Historia al azar: La bella y la bestia
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Lindsey Cooper, la hermana de Lily Evans » Revelación.
Lindsey Cooper, la hermana de Lily Evans (ATP)
Por Hermaire
Escrita el Sábado 11 de Enero de 2020, 20:34
Actualizada el Jueves 22 de Octubre de 2020, 20:36
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Revelación.

Capítulos
  1. El nacimiento
  2. Magia
  3. La verdad
  4. Lista para el viaje.
  5. Albus Dumbledore
  6. Hogwarts
  7. Conociendo a los Dursley
  8. Valle de Godric
  9. Severus Snape, ¿el amigo de Lily?
  10. ¡Hola, tía Lindsey!
  11. Conociendo un poco más
  12. Una visita nocturna
  13. La vista en el juzgado
  14. No eres ella
  15. Desahogo
  16. La llegada de Beauxbatons
  17. ¡No puede ser posible!
  18. Un pequeño enfrentamiento.
  19. La carta del abogado
  20. La primera prueba
  21. La vista en el juzgado
  22. Una contienda lejos del juzgado
  23. El anuncio de Dumbledore
  24. Una carta de tía Petunia
  25. ¿Irías conmigo al baile?
  26. El baile
  27. Un espía en el pasillo
  28. Incertidumbre
  29. Un nuevo artículo de Skeeter
  30. El paseo
  31. Amor
  32. Un intruso
  33. Gemelas.
  34. Revelación.
  35. Perdóname
  36. ¿Qué sucede con Lindsey?
  37. La segunda prueba del torneo
  38. ¿Ocurrió de nuevo?
  39. Antídoto
  40. Muerte en el castillo
  41. Cuidaré de ti
  42. La excursión a Hogsmeade.
  43. Una grata visita.
  44. El fantasma

Lindsey no podía creerlo, se encontraba frente a una imagen surrealista de dos niñas que tenían su rostro. Ambas se abrazaban y jugaban chocando las manos entre sí, se intercambiaban de lugar y la saludaban con la mano. Posteriormente un hombre y una mujer que jamás había visto en su vida pero que le generaban una poderosa empatía se acercaron a las niñas, llevando de la mano a otra niña que parecía más grande. El hombre era castaño y tenía unos bonachones ojos verdes, la mujer era rubia con ojos azules y la niña que los acompañaba era rubia también.

Por alguna razón Lindsey comprendió que aquella era su verdadera familia representando la vida que nunca tuvo pero que le correspondía por derecho. La pelirroja rozó los rostros de los personajes con la yema de los dedos mientras sus ojos seguían derramando lágrimas. Se concentró en la imagen de sus padres, en sus facciones, encontrándolas parecidas a las suyas. 

Tenía los mismos ojos de su padre y la forma del rostro de su madre. Ambos le sonreían con simpatía. 

—¡No! ¡Papá... Mamá! —exclamó Lindsey con la voz cortada por el llanto cuando la imagen se desvaneció para darle paso a una más...

Eran Lily y James. Ella estaba en avanzado estado de embarazo. Lindsey estaba junto a ellos y acariciaba el vientre de su hermana gemela mientras le hablaba al bebé. Posteriormente ambas se abrazaban con gran alegría. 


—¡Lily! —susurró Lindsey admirando la imagen pero ésta cambió una vez más.

 En esta ocasión la sorprendió pues Severus apareció en el espejo, tomando la mano de ella... ¿o era Lily? ¡No! Era su propia imagen, era Lindsey y de alguna forma ella tenía la certeza de que era así. 


Ella estaba desconcertada sin saber qué significaban esas imágenes, de lo único que estaba segura era de que no eran reales por más que le hubiese gustado que lo fueran. No podían ser reales por la sencilla razón de que sus padres, Lily y James estaban muertos y Severus... pues él ni siquiera la amaba. Siempre la había visto como un canal para perpetuar la imagen de Lily y el amor que sentía por ella.   

—¡MENTIROSO! —gritó al ver que el Severus de la imagen le besaba la mano.


La imagen no se desvaneció esta vez sino que siguió allí, intacta. Lindsey trató de buscarle una explicación al fenómeno del extraño espejo pero por más que buscaba en su mente no hallaba la respuesta. Entonces recorrió el marco con la mirada y allí, justo arriba encontró una inscripción.


