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Lindsey Cooper, la hermana de Lily Evans » Perdóname
Lindsey Cooper, la hermana de Lily Evans (ATP)
Por Hermaire
Escrita el Sábado 11 de Enero de 2020, 20:34
Actualizada el Jueves 22 de Octubre de 2020, 20:36
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Perdóname

Capítulos
  1. El nacimiento
  2. Magia
  3. La verdad
  4. Lista para el viaje.
  5. Albus Dumbledore
  6. Hogwarts
  7. Conociendo a los Dursley
  8. Valle de Godric
  9. Severus Snape, ¿el amigo de Lily?
  10. ¡Hola, tía Lindsey!
  11. Conociendo un poco más
  12. Una visita nocturna
  13. La vista en el juzgado
  14. No eres ella
  15. Desahogo
  16. La llegada de Beauxbatons
  17. ¡No puede ser posible!
  18. Un pequeño enfrentamiento.
  19. La carta del abogado
  20. La primera prueba
  21. La vista en el juzgado
  22. Una contienda lejos del juzgado
  23. El anuncio de Dumbledore
  24. Una carta de tía Petunia
  25. ¿Irías conmigo al baile?
  26. El baile
  27. Un espía en el pasillo
  28. Incertidumbre
  29. Un nuevo artículo de Skeeter
  30. El paseo
  31. Amor
  32. Un intruso
  33. Gemelas.
  34. Revelación.
  35. Perdóname
  36. ¿Qué sucede con Lindsey?
  37. La segunda prueba del torneo
  38. ¿Ocurrió de nuevo?
  39. Antídoto
  40. Muerte en el castillo
  41. Cuidaré de ti
  42. La excursión a Hogsmeade.
  43. Una grata visita.
  44. El fantasma

Severus no podía creer lo que acababa de suceder, Lindsey estaba desvanecida en sus brazos al no poder soportar la noticia de que él había sido el asesino indirecto de su hermana.

La condujo entonces hasta su habitación para depositarla con cuidado sobre la cama sin saber qué hacer. No se atrevía a reanimarla y enfrentarse de nuevo a sus reproches, sus lágrimas de dolor y sus ojos acusadores pues para él también eran demasiadas emociones qué soportar, por más que las mereciera.

Él se sentó en un sillón sin dejar de contemplar su rostro, dejando que las lágrimas bañaran el suyo mientras volvía a sumergirse en las reminiscencias.



Estaba frente a Dumbledore, quería que él le negara la espantosa noticia que le había dado Lucius, que le dijera que ella seguía viva, resguardada en algún lugar secreto. No le importaba no volver a verla con tal de saber que estaba viva y a salvo pero no... el director solo le confirmó lo que su corazón ya sabía: Ella estaba muerta... no había nada qué hacer.

Se dejó caer de rodillas negándolo todo, llorando con desconsuelo sin importar que Dumbledore lo contemplara.

—¡No! ¡Esto no está pasando!.... ¡No! Ella está viva... ¡Me lo prometiste!.... me dijiste que la protegerías —reprochó con el alma herida.

Severus, lo intenté pero ellos confiaron en la persona equivocada.

Fue mi culpa. ¡Yo la maté!

Dumbledore lo tomó por los brazos para ayudarlo a incorporarse.

—¡No digas eso! Es cierto que actuaste sin pensar y te dejaste llevar por las emociones cuando revelaste esa profecía pero trataste de enmendarlo. Yo los advertí a tiempo, es solo que ellos confiaron en quien no debían. ¿Sabías que Sirius Black también trabajaba para Voldemort?

—¡Maldito traidor! —espetó Severus con rabia—. Nunca lo vi entre nosotros...

—Ya no tiene caso que nos lamentemos, Severus. Ahora debemos concentrarnos en qué haremos para el futuro.

—¿Futuro? Yo no tengo futuro.... Ya nada me importa.

—Pero ¿y el bebé? ¿No te importa lo que pueda sucederle?

—Él estará bien, El Señor Tenebroso murió así que ya nada lo amenaza.

