harry, Lindsey, Ron y Hermione se fueron enfilando montaña arriba y de vez en vez Lindsey se detenía un instante para llenar a profundidad sus pulmones. El perro en cambio, con un montón de periódicos viejos y amarillentos en el hocico, subía sin dificultad ayudado por sus cuatro patas, no obstante también se detenía de vez en cuando para observar con curiosidad a Lindsey mientras ladeaba la cabeza (Ella le sonreía enternecida, le encantaba cuando los perros hacían eso) 

Siguieron avanzando a través de la montaña rocosa y luego de media hora finalmente llegaron a una abertura por la cuál entró el perro. los demás le siguieron y se dieron cuenta de que era una cueva bastante grande. Lindsey se dio cuenta de que había un hipogrifo y como no se lo esperaba dio un respingo.

—¡Es Buckbeak, tía! —explicó Harry—. El hipogrifo con el que Sirius escapó.

—¡Oh, sí! Ya recuerdo cuando me hablaste sobre él. ¡Es precioso! —dijo la mujer antes e hacer una reverencia para el animal. 

Sirius finalmente tomó su forma humana y con la mano se quitó el montón de periódicos de la boca. Todos se dieron cuenta de su lamentable aspecto, estaba muy delgado, continuaba usando la andrajosa túnica gris de cuando salió de Azkaban y su pelo estaba bastante largo, enmarañado y sucio. Lindsey sintió mucha pena por él. 


—Dale lo que le trajimos de Hogwarts, Harry —dijo su tía con un tono de voz dulce, posteriormente le ofreció la bolsa de compras de Hogsmeade y añadió mientras sonreía—. Te compramos algo de ropa y unos pasteles de caldero. Soy Lindsey Margaret Cooper aunque, evidentemente ya te debiste haber dado cuenta.

Sirius observó por unos segundos la bolsa en la mano de la mujer pero sus ojos se apartaron casi enseguida para posarse en su rostro mientras se le llenaban de lágrimas. 

—¡Eres su viva imagen! —dijo con voz trémula—. Lo siento, sé que ya te debe sonar trillada la frase pero es como si ella...

Lindsey entendía perfectamente su reacción y estaba preparada para ella. No le molestaba en lo absoluto pues no podía reprocharle que al mirarla por primera vez la asociara con Lily siendo ella en realidad su viva imagen.

Sirius pasó por alto la bolsa con atuendos que ella le ofrecía y a pesar de su hambre tampoco reparó en la mochila de Harry repleta de alimentos, se abalanzó sobre Lindsey para capturarla en un abrazo.   

—Descuida, Sirius —respondió ella mientras lo rodeaba con los brazos sintiendo sus espasmos y el temblor de su cuerpo—, te entiendo, no te preocupes. Vine para agradecer toda la dedicación y el amor que le tienes a mi sobrino y desde luego para brindarte mi apoyo incondicional. 

—Solo cumplo con mi deber —respondió él separándose de ella mientras se secaba las lágrimas—. Ese es mi trabajo como padrino, el rol que me confirieron mi amigo y... tu hermana. ¡Dios!Te juro que ahora que te veo me doy cuenta de que Harry no exageró y el profeta no usó una vieja fotografía de Lily para sus noticias. 

—¿En serio dudabas? —respondió Harry riendo mientras sacaba de la mochila la bolsa con los muslos de pollo, la barra de pan y el jugo.

—No, yo te creía pero... verla en persona es de verdad impresionante, Harry.

—Lo sé, yo también me impresioné la primera vez y eso que no tengo recuerdos de mi madre, tan solo las fotografías. 

—Es insólito —continuó Sirius mientras tomaba la mochila, sin quitarle la mirada de encima a Lindsey. 

Ella sonrió y se ruborizó un poco debido a la intensidad de la mirada.

—Yo conozco un poco de tu historia y... supongo que tú también conoces la mía —dijo la mujer mientras se sentaba sobre una piedra plana. 