Oesed lenoz aro cut edon isara cut se onotse.


Al principio creyó que era latín pero después de leerla varias veces se dio cuenta de que estaba equivocada, era un idioma extraño que no reconocía. 

No pudo soportarlo más así que, después de darle una última mirada tanto a la inscripción como a la imagen proyectada, Lindsey volvió a cubrir el enorme espejo con la manta blanca y salió de ese lugar apresurada y desconcertada. Necesitaba llegar a su habitación y reflexionar acerca de lo que había visto. 

No obstante cuando estaba a punto de llegar a la enfermería se dio cuenta de que él estaba ahí, frente a la puerta, hablando con Pomfrey así que no tuvo más remedio que esconderse hasta que él desistiera y se marchara, pero no parecía querer irse. Severus entonces tomó asiento en el mismo lugar donde había pasado la noche después del baile de navidad cuando ella fue atacada.  

No quería hablar con él, no quería escuchar sus absurdas excusas pues estaba muy claro que jamás la amó, que siempre amó el recuerdo de Lily. Era irremediable, él estaba absoluta y absurdamente obsesionado con su recuerdo, así que Lindsey trató de volver sobre sus pasos pero al girarse lo hizo tan rápido que golpeó una armadura, alertándolo.

Severus giró el rostro enseguida pero no vio nada. Tal vez era el imbécil de Peeves haciendo de las suyas, no obstante Lindsey ya había huído del alcance de su vista a través de un tapiz. 

 Él estaba desesperado, no había querido lastimarla, sabía que iba a hacerlo de todas formas cuando le revelara la profecía pero nunca había querido ofenderla haciéndola sentir relegada. Es cierto que no había podido olvidar a Lily, pero era la culpa la que no lo dejaba sacársela de la cabeza. Era un karma que lo perseguiría de por vida y por alguna extraña razón sentía que la única forma de desahogarse era contando la verdad a Lindsey. 

¿Por Merlín! Ella confiaba en él y él no había hecho otra cosa más que lastimarla. 

Desde luego que había aprendido a desligar a Lily de Lindsey, sus personalidades eran distintas. Lindsey era menos inflexible que Lily, más cariñosa e incluso mucho menos bélica. Mientras una había optado por combatir el mal convirtiéndose en auror, la otra había dedicado su existencia a sanar y salvar vidas. Pero verla a los ojos, sentirla cerca había sido demasiado para él... fue como alimentar la obsesión que sentía por el recuerdo de la mujer que amó la vida entera y a la cual jamás pudo pedirle perdón por lo que había hecho.   

Sin embargo Lindsey se merecía ser amada con la misma intensidad e incluso más porque ella le había dado nuevas razones para vivir, porque lo había tomado en cuenta y a diferencia de su hermana había visto en él a alguien más allá del mortífago. Nunca lo había visto como a un ser cruel, a pesar de haber recibido de él solo hostilidad al momento de su primer encuentro. 


—¡Maldición! —masculló pasándose las manos por el rostro. 


Lindsey logró llegar a su habitación a través de la chimenea de la sala de profesores para evitar cualquier otro encuentro desagradable. Quería estar sola de una vez por todas pues no dejaba de pensar en las imágenes que había visto en ese extraño espejo. Eran tan reales, tan vívidas y la habían hecho sentir extrañamente ansiosa y al mismo tiempo tan bien...

De verdad deseaba ver a su familia en pleno, haber crecido con su hermana gemela y estar en todos sus momentos apoyándola como de seguro Petunia jamás lo hizo, y por otra parte ansiaba tanto que Severus pudiera amarla con la misma intensidad en que había amado a Lily durante todos esos años... pero ¿qué más podía hacer? La culpa había sido suya por haber puesto su entera confianza en un hombre que desde el primer momento había demostrado estar terriblemente perturbado por el recuerdo de Lily, incluso su reacción fue desmayarse  ni bien la vio por primera vez y días después se metió en su habitación para besarla en mitad de la noche solo porque no pudo contenerse ante el inmenso parecido...

Si lo meditaba con más calma él no había tenido la culpa sino ella, por haber sido tan ingenua y tonta, por haber entregado su corazón una vez más sin medir las consecuencias, aún a sabiendas de que ella no había sido sino un recurso vano para intentar retener la imagen de Lily. ¡Sí! En las dos ocasiones se había sentido utilizada pero estaba consciente de que lo había permitido. En la primera había servido de refugio cuando Noah fue maltratado por Colette en los años de colegio y ahora... Severus...        


