Historia al azar: Los polos opuestos se atraen
Regístrate | Recupera tu contraseña
     
     
Menú




 
¿Quién ha añadido esta historia a sus Favoritos?
Lindsey Cooper, la hermana de Lily Evans » La verdad
Lindsey Cooper, la hermana de Lily Evans (ATP)
Por Hermaire
Escrita el Sábado 11 de Enero de 2020, 20:34
Actualizada el Viernes 3 de Abril de 2020, 12:28
[ Más información ]

La verdad

Aunque la señora Cooper todavía no estaba convencida del todo acerca de que su única hija estudiara precisamente magia y hechicería, terminó aceptando al ver que, efectivamente cuando la pequeña Lindsey no se vio forzada a reprimir sus poderes (al menos dentro de casa) la terrible entidad (el obscurus) desapareció por completo.

Lindsey estaba muy entusiasmada con el hecho y su padre también. La pequeña no podía creer que dentro de poco tiempo tendría una varita mágica y que la enseñarían a usarla. 

Pocos días después la niña se encontraba estudiando francés y como era tan inteligente y además ya era bilingüe debido a que manejaba el inglés que se hablaba en casa y el español que usaba a diario en el colegio muggle y en la calle, no se le hizo difícil para nada el aprendizaje de una nueva lengua. 

Cuando faltaban un par de días para iniciar el curso en el colegio, justamente cuando Lindsey  creía que nadie iría a buscarla como había dicho el señor García, una mujer cuya altura sorprendió a los Cooper, apareció frente a su puerta para entregar la preciada carta de Beauxbatons. Se identificó como Madame Maxime y dijo que era profesora de Historia de la Magia. Ella se ofreció a llevarse a Lindsey a comprar sus útiles del colegio. Sus padres pretendieron darle los ahorros que tenían para la educación de su hija, sin saber que en el mundo de la magia se manejaba una moneda diferente. 

—No se pgeocupen —dijo en inglés para que los padres de la chica se sintieran en mayor confianza—. Sus gastos estagán cubiegtos pog el ministegio de magia Fgancés. Es lo que se acostumbga en el caso de los hijos de muggles.


Los Cooper despidieron a su hija en medio de muchos besos, abrazos y lágrimas, sobre todo por parte de Emily. Era la primera vez que Lindsey se separaba de ambos por tanto tiempo y le preocupaba que algo malo fuese a pasarle ya que, debido a su conciencia, la tenían sumamente sobreprotegida y mimada, tanto que a veces llegaban a ser asfixiantes.

—Estaré bien, mami —dijo Lindsey, secándose las lágrimas mientras se separaba de Emily.  

—No lo sé, es tan pequeña aún, solo tiene diez años ¿Y si llora al verse lejos de nosotros? Jamás nos hemos separado por tanto tiempo, solo durante un mes cuando tiene campamento de verano. ¡Por Jesús bendito! ¡Pasará alrededor de ocho meses lejos de sus padres! —dijo Emily aterrada mientras estrechaba a Lindsey de nuevo contra su pecho. 

—¡Mamá! Ya no soy una niña pequeña. Los extrañaré mucho pero no voy a llorar —argumentó Lindsey, tratando de reprimir nuevas lágrimas.

Ella quería demostrarle a sus padres que estaba creciendo y que estaba lista para realizar sus estudios mágicos, además se moría de ganas por empezar ya que todo ese asunto de su nueva condición la tenía maravillada. 

Al fin Emily la dejó ir, sobre todo cuando Madame Máxime le aseguró que la tendría de vuelta en navidad y si lo deseaba también durante la semana santa. 


Lindsey estuvo feliz y sumamente encantada con sus útiles, su uniforme y en especial su varita que resultó ser de Sauce al igual que la que escogería a su hermana gemela un año más tarde. 

