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Lindsey Cooper, la hermana de Lily Evans » ¿Irías conmigo al baile?
Lindsey Cooper, la hermana de Lily Evans (ATP)
Por Hermaire
Escrita el Sábado 11 de Enero de 2020, 20:34
Actualizada el Jueves 29 de Octubre de 2020, 20:58
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¿Irías conmigo al baile?

Capítulos
  1. El nacimiento
  2. Magia
  3. La verdad
  4. Lista para el viaje.
  5. Albus Dumbledore
  6. Hogwarts
  7. Conociendo a los Dursley
  8. Valle de Godric
  9. Severus Snape, ¿el amigo de Lily?
  10. ¡Hola, tía Lindsey!
  11. Conociendo un poco más
  12. Una visita nocturna
  13. La vista en el juzgado
  14. No eres ella
  15. Desahogo
  16. La llegada de Beauxbatons
  17. ¡No puede ser posible!
  18. Un pequeño enfrentamiento.
  19. La carta del abogado
  20. La primera prueba
  21. La vista en el juzgado
  22. Una contienda lejos del juzgado
  23. El anuncio de Dumbledore
  24. Una carta de tía Petunia
  25. ¿Irías conmigo al baile?
  26. El baile
  27. Un espía en el pasillo
  28. Incertidumbre
  29. Un nuevo artículo de Skeeter
  30. El paseo
  31. Amor
  32. Un intruso
  33. Gemelas.
  34. Revelación.
  35. Perdóname
  36. ¿Qué sucede con Lindsey?
  37. La segunda prueba del torneo
  38. ¿Ocurrió de nuevo?
  39. Antídoto
  40. Muerte en el castillo
  41. Cuidaré de ti
  42. La excursión a Hogsmeade.
  43. Una grata visita.
  44. El fantasma
  45. ¿Qué diantres está pasando?

Lindsey tomó a Harry de la mano y se dirigió sin demora hasta el despacho de Dumbledore. Ella estaba casi convencida de que Petunia no podía hacer nada pero quería estar completamente segura. No iba a dejar que su hermana arruinara la navidad de Harry y su oportunidad de participar en el baile.

Cuando llegaron a la escalera se toparon con Snape que evidentemente venía saliendo de la oficina del director. Como de costumbre parecía malhumorado pero Harry notó que al percatarse de la presencia de Lindsey relajó el semblante, la saludó con un asentimiento de cabeza y un lacónico «Buenos días» y siguió su camino. Lindsey le respondió de la misma manera pero se quedó observándolo por unos segundos mientras este se perdía de vista entre un mar de alumnos por un pasillo.

Cuando Harry y su tía llegaron a la oficina del director él no hizo sino reírse al leer la carta. Aquella reacción desconcertó a Harry pero por otro lado lo relajó. Si él encontraba motivos para reírse entonces no habría nada de qué preocuparse.


—Ella no puede hacer nada al respecto, Harry. Puede quejarse todo lo que quiera pero tú no te moverás de aquí este diciembre —dijo el director.

—Es impresionante hasta donde llega esta mujer tan solo para intentar salirse con la suya. ¡Qué obstinada es, por Dios! —se quejó Lindsey.

—Pero ¿y si ella va y se queja con el juez? ¿Si él ordena que me lleven con ella?

—Ella podría alegar que yo secuestré a Harry? —preguntó Lindsey un poco nerviosa.

Dumbledore volvió a reír.

—Nada de eso —respondió con un gesto de la mano para restarle importancia al asunto—. Conozco a tu hermana, Lindsey y sé que ella no querrá llamar demasiado la atención y correr el riesgo de que descubran nuestra condición porque hacerlo representaría una vergüenza para los Dursley.

—Eso es cierto —afirmó Harry con una sonrisa—. Creo que solo quiso molestarnos.

—Y sí que lo logró. —confesó Lindsey, ya más aliviada.

Dumbledore abrió una de las gavetas de su escritorio y extrajo una caja de galletas de limón, la abrió y les ofreció el contenido.