—Lo único que me tiene que importar es Harry —se dijo a sí misma mientras enjugaba sus lágrimas con rabia, reprochándose a sí misma—. Ya basta de niñerías. Mi sobrino es lo único que tiene que acaparar toda mi atención.


Pero esa noche las pesadillas no la dejarían en paz. Se vio obligada a presenciar en sueños como un ser cruel y horrible se plantaba frente a su hermana, amenazando con matar a su bebé mientras ella le suplicaba...


No Harry ¡Por favor, no! ¡No lo mates! ¡Tómame, mátame en su lugar!

¡Esta es mi última advertencia! —fue la respuesta del mago oscuro. 

¡No Harry! ¡Por favor! ... ¡Ten piedad !... ¡No Harry! ¡No Harry! ¡Por favor, haré lo que sea!... 


Al día siguiente Lindsey despertó inquieta, con una horrible sensación de impotencia en su pecho y los ojos bañados de lágrimas. 

Lily no tenía la culpa de nada... ni del odio de Voldemort ni de que Severus la amara con esa intensidad. Ella había sido una mujer maravillosa y una madre ejemplar que dedicó los últimos días de su vida a su familia. Lily amaba a su marido y a su hijo. Severus tampoco tenía la culpa de haberla amado pero sí de engañar a Lindsey, de no aclararle lo que sentía. 


—Tú deberías estar aquí, hermana. Tú y no yo —dijo entre sollozos—, deberías estar viva y feliz criando de tu Harry y yo debería estar muerta, después de todo así nací. 


Ella lloró su amargura hasta que logró serenarse y una vez que salió de su habitación trató de actuar como si nada para no preocupar a nadie, ni siquiera quiso contarle nada del extraño sueño ni lo sucedido con Severus a su amiga Charity la cual se dio cuenta de todos modos de que algo extraño pasaba al ver los intentos fallidos de Snape por abordarla. 

Él se sentía tan responsable de aquellos ojos tristes que él mismo había iluminado alguna vez. ¿Por qué lo había hecho? ¿Cómo pudo ser tan idiota como para herirla de esa manera tan imperdonable?    

—Lindsey yo...

—Tengo asuntos que atender en la enfermería, Severus —respondió ella cortante luego del desayuno—. Tengo un paciente.

Aquello no era verdad sino solamente una excusa para evadirlo y él lo intuyó.

—Por favor necesito que me escuches —dijo él tomándola de la mano pero ella se zafó de su agarre con un movimiento violento.

 —¡Déjame! No estoy para seguir perdiendo el tiempo. 


Lindsey se marchó y él lo permitió para no llamar la atención de los demás con una escena. 

De camino a la enfermería la medimaga fue abordada por una lechuza perdida y desorientada que le entregó una carta que la hizo olvidar momentáneamente su pena, era una de parte del abogado Mahoney, así que en cuanto llegó a su puesto de trabajo se dispuso a leerla.  



Mi estimada Lindsey 

Te escribo la presente para informarte una noticia importantísima. 

Fui citado al juzgado donde me informaron que el juez ya está casi listo para dictar una decisión respecto a nuestro caso pero lamentablemente se ha detenido por tiempo indefinido y la razón es que el juzgado está trabajando de lleno en un caso que involucra a un prestigioso y aristocrático colegio de Londres en el que estudian incluso algunos miembros de la realeza. Le adjudican al director el gravísimo cargo de pedofilia pero parece ser que el hombre es muy poderoso así que ha activado toda su artillería jurídica para contraatacar a lo que considera una injuria.

Como comprenderás el caso es grave y ha acaparado toda la atención de la prensa y del juzgado así que han paralizado todos los casos en los que se venía trabajado. 

Debo advertirte además que depende de cómo se lleve a cabo todo este asunto nuestro caso podría estar paralizado por semanas o incluso meses, así que no estoy seguro de si Harry pueda estar o no contigo este verano. Aunque en el caso de que para ese entonces el caso esté paralizado aún podríamos intentar solicitar un permiso a tu hermana para que lo tengas al menos por unos días en tu casa.    


