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Lindsey Cooper, la hermana de Lily Evans » Muerte en el castillo
Lindsey Cooper, la hermana de Lily Evans (ATP)
Por Hermaire
Escrita el Sábado 11 de Enero de 2020, 20:34
Actualizada el Jueves 29 de Octubre de 2020, 20:58
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Muerte en el castillo

Capítulos
  1. El nacimiento
  2. Magia
  3. La verdad
  4. Lista para el viaje.
  5. Albus Dumbledore
  6. Hogwarts
  7. Conociendo a los Dursley
  8. Valle de Godric
  9. Severus Snape, ¿el amigo de Lily?
  10. ¡Hola, tía Lindsey!
  11. Conociendo un poco más
  12. Una visita nocturna
  13. La vista en el juzgado
  14. No eres ella
  15. Desahogo
  16. La llegada de Beauxbatons
  17. ¡No puede ser posible!
  18. Un pequeño enfrentamiento.
  19. La carta del abogado
  20. La primera prueba
  21. La vista en el juzgado
  22. Una contienda lejos del juzgado
  23. El anuncio de Dumbledore
  24. Una carta de tía Petunia
  25. ¿Irías conmigo al baile?
  26. El baile
  27. Un espía en el pasillo
  28. Incertidumbre
  29. Un nuevo artículo de Skeeter
  30. El paseo
  31. Amor
  32. Un intruso
  33. Gemelas.
  34. Revelación.
  35. Perdóname
  36. ¿Qué sucede con Lindsey?
  37. La segunda prueba del torneo
  38. ¿Ocurrió de nuevo?
  39. Antídoto
  40. Muerte en el castillo
  41. Cuidaré de ti
  42. La excursión a Hogsmeade.
  43. Una grata visita.
  44. El fantasma
  45. ¿Qué diantres está pasando?

Horas después Harry seguía apostado a las afueras de la enfermería, acompañado por sus amigos que no lo dejaban solo. Desde su posición veía entrar y salir a profesores pero nadie le había querido dar más detalles con respecto a la salud de su tía, así que poco a poco se fue temiendo lo peor. Estaba aterrado y muy nervioso.  


—Ve a comer algo, Potter ¡Por Merlín! Necesitas descansar, muchacho o de lo contrario tú también requerirás atención —dijo la profesora Sprout cuando llegó a la enfermería en ese momento, acompañada de la profesora McGonagall y Maxime para prestar apoyo. 

—Ya se lo hemos pedido de mil formas y no quiere —respondió Ron, sentado a un lado de su amigo. 

—Apenas probó una de las empanadas de calabaza que le traje —añadió Hermione acariciándole el cabello. 


Los ojos de la profesora McGonagall se llenaron de lágrimas. Colocó un periódico que llevaba en la mano a un lado del banco donde estaban sentados los muchachos y tomó asiento también (Hermione le ofreció su lugar) 

Harry estaba pálido, con los ojos laxos de tanto llorar en silencio. Tenía las manos aferradas a su camiseta para no sentirlas temblar. La bruja le tomó el rostro con ambas  manos, con firmeza y delicadeza al mismo tiempo. Por un momento sintió que iba a quebrarse pero después respiró profundo y decidió hablar. 

—Harry Potter, siempre haz sido un muchacho valiente —dijo la bruja mientras un par de lágrimas se escapaban de los ojos del niño que vivió, provocando que por unos segundos un nudo en la garganta de la profesora le impidiera continuar. No obstante, tras un nuevo suspiro prosiguió—. No vas a dejarte caer ahora. Tu tía necesita de toda la fuerza que puedas transmitirle. Ella estará bien, te lo aseguro. Hay colegas suyos, medimagos expertos trabajando para mantenerla estable, incluso ella misma está consciente y como experta en toxicología mágica ha dado algunas instrucciones. Además, el profesor Snape ya identificó las sustancias que la agredieron y está dedicado incansablemente a la preparación del antídoto.

—¡La lastimaron por mi culpa! —exclamó el muchacho con voz trémula—. Anoche soñé con Voldemort... decía que la mataría igual que lo hizo con mi madre. No le dije nada para no preocuparla pero...

