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Lindsey Cooper, la hermana de Lily Evans » Una carta de tía Petunia
Lindsey Cooper, la hermana de Lily Evans (ATP)
Por Hermaire
Escrita el Sábado 11 de Enero de 2020, 20:34
Actualizada el Jueves 29 de Octubre de 2020, 20:58
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Una carta de tía Petunia

Capítulos
  1. El nacimiento
  2. Magia
  3. La verdad
  4. Lista para el viaje.
  5. Albus Dumbledore
  6. Hogwarts
  7. Conociendo a los Dursley
  8. Valle de Godric
  9. Severus Snape, ¿el amigo de Lily?
  10. ¡Hola, tía Lindsey!
  11. Conociendo un poco más
  12. Una visita nocturna
  13. La vista en el juzgado
  14. No eres ella
  15. Desahogo
  16. La llegada de Beauxbatons
  17. ¡No puede ser posible!
  18. Un pequeño enfrentamiento.
  19. La carta del abogado
  20. La primera prueba
  21. La vista en el juzgado
  22. Una contienda lejos del juzgado
  23. El anuncio de Dumbledore
  24. Una carta de tía Petunia
  25. ¿Irías conmigo al baile?
  26. El baile
  27. Un espía en el pasillo
  28. Incertidumbre
  29. Un nuevo artículo de Skeeter
  30. El paseo
  31. Amor
  32. Un intruso
  33. Gemelas.
  34. Revelación.
  35. Perdóname
  36. ¿Qué sucede con Lindsey?
  37. La segunda prueba del torneo
  38. ¿Ocurrió de nuevo?
  39. Antídoto
  40. Muerte en el castillo
  41. Cuidaré de ti
  42. La excursión a Hogsmeade.
  43. Una grata visita.
  44. El fantasma
  45. ¿Qué diantres está pasando?

Severus no podía creer que se encontrara en la necesidad de buscar una pareja de baile como si fuese un estúpido adolescente. Le sonaba tan absurdo, tan estúpido que se negaba por completo a siquiera imaginar pedirle a alguien que lo acompañara a un baile... ¿un baile? ¿Desde cuándo bailaba él? No recordaba haberlo hecho jamás, o quizá... ¡Sí! De pronto, mientras se dirigía hasta las mazmorras para impartir su clase le llegó un vago recuerdo que se fue haciendo cada más nítido...

Tenía nueve años y hacía poco que Lily y él se habían vuelto amigos. Como siempre jugaban en el parque solo que esta vez, cansada de corretear a su compañero, Lily se le había acercado luciendo esa hermosa sonrisa que la caracterizaba, le tomó una mano para llevarla hasta su cintura y le mantuvo la otra asida.

¿Qué haces? —preguntó Severus, temblando y con aire incrédulo.

Juguemos al concurso de baile. Ya sabes, el que pasan por televisión. Imaginemos que hay otras parejas a nuestro alrededor pero solo nosotros seremos los ganadores —respondió la niña con la mirada cargada de entusiasmo.

Pero no sé bailar —objetó Severus, estático y nervioso.

Es muy fácil ¿No has visto el programa en la televisión? A ver... Comenzaremos con un vals.

En esa ocasión él no hizo más que dejarse llevar por ella y por el instinto. Se dedicaron a girar y a deslizarse por todo el lugar.

¿Lo ves? Es muy sencillo —dijo Lily, imaginándose al público aplaudiendo a su alrededor—. Estamos ganando, Sev, somos los mejores.

Sí, lo somos —respondió él atreviéndose a alzarla y girarla en el aire para luego seguir bailando.

Después se dejaron caer al piso, exhaustos y muertos de risa, pero Severus quiso adornar el momento así que, valiéndose de sus poderes, que cada vez podía controlar mejor, movió la rama de un árbol que dejó caer un montón de diminutas hojas y flores sobre los dos.

¡Qué bonito! —se admiró Lily—. El otro día hice crecer las flores del jardín pero a Tuney no le gustó —comentó con tristeza—. Cree que soy un monstruo.

Solo está celosa porque ella es una niña ordinaria y tú eres especial.

—Qué malo eres, Severus —comentó ella un poco más animada.

Snape salió de su ensimismamiento cuando llegó al aula y vio a sus estudiantes. Aquel recuerdo lo había conmovido llenándolo de una gran nostalgia pero no iba a perder el control y mucho menos en su clase.

