Historia al azar: Coartada (Enseñame a sentir)
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Lindsey Cooper, la hermana de Lily Evans » El anuncio de Dumbledore
Lindsey Cooper, la hermana de Lily Evans (ATP)
Por Hermaire
Escrita el Sábado 11 de Enero de 2020, 20:34
Actualizada el Jueves 29 de Octubre de 2020, 20:58
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El anuncio de Dumbledore

Capítulos
  1. El nacimiento
  2. Magia
  3. La verdad
  4. Lista para el viaje.
  5. Albus Dumbledore
  6. Hogwarts
  7. Conociendo a los Dursley
  8. Valle de Godric
  9. Severus Snape, ¿el amigo de Lily?
  10. ¡Hola, tía Lindsey!
  11. Conociendo un poco más
  12. Una visita nocturna
  13. La vista en el juzgado
  14. No eres ella
  15. Desahogo
  16. La llegada de Beauxbatons
  17. ¡No puede ser posible!
  18. Un pequeño enfrentamiento.
  19. La carta del abogado
  20. La primera prueba
  21. La vista en el juzgado
  22. Una contienda lejos del juzgado
  23. El anuncio de Dumbledore
  24. Una carta de tía Petunia
  25. ¿Irías conmigo al baile?
  26. El baile
  27. Un espía en el pasillo
  28. Incertidumbre
  29. Un nuevo artículo de Skeeter
  30. El paseo
  31. Amor
  32. Un intruso
  33. Gemelas.
  34. Revelación.
  35. Perdóname
  36. ¿Qué sucede con Lindsey?
  37. La segunda prueba del torneo
  38. ¿Ocurrió de nuevo?
  39. Antídoto
  40. Muerte en el castillo
  41. Cuidaré de ti
  42. La excursión a Hogsmeade.
  43. Una grata visita.
  44. El fantasma
  45. ¿Qué diantres está pasando?

Allí, en su habitación, sentada en el borde de la, cama Lindsey no podía creer cuanto había cambiado su vida en tan solo unos meses. Había perdido a su madre, a su marido, a su familia de sangre y ahora podía también presentarse la oportunidad de perder lo único que le quedaba que era su sobrino Harry. 

La mujer no pudo evitar de nuevo echarse a llorar con el rostro entre sus manos mientras se hacía miles de preguntas, además porque lo que más se preguntaba era qué hubiese pasado si Noah no le hubiese sido infiel. Para empezar seguirían casados y por ende no le costaría tanto lograr la custodia de Harry, de seguro los tres serían felices en la casa de Londres y con esa felicidad podría mermar la tristeza inmensa que le producía la muerte de Emily, su madre adoptiva, la de su verdadera familia y el rechazo de su hermana, la única que le quedaba.

Diariamente se hacía la fuerte cuando veía pasar a Colette pavoneándose por todos lados con ese aire triunfante y esa vocecita suya tan... absurda. Tenía ganas de ahorcarla pero en el fondo sabía que entre ella y Noah, este último era el mayor culpable porque era él y solo él quién le debía respeto y fidelidad.

Dieciséis años de matrimonio tirados al caño por una mujer que solo lo veía como un pasatiempo y que en sus años de colegio demostró lo poco que lo respetaba al tener una relación con él solo para obtener un beneficio.

¿Por qué Noah no entendía que ya no estaban juntos por su culpa? ¿Por qué la atormentaba con su presencia a cada rato? ¿Por qué insistía en lo que ya no podía ser? Porque definitivamente por mucho que Lindsey lo amase jamás, JAMÁS volvería con él porque simplemente él había roto la gran confianza que ella le había dado. Su dignidad era más grande que su dolor.

Hoy que se sentía tan vulnerable después de escuchar que el juez posiblemente dejaría a Harry sufriendo con los Dursley, Noah no le había brindado su apoyo como un amigo sino que había pretendido aprovecharse de la situación para volver con ella.

A Lindsey le sacaba de quicio que la asaltara a cada rato pidiéndole volver, pero por otra parte la había sorprendido la reacción de Snape al defenderla.

Desde que lo conoció él no había hecho otra cosa más que tratarla con rudeza como si ella le hubiese hecho algo malo.

Snape se había batido a duelo con Noah por defenderla y no solo eso, se había ofrecido a acompañarla al castillo para evitar un nuevo asedio de Noah. Un gesto muy galante de su parte, uno que difícilmente olvidaría.