—Sí, Harry me contó que vivías en España, fue allá a donde tu madre adoptiva te llevó, ¿no?

—Así es, crecí en la ciudad de Valencia, España, estudié en Beauxbatons y posteriormente viví unos años en el Reino Unido mientras me formaba en la academia de medimagia, posteriormente regresé a España y ejercí por años en el hospital mágico de Madrid como experta en toxicología mágica y reparación de huesos. 

—¡Vaya! Olvidé que eras medimaga. Recuerdo que Lily contempló serlo durante un tiempo pero como odiaba tanto las artes oscuras y en ese entonces Voldemort había ascendido al poder, optó por volverse auror. Ella era un ser maravilloso.

—Me alegra escuchar eso, me gusta cuando me hablan de ella. 

—Afortunadamente eres medimaga y experta en toxicología así que tal vez pudiste ayudarte a ti misma cuando sucedió lo que sucedió. 

La mujer negó con la cabeza.

—No pude aportar mucho en mi estado, estoy viva gracias a la acción de mis colegas y de Severus, el profesor de Pociones de Hogwarts. Fue él quien elaboró el antídoto. 

—Sí, sé quien es Snape —respondió Sirius con una mueca de desagrado después de tragar un pedazo de muslo de pollo y arrojarle el hueso a Buckbeak.

—Sí, lo había olvidado por un momento. 

—Estuve en su mismo curso cuando asistimos a Hogwarts. El año pasado supe que ahora es maestro de Pociones. 

—Y el novio de Lindsey —añadió Ron, indiscreto. 

—¡Espera! ¿Queeeeé? —preguntó Sirius después de escupir el jugo de calabaza—. Eso no me lo habías dicho, Harry... ¿Es enserio o es una broma? 

Lindsey comenzó a sentirse incómoda. No le había dicho a nadie, excepto a Charity acerca de su ruptura con Severus para no generar polémica y en el caso de Harry para no crear conflictos en la ya deteriorada relación entre el profesor y el alumno. No tenía sentido refutar ahora las palabras del indiscreto chiquillo Weasley pues recordó que Harry le había dicho que su padrino solía molestar a Snape en sus años de adolescencia y probablemente arremetiera de nuevo contra él si supiera los motivos por los que se había terminado la relación. Así que guardó silencio. 

—No, desafortunadamente no es una broma —dijo Harry negando con la cabeza—. Mi tía sale con el murciélago de las mazmorras. 

—¡Ya basta! —se quejó Hermione, advirtiendo la incomodidad de la medimaga. 

—Cuando termines de comer me gustaría examinarte un poco, Sirius, traje todo lo necesario —dijo Lindsey con un semblante serio. 

Él guardó silencio por unos minutos pero después susurró algo que Lindsey, al estar cerca de él pudo escuchar claramente. 

—¡Por Merlín! Si James supiera esto se volvería a morir de la impresión y el disgusto. 

—Yo no soy mi hermana Lily, ¿de acuerdo? —respondió la mujer, luego suspiró y trató de relajar el semblante y el tono de su voz—. Las razones por las cuales Severus y tú se odiaban o... se odian no son mi problema y por lo tanto me tienen sin cuidado pero no fue precisamente para hablar de mi vida sentimental que vine hasta aquí, Sirius. Quería conocerte y agradecerte y apoyarte personalmente además de, como ya te dije, examinarte. Estoy consciente de que has pasado por muchas penurias desde que saliste de Azkaban. 

—Yo también quería agradecerte por los cuidados que le has dado a Harry —respondió Sirius tratando de olvidar el asunto de que  la hermana gemela de Lily estuviese saliendo con el desagradable adefesio grasiento de Severus Snape—, me complace que quieras cuidarlo y tenerlo contigo ¡A propósito! ¿En qué quedó ese asunto del litigio? —preguntó cortando un pedazo de la barra de pan. 

