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Lindsey Cooper, la hermana de Lily Evans » Gemelas.
Lindsey Cooper, la hermana de Lily Evans (ATP)
Por Hermaire
Escrita el Sábado 11 de Enero de 2020, 20:34
Actualizada el Jueves 22 de Octubre de 2020, 20:36
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Gemelas.

Capítulos
  1. El nacimiento
  2. Magia
  3. La verdad
  4. Lista para el viaje.
  5. Albus Dumbledore
  6. Hogwarts
  7. Conociendo a los Dursley
  8. Valle de Godric
  9. Severus Snape, ¿el amigo de Lily?
  10. ¡Hola, tía Lindsey!
  11. Conociendo un poco más
  12. Una visita nocturna
  13. La vista en el juzgado
  14. No eres ella
  15. Desahogo
  16. La llegada de Beauxbatons
  17. ¡No puede ser posible!
  18. Un pequeño enfrentamiento.
  19. La carta del abogado
  20. La primera prueba
  21. La vista en el juzgado
  22. Una contienda lejos del juzgado
  23. El anuncio de Dumbledore
  24. Una carta de tía Petunia
  25. ¿Irías conmigo al baile?
  26. El baile
  27. Un espía en el pasillo
  28. Incertidumbre
  29. Un nuevo artículo de Skeeter
  30. El paseo
  31. Amor
  32. Un intruso
  33. Gemelas.
  34. Revelación.
  35. Perdóname
  36. ¿Qué sucede con Lindsey?
  37. La segunda prueba del torneo
  38. ¿Ocurrió de nuevo?
  39. Antídoto
  40. Muerte en el castillo
  41. Cuidaré de ti
  42. La excursión a Hogsmeade.
  43. Una grata visita.
  44. El fantasma

—No debiste quedarte sola con él ahí —le reprochó Snape en susurros al día siguiente durante el desayuno. 

—Yo no estaba sola, También estaba el señor Filch y... 

—¿Y quién más? —preguntó Snape con una ceja alzada, bastante interesado por su respuesta. 

Lindsey cayó en la cuenta de que estuvo a punto de meter la pata así que se dispuso a enmendar el error.

—La señora Norris desde luego —respondió con una sonrisa mientras le tomaba la mano para distraerlo y sí que lo logró porque pudo notar que él aferró la suya y que incluso en sus labios hubo un atisbo de sonrisa. 

Charity observó la escena de soslayo y sonrió complacida, lo mismo que Dumbledore. 


En la mesa de Gryffindor Harry estaba tan enfrascado mientras conversaba con sus amigos que ni siquiera lo notó.

—Me alegra que ahora se lleven tan bien —comentó el director mientras miraba las manos entrelazadas sobre la mesa.

El comentario atrajo la atención de McGonagall, Madame Maxime, la señora Pomfrey y Flitwick que eran los que estaban más cerca.  Lindsey se sintió expuesta y un poco nerviosa así que retiró la mano enseguida. 

—Sí, nos llevamos bien —masculló sin decir nada más pero su rubor ya la había delatado. 

—¿Son novios? —preguntó de forma indiscreta Madame Maxime y posteriormente añadió en un tono de voz más discreto (a pesar de la imprudencia)—. Si es así me alegra mucho que al fin hayas podido olvidag al patán.

La pregunta y comentarios de la directora tomaron a Lindsey por sorpresa y no supo como reaccionar ni tampoco qué responder pues no quería perjudicar a Severus. No sabía si él estaba realmente preparado para asumir una relación y admitirla frente a los demás por los momentos, de igual forma sucedía con ella que venía de una relación que la había terminado lastimando mucho. Y por otra parte estaba el hecho de que no sabía si eso pudiera acarrearle algún tipo de problemas a cualquiera de los dos.     

—Con todo respeto, Madame, me parece que esa es una pregunta bastante personal, demasiado como para hacerla en público —respondió Severus.

La mujer se encogió de hombros por toda respuesta. 

—De cualquier modo ambos son jóvenes, solteros y libres de hacer lo que mejor les parezca —añadió Dumbledore guiñandole un ojo a Lindsey que seguía totalmente ruborizada por la indiscreción de su ex maestra. 

Unos puestos más allá, Noah los observaba con curiosidad sin saber de lo que hablaban porque desde ahí no podía oírlos. 