Al término de la misma ordenó a los Slytherins que lo esperaran en la sala común para hacer el anuncio del mentado baile. No obstante los adolescentes mostraron expresiones de preocupación pues él casi nunca entraba a hacer ningún anuncio en la sala común. De hecho, la última vez fue para advertir el posible cierre del colegio a causa del basilisco.

—¿Sucede algo grave, señor? —preguntó Draco, sentado en su sillón favorito de la sala, uno que había hecho traer de su casa exclusivamente para él.

—En primer lugar, como siempre, deberán elaborar una lista con los nombres de los que se quedarán en el castillo por navidad y posteriormente me lo harán llegar con su prefecto —anunció Snape con su acostumbrada voz parsimoniosa, entregándole un pergamino enrollado a uno de los prefectos—. Y no, señor Malfoy, el segundo anuncio no se trata de ninguna fatalidad —esbozó un gesto de indiferencia y continuó—. No obstante, si quieren mi opinión no me parece algo precisamente provechoso o de importancia sino más bien una pérdida de tiempo, aunque estoy casi seguro de que ustedes creerán todo lo contrario.

—¡Cielos! —exclamó Blaise desconcertado—. Qué podría ser.

Snape enarcó una ceja en un gesto muy suyo y se dispuso a hablar con su acostumbrada parquedad.

—Para el día de navidad habrá un... baile. El evento constituye una tradición del Torneo de los tres magos y en los próximos días el director, como encargado del colegio anfitrión, estará organizando los detalles...

—¡Un baile! ¿Escuchaste eso, Draco? ¡No puedo creerlo!

—¿Me dejará continuar, señorita Parkinson?

—Desde luego, señor. Somos todo oído.

—El baile tendrá lugar en el gran comedor el veinticinco de diciembre a las ocho y culminará a las doce en punto. Será obligatorio el uso de una túnica de gala pero la exigencia más importante es, desde luego, la compostura que se espera de los alumnos de Hogwarts y en especial los de mi casa. Pueden fraternizar con los colegios extranjeros y de hecho... esa es la finalidad del... bendito baile.

—Es maravilloso —exclamó una chica de segundo curso.

—Me apena decepcionarla, señorita Jones pero me temo que usted no podrá asistir.

—Pero ¿por qué? ¿Yo que hice?

Él volvió a encogerse de hombros.

—Es una exigencia más de la organización y el tribunal del Torneo. Al baile solo deberán asistir los alumnos de cuarto curso en adelante aunque si lo desean pueden invitar a los más jóvenes. Así que si usted cuenta con la... suerte de ser invitada podrá asistir sin problemas.

—¿Invitar? ¿Podemos llevar a alguien? —dijo un alumno de séptimo curso.

—No solo podrán, señor William, sino que es imperativo que consigan una pareja —reveló Snape torciendo el gesto en una clara demostración de que le molestaba tal exigencia.

—¡Que emoción! —balbuceó Astoria Greengrass.

—Eso es todo. No olviden la lista con los nombres —dijo Snape antes de disponerse a marcharse. 
—¿Quién la tiene? ¡Dame eso, Patrick!

—No, dámela a mí, todavía no escribo mi nombre.

—El viaje a Canarias con mi familia tendrá que esperar al año entrante, este año me quedaré en Hogwarts.

—Yo también.

Snape giró bruscamente y el sonido que provocó el roce de su capa fue más que suficiente para calmar el conato de jaleo que comenzaba a suscitarse en la sala común a propósito de la lista de personas que se quedarían a pasar navidad.

—Tienen una semana para entregarla —dijo antes de irse.

Harry por su parte estaba bastante nervioso a propósito de la clase con McGonagall donde ella hizo el correspondiente a nuncio a los de Gryffindor. ¿De dónde sacaría él una pareja? ¿Por qué tenía que ser tan difícil? Además, él no bailaba, nunca había tenido la oportunidad de asistir siquiera a una fiesta.

Lindsey en cambio estaba más preocupada por Hagrid después de que Harry le hubo dicho el día anterior que el semigigante tendría una cita en Hogsmeade para entrevistarse con la periodista. ¿En qué diantres estaba pensando? Esa mujer lo iba a perjudicar, de alguna manera u otra le iba a hacer daño, incluso lo más seguro es que trataría de buscar información de ella o Harry que pudiera servirle para escribir otro artículo igual o incluso peor que la porquería que escribió.

