Historia al azar: El Enfrentamiento
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Lindsey Cooper, la hermana de Lily Evans » Un intruso
Lindsey Cooper, la hermana de Lily Evans (ATP)
Por Hermaire
Escrita el Sábado 11 de Enero de 2020, 20:34
Actualizada el Jueves 22 de Octubre de 2020, 20:36
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Un intruso

Capítulos
  1. El nacimiento
  2. Magia
  3. La verdad
  4. Lista para el viaje.
  5. Albus Dumbledore
  6. Hogwarts
  7. Conociendo a los Dursley
  8. Valle de Godric
  9. Severus Snape, ¿el amigo de Lily?
  10. ¡Hola, tía Lindsey!
  11. Conociendo un poco más
  12. Una visita nocturna
  13. La vista en el juzgado
  14. No eres ella
  15. Desahogo
  16. La llegada de Beauxbatons
  17. ¡No puede ser posible!
  18. Un pequeño enfrentamiento.
  19. La carta del abogado
  20. La primera prueba
  21. La vista en el juzgado
  22. Una contienda lejos del juzgado
  23. El anuncio de Dumbledore
  24. Una carta de tía Petunia
  25. ¿Irías conmigo al baile?
  26. El baile
  27. Un espía en el pasillo
  28. Incertidumbre
  29. Un nuevo artículo de Skeeter
  30. El paseo
  31. Amor
  32. Un intruso
  33. Gemelas.
  34. Revelación.
  35. Perdóname
  36. ¿Qué sucede con Lindsey?
  37. La segunda prueba del torneo
  38. ¿Ocurrió de nuevo?
  39. Antídoto
  40. Muerte en el castillo
  41. Cuidaré de ti
  42. La excursión a Hogsmeade.
  43. Una grata visita.
  44. El fantasma

Severus despertó de pronto azotado por la culpa. Había tenido un sueño terrible donde el Señor  Tenebroso asesinaba a Lily frente a él a pesar de sus ruegos... Severus le había pedido previamente que respetara su vida y el mago oscuro había accedido a su petición. 

—Si tanto te gusta la sangre sucia no le haré daño. Has sido de mucha ayuda y por lo tanto mereces una recompensa, así que cuando yo haya terminado con su familia podrás ir por ella. 

Esas habían sido sus palabras cuando intentó persuadirlo de que no tomara a los Potter como objetivo, que tal vez se había equivocado con la profecía pero al escuchar la respuesta tan fría del mago oscuro se dio cuenta de la magnitud de la gravedad de lo que había hecho. Se sintió asqueado e irreconocible ¿En qué momento se había vuelto un monstruo? ¿Por qué reveló esa profecía? Lamentablemente cuando quiso remediarlo tratando de persuadir a su amo para que no atacara a la familia (Aunque si Voldemort decidía atacar a los Longbottom también tendría que lidiar con esa culpa en su consciencia) fue demasiado tarde, El Señor Tenebroso estaba decidido a acabar con el pequeño de los Potter,  así que Severus no lo pensó dos veces para suplicar por la vida de Lily.... 

¡Nooooooooo! —gritó el profesor de Pociones en sueños tratando de interponerse entre el hechizo asesino y su objetivo pero ya era demasiado tarde. Lily cayó muerta al suelo. 

Severus despertó sobresaltado y al mismo tiempo aliviado de que solo hubiese sido una terrible pesadilla. A su lado Lindsey dormía profundamente, boca abajo. La sola visión de sus párpados cerrados y la palidez de su piel que se intensificaba con la luz azulada  de la varita del pocionista, lo hizo imaginar como luciría su hermana muerta y eso lo estremeció de horror porque no quería perderla también. Entonces acarició de su espalda pensando en lo que había sucedido entre ambos. ¿Había sido una locura? No se arrepentía de haberla amado, al contrario, quería tenerla consigo para siempre, se sentía pleno y feliz de ser correspondido en sus sentimientos pero no dejaba de pensar en lo que había hecho. ¿Qué pensaría ella si supiera que había sido precisamente él quien le informó al Señor Tenebroso acerca de la profecía? ¡No! No quería ni pensar en ello, no quería perderla —pensó mientras besaba su piel siendo lo suficientemente delicado como para no despertarla.

¿No sería mejor que ella lo supiese por su propia boca? ¿Agradecería su sinceridad o lo aborrecería? 

Lindsey se movió un poco así que Severus se alejó para dejarla descansar. 

