Historia al azar: Una obsesión
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Lindsey Cooper, la hermana de Lily Evans » La segunda prueba del torneo
Lindsey Cooper, la hermana de Lily Evans (ATP)
Por Hermaire
Escrita el Sábado 11 de Enero de 2020, 20:34
Actualizada el Jueves 22 de Octubre de 2020, 20:36
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La segunda prueba del torneo

Capítulos
  1. El nacimiento
  2. Magia
  3. La verdad
  4. Lista para el viaje.
  5. Albus Dumbledore
  6. Hogwarts
  7. Conociendo a los Dursley
  8. Valle de Godric
  9. Severus Snape, ¿el amigo de Lily?
  10. ¡Hola, tía Lindsey!
  11. Conociendo un poco más
  12. Una visita nocturna
  13. La vista en el juzgado
  14. No eres ella
  15. Desahogo
  16. La llegada de Beauxbatons
  17. ¡No puede ser posible!
  18. Un pequeño enfrentamiento.
  19. La carta del abogado
  20. La primera prueba
  21. La vista en el juzgado
  22. Una contienda lejos del juzgado
  23. El anuncio de Dumbledore
  24. Una carta de tía Petunia
  25. ¿Irías conmigo al baile?
  26. El baile
  27. Un espía en el pasillo
  28. Incertidumbre
  29. Un nuevo artículo de Skeeter
  30. El paseo
  31. Amor
  32. Un intruso
  33. Gemelas.
  34. Revelación.
  35. Perdóname
  36. ¿Qué sucede con Lindsey?
  37. La segunda prueba del torneo
  38. ¿Ocurrió de nuevo?
  39. Antídoto
  40. Muerte en el castillo
  41. Cuidaré de ti
  42. La excursión a Hogsmeade.
  43. Una grata visita.
  44. El fantasma

Esa noche Lindsey comenzó a sentirse muy mal e incluso vomitó un par de veces. Como medimaga sabía que algo raro estaba sucediendo con ella, algo que le quitaba el apetito pues apenas y probaba la comida se descompensaba totalmente, algo que le provocaba mareos y mucha debilidad. Eran síntomas parecidos al envenenamiento pero... ¿se estaría volviendo paranoica? No parecía algo descabellado tomando en cuenta el hecho de que durante el baile de navidad intentaron matarla. ¿Estarían atentando contra ella nuevamente? —pensó mientras se miraba en el espejo después de vomitar, ahora por tercera vez.

Estaba pálida y un poco ojerosa. ¡No! También podía deberse a la carga de estrés emocional que llevaba con todo lo del juzgado y Severus. Afortunadamente Noah no había vuelto a asediarla pero ella lo atribuyó al hecho de que no había hecho público su rompimiento con Snape, de todas forma suponía que habría chismes detrás de puertas así como cuando ellos decidieron salir. 

Lindsey se lavó los dientes meditando el asunto, esta vez no quería beber una poción para dormir sin soñar por temor a no despertar a tiempo en la mañana, ni siquiera con el ruido del despertador que usaba. Quería estar fresca y activa para darle fuerzas a Harry y de paso preguntarle qué método usaría. No podía creer que con tanto ajetreo y drama vivido los últimos días hubiese olvidado ese gran detalle; de todas maneras el muchacho se veía bastante seguro de sí mismo, bueno, al menos era lo que él aparentaba frente a ella. 

Por fin se recostó en la cama y se preparó para dormir tratando de ignorar el malestar. Debería dejar de pensar tanto en sí misma y autocompadecerse para pensar más en su sobrino. El asunto del grave atentado en la fiesta de navidad era preocupante, es cierto pero tal vez el atacante habría logrado encontrar la forma de ingresar al castillo valiéndose de la distracción de la fiesta, incluso la misma Skeeter había entrado sin que nadie la viera para escribir ese repulsivo artículo sobre Hagrid, pero ahora era diferente, todos estaban alerta y nadie podría hacerle daño. Harry era su prioridad, su único propósito era protegerlo y velar por su bienestar ¡A propósito! —pensó la mujer mientras los párpados se le cerraban solos—. No le había vuelto a preguntar si le dolía la cicatriz ¿Qué clase de tía era?..


