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Lindsey Cooper, la hermana de Lily Evans » El baile
Lindsey Cooper, la hermana de Lily Evans (ATP)
Por Hermaire
Escrita el Sábado 11 de Enero de 2020, 20:34
Actualizada el Jueves 22 de Octubre de 2020, 20:36
[ Más información ]

El baile

Capítulos
  1. El nacimiento
  2. Magia
  3. La verdad
  4. Lista para el viaje.
  5. Albus Dumbledore
  6. Hogwarts
  7. Conociendo a los Dursley
  8. Valle de Godric
  9. Severus Snape, ¿el amigo de Lily?
  10. ¡Hola, tía Lindsey!
  11. Conociendo un poco más
  12. Una visita nocturna
  13. La vista en el juzgado
  14. No eres ella
  15. Desahogo
  16. La llegada de Beauxbatons
  17. ¡No puede ser posible!
  18. Un pequeño enfrentamiento.
  19. La carta del abogado
  20. La primera prueba
  21. La vista en el juzgado
  22. Una contienda lejos del juzgado
  23. El anuncio de Dumbledore
  24. Una carta de tía Petunia
  25. ¿Irías conmigo al baile?
  26. El baile
  27. Un espía en el pasillo
  28. Incertidumbre
  29. Un nuevo artículo de Skeeter
  30. El paseo
  31. Amor
  32. Un intruso
  33. Gemelas.
  34. Revelación.
  35. Perdóname
  36. ¿Qué sucede con Lindsey?
  37. La segunda prueba del torneo
  38. ¿Ocurrió de nuevo?
  39. Antídoto
  40. Muerte en el castillo
  41. Cuidaré de ti
  42. La excursión a Hogsmeade.
  43. Una grata visita.
  44. El fantasma

Nota de autora: 


Amigas y amigos (si acaso hay algún chico que me lee) espero que les agrade este larguísimo episodio que les dejé hoy. Les anuncio que esta historia también está siendo subida a la plataforma Wattpad donde además cuanta con varias imágenes (algunas retocadas por mí para adecuarlas más a la historia y otras bajadas de internet) 

Aquí les dejo el link por si les da curiosidad. 


https://www.wattpad.com/myworks/211136127-lindsey-cooper,-la-hermana-de-lily



Al fin llegó el día de navidad. Lindsey despertó temprano, se desperezó y descubrió con una agradable sorpresa que había un montoncito de regalos a los pies de su cama. Así que se levantó y fue a echarles un vistazo.

Había uno de Harry que fue el primero que ella abrió: Se trataba de una botella de perfume de jazmines como la que ella usaba. El de Dumbledore fue una fotografía enmarcada donde aparecía un montón de gente pero entre ellos estaba Lily Potter. Al dorso de la fotografía, donde tenía el cordel para colgarla había una inscripción con los nombres de los presentes en el retrato bajo un título que decía:

Orden del Fénix.

A Lindsey le encantó ver esa foto e incluso le dio un beso a la imagen de su hermana sin poder evitarlo. 

Otro de los paquetes era de Charity que le regaló un espejo de medio cuerpo. En la tarjeta su amiga afirmaba que este no era cualquier espejo sino uno que aprobaba o desaprobaba la apariencia y además daba consejos para combinaciones de ropa o maquillaje, aparte de decir frases alentadoras a cualquiera que se reflejara en él.

También recibió una caja grande con pastelillos de la Sra Weasley además de un suéter de lana tejido por ella misma con una gran letra L. ¡Qué mujer más simpática! —pensó Lindsey.

Hagrid también le dio una caja pero con bombones de licor, y la profesora McGonagall le regaló una bufanda de tela escocesa.

De Sirius recibió una carta preciosa que ella se dispuso a leer enseguida.


Lindsey, no te conozco aun en persona (lamentablemente) y por lo tanto no sabría que regalarte, tampoco quería precipitarme a enviarte cualquier cosa para salir del paso. Pero sí quería decirte que de tu parte he recibido el mejor regalo y es tu sola presencia en el castillo. Harry me dijo que lo cuidas en todo momento, que te preocupas por sus deberes y cumples a cabalidad con el rol que pretendes tener desde que llegaste, el de su protectora.

Espero honestamente que ganes ese juicio porque si yo no pude tener a Harry conmigo por razones obvias, me complace muchísimo que alguien tan cercano a él y sobre todo alguien que desea su bien y que cuida tanto de él como lo haces tú lo tenga.

Lamento profundamente no poder ir a declarar a tu favor como me hubiese gustado pero estoy más que seguro (por todo lo que Harry me ha contado) que lo ganarás, así que no debes afligirte por lo que diga la tonta de Petunia Dursley, solo está ardida.

Me gustaría muchísimo ver a Harry de nuevo y sobre todo verte a ti, sería como ver de nuevo... ¡Disculpa! Pero sería tan extraño y maravilloso a la vez.

Espero poder verlos a ambos muy pronto.

Que pasen una maravillosa navidad y espero que disfruten mucho del baile.

Con cariño........

De un gran amigo.


—Sí que debiste ser un gran amigo para los padres de Harry —comentó Lindsey sonriendo, conmovida ante la carta—. También me gustaría conocerte.

