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Lindsey Cooper, la hermana de Lily Evans » Lista para el viaje.
Lindsey Cooper, la hermana de Lily Evans (ATP)
Por Hermaire
Escrita el Sábado 11 de Enero de 2020, 20:34
Actualizada el Jueves 24 de Septiembre de 2020, 22:38
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Lista para el viaje.

Lindsey sollozó largo rato sobre el cuerpo sin vida de su anciana madre, abrazada a ella como si hubiese sido su único refugio en aquellos momentos de amarga soledad y profunda tristeza. Todavía trataba de asimilar todo lo que le había sucedido en pocas horas. Debido a su avanzada edad y a su enfermedad, la mujer sabía que a la pobre le quedaba en verdad poco tiempo de vida, además, en los últimos meses se había desmejorado mucho y ya ni siquiera se podía levantar de la cama. Esa había sido la razón por la cual había deicidio no ir a Beauxbatons y trabajar allá con su marido, pero jamás en toda su vida llegó a imaginar que el destino le jugara tan mala pasada y que Noah resultara ser un traidor desalmado que había decidido echar por la borda dieciséis años de matrimonio (ya que se habían casado cuando ambos tenían solo dieciocho años) por la falsa y descarada de Colette Piaf, su amor platónico de la adolescencia.  Así que la pobre muchacha también lloró por esa razón, porque ahora se sentía completamente sola, sin un pilar que la pudiera sostener en un momento tan difícil, y además, también lloró por haber descubierto que toda esa vida de felicidad junto a sus amados padres, estaba cimentada con el sufrimiento y las lágrimas de su verdadera familia. 

Ahí, mientras apretaba contra sí el inerte cuerpo de la anciana a la que llamó «mamá» por treinta y tres años, no dejaba de imaginarse cuál era el rostro de su madre verdadera. Pensó en sus lágrimas derramadas al creer que la había perdido, imaginó a su padre y a sus hermanas, una de ellas era su gemela. No podía creer que en el mundo existiese alguien con su mismo rostro sin que ella lo supiera. ¿Cómo Emily pudo haber sido tan cruel y pensar solo en sí misma cuandos se la robó? ¿Cómo pudo creer que sus padres se consolarían con sus otras dos hijas? Puede incluso que con los años hubiesen superado su pérdida pero de seguro jamás la habían olvidado...

Ahora tantas cosas cobraban sentido para Lindsey: con razón sus padres eran tan mayores, con razón su madre parecía inquieta cuando se hablaba de su antigua vida en Inglaterra y desde luego era lógica su reacción de miedo cada vez que Lindsey mencionaba que quería regresar y conocer al fin a su familia paterna, a esa tía Deborah, hermana de su padre que vivía en la pequeña ciudad de Cokewoth. Hasta tenía la dirección debido a las cartas que Deborah enviaba de vez en cuando...

Pero ni siquiera ese acto tan vil y cruel que su madre cometió en el pasado, el hecho de haberla secuestrado, apartándola de su familia en complicidad con Jasper, su padre, pudo borrar el inmenso amor que sentía por ella, por ambos, porque precisamente en la vida no conoció a más padres que ellos, porque a pesar de la rectitud con la que fue criada por Emily y su rigurosa religiosidad, jamás recordaba una reprimenda injusta o algún maltrato físico, al contrario, siempre estuvo rodeada de mucho amor. Durante todos esos años fue testigo de lo duro que Jasper trabajó para darle la mejor educación y todo lo que necesitaba, además de los más sabios consejos y una gran comprensión. 

«Mi pequeña pelirroja» la llamaba él, incluso cuando ya era grande. Lindsey jamás se preguntó de quién había heredado sus rasgos: Esos ojos verdes y esa melena roja que tanto encantaba a los chicos,  diferían de los ojos café oscuros de su padre y su cabello castaño, así como los ojos grises y el cabello negro de su madre. Tampoco encontró similitud alguna entre sus rasgos y los de sus abuelos y demás familiares, en las fotos que había visto a lo largo de su vida...