De pronto todo se volvió neblinoso pero cuando el paisaje se fue aclarando se dio cuenta de que estaba en una calle de Francia y allí, justo en la salida de un hotel estaban Noah y Colette burlándose de ella. Se besaban y luego se reían a carcajadas.  

—¡Qué ingenua eres, querida! —decía Noah—. ¿Cómo podías pensar que yo perdería la oportunidad tenerla después de tantos años de extrañarla? 

—Fuí su primer amor y el primer amor nunca se olvida —añadió Colette. 

—Jamás se olvida —pronunció Snape esta vez mientras le acariciaba el rostro, intentando besarla—. Te amo tanto, Lily. Jamás voy a olvidarte. 

—¡Déjame! ¡Eres un cínico! —gritó ella, apartándolo de un empujón.

—¿No lo entiendes? —preguntó Colette—. Nadie podrá quererte jamás, Lindsey. Solo eres un salvavidas, una especie de refugio. 

—A mí me ayudaste a superar el rechazo de Colette cuando asistíamos al colegio —añadió Noah—. Fuiste de mucha ayuda porque me diste la compañía que ella me negó. 

—A mí me ayudaste a recordar a Lily, a sentirla, a tocarla...

—¡Cállate, Severus! —suplicó Lindsey en un hilo de voz—. Yo sí te amo... ¡Por favor no me hieras más con tus palabras! ¡Cállate! 

—Me sacarás de casa de los Dursley —añadió Harry apareciendo de repente pero su mirada era fría e indiferente—. Más te vale que ganes ese proceso porque es mucho mejor vivir contigo que con ellos aunque seas patética —concluyó mirándola de forma despectiva de arriba abajo.

—¡Harry! —susurró la muchacha sorprendida. 

—¿Crees que podría querer a una desconocida? Llegaste de repente y además lloriqueando por los rincones por todo lo que te pasó ¡Eres patética! 

—¿Lily? —preguntó el profesor Dumbledore al mirarla.

—¡Lily! —exclamó Hagrid esta vez. 

—¡Lily! —dijo la profesora McGonagall.

—¡Por todos los cielos, Vernon, es Lily! —gritó Petunia aterrada. 

—Te amo tanto, Lily. 


¡Lily! ¡Lily! ¡Lily! ¡Lily! ¡Lily!¡Lily! ¡Lily! ¡Lily! ¡Lily! ¡Lily!

¡Lily! ¡Lily! ¡Lily! ¡Lily! ¡Lily!¡Lily! ¡Lily! ¡Lily! ¡Lily! ¡Lily!

¡Lily! ¡Lily! ¡Lily! ¡Lily! ¡Lily!¡Lily! ¡Lily! ¡Lily! ¡Lily! ¡Lily!


—¡Basta! ¡Basta ya!¡Basta! ¡No soy Lily! —gritó Lindsey con desesperación.

—¡Ésta nació muerta! —dijo un médico cuyo rostro no se distinguía con nitidez. 

—¡Démela! Yo la reviviré con amor —dijo Emily Cooper tomando a una bebé que el galeno señalaba con desdén.

—¡Mamá! 

Lindsey comenzó a llorar con desconsuelo, tratando de taparse los oídos pero seguía oyéndolos con claridad. Ella estaba desesperada.

—¡Patética! —le gritaba Harry—. ¡Estás sola! 

—Tienes razón... tú no eres Lily —espetó Severus mirándola con desprecio—. Jamás podrás llenar sus zapatos

¡Cállense! ¡Déjenme! —gritó Lindsey colocando el rostro en el suelo mientras se cubría con los brazos para tratar de ahogar el sonido de las voces.  