—Sabes bien que no murió, solo perdió su cuerpo pero regresará cuando tenga la menor oportunidad y entonces te necesito conmigo para ayudarme a protegerlo. Sabes que vendrá por él.

Severus contempló el funeral y el sepelio desde las sombras mientras las lágrimas nublaban su vista. Esperó a que todos se marcharan, a que no quedara ningún testigo de su dolor y entonces se dejó caer sobre la tierra recién removida. Debajo de toda esa tierra yacía su amada muerta y también su propio corazón. ¡La había perdido para siempre! ¡La había matado!

Se maldijo una y otra vez mientras golpeaba su pecho en el paroxismo del dolor. Nunca quiso que muriera. No debió haber hablado pero lo hizo para ganarse un puesto importante ante el Señor Tenebroso, porque creía que esa información le serviría de mucho pero no lo hizo por venganza pues no tenía ni idea de que él escogería precisamente a los Potter como su diana para atacar. De cualquier forma estaba consciente de que había actuado como un cobarde, desde las sombras, sin tomar en cuenta de lo terrible que sería que cualquier niño, sin importar si era Potter, Longbottom o cualquier otro sufriría las consecuencias.

Pero eran hijos de aurores y suponía que ellos podrían hacerle frente......

¡Perdoname! —suplicó el exmortífago al cadáver que no podía ver y que yacía debajo de la tierra. Su voz estaba tomada por el llanto—. Lily... yo no quería... ¡Te lo juro!

Pero en ese momento las palabras de Dumbledore le llegaron a la mente. ¡El bebé! Es cierto, muy probablemente El Señor Tenebroso regresaría para terminar lo que comenzó. Esta vez no estaría de su lado, esta vez haría lo posible y lo imposible por estropear sus planes. Protegería al niño hasta con su vida como lo había hecho ella.

—¡Lo protegeré, te lo juro!



Severus se levantó del sillón, se sentó en la cama junto a Lindsey y secó sus lágrimas. Ella tenía razón en sentirse utilizada porque eso era lo que él había hecho, usar su imagen como un conducto para llegar a Lily, para mirarla a los ojos y declararle su amor, para sentirla suya como nunca antes pudo. Había actuado cobardemente de nuevo y sin pensar en las consecuencias, solo dejándose llevar por las emociones pero lo sentía tanto, por eso necesitaba, por más que doliera, deshacerse de todo lo que le causaba culpa. Debía ser sincero con ella si pretendía ganarse su perdón algún día.

Sabía que Lindsey era un ser humano diferente, con sus propias emociones, gustos y sentimientos. Cuando la contemplaba ciertamente encontraba el rostro de Lily pero al escucharla hablar se notaba que era un ser diferente. Era altruista y noble como su hermana pero poseía además el don de la paciencia que a Lily le faltaba, le abrió su corazón, confió en él y además se enamoró sin importarle que había sido un mortífago, creyó en su palabra cuando le dijo que había estado arrepentido de su pasado —pensó Severus mientras acariciaba el rostro de la mujer inconsciente— por eso en el fondo guardaba esperanzas de que lo perdonara pero entendía su reacción, era la misma que él había tenido consigo mismo cuando se dio cuenta de lo que había hecho.

Le tocaba ser valiente y enfrentar de nuevo sus actos así que afirmó la varita, apuntó con ella el rostro de la medimaga y susurró:

¡Enérvate!

Ella abrió los ojos con lentitud, tratando de orientarse pues estaba aturdida y algo confundida pero cuando vio a Severus junto a ella lo recordó todo.

—¡Aléjate de mí! —ordenó con ira, tratando de retroceder.

—Lindsey, déjame explicarte.

—¡No me toques! —espetó ella rechazando su contacto—. ¿Que estoy haciendo aquí?

—Te desmayaste así que decidí traerte a mi habitación...

—Necesito salir de aquí —espetó incorporándose por el otro lado de la cama para que Severus no le impidiera marcharse pero de todos modos él no la dejó llegar a la puerta.

—¡TE DIJE QUE NO QUIERO QUE ME TOQUES! —gritó con histeria.

