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Lindsey Cooper, la hermana de Lily Evans » Una contienda lejos del juzgado
Lindsey Cooper, la hermana de Lily Evans (ATP)
Por Hermaire
Escrita el Sábado 11 de Enero de 2020, 20:34
Actualizada el Jueves 22 de Octubre de 2020, 20:36
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Una contienda lejos del juzgado

Capítulos
  1. El nacimiento
  2. Magia
  3. La verdad
  4. Lista para el viaje.
  5. Albus Dumbledore
  6. Hogwarts
  7. Conociendo a los Dursley
  8. Valle de Godric
  9. Severus Snape, ¿el amigo de Lily?
  10. ¡Hola, tía Lindsey!
  11. Conociendo un poco más
  12. Una visita nocturna
  13. La vista en el juzgado
  14. No eres ella
  15. Desahogo
  16. La llegada de Beauxbatons
  17. ¡No puede ser posible!
  18. Un pequeño enfrentamiento.
  19. La carta del abogado
  20. La primera prueba
  21. La vista en el juzgado
  22. Una contienda lejos del juzgado
  23. El anuncio de Dumbledore
  24. Una carta de tía Petunia
  25. ¿Irías conmigo al baile?
  26. El baile
  27. Un espía en el pasillo
  28. Incertidumbre
  29. Un nuevo artículo de Skeeter
  30. El paseo
  31. Amor
  32. Un intruso
  33. Gemelas.
  34. Revelación.
  35. Perdóname
  36. ¿Qué sucede con Lindsey?
  37. La segunda prueba del torneo
  38. ¿Ocurrió de nuevo?
  39. Antídoto
  40. Muerte en el castillo
  41. Cuidaré de ti
  42. La excursión a Hogsmeade.
  43. Una grata visita.
  44. El fantasma

Lindsey en realidad estaba muy preocupada con lo último que había dicho Mahoney. ¿Favorecería el juez a los Dursley nada más por el hecho de que eran una familia sólida, aunque fuesen horribles con el propio Harry?

 

—¿Qué sucede, Lindsey? Te preguntaba en qué lugar de España vivías antes... ¿Lindsey? —dijo Mahoney, moviendo la palma de la mano frente a los ojos de la mujer, lo que la hizo reaccionar de inmediato.

 

—¡Ah! Disculpa, yo... estaba un poco distraída.

 

—No te preocupes, tía. Todo va a salir bien —respondió Harry colocando una mano sobre la suya.

 

—Hazle caso a tu sobrino, Lindsey —dijo Dumbledore con una sonrisa afable—. Todo estará bien. Ahora háblanos un poco de tu pasado. ¿Vivías en Madrid?

 

—No, vivía en la ciudad de Valencia pero sí trabajaba en el hospital mágico de Madrid —respondió Lindsey.

 

—Vaya, casi olvido que prácticamente eres española también —comentó Harry.

 

—Soy española —aclaró Lindsey—. Fue allí donde me crié así que soy legalmente española e inglesa de nacimiento.

 

—Entonces debes hablar español a la perfección, ¿no es así? —preguntó Harry con curiosidad—. Además del inglés y… ¡Cielos! Te he escuchado hablando francés y lo haces estupendamente.

 

—Gracias, cariño. Verás, dentro de casa siempre hablamos inglés para no perder la costumbre pero sí, desde luego que tuve que aprender español para poder adaptarme al país donde estaba viviendo. Ya sabes: la escuela muggle, los vecinos, en fin... la vida cotidiana. Más tarde, cuando estuve a punto de cumplir diez años, recibimos la visita de una autoridad del ministerio de magia español. Este hombre me dijo que ya se acercaba el momento de ingresar a la escuela mágica. Al ser española me correspondía ir a Beauxbatons pero como era británica de nacimiento tenía la opción de entrar a Hogwarts. Evidentemente mis padres no quisieron enviarme al Reino Unido así que fui a Beauxbatons cuando cumplí diez y para eso tuve que aprender francés.