Pero en ese momento alguien tocó su cabeza y aunque en un principio ella rechazó el contacto con un manoteo, éste insistió. Era una caricia dulce, tierna y casi maternal hasta que una voz conocida la sacó del trance del dolor. 

—¡Levántate, Lindsey! —dijo la voz con un tono muy parecido al suyo. 

—¿Lily? —preguntó ella levantando el rostro lleno de lágrimas mientras se apartaba los cabellos.

La mujer asintió con sutileza mientras le acariciaba la mejilla, mirándola con una sonrisa. 

—No me odies, hermanita. Yo te amo profundamente aunque estemos distanciadas. 

—Nunca podría odiarte, Lily —dijo Lindsey sollozando mientras se arrojaba a los brazos de su hermana que la contuvo en su regazo con mucho cariño—, pero todos ellos...

Nada es lo que parece —respondió su gemela cuando Lindsey se apartó un poco para mirarla a los ojos. Lily le devolvía la mirada con una sonrisa al tiempo que le secaba las lágrimas—. Ellos saben quien eres. No tienes idea de lo valiosa que eres para todos ¡Tú! Lindsey Cooper, o mejor dicho, Lindsey Evans. Somo iguales y al mismo tiempo distintas, cada una con su propia historia. La mía se cerró hace mucho pero la tuya continúa así que sigue adelante, hermana y no olvides que te quiero...

—Yo también a ti...


La medimaga despertó agitada y con el corazón a mil por hora. Ese sueño había sido tan extraño, desagradable y al final tan.... hermoso. Difícilmente podía describir con simples palabras la sensación de alivio que le prodigó estar entre los brazos de su hermana.   

Giró el rostro para mirar el reloj despertador, faltaban cinco minutos para que este empezara a sonar, así que se levantó de la cama. 

Todavía se sentía débil y sin fuerzas así que, después de darse un baño tomó un frasco entero con poción revitalizante y la llevó consigo para consumirla de a poco después del desayuno ¡Claro! Si el malestar le permitía desayunar. 



Al llegar al gran comedor se dio cuenta de que Harry no estaba y se extrañó bastante, se suponía que después del desayuno daría comienzo inmediatamente la segunda prueba del Torneo. 

—¿Te encuentras bien? —le preguntó Snape, sentándose junto a ella sin darle opción a oponerse. La notaba muy pálida. 

—Me encuentro perfectamente, Severus.  

—¡Vaya! Hasta que finalmente le pegmitimos a los tógtolos sentagse juntos, ¿no es así? —dijo Madame Maxime ahogando una risita. 

Luego miró a Lindsey directamente.

Queguida pego ¿te encuentgas bien? Te noto bastante pálida y con una apaguiencia fgagil

—Son impresiones suyas, Madame —respondió la muchacha—. Me encuentro bien.

No obstante Snape no le quitaba la mirada de encima ni tampoco Charity que después de la conversación del día anterior se había quedado muy preocupada. Si Lindsey no estaba embarazada ¿qué rayos le estaba sucediendo entonces?

 —Me preocupa Harry, no lo veo en su mesa —comentó Lindsey después de limpiar sus labios con una servilleta. 

Ella había tolerado más o menos bien su tazón de avena hasta la mitad pero ya no podría seguir, comenzaba a sentir arcadas. 

—Quizá está ultimando detalles —respondió Severus para no ser grosero pero lo que en realidad pensaba era que el muchacho de seguro estaría husmeando por los alrededores del lago negro para ver si podía sacar ventaja de la inspección o quizá estaría tratando de averiguar qué métodos emplearían sus compañeros. 

Lindsey ignoró su respuesta y más bien se dispuso a beber un sorbo de la poción revitalizante para intentar aligerar el malestar. 

—Ya te pareces al profesor Moody, querida —bromeó el profesor Flitwick. 

—Es solo un poco de poción revitalizante para darme energías esta mañana. 

—Y sí que las necesitas pog que estás muy pálida, Lindsey —añadió Noah, mirandola con preocupación—. Además ni siquiega tegminaste tu desayuno —concluyó al ver que la mujer apartaba el tazón con la mano. 