Lindsey suspiró con pesadez, dejándose caer sobre un sillón en la enfermería mientras miraba a través de la ventana. Un par de lágrimas se escaparon de sus ojos y rodaron por sus mejillas. Se apresuró a secarlas rápidamente con el dorso de la mano y procedió a redactar la respuesta.


Gracias por la información, Archivald pero tú y yo sabemos que mi hermana jamás accedería a dejar que el muchacho se quede conmigo al menos por unos días. Muchas gracias por tu ayuda y la información. Si no hay más remedio pues seguiré esperando el tiempo que sea necesario.


La mujer plegó la carta con desgana y se dispuso a llevarla hasta la lechucería para enviarla. Por el camino, mientras se encontraba setas y hierbas útiles para la elaboración de Pociones no pudo evitar pensar en Severus con una punzada de dolor en el corazón.


Te amo tanto, Lily...


Esa frase difícilmente se borraría de su cabeza pero ¿como podía culparlo de amarla? No podía hacerlo en lo absoluto, no era eso lo que le molestaba sino el hecho de que no hubiese sido sincero desde el principio y que solo la hubiese usado como un recurso para revivir a su amor imposible.  


Al dejar la carta y volver sobre sus pasos observó que Charity se despedía de Gerald que se disponía a ir a Hogsmeade junto a Noah. Este último le lanzó a Lindsey una mirada de curiosidad aunque intentó ignorarla fallidamente. La conocía lo suficiente como para saber que algo andaba mal con ella.


—¿Estabas enviando una carta? —preguntó Charity, mirándola con atención.

—Así es, solo estaba contestando esta —respondió Lindsey con voz seca mientras le entregaba la carta de Mahoney a su amiga. 

Charity la leyó con detenimiento.  

—¡Qué fuerte, amiga! Me parece que ese director se metió en buen lío pero ¿no podían buscarse a otro juez para resolver el caso? Además él estaba resolviendo el tuyo primero. 

—Es un asunto delicado, Charity así que supongo que el juez le dedicará toda su atención —respondió Lindsey tratando de retener las lágrimas—. Ni modo, yo pensaba llevar este verano a Harry conmigo de vacaciones a España pero ya no podrá ser. Menos mal que no le comenté nada, así no se desilusionará.

—¿Pensabas llevar a Potter contigo? Supongo que Severus también iría pero no puedo imaginarlos juntos si nunca se han soportado —comentó la mujer riendo aunque su risa se fue apagando al ver la expresión sombría en el rostro de su amiga—. ¿Sucede algo, Lindsey? 

—No, no es nada, tranquila —mintió para no preocuparla.

—Claro que sí, Lindsey. ¿Sucede algo más con Potter o con Severus? 

Al escuchar este último nombre Lindsey esbozó una mueca de dolor que no pasó desapercibida en su amiga. 

—¡Vamos, Lindsey! ¿Qué sucede? 

—Hay algo mal conmigo definitivamente —susurró la pelirroja con voz triste. 


—¿Por qué dices eso?

—Estoy segura. 

—¿Severus te hizo algo? ¡No me digas que te puso los cuernos! —exclamó Charity, sorprendida mientras se llevaba las manos a la boca—. Pero ¿con quién? 

Lindsey negó con la cabeza. 

—Él no ha podido olvidar a mi hermana. 

—¿Por qué lo dices, Lindsey? Él te ama, lo sé. Sus ojos y su semblante cambian cuando te tiene cerca. 

—Por que piensa en ella —respondió Lindsey. 

—No, escúchame, conozco a Severus y jamás lo había visto así...

—Solo cuando ella vivía ¿no es así? ¡Me llamó «Lily»! —añadió Lindsey al ver que su amiga volvía a abrir la boca para refutarla. Charity quedó perpleja y sin palabras—. Lo dijo con todas sus letras después de besarme, dijo que la amaba y yo no puedo ni quiero hacer nada al respecto —respondió la medimaga volviendo a secar un par de lágrimas que se escaparon de sus ojos—. Para él solo soy el reflejo de mi hermana. Estoy cansada de esto, amiga. Por eso decidí enfocarme en el asunto de mi sobrino pero ya ves... Ni siquiera eso he podido lograr. 

—¡Cielos! —exclamó Charity, todavía sin saber qué decir. 