—Shhhh, tranquilo —susurró McGonagall para calmarlo mientras lo abrazaba, mirando por encima de su hombro para comprobar que sus colegas no habían escuchado lo que dijo Potter—, fue solo un sueño. Te repito que ella estará bien. Por favor, come un poco más y descansa. Ya casi es la hora de la cena. Te juro que te llamaré para que puedas ver a tu tía cuando esté en condiciones de recibirte. 

—Gracias, profesora pero yo prefiero quedarme a esperar aquí. 

Ella lo miró con compasión y, dejándose llevar por un impulso lo besó en la frente antes de entrar a la enfermería. 

—¿No crees que sería mejor dejarlo entrar? —preguntó la profesora Sprout mientras cerraba la puerta—. Ese pobre niño está de verdad muy afectado por todo este asunto. 

—Y lo estaría todavía más si la viera así —respondió McGonagall con los ojos llenos de lágrimas, señalando a Lindsey con la cabeza.


La mujer respiraba con lentitud mientras Noah le limpiaba la sangre de la barbilla con un pañuelo, después de vomitar una vez más. El hombre lloraba en silencio. 

—¡Lindsey! —susurró Madame Maxime, también con los ojos llenos de lágrimas—. Todavía no puedo pensag que sea ciegto que Colette se haya atgevido a tanto... ¡Es una asesina! 

La mujer se acercó hasta Lindsey cuyos ojos se cerraban involuntariamente. 

—¡Medimaga Cooperr! —la llamaba el medimago Stoyanov para mantenerla despierta—. La pócima está casi lista, solo está reposando. El pocionista la está vigilando y nada más le falta añadirr el último ingrrediente.

Ella asintió para indicarle que lo había escuchado. 

Madame Maxime tomó a Noah por el brazo y lo apartó de los demás para conversar con él. Sprout en cambio se dirigió hacia el otro lado de la habitación donde Severus aguardaba sentado en un sillón cerca del caldero, visiblemente cansado, con los primeros botones de la casaca desabrochados, el cabello un poco revuelto y el rostro transpirado por los vapores de la pócima. Charity estaba sentada en otro sillón, profundamente dormida pero se sobresaltó al igual que Severus cuando escucharon la voz de Noah hablando en francés. 

 ¿Qué? ¡Voy a matarla! —dijo mientras se dirigía a la puerta pero antes de llegar se detuvo y se dirigió a su sanador y a sus colegas búlgaros—, Pog favog cuiden de ella. Volvegué pgonto. 

¡Noah, por favor esperame! —respondió la directora de Beauxbatons caminando detrás de él—, Ella está encerrada en una de las mazmorras del castillo. ¡Fleur está deshecha! 

—¿Qué sucede? —preguntó Snape nervioso, mirando instintivamente a la cama de Lindsey—. ¿De qué están hablando? 

—¡Cálmate! —respondió la profesora Sprout—. No sé que están diciendo porque no hablo francés pero no tiene nada que ver con Lindsey —mintió la mujer para tranquilizarlo. Lo necesitaban sereno debido a la labor que estaba ejecutando—. Traje las hojas de laurel negro que me pediste.

—¿Le falta mucho? —preguntó Charity mirando la pócima.

—Media hora —respondió Snape pasándose las manos por el rostro en un claro signo de cansancio.

—Deberías ir a comer algo, Severus. En media hora vuelves —propuso Charity pero él negó con la cabeza y más bien se dirigió a la cama de Lindey. 

—No me moveré de aquí un solo segundo —dijo. 

Al llegar junto a ella sintió que el mundo se detuvo por un instante. Su mirada suplicante, sus movimientos lentos, esos párpados pesados que amenazaban con doblegarse para no volver abrirse lo llenaron de pavor... Tenía tanto miedo de perderla que allí, frente a los demás y sin importarle nada, la besó en los labios. 

—Todo va a estar bien —susurró mientras le acariciaba el cabello con extrema delicadeza—. El antídoto está casi listo.