No tenía sueño, las pesadillas y la incertidumbre no le permitirían permanecer en la cama, así que se puso encima su camisón gris y se sentó en un sillón después de encender las velas de un candelabro para contemplar mejor a Lindsey dormida... Le gustaba tanto mirarla como en su momento contemplaba a Lily.  

No podía apartar de su mente esa sonrisa llena de ternura y felicidad de Lindsey cuando la besó al regresar de Hogsmeade. ¿De verdad se habría enamorado de él? En ningún momento se había mostrado reacia a sus besos o caricias. ¡Por Dios que no se arrepentía de haberle hecho el amor! Porque más que simplemente desearla ansiaba su corazón y parecía haberlo obtenido... Era como si la vida le otorgara una segunda oportunidad... como si le hubiese concedido lo que había deseado por años... 

No obstante sus cavilaciones fueron abruptamente interrumpidas al escuchar ruidos en su despacho. Estaba sentado con la cabeza descansando sobre el puño derecho pero al oír ese ruido levantó la cabeza enseguida y sus alarmas internas se encendieron.     

—¿Qué fue eso? —pensó mientras se ponía de pie afirmando la varita.

Escuchó claramente el sonido de un mueble rodándose, luego una especie de gemido y finalmente algo de cristal rompiéndose así como la puerta abrirse y una marcha apresurada. Estos últimos sonidos lo hicieron levantarse abruptamente del sillón y salir corriendo hacia el despacho.  

 —¡Maldición! —exclamó al ver la puerta de un armario abierta al igual que la puerta del despacho que daba hacia el pasillo y un frasco roto en el suelo de piedra. 

Aquello no era obra de un fantasma pues no tenían permitido entrar en los despacho o habitaciones, además, al hacer una revisión rápida se dio cuenta de que faltaban algunos ingredientes: Piel de serpiente arbórea africana... crisópos... ¡Qué rayos!

Severus paró enseguida con la inspección para abandonar el despacho en busca del ladrón, pero en el pasillo desierto no había nadie, ni siquiera un rastro. Así continuó el camino hasta subir las escaleras que lo sacaron de las mazmorras y en ese momento escuchó la voz de Filch...

—¿Te escondes? ¡Te voy a atrapar, Peeves! Esta es mi oportunidad al fin... Robaste a uno de los campeones. 

 —¿Qué ocurre, Filch? —preguntó Snape cuando pudo verlo.

—Es Peeves, profesor. Lanzó este huevo de oro por las escaleras. Supongo que lo robó. 

Severus observó el huevo dorado en la mano del conserje. Parecía ser el enigma de uno de los campeones del Torneo... Por otra parte no creía a Peeves capaz de entrar a su despacho, no podría hacerlo, no solo porque lo tenía prohibido sino porque él solía cerrar su puerta con complejos embrujos y los había realizado mientras hablaba con Lindsey porque no deseaba ser interrumpido por nadie en su conversación.  

El objeto había llegado ahí al resbalarse de las manos de Harry cuando metió la pierna en el  peldaño falso de la escalera y quedó atrapado. El muchacho regresaba de haber usado el baño de prefectos como le aconsejó Cedric. Harry quedó bastante sorprendido después de revisar su mapa del merodeador y darse cuenta de que Barty Crounch estaba en el despacho de Snape, por ende se había propuesto ir hasta allá, amparado bajo la protección de la capa invisible desde luego, para comprobar qué estaba haciendo el hombre allí cuando se suponía que estaba enfermo y que por esa misma razón había enviado a Percy a representarlo durante la primera prueba. En ese momento afortunadamente el muchacho estaba tan impactado de haber encontrado el nombre del señor Crounch en el mapa que no advirtió la motita de tinta con el nombre «Lindsey Cooper» que yacía muy quieta junto a la inscripción «Severus Snape» en la habitación de este. 

Posteriormente su atención estaba concentrada en rogar a los cielos porque ni Filch ni Snape subieran la escalera ya que a pesar de no poder verlo sí podrían tocarlo al llegar hasta donde estaba. ¡Rayos!

Lindsey despertó también, un tanto extrañada al no encontrarse en su cama ni en su habitación y solo le bastaron unos segundos para recordar lo sucedido. Así que con una sonrisa se dispuso a abrazar a Severus pero se llevó una sorpresa al descubrir su lado de la cama vacío...

¿Qué sucedió? ¿Se habría arrepentido? —pensó la mujer mientras se incorporaba con un poco de recelo. 

 —¡Severus! —lo llamó pero no obtuvo respuestas. 