—En un principio creí que lo mejor sería salir de aquí y buscar trabajo en San Mungo pero no quiero apartarme de Harry, estar aquí es la única forma en que puedo tenerlo conmigo.

—No, Lindsey, ni siquiera lo pienses. Escucha, tal vez hubo un error, debes reconocer que tu nombre y el de Lily se parecen mucho. 

—Como nuestros rostros. No intentes subestimar mi inteligencia como lo hizo él, amiga —respondió Lindsey—. Siempre estuvo y estará loco por ella. Según todos me cuentan ella era adorable así que no lo culpo por eso, sino por dejar que me enamorara de él como lo hice. Fui tan estúpida, Charity... ¿en qué demonios estaba pensando? 

Su amiga la contuvo en un gran abrazo.   

—¿Qué te dijo él al respecto? ¿Han hablado sobre eso? Estoy segura de que no quería lastimarte.

¡Pobrecita! ¿Qué te sucedió, querida Lindsey? —preguntó Colette llegando por detrás de ellas—. ¿Son ideas mías o estás llorando? ¿Tiene algo que ver con esa carta? —dijo señalando la esquela que Lindsey llevaba en la mano.

¡Lárgate de aquí, Colette! —respondió la pelirroja con voz furiosa en el mismo idioma que su interlocutora—. Hoy no estoy para soportarte ¡Te juro que si me provocas un poco más haré todo lo contrario a lo que prometí cuando me recibí como medimaga en la academia! 

¡Cielos! ¡Cálmate! No es para tanto, yo solo quería ayudar —respondió la mujer antes de marcharse sorprendida por la actitud beligerante de la medimaga.

—¿Qué te dijo? —preguntó Charity atónita al ver a su amiga. Jamás la había visto reaccionar de esa forma tan agresiva. 

—Aparentemente estaba preocupada por mí y quiso saber por qué lloraba la muy... ¡La odio, Charity! Solo quiso burlarse de mí. ¡Estoy harta! Solo quiero que ella y Noah se larguen lejos de mí o largarme yo... No lo sé.

—Será mejor que vayamos adentro. 

—¡Espera! No quiero que nadie y sobre todo Harry me vea así —respondió Lindsey secándose las lágrimas que le quedaban—. Ya tendré que prepararme para cuando le de la noticia de que muy probablemente no pueda estar conmigo este verano. 

—¿Y piensas decirle que rompiste con Severus también? 

—No, por ahora no... no quiero darle más preocupaciones, no podría... 

—Creo que es mejor así, además necesitas tiempo porque no sabes lo que podría pasar más adelante. Tal vez si le das una oportunidad a Severus...

 —Eso no va a pasar, Chari —respondió Lindsey negando con la cabeza. Se veía muy decidida y decepcionada—. Yo ya no voy a perder mi tiempo escuchando tonterías. Las cosas tienen que quedarse tal como están. 



En el despacho de Dumbledore, Snape había ido en busca de refugio y alivio para su ansiedad. Él era la única persona en quién podía confiarle sus sentimientos porque los conocía perfectamente, era el único ser que sabía lo que él había sido en el pasado, lo que había hecho y cuánto se arrepentía por eso.

Normalmente el hermetismo del pocionista le impedía expresarse a plenitud pero en esta ocasión ya no podía soportar el cúmulo de emociones que sentía en su interior. 

—¿Estás seguro de querer hacer esto, Severus? —preguntó el director, mirándolo por encima de sus gafas de media luna. 


Severus asintió desde su asiento, no muy convencido. No dejaba de pensar en cual sería su reacción al enterarse de lo que que tenía que decirle. No obstante al mismo tiempo lo creía necesario porque aunque la lastimara todavía más con su revelación, ya no quería ser acusado de no ser sincero. Era ahora o nunca y además tenía la necesidad de desahogarse, hacer como una especie de Catarsis que lo liberaría, darse además a sí mismo la oportunidad de explicar sus razones, de justificarse, por más que supiera que sus actos no tenían justificación alguna.     

—Siento que debo hacerlo, Albus. No quiero que se entere más tarde por otros medios y entonces también tenga eso que reprocharme. 

—¿Pero precisamente ahora después de lo que sucedió? 

—Sí, ahora. Quiero terminar con esto de una vez. 

—Estás consciente de lo mucho que la lastimará tu revelación, ¿no? 