—Estoy perfectamente —mintió la mujer con voz cansina—. Confieso que no dormí muy bien anoche pero es causa de la ansiedad que me provoca la prueba, nada más. Recuerden que mi sobrino estará participando. 

—No solo tu sobgino. Mi pgima, Fleur también pagticipagá pego yo en cambio sé que no tengo que pgeocupagme pog ella. Desde luego, no solo es una bguja magnífica, como todas las mujegues de mi familia sino que además tiene la edad y pog lo tanto la expeguiencia suficiente paga ese tipo de desafíos  —comentó Colette. 

—Bien por ella, ¿no? —respondió Lindsey sin ánimos de ponerse a discutir con la engreída mujer.

Dos puestos más allá, Charity rodó los ojos y después se dedicó a fulminar a Colette con la mirada. 

 —Bueno, creo que ha llegado el momento de que nos vayamos acercando hasta el lago —propuso Dumbledore al ver que todos habían terminado de desayunar y que incluso las sobras habían desaparecido de los platos.

—¡Al fin llegó el momento! —exclamó Karkarov con voz de fanfarria, orgulloso de Víktor Krum a quienes sus compañeros daban palmadas de felicitación mientras se levantaba del asiento. 

—Vamos, Poppy —dijo Lindsey mientras se levantaba del suyo. 


Todos se dirigieron hasta las plataformas que estaban erigidas sobre la superficie del lago negro 

Lindsey se dio cuenta de que Harry no estaba en el lugar donde los campeones se ubicaban en ese momento para quitarse las batas y prepararse para su inmersión en el lago, así que se preocupó todavía más.  


—¿Dónde está Harry? —preguntó el director de Hogwarts, igualmente desconcertado. 

—Tal vez se arrepintió de parrticiparr —comentó Karkarov con una sonrisa mordaz.

—Pero tiene que hacerlo —intervino Ludo Bagman—. Los campeones están obligados a participar.

—De todos modos puede aguepentigse. Tal vez no haya conseguido la fogma de pegmaneceg bajo el agua tanto tiempo... ¡Qué fastidio! Así que supongo que no podgemos empezag hasta que apaguezca el mocoso.

¡Cierra la boca, Colette! —espetó Lindsey en francés mientras la miraba con agresividad—. ¡Iré por él! 

—¡Yo te acompañagué! —intervino Noah.

—¡No! No te preocupes que quiero ir sola.

Hubo un silencio incómodo en la plataforma mientras miraban a Lindsey alejarse. 

—¡Qué geniecito! —exclamó Colette luego. 

—Está nerviosa, es todo —la excusó Charity.

—Sí, pero ¿dónde rayos se metió Potter? —preguntó Snape.


No obstante también él comenzaba a preocuparse por el muchacho. Potter no acostumbraba a eludir los retos, al contrario, le gustaba asumirlos para lucirse ante todo el mundo como un héroe, tal y como lo hacía su padre en antaño... Algo raro estaba pasando así que si Lindsey no regresaba en un tiempo prudencial él mismo iría a buscarlo.  

—Bueno, mientras Harry llega ¿qué les parece si el cuerpo de baile de Beauxbatons nos deleita con su talento? —dijo Dumbledore para distender el momento.

—Es lo mejog que se ha dicho hasta ahoga —respondió Colette mientras todos los profesores se alejaban para darle paso a los chicos y chicas de Beauxbatons ataviados (como ella) con sus trajes de baile. 

—Ahora empezarán a danzar las mariposas —comentó Fred riéndose mientras Angelina le daba con el codo en las costillas. George se desternilló de risa con el comentario de su hermano. 

—Esos chicos son en realidad muy guapos —dijo la muchacha levantando la nariz. 

—No pasan de ser maripositas —siguió burlándose Fred—. Ni siquiera distingo entre ellos y las chicas. 

—Eres un pesado. 