La pelirroja, desconcertada, se levantó de la cama y comenzó a vestirse, cayendo en la cuenta que habría sido una locura amanecer allí. No quería dar pie a habladurías de ningún modo, tal vez Severus también lo había pensado pero siendo todo un caballero se habría sentido incapaz de despertarla. No obstante le preocupaba su ausencia... ¿Por que no estaba allí? Pero al salir al despacho lo que encontró la dejó todavía más desconcertada. 

 —¡Cielos! ¿Qué sucedió aquí? —preguntó al ver la puerta del armario y el despacho de par en par y el frasco roto en el suelo. 

De pronto una idea horrible le pasó por la mente... ¿Se habría enfrentado Snape con el asesino que la había atacado en el baile?.... ¿Y si él sabía que ella estaba ahí y había intentado acabar con ella nuevamente pero se había visto forzado a enfrentarse a Severus? ¡No! No podía ser posible... Para batirse a duelo tendrían que haber hecho mucho ruido y ella no escuchó nada de eso. 

Con la cabeza llena de preguntas e incertidumbre, Lindsey abandonó el despacho del profesor de Pociones y las mazmorras. Sin embargo cuando solo había recorrido algún tramo en su camino hacia la enfermería escuchó voces, parecían ser el señor Filch y Snape...

Detuvo la marcha para meterse por un pasillo que terminaba en un tapiz (era un atajo) entonces escuchó la conversación...   

—Esta vez el director tendrá que hacerme caso porque Peeves le ha robado a un alumno —insistió el conserje, sopesando el huevo de oro en la mano.

—Filch... me importa un bledo ese maldito polstergeist, es mi despacho el que me preocupa. Alguien estuvo allí, robándome —respondió Snape.

—¿Qué? —preguntó Lindsey saliendo desde detrás del tapiz. Severus se sorprendió al verla—. ¿Alguien te robó? 

—¡Señora Cooper! —exclamó Filch inclinando un poco la cabeza a modo de saludo. 

Al ver a su tía Harry se extrañó un poco de verla merodeando a esas horas por los pasillos del castillo pero al mismo tiempo se sintió aliviado. Quizá a ella se le ocurriría algo en caso de que lo descubrieran en esa situación, después de todo ella misma lo había instado a hacerle caso al consejo de Cedric de llevar el huevo de oro consigo al baño de prefectos... 

—Escuché ruidos y encontré la puerta de mi despacho abierta. Me di cuenta de que habían revuelto todo e incluso faltan algunos ingredientes —respondió Snape mirándola, entonces ella lo comprendió todo y se sintió aliviada. 

No había habido ningún enfrentamiento entre él y el atacante del baile, tampoco había huído de su lado al arrepentirse de lo sucedido. No obstante también era preocupante el hecho de que alguien se hubiese metido en su habitación a husmear. 

—Y Peeves estuvo haciendo de las suyas. ¡Mire! Robo esto pero se le cayó y se abrió provocando un gran escándalo —añadió Filch. 

—¿Ese no es uno de los huevos de oro de los campeones? —preguntó alarmada al recordar que esa misma noche Harry entraría al baño de prefectos para intentar descubrir lo que significaban esos chillidos horribles. ¿Y si andaba por ahí amparado bajo la capa invisible.  

—¡Deme eso, Filch! Le prometo que mañana indagaré entre los campeones para ver a quien le falta el suyo —intentó la mujer pero el conserje dio un paso atrás poniendo el huevo en resguardo. 

—Prefiero encargarme yo mismo, Señora Cooper. El director tiene que saber que Peeves... 

—¡Por Merlín! —musitó Snape con impaciencia—. ¡Cállate, Filch! ¿No has entendido que es mucho más grave lo que sucedió dentro de mi despacho? Será mejor que me acompañes a investigar. 

—¡Severus! —exclamó Lindsey en tono admonitorio por la forma en que él le había hablado al conserje—. Será mejor que tú te calmes y usted también, señor Filch. 

—¿Te parece que puedo calmarme cuando sé que alguien irrumpió en mi despacho protegido por encantamientos? No fue Peeves, tuvo que haber sido un mago. Esto, aunando a lo sucedido en el baile la otra noche...

En ese momento sus palabras quedaron amortiguadas por el sonido constante de algo golpeando el suelo, parecía un bastón.

Bum, bum, bum...

 —¿Qué es esto, una fiesta nocturna? —preguntó Moody saliendo detrás del mismo tapiz por donde había salido Lindsey. Tenía una capa de viaje sobre el camisón.

