Historia al azar: Adiós
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Lindsey Cooper, la hermana de Lily Evans » La excursión a Hogsmeade.
Lindsey Cooper, la hermana de Lily Evans (ATP)
Por Hermaire
Escrita el Sábado 11 de Enero de 2020, 20:34
Actualizada el Jueves 29 de Octubre de 2020, 20:58
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La excursión a Hogsmeade.

Capítulos
  1. El nacimiento
  2. Magia
  3. La verdad
  4. Lista para el viaje.
  5. Albus Dumbledore
  6. Hogwarts
  7. Conociendo a los Dursley
  8. Valle de Godric
  9. Severus Snape, ¿el amigo de Lily?
  10. ¡Hola, tía Lindsey!
  11. Conociendo un poco más
  12. Una visita nocturna
  13. La vista en el juzgado
  14. No eres ella
  15. Desahogo
  16. La llegada de Beauxbatons
  17. ¡No puede ser posible!
  18. Un pequeño enfrentamiento.
  19. La carta del abogado
  20. La primera prueba
  21. La vista en el juzgado
  22. Una contienda lejos del juzgado
  23. El anuncio de Dumbledore
  24. Una carta de tía Petunia
  25. ¿Irías conmigo al baile?
  26. El baile
  27. Un espía en el pasillo
  28. Incertidumbre
  29. Un nuevo artículo de Skeeter
  30. El paseo
  31. Amor
  32. Un intruso
  33. Gemelas.
  34. Revelación.
  35. Perdóname
  36. ¿Qué sucede con Lindsey?
  37. La segunda prueba del torneo
  38. ¿Ocurrió de nuevo?
  39. Antídoto
  40. Muerte en el castillo
  41. Cuidaré de ti
  42. La excursión a Hogsmeade.
  43. Una grata visita.
  44. El fantasma
  45. ¿Qué diantres está pasando?

Harry vio salir a Snape de la habitación sin decir nada, ni siquiera se detuvo sino que pasó como un bólido por su lado, en parte porque no quería que viera su lamentable aspecto y también porque tenía ganas de enviarle un maleficio por haberlo interrumpido en el momento menos inoportuno. ¡Estúpido mocoso! Ya se las pagaría en clases. De todos modos estaba demasiado alterado como para pensar con claridad, habían sido demasiadas las emociones vividas en tan poco tiempo, lo único importante era que Lindsey estaba bien. A pesar de sus ojos cansados y llorosos pudo notar que estaban llenos de vida y... ¡Dios! de alguna forma pudo sentir que ella lo extrañaba. En el tono trémulo de su voz, en sus lágrimas y su forma de mirarlo, además no rechazó sus caricias. Se moría por tenerla de nuevo pero al mismo tiempo se conformaba con saberla viva.

Llegó a su habitación y al mirarse en el espejo del baño casi se cae de la impresión al notar las marcadas ojeras. Alguien llamó a la puerta y aunque al principio se alarmó y salió corriendo al creer que algo le había sucedido a Lindsey, se dio cuenta de que no era así pues un elfo estaba al otro lado de la puerta con una bandeja cubierta por una cúpula. 

—El director le envía esto al profesor Snape, señor —explicó la criatura ofreciendo la bandeja junto con una profunda reverencia.

—Gracias —respondió Snape, recibiéndola. 

El elfo se marchó y Severus cerró la puerta. Al descubrir la bandeja notó que había varios panecillos suaves y dulces rellenos con mermelada y una taza de café. Con el hambre que tenía todo le resultó muy tentador pero por alguna razón sus alarmas se activaron... ¿De verdad lo habría enviado Dumbledore? De todos modos se dedicó a olfatear la comida mientras se recriminaba mentalmente por ser tan paranoico pues no detectó ninguna nota de veneno en sus alimentos.

Después del desayuno se dio un baño de agua caliente para relajar sus músculos y posteriormente se acostó un rato para descansar, no obstante lo único que hacía era pensar en ella, en sus ojos verdes, su sonrisa y lo feliz que había sido mientras la tuvo con él... ¿Por qué había perdido el tiempo añorando a Lily? El pasado ya estaba extinto, el futuro era incierto pero el presente es lo más valioso pues es el momento que se vive —pensó mientras sus párpados se cerraban inevitablemente...