Después de responder la carta, cuando Lindsey salió de su habitación hasta la enfermería, tanto ella como la señora Pomfrey se dieron el regalo mutuamente. Lindsey le dio un libro llamado Los mejores cien hechizos para curar fracturas e inflamaciones, y la señora Pomfrey le regaló otro titulado: Prácticas muggles que se pueden implementar en la sanación mágica.

En la habitación de Harry él también se encontraba bastante entretenido con sus regalos y con Dobby que había ido a visitarlo. No pudo evitar comparar los dos regalos de sus tías: El de Petunia un miserable pañuelo de papel, mientras que el de Lindsey consistía en un relicario de oro que al abrirlo tenía una fotografía de ella.

En la tarjeta la pelirroja escribió:


Feliz navidad, mi cielo. Espero que luzcas este relicario esta noche y que lo lleves en todo momento para que siempre me tengas en tu corazón. Yo tengo uno igual con tu fotografía.

Te quiere con el alma.

Tía Lindsey.


No es que le sorprendiera el valor monetario del regalo sino el valor sentimental que representaba. Mientras Petunia le había dado un miserable pañuelo de papel claramente a modo de burla, Lindsey le daba un relicario con su fotografía para llevarla en su pecho. Resultaba más que evidente que Tía Petunia estaba ardida no solo por lo del litigio sino porque él la había rechazado tajantemente en su petición de ir a su casa por navidad y con justa razón.

A la hora del almuerzo después de que Lindsey enviara la carta para Sirius ella se fue al gran comedor. Cuando se vieron tía y sobrino se dieron un gran abrazo y Harry rió divertido cuando Lindsey le entregó además una bolsa grande llena con caramelos y bombones de chocolate tanto a él como a Ron y a Hermione.

—¡Cielos! Tía Lindsey cree que somos niños —comentó Harry tratando de esconder de Cho Chan la colorida bolsa pues ella lo saludaba desde la mesa de Ravenclaw.

—No importa, están deliciosos —comentó Ron metiéndose un par de caramelos en la boca.

—Es un gesto muy lindo de su parte —añadió Hermione enternecida.

Al menos ver la sonrisa de Harry y el relicario en su cuello había distraído a Lindsey del desagrado que le provocó escuchar a la patética Colette quejándose junto a su prima de la comida de Hogwarts. A ambas les parecía una calamidad que la comida del castillo fuese tan pesada. Era cierto que la comida de Beauxbatons era más ligera que la de Hogwarts pero eso no quería decir que por comer la comida del castillo no fuesen a entrar en la túnica o el vestido, todo era cuestión de comedirse y ya.

—¡Plásticas insufribles! —musitó.

—Lo mismo pensé yo —respondió Charity que la había escuchado—, si tanto les desagrada nuestra comida ¿por qué no desayunan, almuerzan y cenan solo lechuga y ya?

Ambas mujeres rieron con el comentario.


Más tarde Harry le contó a Lindsey que Sirius le escribió una carta diciéndole, entre otras cosas, que estaba feliz de que hubiese salido airoso de la primera prueba del torneo y que él pensaba sugerirle que usara un embrujo de conjuntivitis para el dragón.

—Eso hubiese sido contraproducente —comentó Lindsey—. Ya ves lo que le sucedió a Krum.

Harry también le comentó lo feliz que se sentía Sirius de que ella estuviese a su lado apoyándolo y se sorprendió bastante al saber que su padrino también le había escrito a Lindsey.

—¿De verdad, tía?

—Sí, él quería agradecerme por estar a tu lado y me dijo que le gustaría vernos. Yo le respondí que no tenía nada qué agradecer porque lo hacía con gusto y es mi deber cuidarte ya que soy tu tía. También me gustaría conocerlo pero comprendo que al menos por ahora no se pueda.

—Me gustaría saber dónde está y si está pasando dificultades. Me gustaría ayudarlo —respondió Harry un poco apesadumbrado.

—Yo también pensé en eso, Harry pero no te preocupes que junto con la respuesta y en vista de que no sabía que regalarle a tu padrino, le envié un par de cobijas además de una bolsa con golosinas y una caja con pasteles de chocolate. Ese elfo amigo tuyo es muy amable, Dobby. Me ayudó a conseguir todo eso.

—Así que ya conociste a Dobby —dijo Harry complacido.

—Sí, es bastante amable —reconoció ella con una sonrisa tierna—. Lo conocí ayer, pero dime una cosa que me interesa saber... Cambiando el tema ¿Ya conseguiste pareja para el baile de esta noche?

Harry se ruborizó, sobre todo porque en ese momento estaba pasando Cho Chan en compañía de sus amigas hacia el exterior del castillo y la muchacha saludó a Harry con la mano cuando pasó por su lado en el vestíbulo.

—Sí, ya Ron y yo encontramos pareja.

—¡Qué bueno, mi cielo! Ya sabía yo que encontrarías a alguien. ¿De quién se trata?

—Se llama Parvati y es una compañera de Gryffindor.

—Pues muy bien, me alegra que la hayas encontrado.

—¿Y tú? ¿Ya encontraste pareja?

—Así es, también yo encontré a alguien para acompañarme esta noche al baile. No vas a creerlo, se trata de...

—¡Lindsey! —la llamó la señora Pomfrey haciéndole señas con la mano desde las escaleras—. ¡Ven a tomar una taza de chocolate caliente conmigo, querida! Te espero en la enfermería. 