—Estancado, el juez que lleva el caso está ahora resolviendo un delicadisimo asunto de supuesta pedofilia en un prestigioso colegio de Londres. Acusan al director. 

Sirius respondió con un agudo silbido ascendente y luego añadió: 

—Lío gordo pero solo espero que se resuelva rápido. Los asuntos muggles se tardan demasiado y mientras tanto Harry tendría que regresar a casa de los Dursley. ¡Eso no me gusta! 

—A mí menos —intervino Harry. 


Cuando Sirius terminó de comer, Lindsey tomó su maletín y sacó de él un estetoscopio para analizar sus latidos del corazón. 

—No creo que sea necesario, Lindsey, me siento perfectamente y ahora todavía más que acabo de comer exquisitamente y no esas ratas de las que me sirvo habitualmente. 

—¿Te has estado alimentando de ratas? —preguntó la medimaga alarmada mientras escuchaba los latidos.

—Sí, pero desde luego mientras mantengo mi forma canina. No puedo robar demasiada comida en Hogsmeade sin que se den cuenta. 

—Yo tengo algo de culpa en eso, es que con todo lo que aconteció durante y después de la segunda prueba te dejé un poco olvidado —respondió Lindsey, analizando en esta ocación la dilatación de sus pupilas. 

—No, descuida, Lindsey. Me sirvió de mucho todas las colchas, almohadas y cobijas que enviaste además de la comida —dijo el hombre señalando hacia un rincón de la cueva donde todos pudieron observar que el hombre se había hecho con paja y musgo cubiertos por las colchas, una cama precaria pero bastante cómoda.

—Estás un poco anémico —diagnosticó Lindsey mientras analizaba la parte interna de los párpados inferiores de Sirius y posteriormente sus uñas—. Necesitarás pócimas ricas en vitaminas y hierro como las pociones revitalizantes. Afortunadamente traje algunas conmigo pero te enviaré más ¡Lo prometo! Debes beber una por día en la mañana luego del desayuno. 

—De acuerdo —respondió Sirius con voz cansina mientras reía—. Hasta en eso te pareces a ella. 

—¿En qué? —preguntó Lindsey sonriendo, ansiosa de escuchar más datos sobre su hermana.

—Además de la esposa de mi mejor amigo, tu hermana era como nuestra madre, la madre de los merodeadores pues nos increpaba cuando creía que tenía que hacerlo y era muy protectora, muy parecida a Remus. 

—¿Remus? ¡Ah sí! Tu otro amigo, el...

—¡Ajá! el hombre lobo. 

—Es una gran persona —añadió Hermione. 

—Y el mejor profesor de D.C.A.O que hemos tenido —intervino Harry. 

—Todo lo acontecido últimamente en el castillo me ha dejado muy preocupado, lo que te pasó, Lindsey... ya sucedió en dos ocasiones. 

—Se trataba de Colette Piaf, una antigua compañera del colegio. Ella estaba enamorada de... mi ex esposo así que me guardaba inquina pero se suicidó cuando se supo descubierta. 

—Afortunadamente no volverá a hacerte daño pero te confieso que en un principio llegué a pensar que buscaban sacarte del medio para llegar a Harry... todavía falta descubrir quién colocó su nombre en el cáliz. Quien lo haya hecho no le guarda ningún aprecio pues para todos es sabido que corre peligro su vida en cada prueba. 

—Y todavía falta la tercera —dijo Harry con aprehensión.  

—Ya quiero que termine esa pesadilla de torneo —se quejó Lindsey—. Ninguno de los miembros del comité quiso escucharme cuando me opuse a que Harry participara. Es cierto que ellos firmaron un pacto al arrojar su nombre en el cáliz pero Harry no lo hizo. Ellos debieron tomar en cuenta eso además de que él es todavía muy pequeño para participar... 

—Tampoco exageres, tía —respondió Harry mientras Ron se echaba a reír. 

