Historia al azar: La broma de Emmet Cullen
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Lindsey Cooper, la hermana de Lily Evans » El paseo
Lindsey Cooper, la hermana de Lily Evans (ATP)
Por Hermaire
Escrita el Sábado 11 de Enero de 2020, 20:34
Actualizada el Jueves 29 de Octubre de 2020, 20:58
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El paseo

Capítulos
  1. El nacimiento
  2. Magia
  3. La verdad
  4. Lista para el viaje.
  5. Albus Dumbledore
  6. Hogwarts
  7. Conociendo a los Dursley
  8. Valle de Godric
  9. Severus Snape, ¿el amigo de Lily?
  10. ¡Hola, tía Lindsey!
  11. Conociendo un poco más
  12. Una visita nocturna
  13. La vista en el juzgado
  14. No eres ella
  15. Desahogo
  16. La llegada de Beauxbatons
  17. ¡No puede ser posible!
  18. Un pequeño enfrentamiento.
  19. La carta del abogado
  20. La primera prueba
  21. La vista en el juzgado
  22. Una contienda lejos del juzgado
  23. El anuncio de Dumbledore
  24. Una carta de tía Petunia
  25. ¿Irías conmigo al baile?
  26. El baile
  27. Un espía en el pasillo
  28. Incertidumbre
  29. Un nuevo artículo de Skeeter
  30. El paseo
  31. Amor
  32. Un intruso
  33. Gemelas.
  34. Revelación.
  35. Perdóname
  36. ¿Qué sucede con Lindsey?
  37. La segunda prueba del torneo
  38. ¿Ocurrió de nuevo?
  39. Antídoto
  40. Muerte en el castillo
  41. Cuidaré de ti
  42. La excursión a Hogsmeade.
  43. Una grata visita.
  44. El fantasma
  45. ¿Qué diantres está pasando?
Nota de autora: Amigas y amigos (si los hay por ahí) Aquí les dejo un episodio más largo de lo normal y que sé que les encantará. En compensación por no haber actualizado el viernes. 

El día domingo, en las mazmorras Severus despertó temprano como de costumbre pero no quiso bajar al gran comedor, se quedó entre las sábanas, todavía reviviendo en su memoria el sueño que había tenido... 

No estaba dentro de los muros de Hogwarts sino en el hermoso parque donde otrora se reunía con Lily para jugar cuando solo eran niños. Allí, ahora tenía frente a él a Lindsey, sonriéndole, con esa sonrisa franca, con esa mirada angelical que lograba atravesar sus ojos y calarse en su alma. Ella tomaba sus manos sin quitarle la mirada de encima, posteriormente recostó la cabeza en su regazo como lo había hecho el día del baile y lo abrazó con fuerza antes de pronunciar unas palabras que difícilmente él podría olvidar. 

Confío en ti, confío ciegamente en ti. 

Él no podía explicarse siquiera a sí mismo el efecto que le habían provocado esas palabras, solo sabía que le conferían un grado de responsabilidad con el que no sabía si podía lidiar. ¿De verdad ella confiaba en él?... ¿En el asesino indiVamos.  de su hermana gemela? ¿Debía decirle la verdad antes de que fuese demasiado tarde o sería mejor dejar las cosas como estaban? 

  Se pasó las manos por el rostro mientras se sentaba en la cama para recostarse de la cabecera y fue en ese justo momento en que se percató del montoncito de regalos que estaban en el diván a los pies de su cama, así que se levantó y fue a darles un vistazo. 

Dumbledore le obsequió una caja de madera con un set de frascos finísimos para almacenar brebajes.  McGonagall le obsequió una bufanda y un par de guantes tejidos por ella misma. Charity le regaló un libro de tapa dura y dorada sobre propiedades de plantas para contrarrestar venenos. Lucius Malfoy le envió un lujoso reloj de bolsillo pero había otro regalo que Severus no se esperaba. Era un bulto envuelto en papel marrón con una tarjeta. 