La niña se sintió viviendo un sueño al mirar el hermoso palacio que se convertiría en su hogar. Fue escogida para la casa Doué, que fue fundada, según le explicó el prefecto, por la bruja Dominique Doué. Esta fundadora fue una gran duelista temida por todo aquel que osase increparla. De buen corazón y luchadora de una causa justa. El color referencial de Doué es el morado, y su animal representativo un caballo, debido al amor de Dominique por estos seres. Lindsey también sentía mucho amor por los animales, aunque los conejos no eran su animal favorito, sino los perros, en especial los de gran tamaño como los Gran Daneses, Dálmatas o San Bernardo. 

En el colegio tuvo la oportunidad, no solo de practicar su nuevo idioma, el francés, con el que se volvió muy hábil, sino que además aprendió todo lo referente a la magia. Al igual que su hermana gemela, fue bastante buena en Encantamientos y en Pociones, pero esa última fue definitivamente su materia favorita, llegando incluso a pertenecer al club de Pociones y a tomar clases extras con su profesora Madame Dupont, experta pocionista y medimaga. Con su profesora, Lindsey se perfeccionó en el arte de elaborar brebajes curativos y más tarde, después de recibir los resultados de sus TIMOS en el sexto año, tomó la decisión definitiva de convertirse en una gran Medimaga. 

Ella había crecido mirando la dedicación con la que su madre atendía a los pacientes del hospital de la iglesia, aunque en los últimos años se había retirado del mismo pues su edad no le permitía semejante esfuerzo. Afortunadamente la pequeña empresa constructora de su padre, aunque era modesta, iba viento en popa y ahora contaba con varios empleados. 

Lindsey fue muy popular en su generación, sobre todo con los chicos debido a su gran belleza, sencillez y carisma. Solo tuvo desavenencias con algún que otro estudiante de la casa Vantard debido a su condición de hija de muggles y a su rechazo por las artes oscuras que por lo general tanto fascinaban a los estudiantes de esta casa al igual que su fundadora, Viktoria Vantard, a pesar de que en el palacio ya no se cursaba esa materia, sino Defensa Contra las Arte Oscuras. Del resto nadie más tuvo problemas con su estatus de sangre. 

Un par de años antes de graduarse, Lindsey se enamoró perdidamente de su compañero de casa, Noah Vertonghen, un estudiante belga. Se había identificado mucho con él debido a que, al igual que ella era extranjero, tenía las mejores calificaciones y amaba las Pociones y la sanación como ella. 

Noah, era un joven retraído e inseguro, a pesar de ser un chico bien parecido, pero como no tenía los grandes músculos de Diderot Beaulieu, el capitán del equipo de quidditch de Doué que enloquecía a casi todas las chicas del palacio, se sentía menos, aunque su situación cambió cuando la pícara mitad veela de Colette Piaf, su amor platónico, comenzó a coquetearle, aunque el tonto no se daba cuenta de que solo lo hacía para que la ayudara con Pociones y Herbología. Lindsey la odiaba por esa razón, debido a que ella sí tenía sentimientos románticos hacia Noah. Los otros chicos se morían por su atención y la de la vacía Colette, pero Cooper no tenía ojos para nadie más que el chico belga de cabellos castaños y ojos azules y tristes.  

Cuando Colette Piaf, al fin se cansó de él después de obtener los TIMOS que necesitaba, dejó de prestarle atención y de buscarlo debido a que se había hecho novia del apuesto capitán del equipo de quidditch. Noah quedó devastado y su seguridad y autoestima se resquebrajaron por completo. Lindsey fue un gran apoyo para él, al igual que Lucy, Steven y Edith (los amigos que ambos tenían en común y que además conocían los sentimientos secretos que Lindsey tenía hacia él) No obstante, la personalidad altruista y positiva de la pelirroja fue suficiente para persuadir al chico para que no siguiera sufriendo por alguien que no valía la pena y además para hacerlo entender que ella estaba dispuesta a amarlo con sinceridad.     