—Nunca he querido lastimarla, nunca quise... pero necesito que sepa cual es la razón por la cual... no he podido olvidar a Lily. Día y noche solo pienso en lo que hice pero sobre todo desde que ella llegó, Albus —respondió Snape con el rostro entre las manos. Estaba desesperado. 

—Pero... ¿no la amas a ella? 

Severus meditó la respuesta por unos segundos. 

—Estoy muy confundido. Su presencia me perturbó desde el primer instante en que la vi pero...

Dumbledore lo miró con contundencia, instándole a continuar sin emitir una sola palabra. 

—No quiero perderla —masculló casi para sí mismo pero sus palabras fueron advertidas por el director.

—¿Por qué? ¿Por qué sentirías que sería como perder a Lily nuevamente? 

—No —respondió Severus sin vacilar pensando en Lindsey—. No te puedo negar que físicamente me recuerda demasiado a Lily como a todos los demás pero... hay algo en ella... no lo sé, es diferente...

—Solo puedo decirte una cosa, hijo —Dumbledore miró con profundidad al profesor de Pociones antes de regalarle una de sus valiosas reflexiones—. Sé que pretendes sacar una espina que está clavada muy hondo en tu corazón desde hace mucho tiempo, sin embargo no es posible sacar una espina sin infringir todavía más dolor. Mientras la remueves puede incluso llegar a herirte más pero también es necesario tomar en cuenta que sin ese proceso, es decir, si nunca sacas la espina por miedo al dolor, la herida no sanará nunca.

Severus suspiró hondamente al escuchar la sabia reflexión del director, todavía no muy seguro de lo que estaba a punto de hacer, o mejor dicho, de decir, pero en su fuero interno sentía que era necesario, que Dumbledore tenía razón. La única forma de sanar definitivamente y quizá hasta olvidar a Lily era contándole a su hermana lo sucedido por mucho que doliera. Ser sincero lo liberaría definitivamente del Karma.  



Después de la cena, Severus esperó a Lindsey pacientemente fuera del gran comedor y en cuanto la vio salir la tomó del brazo con firmeza para que ella no pudiera rebatir su petición de conversar. 

  —¿Qué haces? —preguntó mirándolo con contundencia, intentando resistirse.  

—Necesito decirte algo importante, Lindsey.

Ella se tomó el entrecejo con los dedos en señal de impaciencia. 

—¡No quiero escuchar nada más que venga de tí, Severus!

—Será mejor que vengas conmigo sin oponerte para no llamar la atención —dijo el profesor con voz indulgente, acercándose a su oído.

Ella se dio cuenta de que no tenía otra opción. Era cierto, en ese momento todos los estudiantes salían del gran comedor rumbo a sus salas comunes, incluso Harry que la miró con interés, como siempre lo hacía cada vez que ella estaba junto a Severus. No quería que su sobrino pensara que algo andaba mal, no quería darle más motivos de preocupaciones porque el pobre ya tendría suficiente cuando le dijera que probablemente no podrían pasar el verano juntos como tanto habían querido. 

Noah también estaba ahí y le pasó por un lado a la pareja mientras se dirigía al exterior del castillo para ir al carruaje. Él también los miró con sumo interés aunque trató de disimular lo mejor posible. 

Lindsey no contestó a la petición de Severus pero comenzó a seguirlo mientras él se dirigía a las mazmorras. Solo pensaba esperar estar fuera del alcance de las miradas indiscretas y sobre todo de la atención de su sobrino y Noah para exigirle a Snape una vez más que se mantuviera lo más alejado posible de ella. Ya no quería escuchar sandeces.  


—Lindsey, una vez más te pido mil perdones porque estoy consciente de que...

—Ahórrate el discurso, por favor —espetó la mujer con voz inflexible—. Si te seguí hasta aquí fue precisamente porque no quería que Harry supiera lo que ocurre. No quiero causarle angustias pues lo necesito fresco y sereno para la segunda prueba del Torneo que se acerca. 

Severus la observó fijamente. 

—Nunca quise lastimarte ni tampoco deseo hacerlo ahora pero quiero que comprendas que existe una razón por la cual no he podido olvidarla por más que lo intento... 

Ella cerró los ojos intentando retener el par de lágrimas que de todos modos encontraron la manera de salir. 