La medimaga encontró a su sobrino a medio camino hacia el castillo. El pobrecito venía azorado y transpirado mientras corría.  

—¡Harry, Cariño! ¿Qué te sucedió? ¿Dónde estabas? 

—Me quedé dormido en la biblioteca —confesó el muchacho jadeando y sujetándose el costado para tratar de aliviar el dolor del flato. 

—¿En la biblioteca? —preguntó Lindsey extrañada.

—Sí, estuve toda la noche buscando algo que me sirviera para respirar bajo el agua pero no lo conseguí. 

—¡Por todos los cielos, Harry! —exclamó Lindsey entre sorprendida, molesta y asustada—, me dijiste que ya...

—¡Lo sé, tía! Sé lo que te dije pero era para no preocuparte. 

—¿Y crees que ahora no estoy preocupada? —respondió Lindsey. Harry jamás la había visto tan pálida y furiosa. 

—¡Eres un irresponsable, Harry! Has debido decirme mucho antes para encontrar la manera de ayudarte... pero también es mi culpa... no debí conformarme con que me dijeras que tenías todo bajo control ¿Qué clase de tía soy y qué clase de tutora pretendo ser?... —dijo con la mano en la frente y una expresión preocupada que hizo sentir culpable a Harry—. Quizá si usas alguna hierba... ¡Déjame pensar!.... ¡Cielos!... ¿Qué podría ser!... ¡Lo tengo! Podrías usar...

—¡Tía! —exclamó Harry, mostrándole el puñado de branquialgas que llevaba en el bolsillo del pantalón. 

—¡Eso! Justamente iba a sugerirte eso, cariño pero ¿dónde lo conseguiste? —preguntó Lindsey sintiendo que el alma le volvía al cuerpo.

—Dobby me encontró en la biblioteca, me despertó y me la dio. 

—Cielo, disculpame por haberte gritado —dijo Lindsey abrazando a su sobrino con los ojos húmedos—. Sé que fuí dura pero me aterraba pensar que no tenías forma de protegerte.

 —Yo no quería preocuparte, tía.

—Pero lo ibas a hacer de todos modos, Harry ¡Por Dios, no vuelvas a asustarme así! Confía en mí, y jamás dejes de pedirme lo que necesites —dijo Lindsey apartándole un mechón de cabello del rostro, lo que dejó expuesta su cicatriz en forma de rayo. Al verla, Lindsey se conmovió y recordó el terrible sueño que había tenido la noche anterior. Los ojos esmeralda que la miraban ahora guardaban la misma dulzura de siempre aunque demostraban un poco de nerviosismo. 

—Lo sé, tía pero se suponía que debía hacerlo solo... es decir, sin la ayuda de un adulto —respondió Harry mientras se ponían en marcha en dirección al lago.

—¡Bah! ¡Al diablo con esa estúpida regla! Tú eres el más pequeño de los cuatro así que tienen que guardarte alguna consideración —replicó ella mientras lo rodeaba con un brazo y luego añadió—. ¿No tienes puesto un traje de baño? En ese caso asegúrate de quitarte al menos la túnica para que estés solo con el uniforme, de esta manera estarás más ligero, teniendo mayor libertad de movimiento y ¡Eso sí! tendrás que quitarte también los zapatos y calcetines pues con esa alga tus pies y manos estarán provistos de membranas así que necesitarán espacio.

Harry asintió con cada consejo.

—Asegúrate de engullir las branquialgas cuando estés a punto de sumergirte.

—De acuerdo —asintió el muchacho.


En la plataforma que estaba sobre el lago concluyó la música mientras el cuerpo de baile de Beauxbatons era vítoreado por la multitud, en especial Colette.

—¡Ya vienen! —exclamó McGonagall con una expresión de alivio mientras todos los demás profesores y demás personal desviaban la atención del escenario.