Lindsey se sorprendió sonriendo de pronto ante la sola visión de los cuernos en la cabeza de su ex marido. ¿Por qué Snape había hecho algo así? ¿Lo había hecho sin pensar o con toda la intención de ofenderlo?

Tampoco pudo evitar recordar una escena que había quedado muy atrás debido a todo lo acontecido en el juzgado. Snape entrando en su habitación en mitad de la noche para besarla de esa forma tan desesperada, como si llevara años ansiándolo. ¿Tendría algo que ver esa acción con lo del último hechizo que arrojó? No, definitivamente no, además de que ella no le debía fidelidad a Noah por la sencilla razón de que ya no era su esposa.

En los días que sucedieron Lindsey evitó pasearse por los jardines ya que los estudiantes y el personal de las escuelas foráneas en su mayoría (con algunas excepciones) no se acercaban al castillo más que para lo necesario como era el caso del gran comedor. De esta forma la medimaga se sentía mucho más segura del asedio de su ex marido y sus proposiciones absurdas. Además de su trabajo, ella se dedicó a ayudar a Harry con sus deberes de Pociones que eran los que más le costaban pues requerían de toda la atención que el muchacho le prodigaba a otra cosa...

—¡Cielo! No es ese ingrediente, ¿recuerdas? Es la centinodia —le recordó Lindsey mientras el muchacho observaba el exterior del castillo a través de la ventana de la enfermería—. ¡Ya lo sé! Es Cho Chan ¿verdad?

—Ehh ¿qué? No, claro que no, tía —respondió Harry poniéndose nervioso—.Tienes razón, es la centinodia, solo me confundí de frasco...

—Cariño, vamos a demostrarle a Snape que puedes hacer un trabajo estupendo. Mira que no me gustó nada ese cero que te puso cuando olvidaste añadir el bezoar al antídoto —respondió Lindsey negando con la cabeza mientras sonreía para distender la tensión que sentía el muchacho—. ¡Cielo santo! No podías olvidarte del bezoar, cariño, era un antídoto. Afortunadamente podemos remediarlo con este trabajo.

—A propósito de Snape, tía. No sabía que fueran amigos.

—¿Quiénes? —preguntó ella mientras descorchaba una botella con su varita.

—Tú y él —respondió Harry tomando la botella que su tía le ofrecía.

—No creo que seamos amigos, solo conversamos a veces. Él se mostró gentil el otro día cuando Noah... Ya sabes, lo que te conté que me propuso cuando regresamos del juzgado.

—Sí, es un cretino ese Noah. No debiste quedarte atrás ese día. No me gusta que ese hombre te esté rondando.

—No, tampoco es para exagerar, cariño. Noah es un imbécil, un traidor pero no es peligroso. Lo conozco desde hace muchos años.

—Tal vez sea cierto pero no te hace ningún bien estar cerca de él —respondió Harry dando en el clavo.

Cuando el muchacho observó el rostro de su tía cayó en la cuenta de que lo que él sentía por Cho Chan era apenas un espejismo, una fantasía adolescente que nada podía compararse con la enorme decepción de haber amado a alguien con tanta intensidad por años y luego descubrir que le era infiel. Amaba demasiado a Lindsey y no le gustaba verla triste aunque se había dado cuenta de que estando a su lado, ella era toda sonrisa. Quizá quería demostrarle (aunque no hacía falta) que a su lado él no sufriría nunca como sí lo había hecho junto a Petunia.

—¿Todavía lo amas?

Lindsey se sorprendió con la pregunta e incluso tardó unos segundos en responder.

—Hace meses te hubiese respondido que sí aunque me odiara a mí misma por la respuesta pero... ahora mismo ya no sé qué siento. Fue mi marido por tantos años y ahora lo desconozco. No sé quién es.

—¿Crees que todavía esté con la prima de Fleur?

—No lo sé y no me interesa —respondió Lindsey tomando otro frasco—. Ahora lo que más me importa es que subas tus calificaciones ¿eh, jovencito?

Harry le respondió con una sonrisa. Tía Lindsey era una mujer maravillosa, excepcional, siempre se preocupaba por los demás y en especial por él. Todo el tiempo le preguntaba por sus calificaciones y si no estaba conforme se aseguraba de que las subiera prestándole ayuda donde la necesitara. A pesar de todos sus problemas nunca se quejaba y siempre estaba disponible para él.