—¡Ya voy, señora Pomfrey! Bueno, no importa, ya lo verás más tarde.

—De acuerdo, tía. Nos vemos luego.

—¿A dónde vas? —preguntó la mujer antes de subir las escaleras. 

—Voy con los chicos afuera. Están jugando con bolas de nieve.

—Abrígate bien, cariño y trata de no pasar demasiado tiempo afuera. Está helado.

—Está bien —respondió el muchacho con una sonrisa. Le encantaba sentirse protegido como nunca antes lo había sido, pero debía reconocer que Lindsey era un poco sobreprotectora, quizá porque ella sabía que nadie más lo había mimado nunca.

Apenas Lindsey subió un par de escalones de la escalera que conducía a los pisos superiores se encontró con Moody que la saludó con una sonrisa y una ligera reverencia. Resultaba evidente que había escuchado la conversación entre ella y Harry.

—Me complace ver que cuides tanto del pequeño Potter.

—Es mi deber, profesor Moody. El niño es mi sobrino.

—Claro, desde luego que sí —respondió el hombre con otra sonrisa—. Me alegra que así sea —añadió antes de seguir su camino. 


Las horas fueron pasando mientras se iba acercando el momento de bajar al gran comedor para el baile.

Los profesores, coordinados por Dumbledore, enviaron adentro del castillo a los estudiantes ya que procederían a decorar las inmediaciones del parque. En el interior ya se podían ver los doce árboles de navidad cortados por Hagrid y adornados por el profesor Flitwick.

Severus Snape no salió de su despacho en ningún momento, todavía no se podía creer que fuese a ir al baile acompañado por Lindsey pero conforme se fue acercando el momento llenó la tina del baño con espuma y sales aromáticas pues necesitaba relajarse lo más posible, además puso especial esmero en el lavado de su cabello y hasta se aplicó la loción de lavanda que Charity le había obsequiado por navidad.

Sobre la cama estaba la elegante túnica negra que había encargado a Madame Malkin para la ocasión cuando todavía no tenía idea de con quién asistiría, solo sabía que tenía que ir al tonto baile.

Se echó un vistazo en el espejo de su habitación y a pesar de que la mayoría de las veces no estaba conforme con su apariencia física en esta ocasión sí que lo estuvo. Sin verse guapo (según su criterio) se veía elegante y regio con aquella túnica que le había costado una pequeña fortuna, además ese garbo tan suyo le daba un aire superior.

Por otra parte pensó en Lindsey, probablemente ella después se arrepentiría de haberlo invitado pero por nada del mundo pensaba bailar. ¡Faltaba más! Nunca antes había asistido a un baile, nunca había bailado en público. No obstante allí, en la soledad de su habitación, no pudo evitar cerrar los ojos e imaginarse tomando la cintura de Lindsey, su cintura estrecha....

Tras un bufido de molestia consigo mismo decidió dejarse de tonterías y salir de la habitación para ir a buscar a Lindsey en la enfermería, tal como acordó hacerlo.


Lindsey también se encontraba mirándose frente al espejo y al menos ella sí tuvo la dicha de que este le devolviera su apreciación.


Luces estupenda, regia aunque te vendría bien un par de pendientes para complementar tu belleza.


La mujer sonrió mientras negaba con la cabeza. ¡Que útil estaba siendo ese regalo de Charity! Así que hurgó dentro de una de sus gavetas y sacó una cajita de música donde guardaba unos zarcillos de perlas que su madre le había regalado al cumplir dieciséis años.

Ella había dejado la cajita de música abierta para admirar la preciosa melodía mientras pensaba en su madre, recordando el tono de su voz cuando tarareaba esa misma canción. Cuando Lindsey comenzaba a ponerse melancólica escuchó un golpeteó en la puerta que la distrajo. 

 Así que se metió la varita dentro de un bolsillo especial del vestido y salió de su habitación.

La señora Pomfrey no pudo evitar mirarla de arriba abajo. 

Lindsey ya era muy bella pero no cabía dudas de que esa noche se veía especialmente radiante.

—¡Cielos! No hay dudas de que tu compañero, sea quien sea, quedará maravillado al verte. Estás preciosa.

—Muchas gracias, señora Pomfrey, usted también se ve maravillosa esta noche.

En ese momento tocaron la puerta y la señora Pomfrey fue abrir creyendo que era el compañero de Lindsey pero en realidad era el suyo. El profesor Flitwick saludó a ambas mujeres con una reverencia y posteriormente se marchó junto a la sanadora.

Lindsey siguió esperando hasta que volvió a escuchar un llamado en la puerta.

—¡Severus! —exclamó mirándolo con una sonrisa.

Por un momento hasta llegó a pensar que la dejaría plantada ya que era más que evidente que él no deseaba ir al baile, por eso se alegró tanto de verlo.

—Te ves muy guapo.

Pero él no contestó, se quedó mirándola, embelesado con su belleza sin decir una sola palabra pero su silencio y aparente inmutabilidad le generó un poco de inseguridad a la pelirroja.

—¿Qué sucede? No quieres ir, ¿verdad? No importa, te entiendo.

—¡No! No es nada de eso —se apresuró a explicar el hombre en vista del malentendido—. Estoy aquí para buscarte como... prometí.