—Escuchamos, ruido, profesor. Peeves ha estado tirando cosas como siempre —respondió Filch—, y además el profesor Snape descubrió que alguien estuvo husmeando en su despacho. 

—¡Cállate! —volvió a espetar Snape entre dientes. 

Lindsey le colocó una mano en el hombro. Se veía descolocado y tras la llegada de Moody su inquietud se tornó más intensa pero a Lindsey no le extrañaba, sabía que ellos dos no se llevaban bien, mucho menos después de que el profesor Moody le confesara a ella (claramente con muy malas intenciones) lo que Snape había sido en el pasado. 

Ella observó con atención a Moody y por lo tanto se dio cuenta de que con su ojo mágico miraba con interés la escalera que tenían frente a ellos, entonces le dio un vuelco el corazón... ¿Estaría Harry allí? Con ese ojo Moody podía ver cualquier cosa. ¿Y si lo delataba?    

—¿Escuché bien, Severus? —preguntó el ex auror volviendo la atención sobre el profesor de Pociones—. ¿Alguien irrumpió en tu despacho? 

—No tiene importancia —repuso Snape con frialdad.

—Al contrario —intervino Moody—. Me parece que debemos descubrir quien quiere entrar en tu despacho y para qué? 

—Es cierto, creo que sería mejor que el profesor Moody echara un vistazo. Él es un ex auror y por lo tanto... 

—¡Ni soñarlo! —espetó Snape con firmeza mientras negaba con la cabeza. 

—¿Por qué no? —preguntó Moody—. Nuestra medimaga tiene razón, yo podría ayudarte a descubrir al intruso. ¡Por cierto! Me sorprende verte levantada a estas horas, querida Lindsey y sobre todo en ropa de diario —añadió echandole un vistazo de hito en hito—. Parece que ni siquiera estuviste en tu cama. ¿Acaso no pensabas dormir esta noche? ¿También escuchaste ruidos así que decidiste ir a echar un vistazo? Deberías recordar que fuiste víctima de un atentado y por lo tanto no deberías exponerte, de lo contrario le estarías poniendo las cosas muy pero muy fáciles a tu atacante. 

—Yo... yo... no tenía sueño —respondió la mujer sintiéndose acorralada—. Solo salí a merodear por el castillo. 

—Pues fue una imprudencia que pudiste haber pagado muy caro. Con respecto a ti, Severus, te repito que deberíamos investigar quién pudo haber entrado en... 

—Quizá algún estudiante —contestó Snape—. No sería la primera vez. Ya han estado desapareciendo ingredientes de mis armarios. Tal vez sea algún estudiante queriendo experimentar con pociones prohibidas. 

—No lo sé, no creo que alguno de tus alumnos se atreva a robarte —razonó Lindsey. 

—Interesante deducción, Severus —dijo Moody con tono burlón—. Así que piensas que alguien busca solo ingredientes para pociones... ¿Estás seguro de que no escondes nada más en tu despacho? 

Lindsey abrió los ojos en señal de sorpresa. 

—Sabes que no, Moody porque tú mismo lo examinaste exhaustivamente —contestó Snape con voz amenazante. Estaba furioso.

Ese maldito viejo quería agotar su paciencia. 

—Privilegios de auror, Snape —respondió Moody encogiéndose de hombros. Dumbledore me pidió que echara un ojo...

—Sabes perfectamente que Dumbledore confía en mí ¡Me niego a creer que él te diera órdenes de buscar algo en mi despacho! 

—Claro, desde luego que confía en ti, de hecho confía en todo el mundo, tiene esa manía de pensar que todos merecen una segunda oportunidad. Yo en cambio pienso que hay manchas que no se quitan —luego se giró hacia Lindsey y añadió—: ¿Sabías eso, muchacha? Hay manchas que jamás se quitan ¿me entiendes? 

—¡Ya basta! —espetó Snape con vehemencia. 

—¡Vuelve  a la cama, Severus! —continuó Moody.

—Tú no tienes autoridad para enviarme a ningún lado —estalló el profesor de Pociones sin poder contenerse más mientras se frotaba por instinto el antebrazo izquierdo—. Tengo todo el derecho como tú de hacer la ronda nocturna.

—Pues sigue haciendo la ronda, y tú también, querida Lindsey —el auror ex sonrió con sorna y añadió—: ¡Cielos, Snape! Muero de ganas de pillarte alguna vez en algún otro corredor... Fíjate, se te ha caído algo. 