—Si me disculpan yo me retiro, ya terminé así que debo acercarme a mi salón de clases —se excusó Snape, levantándose de su asiento. 

Lindsey también se levantó del suyo para seguirlo. 


—Severus, creo que fue mi culpa, no debí tomarte la mano —dijo Lindsey cuando ambos estuvieron fuera del gran comedor—. Comprendo que no quieras que los demás... 

Él acarició su mejilla con delicadeza. 

—No pretendo esconder nada —aclaró—. No me arrepiento de lo que sucedió entre ambos... es solo que no me gusta que la gente se meta en mis asuntos con la clara intención de chismorrear a mis costillas.  

—Así que me consideras asunto tuyo —dedujo Lindsey con una sonrisa y la mirada iluminada. 

—Si estás de acuerdo... —respondió él con una sonrisa más amplia que no obstante se desvaneció a los pocos instantes. 

—Desde luego que sí —respondió la medimaga, también acariciando su mejilla.

Lindsey no podía creer que se hubiese embarcado en una nueva relación después de haber sufrido la traición de Noah, alguien en quien había confiado por tantos años. ¿Hacía mal en confiar en Severus a quien solo conocía desde hacía unos meses? Su corazón le gritaba que cerrara los ojos y se dejara llevar por sus sentimientos porque Severus jamás la lastimaría.


—¡Que escena tan pgeciosa! —exclamó Noah saliendo del gran comedor en ese momento, mirándolos a ambos con odio. 

—¡No empieces! —advirtió Lindsey en tono admonitorio.

—Te cansaste de negag que tenían algo y sin embargo los encuentgo aquí, acariciándose el gostro como un pag de adolescentes.

—Ninguno de los dos te debe explicaciones. No es tu asunto lo que hagamos con nuestras vidas así que agradezco que te abstengas de comentar.

—Fuiste mi esposa, Lindsey, pog dieciséis años. Todo esto paguece una pesadilla. No puedo creeg que lo hayas tigado todo pog la bogda pog una maldita aventuga

—¿Yo? —respondió ella mirándolo con incredulidad—. Fuiste tú quien decidió echarlo todo a perder cuando me traicionaste. 

—Y me olvidaste así de gápido, así de fácil. 

—¿Crees realmente que fue fácil? 

Noah miró a Snape con desprecio de hito en hito. Éste le sostuvo la mirada con orgullo porque de cierta forma sentía como si le hubiese ganado una batalla a James Potter. Noah era como su homónimo: arrogante y muy mal perdedor. Lo que Severus sentía por Lindsey era auténtico pero era también indescriptible la sensación que le prodigaba ver a Noah derrotado después de que lo soslayara ni bien llegó al castillo.  

—Ya te dije en reiteradas oportunidades que me cansé de tus reproches —dijo Lindsey con tedio. 

A Noah le hubiese gustado responderle pero en ese momento los estudiantes comenzaron a salir del gran comedor y no les fue posible seguir con la discusión, además ni a Severus ni a Lindsey les interesaba perder el tiempo con él. 


Por la tarde, después de las clases, Lindsey tuvo tiempo para conversar con Harry, quería sincerarse con él así que le envió un recado con su amigo Dobby para que se encontraran en su habitación de la enfermería. Quería hacer las cosas bien y no ocultarle nada, también estaba consciente de que la noticia que tenía que darle tal vez no le agradaría del todo debido a que él y el profesor de Pociones no se llevaban precisamente bien pero estaba segura de que esas relaciones hostiles con el tiempo y su ayuda podrían relajarse. 


—¿Qué? ¿Quieres decir que estás saliendo con Snape? —exclamó el muchacho bastante sorprendido después de escucharla. 

—Bueno... sí.

—¡No puedo creerlo! —dijo Harry levantándose de la cama. Estaba desconcertado, sorprendido. 

—¿Por qué no? 

—Tía, estamos hablando del murciélago de las mazmorras —respondió el muchacho riendo con ironía—. Él no quiere a nadie, es obvio que algo está tramando.

—¿De qué estás hablando? —preguntó Lindsey comenzando a enfadarse—. Qué manía tienen los dos de acusarse el uno al otro. 

—¿De qué estoy hablando? —repitió Harry—. Hablo de que todavía no sé si fue él quien puso mi nombre en el cáliz de fuego.