—Qué bien, vamos entonces —respondió Lindsey ya con una sonrisa de alivio.

Severus le ofreció el brazo y se aclaró la garganta antes de volver a hablar intuyendo que lo más educado sería halagarla con un cumplido:

—Luces... hermosa esta noche... en realidad siempre, es decir...

—Gracias —lo interrumpió ella al percibir el rubor de sus mejillas.

Por un momento ella se preguntó si habría hecho bien en invitarlo, es decir, ella estaba consciente de que él había estado muy enamorado de su hermana y que su enorme parecido con ella se la recordaba ¿Tendría eso algo que ver con su reacción al mirarla? ¿Se sentiría forzado o incómodo?

Ella miró de soslayo disimuladamente y lo notó un poco nervioso pero al mismo tiempo sintió cierta seguridad en la forma en que él sujetaba su brazo: con firmeza y delicadeza al mismo tiempo. Era algo tan confuso...


Al llegar al vestíbulo vio con satisfacción a Charity tomada del brazo de Gerald mientras ambos sonreían.

—¡Vaya! Me alegra que al fin se hayan animado a ir juntos —dijo la mujer a modo de saludo.

—Buenas noches —saludó el sanador de Beauxbatons con una ligera inclinación de cabeza—. ¡Te ves hegmosa, Lindsey!

—Muchas gracias, Gerald. Ustedes se ven regios.  

Las puertas del vestíbulo estaban abiertas de par en par y por ellas entraban alumnos y algunos profesores de los colegios extranjeros junto a sus parejas. Karkarov entró al castillo en ese momento acompañado de la profesora Vector de Hogwarts y saludó a todos con una cabezada antes de dirigirse al gran comedor. 

 Para Lindsey no fue ninguna sorpresa unos minutos después ver a Noah entrar al castillo con Colette como un hermoso accesorio a su lado.

—Buenas noches —saludó el hombre.

Al percatarse de que Lindsey estaba con Snape no pudo evitar fruncir el entrecejo. Al parecer su noche se había arruinado incluso antes de empezar. No obstante fue lo bastante prudente como para abstenerse de emitir comentarios.

—Buenas noches —añadió Colette con aire fatuo mientras se quitaba del rostro un mechón de cabello con elegancia pero al notar lo preciosa que estaba Lindsey su seguridad bajó notablemente, así que su cabello comenzó a ondear con sutileza, intentando una vez más ser el centro de atracción.

Unos cuantos estudiantes que entraban en ese momento o que bajaban por las escaleras desde los pisos superiores se giraron para mirarla con embeleso entretanto sus parejas (molestas) intentaban hacer que avanzaran.

¡La madre que la parió! —musitó Lindsey indignada, hablando en español sin darse cuenta.

—¿Qué dices? —preguntó Snape que la había escuchado más no había entendido la frase dicha en un idioma extranjero.

—¡Ah! No es nada, solo es una expresión típica de donde yo vengo... Mejor entremos para ubicarnos.


Severus y Lindsey se sentaron junto a Gerald y Charity en la mesa de los profesores que estaba junto a la de los miembros del tribunal del Torneo. Al mirarlos Dumbledore se mostró en extremo complacido de ver que se estaban haciendo mutua compañía y al poco rato cuando ya todos estaban dentro del gran comedor, entró la profesora McGonagall acompañada de los campeones y sus parejas.

Lindsey se quedó maravillada cuando vio a Hermione, casi no la reconoce debido a su cabellera lacia. Se veía más bonita que de costumbre. Lamentablemente la túnica de Ron daba mucho que desear y Lindsey se lamentó internamente por no haber sabido antes que el pobre niño no tenía una túnica más bonita que ponerse. No es que la suya no fuese de buena calidad sino que era bastante anticuada para el chico y dado lo que Harry le había contado acerca de las carencias de los Weasley, Lindsey hubiese estado encantada de regalarle una túnica nueva y moderna a Ron en agradecimiento por todo lo que su familia había hecho por Harry en los últimos años.

Cuando Harry entró acompañado por Parvati, Lindsey no pudo evitar dejar escapar la más auténtica de las sonrisas. El pobre no se veía muy cómodo, incluso parecía un poco nervioso pero al mirarlo ella sintió un arrebato de afecto y orgullo a la vez. Ahí estaba su sobrino, el más pequeño de los campeones y aun así había salido victorioso en la primera prueba.

—¡Tía! —la saludó sorprendió cuando tomó asiento en la mesa de al lado donde debían ir los campeones, sus parejas y los miembros del tribunal del torneo—. ¿Con quién viniste acompañada? —preguntó al no ver a nadie en especial.

—Con Severus —respondió Lindsey con espontaneidad mientras señalaba al profesor a su lado. Snape más bien permaneció impertérrito como siempre.

—Ah, comprendo —respondió el muchacho contrariado. Nunca, jamás en la vida se le hubiese ocurrido que el profesor Snape acompañaría a su tía al baile.

—Es Parvati, ¿no? —preguntó Lindsey señalándola. La muchacha asintió con una sonrisa tímida—. ¡Estás preciosa!

—Muchas gracias, señora Cooper, usted también se ve bellísima.

Unos segundos después tomaron el menú para iniciar el banquete que estuvo delicioso.