Ella asintió lentamente. Su beso la había tomado por sorpresa, además no tenía fuerzas para rebatirlo. No obstante y aunque no lo quería admitir, ese beso fue una especie de bálsamo para su alma que parecía aún más afectada que su cuerpo. Él se veía muy apesadumbrado y por demás preocupado. 

—Ya le traje el último ingrediente, hojas de laurel negro —añadió la profesora Sprout, contemplándolos conmovida. 

Lindsey asintió con debilidad.

—Tienen propiedades alexitéricas —dijo con un hilo de voz. 

—¿Propiedades que? —preguntó Charity.

—Que son buenas para contrarrestarr venenos, señorrita —respondió Stoyanov, el medimago.

Charity tomó a Gerald de un brazo y lo apartó de los demás.

—¿Qué sucedió con Vertonghen? —preguntó—. Me quedé dormida pero desperté al escucharlo muy alterado. Vi cuando salió de la enfermería con Madame Maxime—. Si algo anda mal con Lindsey... si está peor y ya no tiene salvación... ¡Dímelo! —habló la mujer quebrándose.

 —No es eso —respondió el sanador—. No se tgata de la salud de tu amiga pego aún así es un asunto bastante delicado... Encontgagon a su atacante. 

—¿Qué? 

—¡Sssssh! Es un asunto delicado y paga colmo aparagueció la noticia del ataque en el peguiodico, aunque no se guevela la identidad del atacante. Nadie sabe como esa Skeeteg pudo entgag al colegio paga haceg el repogtaje pego sospechan que no se quedó el tiempo suficiente paga conoceg el nombge del asesino o de lo contgaguio el escándalo habgía sido mayog.  



Afuera de la enfermería Harry se había asustado mucho al ver salir al medimago Vertonghen casi corriendo de la enfermería con Madame Maxime detrás de él. Quiso preguntarles qué sucedía pero ninguno de los dos siquiera advirtió su presencia, siguieron su camino como flechas disparadas por un loco. Ron y Hermione intentaron calmarlo y hasta tuvieron que contenerlo cuando él se dirigió a la puerta de la enfermería con la intención de ingresar violentamente. 

—¡No! ¡Harry! —dijo Ron sujetándolo—. ¡Espera un segundo que si algo sucedió no tardarán en salir de ahí para avisarte! 

—Sí, además la profesora McGonagall aseguró que así sería...

—¿Qué sucede? —preguntó Ron al ver la expresión de sorpresa de Hermione que mantenía la mirada en un punto fijo, específicamente al banco donde habían estado sentados y sobre el cual reposaba un periódico.

La muchacha tomó el diario y lo desplegó, revelando así la imagen completa de lo que le había llamado la atención. Era una fotografía de Lindsey y encima de ésta el titular. 


¿Morirá la tía de Harry Potter? 


—¿Qué demonios? —preguntó Harry dejando de luchar para que Ron lo soltara. 

Hermione comenzó a leer en voz alta el artículo de la portada de la versión vespertina de El Profeta. 


Ya es bien sabido que desde hace un tiempo el colegio Hogwarts de magia y hechicería no ha podido tener un solo año de tranquilidad en el que sus estudiantes, profesores y demás personal hayan podido convivir en paz

Recordemos que este año, durante el baile de navidad del colegio, la medimaga especialista en toxicología mágica y reparación de huesos, Lindsey Margaret Cooper (mejor conocida por ser la recién aparecida tía de Harry Potter, hermana gemela de la desaparecida madre del chico) fue atacada en las afueras del castillo. Afortunadamente en esa ocasión la mujer se recuperó pero esta mañana al culminar la segunda prueba del Torneo sufrió un nuevo ataque, esta vez con veneno, lo que confirma las sospechas de que la mujer en cuestión tiene un enemigo acérrimo dentro del castillo y que quiere acabar con ella a toda costa. 