¡Lo sabía! Sabía que lo que ellos habían hecho no estaba bien y por Dios que no los justificaba. La habían apartado de sus padres y hermanas, lo que la hizo preguntarse si acaso eran todos magos, aunque a esta interrogante no le dio mucha importancia ¿Qué más daba si era sangre limpia, mestiza o seguía siendo hija de muggles? Lo importante era que tenía otros padres, hermanas y quien sabe si hasta abuelos. Se preguntó cómo serían sus padres y sus hermanas y si estaban dispuestos a recibirla después de tantos años de ausencia o si la habían echado al olvido.... pero a pesar de todo eso, no podía y no quería odiar a Emily Cooper. 

Lindsey recordó sus ojos lánguidos, mirándola con una expresión de súplica, aterrada ante la incertidumbre de sucumbir ante la muerte sin su perdón. Ella pudo descubrirlo en esos ojos: ella estaba arrepentida de haberla apartado de sus padres y causarles dolor, pero no de haberla criado y mimado. Quizá, hubiese deseado que las cosas fuesen de otra manera y que Lindsey hubiese llegado a su vida sin haber tenido que robársela...

—¿Qué voy a hacer ahora, mamá? —preguntó con voz trémula, levantándose con parsimonia, todavía hipando mientras se secaba las lágrimas que le corrían por el rostro. 

En ese momento recordó las palabras de Emily como un fogonazo y sobretodo un nombre... el único nombre que conservaba de uno de los miembros de aquella, su familia de sangre: Lily... Lily Evans, su hermana gemela. ¿Pero cuál era el nombre de su hermana mayor? ¿Podría encontrar información de ambas en ese Hogwarts tal y como había sugerido su madre?... ¡Sí! Eso era lo más probable pero ya pensaría más tarde en eso, por ahora debía encargarse del sepelio de Emily. Debía escribir algunas cartas para avisarle a sus amigos y amigas y además arreglar los asuntos muggles correspondiente.

Le echó un último vistazo al cuerpo y se dispuso a salir de la habitación. Al ver a Noah en el pasillo se dio cuenta de que había olvidado que él estaba ahí. De todos modos quiso ignorarlo, le hacía demasiado daño verlo después de lo que le había hecho, pero él no soportó su indiferencia y la tomó del brazo para retenerla. Sus ojos se habían iluminado al verla salir de la habitación. Le debía una explicación así ella no quisiera escucharla, pero al menos él tenía la necesidad de darle la cara.   

  —Querida, no te vayas, déjame darte un abrazo, sé que lo necesitas —dijo el hombre, de nuevo hablando en francés, el idioma de su natal Bélgica.

¡Aléjate de mí, Noah! No necesito nada que venga de ti —espetó Lindsey, dolida y furiosa.

—¡Lo siento tanto, cariño! De verdad...

—¡No me llames así! —respondió ella, asqueada—. Solo quiero que te marches y me dejes sola. 

No voy a hacer eso, Lindsey. No voy a dejarte en un momento como este. Yo también la quería y deseo acompañarla hasta el último momento.

Ella se encogió de hombros por toda respuesta. En fin, le daba lo mismo si él deseaba quedarse, pero ya no deseaba seguir escuchándolo, aunque por desgracia, él no lo intuyó siquiera.

—Amor... —comenzó el, tomándole las manos, pero ella se zafó enseguida, como si le asqueara el solo contacto. 

 —¡No me toques! 

—Yo solo quería explicarte... 

¿Acaso me vas a explicar lo que hacías con esa zorra? ¿Serías tan cínico, Noah? 

Lindsey, me refiero a que... Yo te amo... Lo que sucedió con Colette... bueno ella ya estaba ahí en Beauxbatons y cuando la vi... se me revolvieron algunos recuerdos pero ella ya no significa nada para mí. Solo fue una cuestión de atracción. Recuerda que es mitad Veela y... pues tal vez usó sus encantamientos en mí. 

¡No intentes justificarte, no seas cínico! No me creas una imbécil. Ambos somos medimagos y conocemos bastante sobre hechizos y encantamientos, así que debes estar consciente de que los encantamientos de Veela no son lo suficientemente fuertes como para hacerte sucumbir de ese modo. Además de que solo es una descendiente, no una veela completa. Si te revolcaste con ella fue porque así lo quisiste.