Mientras cenaban, Lindsey no pudo evitar darse cuenta de que la prima de Colette, la tal Fleur Delacour (que también parecía insegura si no soltaba sus encantamientos casi en todo momento) no hacía más que comparaciones entre Beauxbatons y Hogwarts.

—Esto no es absolutamente nada —comentó la muchacha a su compañero después de echar una mirada despectiva a los muros del gran comedor, adornados con escarcha plateada y muérdago— Nosotgos tenemos escultugas de hielo en el salón comedog, la comida es sobegbia y hay ninfas...

—Lamento interrumpirte, querida —dijo Lindsey—. Como ya sabrás de antemano yo también soy de Beauxbatons y aunque no puedo negar que lo que mencionas de la decoración es cierto no creo que exista un colegio mejor o más bonito que el otro. Todos tienen su encanto y divinidad a su manera ¿no lo crees así?

—Sí, bueno... es posible —respondió Fleur un tanto abochornada al notar que varias personas de Hogwarts la escucharon desmejorar el colegio.


Al término de la cena, Dumbledore se levantó y pidió a todos que hicieran lo mismo. Luego movió la varita y casi al instante las mesas redondas se retiraron hacia los muros, dejando despejado gran parte del gran comedor, posteriormente, donde antes estaba la mesa de los profesores apareció una tarima y sobre esta varios instrumentos musicales.

Los miembros de la banda conocida como Las Brujas de Macbeth salieron desde el salón de trofeos y se ubicaron en sus lugares correspondientes entre el griterío de los fans.

—¡Por todos los cielos es Wagtail Myron! —exclamó Lindsey con gran emoción.

Severus siguió la trayectoria de la mirada de su compañera y en efecto vio a la odiosa estrella de rock con la que tuvo que reunirse. Lucía como un andrajoso con esa túnica rasgada a propósito y esas greñas desordenadas pero aún así la mayoría de las brujas gritaban como locas.

La banda comenzó a tocar una canción lenta y tras una seña de McGonagall todos los campeones comenzaron a bailar. Lindsey observó que Harry lo hacía de forma tosca, un poco torpe, aunque se dejaba llevar muy bien por su compañera. Posteriormente más y más parejas se fueron uniendo al baile, no solamente los campeones...

Charity pasó por un lado de Lindsey y Snape acompañada de Gerald que lucía encantado a su lado, también Noah y Colette. Karkarov bailaba con la profesora Vector pero no dejaba de admirar a la mitad veela que danzaba con el medimago de Beauxbatons. Moody también danzaba torpemente con la profesora Sinistra que parecía aterrada de ser pisada por su pata de palo y Dumbledore se animó a bailar con la profesora McGonagall, su pareja.

Severus se quedó admirando las parejas sin saber qué hacer por un rato, incluso pretendió ir hacia los muros donde ahora se encontraban las mesas pero una mano suave y delicada tomó una de las suyas para retenerlo.

—¿A dónde crees que vas? —preguntó Lindsey.

—Creo haberte dicho ayer que te acompañaría pero por nada del mundo...

—Y yo te dije que si no sabías como bailar yo te mostraría cuan sencillo es. Además es una balada Rock, es muy fácil. ¡Vamos, me encanta esta canción! —respondió Lindsey jalándolo hasta llevarlo a la pista.

Severus se sintió extremadamente incómodo en ese momento pues algunas miradas se posaron sobre él y ¿cómo no? El profesor de Pociones, el tan temido murciélago de las mazmorras estaba a punto de bailar.

Lindsey, tomó las torpes manos de su pareja y las colocó en su cintura mientras ella le colocaba las manos por detrás de la nuca.

Al sentirla así de cerca, Severus no pudo evitar sentir una especie de corriente eléctrica que se apoderó de todo su cuerpo: ese perfume de jazmines, la suavidad de su piel, su hermosura, esa espontaneidad y esa persistencia suya.... 

Había algo que sin duda diferenciaba a Lindsey de su hermana y era precisamente esa forma de ser. Si hubiese sido Lily la que estuviera en su lugar, tal vez, después de discutir, ella lo hubiese dejado en la pista de baile antes de conseguirse otra pareja pero Lindsey había insistido hasta conseguir lo que quería, no había desistido y al parecer no pensaba hacerlo.

—Ya te dije que no sé... ni me gustan estas cosas... —susurró Snape—. Además todo el mundo nos mira.

—Exacto, la gente te mira así que no desaproveches la oportunidad de ser tú mismo y brillar.

—¿Qué dices? —preguntó Snape contrariado.

—¿Acaso no te das cuenta? —respondió ella riendo mientras lo miraba a los ojos—. ¡Estás bailando y lo haces estupendamente!

Era cierto, sin darse cuenta siquiera Severus Snape se dejó llevar por ella, moviéndose lentamente al compás de la música.

—Solo relájate y disfruta del momento, para eso son los bailes.

Snape decidió hacerle caso y trató de relajarse aunque sujetar la cintura de Lindsey seguía poniéndolo nervioso, pero solo bastó con mirar sus hermosos ojos esmeralda para que se sintiera como en el aire. Cada vez se fue sintiendo más y más cómodo, como si eso de bailar fuese pan comido y lo hubiese hecho todo el tiempo. Era maravilloso estar a su lado, como si a su alrededor no existiera nadie más...