Severus, muerto de furia por sus palabras amenazantes fue a recoger el pedazo de pergamino que estaba en el suelo pero sintió que se escapaba de sus dedos. 

¡Accio pergamino! Disculpa, es mío, tal vez se me cayó antes. 

Lindsey notó que Moody volvía a mirar la escalera con interés mientras que la mirada de Snape pasaba del huevo de oro que Filch sostenía bajo el brazo al mapa que Moody acaba de recoger del suelo, cayendo en la cuenta del dato importante que eso podría representar en todo ese asunto.

—Potter —murmuró. 

Lindsey se sobresaltó al escucharlo pues pensaba que había descubierto finalmente que Harry andaba por allí.  

—¿Qué pasa?  —preguntó Moody plegando el mapa para guardarlo. 

—¡Potter! —exclamó de nuevo Snape, esta vez mirando hacia arriba, hacia las escaleras—. Ese huevo de oro pertenece a Potter al igual que ese pergamino. 

—¿Qué dices? —preguntó Lindsey nerviosa—. ¿Cómo puedes estar tan seguro? 

—He visto antes ese mapa antes. Potter debe estar por ahí escondido bajo la capa invisible. 

Dicho esto comenzó a subir la escalera tanteando como si fuese un ciego pero Lindsey subió también para impedírselo, interponiéndose en su camino. 

 —¿No te das cuenta de que estás actuando como un demente? ¡Deja ya de acusar a mi sobrino por todo! 

—Lindsey tiene razón, Snape, ahí no hay nada ni nadie —declaró Moody—, pero me gustaría contarle al director lo rápido que pensaste en Harry Potter. 

—¿Con qué intención? —inquirió Snape girándose para ver a Moody pero con la mano extendida a solo centímetros del pecho de Harry. 

—Darle una pista sobre quién pudo haber metido a ese muchacho en el Torneo. 

—¡Por Merlín! ¡Ya basta de acusaciones absurdas! ¿Qué seguirá después? ¿Acaso dirán que fue el señor Filch quien me atacó el día del baile —espetó Lindsey furiosa. 

—¿Yo? —preguntó el hombre señalándose a sí mismo—. ¿Cómo lo haría?... 

Moody rió con ganas.

—Ese sí que es un buen chiste, Lindsey, me alegra ver que tienes un buen sentido del humor. 

—Yo solo pensé —intervino Snape tratando de serenarse al ver el rostro enojado de Lindsey. No quería hacerla enfadar y mucho menos después de lo que había sucedido entre ambos. Moody, y Filch le importaban un rábano pero ella... ¡Había sido un impulsivo pero cuando se trataba de Potter generalmente se salía de sus casillas!—, que si Potter había vuelto a pasear por castillo de noche (es un mal hábito que tiene ) habría que impedirlo... por su propia seguridad.

—¡Ah, ya veo! Lo haces por Potter, ¿no? Creo que haces bien en preocuparte, después de todo parece que hay un asesino suelto por ahí, ¿no es así Cooper? 

Lindsey asintió guardando silencio pero sin dejar de pensar que eso era verdad. Había sido una inconsciente al permitirle a su sobrino, incluso exhortarlo a ir al baño de prefectos de noche, sabiendo que había alguien por ahí que podría hacerle daño. No debió haberlo hecho, por más que usara la capa invisible. 

—Creo que volveré a la cama —resolvió Snape echándole una mirada de soslayo a Lindsey, lamentándose internamente por no poder llevarla consigo sin importarle nada ni nadie.

—Esa es la mejor idea que has tenido en toda la noche —respondió Moody mientras Snape se alejaba. Lindsey también lo observó alejarse con una sensación de vacío. Ella tampoco quería apartarse de su lado y tampoco discutir con él.

Además de eso Lindsey pensaba que al menos esta vez Snape había tenido algo de razón al sospechar que Harry podría estar merodeando por ahí pues el huevo y el pergamino lo incriminaban, aunque era completamente absurdo que pensara que podría estar husmeando en su despacho. ¿Para qué querría Harry sus ingredientes? 

Moody intentó hacer que Filch le entregara el huevo de oro pero este se negó, alegando que esa era la prueba para inculpar a Peeves y lograr que el director lo expulsara de una vez por todas. Moody volvió a exigírselo aduciendo que pertenecía a uno de los campeones, por lo tanto no le quedó más remedio que ceder y después se marchó junto a la señora Norris diciéndole que al día siguiente hablarían con Dumbledore. 