Se desconoce el estado de salud de la medimaga pero siendo ella la única experta en toxicología mágica de entre sus colegas que se encuentran en el castillo y al no estar en condiciones de atenderse a sí misma, lo más probable es que no logre superar este atentado. No obstante el profesor Severus Snape, maestro de Pociones, experto en la materia (y vale acotar que pareja sentimental de la medimaga) posiblemente se encuentre trabajando en el antídoto. Sin embargo, en el momento en que la mujer perdió la consciencia en la plataforma sobre el lago, Monsieur Vertonghen, medimago belga encargado de la salud de la delegación y la campeona de Beauxbatons, además de ex esposo de Cooper, se encargó de ella de inmediato. 

Desde El profeta enviamos toda nuestra buena energía para que la medimaga se recupere aunque las posibilidades sean casi nulas. Sería una pena que algo le sucediera a la mujer que además se encuentra en un litigio legal muggle por la custodia de su sobrino... Sería como quedar huérfano de nuevo. 

 


—¿Cómo demonios lo supo esa mujer? —preguntó Harry indignado. 

—Skeeter debió haber estado aquí esta mañana pero... ¿cómo? —dijo Hermione.

—Tiene prohibida la entrada —añadió Ron. 

—Y también la tenía prohibida la última vez y ya ves que escribió ese artículo sobre Hagrid y sobre lo que le ocurrió a tía Lindsey en esa ocasión. 




En su despacho Dumbledore no dejaba de pensar en todo lo acontecido en las últimas horas. Sabía que Colette era una muchacha envidiosa y de hecho él mismo había llegado a dudar de ella en el primer ataque a Lindsey pero no podía sacarse de la cabeza su expresión de incredulidad y angustia cuando él fue a interrogarla en compañía de Moody. Intentó indagar en su mirada pero todo se había vuelto un revuelo que amenazaba con escándalo y él no quería llamar la atención y desatar el pánico entre los alumnos. 

Colette había jurado entre lágrimas no haber hecho nada de lo que Moody la acusaba con vehemencia y por alguna razón parecía sincera... 


—¡No sé de qué me está hablando usted! —espetó la muchacha nerviosa. 

—¡Claro que sabes de lo que te habló! —bramó Moody visiblemente indignado—. ¡Intentaste asesinar a Cooper por segunda vez!—. No puedes negarlo, le preguntaste a los elfos cuál era la comida de la medimaga todos estos días. Así que también entraste a la enfermería para envenenar la poción revitalizante que ella había apartado para su uso personal, ¿no es así?

Dumbledore permaneció callado, analizando la situación, había algo raro, algo que no cuadraba... 

—¿Qué sucede? —preguntó Madame Maxime. 

—¡Colette! ¡Qué sucede, pgima! 

—Oh Fleur. ¡Ese hombge espantoso me está acusando de habeg atentado contga Lindsey! 

—¡Albus! —se sorprendió Madame Maxime cuando lo vio junto a Moody. Se notaba que la mujer había llorado mucho debido a todo lo que le estaba ocurriendo a Lindsey—. ¿Cómo está ella? 

—Por ahora lo ignoro pero es algo igualmente grave lo que nos trae por acá, Olympe. 

—¿Es cierto lo que afigma Colette? ¿Ustedes la están acusando de algo tan grave? 

—No puede seg posible —dijo Fleur mientras abrazaba a su hermanita Gabrielle—. Nuestga pgima no es una asesina. 

Pues te equivocas, jovencita —la contradijo Moody—. Lamento horrorizarte pero la verdad es que tu prima ha venido envenenando a la señora Cooper paulatinamente. Los elfos de las cocinas del castillo acaban de confirmarnos que en una ocasión ella les preguntó cual era el plato de la medimaga Cooper. Cuando los elfos le mostraron y explicaron que hay una mesa enorme que representa la mesa de los profesores donde cada lugar está rotulado con un nombre correspondiente a cada profesor o miembro del personal del colegio, donde los elfos colocan los platos a pedido que posteriormente aparecerán en la mesa del gran comedor, ella no perdió la oportunidad de bajar cada vez que quiso a las cocinas y envenenar a voluntad los alimentos de la mujer. ¿Es así o no?... ¿Lo niegas, Piaf?