—Es cierto, cielo, solo tienes catorce años, apenas estás empezando la adolescencia. 

Ron recogió un par de periódicos del piso y leyó los titulares. Uno decía «La misteriosa enfermedad de Bartemius Crouch» y el segundo: «La bruja del ministerio sigue desaparecida. El ministro de magia ahora se ocupa personalmente del caso»

A Lindsey le llamó la atención el artículo de Barty Crouch pues era cierto que ella no había vuelto a verlo desde noviembre pues en su representación siempre llegaba Percy, el hermano de Ron, alegando que su jefe seguía enfermo. Según el artículo habían registrado su casa pero él no estaba allí. El hospital San Mungo se rehusaba a hacer comentarios y el ministerio negaba hacer comentarios acerca de enfermedad crítica.  

—¿Tan mal está? —dijo Lindsey. 

—Suena como si se estuviese muriendo —comentó Ron. 

—No le deseo mal a nadie pero para mí solo se está llevando su merecido por haber despedido a Winky el día de la final de Quidditch cuando ocurrió lo del ataque de los mortífagos. Primero la envió a la tribuna principal para guardarle un puesto pero él jamás apareció y después, cuando hubo toda esa confusión la culpó de no haberse quedado en la carpa. ¿Qué quería? ¿Qué la pisotearan hasta matarla o herirla de gravedad? 

—Es terrible ¿la despidió solo por eso? —preguntó Lindsey negando con la cabeza—. La pobrecita ha debido sentirse terrible, no hay nada peor para un elfo que verse en esa situación. 

—¡Espera! —dijo Sirius poniendo la palma de la mano derecha enfrente—, recuerdo que en esa ocasión si mal no recuerdo acusaron a Harry de haber conjurado la marca tenebrosa en el cielo, ¿no es así? 

—Así es —confirmó el aludido. 

—Y pensar que por esos días yo estaba aquí en el país, incluso en Hogwarts pero ignoraba lo que estaba pasando. 

—Primero vieron a la elfina guardando un puesto en la tribuna para Crouch pero éste nunca apareció por allí —repitió Sirius con la mano en la barbilla que le confería un aire reflexivo—. ¿Miraste en tus bolsillos para ver si estaba tu varita después que dejaron la tribuna principal, Harry?

Lindsey miró a su sobrino, atenta a su respuesta. 

—No, porque no la necesité antes de llegar al bosque ¿Por qué? ¿Crees que el que me robó la varita estaba en la tribuna?

—Es muy posible que sí —analizó Lindsey—. Recuerdo que me dijiste que los búlgaros usaron veelas y los irlandeses duendes como mascotas en el show de apertura, bien pudieron haber aprovechado tu distracción. 

—Y sí que estaba distraído con el numerito de las veelas, es decir, ambos lo estaban —añadió Hermione riendo—. Si el señor Weasley no los detiene estoy segura de que se habrían arrojado por la barandilla de la tribuna con tal de impresionar a las veelas. 

—¡No es cierto! —se quejó Ron. 

—Estoy de acuerdo con el análisis de Lindsey y todavía más después de lo que añadió Hermione, es muy posible —respondió Sirius. 

—Es una exagerada. 

—Sabes que digo la verdad, Ronald. 

—¿Quién más estaba sentado detrás de ti en esa tribuna, Harry? —preguntó Sirius. 

—Funcionarios búlgaros, Cornelius Fudge, los Malfoy...

—¡De seguro fue Lucius Malfoy! —exclamó Ron—. Nada me quita de la cabeza que él también andaba en el grupo de mortífagos que martirizaron a los muggles esa noche.

—También estaba Ludo Bagman —recordó Hermione.

—Casi no tengo datos sobre él —dijo Sirius, destapando de nuevo el frasco con el jugo de calabaza para darle un par de sorbos—. ¿Cómo es? 