—Por supuesto que no fue él, Harry ¿por qué lo haría? 

—¡No lo conoces, tía!... no sabes quién es, ni lo que pretende. 

—Tú tampoco sabes quién es porque no te has dado la oportunidad de conocerlo a fondo durante todos estos años en que han convivido en este castillo. 

—Porque no me interesa. Tía ¿no te das cuenta de Snape tal vez se haya acercado a ti con algún interés? 

—¿Piensas que nadie podría interesarse por mí entonces? —dedujo Lindsey dolida—. Después de todo soy una mujer separada y simplona que nunca antes se dedicó a otra cosa más que a su carrera. 

—¡No! Yo nunca dije eso, tía. No es lo que pienso de ti —se apresuró a aclarar el muchacho, arrepentido de haber herido los sentimientos de la mujer. 

—Tía, eres joven, muy bella, tienes una carrera exitosa, grandes conocimientos y una personalidad maravillosa. Es decir, lo tienes todo para rendir a tus pies a cualquier mago digno de ti —respondió Harry tomándole las manos—, alguien mejor que él. Esque no sé como fuiste a fijarte en...

—¿Alguien como quien, Harry? ¿Cómo Noah? ¿Preferirías verme junto a Noah con tal de no verme con tu odiado profesor de Pociones? 

—No, tampoco he dicho eso. Ese hombre te lastimó así que tampoco me gustaría verte con él. 

—Harry, Severus ha sido un gran apoyo para mí en todos estos meses, me ha ayudado mucho. 

—Quizá solo estás confundiendo las cosas. Estás agradecida con él y... 

—No tengo tu edad para andar confundiendo las cosas —respondió Lindsey tajante—. Estoy algo mayor ¿no?

Harry se quedó mirándola tras la respuesta. 

—¿Por qué le tienes tantas inquina, cariño? —preguntó Lindsey bajando la guardia mientras le tomaba el mentón a su sobrino con delicadeza.

—Él me tiene inquina a mí, desde que llegué a Hogwarts. Sueña con verme expulsado, disfruta cuando me quita puntos o me deja castigado. Siempre está burlándose de mí. Está convencido de que yo mismo puse mi nombre en el cáliz y que lo hice por vanidad. Era enemigo de mi padre ¿quieres más razones para detestarlo, tía? 

Lindsey suspiró hondamente y le tomó el rostro entre las manos para mirarlo directamente a los ojos. 

—Cielo, no voy a negar en ningún momento que tampoco le agradas y por esa razón hemos discutido no una sino muchas veces, pero él al igual que tú está confundido porque ninguno de los dos se ha puesto en el lugar del otro, solo se dedican a acusarse. Cielo, Severus Snape no es el monstruo que crees, bajo toda esa investidura solemne y pétrea se esconde un ser humano maravilloso que no ha hecho otra cosa más que cuidar de mí. Me salvó cuando fui atacada, se ha enfrentado a Noah por mi causa, incluso me ha ofrecido su ayuda en caso de que necesite alguna declaración ante el juez para obtener tu custodia. 

Harry negó repetidamente con la cabeza al escuchar eso último. 

—Él era un gran amigo de tu madre, cielo... y a través de él pude conocerla más a fondo. Fue más cercano a Lily que la misma Petunia —sus comenzaron a humedecerse. Después tomó de nuevo las manos de su sobrino y lo invitó a sentarse otra vez sobre la cama—. Poco a poco nos fuimos acercando y no pude evitar empezar a sentir cosas por él.

—¿Lo amas? —aventuró Harry con nerviosismo. 

—Sí —respondió Lindsey sin vacilaciones.

—¿Cómo puedes estar tan segura de que no terminará lastimandote también? 

—Por que él también me ama. 

—¿Cómo te amaba Vertonghen? 

Lindsey se quedó mirándolo sin decir una sola palabra, solo analizando las que acababa de decir... ¿Y si tenía razón?...  

—Disculpame, tía, lo que quiero decir es que no creo que alguien como Severus Snape pueda ser bueno para ti. Creo que algo está buscando con todo esto... No me lo imagino en una relación con alguien y mucho menos con alguien como tú.

 —¿Hija de muggles? —tanteó Lindsey con una expresión de incredulidad. 

—No, me refiero a hermosa y noble,... eres un ángel tía, demasiado para él. 