Contrario a lo que Dumbledore había ordenado, todo Hogwarts hablaba del incidente de las mazmorras, alentados por el artículo del profeta... ¿Cómo rayos se enteraba Skeeter de esas cosas? Sin embargo, después de leer el diario, Dumbledore había confirmado sus sospechas de que la mujer tenía un informante dentro del castillo debido a que el artículo en cuestión se refería al discurso que él había dado en el gran comedor esa mañana y no daba detalles del cuerpo ni tampoco acerca de lo que habían dicho los aurores que fueron a retirarlo.  

—¿Cómo hace Skeeter para saber estas cosas? —preguntó Ron mientras descansaban a la sombra de un árbol—. Mamá estaba que se infartaba, ya envió a Percy un par de veces a preguntar por Lindsey pero después de lo que le ocurrió a la prima de Fleur envió una carta impresionada y...

—No sé como Skeeter lo supo —lo interrumpió Hermione—, pero eso no es lo peor sino el hecho en sí de lo que ocurrió. ¡Que horrible! 

—Desde luego no me alegra —repuso Harry—, pero al menos me tranquiliza saber que ya nadie intentará lastimar a tía Lindsey. Afortunadamente está mucho mejor y tanto ella misma como sus colegas coinciden en que se recuperará pronto, incluso piensan darle el alta mañana mismo. 

—Me alegra saberlo, Harry ¡La pobre Lindsey ha pasado por mucho! —comentó Hermione—. Ya es hora de que comience a ser feliz. 

—No he recibido respuesta a la última carta que le envié a Sirius con la fecha de la próxima salida a Hogsmeade pero si leyó el periódico debe estar muy preocupado por mi tía. No había querido decirle nada precisamente para no preocuparlo. 

—Solo espero que no se acerque por acá —comentó Hermione con aire preocupado—. Todo el mundo anda alerta, sobre todo Ojoloco Moody... ¿Ya vieron como olfatea la comida que se supone él mismo se prepara?

—Ése no cambiará nunca —terció Ron, arrojando una piedra al lago mientras admiraba las hondas que provocaba, luego se giró hacia sus amigos y bajó el tono de la voz para hacerles una confidencia—. ¡Oigan! Escuché a unos Slytherins y dicen que la mazmorra donde ocurrió todo ahora fue clausurada, Dumbledore cerró la puerta con un hechizo poderoso y bloqueó la ventanita con barrotes con tablas pero afirman que esta mañana todavía se podía ver la cuerda donde ella...

—¡Ron! ¡Por el amor de Dios, ten un poco de respeto! —lo increpó Hermione—. Aunque no me cae bien, siento mucha pena por Fleur y su hermanita —añadió la castaña mirando a lo lejos como las chicas mitad Veela se abrazaban a la cintura de Madame Maxime mientras sollozaban.

—Está bien, lo siento. 


Casi al anochecer, Lindsey ya se sentía con la fuerza suficiente para regresar a sus habitaciones privadas, incluso para retomar sus labores pero sus colegas y sobre todo Noah insistieron en que podía hacerlo al día siguiente pero por ahora solo le permitirían regresar a su habitación. Sin embargo, anímicamente seguía desconcertada y así se lo hizo saber a Charity mientras conversaban.  

—Nunca en toda mi vida pensé que esto llegaría a suceder. 

—De nuevo nos diste un susto terrible a todos, amiga —dijo Charity secándose un par de lágrimas—. Bueno, más bien Colette... ¡Fue terrible, Lindsey! Anoche tuve pesadillas. 

Su amiga le tomó las manos con cariño. 

—Imagino que debió haber sido impresionante. Yo quedé en shock cuando Severus me lo contó esta mañana. Jamás creí que ella fuese capaz de lastimarme o de lastimarse a sí misma. Ella no era precisamente un ángel pero... no lo sé... me cuesta imaginarla siendo una asesina. 

—Pero confesó, Lindsey. Dumbledore dijo que ella lo confesó todo y Moody insistía en eso. 

Madame Maxime también me lo dijo —respondió la medimaga—, la pobre seguía muy afectada por toda las situación... No sé qué sucederá con todo ese asunto del torneo por fin... ojalá y lo suspendan, no me gustaría que Harry siguiera en esto.  

—Dumbledore estaba encerrado con los miembros del comité hasta hace poco pero creo que ya llegaron a una decisión porque mandaron a llamar a los campeones. 