—¿Quieren galletitas de limón? Están deliciosas.

Ambos aceptaron gustosos, en efecto lo estaban.

—¿Y bien? Cambiando el tema ¿Cómo se preparan para el gran evento que tendremos? He de suponer que ambos ya tienen pareja.

Harry se atragantó de pronto con su galleta y Lindsey comenzó a palmearle la espalda para ayudarlo a recuperarse. Dumbledore sonrió divertido aunque trató de disimularlo.

—Todavía no —respondió Harry cuando pudo hablar.

—¡Vaya, Harry! Y yo que supuse que a estas alturas debías haber recibido cientos de propuestas, lo mismo que tú, bella Lindsey, ¿o me equivoco? ¿Ya tienes pareja?

Harry agradeció que la atención del director ahora se concentrara en su tía. Ella sonrió y negó con la cabeza.

—Esto sí que es una sorpresa —comentó Dumbledore dando una palmada—. De todos modos estoy seguro de que muy pronto ambos encontrarán a alguien con quién ir. Imaginen no tener pareja para bailar cuando Las Brujas de Macbeth comiencen a tocar... ¡Cielos! Creo que hablé de más. No debí revelarlo eso.

—¿Las Brujas de Macbeth? —preguntó Harry contrariado. Jamás había oído hablar de ellas.

—Bueno, ya que lo mencioné no tiene caso que lo oculte. Es una banda de esas que les gustan tanto a los jóvenes. Les envié una carta para ver si podían presentarse en el castillo para esa fecha y me contestaron que sí, así que bueno, acabo de enviar al profesor Snape a encontrarse con el líder de la banda en Hogsmeade para finiquitar detalles.

—Sí, es una banda de fama internacional, Harry. A mí me encantan.

Lindsey no pudo evitar reír al imaginar a Snape coordinando la presentación con el líder de una banda de Rock. Con razón estaba tan malhumorado.

—¿De qué te ríes, Lindsey? —preguntó el director.

—No tiene idea de la envidia que siento del profesor Snape en este momento. —respondió ella con sinceridad—. Poder estar frente a Wagtail Myron...

—¡Cielos! De haberlo sabido te habría enviado a ti en lugar de a él. Al pobre en cambio no le hizo mucha gracia, pero enserio necesitaba su ayuda porque Minerva y yo nos estamos encargando de otras cosas que también tienen que ver con el baile y el torneo. Son tantas cosas las que hay que organizar. 

—Siendo así no le quitamos más tiempo, profesor. Muchas gracias —dijo Lindsey levantándose de su asiento. Harry la imitó.

—Fue un placer recibirlos y recuerden que no tienen nada de qué preocuparse así que pueden disfrutar de los días que nos esperan en sana paz.

—A propósito del baile, profesor... Usted... bueno ¿usted ya tiene con quién ir? —preguntó Lindsey.

—¡Por la barba de Merlín! Si tan solo me hubieses preguntado eso ayer habría estado encantado de poder acompañarte al baile, querida Lindsey pero a estas alturas ya estoy comprometido. Le pedí a Minerva que me acompañara, pero no te preocupes que las propuestas no tardarán en lloverte. A menos que tu belleza los intimide y entonces tengas que ser tú la que tome la iniciativa como hiciste conmigo —respondió el director guiñándole un ojo.

—¡Qué cosas dice, profesor! —respondió Lindsey riendo.


Cuando salieron del despacho Harry miró a Lindsey.

—No irás a ir con ese sujeto desagradable, ¿o sí?

—¿Te refieres a Noah? ¿Bromeas? Prefiero ir sola o hasta no ir que hacerme acompañar por ese idiota —respondió su tía tranquilizándolo.

No obstante, en la mente de la medimaga se fue fraguando una idea que tal vez no le agradaría al muchacho, algo que unos meses atrás no hubiese imaginado hacer.


