Historia al azar: El Amor del Príncipe Mestizo
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Lindsey Cooper, la hermana de Lily Evans » Antídoto
Lindsey Cooper, la hermana de Lily Evans (ATP)
Por Hermaire
Escrita el Sábado 11 de Enero de 2020, 20:34
Actualizada el Jueves 22 de Octubre de 2020, 20:36
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Antídoto

Capítulos
  1. El nacimiento
  2. Magia
  3. La verdad
  4. Lista para el viaje.
  5. Albus Dumbledore
  6. Hogwarts
  7. Conociendo a los Dursley
  8. Valle de Godric
  9. Severus Snape, ¿el amigo de Lily?
  10. ¡Hola, tía Lindsey!
  11. Conociendo un poco más
  12. Una visita nocturna
  13. La vista en el juzgado
  14. No eres ella
  15. Desahogo
  16. La llegada de Beauxbatons
  17. ¡No puede ser posible!
  18. Un pequeño enfrentamiento.
  19. La carta del abogado
  20. La primera prueba
  21. La vista en el juzgado
  22. Una contienda lejos del juzgado
  23. El anuncio de Dumbledore
  24. Una carta de tía Petunia
  25. ¿Irías conmigo al baile?
  26. El baile
  27. Un espía en el pasillo
  28. Incertidumbre
  29. Un nuevo artículo de Skeeter
  30. El paseo
  31. Amor
  32. Un intruso
  33. Gemelas.
  34. Revelación.
  35. Perdóname
  36. ¿Qué sucede con Lindsey?
  37. La segunda prueba del torneo
  38. ¿Ocurrió de nuevo?
  39. Antídoto
  40. Muerte en el castillo
  41. Cuidaré de ti
  42. La excursión a Hogsmeade.
  43. Una grata visita.
  44. El fantasma

Afuera de la enfermería Harry lloraba silenciosamente pero caminaba de un lugar a otro con desesperación mientras se pasaba las manos por la cabeza y el rostro en señal de impaciencia. 

—Harry ¿por qué no vas a cambiarte? —propuso Ron, preocupado.

—Sí, estás mojado, será mejor que subamos a la torre a ponernos ropa seca —dijo Hermione—. Ella estará bien, Harry, está en buenas manos. 

—Vayan ustedes, yo no me muevo de aquí. 

—En cuanto te cambies puedes regresar —volvió a intervenir Hermione pero era inútil. 

—Alguien la envenenó ¿pero quién? ¿y por qué? —preguntó Harry golpeando la pared de piedra con el puño en señal de impotencia. 

—Ve a cambiarte de ropa, Ron, yo me quedaré con él y luego nos intercambiamos —propuso Hermione. Ron dudó al principio, no le gustaba ver a Harry así pero finalmente se marchó con la promesa de volver. 

—Cálmate, Harry, ella estará bien. 

—No puedo perderla, Hermione. Ella y Sirius son los únicos parientes que me quedan porque ya sabes que con los Dursley no puedo contar. 

—¡Ahí viene el profesor Snape! —dijo Hermione al ver que el hombre se acercaba con rapidez.

—¿Y si fue él? —preguntó Harry abruptamente. 

—No, Harry ¡Por Dios! ¿Qué cosas dices? —respondió Hermione jalandolo para que tomara asiento junto a ella en el banco. 


Lindsey estaba en muy mal estado y Severus casi se desmaya cuando entró a la enfermería y la vio recostada sobre la cama. Ella estaba blanca como la cera y sus labios con un ligero tono azulado. A su alrededor se encontraban la señora Pomfrey, Vertonghen, Gerald y los hermanos Stoyanov (medimago y sanador respectivamente) Charity lloraba silenciosamente en el regazo de la profesora McGonagall unos metros más allá mientras Dumbledore observaba la escena desde lejos y Moody negaba con la cabeza, aferrado a su bastón. 

Vertonghen apuntaba el rostro de Lindsey con la varita pero la mujer seguía sin reaccionar. 

—Está perdiendo signos vitales —dijo Stoyanov, el medimago de Durmstrang mientras analizaba un extraño aparato que había colocado sobre el pecho de Lindsey.

¡No! No puede ser posible ¡Lindsey! ¡Tienes que despertar, Por Merlin! ¡Vamos! —dijo Noah con desesperación mientras realizaba un masaje cardiaco.  