—¡Cielos! ¿Dónde estabas, jovencito? —preguntó Ludo Bagman cuando tuvo a Harry al alcance, conduciéndolo hasta la orilla del lago donde lo esperaban los demás campeones. Lindsey se fue tras ellos para recibir la túnica, zapatos y calcetines de su sobrino y posteriormente regresó hasta la plataforma.

 —Lo encontré en el camino hacia el castillo —respondió la medimaga al ver la expresión interrogativa en el rostro de Charity. 

—Lindsey... no te veo nada bien —comentó su amiga al ver que la mujer cerraba los ojos mientras se llevaba una mano a la cabeza—. ¿De nuevo te sientes mal? 

—Solo estoy nerviosa ¿Me creerías si te dijera que ese muchachito no tenía idea de qué hacer y no me había dicho nada? —respondió Lindsey después de darle otro sorbo al frasco de poción revitalizante que llevaba consigo.

—No sé qué sucede pero esto no me está ayudando mucho —pensó sin decir nada más, mirando el recipiente con decepción.

 —¿Preparados? —preguntó Ludo Bagman al ver que los jóvenes parecían haber terminado con su alistamiento—. Perfecto entonces... ¡Pueden ingresar! 

Percy se asomó a la barandilla del lago y Lindsey intuyó que estaría preocupado por su hermano menor. Ella sabía que Ron estaba bien, al igual que lo estaría Harry en cuanto a que ahora podría respirar en el fondo del lago, pero sí le preocupaba la temperatura del agua una vez que se hubiese pasado el efecto de las branquialgas.... El agua estaría helada como el viento que venía de las montañas. 

Los campeones al fin ingresaron al lago mientras los espectadores aguardaban con ansias su regreso.  

—¡Qué abuguido! —se quejó Colette, apartándose de la barandilla con decepción.

Aunque detestaba a la arrogante mujer, Snape tuvo que reconocer que ella tenía razón, aquella sería la prueba del torneo más aburrida de presenciar. De cualquier forma no era Potter quien le preocupaba ya, no después de haberlo visto incorporándose a los otros campeones, pero Lindsey seguía sin tener buen semblante y estaba seguro de que no solo era preocupación lo que la perturbaba. La observó beber una vez más de ese recipiente hasta que al fin lo dejó con desgana sobre una mesita.

El tiempo fue pasando lentamente... diez minutos... media hora... una hora y todavía no había señales de los campeones. Lindsey caminaba de un lugar a otro, comentó algo con Charity, luego se asomó por encima de la barandilla de la plataforma y posteriormente se alejó. Él la siguió con la mirada mientras todos los demás conversaban entre sí, de modo que pudo detallar claramente cuando la medimaga comenzó a medirse el pulso a sí misma mientras miraba su reloj de pulsera... Severus no pudo contenerse más, algo estaba sucediendo y él no podía cruzarse de brazos. 

—¿Puedo ayudarte? —preguntó haciéndola sobresaltar.

—No —respondió ella lacónicamente.

Severus quiso tocar su mano y hacerle entender que él estaba ahí, a su lado como lo había estado siempre, que no pensaba apartarse de ella...  

—Lindsey yo.... Dime qué sucede, confía en mí. 

—¿Crees que podría? —preguntó Lindsey mirándolo con frialdad—. ¡Déjame en paz! Estoy un poco nerviosa por todo este asunto y solo estaré tranquila cuando vea emerger a Harry sano y salvo.

En ese momento la voz de Ludo Bagman reverberó por todo el lago...  

—¡Ha llegado el primer campeón! 

La multitud comenzó a vitorear.  

—¡Es el señor Diggory que viene con su rescatada, la señorita Chang! 

Lindsey y la señora Pomfrey se apresuraron a recibirlos con sendas mantas tibias.

—¿Viste a Harry? —se apresuró a preguntar la medimaga mientras le colocaba la manta encima de los hombros. 

—Sí, llegó primero que yo, de hecho ya tenía a Ron... 

—Bebe esto, muchacho —dijo la señora Pomfrey, ofreciéndole poción pimentónica. 

Lindsey le dio una taza con la misma poción a Cho que la recibió agradecida. 