La mujer comenzó a temblar entera sin poder decir una sola palabra para refutarlas horribles acusaciones. 

—¡Responde, mujer! —espetó Moody golpeando el carruaje con la palma de su mano en una actitud amenazante, acorralándola en todos los sentidos, tanto física como verbalmente. 

Todos los estudiantes de Beauxbatons estaban perplejos. 


Estoy seguga de que debe haber un egog! —intentó intervenir Madame Maxime. 

Tú no hiciste algo hoguible... Porg supuesto que no, Colette... ¿o sí? 

—No... no lo sé, Fleur —respondió la mujer llorando desesperada—. ¡No!... Por supuesto que no lo hice. 

—¡Vamos, confiesa lo que hiciste de una vez por todas! —espetó Moody, tomándola por los brazos mientras la sacudía un par de veces.

—Síííí —gritó colérica—. Sí lo hice pego no sé pog qué —confesó al fin. 

—Pues te diré por qué... porque querías que tu prima tuviera más posibilidades en la competencia, ¿no es así? y no considerabas justo que Potter fuese uno de los campeones junto con Diggory pero desde luego que su tía interfería con tus planes... además de que también la odias porque Vertonghen no parece haberla olvidado y para nadie es un secreto que tú en cambio estás bastante interesada en el medimago belga, ¿verdad? 

—¡Basta! ¡Suélteme! ¡Déjeme en paz! 

—¡Suéltala, Alastor! —ordenó Dumbledore pero el hombre no le hizo caso. 

—Esta mujer es un peligro para la sociedad, será mejor que la encerremos. ¡Lo digo como ex auror! —dijo mientras se la llevaba al interior del castillo tomada del brazo. 

—¡Colette! No puedo dag cgedito a lo que escuché —masculló Fleur. 

—¿Por qué se llevan a la prima Colette? —preguntó Gabrielle nerviosa, hablándole a su hermana en francés. 

—Dicen que fue ella la que lastimó a la señora Cooper y... ella acaba de confirmarlo —respondió la muchacha con un hilo de voz . 


—No tenemos pruebas de que haya sido ella la que atacó la vez anterior pero es obvio. La encerraré en una de las mazmorras que no se usan como aulas mientras decidimos qué hacer con ella, Albus. Por ahora nuestra prioridad es salvar a Cooper —dijo Moody caminando hacia el castillo mientras ella trataba de liberarse de su agarre—. Probablemente la envién a Azkaban a menos que en Francia pidan extradición. 
 

Dumbledore no rebatió la resolución porque a pesar de todo estaba de acuerdo, sería mejor mantenerla aislada mientras se resolvía toda esa situación. No obstante no daba por terminada la investigación.

—¿Qué sucede? ¿A dónde la llevas de esa manerra tan brrutal? —intervino Karkarov que venía saliendo del castillo (los estudiantes que estaban por los alrededores observaron la escena. Era inevitable que la noticia rodara como pólvora). ¿Cómo te atrreves a tratarr de esa forrma a una dama? 

A pesar del desprecio de Colette, Karkarov se sintió choqueado al observar el proceder de Moody, además de que había encontrado la excusa perfecta para increparlo. 

—Ella no es una dama sino un monstruo —espetó Moody con desprecio.

—¡Suélteme! ¡Me está haciendo daño! —gritó Colette sin desistir en su intento de liberarse del agarre del ex auror.

Fue ella la que intentó asesinar a Cooper y no me extrañaría que tú fueses su cómplice... Ya sabes lo que opino acerca de los que son como tú —concluyó mirándolo de arriba abajo con desdén antes de continuar su camino. 



Sentado frente a su escritorio, después de salir de sus reminiscencias, Dumbledore no dejaba de darle vueltas al asunto. ¿De verdad sería capaz Colette de arremeter contra Lindsey? Ella podría ser una mujer arrogante, vanidosa, envidiosa... una pesadilla pero, para convertirse en asesino había que prescindir de los escrúpulos... Bueno, el día del baile de navidad ella había hecho comentarios que sugerían querer eliminar a Lindsey... ¡Por Merlín! 