 

—¿Entraste con diez años al colegio de magia? —preguntó Harry después de darle el último sorbo a su malteada.

 

—Sí, Harry, en Beauxbatons los alumnos entran con diez años —explicó Archivald, el abogado.

 

Lindsey rió.

 

—Recuerdo que a mamá casi le da un infarto cuando supo que yo era una bruja. Incluso me llevó con un sacerdote —recordó con risas pero una mirada de nostalgia que todos percibieron.

 

—Era una muggle tradicional, entonces —dedujo su abogado.

 

—Sí, pero estaba lejos de ser malvada como Petunia, bueno... salvo por el hecho de que... ya saben, me alejó de mis verdaderos padres pero en fin, no me gustaría hablar de eso ahora... Harry, si todo esto resulta, si logro quedarme contigo prometo llevarte a conocer España este verano. ¿Te gustaría?

 

—Desde luego —respondió Harry entusiasmado—. Claro está, si salgo vivo del torneo.

 

—No digas eso, Harry. Saliste muy bien librado en la primera prueba así que ¿por qué no lo harías en las demás? —comentó Dumbledore entre risas.

 

—Es probable que puedan cumplir esa promesa. Yo me muestro optimista en el caso en cuanto al análisis psicológico de Potter —respondió el abogado—. No obstante deberíamos prepararnos para un panorama contrario debido a la insistencia de este juzgado de que Potter permanezca bajo el seno de una familia. Pero no debes angustiarte, Lindsey —añadió el abogado al ver la expresión de angustia en el rostro de su cliente—. En ese caso podemos intentar impugnar. Hay muchos recursos.

 

—No sería justo que se lo devolvieran a ella —comentó Lindsey—. Yo también debería tener derecho sobre él. También es mi sobrino.

 

—Además, en caso de que el juez falle a favor de tu hermana lo más probable es que se te establezca un régimen de visita que ella estaría obligada a respetar —añadió Archivald—. Incluso pudiéramos intentar que el juez determine que él pase la mitad del verano con tu hermana y la otra mitad contigo. De todos modos lo bueno es que ya Harry está contigo en Hogwarts.

 

—¡Ni soñarlo! —espetó Harry para hacerse oír—. Si el juez decide que tengo que regresar con los Dursley así fuese la mitad del verano juro que huiré contigo, tía.

 

—Eso sería muy perjudicial para tu tía, muchacho —le advirtió el abogado.

 

—Harry, será mejor dejar las cosas en manos de la justicia —añadió Dumbledore.

 

—Exactamente, además, yo solo estoy poniendo sobre la mesa un panorama posible pero no es definitivo, recuerden que también existe la posibilidad de que Lindsey gane la custodia. Mientras tanto ustedes están juntos y eso es lo que importa.

 

—Sé que estamos juntos pero también quiero tenerlo durante el verano —respondió Lindsey abrazándolo—. No me gustaría que Harry regresara a ese lugar donde ha sido tan infeliz. ¡No soporto la idea!

 

—Descuida, tía. Le dije al juez todo sin guardarme nada. Lamentablemente los Dursley alegan que soy un chico problema o algo así.

 

—¡Malvados infelices!

 

—Ya no pienses en eso, Lindsey. No te adelantes a los acontecimientos ni te atormentes por lo que todavía no pasa. Tenemos una buena defensa y al mejor abogado, así que no te preocupes. Y tú tampoco, Harry.

 

—Gracias por lo que me taca —respondió Mahoney.

 

—Es cierto, mi buen Archivald. Bueno, ahora creo que ha llegado el momento de regresar.

 

Así lo hicieron, pagaron la cuenta, se despidieron del abogado y regresaron a Hogwarts. Lindsey no lo dijo pero después de escuchar el pronóstico de Mahoney y el relato de lo que el juez le había dicho a Harry estaba aterrada. Mientras cruzaban el huerto de calabazas de Hagrid no hacía sino pensar y pensar.