—Creo que tengo la edad suficiente como para saber lo que me conviene y lo que no, jovencito —respondió su tía con sutileza pero al mismo tiempo en un tono que no admitía refutaciones—. Quiero aclararte algo, mi cielo. Yo solo quería compartir contigo mis sentimientos con esta conversación pero no esperaba, ni espero tu aprobación, ¿de acuerdo? Solo quería que supieras lo que acontece conmigo. 

Harry suspiró hondamente, todavía no podía creer que Lindsey estuviese saliendo con Snape, con el murciélago de las mazmorras.... Era algo tan surrealista que pensaba que en cualquier momento despertaría muerto de risa por tan extraña pesadilla.  

—Si estás decidida no puedo hacer nada. Solo no esperes que lo llame «tío» —respondió el muchacho y su comentario provocó la risa de Lindsey e incluso de él mismo.

—Gracias por entenderlo, Harry. Eres muy importante para mí, cariño. 

—Y tú para mí, tí ¡Pero oye! Tampoco lo beses si estoy presente...

—¿Cómo se te ocurre, Harry? —respondió Lindsey riendo—. Él es un profesor y yo una medimaga, no vamos a andar por ahí como dos estudiantes más del colegio. 


Ron y Hermione tampoco podían creer la noticia que Harry les contó. Ron estaba muerto de risa y Hermione tuvo que reñirlo varias veces para que se controlara.

Asimismo, de alguna forma la noticia se había distribuído por todo el colegio y había llegado a oídos de todo el mundo. Hubo algunos a los que la noticia les resultó completamente indiferente, a una minoría les alegró pero casi todos se mostraban incrédulos porque no imaginaban a Snape en una relación con alguien.   

—¿Qué? ¿Con esa sangre sucia, tía de Potter? —preguntó Draco con incredulidad cuando Pansy le contó—. Debes estar confundida.


Charity lo supo directamente por su mejor amiga y tal como Lindsey se esperaba estaba muy feliz por los dos.

Cuando Noah escuchó la noticia por parte de Colette confirmó lo que ya sabía pero eso no pudo evitar que se pusiera furioso e intentara en numerosas ocasiones encarar a Lindsey, no obstante una vez que lo logró ella le dejó muy en claro, una vez más, que podía hacer con su vida lo que se le viniera en gana porque era una mujer soltera.  


No puedo creer que hayas caído tan bajo —espetó el medimago dolido—. Una mujer como tú desperdiciando su vida al lado de un profesorcillo de escuela.

Lindsey sonrió con malicia.

Quizá es una costumbre mía porque ya desperdicié dieciséis años contigo y me resultaste ser un traidor de la peor calaña.

¡Maldición! Ya no sé como decirte que ella no significa nada en mi vida —espetó tomándola por los hombros—. Me dejé llevar por ella.

En muchas ocasiones, lo sé, pero eso ya no me interesa en lo más mínimo, Noah. ¿Cuando vas a aceptarlo? 

¿Sabías que él es un mortífago? —espetó el medimago de repente con maldad—. Sirvió a ese señor oscuro, se lo escuché decir al director de Durmstrang por si te lo preguntas.

Sí, lo sabía ¿y qué con eso? Sucedió hace mucho tiempo y ahora ese mago tenebroso no existe más. 

¡SIRVIÓ AL ASESINO DE TU HERMANA! ¿NO PUEDES ENTENDER ESO? —gritó el hombre sacudiéndola con desesperación. 

¡Suéltame! —gritó Lindsey de vuelta. 

¡REACCIONA, LINDSEY! 

La respuesta de la mujer fue un encantamiento repulsor que lo envió metros lejos de ella.

¡Maldición! Ni siquiera sabes si fue él quien te atacó esa noche  —espetó Noah dolido y furioso mientras se levantaba del suelo—. Tal vez solo quiere completar lo que su amo comenzó hace años y por eso te está utilizando. ¡Eres una estúpida!

El tipo se alejó hecho una furia. Sentía a Snape inferior a él en todos los sentidos y no comprendía que alguien como él le hubiese robado la oportunidad de volver con Lindsey. No obstante el tipo era muy hábil con los encantamientos y por lo tanto tal vez la habría hechizado de algún modo (aunque la dilatación de sus pupilas estuviese dentro del rango normal) Por más que la razón le gritara lo contrario él no se cansaba de buscar una excusa que justificara la actitud de su ex esposa. 