Severus quedó pasmado por unos momentos mientras veía esa escena, fue incapaz de reaccionar porque las piernas le temblaban y una extraña sensación cálida o fría (no podía precisarlo) le recorría la espina dorsal. 

¡La perdemos! —dijo Gerald con nerviosismo. 

—¡Lindsey! —gritó Charity al intuir, si bien no comprendía lo que decían, que algo muy malo estaba sucediendo. La profesora McGonagall la aferró aún más para que se calmara. 

—¡Severus! —exclamó Dumbledore al percatarse de que el hombre había ingresado en la sala. 

¡Noah, detente! No hay nada más que hacer —dijo Gerald en su idioma, tomando al medimago para que se detuviera. 

¡No, no puedo! —respondió el hombre y continuó con el masaje cardiaco. 

—¿Qué sucede? —preguntó la señora Pomfrey al escucharlos discutir pero intuía la respuesta—. Ella parece...

—Ya no tiene signos vitales —respondió Gerald con tristeza.

—Colapsó perro aún podemos reanimarrla —analizó Stoyanov—. ¡Déjame ayudarrteVerrtonghen!


—¡Santo cielo, no! —dijo Charity con el rostro bañado en lágrimas.

En ese momento y a pesar de que, lo que los medimagos decían había descolocado a Severus, de pronto reaccionó, impulsado por una descarga de adrenalina, así que se dirigió hacia la camilla, tomó el rostro de Lindsey e intentó abrirle la boca. Separó sus labios y luego las mandíbulas.

—¿Qué haces? —preguntó Noah incrédulo, intentando apartarlo de ella entre sollozos—. ¡Déjame tgabajag! 

Pero Severus no le hizo caso, una vez que logró separar las mandíbulas de Lindsey, tomó una especie de piedra y la introdujo en su boca. 

—¿Qué es eso? —preguntó el sanador Stoyanov, el hermano del medimago—. No alcancé a verr con clarridad

—Parece ser un bezoar —respondió Gerald. 

—¿Estás loco? —preguntó Noah—. ¡Eres un animal! Esa no es la forma de administrarle un antídoto a un paciente ¿y te dices ser pocionista? ¡Aléjate de ella! ¡Vas a matarla!

—¡Por favor! —intervino Dumbledore con voz enérgica para hacer entrar en razón al medimago de Beauxbatons—. Severus sabe lo que hace, así que le suplico que lo deje proceder como crea conveniente.  

—Es cierto —intervino también McGonagall—. No es un medimago pero es muy hábil en su área. ¡Déjalo, Vertonghen! 

De todos modos Severus ni se inmutó por las palabras del medimago, no se apartó de Lindsey un solo segundo así que puso toda su energía en empujar la piedra a través de la garganta de la mujer inconsciente.

—¡Estás bloqueando sus vías guespigatoguias! —se quejó el hombre intentando detenerlo pero los hermanos Stoyanov y Gerald lo detuvieron para que Severus pudiera trabajar. 

—No pegdemos nada con intentar, Noah —dijo Gerald—, de todos modos ella... 

—¡Está reaccionado! —exclamó sorprendido el medimago Stoyanov al ver que la mujer volvía a respirar—. ¡Por la barba de Merlín! Sus signos están volviendo —añadió después de colocar el mismo aparato que había usado Gerald anteriormente en el corazón y posteriormente en el brazo de Lindsey para que Noah pudiera hacer el masaje cardiaco.

—¡Vamos, Lindsey! —susurraba Severus mientras mantenía aferrada su mandíbula para cerrarla y daba ligeros masajes en la garganta para estimular la deglución (No era asunto sencillo hacer que una persona inconsciente tragara una piedra)


Él podía sentir que ella seguía ahí, con él, sentía su respiración, bastante débil pero continua. No la iba a dejar marchar, no permitiría que sea quien fuese la apartara de él y la desapareciera de la faz de la tierra ¡No lo permitiría! ¡Por Dios que no lo haría!  

Finalmente se apartó de ella, un poco exhausto al ver que finalmente la piedra pasó por el esofágo. 

—¡Dios mío! ¿Qué está pasando? ¿Quién pudo hacerle esto? —dijo la Señora Pomfrey, mirándola con tristeza.