—Parece un buen tipo, es bastante amable —analizó Lindsey—. A mí me cayó bien. 

—Siempre está ofreciéndome ayuda en las pruebas —añadió Harry.

—¿Por qué? —preguntó Sirius.

—Él dice que le agrado. 

—¿Piensas que fue él quien puso su nombre en el cáliz? —preguntó Lindsey con semblante preocupado—. ¿Por qué lo haría? 

—Es demasiado pronto para afirmarlo pero no me gustaría descartarlo tampoco —respondió Sirius, tapando el frasco de nuevo para reservar lo que quedaba del contenido. 

—Lo vimos en el bosque justo antes de que apareciera la marca en el cielo. 

—Pero no quedó allí, regresó al campamento en cuanto supo del altercado —dijo Ron. 

—¿Y cómo podemos estar seguros de que en realidad fue al campamento cuando se desapareció? —preguntó Hermione.

—Es cierto, no tienen esa certeza —intervino Lindsey—. ¡Dios mío! ¿Y si fue él quien conjuró la marca con la varita de Harry? pero... ¡No lo sé!... No tiene mucho sentido. 

—¿Qué hizo Crouch después que vio la marca y que descubriera a Winky con la varita de Harry? —quiso saber Sirius. Lindsey dejó a un lado sus reflexiones para prestar atención a las respuestas de los chicos. 

—Se fue a mirar los arbustos —respondió Harry.

—Fue ahí cuando despidió a Winky —insistió Hermione—, solo porque no quiso quedarse en la tienda y ser pisoteada. 

—Está obsesionada con los elfos y sus derechos —intervino Ron—. ¡Deja en paz a la elfina! 

—Me parece que ella ha sondeado mejor a Croch que tú, Ron —dijo Sirius—. Si quieres saber como es alguien, mira de qué manera trata a sus inferiores, no a sus iguales.

—Eso es cierto —reflexionó Lindsey.

—Escuchen —prosiguió Sirius—, el hombre se toma molestias en enviar a su elfina para que le guardara un puesto en la tribuna pero jamás llega para ocuparlo, luego trabaja duro en la organización del torneo y  tampoco asiste a las pruebas...

—Pero el hermano de Ron dice que está enfermo y a juzgar por lo que dice el profeta parece un asunto bastante serio —comentó Lindsey. 

—No lo sé... —respondió Sirius sin dejar de reflexionar, después añadió—: Fue él quien me envió a Azkaban sin juicio. 

—¿Sin juicio? —dijo Lindsey alarmada—. ¡Que injusticia tan grande! 

—Por aquellos días Crouch era el director del Departamento de Seguridad Mágica del ministerio—explicó Sirius mientras se levantaba del asiento improvisado y que se trataba de una vieja caja de madera volteada—. Todo el mundo creía que llegaría a ser ministro. Era un tipo ambicioso, tanto que llegó muy lejos en su afán de capturar mostífagos. Autorizó a los aurores a lanzar maldiciones imperdonables en lugar de solo capturar... incluso les otorgó la venia de matar si el auror lo consideraba necesario. 

Mientras escuchaba todo esto Lindsey no pudo evitar pensar en Severus y en su vida de mortífago ¿se habría topado acaso con alguno de esos aurores autorizados para arremeter con cualquier maldición? ¿Cuántas veces estuvo su vida en peligro? Pero... ¿cuántas veces lo estuvo la de los demás por su culpa?... De cualquier forma odiaba pensar que alguien pudo haberle hecho daño, después de todo Dumbledore aseguró que él jamás mató a nadie.  

—El ministerio intentaba que los muggles no se dieran cuenta pero mientras tanto muchos muggles morían —siguió Sirius—. Voldemort hacía de las suyas—. Las duras medidas de Crouch estaban dando resultados a pesar de las críticas de algunos pues otros lo alababan afirmando que esa era la forma en que debía responder ante los desmanes de los mortífagos, pagar violencia contra violencia. Pero cuando él estuvo a punto de alcanzar el punto álgido de su carrera y convertirse en ministro ocurrió algo muy pero muy grave que dio un giro de ciento ochenta grados en su vida. 