—¡Cálmate! —pidió Severus soltándola, ocasión que ella aprovechó para salir de la habitación hacia el despacho—. ¡Lindsey! —Severus volvió a sujetarla junto al escritorio—. Necesito que me escuches, por favor. Sé que no debí hacerlo y no pretendo restarme culpa pero quiero que sepas que no lo hice por venganza.

—Si ella no era para ti entonces tampoco sería para Potter, ¿no? Por eso se los entregaste a tu amo. ¡Qué malvado eres, Severus! ¡No tenías ningún derecho de hacer eso! Ella era muy jóven y merecía vivir...

Severus aprovechó su momento de quiebre para contenerla en un abrazo.

—Además tenía un bebé... no pudo criarlo y yo no pude conocerla. No debiste hacerlo —continuó la mujer entre sollozos, sujetándose a la túnica de Snape.

—Lo sé —respondió Severus mientras la mantenía aferrada contra su pecho—, pero no lo hice por las razones que piensas.

—Ella le suplicó por la vida de su hijo —dijo Lindsey sin dejar de sollozar, ahogándose con su llanto (Severus sintió un nudo en la garganta al escucharla)—. Soñé con ella, le pedía a Voldemort que no le hiciera daño a su bebé pero él no le hizo caso. ¿Tú se la entregaste, malvado!

Severus cerró los ojos mientras un par de lágrimas bañaban sus mejillas.

—No quise entregársela. En ese entonces yo estaba lleno de rabia, desequilibrado (No quiero tratar de justificarme pero no sabes como me sentía en ese momento) Mi madre acababa de fallecer, Lily estaba embarazada de ese cretino que tantas veces disfrutó humillándome —dijo golpeando el aire con el puño en señal de impotencia—. Me sentía insignificante, vacío y tan pequeño que cuando escuché esa profecía no lo pensé dos veces, sabía que aquella información era importante y esperaba ganarme un puesto de poder junto al Señor Tenebroso para poder así ser respetado y valorado por los demás pero te juro que yo no sabía que él escogería a los Potter para atacarlos.

—¿Y qué más daba si eran los Potter o cualquier otra familia? —espetó Lindsey empujándolo para alejarlo de ella—, actuaste sin medir las consecuencias ¡Pensaste como ellos porque eso es lo que eras, uno de ellos! Moody tenía razón, quién es un mortífago no deja de serlo jamás —espetó mirándolo de arriba abajo con desprecio.

—¡MOODY NO ME CONOCE! —gritó desesperado Severus—. Él no tiene idea del infierno que he vivido desde esos días y tú tampoco. ¡Sí! La maté indirectamente pero no por gusto, ni por venganza ¡NO QUISE HACERLO, LINDSEY! ¡NO QUISE LASTIMARLA!

De pronto reinó el silencio mientras ella lo contemplaba. Se veía tan abatido, tan afectado...

—¿Ahora puedes entender por qué no he podido olvidarla? Por que no hay un solo día en que no piense en lo que hice, porque estoy en deuda con ella por esa razón. Cuando te vi por primera vez me quedé pasmado, confundido. Bastaba con mirarte todos los días para que pensara en ella, en los días en que éramos amigos y todo lo demás que no pudo vivir por mi culpa. Por eso huía de ti, por esa razón no soportaba tu cercanía pero ese día en que tomé tu mano herida cuando te lastimaste en el invernadero... por primera vez vi una mirada diferente a las que Lily me otorgaba... era como un llamado de auxilio.

—¡Basta!

—Yo sabía que habías sufrido, que todo lo que habías vivido mantenía una herida abierta en tu alma que de seguro era más dolorosa y tardaría más en sanar que la de tu mano. Ninguno de los dos lo planeó y lo sabes, nuestro acercamiento fue dándose de a poco, me dio la oportunidad de conocerte mejor y...

—La culpa es mía porque me enamoré de ti, ¿verdad? ¡Fuí tan imbécil! ¡Cielos! No puedo creer que un niño de catorce años haya podido percibir lo que yo no ¡Harry tenía toda la razón al advertirme sobre ti!