Desafortunadamente, justo después de terminar el último año en el colegio, Jasper Cooper, el padre de Lindsey, falleció debido a un infarto. Noah entonces se convirtió en su refugio y en un gran apoyo, tanto como lo fue ella para él en su momento. 


Al terminar el colegio, Lindsey se fue unos meses junto a su madre para hacerle compañía y cuidarla mientras se recuperaba de la pérdida de Jasper, pero poco tiempo después, y pese a la reticencia de Emily, Lindsey tomó la decisión de marcharse junto a Noah al Reino Unido para estudiar medimagia por seis años. 

—¿Al Reino Unido? —preguntó Emily con una expresión de sorpresa que rayaba en el miedo. 

—Sí —respondió Lindsey con naturalidad, reparando en la expresión de su madre sin poder comprenderla. 

—¿A qué país del reino? —preguntó con suspicacia.

—A Gales, madre. ¿Qué sucede? —preguntó al ver la expresión de alivio en el rostro de la ya anciana mujer. 

—No, no sucede nada, cariño, solo me siento triste de que tengas que irte de nuevo. 

—Es que deseo mucho estudiar Medimagia, mamá, me apasiona la medicina y los encantamientos sanadores. Creo que heredé de ti ese gusto por la sanación —añadió mientras su madre rehuía su mirada—. Iré a la A.M.M.S: Academia Maeve de Magia Superior. Son seis años para volverte Medimago y cuatro para ser Sanador. 

—¿Cuál es la diferencia entre ambos? —quiso saber Emily.

—Los Medimagos son el equivalente a los médicos y los sanadores a los enfermeros. Yo quiero ser sanadora, mamá, por eso el aprendizaje es más completo y debo aprovechar que obtuve todos los TIMOS Y EXTASIS necesarios para eso. 

—Comprendo, mi amor, y yo estaré orgullosa de que mi hija sea una doctora.

 —¿Sabes qué es lo mejor, mami?... Noah irá conmigo, también quiere ser Medimago. 

—Amas mucho a ese muchacho, ¿no es así?

—Demasiado, mamá, no imaginas cuanto. Él ha sido un gran apoyo para mí en los momentos difíciles y no podemos imaginarnos al uno sin el otro. 

—¿Por qué no se casan antes de partir entonces? —preguntó la madre. Le hacía una gran ilusión ver a su hija casada antes de morir.


Así fue, Lindsey y Noah se casaron en una hermosa ceremonia que dejó maravillados a todos los presentes. Lo único que decepcionó a Emily Cooper fue el hecho de que no pudieran oficiar una ceremonia eclesiástica debido a que Noah y su familia eran judíos y no cristianos como Lindsey.

La pareja fue inmensamente feliz durante los seis años que vivieron en Gales estudiando, incluso a pesar del trago amargo que pasaron cuando Lindsey perdió al bebé que esperaba. Ese hecho la lastimó mucho pero su esposo la contuvo y ambos comprendieron que tal vez aún no era el mejor momento para concebir, debido a que en los últimos años sus vidas se volvieron cada vez más agitadas entre el estudio y las prácticas en el hospital de la academia.  

Cuando ambos al fin recibieron sus diplomas después de seis años de estudios y feliz matrimonio, decidieron residenciarse en España pues Lindsey ya no deseaba separarse de su madre ni un solo instante. La pareja de casados encontró trabajo en el hospital Mágico de Madrid, pero gracias a la aparición no tuvieron la necesidad de mudarse hasta allí, así que continuaron viviendo en Valencia. Lindsey y Noah intentaron de nuevo concebir, pero Lindsey volvió a perder a su bebé cuando se cayó al bajar corriendo las escaleras del hospital durante una emergencia. Más tarde no tendrían demasiado tiempo, ambos se enfrascaron mucho en sus carreras y el asunto fue quedando de lado.

Lamentablemente, luego de diez años, Lindsey vivió los días más amargos de su existencia, al descubrir algunas cosas que derrumbarían sus ilusiones y cambiaría su vida para siempre. 