 

Según lo que el juez le dijo a Harry, los Dursley querían hacerlo ver como un chico problema, un desadaptado que hasta había destruido sus propios retratos. Ellos eran crueles. ¿Cómo habían sido capaces de tratar a Harry con tanto desdén? ¡Por Dios! Petunia era su tía de sangre, por eso Lindsey no podía comprender que ella lo hubiese despreciado.

 

—Yo me quedaré aquí un momento —desidió Lindsey cuando llegaron al puente de madera.

 

—¿Estás segura? —preguntó el director.

 

—Sí, solo necesito estar sola por unos minutos.

 

—Todo va a estar bien, tía —dijo Harry poniéndole una mano sobre el hombro.

 

—Lo sé, cariño. Es solo que en tan poco tiempo he perdido tanto que tengo terror de perderte a ti también... Te conozco desde hace unos meses y ya te adoro. Me aferré a ti porque eres lo único que me queda, todo lo demás, todo lo que conocí antes se evaporó de la noche a la mañana —respondió Lindsey con los ojos húmedos.

 

Los ojos de Harry comenzaron a humedecerse también.

 

—Archivald tiene razón, Lindsey. El hecho de que les den la custodia a los Dursley no quiere decir que lo pierdas definitivamente, siempre podrás visitarlo y además ahora lo tienes contigo mientras que Petunia no.

 

—Pero yo no quiero que ella tenga la oportunidad de seguirlo desdeñando —dijo la mujer aferrando a Harry contra su pecho—, de enviarlo a la cama sin cenar, de obligarlo a ser su sirviente o de gritarle palabras hirientes cada vez que se le antoje. ¡Por Dios, que mujer tan desagradable! ¿Te han golpeado, Harry?

 

Él se separó de ella para contestarle.

 

—No, la verdad es que, mis tíos no.

 

—¿Y ese muchacho, Duddley?...

 

Harry estuvo a punto de negarlo para no preocuparla pero su silencio, inseguridad y nerviosismo lo delató.

 

—¡Santo cielo! ¡No puedes volver ahí! Yo tengo que ganar tu custodia.

 

—Y lo lograrás, Lindsey —dijo Dumbledore para tranquilizarla.

 

Dumbledore y Harry siguieron avanzando hasta llegar al castillo, Lindsey en cambio se quedó merodeando por las inmediaciones del parque. Lágrimas de angustia y dolor rodaban por su rostro mientras en su cerebro se iban formulando las mismas preguntas de siempre: ¿Por qué Petunia no podía aceptarla como su hermana? ¿Por qué no podía entender que no había sido su culpa crecer lejos de la familia? ¿Por qué le costaba tanto aceptar la magia?

 

Al llegar de España y a pesar de tener el corazón destrozado por todo lo acontecido con Noah y la muerte de su madre, Lindsey tenía grandes, muy grandes expectativas respecto al encuentro con su familia. Soñó con abrazar a Lily e incluso se divirtió imaginando su cara de sorpresa al verla, tan idéntica a ella. Cerraba los ojos e imaginaba la reacción de sus padres pero desafortunadamente hasta los momentos, ni siquiera podía saber cómo lucían porque hasta en eso Petunia había sido egoísta al negarle una fotografía de sus padres.

 

Lindsey suspiró mientras se pasaba la mano derecha por el rostro pero de pronto dio un respingo al sentir una textura suave acariciarle la mejilla. Por unos breves segundos había creído que se trataba de un insecto pero al girarse descubrió que era una rosa que Noah sostenía en la mano.

 

Además de la rosa el hombre le obsequió una sonrisa y le habló como siempre en francés.

 

¡Hola, Lindsey! ¿Cómo te fue en el juzgado? Me dijo Madame Maxime que estaba para allá. Ten, es un regalo

 

Gracias —respondió la mujer, recibiendo la flor por cortesía—. Es hermosa.