Aprovechando que no tenía nada qué hacer en la enfermería se fue a ver a Hagrid a su cabaña para intentar persuadirlo.

—No debes preocuparte, Lindsey —trató de tranquilizarla Hagrid, vigilando a través de su ventana a los escregutos de cola explosiva que estaban encerrados en el corral, mientras bebía una taza de té—. Ella solo quiere escribir acerca de mi trabajo como profesor, le gustó mi método e incluso los escregutos.

—A propósito de eso ¿Cómo los conseguiste?

Él se ahogó con una repentina tos como si en lugar de estar bebiendo té estuviese bebiendo salsa picante. Desde luego esto hizo sospechar aún más a Lindsey.

—¿Estás bien? —preguntó ella tratando de palmearle la espalda para ayudarlo a recuperarse.

—Sí, no... es nada.

—Entonces puedes contestarme.

—Lindsey yo...

—No los habrás contrabandeado, ¿o sí? —preguntó ella bajando el tono de voz hasta un susurro, por si acaso.

—¿Cómo crees? —preguntó Hagrid indignado—. Nunca haría algo así, no soy tonto, además pondría en riesgo a Dumbledore. Es solo un cruce entre una mantícora y un cangrejo de fuego.

—¡Por la barba de Merlín! ¡Cruzaste esos dos animales! Es un peligro, sobre todo la mantícora ¿Dónde la tienes?

—Yo no fui. Estaba caminando por el bosque como siempre cuando encontré a esos dos animales... ya sabes, apareándose. Me pareció extraño pero le hice seguimiento a la mantícora para ver si había quedado preñada, cuando me di cuenta de que así había sido...

—Esperaste al alumbramiento y robaste sus bebés ¿no es así?

El silencio de Hagrid le dio la respuesta pero tras unos breves segundos se atrevió a añadir.

—Ella no los quería, se iban a morir ¿Qué querías que hiciera? Estos son probablemente los únicos ejemplares que se han podido criar.

—Hagrid, no dudo de tu buen corazón pero lo que me preocupa ni siquiera son los niños porque sé que tú lo tienes todo bajo control, sino lo que esa Skeerter pueda pensar al respecto. No me gustaría que fueses a esa cita con ella.

—Ella solo quiere escribir una columna de zoología.

—No estoy tan segura, Hagrid. Ya viste lo que salió el otro día sobre Harry y sobre mí, ¿no? De seguro querrá ver qué información te saca esta vez. De cualquier forma si estás decidido a ir ten cuidado con lo que dices.

—No diré nada sobre ti o sobre Harry, lo prometo.

—Ten cuidado con todo lo que digas, Hagrid o también tú podrías salir perjudicado. A esa mujer le encanta el barullo.

El día sábado Lindsey y Charity se fueron a Hogsmeade a comprar su ropa de gala para el baile. La profesora de estudios muggles estaba más que encantada con el hecho de que el sanador de Beauxbatons y admirador suyo se decidió a pedirle que fuese al baile con él.

—¿De verdad? Y tan rápido. Me alegra mucho por ti porque te veo bastante entusiasmada —comentó Lindsey mientras revisaban en la sección de vestidos pues ambas deseaban llevar esa prenda en lugar de túnicas.

—Es tan garboso y atento. ¡Me encanta!

—Además de guapo y culto, no se le puede negar —comentó Lindsey riendo—. ¡Este! Pruébate este azul. Quedará precioso con tu cabello rubio. ¡No, ese no! Es muy pálido, este azul rey.

—Sí, es hermoso —admitió su amiga— ¿Y tú?

—Yo creo que me probaré este verde —respondió Lindsey.

—No, me refiero a con quién irás al baile ¿Ya tienes pareja?

—No, todavía no. No tengo idea de a quién invitar pero tampoco me quita el sueño, quizá le diga a Hagrid.

—¿Hagrid? Tal vez son ideas mías pero creo que ha estado bastante entusiasmado con tu antigua maestra, la directora de Beauxbatons.

—Es cierto y Madame Máxime parece tenerle igual estima —respondió la medimaga riendo mientras esperaba detrás de la cortina del probador.

—Yo creí que enseguida saltaría sobre ti ese Noah para pedirte que vayas con él.

—Que ni se le ocurra pero de seguro ya le echaron el lazo, si sabes a lo que me refiero.