—¡Dios! Están helados pero la poción ayudará a subir la temperatura para evitar un resfrío —comentó Lindsey, luego se dirigió directamente a Cedric—, pero Harry ¿por qué no subió ya si había llegado antes que tú? 

—Sí, y me gustaría saber como está mi hermano Ron, Ronald Weasley —añadió Percy, visiblemente preocupado. 

—Ambos están bien pero no sé por qué no han subido aún, se supone que ya deberían estar aquí. 

En ese momento la voz de Ludo Bagman volvió a escucharse. 

—¡El segundo! ¡cielos! ¿Dónde está su rescatada? —preguntó el hombre con preocupación. 

Todos se asomaron para ver quien había llegado y entonces vieron a una preocupadisima Fleur que lloraba a mares. Noah y Gerald se apresuraron a ayudarla a subir a la plataforma.

Ella tenía una expresión de angustia.  

—¡Gabriell! —exclamó—. No pude encontrarla... ¡Me atacaron los Grindylow! 

—¿Qué dice? —preguntó Snape al ver que la muchacha se expresaba en su propio idioma.

—Está muy preocupada por su hermana —tradujo Lindsey—. Al parecer unos Grindylows la atacaron y le impidieron llegar hasta ella. ¡Santo cielo! Espero que Harry sepa como defenderse. 

—¡Por Merlín! —exclamó Percy, pasándose las manos por el cabello. 

—Estarán bien —respondió Severus, animándose a colocarle una mano en el hombro a la medimaga. 

Escuchame, Fleur ¿Estás bien? —preguntó Noah mientras cubría a la muchacha con una manta tibia. La pobre estaba llena de rasguños pero ella seguía preocupada por su hermanita. 

Estoy bien pero ella...  —dijo Fleur temblando mientras señalaba el lago. 

Te daré una poción para los nervios —determinó Noah—. Por favor, Gerald...

¡No! —exclamó Fleur—. Debo regresar por Gabrielle... ella me necesita, no debí regresar sin ella. 

Ella estará bien, Fleur ¡No seas dramática! —la increpó Colette, perdiendo la paciencia. 

Lindsey estaba indignada con la actitud tan indolente de la mujer para con su prima. 

Fleur... ella no corre peligro —intervino Madame Maxime. 

Pero Fleur no le hizo caso y al ver que Cedric ya estaba en la plataforma junto a Cho, corrió hacia él para interrogarlo. 

—¿Viste a Gabrielle? ¿Viste a mi hegmanita

—Sí, ella estaba ahí, junto a los demás.

—¡Debo ig pog ella! —exclamó Fleur aterrada—. Se acabagá el tiempo y se va a moguig ahogada.

—¡Fleur! —exclamó Gerald tomándola por los hombros para sacudirla ligeramente—. Ella no se quedará ahí.

Nadie la va a rescatar... debo ir yo... ¡Apártate, Gerald! ¡Déjame pasar! —gritó la muchacha histérica. 

—Todo está bajo control, señorita Delacour —intervino Dumbledore pero todo era inútil, ella seguía llorando y tratando de abrirse camino hacia el borde de la plataforma. 

—¡Víctor Krum! —exclamó Ludo Bagman, capturando la atención de todo el mundo.

—¡Hurra! —gritó con orgullo Karkarov. 

El búlgaro estaba seguro de que Víctor al menos obtendría el segundo lugar, después de Diggory ya que lo más seguro era que Fleur estuviese descalificada, era evidente que él había estado mucho mejor y dependiendo de su desempeño quizá estaría por encima de todos y se quedaría con el primer lugar.

Lindsey seguía preocupada, asomándose a la barandilla a cada rato y para colmo, el llanto y la desesperación de Fleur no le estaban ayudando para nada. Por primera vez estaba de acuerdo con Noah, sería mejor que la muchacha tomara algo para los nervios pero ella no parecía nada dispuesta, en realidad se negaba rotundamente.   






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