Cuando Severus descubrió el paquete se dio cuenta de que había un set completo para pocionistas profesionales: Una caja rectangular profunda que guardaba una tabla de cortar con madera de nogal y un set de dagas y cuchillos de plata con un filo inalterable que además no se oxidaba nunca.  

Solo quería desearte un feliz cumpleaños y de paso agradecerte de alguna forma las atenciones que has tenido conmigo: como cuando curaste la herida en mi mano en los invernaderos, cuando me defendiste del asedio de Noah y... cuando me salvaste después del ataque al final del baile. Me sentí segura a tu lado.

Con cariño.

Lindsey

P.D: Sé que con tu talento sabrás aprovechar muy bien el regalo. 

Severus reflexionó acerca de esas palabras.... Ella de verdad confiaba en él, confiaba mucho en él.

No había querido salir en todo el día de su habitación, no obstante se vio comprometido a hacerlo para agradecer los regalos recibidos, que dicho sea de paso le habían agradado bastante, en especial el de Dumbledore y el de Lindsey. Esta última además le había dejado una nota para hacerle ver que jamás había olvidado sus atenciones. Él tampoco podía olvidar lo mucho que había temido perderla cuando fue atacada. Mirar sus ojos laxos que suplicaban ayuda, así como sentir el agarre desesperado de sus manos le provocó una angustia que difícilmente podría describir con palabras. Solo podía decir que nunca más quería verla sufrir por ninguna causa. 

No podía ignorar lo bien que se sentía a su lado, lo rápido que pasaban los minutos e incluso las horas cuando conversaban o se juntaban para hacer brebajes como cuando... 

Severus suspiró con pesadez... Lily no estaba más ahí, ella se había marchado de su lado mucho antes de morir, incluso antes de enamorarse de Potter. Lily partió de su lado cuando él decidió inclinarse por las artes oscuras. 

Se encogió de hombros mientras se levantaba de la cama para ir al baño a asearse antes de bajar al gran comedor. 

Lindsey por su parte estaba en la lechucería terminando de atar unas cartas en las patas de dos lechuzas. Eran las respuestas a las misivas que Sirius y la Sra Weasley respectivamente le habían enviado manifestándoles su enorme preocupación por todo lo acontecido el día del baile de navidad. Ninguno de los dos sospechaba de Hagrid pero sabían que había gato encerrado en todo ese asunto. No obstante lo que más preocupó a Lindsey y la puso alerta fue que Sirius expresó la hipótesis de que tal vez ese ataque había sido para tratar de quitarla del medio porque el objetivo principal debía ser Harry. 

Ella con gusto hasta habría sacado al niño de la sala común para que durmiera con ella en la enfermería y así mantenerlo bien vigilado pero debía reconocer que el muchachito necesitaba su espacio y que además tal vez allí en la torre Gryffindor contaba con más protección al estar el acceso vigilado por un retrato con contraseña.    

Cuando ella regresaba al castillo y pasó por la explanada echó un vistazo a la cabaña de Hagrid. El semigigante continuaba confinado en su vivienda, tal vez desolado por todo lo que estaba aconteciendo a propósito del artículo de Skeeter. Muchos hablaban a propósito de él, sobre todo ese insufrible mocoso de apellido Malfoy.

Harry se había enojado mucho al saber que la periodista había difamado a su amigo pero Lindsey lo había convencido de no ir a ver a Hagrid los primeros días para darle espacio. 

Una vez dentro del gran comedor cuando se encontró con Snape, siendo fiel a las costumbres arraigadas del país donde se crió, le dio un fuerte abrazo y un par de besos en las mejillas que él jamás se esperó y que lo hicieron ruborizar, muy a pesar suyo. 

—¡Feliz cumpleaños, Severus! Espero que te haya gustado mi obsequio. 

—Sí... muchas gracias —respondió el maestro de Pociones, todavía sorprendido. 