Lindsey suspiró como respuesta y recostó la cabeza en la almohada con la mirada perdida en la puerta de la habitación.

—¿No ha venido a verte?... Severus —aclaró Charity.

—Vino después del almuerzo pero solo preguntó como estaba y se fue... Noah estaba aquí, conversando conmigo cuando él llegó.

—Y prefieres su compañía a la de Vertonghen, ¿no es así? 

—No es eso —respondió Lindsey sin mirarla—. Noah es un buen amigo, me lo ha demostrado, estaba muy preocupado por mí e igualmente afectado por lo que hizo Colette. Se sentía culpable por todo lo sucedido... Dice que si no se hubiese involucrado con ella jamás me habría hecho daño y ella seguiría viva. Estaba muy atormentado aunque traté de calmarlo.

—Severus también está muy atormentado, amiga. El pobre parece que no se resigna a que tú ya no lo amas —tanteó la mujer atenta a su reacción la cual no se hizo esperar. 

Lindsey giró sobre un costado y se aferró a la almohada mientras un par de lágrimas se escapaban de sus ojos.  

—Lo amo con toda mi alma —confesó casi por inercia. 

—Entonces ¿qué tontería es esa de apartarlo de tu lado? Él daría su vida por ti, Lindsey, y no lo digo porque sea mi amigo y lo quiero sino porque lo conozco. Olvida esa estupidez de la confusión de nombres, solo fue eso, una confusión.

—Es más que solo una confusión de nombres —respondió Lindsey pensando en el hecho de la profecía revelada.

—¿Que puede ser tan grave, amiga? 

—Lo extraño, Chari... lo amo, lo quiero mucho. 

—Entonces date y dale una oportunidad... ¡Mira! No tiene por qué ser ahora misma, ni mañana, solo piénsalo y después decide. 


Los días pasaron y todo retornó casi a la normalidad, Lindsey fue dada de alta y retomó su trabajo pero notó que Severus se le acercaba con cualquier excusa por absurda que fuese, a veces con la intención de ofrecer algún ingrediente, poción o simplemente a preguntar como estaba, por más que ya había pasado una semana desde el grave atentado. 

Con respecto al Torneo, el tribunal llegó a la conclusión de que no podían suspenderlo ya que los participantes habían firmado un acuerdo de tipo vinculante al haber incluido sus nombres en el cáliz y por lo tanto era imposible renunciar, tampoco podían postergarlo demasiado tiempo debido a que los otros colegios participantes debían volver a sus países en el tiempo estipulado para retomar sus vidas y actividades. De modo que solo dejarían pasar las semanas hasta el día de la tercera prueba para reponerse ya que todavía faltaba mucho para ello. 

Harry, finalmente había recibido una lechuza por parte de Sirius. Últimamente se retrasaban debido al viento excesivo. Con gran emoción, después de leerla, el muchacho se la mostró a su tía Lindsey para que ella la leyera.   



Harry, es terrible todo lo que leí en el Profeta aunque dada la naturaleza escandalosa de la periodista que escribió el artículo ignoro si sea verdad o que tan grave sea el asunto. Espero con toda sinceridad que Lindsey esté bien o que todo lo que leí solo se trate de una exageración de la arpía esa de la periodista. 

Ya recibí la fecha que me enviaste de tu próxima visita al pueblo así que me gustaría verte y poder hablar con más calma sobre el asunto. 

Vayan al paso de la cerca que hay al final de la carretera que sale de Hogsmeade (más allá de Dervish y Banges) el sábado a las tres en punto de la tarde. Lleven toda la comida que puedan.   



—Pobrecito, con todo el asunto de la segunda prueba y luego lo que me sucedió dejé muy olvidado a tu pobre padrino, Harry, olvidé enviarle la comida que habitualmente le suelo mandar. 

—Descuida, de seguro él lo comprende. Le diré a los chicos. 

—¡Espera! Yo iré con ustedes. Recuerda que te dije que quiero conocer a tu padrino y supongo que él también quiere verme. 

—Desde luego que sí —respondió Harry emocionado—. Siempre me dice que se muere por conocerte... Todavía le cuesta creer que mamá tenga una hermana gemela. 

Lindsey sonrió.

—Cualquier amigo de Lily debe ser amigo mío. También me muero por conocerlo y además, con mi presencia me aseguraré de que ustedes no cometan ninguna imprudencia que pueda delatar la posición de él. 