—¡Él tampoco me conoce! —espetó Snape, tomándola por los brazos a pesar de su resistencia.

—Yo tampoco, creí que eras diferente a...

—Cometí un error, lo sé pero no puedes compararme con nadie —la advirtió—. Se que debí haberte contado la verdad mucho antes y así evitar que tú... te enamoraras de un monstruo como yo, pero me faltó el valor, Lindsey, no quería que me odiaras como lo estás haciendo ahora. También sé que debí decirte lo que sentía cuando te miraba...

—No, si era tan obvio, solo que yo me negaba a aceptarlo —respondió Lindsey con voz quebrada, tratando de rehuir su mirada, pero él le sostuvo el rostro con ambas manos para obligarla a mirarlo.

—Me cuesta olvidarla porque me pesa lo que le hice y al tenerte tan cerca, siendo tan parecida a ella, cuidando de Potter...

—¡Déjame ir, por Merlín! —dijo Lindsey en tono suplicante mientras intentaba apartarlo.

Severus se detuvo porque sabía que sus palabras la estaban hiriendo como dagas.

—Nunca quise herirte pero si ahora te cuento esto es porque ya no deseo ocultarte nada, quiero ser completamente honesto contigo. ¡Me importas demasiado!

—Te importa que ya no esté a tu lado y que de esa forma la hayas perdido una vez más —respondió Lindsey con dolor.

—No, Lindsey, yo...

—Mira, Severus, será mejor que dejemos todo como está, ¿sí? Trataré de no pensar en lo que hiciste, agradeciendo tu sinceridad —dijo Lindsey después de suspirar hondamente mientras cerraba los ojos y enjugaba sus lágrimas—, pensaré en lo que dijiste: que solo eras un muchacho sediento de poder para tratar de escapar de su lamentable situación, que te duele lo que hiciste y que por esa razón no puedes olvidarla, porque nunca pudiste pedirle perdón mirándola a los ojos pero por favor... no intentes expiar tus culpas conmigo. Olvida que existo porque como una vez me dijiste tú mismo ¡YO NO SOY LILY!

—¡Espera Lindsey! ¡Ven aquí!

Él intentó agarrarla nuevamente para evitar que se marchara pero esta vez ella fue mucho más rápida que él así que se adelantó a la puerta y salió del despacho.

Ella trató de no llorar por el camino, no deseaba llamar la atención de nadie y mucho menos de Harry, solo quería llegar hasta su habitación y dejarse caer en la cama pero no quería llorar más, ya no, debía ser fuerte y olvidarse del asunto, concentrarse solamente en Harry para protegerlo como se lo había prometido a Lily en sueños.

Así que al llegar a la enfermería tomo un frasco de poción para dormir sin soñar y bebió su contenido sin pensar. Esa fue la única manera en que pudo descansar, sin embargo, varios pisos más abajo, en las mazmorras, Severus no hacía más que sollozar sobre las sábanas, sobre las mismas donde la había hecho suya, donde ella le había dicho que lo amaba. Lloró por él, por su imprudencia, por Lily y por Lindsey. Nunca quiso hacerla sufrir, ella era la única persona que lo había hecho sentir vivo otra vez.

Por la mañana Lindsey usó pociones cosméticas para eliminar el enrojecimiento de los ojos y las bolsas debajo de ellos producto del llanto excesivo de la noche anterior en el despacho de Severus. Necesitaba verse lo mejor posible para no preocupar a su sobrino. No obstante no pudo evitar que un par de lágrimas rebeldes salieran cuando le anunció a Harry lo de la carta del abogado Mahoney. Había hecho tantos planes para ese verano pero ahora ese retraso en la decisión significaba que el niño debía probablemente regresar a su habitual martirio.

—No puede ser, tía ¿es enserio?

—Sí, mi cielo —respondió Lindsey secando sus lágrimas.

—Pero no te aflijas, de seguro que se podrá hacer algo.

—Por ahora nada, solo esperar. Archivald dice que podría solicitar un permiso a Petunia para llevarte conmigo a casa este verano en caso de que la decisión todavía no esté dada pero...