En la mesa de Gryffindor Harry miró el saludo con un poco de disgusto. Ese acercamiento entre su tía a quien adoraba y Snape, uno de los seres que más detestaba ya le comenzaba a molestar. No entendía como alguien tan angelical y hermoso como su tía Lindsey podía fraternizar con alguien como el murciélago de las mazmorras. Además ¿a quién diantres (a excepción de los molestos Slytherins) le importaba si él cumplía años?

—Y entonces ¿nos vamos a Hogsmeade hoy por la tarde como acordamos?  —preguntó Lindsey mirándolo con entusiasmo.

—Yo...

—Vamos ¡no nos irás a hacer un desprecio a Charity y a mí!

—Sí, quizá podamos distraernos un poco —concedió Snape al fin—. No obstante preferiría que optaramos por Cabeza de Puerco.

—¿Cabeza de Puerco? —repitió Lindsey riendo.

—Es el bar del hermano de Albus.

 —¿De veras? No sabía que tuviera hermanos. 

—Solo uno. 

—¿En serio quieres ir a Cabeza de Puerco? —preguntó con incredulidad Charity mientras bajaba la voz para que solo sus amigos la escucharan.

Severus asintió. 

—¿Qué hay de malo? —quiso saber Lindsey. 

—Bueno, solo te aconsejo llevar tu propio vaso o copa. El lugar está repleto de cabras  así que no es precisamente un templo de pulcritud.

—No exageres —respondió Snape con su acostumbrado tono de voz parco—. Es más discreto que Las Tres Escobas, lugar ruidoso por naturaleza y además frecuentado por celebridades de la talla de Rita Skeeter.

—Es cierto, ella estaba ahí el día en que tú y yo fuimos al pieblo, ¿recuerdas, Charity? Fue el día de la entrevista con Hagrid —dijo Lindsey. 

Su amiga asintió. 

—Puedo sugerir algo mejor... ¿Que tal el salón del té de Madame Pudipie? 

Severus se encogió de hombros.

—Donde sea menos en Las Tres Escobas. 

 —Pues allá entonces —dijo Lindsey contenta. 

—Podemos dar un paseo por el pueblo además y así terminas de conocerlo ya que apenas y hemos ido un par de veces y tú solo conoces Las Tres Escobas y la tienda de Madame Malkin —dijo Charity.

—Me parece estupendo. 

Así quedaron los planes. No obstante cuando se preparaban para salir por la tarde en su excursión al pueblo, Charity, que iba tomada del brazo de Gerald, se excusó con ambos diciendo que no se sentía muy bien para salir ese día pues estaba un poco indispuesta.  

—Déjame echarte un vistazo —propuso Lindsey acercándose a ella pero la mujer colocó una mano al frente para que se detuviera. 

—No te preocupes, querida. No es nada de cuidado. Estaré bien, vayan ustedes.

Severus le lanzó una mirada de suspicacia. 

—¿Pero qué tienes exactamente? ¡Déjame examinarte! 

—Solo es una indisposición... Tal vez me cayó mal el pastel de carne del almuerzo pero Gerald ya ha dado una pócima, ¿no es cierto?  

—Sí, solo debe descanzag un poco  —confirmó el sanador de Beauxbatons pero Lindsey no pasó por alto el hecho de que Charity le apretó el brazo y entonces cayó en la cuenta. 

—Ahhh ¡Está bien! Descansa entonces —le dijo despidiéndose con la mano. 

—¿Son ideas mías o ella quería estar sola con Gerald? —preguntó a su compañero mientras se enfilaban hacia el pueblo—. No se veía precisamente enferma. 

Severus se encogió de hombros por toda respuesta.  ¿Cómo podía Charity intentar engañar a una medimaga? Era cierto, el propósito con esa pantomima era tal vez quedarse a solas con el sanador y eso a su vez derivaba en que solo Lindsey tendría que acompañarlo a él, Severus, al pueblo.  


Al pasar cerca del carruaje de Beauxbatons, Severus y Lindsey notaron que Noah estaba examinando las patas de los Abraxan pero cuando se percató de que ambos seguían solos el camino que conducía al pueblo se mostró inquieto, incluso detuvo su labor por unos segundos. Quizá pretendía ignorarlos pero le era imposible quitarles la mirada de encima. Un poco más allá se encontraba Colette practicando algunos pasos de baile con sus alumnos al ritmo de la música que emitía un gramófono. 