Ya sin poder soportar más la sensación de angustia y confusión, el hombre se levantó de su asiento y salió del despacho, necesitaba interrogar a esa mujer a solas pero cuando llegó a la mazmorra donde estaba encerrada se dio cuenta de que estaba acompañada... 

Noah gritaba, tratando de abrir la puerta con encantamientos y la profesora Maxime le respondía que no era posible debido a que el mismo Dumbledore la había sellado con hechizos muy poderosos y personalizados. 

¡Te juro que no sé por qué lo hice, Noah! —sollozaba Colette desde el otro lado de la puerta, hablando en su idioma. 

—Excediste el límite, Colette. ¡Te convertiste en una asesina!




En la enfermería, Severus estaba de nuevo junto al caldero, llenando una copa con el antídoto. Después de añadir las hojas de laurel negro y un nuevo bezoar antes de apagar la llama y dejar reposar la mezcla por cinco minutos, ya estaba lista. 

El medimago Stoyanov y el sanador Ivanov ayudaron a Lindsey a sentarse en el lecho para recibir la pócima mientras Severus se acercaba. Gerald recibió la copa para regular la temperatura y ayudar a Snape cuyas manos temblaban.   

—Tiene que funcionar... —mascullaba entre dientes. 

—Por supuesto que va a funcionar —lo tranquilizó la profesora Sprout, colocándole una mano en el hombro—. Eres un pocionista estupendo, no tengo la menor duda. 

Lindsey bebía el contenido con dificultad, ayudada por Gerald y la profesora McGonagall. Severus le tomó una mano y la miró a los ojos.  

—Te pondrás bien, te lo prometo. 

—Claro que sí, muchacho, pero no te apartes de su lado. Ella te necesita —dijo Sprout empujándolo ligeramente para apremiarlo a avanzar y tomar un lugar junto a la medimaga en una silla al lado de su cama—. Iré a buscar a Albus para avisarle que ella ya está ingiriendo el brebaje y además avisarle a Potter, el pobre está hecho un manojo de nervios. 

Sprout salió de la enfermería.

—Harry —susurró Lindsey—. Mi Harry... ¿está bien? —preguntó mientras apretaba la mano que Severus le sostenía. 

—Sí, está afuera —respondió Snape.  

—Quiere verte —añadió McGonagall. 

Lindsey negó con la cabeza. 

—No quiero que me vea así —dijo—. No quiero que... se preocupe más de la cuenta. No quiero hacerlo sufrir. 

—Su ritmo carrdíaco está mejorrado, Señorra Cooper —anunció el medimago Stoyanov. 

—Y está mermando el dolor y... las náuseas —dijo Lindsey con una ligera sonrisa que se fue borrando conforme sus ojos se cerraban—, pero tengo tanto sueño... 

—¡No, Lindsey! ¡No te duermas! —exclamó Charity temerosa. 

—Es normal —respondió Lindsey mientras los primos Stoyanov e Ivanov la ayudaban de nuevo a recostarse después de beber el último sorbo. Ella, sin darse cuenta seguía aferrando la mano de Snape y sentía que él le transmitía fuerza—. Es parte normal del proceso de... limpieza del organismo...

—Sí, el cuerpo necesita estar en una especie de... ¿como llamarrlo?... «hiberrnación» para regenerrarse —explicó el medimago búlgaro. 

—Ve a descansar, Severus —propuso McGonagall al ver su semblante agotado—. Nosotras nos quedaremos. 

—Yo cuidaré de ella —insistió, posteriormente se acercó al oído de Lindey y susurró—: No me apartaré de ti ni un segundo. ¡Te amo, Lindsey.. Te amo! 

—Te amo, Severus —respondió la muchacha de forma inconsciente, ya con los ojos completamente cerrados. 


McGonagall, Sprout y Burbage intercambiaron miradas y una sonrisa cómplice pero en ese momento llegaron Noah, Dumbledore y Madame Maxime, comprobando que en efecto la mujer tenía mejor semblante y que al igual que la vez anterior todo apuntaba a que tendría una recuperación satisfactoria luego de una buena noche de sueño.  