En primer lugar, su madre estaba ya bastante anciana. A pesar de que Lindsey tenía solo 33 años, Emily contaba con 88 y su salud se fue debilitando notoriamente cada vez más. Como los estudios de la academia eran tan completos que los aspirantes no solo aprendían hechizos y pociones curativas, sino también técnicas de medicina muggle, podían detectar algunas enfermedades no mágicas y hasta lidiar con ellas, debido a que, como decían los profesores de la academia: «Lo único que nos diferencia de los muggles es que ellos no pueden contraer enfermedades mágicas porque no tienen células mágicas, pero nosotros sí podemos contraer lo que se conoce por enfermedades muggles, debido a que compartimos el mismo organismo (así podemos contraer desde resfriados comunes hasta tuberculosis o apendicitis, )» pero lamentablemente Lindsey no podía hacer nada por su madre ya que debido a su avanzada edad, los órganos de Emily eran cada vez más frágiles y tenía una enfermedad degenerativa en su sistema óseo que poco a poco la iba consumiendo. 

Y en segundo lugar, hacía un par de meses que Noah renunció a su puesto en el hospital para ir a trabajar a su amado Beauxbatons, debido a que la medimaga y maestra de Pociones de la escuela (Madame Dupont) había fallecido. Lindsey optó por quedarse con su puesto en el hospital para estar siempre cerca y disponible para su madre enferma. La pareja se vería durante la navidad y vacaciones, pero un fin de semana en que Lindsey se vio en la necesidad de viajar a Francia y llegó a la Rue hanteé para buscar algunos ingredientes que solía usar para elaborar un brebaje que ayudaba mucho a Emily con sus dolencias y que nunca conseguía en la botica del lado mágico de Madrid, encontró a su marido Noah, saliendo de un hotel, muy sonriente mientras besaba a nada más y nada menos que a Colette Piaf, la chica engreída y mitad veela que solía utilizarlo para que la ayudara con sus lecciones. 

Al principio, Lindsey hasta quiso subestimar su inteligencia pensando que sus ojos le estaban jugando una mala pasada, pero no, era él, su amado esposo, tomando a la mujer para estamparle otro beso, aunque luego la apartó de sí, mirando a todos lados, pretendiendo absurdamente ser discreto. 

—No puede ser —se dijo a sí misma. 

En ese momento no supo como hacer ni de qué forma reaccionar: Se sentía herida, traicionada, dolida y furiosa al mismo tiempo. Quien sabe desde cuando esos dos se estaban burlando de ella. Este pensamiento fue el detonante y el impulso que necesitó para acercarse y encararlos de una vez.

¡Me dan asco! —espetó, evidentemente en francés cuando se acercó y los tuvo de frente. Ambos la miraron con asombro, en especial Noah que se apresuró a alejarse de Colette más todavía, como si su sola presencia lo quemara. 

¡Lindsey! ¡Cariño! ¿Qué... qué estás haciendo aquí?

Ella sonrió con ironía.

Mi madre ya no soporta las dolencias de su cuerpo, querido —dijo esta última palabra pronunciándola con énfasis, destilando sarcasmo—. Sabes que es aquí donde encuentro la raíz de árbol vital que necesito para el brebaje que le suministro. Así que vine lo más rápido posible, usando un traslador para poder regresar junto a ella, pero lo que jamás imaginé fue encontrarte saliendo de ahí, y mucho menos con ella. 

No, amor, escúchame... No es lo que... Yo... es decir...

¡Espera, Lindsey! Yo puedo explicarte. Noah no tiene nada que ver —intentó intervenir Colette. 

¡No me digan nada! Sigan disfrutando su velada. Lo que no puedo entender es cómo pudiste caer con ella, precisamente con ella después de lo que te hizo.   