Lindsey no pudo evitar dejar escapar una risa escueta. 

—¿Qué te parece tan divertido? —preguntó Snape cuando seguían el camino que conducía a las verjas con cerdos alados. 

—No es nada —respondió la mujer con una sonrisa—. Solo  imagino que su admirador debe estar por allí, observándola. 

—¿Te refieres a Igor? Dudo que insista después de la confrontación que tuvieron el otro día, lo que te comenté. 

—Severus, yo insisto en que no debiste haberla encarado. No tienes pruebas para acusarla y tampoco a...

—Lo sé pero no me negarás que la actitud de esos dos es bastante comprometedora. 

—Estoy de acuerdo contigo pero sin pruebas no podemos hacer nada. 


Cuando llegaron al pueblo, Lindsey no tardó en reconocer el Salón del Té de Madame Pudipie debido a la prolijidad de su fachada, tal cual la había descrito Charity, con un estilo entre medieval y barroco, con grandes ventanales de color rosa, pero sobre todo porque arriba, encima de la puerta y los ventanales que exhibían los postres y masas había una marquesina con el nombre escrito en letras muy elaboradas.   

Había muchísimo frío afuera e incluso una gruesa capa de nieve pero ni bien abrieron la puerta del pub los recibió un agradable ambiente cálido que los hizo sentir bastante cómodos.  

—¡Qué bonito! —dijo con admiración la medimaga recorriendo el lugar con la mirada. 

—Aunque sea es menos ruidoso que Las Tres Escobas —admitió Severus lanzando sobre todo el lugar una mirada evaluadora, con una ceja alzada. 


Era la primera vez que entraba en ese lugar, a pesar de todos los años que tenía frecuentando el pueblo. Tenía un ambiente sobrecogedor y se escuchaba una agradable melodía de fondo. Incluso, a Snape le gustaba que, ya fuese porque recién terminaban las vacaciones o quien sabe por qué cosa, se encontraba bastante vacío, solo había algunas cuantas parejas desperdigadas. No obstante se sintió un tanto incómodo al descubrir que algunas de ellas se besaban. Ese no parecía ser un lugar para él, sin embargo Lindsey parecía más interesada por la decoración y el agradable ambiente del lugar que ni reparó en los comensales.   


—Y más limpio que Cabeza de Puerco —añadió ella riendo. 

Un elfo doméstico se acercó a ambos con la carta.

—Una taza de café con leche avainillado y... déjame ver... ¡Ah, sí! Un par de empanadas de calabaza, por favor. Muchas gracias —ordenó la mujer después de revisar la carta. 

—De nada, Madame —respondió el elfo con su voz aflautada—. ¿Y el señor que piensa ordenar? 

—Unos pasteles de chocolate en forma de caldero y una taza de té, por favor.

El elfo asintió y se marchó en busca del pedido. 

—¿Nunca habías venido entonces? —preguntó incrédula. 

—Jamás. Este no parece ser un lugar para alguien como yo. 

—¿Por qué no? Es apacible, prolijo, agradable incluso. ¿Sabes? Cerca de Beauxbatons hay una villa también. Se llama Ville Ensorcelée. Allí puedes visitar muchos lugares como los jardines estacionarios en el que puedes apreciar las cuatro estaciones según el horario en que lo visites. Incluso hay un concesionario de autos ¿puedes creerlo? Todos ellos tienen modificaciones mágicas. 

—¿En serio? 

—Sí, no hay que negar que a los magos y Brujas nos encantan los autos.  

—Eso me recuerda la gracia que hicieron tu sobrino y su amigo Weasley cuando estaban a punto de iniciar su segundo curso  —comentó Snape.

—¿Qué cosa?  —preguntó ella con curiosidad.

En ese momento llegó nuevamente el elfo, esta vez con el pedido.