—Ella no lo permitirá —espetó Harry con expresión ansiosa. Al igual que ella estaba consternado—. Tía, necesito hablar con el juez nuevamente y decirle que no quiero regresar ahí, que quiero ir contigo.

—No te recibirá, mi amor, él ahora está demasiado ocupado con ese asunto del director... Es un caso grave y... Yo voy a insistir, Harry ¡Te lo juro! Cuando todo eso pase sé que él me concederá tu custodia y podré llevarte conmigo.

—Tía —susurró Harry conmovido al ver que ella lloraba aferrándolo.

—Perdoname, cielo —dijo ella separándose de él mientras se enjugaba las lágrimas. No quería perder el control pero no pudo evitarlo—. Estoy bien. ¡Olvida esto! Todo va a estar bien —añadió mientras le acariciaba los cabellos, tratando de sonreír.

—Disculpen, Lindsey, acabo de enterarme del asunto de... la postergación de la decisión del juez muggle —intervino Snape, llegando en ese momento a la puerta de la enfermería donde estaban Harry y su tía—. Quiero que sepas que puedes contar con mi apoyo si en algún momento necesitas otro testimonio o...

—Todo estará bien, gracias —respondió ella de forma áspera, rodeando a Harry con un brazo para llevarlo al interior de la enfermería—. No hay nada más que hacer que esperar la decisión y ya.

—¿Sucede algo, tía? —preguntó Harry sin dejar de mirar a Snape. De alguna forma intuía que algo andaba mal entre ellos.

—Nada, cariño, solo estoy un poco nerviosa, eso es todo. Gracias por tu ofrecimiento, Severus —dijo la mujer en un tono más cordial para tranquilizar a Harry.

—¡Déjame acompañarte! —susurró Snape cuando ella se dirigió a la puerta para cerrarla (hablaba bajo para que Potter no lo escuchara)—. Permíteme estar a tu lado.

—El único lugar donde debo estar es al lado de mi sobrino. Necesito estar serena para él ¡Aléjate de mí! —dijo antes de cerrar la puerta en su nariz.

—Tía ¿acaso Snape te está molestando? Por que si es así yo te juro que...

—¡No! Claro que no, jovencito. Tú no harás nada. Solo estoy un poco nerviosa por todo este asunto ya que había hecho planes pero, de todos modos, como dice Archivald en su carta solo especulamos que tal vez no puedan resolver ese nuevo caso antes de julio pero quizá sí... no lo sé. También podemos intentar trasladar el caso con otro juez menos ocupado pero sería como empezar de nuevo.

Ella se pasó las manos por el rostro para intentar serenarse. Harry la notó tan cansada, agobiada e incluso decepcionada que se dejó llevar por un arrebato de afecto y terminó abrazándola.

—Te amo —le dijo.

Ella cerró los ojos para disfrutar de ese momento. Ese era el único «te amo» sincero que había recibido desde su llegada a Hogwarts.

—Yo también te amo, Harry y te juro que vamos a estar juntos —respondió ella mientras besaba su frente. 

En ese momento la señora Pomfrey entró en la enfermería llevando consigo un recado. Dumbledore deseaba ver a Lindsey en su despacho.

—Probablemente quiera discutir este asunto —comentó Lindsey sonriendo.

—Sí, él siempre sabe qué hacer —contestó Harry.

La mujer se dirigió entonces hacia la dirección. Todavía estaba ofuscada pero Harry tenía razón, al menos Dumbledore siempre sabía qué decir y qué hacer. Además, no solo deseaba hablarle de la carta de Mahoney sino de aquel extraño espejo que había encontrado en su camino mientras huía de Snape la otra noche.

—¡Buenos días, señor director! —saludó la muchacha—. ¿Quería verme?

—Sí, pasa adelante, Lindsey, quería hablarte de ciertos asuntos.

—Yo también —respondió ella—. ¿Usted sabe lo de la carta de Archivald Mahoney? —preguntó Lindsey ofreciéndole la esquela. 