Lindsey se sorprendió cuando Harry se alejó del caldero para abrazarla (un gesto que el muchacho no había tenido jamás con nadie) Ella lo estrechó con ternura y los ojos humedecidos. Él era solo un niño al que muy pocas veces le habían brindado amor, afecto, atención y cuidados.

—Te quiero tanto, Harry. —expresó ella besando la coronilla de su cabeza.

—Y yo a ti, tía. Ya verás que estaremos juntos también en el verano.

Por otra parte Lindsey estaba bastante complacida porque en reiteradas oportunidades había visto a Charity bastante entusiasmada con Gerald Bourdeu, el sanador de Beauxbatons y asistente de Noah. No sabía mucho de él pero Madame Maxime le había asegurado que era un buen tipo y lo más importante es que era soltero.

Era todo un caballero, galante y bastante educado. Siempre que se encontraba a Charity en los jardines o el gran comedor no dudaba en conjurarle una rosa, incluso la había invitado en una ocasión al salón del té de Madame Pudipié.

—Madame Maxime dice que es un caballero —comentó Lindsey entusiasmada.

—Con que sea soltero me conformo —respondió Charity ahogando la risa mientras vigilaba de reojo a la señora Pomfrey que en ese momento hacía levitar frascos con su varita para que se ubicaran solos en un estante.

—Lo que me preocupa un poco es que está junto a esa lagartona de Colette, es decir, en el mismo recinto que ella. Aunque te puedo asegurar que el carruaje por dentro es mucho más grande de lo que imaginas. Hay varias habitaciones, sala, comedor en fin...

—Sí, lo imaginé —dijo Charity—pero de todos modos es muy pronto para pensar que él y yo podríamos llegar a tener algo más que una amistad. Solo charlamos. A él le gustan los muggles tanto como a mí. ¡Eso sí! No te puedo negar que adoro su acento.

Ambas mujeres rieron, desconcertando a Madame Pomfrey.

—Es muy guapo además, eso tampoco se le puede negar —añadió Lindsey—. Las veces que lo he visto siempre está leyendo. No parece ser alguien superficial.

—Quien sabe, de todos modos como te dije solo es alguien ameno con quién charlar.

—Sí, por ahora.

Ambas volvieron a reír mientras Lindsey colocaba la última etiqueta en el frasco de pociones recién lleno. Sinceramente esperaba que ese tal Gerald fuese mucho menos susceptible a los encantamientos de veela que el idiota de Noah.

¡Imbécil! Cada vez que recordaba su estúpida proposición así como su intento de hacerla flaquear se llenaba de rabia. Había estado a punto de hacerlo, sí, de dejarse llevar por él y su intento de besarla, más que todo movida por la melancolía que le provocaban los recuerdos de lo feliz que había sido en el pasado. De no haber sido por Snape quizá lo habría besado pero ¿sentiría lo mismo que antes? ¡No! Estaba segura de que no porque ya no confiaba en Noah, además estar cerca de él solo le hacía daño.

Junto a Noah se sentía ansiosa, insegura, débil y lo único que disfrutaba de estar a su lado, eso que le provocaba esa especie de «corriente eléctrica» no era más que los recuerdos de ese pasado donde fue tan feliz, un pasado que ya no volvería y era mejor así porque estaba lleno de mentiras.

Ver a Snape enfrentarse a duelo con Noah le produjo un cúmulo de emociones que no podía identificar pero definitivamente se sentía agradecida. Sabía que no le caía bien o mejor dicho que su presencia le perturbaba posiblemente debido al parecido con la mujer que amaba, pero a pesar de eso él no soportó el hecho de que Noah la estuviera molestando. Fue un gesto que tuvo mucho pero mucho valor para Lindsey.

Severus no dejaba de regodearse ante la imagen mental de los cuernos en la cabeza del medimago belga. Era un tonto encantamiento de colegiales pero le había causado satisfacción tan solo por el hecho de mirar su cara llena de indignación. Lindsey Cooper ya no era su esposa pero al parecer él seguía asumiendo que sí, además había insinuado lleno de ira que ella tenía algún tipo de relación con él (Snape)... como si pudiera reprocharle algo.