Pero solo fue una vez, la de hoy fue la primera vez. 

Lo que significa que planeabas que sucediera otras veces, ¿o me equivoco?  

Él negó enérgicamente con la cabeza.

Tú eres mi esposa, Lindsey. Tenemos dieciséis años casados. No puedes lanzarlos a la basura así como así solo por una aventura.

Ella sonrió con ironía, sin poder creer en su respuesta tan cínica. 

Fuiste tú quien decidió arrojarlos por la borda y todavía no entiendo no solo como pudiste hacerme eso, sino cómo pudiste meterte con ella después de lo que te hizo. Te utilizó a su antojo y luego te dejó cuando ya no le servías. 

Lo sé, mi cielo, soy un imbécil. Fuiste tú quién me devolvió el ánimo en ese entonces, quién creyó en mí y me amó sin condición, pero ella...

¡Qué valiente eres al echarle a ella toda la culpa, ¿no? —dijo Lindsey, mirándolo con rencor. 

Lindsey, yo te amo ¡Lo juro! Eres mi esposa y...

Por poco tiempo

¿Qué dices?

Es obvio, ¿no? Quiero el divorcio y más te vale que lo asumas con madurez.

Pero, amor, no puedes estar hablando en serio.

Desde luego que estoy hablando enserio, Noah —respondió Lindsey, secándose otro par de lágrimas que emergieron sin poder evitarlo.  

Pero... podríamos hacer borrón y cuenta nueva. ¡Escucha! —dijo tomándola por los hombros pero ella rechazó el contacto—: Renunciaré al puesto en el palacio y volveré al hospital contigo. Podríamos intentar de nuevo tener un hijo ¿Qué te parece? Las veces anteriores debemos reconocer que no se dieron por nuestro tipo de vida tan ajetreado. Tal vez no te estabas alimentando bien, tampoco dormías lo suficiente y en la última ocasión al caer por las escaleras del hospital...

¿Insinuas que fue mi culpa?  

No, desde luego que no —dijo él con desesperación—. Solo planteo que esta vez puede ser diferente. Éramos tan jóvenes cuando nos casamos, solo teníamos dieciocho años, pero ahora, a pesar de que ha pasado tanto tiempo seguimos siendo jóvenes y todavía estamos a tiempo de enmendar errores. Reduciremos las horas de trabajo, dormiremos mejor, le dedicaremos más tiempo a nuestra relación y también a ese...  

¡De ninguna manera! —zanjó la mujer, inflexible—. No intentaremos tener un hijo porque simplemente  no voy a seguir contigo. Ya te lo dije, quiero el divorcio y espero que estés dispuesto a firmarlo. No me causes más problemas y dificultades de las que ya tengo, al menos te agradecería eso. 

Su voz volvió a quebrarse y Noah sintió que se le partía el corazón en mil pedazos. Ella tenía razón, él la había lastimado severamente y lo más imperdonable era que había sido en un momento tan crítico en su vida. La había perdido, por más que le doliera admitirlo la había perdido y quien sabe si para siempre. Él no quería rendirse tan facilmente pero tampoco estaba dispuesto a seguir incordiándola. Ella tenía razón, ya era suficiente con tener que lidiar con la muerte de su madre. No obstante, y aunque con el dolor de su alma estaba dispuesto a ceder a la petición de su esposa por respeto a su dolor, nunca pudo estar preparado para asimilar lo que escuchó a continuación... 

Ahora debo encargarme del funeral y el sepelio, pero después quiero que vayamos al ministerio a encargarnos del asunto de nuestra separación para poder marcharme lo antes posible, también debo hablar con los muggles de la empresa de mi padre ¡Por Merlín! —dijo tras un suspiro.  

¿Marcharte? —preguntó Noah sorprendidisimo, volviendo a tomarla por los hombros, pero ella estaba tan devastada que esta vez no pudo rebatirlo, sino que se echó a sollozar sobre su pecho. 