—¿Qué cosa? —preguntó Lindsey con curiosidad.

—Descubrieron que su hijo, Barty Crouch jr, frecuentaba la compañía de mortífagos. 

—¿Qué? —preguntaron Lindsey, Harry, Ron y Hermione.

—Bueno, es lo que se decían, lo descubrieron junto a mortífagos. Yo ya estaba en Azkaban cuando lo trasladaron por algo que supuestamente hizo. Era muy joven, no tendría más de diecinueve años. Pasó toda la noche llamando a su madre hasta que se calmó pero allí todos se calman cuando el tiempo transcurre... 

—¡Dios mío! —masculló Lindsey imaginando los horrores de ese lúgubre y desolado lugar, entendiendo en parte la drástica resolución que había tomado Colette para evitar ser enviada allí. 

—¿El señor Crouch no defendió a su hijo de las acusaciones? —preguntó Hermione.

Sirius sonrió con ironía. 

—Solo se limitó a hacerle un juicio y ya pero en ese juicio solo le dedicó desprecio. Supongo que lo odiaba por haber manchado con sus actos todo el esfuerzo que él había hecho para convertirse en ministro. El chico ya lucía enfermo en Azkaban cuando llegó pero con el tiempo y el sufrimiento se fue agravando hasta que murió. Su padre jamás reclamó el cuerpo, fueron los dementores los que se encargaron de enterrarlo junto a la fortaleza (lo sé porque yo mismo los vi desde la ventana de mi celda) Su madre murió poco después, supongo que de tristeza. 

—Moody dice que Crouch está obsesionado con atrapar magos tenebrosos —dijo Harry. 

—Y se coló en Hogwarts para revisar el despacho de Snape —añadió Ron. 

—Sí, tal y como te lo dije ese día en la carta, Sirius —añadió Harry. 

—¡Esperen! ¿Qué? —preguntó Lindsey sorprendida. 

—Sí, tía, ¿recuerdas el día que me dijiste que entrara en el baño de prefectos para tratar de resolver el enigma? Ese día Snape estaba furioso porque alguien había entrado a su despacho, incluso me increpó hace poco, convencido de que fui yo quien entró a robarle ingredientes ¿lo recuerdas? pero yo no fuí, fue el señor Crouch, lo vi reflejado en el mapa del merodeador. No sé como no te lo dije antes. 

Lindsey guardó silencio sumergida en sus pensamientos... recordaba perfectamente ese día, era el mismo día en que se había entregado a Severus por primera vez. Esa noche despertó en su cama y él no estaba presente. La puerta del despacho estaba abierta y efectivamente lo encontró afuera discutiendo con Moody acerca de que alguien había entrado a su despacho para revolver su armario pero... ¿por qué razón Barty Crouch entraría allí? para ese entonces el hombre ya estaba enfermo así que ¿cómo podía haber ido a Hogwarts en mitad de la noche? 


—¿Estás seguro de que leíste bien, Harry? 

—Por supuesto que sí, tía. Barty Crouch estaba en el despacho del murciéla... del profesor Snape —corrigió con voz cansina. 

—Es que no tiene sentido... hay algo que no encaja. Se supone que para ese entonces él ya estaba enfermo pues no lo vemos desde noviembre. Además, si tiene energía suficiente como para entrar en el despacho de Severus en mitad de la noche ¿por qué no asiste a las pruebas?  

—Yo estoy de acuerdo con Lindsey —añadió Sirius—. Si Crouch quiere vigilar a Snape ¿por qué simplemente no asiste a las pruebas del torneo? 

—¿Sospechas que Severus se trae algo entre manos? —le preguntó Lindsey a Harry, comenzando a preocuparse. 