 —Ya te dije que no quiero escuchar explicaciones. Ya sé que la amas y no te culpo por eso, mucho menos a ella que es mi hermana y sigo lamentando el no haberla conocido pero lo que me lastimó profundamente fue descubrir que me utilizaste.

—¡Eso no es cierto!

—Sabes que sí. Necesitabas tenerme en tus brazos, besarme y hacerme el amor para sentir que estabas con ella y así no extrañarla tanto. 

 —La extraño, sí y la amé como no te imaginas pero sobre todo no puedo sacarmela de la cabeza porque siento que estoy en deuda con ella —respondió el profesor tratando de controlar el temblor de sus manos. Era tan difícil todo aquello... 


Ella intentó marcharse pero Severus la tomó por los brazos para impedírselo. 

—¡Lindsey! Necesito que te sientes y me escuches, por favor. 

—¡No me toques! 

—Vas a escucharme, es absolutamente necesario. Debe ser ahora antes de que me arrepienta.

 —¿De qué estás hablando? 

—No quiero que en un futuro también reproches el haberme reservado la confesión que estoy a punto de darte. 

Él la obligó a sentarse sobre un sillón y ella se quedó allí, desistiendo de hacer un nuevo intento por salir de ese lugar, no obstante evadió su intensa mirada, aunque Severus tampoco hubiese soportado encontrarse con sus ojos. 

—Como ya sabes fuí mortífago hace algunos años... —comenzó él. 

—Sí, lo sé, eso no es nada nuevo para mí. ¿Qué tiene que ver eso conmigo? Recuerdo haberte dicho que no te juzgaba por eso. 

—Hice algo terrible...  algo que involucró a Lily. 


Lindsey lo miró sorprendida mientras se levantaba del asiento y esta vez fue Severus quien rehuyó su mirada. 


—¿Qué le hiciste? —inquirió ella comenzando a impacientarse. Su corazón latía a mil por hora y un frío desagradable recorrió su espina dorsal conjuntamente con una sensación de vértigo. 

Severus guardó silencio por unos segundos, sintiéndose incapaz de continuar. Definitivamente era todavía más difícil tratar de controlar el temblor de sus manos y Lindsey lo notó, poniéndose todavía más nerviosa. 

Su imaginación se disparó inevitablemente.  

—¿Le hiciste daño? —preguntó, tomándolo con firmeza por las solapas de la túnica—. ¿Estabas junto a ese mago oscuro cuando la atacó? ¿Lo ayudaste? 

Severus permaneció callado, inmerso en un desagradable recuerdo...


Era la noche del treinta y uno de octubre de 1981 y él estaba impaciente en su casa de la Hilandera, esperando el momento en que Voldemort lo convocara a él y los demás mortífagos para recibir instrucciones después de ir a casa de los Potter.

Se moría de los nervios pero confiaba en que Dumbledore hubiera hecho algo por ellos después de que él se hubiese arriesgado para advertirle del peligro que los acechaba... por su culpa. La casa estaría protegida por un encantamiento fidelio, aunque él hubiese preferido que salieran de allí. 

Las horas pasaban y no habían noticias... caminaba de un lado al otro con impaciencia mientras escuchaba el monótono martilleo de las agujas de un reloj de pared. De pronto, un estallido rompió el silencio y la quietud de la noche, eran fuegos artificiales...

—Deben ser los estúpidos muggles celebrando el Halloween —pensó. 

Sin embargo, al poco rato recibió un llamado pero no era el que esperaba sino la cabeza de Lucius Malfoy asomada por la chimenea. 

—¡Severus! —lo llamó—. Es necesario que te escondas. 

—¿Por qué? ¿Qué sucedió? —preguntó revisando la marca de su antebrazo en busca de señales pero ésta estaba extrañamente pálida, ya no se percibía con la nitidez de antes.

—El Señor Tenebroso murió. 

—¿Qué? —preguntó sin poder contener su asombro, sintiendo a la vez una alegría en su interior que no podía describir pero que lamentablemente, segundos más tarde sería remplazada por un dolor insoportable. 

—Sí, murió. Es algo insólito...  todavía no puedo creerlo. Esos malditos lo están celebrando sin ningún pudor. 

—Pero ¿cómo murió? ¿Quién lo eliminó? 

—Dicen que fue el bebé de los Potter... No sé como pudo hacerlo... no me lo explico. 