—Aí es.

—¿Quién se lo dijo?

—Charithy Burbage, tu gran amiga. La encontré muy triste por ti y me lo dijo pero no te aflijas, Lindsey, tratándose de un juzgado muggle es común que haya retrasos en estos asuntos. Los jueces toman en cuenta como prioridad los casos de más renombre y por lo que puedo ver aquí el asunto es en verdad serio —analizó el director después de leer la carta que la muchacha le ofreció—. Pero no creo que vaya a paralizarse tanto tiempo, hija.

—¿Usted lo cree?

—Estoy seguro.

—¿No piensa que es mejor trasladar el caso con otro juez?

—Eso podría retrasar las cosas aún más.

—Me lo temía.

—De cualquier forma no debes preocuparte de ese asunto, Lindsey. Tarde o temprano podrás llevarte a Harry contigo.

—Espero que sea más temprano que tarde —respondió ella sin poder evitarlo, con aire lúgubre.

—Lindsey, sé que estás dolida —dijo Dumbledore mientras la tomaba por los hombros—. Quería hablarte de ese asunto... Sé que hablaste con Severus y sé lo que piensas de él.

—¿Se atrevió a contárselo?

—Yo ya lo sabía.

—¡Claro!... es cierto, fue usted quien lo defendió ante el wizengamot. ¡Había olvidado ese pequeño detalle! —comentó Lindsey riendo con ironía—. Profesor, no pretendo seguir discutiendo sobre ese asunto. Solo vine aquí para hablarle de la carta porque intuí que ya lo sabía... No me interesa saber de...

—No puedes ser tan cerrada, Lindsey. ¿Tanto te cuesta entender que alguien haya cambiado? ¿Que una persona que se equivocó puede enmendarse? Pensé que lo entendías porque de hecho sabías que Severus era un mortífago y no te importó.

—Pero no sabía que había entregado a mi hermana a ese tal Voldemort.

—Es decir que estuviste dispuesta a perdonar los agravios ajenos, todos aquellos que pudo cometer Severus como mortífago solo porque no te atañían directamente a tí o a tu familia, ¿no es así? Sin embargo cuando sabes que uno de esos actos trajo consecuencias tan graves que además se vinculan a tu familia la situación cambió —reflexionó el director.

Lindsey guardó silencio, meditando las palabras.

—Lo que sucedió con mi hermana fue muy grave en verdad —espetó con dolor, sin atreverse a mirarlo a los ojos.

—¿Y no crees que fue grave haber torturado personas, destruído propiedades o asustar muggles? Porque por si no lo sabías es a lo que se dedicaban los mortífagos y tú sabías que...

—Mi hermana murió y antes tenía entendido que él nunca había asesinado a nadie.

—Él jamás asesinó a nadie, Lindsey —reafirmó Dumbledore—. Lo que sucedió fue un infortunio, un capricho del destino. Al momento de escuchar la profecía Severus nunca imaginó que se tratara de Harry, el hijo de los Potter y de hecho no era así, fue el propio Voldemort quien lo escogió como su igual, se identificó con él porque era mestizo.

—De todos modos no le importó que cualquier familia sufriría las consecuencias de su imprudencia —dijo Lindsey con decepción.

—En eso estamos de acuerdo y en su momento se lo reproché pero me consta que él estaba arrepentido. Cuando vio la magnitud de lo que habían logrado sus palabras quiso intentar persuadir a Voldemort para que desistiera, quiso restarle importancia a la profecía, desviar la atención de los Potter y después advertirme para que resguardara a los Longbottoms que eran los padres del otro niño al que posiblemente podría referirse la profecía, pero Voldemort insistió en atacar a los Potter en lugar de a la otra familia, así que él corrió hacia mí para advertirme. A cambio le pedí su lealtad la cual estuvo dispuesto a entregarme sin miramientos, su única prioridad era salvar a Lily porque él estaba seguro de que ella daría la vida por su hijo, como toda madre.