—Es probable —respondió Charity saliendo del probador.

Lindsey quedó con la boca abierta al mirarla.

—¡Te lo dije! Es perfecto. Solo mírate, te queda precioso.

—Me llevó este entonces —respondió Charity satisfecha con su imagen—. Pruébate el tuyo.

Lindsey entró al probador y al igual que su amiga quedó satisfecha con su imagen.

—Te ves bellísima, Lindsey —aprobó Charity—. Creo que nuestra búsqueda acabó temprano. Te favorece mucho ese modelo y el color.

—¿Estás segura? No te gustaría ver otros.

—Estoy encantada con el mío y de verdad el tuyo se te ve encantador.

Lindsey volvió a mirarse y se dio cuenta de que su amiga tenía razón. Ese vestido le sentaba de maravilla, no solo realzaba su hermosa figura sino que además hacía juego con sus ojos.

—Está bien —dijo conforme—, mejor así porque también tengo que buscar algo para Harry.

—Supongo que ya trajo una, estaba entre las exigencias de este año.

—Sí, me dijo que tiene una túnica preciosa que la señora Weasley le escogió pero quiero complementarla con algún accesorio que le daré como regalo de navidad...

—Oye, Lindsey... ¿Qué tal si le dices a Severus?

—¿Decirle qué? —preguntó Lindsey medio distraída mientras pagaba su vestido y unos zapatos que había encontrado perfectos para la ocasión.

—¿Por qué no lo llevas a él al baile?

—¿Has perdido el juicio? —preguntó Lindsey riendo.

—¿Por qué? Ya son amigos, ¿no?

—No, no somos amigos, solo conversamos de vez en cuando y... otras veces nos da una mano en la enfermería con la elaboración de pociones pero nada más.

—¿Y si él te lo pide?

—No creo que lo haga.

—Pues a alguien tendrá que llevar y tú también.

—Dumbledore nunca dijo que fuera obligatorio.

—Tampoco mencionó que fuese obligatorio el hecho de que solo los estudiantes de cuarto para arriba debían asistir (a menos que los invitara alguien mayor) No obstante aparece reflejado en el folleto que apareció en mi escritorio esta mañana (supongo que fueron los elfos) Ahí están todas las exigencias y entre ellas está el tema de las parejas.

—Se refiere a los estudiantes —dijo la pelirroja mientras salían del establecimiento.

—No se refiere a nadie en particular, Lindsey —respondió Charity riendo.

—Ya veremos eso, Charity, por ahora acompáñame a la joyería para ver que consigo para Harry.

De camino a la joyería Lindsey se dio cuenta, con gran malestar, de que Rita Skeeter estaba entrando a Las tres escobas donde de seguro ya estaba Hagrid aguardando para iniciar su entrevista.

—Ahí esta esa mujer —dijo—. No quiero que me vea.

—Descuida, ya entró.

Cuando Charity y Lindsey regresaron al castillo esta última no podía creer lo que le aguardaba. Por una parte fue interceptada de nuevo por Noah cuando iban por la explanada.

Necesito hablar contigo, Lindsey.

—No puedo creerlo —dijo ella mirando a su amiga que le devolvió una mirada contundente.

—Te lo dije. Será mejor que siga mi camino.

Espega un momento, Chaguity! —la llamó Gerald Bourdeu, el sanador que salía del carruaje en ese momento.

—Qué bueno que te veo, te traje esto de Hogsmeade —respondió la maestra mientras le entregaba una cajita con pasteles de calabaza.

—Muchas ggacias, pego ven, entga, te invito a tomag una taza de té.

—Espera un segundo es que mi amiga...

Lindsey le hizo una seña con la mano para indicarle que entrara. Ella estaría bien.

Por enésima vez, Noah. No quiero hablar contigo y mucho menos me interesa ir al baile acompañándote, si es eso lo que me vas a decir.

Amog, yo.

Una mirada contundente de la mujer lo hizo desistir del apelativo de inmediato.

Lindsey, yo quiero disculparme por mi comportamiento, la última vez perdí el control pero se debe a que...

—Pídele a la hermosa Colette que te acompañe. Harán una estupenda pareja, estoy segura. Me tienes harta, Noah. ¡Ya basta!

¿No te parece ridículo que dos personas que se amen estén separadas solo por orgullo, Lindsey?

¿Y quién te dijo que yo te amo?

—Tus ojos.