Otra semana pasó y aunque seguía con aparente normalidad, Severus se mantenía alerta y le pedía a Lindsey constantemente que no ingiriera nada que él no hubiese revisado primero, que no anduviera sola por los pasillos y usara conjuros especiales que él se encargó de enseñarle paso por paso para asegurar la puerta de su habitación. No obstante, él notó algo bastante alarmante que no había sentido en muchos días, incluso meses, siendo la última vez en diciembre, unos días antes de navidad... 

Al principio se trataba de un ligero escozor en su antebrazo izquierdo que casi no percibió pero que conforme se fue acentuando llamó cada vez más su atención, tanto que no pudo resistir la curiosidad y terminó levantándose la manga de la casaca y la camisa, amparado bajo la protección de su despacho, donde, contrario a la ocasión anterior, pudo percibir con estupefacción a la luz de las antorchas y velas, que la marca grabada a fuego en el interior de su antebrazo izquierdo se volvía más nítida e incluso se movía aunque con mucha parsimonia. 



—¡No de nuevo! —susurró mientras la contemplaba con rabia—. ¿Hasta cuando esta pesadilla?

Severus intuyó que al parecer Karkarov también lo había notado porque a la hora de coincidir en el gran comedor intentó acercarse varias veces (como lo había hecho durante el baile de navidad) pero él lo evitaba siempre con excusas diferentes. Escuchar lo inevitable de parte de otro mortífago sería confirmar lo que ya sabía y él no quería eso... no ahora... ¡Jamás! pero ¿por qué justamente cuando Lindsey... Ella lo creía un mortífago sin escrúpulos y ahora esto... 

Él trató de relajarse lo más que pudo ya que le daba la impresión de que Alastor Moody lo miraba con más recelo que de costumbre. Tampoco había querido decirle nada a Dumbledore por los momentos por temor a que lo enviara en búsqueda del Señor Tenebroso, esperaría a ver si la marca dejaba de manifestarse... 


Mientras ordenaba su armario personal de especias y demás ingredientes de Pociones, Severus volvió a notar otro faltante en su inventario... Crisópos, piel de serpiente arbórea y branquialgas...

—¡Potter! —exclamó entre dientes mientras dejaba caer una bolsa que contenía ojos de anguila disecados—. ¡Maldita sea! ¿Cómo demonios entró aquí?

Estaba seguro de que había sido él ¿Quién más podía ser?... Ya le había sucedido antes cuando ese mocoso estaba en el segundo curso, hubo una explosión en el caldero de Goyle y el salón se llenó de humo, después de ese incidente se dio cuenta de que en su armario había un faltante de ingredientes para preparar poción multijugos, ahora también faltaba una bolsa de branquialgas y justamente había sido eso lo que Potter había usado el día de la prueba, ¿no?... ¡Cielos! No quería tener enfrentamientos con Lindsey por culpa del mocoso pero no estaba dispuesto a tolerarlo más, así que iba a enfrentarlo para que supiera que no podría seguir burlándose de él... se las pagaría y lamentablemente para el pobre niño que vivió la oportunidad llegó pronto...  


La segunda prueba del torneo seguía dando de qué hablar según Skeeter ya que pasada la euforia de aquel artículo titulado Suicidio en las Mazmorras de la edición vespertina de El Profeta, la mujer arremetió de nuevo, esta vez en su espacio en Corazón de Bruja. Ahora las víctimas de su pluma fueron Harry Potter, Viktor Krum y sobre todo Hermione Granger.  


La pena secreta de Harry Potter. 


Malfoy, acompañado de su grupo de Slytherins leía el artículo en las afueras del aula de pociones, lo hacía en voz alta para tratar de alterar a los involucrados. No obstante Hermione había manejado la situación con bastante diplomacia pues lo único que hizo fue reírse después de leer, pero para su desgracia, el profesor descubrió la revista, buscó el artículo y se puso a leerlo en voz alta antes de separar al trío de oro.   

 Snape mandó a sentar a Harry justo frente a su escritorio para poder martirizarlo con sus comentarios insidiosos, haciéndole saber que estaba al tanto de sus incursiones hasta su armario personal y hasta amenazándolo con arrojar un poco de veritaserum sobre su jugo de calabaza. Hasta el momento el muchacho se había mostrado bastante impertérrito, sin dejarse amedrentar por él, seguía trabajando en su pócima agudizadora del ingenio.