—Dumbledore confía en él y si lo hace es por algo, ¿no? —intervino Hermione—. No olvides que él salvó tu vida en primero, Harry.


—En el colegio era un pelota empalagoso de pelo grasiento que sentía demasiada fascinación por las artes oscuras —dijo Sirius.

Harry y Ron se miraron con una sonrisa mientras Sirius describía a Snape de esa forma tan despectiva. Lindsey en cambio permaneció en silencio, atenta al relato, le interesaba saber más de Severus en esa época. 

—Cuando llegó conocía más maldiciones que muchos chicos de séptimo curso y formaba parte de una pandilla de Slytherins que después terminaron siendo mortífagos —Sirius comenzó a enumerar con los dedos—: Rosier y Wilkes: a los dos los mataron los aurores un años después de la caída de Voldemort, los Lestrange, que son matrimonio: siguen en Azkaban y Avery que alegó estar bajo efectos de la maldición imperius y por ende anda suelto. Sin embargo, al menos que yo sepa contra Snape no hubo denuncias. 

Lindsey seguía callada, a sabiendas de que sí, hubo denuncias contra Snape, al menos una pues de lo contrario Dumbledore no se hubiese visto en la necesidad de defenderlo alegando que jamás había matado a nadie y que había abdicado del clan de mortífagos antes del declive de Voldemort. 

—Eso sí, hubo muchos que jamás fueron atrapados y pues debo reconocer que Snape fue lo bastante astuto como para mantenerse al margen de problemas. 

—Dumbledore no es un tonto, si Severus hubiese tenido malas intenciones ya lo hubiese descubierto en todos estos años —respondió la medimaga. 

Sirius respondió con una mueca de desconcierto y un encogimiento de hombros. 

—No lo sé, tía. Hace poco, mientras estábamos en clases de Pociones, Karkarov entró en el salón e insistió hablar con Snape, le decía que era urgente que hablaran sobre cierto asunto que se negaba a mencionar (los escuché porque el muy... porque el profesor me obligó a sentarme frente a su escritorio para mantenerme vigilado según él) el caso es que Karkarov le decía que debía haberse dado cuenta, que también tenía que haber notado algo... 

—¿Notado algo como qué? —preguntó Lindsey, ávida de información—. ¡Cielos, Harry! ¿Por qué no me cuentas esas cosas? 

—Estás enfrascada en defender a Snape así que no tendría caso. 

—Defenderlo de qué... En esta ocasión ni siquiera sé de qué lo acusas. 

—No lo estoy acusando, solo te estoy narrando lo que sucedió ese día. 

Cuando todo el mundo salió del salón al final de la clase, derramé un poco de bilis de armadillo a propósito para tener una excusa de quedarme a «limpiar» Entonces Karkarov le mostró algo a Snape, era algo que tenía en el brazo y que desde mi posición no pude ver qué era.

Lindsey volvió a permanecer callada mientras permanecía sumida en sus pensamientos... Karkarov le aseguraba a Snape que también debía haberlo notado... ¿notar qué cosa? le mostró algo que tenía en el brazo... Si se suponía que Severus debía haberlo notado era porque él también tenía algo parecido pero... ¿qué? La mujer hizo un esfuerzo y trató de recordar algo particular en el cuerpo de Severus tal y como lo recordaba en aquellas noches en que se amaron en la soledad de la habitación de las mazmorras....

¡Sí! la marca en el antebrazo izquierdo... era algo parecido a un tatuaje. No pudo apreciar muy bien su forma al principio pero después se dió cuenta de que era la misma que había visto en el periódico en el artículo que hablaba de lo que habían hecho los mortífagos en la final de quidditch...   

Se trataba de la marca tenebrosa, el sello de los mortífagos, el mismo Severus se lo había confesado la primera noche que estuvieron juntos, ese era el canal que Voldemort usaba para convocar a sus seguidores. 