—Pues parece que se han vuelto un par de mentirosos porque te puedo asegurar, sin miedo a equivocarme que no siento nada por ti. ¿Cómo podría después de lo que me hiciste?

Noah se pasó las manos por la cabeza.

—Lindsey, lo que sucedió un día, un maldito día no puede echar a perder todo lo que vivimos en dieciséis años de matrimonio. No me resigno, no lo acepto.

Lindsey sonrió con ironía.

Lo que sucede, Noah, es que no solo fue ese maldito día. Tu amante me lo confirmó y estoy segura de que fue así. Hubo muchos días y muchas noches en que se revolcaron y no te atrevas a mentirme porque te conozco lo suficiente como para saber cuándo lo haces. Además, ese maldito día cuando te descubrí lo último que hubiese esperado de ti era precisamente que me traicionaras. Esperaba un abrazo, tu comprensión, no una puñalada en mi espalda. Mi madre estaba muriendo, Noah...

—¡Lo sé! —espetó el hombre mientras sendas lágrimas caían de sus ojos—. Ella me sedujo y lo sigue haciendo.

Eso es lo que me molesta de ti, Noah, que le echas la culpa a ella de todo ¿Dónde está tu responsabilidad en esto? ¿Eres un pobre niño inocente?

—No, sé lo que hice —reconoció el medimago—, y no me excuso pero créeme cuando te digo que ella hace lo posible por molestarte. Creo que te tiene envidia.

—¿Envidia? ¿Envidia de qué? ¿De mi trágica historia? ¿Del odio que me tiene mi propia hermana o del hecho de que no sé si perderé a mi sobrino que es lo único que me queda?

Eres una mujer exitosa, Lindsey. A pesar de todo te levantaste y saliste adelante. En el colegio eras tan hermosa como ella sin ninguna condición especial, te ganabas la admiración de muchos sin necesidad de encantamientos y no conforme con eso siempre fuiste destacada por méritos propios, lo que te ganó el favor de muchos profesores. Ella en cambio fue rechazada en la compañía más importante de teatro y su esposo, ese jugador de quidditch la abandonó al ver su fracaso.

—¿Qué pretendes? ¿Qué sienta lástima por ella? Es un ser humano horrible, la envidia no la llevará por buen camino.

—Olvidemos todo, Lindsey, al menos por una noche. Acompáñame al baile, solo como amigos.

No, ya te dije que no quiero ir contigo a ese baile contigo.

—¿Con quién irás entonces?

—No es tu problema.

—No me lo digas, ya lo sé —respondió con una sonrisa irónica.

—Qué bueno que adivines el futuro porque yo todavía no lo sé. Escucha, Noah, ya me estoy cansando de este juego que además no nos conducirá a ningún lado. Te lo repetiré de nuevo por si todavía no lo has entendido: No quiero ir volver contigo. Estoy tratando de hacer una nueva vida, de recomenzar y dejar el pasado atrás. Tampoco me interesa ir al baile contigo así que si tanta lastima te da puedes invitar a esa... a la indefensa y pobre Colette Piaf.

—Si eso es lo que quieres, así será —determinó el medimago, harto y molesto de rogar sin resultados.

El hombre se perdió tras la puerta del carruaje dando un portazo que hizo relinchar a los caballos Abraxan que estaban en un corral cercano. Estaba cansado, herido ya en su orgullo además de dolido al no haber podido doblegar la voluntad de su ex esposa ni tampoco conmoverla con sus lágrimas (que eran sinceras) pero en el fondo se la esperaba precisamente porque la conocía, sabía que cuando ella decidía dejar atrás algo lo hacía sin miramientos.

Lindsey era noble y humana en todo el sentido de la palabra pero era también inflexible en sus decisiones. Cuanto más amor o confianza depositaba en alguien mayor era su decepción si era traicionada y de esta forma era relativa su severidad. Cuando tomaba una decisión y estaba segura del paso que iba a dar no giraba el rostro, simplemente avanzaba. Pero en el fondo, Noah hacía nacer de la nada nuevas esperanzas y por alguna razón pensaba que si invitaba a Colette al baile podría al menos desatar los celos en su ex esposa.