—Muchas gracias —respondieron ambos con un asentimiento de cabeza. 

—De nada, que lo disfruten —respondió la criatura antes de marcharse nuevamente. 

—¿Y bien? —insistió Lindsey. 

—Ese año Potter y Weasley llegaron al colegio a bordo de un auto volador, un Ford Anglia perteneciente al padre de Weasley. Según ellos perdieron el expreso de Hogwarts así que, en lugar de enviar una lechuza para explicar la situación, decidieron obrar por su cuenta así que abordaron el auto y se se dirigieron al castillo siguiendo el expreso de Hogwarts. Se suponía que el auto tenía una función para hacerse invisible pero no funcionó, así que muchos muggles fueron testigos de la proeza y como era de esperarse lo reportaron a la policía. 

—¡Cielos! Harry nunca me contó eso y mira que hemos hablado bastante de los dos, de su pasado y el mío.

—Desde luego, no te contará sus travesuras. 

—Quizá no lo hicieron por travesura sino por imprudencia. 

—Siempre lo justificas. 

—Y tú siempre lo acusas... 

—Será mejor que me sigas contando qué más hay en esa villa cerca de Beauxbatons —respondió Snape al ver que la conversación vaticinaba un conflicto—. Es muy interesante. 

—Bueno, mayormente hay pastelerías y tiendas de dulces. Mi favorita es La bombonería de Vranken donde venden un chocolate belga delicioso. Se especializan en bombones con formas de animales, pero también está la confitería de Madame Gourmande con sus deliciosos macarons. Es considerada la mejor de toda Francia. También me encanta la Crepería de Madame Oliviers ¡Cielos! Sus creeps son deliciosos. Los hay dulces y salados y cómo olvidar La panadería Layóux et les enfants.

Severus realmente disfrutaba escucharla hablar y ver como los ojos le brillaban al recordar sus días de colegio en la villa. 

—¿Y qué hay de los brebajes? —preguntó Snape después de dar un sorbo a su té—. Supongo que habrá algún lugar al que recurrir cuando necesitas adquirir ingredientes para pociones.

—Desde luego que sí —respondió Lindsey después de degustar una cucharada de la mousse de chocolate que simulaba ser una poción dentro de su pastel en forma de caldero—. Está la Herboristería Chádeaux. Es un lugar antiquísimo que está en funcionamiento desde el siglo XIV. Hay de todo en la villa. También me gusta visitar la tienda de perfumes Grenouille. Es ahí donde suelo comprar mi esencia de jazmín. ¡Me encanta!   


Discretamente Snape aspiró un poco para percibir su fragancia pues estaba de acuerdo con ella, a él también le gustaba mucho. 


—Hay otra tienda que se especializa en todo lo relacionado con el arte. En Fenêtre de l'art puedes hallar pinceles, caballetes, lienzos, óleos e incluso clases de pintura y encantamientos de presencia permanente. Los estudiantes que cursan artes plásticas en Beauxbatons aman esa tienda, pero la favorita por el cuerpo de Ballett del colegio es Mademoiselle Pantoufle —la medimaga dio un suspiro de fastidio y continuó—: Era ahí donde Colette y sus amigas compraban sus zapatillas. También puedes encontrar una tienda de ropa, zapatos y demás accesorios, se trata de Le Maison ¡Ah! y una joyería, Le Joyau de la Provence. 

—¿Y las posadas y Pubs? —preguntó Snape.

—Hay dos que cumplen esa función como Aubergue Pixie Hollow, también llamada la Posada Holandesa de las Hadas. Es un lugar precioso y acogedor, pero también está el café Luxor que como su nombre lo indica es muy ostentoso y anteriormente solo admitían a personas de sangre pura. Ahora está regentado por gente con una mente más abierta pero siguen frecuentándolo personas retrógradas que defienden la supremacía de la sangre.   

Severus se quedó pensativo al escuchar esto. 