Severus estaba igualmente confundido con esa extraña historia pero lo único que le importaba en ese momento era saber donde estaba ella. 

—Pero ¿y... los Potter? ¿Dónde están? 

—Muertos, el Señor Tenebroso no se iría sin luchar así que se los llevó por delante para llegar al mocoso. Al menos es lo que dicen. Escúchame, tienes que huír o al menos aducir que estabas hechizado... alega la maldición imperius, puede que te crean.... ¡Severus! ¿Me escuchaste? 

—¿Estás seguro de que ella...? ¿Quien te dijo que murieron? —preguntó temblando entero. 

—Lo dijeron en la radio mágica, Narcisa acaba de notificarme. Solo quedó el pequeño de los Potter y dicen que de alguna manera acabó con El Señor Tenebroso. Bueno, debo irme.

Lo que acababa de oír le sonaba tan surrealista.... no podía ser posible. ¡No! ¡No lo creería! ¡No era verdad! 


—¡Díme! —exigió Lindsey con voz enérgica mientras lo sacudía, sacándolo de sus reminiscencias. 

—Por aquellos días se hablaba de una profecía  —comenzó Severus, dándose la vuelta para evadir su rostro. Lindsey lo liberó para poder escucharlo con detenimiento—, esa profecía fue hecha por Sybill Trelawney durante una entrevista que tenía con Albus en Cabeza de Puerco. En ella la vidente reveló que el único con el poder para acabar con el Señor Tenebroso nacería al concluir el séptimo mes, nacido de los que lo habían desafiado tres veces. 

—Lo sé, de alguna manera ese... Señor Tenebroso se enteró de lo que decía esa condenada profecía y atacó a mi hermana y su familia por su causa, aunque no se refería directamente a Harry sino a dos niños que nacerían en julio. Lo que no entiendo es como lo supo él, alguien tuvo que haberle contado lo que decía esa epifanía para alertarlo y no creo que ni Dumbledore ni Trelawney se lo hayan dicho —reflexionó Lindsey con la mano en la barbilla ———

—Fuí yo —confesó al fin Snape, girándose para darle el frente y por primera vez en la vida Lindsey vio sus ojos húmedos y sus mejillas bañadas en lágrimas—. Yo escuché la profecía y... se lo conté al Señor Tenebroso pero yo no tenía ni idea de... 

Lindsey comenzó a temblar.

—¿Qué?... ¿Qué dijiste? —preguntó con voz trémula.

—Yo memoricé y recité para el Señor Tenebroso la profecía que escuché a escondidas en Cabeza de Puerco ese día. Se lo conté pero... 

—¡MALDITO! —espetó Lindsey abofeteando—. ¡LA MATASTE! 

—Pero yo no sabía que la profecía se refería a ella... No lo hice con la intención de hacerle daño —argumentó Snape sujetándole las muñecas para que no volviera a lastimarlo pero ella estaba fuera de sí, parecía una fiera herida. 

—¡NO PUEDE SER POSIBLE! ¡NOOO! ¿POR QUÉ LO HICISTE?... Se la entregaste para que la asesinara  —gritó la mujer tratando de liberarse pero Severus soltó sus muñecas solo para tratar de contenerla en un abrazo.  


Lindsey no podía borrar de su memoria el extraño sueño que había tenido con su hermana. Ella le había suplicado al mago oscuro por la vida de su hijo y este había desoído sus ruegos. No podía creer que Severus se la hubiese entregado en venganza por haberse casado con Potter... No podía ser que ella, Lindsey, se hubiese enamorado de alguien tan vil y cruel. 

—Por favor cálmate , Lindsey —suplicó Severus entre lágrimas, tratando de contenerla.

 —¡SUÉLTAME! ¡ASESINO! ¡LE ENTREGASTE A MI HERMANA POR VENGANZA! 

—¡NO, FUE POR ESO! ¡ESCÚCHAME!

La pobre mujer sintió que había rozado el ocaso de sus fuerzas, no pudo con tanto así que colapsó y terminó desvaneciéndose entre los brazos del profesor de Pociones que la sujetó con fuerza para evitarle la caída al suelo. Posteriormente la cargó. 

—Fue demasiado para ti —susurró con tono de culpa mientras le contemplaba el rostro pálido con indulgencia—. Por favor perdóname.  




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