Colette en cambio comenzó a intensificar sus encantos al ver como Noah miraba con rabia a la pareja. Lo que buscaba era llamar la atención del medimago pero en su lugar no hizo sino acaparar la de Karkarov que dejó a la profesora Vector en plena pista para ir a buscarla a ella. 

La profesora, desde luego bastante ofendida, decidió regresar a su mesa.

—¿Me perrmite esta pieza, mademoiselle? ¿Permite que se la robe unos minutos caballerro? —dijo Karkarov atreviéndose a abordar a la pareja.

Noah no lo pensó dos veces así que empujó ligeramente a Colette a los brazos de Karkarov pues a él ya no le apetecía para nada estar en ese maldito baile, quería regresar al carruaje de Beauxbatons porque sentía que iba a vomitar si seguía viendo a Lindsey bailando con el profesor de Pociones mientras reía como una tonta. ¿Cómo se atrevía a desafiarlo así? No estaba dispuesto a tolerarlo...

Lindsey se recostó del hombro de Snape para reír pues no pudo evitarlo al ver la cara de estupefacción de la engreía Colette cuando Karkarov la tomó entre sus brazos con una sonrisa complacida. Snape por su parte también lo estaba al sentir a Lindsey aún más cerca.

Colette estaba indignada pero por ser diplomática no podía negarse. ¿Cómo se le ocurría a Noah dejarla abandonada en la pista y a merced de ese horripilante director búlgaro? Karkarov estaba en su elemento y ni siquiera le importó que la mujer ya no soltara sus típicos encantos pues ya había caído en su red. Ella era hermosa, una verdadera joya francesa y no desaprovecharía la oportunidad que se le había presentado así que la estrechó aún más.

—Creo que este es el mejor día de mi vida —dijo Lindsey sin dejar de reír, separándose un poco para poder mirar a Snape—. Es tan gracioso.

—¿Qué te resulta tan gracioso? ¿El ridículo que estoy haciendo? —respondió Snape comenzando a montar sus defensas.

—Nada de eso, me refiero a Colette y a Karkarov.

Severus los miró de soslayo mientras enarcaba una ceja.

—Igor está fascinado con ella, aunque a ella no le haga mucha gracia que su pareja la haya abandonado con él.

—Me tiene sin cuidado que esos dos la estén pasando mal el día de hoy, al fin y al cabo no es nada... en fin ¿Quieres beber algo? —preguntó Lindsey cuando la música terminó.

Snape asintió y salieron de la pista para regresar a la mesa donde tomaron algunas bebidas mientras charlaban. Karkarov en cambio pretendía seguir reteniendo a su improvisada pareja de baile a pesar de los intentos de ella por escaparse, alegando que estaba cansada y deseaba sentarse un momento. No obstante se vio liberada cuando de pronto y sin razón aparente Karkarov accedió, pero en su rostro comenzó a dibujarse una ligera mueca de dolor posteriormente sustituida por una de miedo, aunque ella ni se percató de ello.

Severus por su parte también notó un escozor en su antebrazo izquierdo, el mismo que había notado un par de semanas atrás y al que no había querido darle importancia. Esta vez era un poco más fuerte pero trató de ignorarlo pensando que desaparecería en unos cuantos minutos o incluso segundos pero no fue así en lo absoluto. Parecía un llamado o una advertencia... era algo en realidad extraño.  

Un par de horas más tarde decidió excusarse con Lindsey diciéndole que volvería un poco más tarde y salió hacia los jardines pues necesitaba algo de aire frío en el rostro y de paso comprobar si sus sospechas eran ciertas...

Apenas se vio solo y aprovechando que no había nadie cerca, solo algunos mocosos a los lejos, se arremangó la manga de la túnica y comprobó lo que tanto temía: a diferencia de la vez anterior, en esta ocasión la marca en su antebrazo comenzaba a moverse lentamente y a la luz de las antorchas del muro donde él estaba se veía mucho más nítida que de costumbre.


Lindsey por su parte se acercó a Harry que estaba sentado y medio enfadado mientras su pareja se iba a bailar con otro chico.

 Las Brujas de Macbeth comenzaron a tocar uno de sus éxitos más aclamados: do the hippogriff. Ron también estaba enfadado y no dejaba de mirar con ojos asesinos a Hermione y a Krum que se acercaban al corro de gente.

—¿Qué sucede, chicos? ¿Por qué traen esas caras? ¡Vamos a bailar! Esa es definitivamente una de las mejores canciones.

—No, gracias, Lindsey —respondió Ron enfadado.

—¿Por qué dejaron ir a sus parejas? No sean aguafiestas y venga a bailar conmigo.

—Tú también te quedaste sin pareja por lo que veo, tía —comentó Harry.

—Severus solo se fue a hacer algo y ya regresa.

—¿Severus?

—Sí, ¿qué no es ese su nombre?

—Es tan raro verte en un baile con él —confesó Harry extrañado—. No lo sé... jamás lo imaginé.

—¡Ay vamos! Déjate de tonterías y acompaña a tu tía a bailar, ¿sí?

Harry sonrió mientras se levantaba del asiento impulsado por su tía que lo jalaba del brazo.

—¡Vamos, Ron! —insistió Lindsey pero él volvió a negarse.

—De verdad prefiero estar aquí, muchas gracias, Lindsey.