—¡Que tontería! ¿No? Afortunadamente tú cambiaste tu forma de pensar respecto al estatus de sangre o de lo contrario no habríamos podido estar aquí, celebrando tu cumpleaños como dos buenos amigos —dijo Lindsey con un suspiro mientras colocaba la mano derecha sobre la de Snape. 


No sabía por qué lo había hecho, simplemente ansiaba sentir su contacto, se moría por tocar su piel. 


—Yo jamás creí en realidad que el estatus de sangre fuese un problema, además... soy el menos indicado para creerlo ya que soy mestizo respondió Severus con la mirada clavada en la mano que ella había posado sobre la suya. Eran tan agradable sentir su calor y suavidad. 

—¿De veras? ¿Quien era el muggle? —preguntó retirando la mano al caer en la cuenta de que quizá lo incomodaba. 

—Mi padre —respondió Snape con cierto matiz lúgubre en el tono de su voz—. Además odiaba la magia y todo lo que tuviera que ver con ella, incluso a... 


Se sintió incómodo de repente, no le agradaba recordar su pasado tormentoso y mucho menos si incluía a Tobías. 


—Será mejor que comencemos a dar un paseo por el pueblo para que puedas ver todos los lugares antes del anochecer —dijo Lindsey al notar con decepción que él no quería hablar de ello. No obstante, debido a lo poco mencionado por Severus podía deducir que su padre era tal vez del mismo bando que Petunia. 

—Sí, será lo mejor —respondió la medimaga hurgando dentro de su bolso.

—¿Qué haces? —preguntó Snape al ver que ella comenzaba a colocar algunas monedas sobre la bandejita que había encima de la mesa destinada para el pago.

—Solo pago la cuenta —respondió risueña mientras se encogía de hombros.

—De ninguna manera —respondió Snape hurgando en sus bolsillos—. Lo haré yo.

 —No, para otra ocasión será —se negó la medimaga rotundamente—. Hoy es tu cumpleaños y no olvides que yo te invité. Este es parte de mi regalo y tendrás que aceptarlo o de lo contrario lo consideraré una grosería. 

—Estoy agradecido pero...

—Nada de peros —insistió Lindsey mientras se levantaba de la mesa—. Más bien pongámonos en marcha que me muero por conocer a fondo este lugar. 


Severus Snape se resignó pues, si había algo que la caracterizaba era su persistencia. Así pues, el pocionista le dio a su compañera un agradable recorrido por todo el pueblo acompañado de una explicación de cada lugar. 

Fue así como ella estuvo de acuerdo con la descripción de Charity al conocer el mencionado pub Cabeza de Puerco. También visitaron Zonco (solo para que ella observara el lugar aunque desde luego no era un sitio en el que el profesor de Pociones se pudiera sentir a gusto) También le mostró la tienda de instrumentos musicales Dervish y Banges, Honeydukes, la estación de tren, la Casa de las Plumas, donde se encontraba una gran variedad de plumas de diferentes aves, incluso la famosa a vuela pluma o las correctoras y demás artículos de papelería y desde luego no podía faltar su lugar favorito, la botica Slug and jiggers.


—¡Cielos! Creo que aquí hay más variedad que en la tienda de la villa en Francia —dijo con admiración, acariciando con la yema de los dedos las crines de unicornio que pendían de las vigas del techo.  Aunque nunca he estado de acuerdo con la captura indiscriminada de estas criaturas.

 —Yo tampoco, aunque al menos nadie se atreve a matarlos al saber que obtendrían a cambio una maldición. 


Posteriormente pasaron frente a Las Tres Escobas. 


—Tienes razón, este parece ser uno de los lugares más frecuentados por todos pues la vez que vine también estaba así —comentó Lindsey viendo a la gente en las mesas a través de la vidriera—. ¡A mí me gusta!  —añadió brindándole una de sus tiernas sonrisas, de esas que provocaban que a él se le debilitaran las piernas. 


También pasaron por la oficina de correos pero se detuvieron justo al pasar por el letrero que identificaba La Casa de los Gritos.


—Es la más embrujada de toda Gran Bretaña según dice aquí. 