Amor, yo... Ella está en Beauxbatons enseñando arte dramático y danza a los estudiantes. Es una artista. Fue en el palacio donde la encontré de nuevo y... ¡Lo siento! Yo te amo... es solo que la vi y mi pasado... yo solo no pude resistirme y...

Lindsey estaba tan asqueada y dolida que no quiso seguir escuchando esos argumentos tan machistas y absurdos, así que se dio media vuelta y se dispuso a regresar, pero su marido la tomó del brazo. Estaba asustado, verdaderamente aterrado, no quería perderla y se reprochó a sí mismo por su debilidad. Lindsey siempre había sido su complemento, su guía y su mayor fortaleza, su esposa desde la adolescencia. Siempre hermosa, siempre dulce, siempre con una palabra de aliento a pesar de que ella se sintiera triste. Había sido un cobarde y un idiota al caer en la tentación de las insinuaciones de Colette, quien ahora se encontraba divorciada de Diderot, el jugador de quiddicth. 

—Por favor, perdóname —le dijo en inglés para intentar congraciarse más.  

¡Suéltame, Noah! Debo volver a casa. 

No lo culpes a él, Lindsey —dijo la mitad veela, haciendo un gesto con la mano para restarle importancia al asunto, como si lo que acababa de suceder no significara nada en realidad—. Fuí yo, pero fue una aventura nada más ¡Lo juro! Sé que es tu marido y no pretendo quitartelo, así que... 

Los maridos no se quitan —espetó Lindsey entre dientes por la furia que sentía—, ellos se van con quien les da la gana. ¡Háganse a un lado que debo volver junto a mi madre! No sé cuánto tiempo...  

Ella no terminó de hablar, se tapó la boca para tratar de contener el acceso de llanto y desapareció sin que su marido pudiera hacer nada por ella. 

La pobre mujer apareció en el ministerio de magia Francés, solicitando un nuevo traslador para regresar a casa y en cuanto lo hizo, trató de reprimir las lágrimas para no preocupar a su madre. Respiró profundo y anunció su regreso como si nada. 

—Madrecita, ya estoy de vuelta, voy a preparar el brebaje que siempre te hace sentir mejor y enseguida vengo a la habitación, ¿sí? —dijo desde el umbral de la puerta de la habitación de su madre, con un nudo en la garganta tanto por lo que acababa de vivir como por el aspecto tan lúgubre e insano que ahora le veía a su progenitora. Parecía haberse debilitado mucho más en tan solo un par de horas. 

—No, Lindsey... ¡Ven! Necesito que vengas —dijo la anciana con la voz entrecortada mientras extendía los brazos.

—¿Qué sucede, mamá? No me iré de nuevo... No volveré a dejarte sola —dijo la mujer con la voz quebrada sin poder evitarlo—. Traeré el caldero y haré la poción aquí, ¿sí?

—No se trata de eso... mi niña... hay algo que... debo decirte... Necesito decirtelo para irme en paz. 

—No, mamá... ¡No digas eso!  —espetó ella ya entre sollozos—. No te esfuerces... Déjame prepararte la medicina. Es mágica así que te aliviará más rápido, como siempre. 

—No, mi cielo... ahora no necesito esa clase de medicina... al menos no una para el cuerpo sino para el alma... Necesito desahogarme para sanar mi alma de una vez. 

—¿De qué estás hablando, mamá? 

—De una confesión, Lindsey. Por favor... siéntate a mi lado y... escúchame. Así me odies... y sé que me odiarás, necesito que sepas la verdad y que Dios me perdone... Ojalá puedas hacerlo tú también.  

Elizabeth se asustó al escuchar aquello. Su día no podía ser más oscuro y desagradable y ahora su madre parecía a punto de morir con una confesión grave que hacerle... 

—Yo jamás te odiaría, madre. No sé qué te hace pensar eso pero no... Te amo más que a mi vida y también a papá. Tú eres lo único que tengo y quiero que... 