En Hogsmeade Severus estaba aliviado de haber salido ya de Las Tres Escobas donde tuvo que esperar un tiempo considerable antes de reunirse con el greñudo líder de la banda y su manager. El primero con pinta de andrajoso aunque con aires de importancia mientras dejaba en claro de vez en cuando las exigencias de la banda (entre ellas un camerino insonorizado con cuatro elfos dispuestos a atenderlos) El segundo, vestido con elegante túnica solo se dedicó a hablar de números: Cuanto tiempo duraría la presentación, Cuantas canciones incluiría el repertorio y lo más importante... el precio.

Severus, rodando los ojos con fastidio, colocó sobre la mesa una bolsita de piel de dragón con el precio acordado y después de firmar el contrato como representante de la escuela se retiró con alivio del lugar.

Qué idea más absurda la de contratar a una estúpida banda de rock famosa solo para hacer ruido con el que mantener entretenidos a los mocosos en el bendito baile.

No le apetecía caminar demasiado así que se apareció directamente en las verjas de Hogwarts pero mientras las atravesaba y emprendía la marcha hacia el castillo no podía dejar de pensar en algo que últimamente le robaba el sueño... ¿Cómo diantres haría para conseguir una pareja así fuese simbólica porque él no pensaba bailar por nada del mundo? No haría el ridículo frente a tanta gente.

Su mente de pronto lo llevaba hacía Lindsey pero se bloqueaba si quiera al imaginarse hacerle la petición... ¿Por qué le costaba tanto controlarse cuando estaba frente a ella? ¿Por qué seguía perturbándole su presencia? ¿Por qué diantres ella tenía que ser la hermana gemela de Lily? ¡Dios! Era tan parecida en cada rasgo, en cada gesto suyo, hasta en el tono de la voz y en su perfume.

Estar junto a ella era como detener el tiempo, como si la vida le regalase una segunda oportunidad de tener a Lily consigo, esta vez sin James Potter de por medio... pero no, ella no era Lily, era Lindsey Cooper: una mujer medimaga, española y divorciada cuya vida había dado un giro de ciento ochenta grados en muy poco tiempo.

Snape sacudió la cabeza para ordenar sus ideas. Lo mejor sería llegar de una vez, entregar el reporte a Dumbledore e ir a tomar una taza de té en la sala de profesores para relajarse. 

A esa hora la sala estaba vacía a excepción de Charity que siempre la usaba para leer sus libros. ¡Sí! Quizá podría pedirle a ella que lo acompañara al estúpido baile. Eso sí, tendría que aclararle que aun así no pensaba bailar en lo absoluto, sino que más bien se dedicaría a soportar la velada vigilando que los mocosos no hicieran idioteces hasta que al fin llegara el momento maravilloso de retirarse a su habitación. Después de todo esa era su obligación, no estar haciendo el tonto como si fuese un adolescente más. 

De modo que en efecto, una vez que entregó su reporte al director y se marchó hacia el salón de profesores, Severus encontró a Charity con la nariz metida en un libro.

—¡Hola, Severus! Hice te. Sírvete si quieres —dijo la mujer a modo de saludo.   

—Gracias —respondió él tomándole la palabra. 

—¿Fuiste a verte siempre con el vocalista de?...

—Sí, al fin salí de ese tedioso compromiso —respondió con un suspiro de tedio.

—¿Y qué tal te fue?

—Fue un verdadero fastidio. Tuve que esperar un largo rato hasta que el manager y la estrellita se dignaran a aparecer pero finalmente ajustamos los detalles. La banda estará aquí para navidad.

—Pero dime una cosa ¿Qué tal es Wagtail Myron en persona? —preguntó Charity, aunque no quitaba la mirada del libro—. Imagino que debe ser tan guapo como en las revistas y periódicos.

—Es una pesadilla. El tipo hizo un montón de exigencias absurdas para él y su banda: entre ellas un camerino insonorizado que deberá contener a cuatro elfos para atenderlos, hidromiel de Cornualles, espejos de cuerpo entero con encantamientos para sugerir consejos de apariencia y no sé que más estupideces. Le di la lista a Albus. Él creyó conveniente usar el salón de trofeos para hacer las veces de camerino debido a que planea usar el lugar destinado a la mesa de los profesores para el escenario —respondió Snape con el ceño fruncido mientras negaba con la cabeza—. Escuchar tantas sandeces me dio dolor de cabeza. 