—¡Tonterías! —exclamó Snape—. Son solo patrañas para atraer a los curiosos y alejar a los cobardes pero en realidad solo la construyeron como refugio para un hombre lobo.    

—¿Un hombre lobo?

—Sí, amigo del padre de Potter.

—¡Espera un segundo! ¿Te refieres a Remus Lupin? —preguntó con curiosidad mientras se recostaba de la verja.

—¿Lo conoces? —preguntó Snape extrañado.

—No exactamente pero ahora que mencionas lo de la casa y el hombre lobo recordé lo que me contó Harry acerca de lo que ocurrió el año pasado... ¡Sí! La casa de los gritos. ¡Entonces fue aquí!  —analizó Lindsey escrutando la casa.

—Sí, fue aquí —respondió Snape con voz monocorde—, pero no tiene nada de especial esa casa. 


Hubo un breve silencio entre los dos, cada uno meditando por su parte. Severus receloso, intuyendo que Potter habría mencionado la rivalidad que existía entre él y los merodeadores. Lindsey  en efecto tenía ese pensamiento en mente, recordaba que su sobrino le contó que Sirius Black le quiso jugar una broma terriblemente pesada a Snape y que al final James Potter había intentado persuadirlo de no entrar en esa casa donde estaba Remus Lupin converso. 


—También me contó que él, Ron y Hermione te hirieron, sin intención obviamente, pero él tenía deseos de escuchar la historia de Sirius Black, necesitaba oírlo y fue así como se enteró de la verdad. 

Severus rió con ironía. 

—El pobre chico se dejó embaucar por un delincuente, un fugitivo, un bueno para nada...

—Estaba preso injustamente, Severus.

—¿Te consta que era inocente? —preguntó sin poder contenerse, girándose abruptamente para encararla—. ¿Cómo puedes estar tan segura de que no fue él quien delató a tu hermana?.. 


En ese momento decidió guardar silencio, no solo porque los ojos de ella se humedecieron sino porque no le convenía en realidad seguir ahondando en el tema. 


—No me consta pero quedó claro que fue ese tal Peter Pettigrew —respondió con voz ofendida—. Ese Sirius Black puede que haya sido un brabucón en el pasado pero no hay dudas de que aprecia a mi sobrino y todo aquel que sea su amigo tiene mi apoyo incondicional —concluyó para dar a entender que efectivamente sabía toda la historia con respecto a los merodeadores y sobre todo a Sirius Black, al menos lo que Potter pudo contarle. 

—Sí, siempre tuvo ese don de ganarse a todo el mundo. 

—Severus, no vinimos aquí para hablar de Black o la Casa de los Gritos —dijo ella suavizando el tono de su voz. Lo último que quería era discutir y mucho menos ese día. 

—Exactamente es lo que te iba a decir —concedió Snape. 

—Sí, olvidemos esto pero será mejor que regresemos al castillo porque ya prácticamente es de noche. El tiempo se nos fue muy deprisa. 


Ambos se pusieron en marcha en completo silencio, hasta que a mitad de camino, cuando la oscuridad se fue haciendo más evidente al tiempo que la luna reclamaba su puesto en el firmamento él decidió hablar... 


—Quería agradecerte una vez más por el regalo que me diste y... por este paseo. No era necesario en lo absoluto. 

—Solo es un pequeño detalle para demostrarte que soy yo quien tiene mucho más que agradecerte —respondió Lindsey con sinceridad—. A pesar de que sé que mi presencia te hace sentir incómodo de algún modo no has hecho otra cosa más que protegerme. 


Severus se detuvo enseguida y ella también. La luna llena iluminaba su hermoso rostro y le arrancaba destellos a esas preciosas orbes esmeralda que tanto le gustaban. 


—A tu lado no me siento incómodo en lo absoluto, todo lo contrario —respondió con sinceridad. 

—¿De verdad? Pero ¿qué hay de?...

—Actué como un idiota, lo sé pero...