 —Por un pelo, Potter —murmuró Moody. 

Harry dudó en salir al ver que su tía todavía permanecía allí. 

—Vamos, Harry, sé que estás allí —dijo la mujer—. Gracias, profesor Moody. Muchas gracias por no delatarlo. 

—De nada, muchacha, ese... amigo tuyo es muy perspicaz, si no intervenimos habría terminado encontrándolo. 

—Gracias, profesor Moody —respondió Harry al, fin quitándose la capa. 

—¡Por todos los cielos! —exclamó Lindsey al ver que su sobrino tenía la pierna atrapada hasta la rodilla en el hueco que había dejado el falso peldaño al desprenderse—. Déjame sacarte de ahí, cielo. 

Lo tomó por un brazo y tiró de él con fuerza pero le era imposible liberarlo. 

—Profesor Moody ¿podría echarme una mano? —preguntó la mujer al ver que el profesor tenía toda su atención puesta en el mapa que acababa de encontrar.

—¿Qué es esto? —preguntó desplegando el pergamino mientras lo examinaba con curiosidad. 

—Un mapa de Hogwarts —contestó Harry con el rostro constipado por el dolor de la pierna. 

—¡Por todos los cielos! ¿Podría ayudarme a sacarlo de ahí, profesor Moody? El niño está atrapado en ese hoyo. 

Lo que le faltaba, no solamente estaba en una situación lamentable sino que su tía lo había llamado «niño». ¡Que manía de llamarlo así! 

—¡Ah! Sí, disculpen —dijo el profesor disponiéndose a ayudarlos y una vez que lo hizo su atención se volcó nuevamente al mapa. 

—¿Estás bien, cariño? —preguntó tía Lindsey con preocupación mientras le acariciaba el cabello. Luego le arremangó el dobladillo del pantalón para examinar su tobillo, encontrandolo un poco magullado—. ¿Puedes mover la pierna? ¿Puedes caminar? ¿Te duele mucho?

—Sí, tía, estoy bien —respondió Harry agradeciendo su preocupación. Por un momento no pudo evitar imaginar a tía Petunia en su lugar. De seguro lo habría dejado en ese hoyo sin importarle su estado, o se habría burlado, o incluso le habría dicho que lo tenía merecido por andar husmeando por ahí. 

—¿Estás seguro? ¿No quieres acompañarme a la enfermería? Se que te duele y podría darte algo... 

—De verdad estoy bien, tía, muchas gracias —respondió el muchacho animándose a acariciar la mejilla de su preocupada tía—. Me duele, es cierto pero ya está pasando. 

—Sí, eso parece —respondió Lindsey con la mirada atenta a los movimientos circulares que Harry hacía con el pie para comprobar su estado. 

—Me alegra que estés bien, Potter pero dime una cosa... ¿Estos son los habitantes de Hogwarts? —preguntó con curiosidad el hombre mientras señalaba las motas de tinta.

—Así es —respondió Harry.  

—Si que es un mapa muy útil, muchacho —respondió el ex auror muy pensativo pero luego volvió a poner su atención en el mapa —¿No verías por casualidad aquí quien entró en el despacho de Snape? 

—Sí, lo vi —respondió Harry. 

Por un momento Lindsey se puso tensa. Sí Harry había leído el nombre del intruso en el pergamino, por ende habría leído también el suyo junto a Snape en su habitación. 

—¿En serio? —volvió a preguntar Moody, mirando a Harry con sumo interés—. ¿Quién era? ¿Quién estaba allí? 

—Era el señor Crounch. 

—¿Crounch? —preguntó Con incredulidad el profesor—. ¿Estás seguro? 

—Completamente —respondió Harry. 

—¿Y no viste nada más? —se apresuró a preguntar Lindsey. 

—No, ¿algo como qué?  —preguntó Harry desconcertado. 

—Olvídalo, solo... me parece extraño que hayas visto al señor Crounch en el despacho de Snape, además él estaba enfermo, ¿no es así? ¿Cómo podría entonces haber venido al castillo en mitad de la noche para husmear en el despacho de alguien? 

 —Bueno claramente ya no está aquí —respondió Moody con tono analítico—. Es muy interesante.

Harry y Lindsey intercambiaron una mirada mientras Moody revisaba el mapa de nuevo en completo silencio. 

—Eh... Profesor, ¿por qué cree que el señor Crounch estaba revolviendo en el despacho de Snape? 