—¿Cómo lo supo? —le preguntó Snape a Lindsey en su despacho, subido a la escalera de mano, deteniendo la acción de organizar las especias en el armario.

—Lo escuchó de tu amigo, supongo que estaba hablando contigo y pues Noah oyó la conversación.

—¿Qué más escuchó? ¿Qué te dijo? —preguntó Snape volviendo a la labor, tratando lo más posible de disimular su nerviosismo. 

—Nada, no me dijo nada ¿Qué más podría haberme dicho? 

Severus bajó de la escalera de mano y en un impulso abrazó a Lindsey muy fuerte contra su pecho. 

—¿Qué sucede? —preguntó ella sonriendo con desconcierto, un tanto sorprendida de su reacción.

—Te amo —susurró el profesor.

—Y yo a ti —respondió ella con sinceridad—. Contigo me siento segura, tranquila y feliz. Noah solo quiso destruir tu imagen ante mí pero sabes que no lo logrará. 


Severus constantemente se preguntaba si debía o no decirle la verdad a Lindsey acerca de la profecía. En el fondo sabía que era lo más sensato que debía hacer pero cada vez que se decidía a hacerlo le faltaba valor porque temía su reacción y no quería perderla. Incluso hizo acopio de sus fuerzas para buscar un consejo en la única persona a quien podía confiar sus sentimientos, pero Dumbledore no sirvió de gran ayuda.  


La respuesta la tienes tú mismo, Severus. Tú y nadie más que tú sabe si debes hacerlo o no. Solo te diré que no existe un ser humano sobre la tierra que no aprecie la sinceridad —le dijo en esa ocasión.


Pero era una decisión tan difícil de tomar porque Severus sentía que ahora que Lindsey era suya no podía permitir que se le escurriera entre los dedos como el agua ¡No lo permitiría! Y mucho menos a causa de un pasado que detestaba. Él ya no era el mismo chico influenciable en busca de poder.   


Los días pasaron hasta que llegó el cumpleaños de Lindsey, el día treinta de enero. Al principio ella se mostró un tanto melancólica por ser la primera vez que pasaba un cumpleaños sin su madre pero la presencia de los nuevos amigos le levantó notablemente los ánimos.  

Recibió muchos regalos: La señora Weasley le envió una carta con sus felicitaciones y buenos deseos, además de un rico pastel de crema. Hagrid le obsequió su versión de pastel de plátano. La profesora McGonagall le hizo llegar un chivatoscopio de última generación para que se mantuviera alerta luego del atentado sufrido. Dumbledore le regaló una cadenita con un dije con un precioso grabado que mostraba un par de rostros femeninos que miraban hacia lados opuestos, haciendo alusión a unas hermanas gemelas. 

        

Al verlo Lindsey se conmovió hasta las lágrimas, era un regalo hermoso. 

De Charity recibió un monedero de piel de moke con sensor antirobo, su sobrino Harry le regaló un bonito bolso de piel de dragón que vio en un catálogo de Madame Malking y que Hermione le ayudó a escoger. Hermione a su vez le obsequió una elegante pluma de faisán y Ron una bolsa con dulces de zonco. Sirius le envió una carta con buenos deseos, excusándose una vez más por no haber podido enviarle un obsequio (algo que Lindsey no creía necesario en lo absoluto)  además, el ex merodeador le agradecía en su carta por la caja con alimentos que ella enviaba semanalmente a sabiendas de que en su calidad de fugitivo no podría comprar nada, ni aún contando con dinero. 

 Severus le regaló unos pendientes preciosos además de una de las fotos que conservaba de Lily en su época de estudiantes. 

Pero definitivamente hubo un regaló que la sacó de quicio pues más que un obsequio fue una acción beligerante. Se trataba de un paquetito con una tarjeta de parte de los Dursley que al principio le dio esperanzas de tregua, le hizo pensar que su hermana le daría la oportunidad de acabar con el litigio, pero cuando lo destapó lo único que encontró fue una copia del documento de guardia y custodia de Harry, con los nombres Petunia y Vernon Dursley subrayados con resaltador amarillo.