Con los años el profesor de Pociones no había perdido la mala costumbre de espiar por los rincones, costumbre que había adquirido desde casa cuando los padres lo enviaban a encerrarse en su habitación para gritarse improperios o agredirse. Él abría la puerta (apenas una hendija) temeroso de que alguno de ellos se terminara hiriendo enserio; necesitaba estar alerta. Más tarde perfeccionó esta costumbre cuando tuvo que ejercer un rol como verdadero espía para Voldemort.

De esa manera había logrado conocer información valiosa y lamentablemente había sido así como terminó enterándose de la profecía que condenó a los Potter a la muerte, una de las razones por la cual no podía sostener la mirada de Lindsey. Pero valiéndose de este recurso, estando cerca de Lindsey y Charity sin ser detectado, fue como logró enterarse de la traición de la cual la medimaga había sido víctima.

Ese malnacido del medimago belga le había puesto los cuernos con la profesora de arte Beauxbatons... ¿Con que moral osaba él entonces insinuar que ella, su ex esposa tenía una relación con otra persona? Además ella sí era una mujer libre y...

—¡Cielos, ya basta! —pensó el hombre después de un hondo suspiro. Allí sentado en su sillón favorito en el aula de profesores donde se refugiaba para estar solo con sus pensamientos.

Claro, hasta que la puerta se abría y entraba alguien a perturbar su paz como en efecto estaba sucediendo en ese momento. Y era algo que se esperaba pues todo el personal del castillo así como el de los colegios invitados había sido convocado en el salón de profesores. Quién sabe qué rayos habría pasado esta vez o si solo se trata de las pautas para la próxima prueba del Torneo. No, para eso faltaba mucho tiempo todavía y además él suponía que en ese caso solo debía estar presente el comité organizador del evento.

—¡Vaya! Como siempre eres el primero en llegar —observó Charity mientras entraba.

Él se encogió de hombros por toda respuesta.

—¿Para qué crees que nos haya citado Dumbledore aquí? ¿Tendrá algo que ver con el torneo —preguntó la mujer mientras se servía una infusión de menta.

Él volvió a encogerse de hombros.

—Lo ignoro completamente.

En ese momento entraron Lindsey, Madame Maxime, el profesor Dumbledore y la profesora McGonagall. Cuando la pelirroja entró al recinto los ojos de Severus se posaron en ella automáticamente y le pareció que la habitación entera se llenaba de su agradable fragancia a jazmines (le resultaba impresionante como hasta en eso se parecía a su hermana)

—Buenas tardes —lo saludó la medimaga, tomando asiento entre él y Charity.

—Buenas tardes —le respondió el saludo junto con una inclinación de cabeza.

—El profesor Dumbledore no nos quiso decir para qué nos citó a todos aquí —comentó Lindsey—. Dice que debemos esperar a que lleguen los demás.

—Tal vez tenga algo que ver con el torneo —comentó Charity.

—Falta demasiado tiempo para la segunda prueba y ahora apenas estamos en la primera semana de diciembre, Charity —respondió Snape con una expresión de fastidio.

No le agradaban las reuniones y mucho menos cuando tenía que ver a gente que no soportaba, como en ese momento que entraban a la habitación Noah y Karkarov seguidos nada más y nada menos que por Alastor Moody.

A Lindsey le sucedió lo mismo cuando vio a Colette entrar a la habitación.

—¿Ya se encuentrra usted bien de su tobillo, Madmoiselle? —preguntó Karkarov, mirando a la mujer con una sonrisa de bobalicón.

—¡Oh, sí! Ggacias a los cuidados de Monsieur Vertonghen, nuestgo medimago —respondió la mujer con su vocecita de mujer desvalida, colocando una mano en el hombro de Noah mientras le echaba una mirada a Lindsey por «casualidad»

Lindsey simplemente sonrió con ironía ante su actitud tan infantil y atrevida.

Cuando ya el recinto se llenó con los invitados a la reunión Dumbledore procedió a explicar el motivo de la misma.

—Bien, como ya saben estamos en el mes más hermoso del año ya que se acerca navidad, pero asimismo se acerca un evento con el que los organizadores del Torneo de los Tres Magos deben estar familiarizados y no es otro más que el baile de navidad, tradición de este evento.

Al escuchar esto Severus rodó los ojos. Era lo que le faltaba, que ahora tuviera que ayudar en los preparativos para un baile de mocosos.