Pocos minutos después Lindsey tuvo más reacciones, abrió los ojos y recorrió el lugar con ellos pero no parecía enfocar muy bien. Se veía confundida y se llevó las manos al estómago con una expresión de dolor.   

—¡Lindsey! —exclamó Snape, visiblemente aliviado. 

—¿Severus? —preguntó la mujer intentando distinguirlo entre la bruma que distorsiona las imágenes que distinguía—. ¿Dónde está Harry? —esbozó una mueca de dolor y continuó—: ¿Dónde... dónde está el niño? ¡Harry! 

—Él está bien, Cooper —intervino Moody muy serio, acercándose mientras se apoyaba en su bastón—, eres tú la que nos preocupa. Fuiste envenenada —luego le habló al director—. Albus, debemos descubrir al culpable, algo está sucediendo en nuestra propia nariz y no podemos permitirlo.

Dumbledore asintió pero se acercó todavía más a la mujer para ver como estaba.

—¡No la asustes, Alastor! —lo increpó McGonagall.

—Es la verdad, mujer, es mejor que ella sepa de una vez a qué atenerse y nosotros también o podríamos ser los siguientes ¡Maldición! —exclamó el hombre bebiendo del contenido de la petaca que llevaba consigo a todos lados—. Por esa razón jamás como ni bebo nada que no haya preparado yo mismo.

—Y tal parece que tiene razón —dijo Charity con voz llorosa, acercándose a la cama de Lindsey también.

—¡Me... duele! —se quejó Lindsey tomándose el estómago con ambas manos.

A los pocos segundos comenzó a hacer arcadas y cuando la señora Pomfrey le acercó una palangana la pobre mujer comenzó a vomitar sangre ante el asombro de todos los demás.

—¡Está en las últimas! —exclamó Moody mientras negaba con la cabeza. 

—Alastor, por favor, será mejor que te marches —dijo Dumbledore señalando la puerta. Sus comentarios lo estaban poniendo muy nervioso. 

El mago se encogió de hombros y le tomó la palabra pero antes de llegar a la puerta dijo:

—Espero con sinceridad que logren salvar a esa muchacha pero yo por mi parte me encargaré de iniciar la investigación de estos crímenes... podríamos tenera un asesino entre nosotros. ¡Maldición! 


Noah le lanzó a Severus una mirada acusadora.  

—¡Eres un salvaje! —espetó con ira tomándolo de las solapas de la túnica—. De seguro le provocaste una hemorragia interna con esa maldita piedra. ¡Esa no es la forma correcta de administrar un bezoar!

—¡Suéltame! —espetó Severus con un tono amenazante, empujándolo para intentar quitárselo de encima. Noah, al igual que él estaba muy nervioso.

—¡Suéltalo, Vertonghen! —espetó Charity, interviniendo a favor de su amigo—. Él la ayudó a reaccionar y tienes que reconocerlo. 

—¡Suéltame! —volvió a demandar Snape mientras lo apuntaba con la varita. De todos modos un rayo salido de esta impulsó al mago hacia atrás, no con demasiada fuerza pero sí con la suficiente como para alejarlo. 

—La hemorragia pudo haber sido causada por el veneno mismo —dedujo el medimago Stoyanov, tratando además de analizar la dilatación de las pupilas de Lindsey pero ella no se dejaba, huía de la luz de la varita mientras cerraba los ojos con fuerza—. Está padeciendo además de fotosensibilidad.

—Siento... hormigueo en las manos y la cara —añadió Lindsey componiendo una nueva mueca de dolor—. Y estos malditos calambres... Es obvio que... son síntomas de envenenamiento. 

—Sí, está confirmado que fuiste envenenada pero tranquila, amiga, Severus acaba de darte un bezoar, eso debe ayudar, ¿no? —dijo Charity mientras se secaba las lágrimas—. Afortunadamente ya despertaste, tú misma eres la experta en toxicología mágica y podrás indicar cual es el próximo paso. 

—Un bezoar —susurró la medimaga—. ¡Severus! 

—Aquí estoy —respondió el hombre tomando la mano de la medimaga.

—Mis síntomas... corresponden a la reacción de varios tipos... de veneno. No sé como ni quien me...

—No te preocupes —la interrumpió él después de besarla en la frente—, voy a trabajar en el antídoto basándome en la tercera ley de Golpalott. El bezoar que te administré servirá para ganar tiempo pero no te restablecerá por sí solo si has sido atacada con varios venenos. ¡Juro que te salvaré! 