Ella se encogió de hombros y condujo a Harry hasta la pista.

Hasta los momentos el pobre chico no la estaba pasando bien pero en cuanto su tía lo invitó a bailar y se unieron al corro de gente a los pies del escenario se sintió diferente. La música era electrizante en verdad e incluso los estudiantes se dejaron llevar por el momento y levantaron al diminuto profesor Flitwick por encima de sus cabezas en el momento más álgido de la canción.

Lindsey estaba maravillada de ver la sonrisa en el rostro de Harry y como saltaba y giraba al ritmo de la música. Le complacía verlo tan contento porque era obvio que los Dursley no le habían dado demasiadas oportunidades de divertirse.

Cuando la música terminó decidieron darse un descanso. Harry y Ron volvieron a estar juntos pero casi mueren de aburrimiento al escuchar a Percy hablar. Lindsey en cambio se unió a Charity y a Gerald que hablaban de música en ese momento y en cuanto la banda tomó un descanso las dos mujeres no dudaron ni por un segundo en ir a solicitarles autógrafos a los integrantes, sobre todo a Wagtail Myron que les pareció todavía más guapo en persona aunque sí, un tanto engreído como había dicho Snape.

Harry y Ron salieron del castillo pues no soportaban ni por un segundo escuchar hablar a Percy y a Ludo Bagman.

Severus en cambio quiso regresar al castillo junto a su pareja cuando de pronto se vio abordado por Karkarov.

—¡Al fin te encuentro, Severrus! ¿También tú lo sentiste?

—¿Qué cosa? —intentó evadirse el profesor.

—No te hagas el tonto, sabes a qué me refierro... Es la marrrca. También tú debes haberrlo sentido.

Severus respiró hondamente en busca de un ápice de paciencia.

—Sí, Igor pero no veo por qué tanto revuelo...

Harry y Ron que venían caminando entre arbustos se detuvieron de repente al escucharlos conversar.

—¡No puedes negarr lo que está pasando, Severrus! —dijo Karkarov bajando la voz—. Ha empezado a serr más evidente ahorra y la verdad es que estoy preocupado.

—Entonces, huye —resolvió Snape—. Huye: te disculparé. Pero yo me quedo en Hogwarts.

Snape y Karkarov seguían caminando y mientras lo hacían Severus golpeaba los rosales con su varita. Estos proferían chillidos y de ellos surgían formas oscuras. Estaba estresado, nervioso e incluso alterado. Ya tenía suficiente con lo que estaba sucediendo para que encima Karkarov viniera con sus lloriqueos e inseguridades.

Un par de chicos pasaron corriendo por su lado, lo que alteró todavía más a Snape.

—¡Diez puntos menos para Hufflepuff, Fawcet! ¡Y diez puntos menos para Ravenclaw, Stebbins! —gruñó con molestia.

Los alumnos se fueron rezongando pero Snape se dio cuenta de que más allá en la zona donde estaban los carruajes había cierto movimiento... ¡Mocosos insufribles! Iría a darles su merecido y con ello se desharía de Karkarov pero fue en vano porque este lo siguió.

Uno a uno fue abriendo las puertas de los carruajes mientras Karkarov seguía insistiendo que debían hacer algo al respecto con el asunto que tenían pendiente.

—¡Déjame en paz, Igor! —espetó zafando su brazo cuando este intentó tomarlo para comprobar si en efecto le sucedía lo mismo que a él.

—Esto es serrio, Severrus, no podemos simplemente ignorrarlo.

—¡Salgan de ahí inmediatamente Müller y Eisenberg! ¡Diez puntos menos para Hufflepuff! —bramó Snape cuando encontró al par de pillos besándose dentro del carruaje.

La pareja salió corriendo enseguida pero cuando Snape y Karkarov intentaron seguir el camino hacia el castillo se toparon con Harry y Ron.

—¿Qué rayos hacen ustedes dos por aquí? —preguntó Snape.

Karkarov estaba nervioso o al menos eso notó Harry

—Estamos paseando —respondió Ron—, No va contra las normas, ¿o sí?

—Sigan paseando entonces —gruñó Snape y se alejó.

Harry y Ron siguieron el camino hasta una estatua grande de piedra que representaba a un reno del que salían surtidores de una fuente. Había un banco también de piedra en el que estaban conversando Hagrid y Madame Maxime. La conversación parecía algo... íntima así que como ni Harry ni Ron quisieron interrumpir decidieron retroceder pero tampoco quisieron verse descubiertos por Fleur y Roger Davies que estaban muy entretenidos besándose hacia el otro lado así que a los dos no les quedó más remedio que quedarse donde estaban.

Karkarov regresó resignado al castillo en busca de Colette para intentar desestresarse en su compañía pero según le dijo su mejor amiga ella se había retirado al carruaje al sentirse indispuesta.

—¡Qué tipo más pesado ese Karkarov! ¿no? —comentó Charity a su compañero Gerald —pero no hay dudas de que esa Colette también lo es.

—Bueno, la vegdad es que no podgia negaglo. Ella es altanega y hasta odiosa —respondió el hombre entre risas.


Lindsey comenzó a preocuparse tras la ausencia de Snape así que decidió salir a ver dónde estaba y después de buscarlo por algunos pasillos de las galerías lo encontró junto a una estatua de Santa Claus iluminada por hadas que se veía todavía más hermosa por el arbusto rosal que pasaba por su lado.