—Este baile nos ayudará a afianzar los lazos entre los colegios, nos permitirá mezclarnos entre nosotros un poco más para conocernos mejor.

—¿De qué demonios está hablando? —susurró Snape aunque fue escuchado por Lindsey que no puedo evitar sonreír.

—Me parece que está tratando de decirnos que organizará un baile —explicó.

—Supongo que querrá que le ayudemos —añadió Charity mientras Dumbledore seguía con su discurso.

—Este evento servirá además para distendernos un poco de todas las tensiones que ha acarreado el Torneo. —continuó el director.

—Y vaya que ha tgaido tensiones, con eso del cuagto campeón. ¡No es nada pegsonal, mi queguida Lindsey!

—Descuide, Madame Maxime —respondió Lindsey con voz tediosa.

—De parte de Hogwarts espero que los cuatro jefes de casa le hagan el anuncio correspondiente a sus estudiantes y espero lo mismo de los encargados de los colegios extranjeros —anunció el director—. Sabiendo esto tanto ellos como ustedes estarán preparados.

—Disculpe, Sr Director ¿preparados para qué? —preguntó Hagrid con curiosidad.

—Para que ya vayan pensando a quién le pedirán ser su pareja de baile naturalmente —contestó Dumbledore con su acostumbrada sonrisa bonachona.

—¿Pareja de baile? —preguntó de nuevo Hagrid, atragantándose con su propia saliva.

—Así es —respondió Dumbledore—. ¿No te parece divertido?

Hagrid asintió con nerviosismo.

Severus en cambio no hacía sino pasarse las manos por el rostro en señal de incredulidad e impotencia.

—No puedes estar hablando enserio —dijo con su acostumbrada voz pétrea mientras todas las miradas se concentraban en él (cosa que odiaba sobremanera y era la principal razón por la cual no quería asistir a ese estúpido baile).

—Desde luego que hablo enserio, Severus —respondió Dumbledore—, pero no te preocupes que ustedes los jóvenes consiguen pareja bastante rápido mientras que a los mayores quizá nos cueste un poco más.

Su comentario distendió la tensión que el profesor de Pociones había creado e incluso provocó una risita nerviosa en McGonagall. Severus en cambio suspiró con pesadez. Karkarov por su parte no dejaba de mirar a Colette con avidez y esperanza al mismo tiempo entretanto ella se apartaba un mechón de cabello con elegancia.

—No mires ahora pero tu ex marido no te quita la mirada de encima —susurró Charity—. Tal vez cree que tenga alguna esperanza de invitarte...

—Pues que ni lo sueñe —respondió Lindsey en el mismo tono pero con mucha determinación—. Si quiere invitar a alguien ya sabe a quién puede recurrir.

—En los próximos días estaré un poco ocupado en la organización del evento y probablemente necesite la ayuda de muchos de ustedes pero por ahora eso es todo. Muchas gracias por su tiempo y atención. Pueden continuar con sus labores —se despidió el director antes de salir del recinto.

—Con permiso.

Severus se levantó del asiento abruptamente y también salió del salón de profesores, detrás del director.

—Sé lo que vas a decirme, Severus —advirtió Dumbledore con tono paciente—, pero tengo que aclararte que este evento no me lo inventé (aunque me hubiese gustado) Es tradición que el colegio anfitrión del Torneo de los Tres Magos organice un baile para reafianzar los lazos entre los colegios extranjeros y el anfitrión. Sirve además para distender la tensión que trae la competencia y las rivalidades.

—Puedo comprender eso por absurdo que parezca pero eso de buscar una pareja de baile.

—¿Qué hay de malo en eso? Solo lo hace más interesante. Asegúrate de buscar una buena compañera, Severus. Yo por mi parte ya tengo en mente a alguien. Espero que te diviertas en el proceso ¡Ah! Y ya sabes, no olvides reunir a tus estudiantes para hacerles el comunicado.

Severus se quedó en el medio del pasillo mirando a Dumbledore alejarse mientras odiaba mentalmente, y sin haberlo conocido, al creador del Torneo de los Tres Magos y estúpida de idea de agasajar a todo el mundo con un absurdo baile de navidad que traía consigo un compromiso tan... En fin, ya vería qué hacer, mientras tanto solo tenía que asegurarse de que los mocosos lo supieran. 





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