—Podrías tener la equivocada impresión de que todo el mundo mágico está pendiente de ti, muchacho —dijo Snape pasando a tutearlo de un momento a otro—, pero me da igual cuantas veces aparezca tu foto en los periódicos. Para mí, Potter, no eres más que un niño desagradable que cree que está por encima de las reglas. Sé que tu tía Lindsey piensa que eres un ser adorable pero...

—¡No meta a mi tía en esto! —espetó Harry en tono de advertencia, reaccionando al fin al tono amenazador del profesor y a sus comentarios molestos, aunque no lo miraba, seguía con la mirada clavada en el mortero. Sabía que Snape estaba buscando provocarlo pero cuando se trataba de tía Lindsey no podía resistirse. 

Severus sonrió satisfecho, tal vez lograría que el muchacho confesara para evitarse un problema con su tía, de modo que prosiguió. 

—La meto porque la pobre no tiene idea del lío en el que se está metiendo al pretender tu custodia. No harás más que buscarle enfrentamientos con todo el mundo por tu conducta y tu tendencia al vandalismo. 

Harry seguía con su labor de machacar escarabajos imaginándose la cara de Snape en cada uno de ellos. ¡En mala hora se había fijado tía Lindsey en el murciélago de las mazmorras! 

—Pero precisamente por consideración a ella te dejaré pasar ésta una vez más pero voy a hacerte una advertencia, Potter: seas o no una diminuta celebridad, si te pillo entrando en mi despacho de nuevo... 

—Nunca he entrado en su despacho y mucho menos para revisar su armario de ingredientes. Simplemente hay diez mil lugares más interesantes en Hogwarts para husmear.   

—¡No me mientas! No estabas en tu dormitorio la noche que entraron en mi despacho, hoy encontré un nuevo faltante entre los ingredientes entre ellos ¿adivina qué?... Branquialgas, justo lo que usaste el día de la segunda prueba. Desde luego con todo lo acontecido entonces no tuve tiempo de revisar mi armario hasta ahora y... desde luego no puede evitar atar cabos...   

—Le repito que yo no he entrado en su despacho, señor. 

—Una nueva incursión nocturna, Potter y ¡Lo pagarás! 

—En ese caso lo tendré en cuenta por si alguna vez siento el impulso de entrar —respondió Harry con aparente serenidad. Si Snape buscaba provocarlo, le voltearía la tortilla.   

—¿Sabes qué es esto? —preguntó Snape sacando un pequeño frasco del interior de uno de sus bolsillos. Harry no tuvo más remedio que mirarlo y negar con la cabeza. 

—No tengo idea y tampoco tengo interés en saberlo. 

Veritaserum o suero de la verdad. Solo tres gotas de este líquido y bastaría para que revelaras tus secretos frente a todo el mundo. Vigila tus pasos, Potter o mi mano podría deslizarse sucepticiamente hasta tu jugo de calabaza de la cena y entonces sabríamos si has entrado o no a mi despacho. 

—¿Me está amenazando, señor? Pensé que eso de alterar los alimentos de la gente se acabaría con la muerte de la profesora Piaf —arremetió el muchacho mientras lo miraba a los ojos con actitud desafiante. 

Snape se preparó para rebatir su atrevida respuesta pero justo en ese momento llamaron a la puerta del aula. 

—Adelante —dijo sin dejar de asesinar a Harry con la mirada. 

Severrus, tenemos que hablarr.

No podía creerlo... 

—Después de clases, ahora estoy ocupado —respondió Snape para quitárselo de encima. 

Quierro hablarr ahorra, necesito decirrte algo imporrtante y siento que me estás evitando.

—Te dije que podremos hablar luego —repitió Snape. 

Potter volvió a lo suyo y Snape no pudo creer que para evitar una nueva evasión, Karkarov se había sentado cerca del escritorio a esperar que terminara la clase, y una vez que todos salieron del aula no tuvo más remedio que escucharlo...

—¿Qué demonios quieres? —preguntó intuyendo la respuesta. 

—Sabes a lo que me refierro... ¡Se trata de esto! —respondió Karkarov descubriéndose la marca. 

—¡Tapa eso! —exclamó Snape con asombro al ver lo que el hombre hacía. ¿Si entraba algún alumno o... la propia Lindsey? 