—¡Ah, ahí estás! —exclamó. 

—Sí, ya pensaba regresar, solo quería tomar algo de aire.

—Y nieve. Está helando aquí afuera —dijo Lindsey ajustándose el chal sobre los hombros—. Si prefieres estar solo te dejo entonces, yo regresaré adentro.

—No... yo prefiero que te quedes —respondió Snape con sinceridad y después de sacar su varita y apuntar hacia arriba se formó sobre ellos una especie de cúpula invisible sobre la que rebotaba la nieve como si fuese un paraguas.

Desde dentro del castillo les llegaba el rumor de la música amortiguado por la distancia, ya casi eran las doce y el baile estaba por terminar.

—Me la he pasado muy bien y al parecer Harry también aunque tú...

—Te puedo asegurar que yo también he pasado un buen momento junto a ti.

—Me alegra —respondió Lindsey—. Me gustaría que pudiéramos ser amigos así como un día lo fuiste de ella.

—Eres tan parecida —musitó Snape mirándola a la luz de una antorcha y las hadas que revoloteaban en torno a los rosales.

Su mirada se tornó tan intensa que hizo ruborizar a Lindsey.

—Me gustaría tanto haberla conocido, saber cómo era, qué le gustaba hacer... Todo esto ha sido tan injusto...

—Le agradaba meter los pies en el lago cuando se acercaba el verano —respondió Snape casi sin darse cuenta mientras observaba a lo lejos la inmensa figura del calamar gigante haciendo piruetas antes de caer sobre el agua nuevamente con el sonido típico de chapoteo—, le encantaba leer y sobre todo leer para mí mientras nos tumbábamos a la sombra de un haya.

No sabía por qué lo había hecho pero de pronto se descubrió a sí mismo hablando de Lily sin sentirse incómodo. Era como si de pronto comprendiera que Lindsey tenía derecho a conocerla así fuese a través de sus recuerdos. 

—¿De verdad? —respondió Lindsey con una sonrisa soñadora al notar que por primera vez Snape le hablaba de su hermana—. Sí que somos parecidas porque también a mí me encantaba meter los pies en el lago para refrescarme cuando se acercaba el verano. Si tan solo hubiese tenido la dicha de poder crecer junto a ella. No imagino lo terrible que debió haber sido vivir junto a Petunia.

—Ella sí que era una pesadilla —afirmó Snape—. Las conocí a ambas el mismo día. Estaban jugando en un parque y... fue allí cuando descubrí que Lily... era una bruja.

—Y aún a pesar de tantos años... ¿todavía la sigues amando? —aventuró Lindsey.

En ese momento, cuando ella comenzó a tocar el tema de sus sentimientos hacia Lily, Severus  comenzó a ponerse tenso, de nuevo comenzó a construir murallas para intentar evadirse. 

—¿De dónde sacaste eso?

—Es evidente, no tienes por qué negarlo ni tampoco avergonzarte de lo que sientes, solo...

—¡Basta! No me apetece hablar de esto, será mejor que volvamos al interior del castillo —respondió en tono hosco. 

—Como quieras, no volveré a hablarte del tema si es lo que quieres pero... ¡Ahhh!

Lindsey no pudo terminar de hablar porque una sensación horrible se apoderó de ella....

Primero se sintió como alcanzada por un flechazo que la empujó de bruces sobre el regazo de Snape. Él la recibió sorprendido pues claramente había visto una especie de fogonazo impactarla en la espalda. Posteriormente la mujer comenzó a sentirse sin fuerzas y solo podía articular unas cuantas palabras...

—¡Lindsey! —exclamó Snape atónito mientras la sujetaba. Estaba aterrado al ver como la mujer comenzaba a sangrar por los orificios nasales y los oídos—. ¿Qué demonios sucedió? ¡Lindsey! ¡Lindsey!

Ella comenzó a sentir pánico al notar que la vida se le iba poco a poco. Las fuerzas la abandonaban con asombrosa rapidez entretando un dolor agudo la invadía en todas las partes de su cuerpo. 

La confusión también se apoderó de ella al no sabía que le estaba sucediendo pero aún así no pudo evitar pensar en Harry pues no quería dejarlo como lo habían dejado sus padres, le aterraba la idea de que volviera a sufrir junto a los Dursley, así que sus ojos esmeraldas buscaron con desesperación los de Severus mientras se sujetaba a las solapas de su túnica.

—¡Ha.... Harry! —musitó con un hilo de voz entre jadeos y muecas de dolor—. ¡Harry!... 

—¡Lindsey, por Merlín!.. ¿Qué rayos sucedió?—musitó Snape sin saber qué hacer al ver como sufría la mujer.

—¡Ha... Harry! No... lo dejes... Yo... ¡Ahhhhhh!... 

—¡Resiste, Lindsey! Yo... iré por ayuda.

Los ojos de Severus Snape estaban muy abiertos debido a la impresión, miedo y angustia que le causaba el ver que Lindsey pasó de conversar junto a él a agonizar lenta y dolorosamente en sus brazos. Su mirada de súplica y su precioso rostro tan... ¡No podía soportar verla sufrir así! ¡No podía permitir que ella al igual que Lily...! ¡No!  




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