El profesor sacó de su gabardina un gotero que contenía valeriana y dejó caer algunas gotas sobre su taza de te.  

—Vaya, al final todas las celebridades son iguales, ¿no? A diferencia de esta maravilla de personaje.

—¿Qué estás leyendo? —preguntó Severus más por mantener la conversación que por verdadero interés.

—Sensatez y Sentimientos, una joya de la literatura muggle del siglo XIX, escrita por Jane Austin —respondió la mujer maravillada y tras un hondo suspiro añadió—: Creo que es por culpa de personajes como el Señor Darcy o el Coronel Brandon que tengo tan altos estándares en materia de hombres.

Severus rodó los ojos por toda respuesta, no obstante suspiró para llenarse de paciencia y respondió con un lacónico:

«Comprendo»

Charity volvió a sumergirse en la lectura así que tras unos breves minutos él intentó hacer la propuesta.

—Oye Charity...

—¿Sí? —preguntó ella sin quitar la mirada del libro.

—Me preguntaba si tú... ¡Ehh! ¿Tienes pareja para el baile de navidad?

—Sí —respondió ella de forma despreocupada mientras pasaba una página.

—¿Qué? —preguntó él bastante sorprendido. Era evidente que no se esperaba esa respuesta. 

—Sí, como escuchaste. ¿Por qué te sorprende? —preguntó la mujer desviando por primera vez la atención del libro—. ¿Por qué creías que nadie me pediría ir al baile?

—No, no se trata de eso, solo creí que tal vez...

—¿Querías ir conmigo? —tanteó la mujer. 

—Yo... Olvídalo.

—Lo siento, Severus, es que Gerald ya se te adelantó.

—¿Qué Gerald?

— Gerald Bourdeu, el sanador de Beauxbatons. Es un aficionado a los muggles como yo. Fue él quien me obsequió este libro y sin poder evitarlo no puedo dejar de asociarlo con el Coronel Brandon... Es muy dulce, un caballero en toda la extensión de la palabra y su acento al hablar...

—Sí, Charity, ya sé quién es. No hacen falta más detalles.

—Pero Severus, podrías ir con Lindsey. Ella tampoco tiene pareja y ya sabes lo que dice el folleto. Las exigencias del baile son...

—Ya sé cuales son las exigencias para el baile. Todo esto me parece tan absurdo. A estas alturas debería estar feliz de que se acercaran las vacaciones para tener un poco de paz.

—No seas aguafiestas, Severus. Deberías relajarte y disfrutarlo. Todo depende de como mires la situación. Ese día podrías llegar a divertirte si así lo quieres. Es una oportunidad para... ¿cómo se dice? ¡Ah sí! Echar una canita al aire.

Severus le lanzó una mirada desaprobatoria y salió de la sala. Charity se encogió de hombros y volvió a su lectura.

No obstante el profesor de Pociones jamás se pudo imaginar que después del almuerzo recibiría una inesperada propuesta de una persona todavía más inesperada.


Ya se preparaba a retornar a su despacho para preparar la última clase del año cuando lo abordó Sybill Trelawney, mirándolo con sus ojos aumentados por los lentes y una extraña sonrisa que a Severus se le antojó perturbadora.

—¡Espera un momento, Severus! Quería hacerte una pregunta.

—Tú dirás, Sybill —respondió el profesor de Pociones mientras la mujer jugueteaba con los flecos de su chal, sin quitarle a él la mirada de encima.

—Bueno yo... me preguntaba si ya tenías una...

—Sí —la interrumpió Snape al ver sus intenciones—. Ya cuento con una pareja para el baile ya que no hay más remedio asistir.