Sus palabras quedaron ahogadas por el llanto. Ella se arrojó a los brazos de su anciana madre casi por inercia con el corazón palpitándole a mil por hora. 

Después de que ella se hubo calmado tras las débiles palmaditas y caricias de su madre en la espalda, la anciana mujer comenzó a relatar, con lujo de detalles, a pesar de que la enfermedad, la vergüenza y el miedo al juicio de Lindsey se lo hicieron muy difícil, la verdad acerca de su origen, quién era ella realmente y como había terminado siendo arrebatada de los brazos de sus verdaderos padres. 

Emily lloraba a ratos, alternando la historia con ruegos de perdón y justificaciones. Lindsey estaba casi en shock al terminar de escucharla.... Su madre la había robado del hospital donde nació en inglaterra... Tenía otros padres y un par de hermanas, una de ellas era su gemela. Quizá ambas tenían hijos, tal vez ellas serían brujas igual que ella, eso era lo más probable. 

¡Por Merlín! Cuántas cosas se había perdido durante todos esos años por estar lejos de ellas y sus verdaderos padres... No podía quejarse de su vida en España, ni de sus años de colegio en Francia pero ¿cómo era posible que Emily hubiese hecho algo tan bajo y cruel, amparándose en su propio dolor al no poder tener hijos propios? Ella misma (Lindsey) sabía lo que dolía perder a un hijo a pesar de que solo lo llevó en su vientre durante cuatro meses antes de perderlo, y luego tres meses cuando perdió al segundo, pero se había hecho ya demasiadas ilusiones... Aún así ¡No! No podía juzgarla, después de todo ella le había dado todo el amor, cariño y comprensión que solo una madre sabía dar. No podía juzgarla después de quererla tanto y mucho menos después de verla tan arrepentida y atormentada en su lecho de muerte. 

Con razón se espantaba cada vez que pensaba que ella volvería a su país de origen, con razón no quería ni ir a visitar a sus parientes por parte de su padre Jasper que sabía que vivían allá. De seguro temía que de alguna forma se encontrara con su hermana gemela y entonces todo se descubriera. ¡Ahora todo tenía sentido! La reacción exagerada de Emily cuando el señor García le mencionó que por ser inglesa, Lindsey también tendría acceso a Hogwarts, tal vez se debía a que evidentemente sus hermanas estarían allí y todo se descubriría al encontrarse de frente con su gemela. 

—¡Perdoname, hija... No quiero morir sin tu perdón!  ¡Dime algo, por el amor de Dios! —dijo la mujer en medio de sollozos desesperados que conmovieron a Lindsey. 

—Yo...          

Ella no sabía qué decir, habían sido demasiadas emociones en muy poco tiempo. 

—Lindsey, mi cielo... Ellos ya tenían a su otra bebé. Sé que hice mal pero pensé que se consolarían con ella... y también con la otra pequeña que ya tenían. Tú habías nacido prácticamente muerta, todos pensaban que lo estabas y yo... yo vi mi oportunidad... Yo no podía tener hijos propios y nunca me dejaron adoptar uno... El tiempo se me agotaba y... 

—¡Basta, mamá! No te tortures, no soy quién para juzgarte —respondió la muchacha, volviendo a arrojarse a su regazo.  

—Yo ya estoy partiendo, hija. 

—¡NO!... ¡No, mamá! ¡No quiero quedarme sola! —exclamó Lindsey aterrada, apretando más a su madre. 

Sabía que ella ya estaba débil y anciana, sabía que había actuado mal, que le había mentido todos esos años, pero aún así no podía dejar de aferrarse a ella. No quería dejarla partir porque entonces se quedaría sola en el mundo. Ya no podía contar con el traidor de Noah. 

—Escucha, mi ángel. Debes volver a Inglaterra, debes buscar a tu verdadera familia. Solo sé que su apellido es Evans. El nombre de tu hermana gemela es Lily... Lily Evans... ignoro el nombre de tu hermana mayor y también la dirección de... tus verdaderos padres pero... tal vez en tu sociedad... tu sociedad mágica puedan ayudarte más. En inglaterra debe haber un ministerio como el que mencionó el señor García... Búscalo o busca a tus hermanas en ese Hog... How..