Pero Lindsey respiró profundo, no estaba dispuesta a dejarse provocar, así que después de darse un baño, se colocó los pendientes obsequio de Severus y la cadenita de oro que recibió de Dumbledore y se dispuso a salir de la habitación. Inmediatamente recibió un gran abrazo por parte de la señora Pomfrey que venía acompañado de un libro sobre toxicología mágica.  


—Muchas gracias, Poppy, no debiste haberte molestado. 

—No es molestia alguna, muchacha. Me alegra mucho que estés con nosotros. Tu ayuda ha sido invaluable dentro del colegio. Todos te queremos mucho. 

—Y yo a ustedes, mi querida Poppy. 


Ese día fue maravilloso y como era domingo la medimaga pasó la mayor parte del tiempo con su sobrino Harry en una especie de picnic bajo la sombra del haya del parque. 


—¿Qué edad estás cumpliendo, tía? —preguntó Harry antes de engullir un trozo del pastel de crema que la señora Weasley le envió a Lindsey. 

—¡Oye! ¿Sabías que eso no se pregunta a una dama? —respondió la mujer en medio de risas—. No es cierto, cariño. Tu tía está cumpliendo treintaicinco primaveras el día de hoy. ¿Te parece demasiado?

Harry negó con la cabeza mientras reía.  

—Menos mal —respondió la mujer riendo también—. Es la edad suficiente para poder darte consejos y hasta jalones orejas ¡No es cierto, mi cielo! —añadió después mientras lo capturaba en un abrazo—. ¡Por cierto! No puedo creer que haya olvidado lo del asunto del huevo de oro. ¿Has pensado en el enigma? 

—Sí, solo tengo que hallar una solución para respirar bajo el agua durante una hora —respondió el muchacho mirando el lago con aprehensión. 

—Existen muchos encantamientos que podrían servirte pero son transformaciones que deberías hacer tú y evidentemente no cuentas con la experiencia necesaria para realizarlos —respondió su tía con preocupación—. La prueba será dentro de poco menos de un mes y eso es un tiempo demasiado corto como para que te pongas a experimentar. 

—Todavía no sé qué hacer pero algo se me ocurrirá. No quiero que estés preocupada y mucho menos hoy, tía —respondió el muchacho recostandose sobre su falda.


Posteriormente ambos visitaron a Hagrid que afortunadamente se encontraba más animado, sobre todo después de haber retomado sus funciones como profesor y guardabosques aunque se mostrara un poco decepcionado frente al contenido que ahora estudiaban (unicornios) 

Más tarde Lindsey se excusó para ir a pasar el resto del día junto a Severus, algo que no ponía contento a Harry pero que sabía debía comprender y no entrometerse en la vida de su tía. Después de todo debía reconocer que ya no percibía ese hálito de tristeza en su mirada, ni tampoco la hallaba pensativa por los pasillos como algunos meses atrás. Le gustara o no, Snape había cambiado su vida aunque afortunadamente jamás los había encontrado besándose por ahí (¡No lo habría soportado!) 


Cuando Lindsey entró al despacho de Severus lo encontró haciendo un inventario nuevamente frente a uno de sus armarios. 

—No me digas que de nuevo te estuvieron robando —comentó la mujer con la mano en la barbilla. 

—Desde ese día no se han atrevido a entrar de nuevo, supongo que imaginan que he redoblado la seguridad. Aun así me gusta revisar que todo esté en orden —en ese momento se giró para darle el frente y cambió el tema de conversación—: Tal vez no tengo el mejor gusto en materia de estas cosas pero creo que se ven bien en ti —comentó el maestro de Pociones mientras tocaba los pendientes que Lindsey lucía con orgullo. 

—¡Son preciosos y me encantan! 

—No tienen gran valor. 

—¿Cómo que no? —preguntó ella rodeándolo en un abrazo—. Basta con que sean un regalo tuyo para que valgan todo el oro del mundo. 

—Entonces te gustaron —dedujo Snape, complacido. 

—Desde luego que sí pero más me gusta estar a tu lado. 

—No obstante a esta hora de la tarde es que vienes conmigo —respondió él antes de besarla en los labios.  

—Estaba con Harry, ¿eh? y pues ese pequeño es mi prioridad. 

—Lo sé, no pretendo competir contra el chico —respondió Snape volviendo a besarla. 