 —Es lógico que reaccionaras como lo hiciste al verme por primera vez, además estoy consciente de lo que sentías por ella —respondió Lindsey poniéndose en marcha nuevamente. 

 —No me gusta hablar de eso. Albus no debió...

—Él no me dijo nada, Severus. Lo supe desde esa noche en que entraste a mi habitación.


Lo dijo sin mirarlo para que el rayo de luna no delatara el rubor de sus mejillas.  


—Me disculpo nuevamente por mi osadía —respondió el maestro de Pociones con voz seca.  

—No, no tienes que disculparte, entiendo perfectamente que te hayas descontrolado en esa ocasión. No sabías como lidiar con todo esto, no soy quien para juzgarte y...

 —¿Sí? 

—Olvídalo —respondió Lindsey. 


Ella intentó avanzar pero él la tomó por el brazo para impedírselo. No supo por qué lo hizo pero simplemente obedeció a su instinto, se dejó llevar de nuevo por el impulso y terminó tomándola entre sus brazos para besarla. No obstante en esta ocasión y a pesar de que también la había tomado por sorpresa ella no opuso resistencia sino que se dejó llevar por él y también por lo que sentía por él. Se dejó estrechar y besar sintiendo de nuevo un revoloteo en el estómago como en los mejores tiempos con Noah. 

¡Qué diferencia!  —pensó ella comparando inevitablemente el último beso que había recibido de su exmarido con este. Noah la había besado con orgullo y frivolidad, tratando de despertar las mismas emociones que le provocaba antes de herir su corazón. Severus en cambio la besaba con una mezcla entre pasión y ternura. 

Ninguno de los dos quería que se acabara ese momento y a pesar de que la necesidad de aire les obligó a cortar el beso, sin darse cuenta y con la luna como único testigo ambos se rozaron con los labios y la punta de la nariz. 

 —Disculpame —se excusó Snape al caer en la cuenta de lo que había sucedido. Intentó liberarla pero esta vez fue ella quien se aferró a él y recostó la cabeza en su regazo. 

—No te disculpes, Severus. Lo permití porque quise —respondió con una sonrisa en los labios.

Sin darse cuenta él también sonreía y se permitió estrecharla nuevamente, no de forma posesiva como lo había hecho el día de la irrupción a la habitación de la medimaga, sino con sutileza y humildad. No había querido admitirlo y mucho menos frente a ella pero lo que sentía era algo que superaba sus fuerzas. Tenerla entre sus brazos, haberla besado siendo correspondido ¡No podía pedirle a la vida mejor regalo! Más de pronto, como si fuera poco lo que había sucedido recibió otra dádiva que jamás se esperó y que por lo tanto lo dejó pasmado.   

 —Me gustas, Severus, no puedo negarlo más. Me gustas y me siento tan bien a tu lado. 


La respuesta de Snape fue otro beso espontáneo. 


—Tampoco yo puedo negar lo que siento —respondió con total sinceridad, alentado por la sonrisa que imperaba en el hermoso rostro de Lindsey.


Ella sonrió y una vez más no puedo evitar ruborizarse pero esta vez no apartó sus ojos de los de él para posarlos nuevamente en el camino.

—Será mejor que sigamos  antes de que se haga más tarde —respondió mientras se prendía a su brazo. 


Él obedeció sin decir una sola palabra, así que avanzó con una mezcla de emociones dentro de sí e incluso con incertidumbre pero no podía negar que le complacía sobre manera haberla besado y tenerla tan cerca. No hacía falta que ninguno de los dos dijera nada, la atracción entre ambos era tan intensa que casi se podía palpar.  

Finalmente llegaron al castillo a tiempo para la cena. Ambos con un agradable sabor de boca a pesar de los conatos de discusión a propósito de Potter y Black en el pueblo. 


Severus siguió sin decir nada, haciéndose miles de preguntas internamente, sopesando sus sentimientos y sobre todo el hecho de si había actuado bien o no al dejarse llevar de nuevo por un impulso, pero no podía ignorar el hecho de que estar junto a Lindsey le provocaba una sensación más que sublime. 




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