Fue lo primero que se le ocurrió decir. Lo último que le faltaba además de verse obligado a ir al estúpido evento era asistir acompañado precisamente por esa mujer. De haber aceptado tendría que resignarse a escuchar profecías nefastas toda la velada, profecías provenientes de su imaginación perturbada, aunque lo pero de todo es que en algún momento bien podría tener una revelación autentica como aquella vez.... ¡No! Definitivamente esa mujer le traía un mal recuerdo... un muy mal recuerdo.  

—Es una pena porque pensé que podríamos ir juntos. Tampoco es que me entusiasme demasiado el evento pero ya sabes, las reglas son las reglas —respondió la mujer con su tono de voz etéreo.

—Sí, así es —respondió el profesor de forma lacónica y tras una disculpa volvió a escabullirse.


¡Qué situación más patética! ¿Por qué no desistían de todo aquello y dejaban esa estúpida exigencia solo para los estudiantes? No le hacía ninguna gracia la idea de formar parte de ese circo.

Si tan solo no tuviera que pedirle nada a nadie.

Severus no lo sabía pero su deseo se cumpliría muy pronto.



En los días sucesivos, cuando incluso entraron oficialmente en los días de vacaciones, Lindsey se entristeció a causa de Harry. Lo encontró solo y un poco desanimado en el puente de madera.

Resulta que el muchacho había sido rechazado en su petición (eso sí, lo más amablemente posible) por Cho Chan. La muchacha asistiría al baile acompañada del guapísimo Cedric Diggory quien además se comenzaba a rumorar en el castillo que era su novio.

Lindsey rodeó a su sobrino con un brazo y sintió hasta una punzada de dolor al ver sus ojos acuosos pero comprendía que era un proceso normal por el que la mayoría de los adolescentes pasaban al menos una vez en su vida.

—Ya verás que encontrarás a alguien para ir, Harry. Solo mírate, eres uno de los chicos más lindos de todo el castillo.

—Ni siquiera quiero ir, tía, solo lo haré porque estoy obligado como campeón del torneo.

—Pero espera, Harry ¿Estarías dispuesto a perderte el baile solo por una tonta pareja? Yo tampoco tengo ¿y eso qué? Puedes bailar con quién quieras. Vendrán las Brujas de Macbeth, cielo. ¡Ya verás que te encantarán!

—No lo sé —respondió Harry desanimado.

—Es por Cho, ¿verdad? Querías ir solo con ella.

—No sabes lo que me costó reunir el valor para pedírselo —se sinceró el muchacho.

—Puedo imaginarlo perfectamente, cariño pero no ganas nada con lamentarte. Así es la vida... a veces nos niega lo que queremos pero aunque no nos demos cuenta eso sucede porque no es el momento indicado. Verás, existe un tiempo y un momento para todo... y ya llegará el tuyo. Por ahora de seguro habrás de recibir alguna...

—Ya recibí unas cuentas invitaciones, tía pero ¡Cielos! Una de esas chicas era más alta que yo y...



Lindsey rió con ganas.

—¿La rechazaste solo por eso?

—Tía es que esto es más difícil de lo que pensé. Creo que prefiero enfrentarme a dragones o hasta a los Dursley en el juicio.

—No exageres —respondió Lindsey sin dejar de reír—. ¿Por qué no le dices a Hermione? Ella es tu mejor amiga y de seguro no se negará.

—Ella dice que ya tiene pareja.

—Bueno, busca a alguna otra chica entre tus compañeras en la sala común. Lo importante es que te diviertas, mi cielo y que te distraigas de toda esta pesadilla que ha sido lo del litigio por tu custodia y tu participación en el torneo.

—Veré que puedo hacer entonces —comentó Harry antes de darse la vuelta para marcharse pero cuando hubo dado algunos pasos se detuvo y retrocedió—. Oye tía...

—¿Sí, cariño?

—Qué bueno que llegaste a mi vida.

—Qué lindo es escuchar eso, Harry. Yo me alegro todavía más de tenerte a mi lado.