—Es algo sospechoso en realidad —comentó Sirius—, no obstante no creo que Snape esté tramando algo raro... no lo sé, no creo que Dumbledore le permitiera estar en Hogwarts si estuviese seguro de que sirvió a Voldemort. 

Lindsey tomó a su sobrino por los hombros y lo miró a los ojos. 

—Harry, yo lo am... quiero decir que no importa lo que creas que yo pensaré al respecto, sea lo que sea que creas que debes decirme, hazlo. No me ocultes nada, Harry —dijo con determinación—. Tú siempre serás mi prioridad y te protegeré por encima de todo y de todos.

—Me alegra escuchar eso, no sabes cuanto me alivia porque ya empezaba a preocuparme eso de tu relación con Quejicus.

—¿Con quién?

—Quejicus, es como solíamos llamar a tu noviecito en la escuela ¡Dios! No puedo creer que... ¡Es insólito!... ¿Qué le viste a ese grasiento?

—¿Por qué insistirían Moody y Crouch en entrar al despacho de Snape? —preguntó de repente Harry, interrumpiendo a Sirius al notar que su tía comenzaba incomodarse de nuevo—, recuerdo que él mencionó que había registrado el despacho de Snape en cuanto llegó. 

—Es normal que siendo Moody como es haya decidido registrar el despacho de todos los profesores —opinó Sirius—. Oye Ron, dices que tu hermano trabaja directamente con Crouch, ¿no es cierto? ¿Podrías preguntarle si lo ha visto últimamente? También aprovecha de preguntarle si tiene alguna pista sobre Bertha Jorkins. 

—De acuerdo pero lo haré tratando de no dejar que piense que estoy demasiado interesado en el asunto porque se pone insoportable cuando habla de su trabajo.

—¿Qué hora es? —preguntó Sirius de repente. 

—Las tres y media —respondió Lindsey con voz monocorde mientras miraba su reloj de pulsera—, creo que ya deberíamos volver. 

A ella le urgía regresar al castillo y averiguar ciertas cosas...  

—Yo estoy de acuerdo con Lindsey, de todos modos me agradó su visita y sobre todo conocerte—dijo colocándole a la mujer una mano sobre su hombro.

Ella le sonrió mientras le señalaba la bolsa que había traído y que ahora descansaba junto a una estalagmita.  

—Espero que te guste lo que te traje de Hogsmeade. No sabía tu talla y tampoco tus gustos pero aún así creo que te servirán. 

—No debiste molestarte en lo absoluto, no tenías por qué hacerlo —dijo él mientras la abrazaba para despedirse. 

—De todos modos quise hacerlo para agradecerte de alguna forma tu dedicación con Harry, ojalá todos los padrinos del mundo supieran cumplir bien su rol como tú. 

Él sonrió, un poco ruborizado. 

—No olvides ingerir la poción revitalizante. Te enviaré desde Hogwarts alimentos ricos en hierro para ayudarte con tu anemia. No realices demasiado esfuerzos y pronto estarás completamente en forma, gracias por todo, Sirius. 

—Gracias a tí, Lindsey —respondió el hombre sin soltarla (Harry le dio con el codo en el brazo a sus amigos mientras asentía como señal de aprobación y cierta mirada de picardía que divirtió a Ron y molestó a Hermione) 


Todos se despidieron del hombre que volvió a transformarse en perro para acompañarlos de nuevo hacia la valla que delimitaba el final del pueblo, donde dejó que lo acariciaran antes de verlos marchar. Los muchachos iban comentando cosas, riéndose mientras avanzaban pero Lindsey permanecía callada, inmersa en sus pensamientos.

Severus por su parte, al no ver a Lindsey en ningún lugar del pueblo decidió regresar al castillo, además porque había vuelto a sentir ese maldito escozor en el antebrazo izquierdo que tan malos recuerdos le traía y que tanto detestaba porque le sugería un retorno inminente a su antiguo rol.  




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