—Tú también tienes que haberrlo notado. No me dirrás que no...

—¡No podemos hablar aquí! ¿Entiendes? —respondió Snape atento a todo a su alrededor y fue cuando se dio cuenta de que Harry todavía estaba allí, frotando algo en el suelo con un trapo....¿Habría escuchado algo? 

—¡Potter! ¿Qué haces aquí todavía?

—Solo limpiaba un poco de Bilis de armadillo que derramé sin querer. 

—¡Largo! 

Harry salió del aula y Karkarov también, aparentemente nervioso aunque Severus también lo estaba... Afortunadamente no había dicho nada comprometedor pero... no le gustaba que supiera que había algún misterio... ¿Habría alcanzado a ver la marca en el antebrazo de Karkarov?


Harry por su parte salió del aula algo impactado, no había logrado ver lo que el director búlgaro le mostraba a Snape pero sabía que no debía ser algo bueno para tratarlo con tanto recelo. Por un momento se vio tentado a contárselo a Lindsey pero por otra parte no estaba seguro de cual sería su reacción... ¿Le creería o pensaría que sus deducciones estaban condicionadas por la rabia que sentía contra Snape por acusarlo de entrar en su despacho? finalmente optó por no decirle nada por los momentos, al menos hasta estar seguro de qué se traía Snape entre manos. De todos modos sí se lo contó a Ron y a Hermione. 


El sábado, el día de la incursión al pueblo, tal y como lo había prometido, Lindsey se enfiló hacia el lugar convenido en compañía de Harry y sus amigos. En la mochila de su sobrino la mujer había insertado una docena de muslos de pollo envueltos en servilletas, una barra de pan y una botella con jugo de calabaza. Ella llevaba además su maletín con insumos médicos y otros artefactos para examinar la salud del hombre que había que tenido que vivir en condiciones difíciles en los últimos tiempos. 

Al principio Severus había insistido en acompañarla hasta el pueblo (ignorando desde luego las intenciones de la mujer de salir de la villa para ir al encuentro de nada más y nada menos que Sirius Black) pues no deseaba que saliera del castillo, ni siquiera iría Charity que se había quedado en cama por prescripción de la propia Lindsey, pasando los síntomas de gripe después de beber poción pimentónica. De todos modos como no quería incomodarla imponiéndole su presencia pero al mismo tiempo quería cuidar de ella de forma obsesiva a pesar de la muerte de la agresora, Severus resolvió seguirla sin que ella se diera cuenta... 


En primer lugar, Lindsey y los chicos visitaron Tiros Largos Moda para escoger algunos calcetines de regalo para Dobby. La medimaga se divirtió ayudándolos a escoger combinaciones raras. Ella también se dispuso a buscar algunas prendas para Sirius a sabiendas de que él las debía estar necesitando.       

—¿Cuál será su talla? —preguntó Lindsey. 

—Es bastante delgado —dijo Ron. 

—No lo sé... probablemente haya cambiado, lleva un tiempo fuera de Azkaban, ¿no? —añadió Hermione. 

—Es un poco más delgado que el dependiente de la tienda —explicó Harry. 

—En ese caso le compraremos algo más o menos de esa talla y después ya lo ajustaremos si hace falta. ¿Creen que le guste? 

—Estoy seguro que sí, tía ¡Muchas gracias! 

—De nada, mi cielo. 


Finalmente, a la una y media los cuatro se enfilaron rumbo a la carretera que conducía al final del pueblo hasta llegar al pie de una montaña, doblaron una curva y allá, al final del camino los esperaba un perro negro, grande y lanudo, mirando a Lindsey fijamente, tanto, que de haber sido una persona ella estaba segura de que la habría mirado con asombro. A ella le encantaban los perros así que le sonrió y comenzó a hacer sonidos para llamar su atención pero el perro no reaccionó a los estímulos. 

—¡Qué bonito! ¡Ven aquí, precioso! ¡Ven, cachorro!... ¿Qué le pasará? 

—Es él, tía —susurró Harry con emoción—. ¡Es Sirius!

—¿En serio? Sí... es un animago, ¿no? 

—¡Vamos, Hocicos, llévanos a tu casa! —le dijo Harry para hacerlo reaccionar y funcionó pues el perro comenzó a trotar hasta el pie rocoso de la montaña, girándose de vez en vez para comprobar que lo seguían. 






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