Lindsey observó al muchacho mientras él se perdía de vista hacia el castillo, entonces comenzó a reflexionar acerca de su propia vida mientras observaba a lo lejos el barco de Durmstrang y al girar el rostro el carruaje de Beauxbatons en la explanada. Allí, en la lejanía se distinguía un par de figuras envueltas en abrigo. Parecían abrazadas (no podía precisarlo por la distancia) pero algo en su interior le dijo que se trataba de Noah y Colette. Sin poder evitarlo recordó sus palabras la última vez que se vieron.

Si eso es lo que quieres.

Eso había dicho cuando ella lo mandó a pedirle a Colette que lo acompañara al baile y quizá, muy probablemente le hubiese tomado la palabra porque era un sinvergüenza. De todos modos ella se sorprendió indiferente ante el hecho de aquella posibilidad no le dolía. Si los veía entrar juntos al gran comedor no le daría la mayor importancia porque a esas alturas su ex marido cada vez se hacía más lejano en sus sentimientos. El recuerdo latente de la traición aunado a su cinismo y el hecho de ver a Colette cerca todo el tiempo era como un veneno que en pequeñas dosis fue matando el amor que Lindsey una vez sintió por él. 

Noah ya le había hecho mucho daño y con su constante asedio desde que llegó al castillo no había hecho otra cosa más que hartarla, recordándole el dolor que le había provocado. Ella no quería verlo porque le recordaba su traición pero él insistía en imponerle su presencia. Incluso había estado a punto de besarla para intentar hacerla flaquear.

Con Noah no habían más que reproches y cicatrices. Entonces recordó también a Snape enfrentándose a él en un duelo, sentándose junto a ella para escucharla cuando no pudo más y termino explotando, para ofrecerle un pañuelo para enjugar sus lágrimas, ofreciéndole asimismo su compañía hasta el castillo y su ayuda en la enfermería cuando tenía que elaborar pociones curativas. Ella sabía que esa era su manera de pedirle disculpas por su comportamiento hostil del principio, una manera de buscar un acercamiento que de otra forma le sería imposible. 

Mientras más lo conocía, más lo comprendía. Tal vez lo había juzgado mal, ella no había tomado demasiado en cuenta las emociones de Severus Snape desde que lo conocía. Recordó su reacción al mirarla por primera vez. Ciertamente se llevó un tremendo impacto porque su mente su espíritu y su cuerpo no pudieron soportar la emoción de ver ante sí, después de tantos años, la imagen de la que creía su amiga y tal vez... sí, su amor de la infancia y adolescencia.

Lindsey había olvidado lo que Severus sentía por su hermana fallecida. Era obvio que la amaba, al menos eso había percibido desde esa noche en que él, en un arrebato de locura y desesperación, irrumpió en su habitación en mitad de la noche para besarla. ¿Por qué lo haría si no es porque había estado enamorado o involucrado de alguna forma con Lily y ella se la recordaba? Pero él mismo se había encargado de aclararle que Lily siempre fue leal a su marido. Así que dedujo que él la había amado en silencio hasta el día de su muerte.

Lindsey no había tomado en cuenta lo difícil que habría sido para Snape el hecho de verla deambular por el castillo y que por causa de esto quizá se había distanciado de ella en los primeros encuentros. Pero en los días que llevaban trabajando juntos en las pociones que elaboraban o cuando coincidían al recolectar ingredientes en el invernadero, así como su reacción el día que se lastimó la mano o se enfrentó a Noah por defenderla, ella se dio cuenta de que debajo de esa aparente sobriedad, de esa máscara de rigidez y severidad se escondía un ser humano en toda la extensión de la palabra: tan sensible, honesto y valiente como se lo habían descrito Charity y Dumbledore.

—Con razón eran amigos —pensó—. ¿Cómo es que Lily no se dio cuenta de que la amaba? Tal vez no hubiese sido muy obvio estando frente a ella... ¿Cómo es que ella no se fijó en él también?