Él la contuvo con conmiseración, con arrepentimiento y dolor, escuchando sus sollozos mientras le acariciaba el cabello hasta que ella pudo hablar de nuevo y entonces, después de bajar las escaleras para llegar al vestíbulo de la casa y después también de dudar si decirlo o no, decidió que no tenía caso mentir, así que le reveló toda la verdad acerca de su origen y todo lo que le contó Emily. Noah estaba perplejo, tan perplejo como ella misma cuando escuchó la confesión de labios de su madre.

Noah se sintió todavía más culpable después de escucharla. Ella debía estar sintiéndose más sola y decepcionada que antes. Toda su vida, todos los treinta y tres años de su existencia había vivido en una mentira. Emily y Jasper habían apartado a Lindsey lejos de sus padres, sus hermanas y su país, para satisfacer sus propias carencias. Desde luego que lo consideró un acto ruin, cobarde y terriblemente egoísta de parte de ellos pero prefirió reservarse su opinión por respeto a la memoria de la recién fallecida Emily, al dolor de Lindsey y también a que desde luego y para ser honesto consigo mismo, él no era el mejor ejemplo de la rectitud y honestidad. No obstante no estaba dispuesto a abandonarla. Estaba consciente de su error, de su terrible error y quería enmendarlo. Lindsey siempre había sido un gran soporte y con su gran nobleza le había brindado apoyo en los momentos más difíciles de su vida, así que había llegado la hora de retribuírle al menos un poco de lo mucho que ella había hecho por él.  

Debo encontrar a mis padres y a mis hermanas —dijo la muchacha, secándose las lágrimas con un pañuelo que su esposo le ofreció—, por eso me marcharé de aquí. Voy a dejar todo en orden y... 

Yo iré contigo y te ayudaré a encontrarlos. Voy a apoyarte.

¡De ninguna manera! —determinó ella en un tono que no admitía refutaciones —. Este es mi asunto y debo resolverlo por mí misma, Noah. Tú y yo ya no seguiremos juntos y creí que lo habías entendido. 

—Yo... lamento tanto todo esto que estás viviendo, Lindsey, pero yo admito mis errores y quiero enmendarlos. 

  ¿Acaso él no entendía que ella no solo necesitaba encontrar a su familia sino alejarse de él.

—Quiero hacer esto sola

  —Quiero ayudarte y serte útil. Me duele haberte causado...

 —Si quieres ayudarme, dame una mano con los preparativos, del resto yo me encargo —dijo Lindsey antes de tomar la bocina del teléfono para llamar a la funeraria.

—¡Oye, Lindsey! 

Ella lo miró.

—Te amo y de vegdag lo siento —dijo en el idioma de la muchacha antes de ponerse a redactar las cartas que ella tenía pensado escribir para hacer los anuncios correspondientes e invitar a los amigos al funeral y el sepelio.   



Un par de meses después ya todo estaba listo. Lindsey se había reunido con los trabajadores de la empresa constructora de su padre para darles su liquidación, vendió la casa y los muebles e inició los trámites de divorcio con Noah, quien no se atrevió a rebatirla porque al menos tenía vergüenza para admitir sus errores y asumir las consecuencias. No obstante, el hombre, dolido se ofreció a ayudarla nuevamente a encontrar a su familia pues no quería separarse de ella por completo, no se resignaba. Lindsey volvió a prohibirselo vehementemente pues quería alejarse lo más posible de él para intentar sanar sus heridas. 

Todo estaba listo ya para embarcarse en el viaje, con la incertidumbre dentro de su equipaje pues no sabía lo que se encontraría en ese país que por más que fuera el suyo y que hasta en su casa se hablaba su idioma, no dejaba de verlo como un país extranjero. Pero todavía faltaba algo fundamental y era que una vez que llegara a Inglaterra, no sabía dónde rayos estaba ese Hogwarts y esa era la única forma de dar con el paradero de sus hermanas. Al igual que su madre estaba segura de que allí debían quedar registros de los estudiantes.