Lindsey lo notó bastante preocupado y quiso saber qué le sucedía. Él por su parte se enfrentaba a esa batalla interior por revelar o no su participación en la tragedia de los Potter. Sabía que tenía que hacerlo, que era lo más sensato pero cuando miraba esas orbes esmeralda perdía el valor acumulado, era como mirar a Lily, como tenerla enfrente ¿Cómo podía decirle que había sido él el culpable? La tenía abrazada, podía sentirla, era suya ¡Por fin era suya y no podía echarlo a perder!   

—No sucede nada —respondió Severus.

—¿Estás seguro? —tanteó Lindsey de nuevo, no muy segura. 

La respuesta de Severus fue un apasionado beso. No quería perderla, no después de haberla recuperado, de tenerla consigo, de que ya no existían posibilidades de que alguien se la arrebatara.  

—Te amo, Severus —decía Lindsey entre cada intervalo de beso. 

Él besaba su cuello, aspiraba su perfume, acariciaba su piel suave y volvía a capturar sus labios con desesperación. Estaba feliz de poder tenerla consigo y de que ella le correspondiera. No obstante cuando liberó sus labios sin dejar de aferrar su cintura dejó escapar una afirmación espontánea que la desconcertó terriblemente, pero cuando él se dio cuenta de lo que había dicho ya era demasiado tarde.   

—Te amo tanto, Lily.

—¿Qué? —preguntó Lindsey incrédula, mirando la expresión de sorpresa en el rostro del maestro de Pociones. 

—Lindsey yo... 

—¡Suéltame! —demandó la mujer dolida, tratando de apartarlo mientras experimentaba una opresión en el pecho. 

Severus se sintió aterrado ante las consecuencias de su propia imprudencia. 

—Escúchame, Lindsey, yo no... 

—¿Qué vas a decirme? ¿Qué el hecho de decir ese nombre no tiene ninguna importancia para tí? —preguntó la mujer con la voz quebrada, liberándose al fin de su agarre.

—Los nombre son parecidos, Lindsey... yo no quise... 

—No solo nuestros nombres son parecidos. ¿A quién pretendes engañar, Severus? No la has olvidado y nunca lo vas a hacer. Al contrario, la revives cada vez que me besas porque te imaginas que es a ella. 

—Eso no es cierto. 

—¿Ah no? —preguntó la mujer furiosa, tomándolo por las solapas de la túnica para encararlo—. Niegalo en mi rostro, mirándome a los ojos ¡Dime de nuevo que eso no es cierto! 

Severus se odió a sí mismo al no poder refutar su reproche. Amaba a Lily y revivía su recuerdo cuando tenía a Lindsey frente a él, cuando la tenía en sus brazos, cuando le hacía el amor olvidaba por completo que se trataba de una persona diferente a la que había quedado atrás hacía muchos años. 

—Perdoname, Lindsey —dijo en un hilo de voz.  

Ella lo liberó al fin, mirándolo con decepción, y esa mirada llenó de terror al maestro de Pociones. Lo que tanto temía estaba sucediendo. La había perdido y por razones muy diferentes a las que él pensaba que podía perderla. ¡Por Merlín!... Nunca habría querido lastimarla de esa forma, ella tenía toda la razón. ¿Cómo pudo ser tan idiota? 

Sus lágrimas y la expresión de dolor en su rostro laceraron el alma del pocionista.   

—¡Déjame! —demandó la mujer al ver que él se acercaba en actitud de tomarla nuevamente entre sus brazos. 

Noah la había lastimado y ahora él también...


Confío en ti...


Esas habían sido sus palabras y él le había clavado un puñal en la espalda, no el de la traición pero sí el de saber que todavía seguía amando a Lily. 

—Todavía la amas —espetó con dolor—, y no te culpo pero debiste habérmelo dicho antes de que yo me enamorara de ti... te lo pregunté tantas veces, Severus. 

—Esto es muy difícil para mí —se sinceró él—. Lindsey, eres muy importante para mí, no lo pongas en duda jamás. 


Severus no quería hundir más la daga en el pecho de Lindsey pero si ya lo había hecho tendría que seguir adelante así lo terminara de odiar, esa era la oportunidad para decirle toda la verdad  porque al fin y al cabo esa era la razón por la cual no dejaba de pensar en Lily... porque sentía culpa y ese sentimiento lo perseguiría la vida entera, condenándolo a un amor que jamás sería correspondido como castigo por su soberbia. Tenía que ser sincero de una vez por todas. 