Severus se retiró a un lado de la sala para comenzar a trabajar en el antídoto. 

—Pero ¿cómo rayos pudieron lastimarla y además qué tienen en contra de ella? —se quejó Charity mientras Severus instalaba uno de los calderos de la enfermería en un rincón apartado de aquella sala. 

—No lo sé, Charity pero en estos momentos eso es lo que menos me interesa, necesito identificar las sustancias tóxicas para trabajar en el antídoto definitivo. 

—¿Crees que podrás hacerlo antes de que?... —preguntó la mujer nerviosa pero su amigo no la dejó terminar. 

—¡Cállate! Debo hacerlo y lo haré, además el bezoar que di la ayudará a no sucumbir... tan pronto. Necesito tiempo. 

—Sí, lo sé, perdóname. ¿Necesitas que te ayude en algo? Lo que sea, dame un oficio o me volveré loca. 

—Por favor alcánzame la botella de la cual ella bebía, la que contenía la poción revitalizante. 

—Sí, es ésta. 

Lindsey volvió a vomitar mientras la señora Pomfrey le acariciaba el cabello para tratar de reconfortarla.

—Iré a ver a Potter —determinó McGonagall.

—Por favor sé discreta con él... no le digas... 

—Lo sé, Albus. 

—¡Cielos! —exclamó Lindsey mientras volvía a recostarse en la cama.

—Lo peog es que creo que no podemos dagte nada hasta que esté listo el antídoto o podgía influig en el efecto —se quejó Gerald.

—¡Harry! ¡Harry! —comenzó a llamarlo Lindsey. 

De pronto pareció estar inmersa en una alucinación. Sus pupilas se dilataron todavía más e intentaba incorporarse a pesar de su debilidad. 

—Él está bien —la tranquilizó Dumbledore.

—¡Cuídelo por favor! Estoy segura de que.. quieren lastimarme para llegar a él... ¡No lo deje solo! 

—Él está a salvo, Lindsey, no te preocupes por él —dijo Dumbledore con voz suave para intentar calmarla. Funcionó, ella dejó de estar agitada.

Igué veg qué necesita el pgofesog de Pociones —dijo Gerald pero Noah lo tomó del brazo.

—¡Ni lo sueñes! 

—¿Qué demonios te pasa, Noah? Yo hago lo que quiego y lo que quiego en este momento es ayudag.  debeguias haceg lo mismo. 

—Es que... no sé pego... desconfío de él. 

—Disculpe, medimago Vertonghen perro hace poco el maestrro de Pociones le salvó la vida. Ella había perrdído incluso sus signos vitales —intervino el medimago de Durmstrang—. Al menos reaccionó.

—Sí, puede que sus métodos sean poco ortodoxos perro funcionan —añadió su hermano, el sanador. 

—Cuídenla, pog favog, yo igué veg que está haciendo el... pgofesog ese. 

—¿Cómo rayos sucedió esto? Necesito que cuiden de Harry. ¡Cielos! No puedo distinguir con claridad... mi visión está borrosa. 

—Él estará bien, Lindsey —dijo Dumbledore nuevamente—, trata de descansar. Lucha por él, por tu sobrino que te necesita. 

—Juro que no lo dejaré... solo. 

—¡Esa es la actitud, muchacha! ¡Mantente firme! 



Afuera de la enfermería Ron hizo una especie de barrera con la capa invisible para ocultar a Harry mientras se ponía la ropa seca y limpia que él le había traído desde la habitación porque el muchacho se negaba a marcharse de allí, no descansaría hasta tener noticias de su tía y si era posible verla. Ni Moody ni la profesora McGonagall al salir de la enfermería quisieron decirle como se encontraba ella, solo le dijeron que estaría bien pero él no pasó desapercibida la expresión de angustia en la profesora.

—No podré soportarlo si mi tía se muere.

—No se va a morir, Harry —dijo Hermione abrazándolo. 

—¿Por qué le hacen esto? ¿Quién quiere matarla? 

Ron y Hermione se miraron mutuamente. 


—¿Desde cuando se ha venido sintiendo indispuesta, memimaga Cooperr? —preguntó el medimago Stoyanov para mantenerla consciente pues que al parecer ya no tenía alucinaciones. 