—Hogwarts —completó Lindsey con voz llorosa.

—Sí, tal vez allí sepan darte información acerca de ellas, a donde fueron luego de graduarse.

Lindsey asintió, mientras las lágrimas resbalaban por su rostro. En ese momento notó que la mirada de Emily se iluminaba mientra miraba el umbral de la puerta. 

—¡Noah! —exclamó con alegría.    

Lindsey giró el rostro y sintió una nueva punzada de dolor al ver a su marido. Ese era el colmo. Él la miró con indulgencia y temor, sin saber si dirigirse o no a ella pero al final se decidió.

—Amor, pedí unos días de licencia para acompañarte —dijo después de besarla en los labios. Habló en inglés para que Emily pudiera comprender lo que decía, posteriormente se dirigió ella—. ¡Emily! Vine a cuidarte también.   

Lindsey tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para dejarse besar por él y no comenzar a insultarlo. No quería armar un escándalo enfrente de su madre débil y moribunda. Él percibió que algo sucedía, algo más que la cercanía de la inminente muerte de Emily, pero prefirió guardar silencio, no quería importunar a su esposa mucho más de lo que lo había hecho ya. 

 Cuando Emily volvió a hablar, dejó muy en claro que estaba partiendo.

—¡Adiós, mi ángel! Y espero que algún día puedas perdonarme. 

—¡Mamá! —exclamó Lindsey con voz aterrada y trémula.  

¿Perdonarla? —pensó Noah mientras miraba alternativamente a ambas mujeres—. ¿De qué estaría hablando? 

—¡Te perdono, mamá! Eres lo único que tengo y no quiero que... 

—No, ya sabes que no soy lo único que tienes —respondió la mujer con una sonrisa diáfana, luego observó a Noah y añadió—:  y además también tienes a tu marido. 

—¡No, mamá! ¡POR FAVOR! 

Noah colocó su mano sobre la espalda de Emily mientras sendas lágrimas salían de sus ojos. A él le dolía la partida de su suegra porque llegó a quererla como a una madre, pero también le hería sobremanera ver a su esposa tan afectada, tan dolida y en especial... haber contribuído con su dolor.

 ¿Por qué rayos había sido tan tonto al dejarse ver en plena calle junto a Colette? ¿Por qué diantres se había dejado llevar por ella y su seducción? No era más que una coqueta, una arpía, una mujer sin escrúpulos que solo quería divertirse y así, descaradamente se lo había dicho... Pero él, la veía constantemente en los pasillos del palacio, escuchaba sus insinuaciones mientras a su memoria le llegaban, sin poder evitarlo, tantos recuerdos del pasado, de ese pasado lejano en que ambos eran adolescentes inmaduros y... ¡Cielos! Pero ya no era ningún adolescente, ahora era un hombre casado... Felizmente casado y con la mejor mujer del mundo. —pensó mientras se pasaba la mano derecha por la cara una y otra vez al ver a Lindsey anegada en llanto.

—Te amo, hija —dijo la mujer con un hilo de voz antes de sucumbir.  

—Te amo, mamá.

Noah, suspirando mientras se secaba las lágrimas que salían de sus ojos, decidió salir de la habitación para darle a su esposa el espacio que necesitaba mientras sollozaba sobre el cadáver de su madre. 





« Magia Comenta este capítulo | Ir arriba Lista para el viaje. »


Potterfics - Harrylatino
Potterfics es parte de la Red HarryLatino

contacto@potterfics.com

Todos los derechos reservados. Los personajes, nombres de HARRY POTTER, así como otras marcas de identificación relacionadas, son marcas registradas de Warner Bros. TM & © 2003. Derechos de publicación de Harry Potter © J.K.R.