—Dicen que el viejo ojoloco está obsesionado con atrapar magos tenebrosos en todos lados —respondió Moody señalándose—, pero yo te puedo asegurar que lo de ojoloco no se compara con Crounch. 

—¿A qué se refiere? —preguntó Lindsey con presteza. 

—No me hagas caso —respondió el hombre haciendo un gesto con la mano. 

—Últimamente han ocurrido cosas muy raras, ¿no? —continuó Harry—. Como la marca tenebrosa en los mundiales, los mortífagos, lo que le sucedió a mi tía y todo eso que salió en el profeta... Tal vez el señor Crounch crea que hay algún peligro dentro del castillo.

—Eres muy agudo, Potter. Es muy posible. Últimamente han habido ciertos rumores, desde luego incentivados por Skeeter —suspiró y curvó su boca en una sonrisa—, pero si hay algo que odio es a un mortífago indultado —concluyó pero ni Harry ni Lindsey pasaron desapercibidos el hecho de que había clavado su ojo mágico en la esquina inferior izquierda del mapa. 

—Me parece que debería ser más específico, profesor —comentó Lindsey con el ceño fruncido. Sabía perfectamente que se estaba refiriendo a Snape.  

—Ya te lo dije, querida Lindsey, no me hagas caso. 

—¿Por qué no lo haría? Se supone que usted es un mago honorable, un ex cazador de magos tenebrosos sediento de justicia, es decir, todo lo que yo admiro en una persona, entonces ¿por qué pondría en duda su palabra? Así que ¡Vamos, dígame a qué, o mejor dicho, a quién se refiere! ¿Está queriendo decir que hay alguien dentro de los muros del castillo que quiere lastimar a mi sobrino? 

—Creí que eso había quedado claro el día que su nombre apareció en el cáliz de fuego, posteriormente tú, su fiel defensora y aspirante a su custodia y tutela legal fuiste atacada la noche del baile ¿quieres más pruebas, mi querida medimaga? 

—Eso lo tengo muy claro, profesor pero me gustaría saber de quién sospecha usted. 

—Eso no serviría de nada cuando una persona ya está determinada a creer en la inocencia de alguien más.  

—Será mejor que nos vayamos de aquí, Harry —respondió Lindsey, tomando a su sobrino por el brazo.

—¡Espera un segundo! Me gustaría hacerle una pregunta a tu sobrino antes de que te lo lleves.  

Harry se asustó creyendo que Moody le preguntaría acerca del origen del mapa, pero se equivocaba. 

—¿Podrías prestármelo, muchacho? 

A Harry le costaba mucho desprenderse de ese mapa pero dado a que Moody le había salvado el pellejo ante Snape no tuvo otra opción más que ceder. Era lo mínimo que podía hacer. 

—Eres un buen chico. Le daré un buen uso, esto podría ser exactamente lo que yo andaba buscando. Ahora será mejor que obedezcas a tu tía y te vayas a la cama. 

—Te llevaré a tu sala común —dijo Lindsey rodeándolo con un brazo. 

—Ten mucho cuidado cuando regreses a la enfermería, Lindsey. No olvides que ya fuiste atacada así que más te vale estar en alerta permanente —advirtió el hombre antes de marcharse. 

Lindsey y Harry subieron las escaleras para ir a la sala común.

—¡Qué tipo más raro e insoportable! —se quejó la mujer. 

—Pero en algo tiene razón, tía. Tal vez el señor Crounch no confía en Snape y por eso... 

—Ese Moody es un viejo chiflado, Harry, tal vez está desvariando. ¿Estás absolutamente seguro de que leíste el nombre del señor Crounch en tu mapa? 

—Completamente, decía Barty Crounch. No hay lugar a dudas.

Ella se quedó pensativa por unos minutos mientras subían los peldaños. 

—¡No debiste darle ese mapa, Harry! Algo me dice que no debiste hacerlo  —habló al fin. 

—Pero ¿qué podía hacer? Me salvó el pellejo de Snape.

—Tal vez no es precisamente de Severus de quien tienes que cuidarte, Harry. No lo sé, cielo... todo esto es tan confuso... ¿Qué demonios estaba haciendo Crounch allí?... ¿Será que finge estar enfermo para venir a Hogwarts a husmear por las noches todos los despachos? Tal vez el de Severus no fue el único, quizá suele revisar los de todos los profesores. 

—No lo sé, tía pero es de verdad muy confuso. 

—¡Por cierto, cariño! Ahora que hablamos de confusiones y enigmas... ¿qué tal te fue en tu incursión al baño de prefecto? ¿Lograste descubrir que significaban esos chillidos? 