—Desde hace varios días, al principio... no le presté atención porque pensé que se trataba de...

—¿De qué? —inquirió esta vez el sanador. 

—De nada importante. Luego decidí preparar la... poción revitalizante... Todas las preparo yo misma con ayuda de Poppy... no entiendo como alguien pudo adulterarla. 

—Yo tampoco me lo explico —dijo la mujer.

—Cada vez que comías en el gran comedor te sentías indispuesta también —analizó Dumbledore—. Tal vez desde ahí intentaron...

—Sí, eso es posible —respondió la mujer respirando con dificultad mientras se sujetaba el estómago—. La persona pudo haber ido usando... pequeñas dosis para... hacerlo parecer una... enfermedad. 

—Alastor tiene razón, esto hay que investigarlo —comentó Dumbledore acariciándose la barba con una expresión de desconcierto—. Tengo que hablar con los elfos pero y ¿la pócima que preparaste? Estuvo contigo todo el tiempo, ¿no?

Lindsey no pudo contestar porque en ese momento vomitó de nuevo.

—Cuando preparamos los filtros y las pócimas solemos ponerlas en ese anaquel  —respondió la señora Pomfrey señalando un punto en específico.

—¿Pero ella no guarda algunas para su uso personal? —indagó el director.

Lindsey asintió

—Supongo que sí —dijo la señora Pomfrey—, pero seguro las guarda en su habitación, como yo. 

—Esto es serio... de verdad alguien quiso lastimarte y eso es muy grave, Lindsey pero estarás bien, Severus es un Pocionista. 

—Lo sé —respondió ella después de suspirar—. Confío en él. 


A ella le aterraba morirse, no por ella, después de todo salir de ese mundo cruel donde había recibido tantas decepciones podría incluso resultar hasta un alivio, temía por Harry, porque no quería dejarlo solo, porque no quería que sufriera por ella. Confiaba en Severus, contrario a lo que había afirmado hacía unas cuantas horas sobre la plataforma del lago, ella sí confiaba en él como profesional e incluso como ser humano porque algo en su fuero interno le indicaba que él jamás le haría daño y que por el contrario haría lo que fuese necesario para salvarle la vida. No podía verlo trabajar a lo lejos debido a su visión borrosa que solo le permitía percibir bultos pero sabía que estaba dando el todo por el todo, al igual que el propio Noah.   


—Tendrremos que administrrarle una dosis de Poción reabastecedorra de sangre—opinó Stoyanov, el medimago—. ¿Tienen en existencia, señorra Pomfrey? 

—Perro el sanadorr de Beauxbatons dijo que serría contraproducente —opinó su hermano el sanador.

—Yo difierro de su opinión, la señorra Cooperr se está descompensando muy rápido y es obvio que ha perdido hierro. Perro ¿que opina usted misma, medimaga Cooperr? 

Ella asintió con la cabeza. 

—Es prudente administrarla, sí, no interferirá con el efecto del... antídoto pero no sé si pueda soportarla. 

La señora Pomfrey se fue a buscar la poción requerida y volvió pocos minutos después para ayudarla a beber muy despacio. Era obvio que la necesitaba porque el grado de palidez de la medimaga era ya abrumador.

Dumbledore se apartó de ellos y se fue a donde estaban Severus, Noah, Charity y Gerald. 

—¡Belladona! —exclamó Snape mientras revolvía el caldero usando el revela hechizo de Scarpin—. Detecto esencia de belladona.

—¡Guegaliz Ameguicano! —añadió Noah, detectando otro ingrediente. 

—¡Higuera infernal y acónito común! —concluyó Severus.

—¿No encontgaste nada más? —preguntó Noah. 

Severus negó con la cabeza y Noah regresó junto a Lindsey.

—En efecto fue una mezcla de muchos venenos: Belladona, acónito, guegaliz ameguicano y... ¡Cielos! ¿cuál ega el otgo?... 

—Higuera infernal —completó Severus llegando junto a Lindsey también—. Normalmente utilizado en la fabricación de aceite de ricino. 

—Esa es la razón por la cual tengo calambres... estomacales, además de náuseas y hemorragia —dedujo Lindsey—. Esos son los efectos de la Higuera infernal —luego se dirigió a su sanadora—. Poppy, por favor, alcánzame uno de los... frascos con la etiqueta de Poción vasopresora —pidió la medimaga. 