Lindsey en realidad se lo esperaba, sabía que muy probablemente él invitaría a la mujer al mencionado baile pero por alguna razón eso no le importaba. Ya no estaban casados, podía ir al baile con quién quisiera podía rehacer su vida con quién mejor le pareciera, eso la tenía sin cuidado. Incluso le llamó la atención que su sola presencia le fastidiaba, el hecho de que la asediara cada que pudiera comenzaba a hartarle más de la cuenta. Definitivamente ya no sentía nada por él. ¿Cómo podría sentir algo por alguien que al perecer sentía compasión por un ser humano detestable?

Y hablando de ese ser...

¿Puedes creer que ese adefesio soviético me pidió ir al baile con él? —preguntó Colette mientras se envolvía en un chal de camino al carruaje.

Lindsey estaba detrás de unos arbustos y por eso no la vieron

—¿Te refieres a ese Karkarov? —preguntó su amiga, una maestra de Beauxbatons—. ¡Qué horror!

Estaba alucinando —siguió burlándose Colette—. ¿Cómo podía pensar que le diría que sí? Sería un desperdicio que alguien como yo llegara al baile acompañada de ese tipo, además estoy casi segura de que Noah me pedirá...

Tal vez lleve a Lindsey, él sigue loco por ella ¿No te has dado cuenta, mujer?

—Ella es orgullosa, no creo que acepte. Estúpida mujer insoportable, con sus aires de niña buena y sus miles de diplomas que dan fe de lo perfecta que es ¡La detesto! Siempre fue así, una sabelotodo, la hermosa Lindsey, la más prudente, la que llegaría lejos en lo que se propusiera... No es más que una asquerosa sangre sucia.

—¡Colette! —se horrorizó su amiga—. Si alguien te oye hablando así... Déjate de tonterías y mejor entremos, está helando aquí afuera.

Lindsey negó con la cabeza al comprobar lo que su ex marido había dicho, Colette era una enferma envidiosa pero en realidad poco y nada le importaba, tenía asuntos en mente, como su sobrino, siempre su sobrino.

La mujer siguió su camino al castillo y subió las escaleras de mármol. Al llegar a la sala común de Gryffindor le pidió a Neville Longbotom que le entregara una caja de pasteles de chocolate en forma de caldero que había comprado para Harry en Hogsmeade.

No había pasado mucho tiempo cuando en una de las escaleras cuando se dirigía hacia la enfermería escuchó la voz de su sobrino, llamándola entre los alumnos que subían y bajaban.

—¡Tía! ¡Tía, Lindsey!

—¡Harry! —lo saludó ella con la mano—. ¡Aquí te espero, cielo!

El muchacho bajó los escalones de dos en dos, en su rostro había tal preocupación que contagió a Lindsey, sobre todo cuando ella notó que llevaba una carta en la mano derecha.

—¿Qué sucede, cariño? —preguntó ella cuando Harry llegó junto a ella.

—Tenía que alcanzarte. Cuando Neville me dijo que estabas ahí no dudé en salir detrás de ti. —dijo Harry entre jadeos de cansancio tras la carrera y el dolor en el flato

—Harry ¿Qué ocurre? Dime ¿Tiene algo que ver con esa carta?

—Es de tía Petunia, acabo de recibirla —respondió Harry ofreciéndosela—. Léela.

Lindsey la tomó pero esperó a que la escalera dejara de moverse, entonces se fue con Harry por un pasillo y ambos tomaron asiento en un muro junto a unas armaduras.

La pelirroja desplegó el papel y comenzó a leer la carta.

Harry, no sé si está en tus planes quedarte en el colegio como todos los años pero debo anunciarte que como tu tía y protectora legal he decidido que vengas a pasar navidad y año nuevo con nosotros en casa, como la familia que somos.

Voy a hacer pavo para la cena y te prometo que este año habrá un bonito regalo de navidad esperándote bajo el árbol.

Sin más que contarte se despide tu tía

Petunia Dursley.

—¿Puedes creerlo? —preguntó Harry asombrado—. ¿Desde cuándo me consideran parte de la familia? No quiero ir, tía.

—Y no irás si no quieres, no tienes por qué. Es evidente lo que intenta hacer. Ella quiere dar una buena impresión para el juzgado en caso de que la vigilen. Tal parece que es una paranoica.

—No te imaginas cuanto —respondió Harry—, pero ¿y si ella exige que vuelva? Actualmente es mi tutora legal, tía.

—Será mejor que vayamos a consultarlo con Dumbledore. —propuso Lindsey, rodeándolo con un brazo. 





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