Así lo hice, advertí a los Potter y les sugerí que protegieran su casa con un encantamiento fidelio y que usaran a uno de sus amigos como guardián del secreto, pero ellos confiaron en la persona errada ¡Ya lo sabes! Nunca creyeron que su amigo Peter los delataría. A pesar de su dolor, Severus vino de nuevo a mí y estuvo dispuesto a cuidar de Harry desde que el chico entró en el colegio porque ambos sabemos que en cualquier momento Voldemort va a regresar.

Lo ha protegido desde siempre, Lindsey. En el primer curso un mago llamado Quirrel lo atacó, intentó liquidarlo para quedarse con la piedra filosofal.

—Lo sé, Harry me lo contó —respondió ella secándose las lágrimas con un pañuelo, sin darse cuenta de que era el mismo que Severus le había regalado cuando se lastimó la mano con las tijeras en el invernadero.

—Pero supongo que no te contó que fue Severus quien lo protegió cuando Quirrel intentó tirarlo de la escoba durante un partido de quidditch. Él estaba detrás de Quirrel pronunciando el contrahechizo para que la escoba dejara de sacudirse, también cuidó de él cuando pensaba que Sirius Black había vuelto con intenciones de matarlo.

Lindsey continuó callada.

—No te pido que lo perdones pero al menos no dudes de sus buenas intenciones —concluyó el director.

—Yo quería hablarle de otra cosa —respondió Lindsey para desviar el tema. No deseaba seguir hablando de Snape, de todos modos todo ese discurso del director se había quedado anclado en su mente.

—Está bien, tú me dirás... —respondió él en tono resignado mientras destapaba una caja con galletas de limón que tenía sobre el escritorio, ofreciéndole el contenido a su invitada con un gesto de la mano.

—Gracias, se trata de un espejo... un espejo extraño que encontré el otro día mientras regresaba a mi habitación de noche.

La muchacha le narró su experiencia mientras él la contemplaba con una mirada analítica.

—Tenía una extraña inscripción, dices —comentó Dumbledore. 

—Así es, al principio creí que era latín pero luego me di cuenta de que estaba equivocada. Era un idioma extraño.

—¿Por casualidad no decía algo como: Oesed lenoz aro cut edon isara cut se onotse?

—Sí, creo que sí, intenté leerlo en voz alta y sonaba más o menos así.

—Es el espejo de Oesed. Lo descubriste de la misma forma que tu sobrino, por casualidad en mitad de la noche, solo espero que no te obsesiones con él como lo hizo Harry. Nunca creí que lo encontrarían en esa vieja aula vacía y abandonada del tercer piso donde lo puse mientras encontraba un mejor lugar que la sala de los menesteres. No me gustaría perderlo entre tantos trastes que hay ahí. 

—¿Espejo de oesed? —repitió Lindsey.

—Sí, lo que leíste sobre el marco no es latín ni cualquier otra idioma diferente al nuestro, solo que la frase está escrita al revés. Si lo lees de derecha a izquierda dice: Esta no es tu cara sino de tu corazón el deseo.

—¡Cielos! —exclamó Lindsey sorprendida.

—Él te muestra el deseo, o los deseos más grandes que hay en tu corazón.

Lindsey se quedó meditando acerca de las imágenes que había visto en el espejo. Haber conocido a sus padres biológicos, crecido junto a su hermana gemela, estar en sus peore y mejores momentos y desde luego que Severus la hubiese amado a ella en lugar de a Lily, esos sin dudas eran los deseos más grandes de su corazón.

—¿De qué sirven los deseos cuando no pueden ser cumplidos? —masculló más para sí misma con mucha decepción.

—¿Quién sabe? A veces se cumplen y uno ni cuenta se da —respondió el director mientras alimentaba a su ave Fénix con un trocito de galleta—. A veces somos ciegos.

—Muchas gracias por su invitación, Dumbledore, le haré caso y no me preocuparé demasiado por el asunto del juzgado —respondió Lindsey levantándose del asiento, tratando de ignorar las últimas palabras de su interlocutor—. Solo me concentraré en mi trabajo y en la próxima prueba del torneo que se acerca. Espero que Harry la supere sin contratiempos. 






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