—¿Tu presión sigue muy baja? —preguntó Noah al escuchar a la mujer dar instrucciones, aún con todos sus malestares. 

—Sí, así es.

—La presión arterial sistólica está en 70 y la diastólica en 55 —explicó el medimago Stoyanov.   

—No sé de qué rayos hablan pero suena peligroso —comentó Charity.

—Yo tampoco pero no tengo tiempo para averiguarlo, debo trabajar en el antídoto ahora que ya he identificado los ingredientes —respondió Severus y se puso a revolver entre el anaquel de pociones e ingredientes de la enfermería—. Charity, necesito que vayas a mi despacho y por favor me traigas otro bezoar además de unos cristales de aloe. Están en un armario de la derecha. Los encontrarás fácilmente porque están etiquetados. 

—¿Necesitas ayuda con la elaboración del...? —preguntó Noah, ya no tan nervioso como antes. A pesar de encontrarse nervioso y trabajar bajo la presión del tiempo, Severus transmitía una gran seguridad cuando estaba frente a un caldero.

—No —declaró Snape—. Todo está bajo control, supervisa sus signos. Encárgate de hacer lo tuyo y yo me encargo de lo mío.


Dumbledore salió de la sala para darle a Harry la noticia de que ya se estaba trabajando en el antídoto para poder salvar a su tía. Esa noticia le cayó bien pero aún así se negó a ir al gran comedor para el almuerzo. No quería apartarse de allí un solo segundo hasta poder ver a su tía. El director lo dejó tranquilo pues dadas las circunstancias ya desconfiaba hasta de la comida del gran comedor ¡No podía ser posible! ¿Qué demonios estaba sucediendo? 

El hombre decidió ir a investigar las cosas hablando con los elfos pero cuando se disponía a bajar a las cocinas se topó de frente con Alastor Moody que venía de la misma dirección que pensaba seguir él. Ese hombre podría ser tildado de chiflado pero había sido un gran auror. 

—Acabo de hablar con los elfos y de hacer una requisa, Albus. Todo parece estar en orden pero... 

—¿Sí? —lo apremió el director.

—Los elfos afirman que vieron a una mujer allí abajo, preguntando por la comida de la medimaga. Ellos me dijeron que le explicaron lo del sistema de la réplica de la mesa de los profesores que tiene los lugares rotulados con los nombres del personal del castillo en donde ellos van colocando cada plato que aparecerá luego en su lugar correspondiente en la mesa del gran comedor. Y pues... desde luego no me extraña que esa misma mujer haya decidido entrar también en la enfermería con la intención de adulterar las pócimas personales de Cooper. 

—¿Una mujer? —susurró Dumbledore desconcertado—. ¿Te dijeron quien era? ¿Al menos como lucía? 

—Una mujer rubia, extremadamente bella y con acento francés ¿te suena de algo? —preguntó el hombre elevando una ceja antes de tomar un trago de la bebida que llevaba consigo a todos lados. 

—¡Colette Piaf! —exclamó Dumbledore recordando el día del baile de navidad cuando la mujer hablaba de Lindsey con tanto desprecio—. ¿Estás seguro? 

—Ve y pregúntale a los elfos pero después tendrás que acompañarme hasta el carruaje de Beauxbatons para hablar con esa muñeca francesa. ¡Lo sabía! Querían eliminar a la medimaga porque siempre está cuidando del muchacho pero él es el objetivo, quieren sacarlo del juego porque esos extranjeros no terminan de aceptarlo como participante del torneo y lo ven como una seria amenaza para sus campeones. Sabía que el ataque venía de aquí mismo, aunque debo confesar que me esperaba más que fuese Karkarov el perpetrador. Ya sabes lo que opino de los mortífagos «redimidos»

Dumbledore le dio un par de palmadas de agradecimiento en el hombro al profesor de D.C.A.O y bajó hasta las cocinas...

Por desgracia todos los elfos confirmaron lo que Moody había dicho hacía unos segundos. Todos afirmaron que una dama preciosa y rubia les había mandado a indicarles cuál era la comida de la medimaga y que luego de descubrir su sistema de traslado de los alimentos hasta el gran comedor, ella siempre bajaba a visitarlos. 