En fin, había tantas cosas del pasado que aún desconocía pero era hora de dejar el pasado atrás y mirar hacia el futuro. Ella y Snape también podían ser amigos si él le abría un espacio.

Sus cavilaciones de pronto fueron interrumpidas por un sonido constante de golpeteo en la madera del puente. Cuando Lindsey giró el rostro se encontró con Alastor Moody que se acercaba hacia ella, haciendo ruido con su pierna postiza.

—Es raro encontrar a alguien aquí con este frío —comentó con una sonrisa que pretendía ser amable, pero Lindsey percibió cierto matiz extraño que no le gustó para nada.

—Lo mismo puedo decir yo de usted, profesor —respondió ella observándolo con curiosidad.

No sabía por qué, no podría expresarlo con palabras pero no se sentía segura estando sola con él. No obstante estaba convencida de que ese presentimiento no estaba para nada condicionado por la apariencia física del profesor.

—Me gusta este clima y digamos que, como cazador de magos tenebrosos estoy acostumbrado a soportar cualquier inclemencia.

—Comprendo —respondió la mujer—. Yo... la verdad es que no me había dado cuenta de que estaba sola. Hace rato había chicos cruzando el puente, también allí abajo lanzándose bolas de nieve y allá en la explanada.

—Sí, pero ya se fueron al gran comedor. Yo no tengo hambre así que preferí admirar el paisaje y... ahora estamos solos... tú y yo —respondió él sin quitarle la mirada de encima mientras bebía el contenido de su petaca.

Por alguna razón Lindsey se estremeció y sintió la enorme necesidad de regresar al castillo.

—Yo...

—Me he dado cuenta de que te has ganado el corazón de tu sobrino, ¿Eh? Tanto que lo proteges en todo momento. Ni siquiera querías dejarlo participar en el torneo —saltó él interrumpiéndola y cerrándole el paso al ver sus intenciones de regresar al castillo.

—Es natural, ¿no? Es mi sobrino y deseo protegerlo de todo lo que pueda representar un peligro para él.

—Como su madre, ¿no? Como una vez lo hizo tu hermana gemela, la difunta Lily Potter.

Lindsey asintió con la cabeza sin decir nada más.

—Ella hasta murió por su hijo... pero ¿estarías dispuesta tú también a morir por tu sobrino? —preguntó Alastor hurgando dentro de uno de los bolsillos de su grueso abrigo.

La mujer, por instinto apretó la varita dentro del suyo.

—¡Lindsey! —la llamó Charity desde lo lejos, al otro lado del puente.

—¡Voy! —gritó en respuesta la pelirroja—. Debo irme, profesor.

—Sí, ve, muchacha. Ya nos veremos en otra ocasión —respondió el hombre dando otro sorbo.

—¿Qué hacías hablando con Moody? —preguntó Charity cuando Lindsey llegó a su lado.

—Yo... no lo sé en realidad. Estaba sola y de pronto llegó él.

—Me extrañó no verte en el gran comedor y pues tu sobrino me dijo que estabas ahí.

—Ese hombre es... desconcertante —opinó Lindsey comenzando a sentirse más relajada en compañía de su amiga—. Sumamente extraño.

—Moody es un poco extraño, sí. Todos dicen que se volvió un poco paranoico y hasta chiflado luego de tantos años de perseguir magos tenebrosos.

—Posiblemente así es.


En el gran comedor Lindsey se dio cuenta de que Severus no estaba presente y le pareció extraño. Quizá no tenía apetito, tal vez se encontraba enfermo o estaría haciendo algún otro encargo para Dumbledore. No sabía que lo había mantenido lejos del gran comedor pero la verdad era que no contaba con su ausencia.

Severus no tenía hambre, estaba envuelto en una gran ansiedad que lo carcomía por dentro. ¿Por qué era tan difícil para él a estas alturas hacer una simple invitación? ¿Tendría algo que ver con el hecho de que nunca antes se había visto en la necesidad de hacer algo así? Era un tonto baile, solo un estúpido baile al que él tenía que asistir nada más como un simple protocolo concerniente a su rol como profesor y jefe de casa del colegio.