—Hay algo que tienes que saber —dijo con voz monocorde pero ella se negó a escucharlo, aduciendo que había sido suficiente. 

—¡Déjame en paz! 

—¡Lindsey! ¡LINDSEY! —Llamó Snape desde el umbral de la puerta de su despacho en las mazmorras mientras ella salía corriendo para alejarse de allí lo más posible. 


La medimaga corrió mientras secaba sus lágrimas, no quería que nadie la viera así, no quería dar explicaciones. Afortunadamente, dado a que era día domingo la mayoría de los estudiantes se encontraban en sus salas comunes, aunque, por desgracia, una vez que llegó al primer piso y caminaba por el pasillo que la llevaría a su habitación en la enfermería, observó que su sobrino Harry se acercaba en compañía de sus amigos. Ella no quería que la viera tan alterada ni darle motivos de preocupación así que, antes de que él advirtiera su presencia (ya que afortunadamente venía demasiado enfrascado en la conversación) ella se adentró en un aula vacía y selló la puerta con un encantamiento.

El aula solo tenía un bulto enorme en el centro cubierto por una manta blanca y algunos pupitres rotos alrededor. Lindsey se dejó caer frente al bulto cubierto por la manta, presa del llanto. No podía creer que de nuevo estuviese experimentando tanto dolor y un enorme sentimiento de decepción. 

La culpa no la tenía Lily, de eso estaba consciente, al contrario, deseaba con todas sus fuerzas que su hermana estuviese viva y haber podido crecer junto a ella. Tal vez era ella (Lindsey) la que tenía un grave problema desde el principio cuando nació con esa condición que la hizo parecer muerta y por ende la separó de sus verdaderos padres y la vida que siempre le correspondió...

¿Por qué tenía que haberse enamorado de Severus si sabía que él amaba a su hermana? 

Los sollozos de la mujer hacían eco en las paredes de  piedra de aquel recinto iluminado apenas con un rayo de luz que entraba por una ventana rectangular en lo alto de una pared. Este hálito de luz daba de lleno sobre el bulto cubierto por la sábana blanca, confiriéndole un aspecto aún más enigmático. 

Al levantarse del suelo, Lindsey accidentalmente corrió un poco la manta que cubría el objeto, así que se dejó ver una especie de marco. Ella, hipando todavía por el exceso de llanto, se dejó llevar por la curiosidad y lo descubrió por completo, revelando que el objeto en cuestión era en realidad un enorme espejo. 

Ella miró su propia imagen por unos segundos pero luego el extraño espejo comenzó a proyectar una muy diferente. Era ella misma, Lindsey con unos nueve años de edad pero junto a ella había otra niña idéntica que la mantenía abrazada. Entonces lo comprendió todo, esa era Lily, su hermana gemela.  





Nota de autora: Como siempre aquí les dejo una recomendación para los que gusten de mis historias originales. Espero que la que les traigo en esta ocasión les guste. Está terminada y pueden hallarla en wattpad, Booknet y Inkspired. 


Sinopsis: El gran circo La Fantaisie llega a París luego de años desde su última actuación donde ocurrió una tragedia, la muerte de la simpática alambrista, Gabrielle. La catástrofe dejó tan devastado a su esposo Jean Paul que terminó desapareciendo misteriosamente, dejando su circo y a su hija, Bernardette bajo el amparo y cuidado de su mejor amigo, el payaso Fabrizzio Buonarotti. Él, luego pasó a convertirse en el mago Hazzán, una de las mejores atracciones de La Fantaisie, sin embargo, este hombre misterioso guarda un oscuro secreto que yace bajo la capital de Notre Dame, donde se encuentra una extraña organización presidida por él.


Bernardette es una joven soñadora que anhela convertirse en una gran estrella, una excelente alambrista como lo fue su madre, Gabrielle, alguna vez, pero una obscura profecía se interpondrá en sus planes...

Jack Robinson, hijo de Fabrizzio, es el elegido por Obéck, dios de la sangre, para llevar a cabo la profecía en detrimento de la joven que ama, Bernardette. ¿Lo hará o conseguirá el valor para impedirlo? 

Descubre todo lo que está escondido detrás de la majestuosidad del escenario, cuando las luces se apagan y el público se marcha.  
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