Pero no tuvo que esperar demasiado para resolver ese asunto, ya que, después de que tanto Noah como ella fueron citados por el Ministerio de Magia español por última vez para firmar ya el documento de divorcio, Lindsey decidió viajar con él a Beauxbatons para despedirse de Madame Máxime, ahora devenida en directora del colegio. Lindsey le había guardado mucho cariño y respeto, al igual que a su maestra de Pociones y su inspiración para estudiar medimagia, Madame Dupont. Fue allá donde la pelirroja se enteró de que al día siguiente la directora debía viajar al Reino Unido para reunirse con Albus Dumbledore, director del colegio Hogwarts de Magia y Hechicería para ultimar detalles del tan anhelado Torneo de los Tres Magos que ese año tocaba celebrar, y la sede sería precisamente el colegio de magia británico.

Esa era su oportunidad, así que Lindsey se vio en la necesidad de revelarle toda la verdad acerca de su origen a Madame Máxime, además de que debido a que la apreciaba de su días de estudiante, confiaba lo suficientemente en ella. Lo que sí no quiso revelar por absurda vergüenza fue el motivo de su divorcio con Noah. El hecho de descubrir que su marido la engañaba con una mitad veela devastó su autoestima, a pesar de que ella era una mujer muy bella, aún sin descender de ninguna raza mágica que se relacionara con ninfas, dríades o esas cosas... bueno, no que ella supiera, así que prefirió decir que simplemente ambos ya no se llevaban bien. 

Será un placer llevarte conmigo, querida. Estoy segura de que Albus podrá ayudarte a encontrar a tus hermanas. En las escuelas siempre quedan expedientes con información de los estudiantes, así que si al menos tienes el apellido y el nombre de una de tus hermanas, de seguro podrán darte la dirección.  Y si acaso se han mudado, por lo menos en la antigua casa te podrán dar más datos. 

Lindsey asintió aunque con un suspiro de tristeza. 

¡Vamos, Lindsey! ¡Arriba ese ánimo! Mira, a pesar de que todo lo que me contaste es terrible y difícil de asimilar, al menos es bueno saber que, después de haber crecido como hija única, tienes no una sino dos hermanas —dijo la directora con voz animada mientras la tomaba del mentón para subirle la cabeza— y además, una de ellas es tu hermana gemela. ¡Oh la la! Eso debe ser grandioso, raro, desconcertante, abrumador pero maravilloso también.

Sí, Madame, gracias por sus palabras. Espero encontrar a mi familia y también un nuevo empleo para así empezar una nueva vida. 

No te será difícil ya que afortunadamente tus padres promovieron el uso de su propio idioma en tu casa y además, con tu carrera puedes encontrar empleo en cualquier lugar, biens sea en San Mungo, el hospital de enfermedades y heridas mágicas de Londres o hasta en... ¡Espera! Albus está necesitando a un medimago en su colegio, es que desde hace mucho que solo cuenta con una sanadora y a veces los casos tienen que ser remitidos a San Mungo porque la pobre no puede atender casos de mayor cuidado, aunque la pobre muchas veces se ha visto en la necesidad hasta de reparar craneos rotos según me dijo el director en la última conversación que tuvimos vía red flu.  

Lindsey abrió los ojos en señal de sorpresa. Debía ser bastante hábil en medicina mágica la pobre mujer si se había encargado de situaciones de mayor cuidado que las que requería su puesto. 

Quédate aquí en el palacio, haré que te habiliten una alcoba. Esta noche hablaré con Albus para explicarle tu situación y mañana mismo saldremos para allá. ¡Ya no te aflijas más, hija! A partir de mañana comenzará una nueva vida para ti.

Esa noche durante la cena, Lindsey confirmó que en efecto debía marcharse lo más lejos posible de Noah pues, a pesar de que Colette y él estaban sentados en puestos muy separados y ni siquiera se dirigían la palabra, a pesar incluso de que lo que él hiciera ya no debía afectarle porque legalmente ya no era su marido, el simple hecho de verlo y ver a Colette, le hacía recordar el día más terrible de su vida, el día en que perdió tantas cosas a la vez: perdió la confianza en Noah al descubrir que la traicionaba con esa mujer, perdió a su madre y se llenó de incertidumbre y angustia al descubrir que había sido arrancada del seno de su verdadera familia, una que muy pronto, si Dios lo permitía, iba a encontrar para no perderla jamás.   





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