—Sí, aunque me quedé con una duda mayor. Era una canción con las instrucciones de lo que se supone debo hacer en la segunda prueba. Debo rescatar algo que las sirenas se han llevado al fondo del lago y lo debo hacer en una hora. 

Ya estaban frente al retrato de la dama gorda. 

—Me alegra que al menos hayas podido lograr el objetivo pero al mismo tiempo me siento mal por haberte exhortado a ir por ahí en mitad de la noche. Olvidé que puedes correr peligro, mi cielo —dijo mientras lo estrechaba contra su pecho. 

Harry la estrechó también, le gustaba su forma tan maternal de tratarlo (a excepción de cuando lo llamaba «niño» ) lo hacía sentir contenido y protegido como nunca antes. 

—Estoy bien, tía, no te preocupes. 

—Claro que me voy a preocupar siempre por ti, mi corazón. Ahora ve a la cama y descansa que han sido demasiadas emociones por hoy. Ya mañana me cantarás esa canción que escuchaste. 

—¡Tía! —exclamó Harry riendo mientras negaba con la cabeza. 

—Descansa, cariño —se despidió besándolo en la frente. 

—Descansa tú también, tía pero... No me gustaría que regresaras sola a la enfermería... Moody tiene razón además... ¿Por qué no estás en la cama? 

Lindsey parpadeó algunas veces. Al menos la pregunta de Harry le indicaba que no había leído su nombre en el mapa. Tal vez había estado demasiado sorprendido con el nombre de Crounch. 

—No podía dormir así que salí a dar una vuelta, pero no te preocupes que regresaré de prisa. No cometeré más imprudencias y espero que tú tampoco. 

Harry asintió antes de meterse a la sala común. 


Lindsey por su parte regresó a su habitación de prisa y, tal como dijo Moody, en alerta permanente porque siendo un viejo chiflado o no tenía algo de razón en lo que dijo acerca de cuidarse las espaldas debido a que ya la habían atacado una vez. No obstante y a pesar de las últimas emociones vividas esa noche, a pesar de la incertidumbre que rondaba el ambiente a propósito de la incursión de Crounch en el despacho de Snape y del intento de Moody de culparlo de todo, nada ni nadie le quitaría la sensación de haber estado en los brazos del hombre por quien había comenzado a gestar un fuerte sentimiento.

De la misma forma, Snape, después de asegurar su puerta con encantamientos aún más complejos y de arreglar su armario mientras se comía el cerebro pensando cómo diantres Potter o quien demonios fuese había logrado irrumpir en el despacho, se metió a su habitación dispuesto a intentar descansar. Ni bien puso la cabeza en la almohada y sintió el olor a jazmines de Lindsey que se había quedado impregnado entre las sábanas se fue sosegando poco a poco, apartando al mocoso Potter de su mente, al maldito Moody, al asunto del robo y todo lo que lo perturbaba. Lindsey había sido suya esa noche, en esa cama, así que procuró dormirse guardando en su memoria la suavidad de su piel y la dulzura de sus labios.  



Nota de autora: No puedes perderte esta obra si te llama la atención el tema del holocausto y la segunda guerra mundial.

Sinopsis: Los Eisenberg, una familia judía que, despojada de sus bienes entre los que destacan lo que había sido una próspera floristería y desesperados por el exterminio que ha estado sufriendo su pueblo durante la guerra, tratan de sobrevivir en pleno Berlín y se ven en la necesidad de aceptar el ofrecimiento de la familia Müller de esconderse en su casa; después de todo Benjamin Eisenberg y Hanna Müller estaban comprometidos y planeaban casarse cuando acabara la guerra. Desgraciadamente son descubiertos por Dedrick Schneider, un Standartenführer ambicioso, recién nombrado comandante de Auschwitz - Birkenau.


Herr Schneider, que había estado terriblemente obsesionado con Hanna Müller, decide llevarla junto con la familia judía a Auschwitz en calidad de prisionera como castigo por haber protegido a una etnia considerada por los nazis como una de las mayores amenazas para el tercer Reich. 

A causa de los acontecimientos Hanna y Benjamin ven cada vez más lejano el día de su boda y en cambio tendrán que aprender a sobrevivir dentro de uno de los peores campos de concentración y exterminio del holocausto tratando de no perder la esperanza.
Disponible en Wattpad.
Link: https://www.wattpad.com/story/229161821-la-rosa-de-auschwitz


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