En ese momento alguien golpeó la puerta y él pensó que se trataba de algún elfo enviado por Dumbledore para llevar sus alimentos, como efectivamente sucedía cada vez que él se ausentaba del gran comedor. Incluso, cuando abrió la puerta miró directamente hacia abajo en busca de la criatura y la bandeja pero se sorprendió cuando en lugar de eso se consiguió con un par de pies de mujer. Así que elevó la mirada poco a poco, encontrándose efectivamente con una bandeja tapada por una cúpula y más arriba el rostro de.... Lindsey.

—¡Buenas noches! —lo saludó ella con una sonrisa—. Dumbledore envió a un elfo hasta aquí para traerte la cena. Yo necesitaba hablar contigo así que le propuse al elfo hacer yo misma la entrega.

—Gracias —respondió Snape atónito mientras recibía la bandeja que la mujer le ofrecía—. Adelante —añadió luego haciendo espacio para que ella entrara en el despacho.

—Gracias a ti por recibirme. Es un elfo bastante simpático. Se llama Dobby y dice que es amigo de Harry pero en fin.. Vine a... Bueno, en realidad vine a preguntarte algo y en base a la respuesta podría surgir otra pregunta.

—¿Qué necesitabas saber? —preguntó el profesor mientras dejaba la bandeja en su escritorio.

Lindsey se aclaró la garganta.

—¿Ya tienes una pareja para el baile?

Severus se quedó de piedra ante esa pregunta, no podía creer que sin tener que hacer nada estuviera a punto de conseguir una pareja para el baile que de pronto ya no se le antojaba tan estúpido. Y no cualquier pareja, sino precisamente Lindsey Cooper.

—¡Snape!

—¡Ah! Disculpa yo... ¡Eh!... No, no tengo pareja para el evento que tendremos...

—¿Te gustaría acompañarme? ¿Te gustaría ser mi pareja en el baile?

Severus volvió a quedarse callado y entonces Lindsey comenzó arrepentirse de la propuesta. Quizá él no estaba preparado, quizá ella estaba forzándolo demasiado al pretender que la acompañara a ese baile, tal vez realmente ni siquiera disfrutaba su compañía sino que seguía perturbado con su presencia y no había querido decírselo para no ser grosero con ella como sí lo había sido al momento de su llegada.

—Lo siento —se disculpó Lindsey—. Creo que no fue una buena idea venir hasta aquí. Olvídalo. 

—¡Espera! —dijo Snape enseguida al ver que ella retrocedía—. Solo estoy un poco distraído hoy pero sí, creo que podemos hacernos mutua compañía en ese baile, Cooper.

—¿De verdad? —preguntó ella—. No te sientas comprometido si no quieres ir conmigo porque podrías tener en mente a alguien más.

—No, yo no podría tener en mente a alguien más... Me refiero a que... confieso que me encontraba desconcertado ante el hecho de esa exigencia que solo creí destinada para los estudiantes.

—Yo también pero en fin, las reglas son las reglas —respondió ella con una sonrisa y un encogimiento de hombros—. Bueno, entonces nos encontramos mañana en el vestíbulo a las ocho, ¿no?

Snape negó con la cabeza.

—Pasaré por ti directamente a la enfermería, es mejor.

—Está bien, nos vemos entonces.

—¡Cooper!

—Creo que ya es momento de que comiences a llamarme por mi nombre. Fuiste un gran amigo para Lily y... no veo una razón por la cual no puedas ser mi amigo también. 

—De acuerdo, Lindsey, solo quería aclarar de una vez que aunque se trate de un baile yo...

—No sabes bailar, ¿cierto? —lo interrumpió la pelirroja pero sin dar tiempo a que él contestara añadió—: No importa, te enseñaré.

 —La verdad no es de mi agrado eso de bailar...

 —Nos vemos mañana. 

Se despidió la pelirroja dejándolo desconcertado pero al mismo tiempo con una agradable sensación. 




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