Dumbledore preguntó también si la habían visto colocar algo en el plato o la bebida que la medimaga degustaría más tarde y ellos negaron con la cabeza aunque el director dedujo que tal vez podría haberlo hecho de forma discreto sin que ellos se dieran cuenta, asimismo dedujo que su extraño interés en los alimentos de Cooper no despertaron sospechas en los elfos debido a que no eran criaturas perspicaces y tampoco estaban acostumbradas a contrariar o juzgar las acciones de los seres que consideraban superiores a ellos, simplemente si se les daba una orden, la seguían.   

Dumbledore salió de las cocinas impresionado. Sabía que esa muchacha era engreída, que le guardaba envidia y rencor a Lindsey pero jamás imaginó que llegaría hasta el punto de atacarla de esa forma tan cobarde como lo habían hecho ya en el baile de navidad, actuando desde las sombras, con toda maldad.


—¿Vamos entonces? —preguntó Moody cuando vio al director salir de las cocinas. 

—Vamos —respondió con resignación mientras negaba con la cabeza. 


Afortunadamente Lindsey estaba luchando con todas sus fuerzas y la ayuda de sus colegas que la asistían. Además, Severus tampoco descansaría un solo segundo hasta terminar el antídoto hacer que ella lo bebiera. No descansaría hasta verla recuperada por completo. Ya no le importaba si ella decidía perdonarlo y volver con él, incluso verla regresar con Noah, por doloroso que fuese sería mil veces mejor a saberla muerta ¡No podría soportarlo! ¡No iba a permitirlo! ¡No descansaría ni por una milésima de segundo! Ya no la descuidaría. Lindsey Cooper era demasiado importante para él aunque ella se negara a creerlo  —pensó el profesor mientras disponía algunos ingredientes sobre la mesa que Madame Pomfrey le había asignado para trabajar. Charity ya había regresado y estaba a su lado observándolo con atención: tenía la frente perlada por el sudor y un rictus de preocupación pero a pesar de no haber almorzado ni descansado en lo que iba del día, no mostraba en ningún momento signos de agotamiento. 

—Iré al gran comedor ¿Te traigo algo? 

—No, gracias —masculló con la mirada clavada en el caldero que comenzaba a hervir mientras él regulaba la temperatura—. No tengo hambre —añadió luego volviendo a la mesa de trabajo para cortar unas raíces. 

—Volveré enseguida. No sé nada sobre pociones pero al menos puedo darte apoyo moral a ti y a ella, además de ayudarte en alguna que otra cosa. No estás solo en esto, Severus —susurró su amiga, colocándole una mano en el hombro. 

Sin decir nada él colocó su mano sobre la de ella como una muestra de que aceptaba su afecto y le correspondía. Charity salió de la enfermería y él se quedó allí, trabajando incansablemente. 




Nota de autora: La próxima semana les tendré un capítulo impactante que los dejará de piedra pero por ahora espero que hayan disfrutado mucho de éste. Además mientras esperan el próximo episodio pueden leer (si lo desean) mis historias originales como esta propuesta llamada La Rosa de Auschwitz, novela histórica basada en los tiempo del holocausto y que pueden encontrar en mi perfíl de wattpad. Espero les guste. 

Sinopsis: Los Eisenberg, una familia judía que, despojada de sus bienes entre los que destacan lo que había sido una próspera floristería y desesperados por el exterminio que ha estado sufriendo su pueblo durante la guerra, tratan de sobrevivir en pleno Berlín y se ven en la necesidad de aceptar el ofrecimiento de la familia Müller de esconderse en su casa; después de todo Benjamin Eisenberg y Hanna Müller estaban comprometidos y planeaban casarse cuando acabara la guerra. Desgraciadamente son descubiertos por Dedrick Schneider, un Standartenführer ambicioso, recién nombrado comandante de Auschwitz - Birkenau.


Herr Schneider, que había estado terriblemente obsesionado con Hanna Müller, decide llevarla junto con la familia judía a Auschwitz en calidad de prisionera como castigo por haber protegido a una etnia considerada por los nazis como una de las mayores amenazas para el tercer Reich. 

A causa de los acontecimientos Hanna y Benjamin ven cada vez más lejano el día de su boda y en cambio tendrán que aprender a sobrevivir dentro de uno de los peores campos de concentración y exterminio del holocausto tratando de no perder la esperanza.
Link: https://www.wattpad.com/story/229161821-la-rosa-de-auschwitz


        


        





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