Afuera de la enfermería y tras la confirmación de que su tía había bebido el antídoto y que con total seguridad por la mañana estaría ya restablecida, finalmente Harry aceptó ir al gran comedor para cenar y después a su habitación a descansar. Ron y Hermione estaban complacidos, también a ellos les vendría bien descansar y se sentían felices de que Lindsey ya hubiese bebido el antídoto. Además, Ron le explicó la situación a Percy que había llegado a Hogwarts de nuevo por pedido de su madre para conocer el estado de la tía de Harry, afortunadamente de vuelta a casa le llevaría buenas noticias.

No obstante y a pesar de que esa noche Lindsey dormía plácidamente y cada vez más fuera de todo peligro, acompañada de Noah que había insistido en quedarse para monitorear sus signos vitales para que los medimagos búlgaros se fueran a descansar, y de Snape que velaba sus sueños en silencio, la situación dentro de Hogwarts distaría mucho de ser normal pues, esa noche, después de la cena, cuando el señor Filch bajó a las mazmorras por órdenes del profesor Dumbledore para llevarle a la afligida y confusa Colette Piaf sus alimentos, el conserje se encontró con una escena inesperada que lo asustó y lo hizo soltar la bandeja enseguida, provocando un gran escándalo que le arrancó un chillido a su gata. No lo pensó dos veces y arrancó a correr para buscar al profesor Dumbledore, afortunadamente lo encontró en el vestíbulo cuando el hombre se disponía a bajar para conversar con la mujer francesa de una vez por todas.

—¡Argus!... ¿Qué sucede? Estás pálido —preguntó el director.

El hombre no podía articular palabra, solo señalaba las escaleras que conducían a las mazmorras...

—¡Cálmate! Respira profundamente. 

—¿Qué le sucede? —preguntó Charity que venía saliendo del gran comedor después de cenar. Se disponía a ir a su habitación para descansar y le llamó la atención el estado de histeria en el que se encontraba el celador. 

—¡Ella!... ¡Ella!... ¡La profesora de Beauxbatons! 

—¿Colette Piaf? ¡Por Dios, habla! ¿Qué sucede? —insistió Charity con impaciencia. 

En ese momento Madame Maxime y la profesora McGonagall que se disponían a ir también a interrogar a la profesora de Artes Escénicas de Beauxbatons, así como Karkarov que se disponía a retirarse a su barco para descansar y Moody que pensaba marcharse a su habitación, escucharon claramente cuando el celador por fin pudo explicar lo que lo tenía tan impresionado. 

—La profesora de Beauxbatons está... muerta —dijo cuando al fin cuando pudo hablar. 

—¿Qué? —preguntaron todos al unísono.

—Sí, la encontré... muerta... ¡Ella se colgó! 

—¿Qué? —preguntaron Charity, McGonagall y Madame Maxime, igualmente impresionadas. 

—¡Porr Merrlín! ¡No! ¡No te crreo! —espetó Karkarov

—¡No puede ser posible! —susurró Dumbledore. 


Por instinto todos corrieron rumbo a la mazmorra donde habían encerrado a la muchacha y a pesar de que, a través de la pequeña ventanita con barrotes que había en la puerta se divisaba parte de ella, el director apuntó el pomo con la varita para abrir y entrar... 

El grupo quedó estupefacto al corroborar que Filch no exageraba pues, allí, colgando de una de las vigas del techo había una cuerda que rodeaba el cuello de la bellísima Colette Piaf. Ella seguía siendo hermosa a pesar de su palidez, a pesar de que evidentemente estaba muerta. 

—¡Por todos los santos! —exclamó McGonagall llevándose una mano a la boca con estupefacción.

¡No puede ser posible! —exclamó Karkarov en búlgaro. 

Charity y Dumbledore tuvieron que tomar cada uno de un brazo a la enorme Madame Maxime que se tambaleó cuando sus fuerzas amenazaron con abandonarla... Fue tan impresionante aquella visión.




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