 

—Como tú, la conjuré roja para que hiciera juego con tu cabello pero ¿Por qué tienes esa mirada? ¿Acaso te negaron la custodia del chico?

 

—No, el juez todavía no hace la decisión, es solo que... tengo miedo de que lo regresen con mi hermana. Es malvada.

 

¿Y por qué habrían de dárselo a ella? Tú eres una mujer honorable, excelente profesional, con una conducta intachable y hasta ahora no has hecho sino preocuparte por tu sobrino.

 

Sí, pero el juez al parecer es bastante conservador y podría querer dejarlo en esa casa tan solo porque se trata de la «tradicional familia inglesa» Ya sabes, son un matrimonio de años, tienen un hijo, una bonita casa, un trabajo estable. En fin, todo lo que representa «seguridad y bienestar» para un chico en desarrollo. Pero no me interesa qué clase de familia sean. Noah, el caso es que mi hermana detesta a mi sobrino y solo quiere retenerlo para lastimarme. En esa casa lo odian, lo reprimen y lo han hecho sentir como un intruso —confesó Lindsey sin poder evitar desmoronarse.

 

Noah no quiso desaprovechar la oportunidad que le brindaba la vulnerabilidad de su ex esposa, así que la contuvo en un abrazo.

 

No quiero imaginar lo que debió haber sido para Harry haber crecido con la tristeza de su orfandad y encima tener que soportar a esos monstruos. Mi hermana Petunia odiaba a Lily, mi gemela, solo porque era una bruja y por ende también me odia a mí. Noah yo vine a la Gran Bretaña con la idea de reencontrarme con mi familia y ya ves lo que sucedió... Solo me quedan Harry, Petunia y su hijo pero estos últimos no solo me detestan sino que quieren quitarme a Harry.

 

Él te ama —dijo Noah mientras la estrechaba con delicadeza, sintiéndola temblar por los espasmos de llanto. La pobre mujer aún no sanaba sus heridas y estaba consciente de que él tenía mucha culpa en eso—. Te has ganado el corazón de tu sobrino y lo tienes contigo. Puedes cuidar de él ahora.

 

Pero no quiero que regrese con los Dursley este verano, quiero que se quede conmigo siempre.

 

—Tal vez yo podría ayudarte en eso —comentó el hombre sin dejar de estrecharla.

 

Lindsey quedó tan sorprendida que dejó de sollozar y se separó de él para mirarle el rostro, avergonzada incluso por haberse dejado llevar por las emociones, permitiendo que él la abrazara.

 

¿Qué dices? ¿Cómo podrías ayudarme?

 

Lindsey, no tienes que lidiar con esto sola, cariño —respondió mientras le tomaba el mentón para mirarla a los ojos. ¡Cómo le gustaban sus ojos de esmeralda!—. Si te casas de nuevo conmigo puede ser que le des la impresión de mayor solidez y estabilidad al juez.

 

Lindsey lo miró con incredulidad.

 

¿Estás hablando enserio?

 

Completamente. Lindsey, yo jamás quise separarme de ti pero tú...

 

¡Por Merlín, Noah! ¡No empieces de nuevo con eso!

 

Pero es la verdad. ¡Mira! Si quieres solo podrías verlo como un mero trámite burocrático para ganar la custodia de tu sobrino y después veremos qué hacer.

 

Puedo ganarla por mí misma y lo voy a hacer —espetó la mujer con determinación—. No necesito de apoyo más del que brindan el profesor Dumbledore y mi abogado. Lo ganaré estando sola, Noah. Voy a demostrarle a los muggles que la única familia que Harry necesita soy yo.

 

¡Vamos, cielo! Sé que me extrañas tanto como yo —dijo el hombre tomándola entre sus brazos. Lindsey sintió como si una corriente eléctrica la recorriera de pies a cabeza y por un momento recordó lo bien que se sentía estar junto a él, pero luego reaccionó e intentó liberarse de su abrazo.

 

¡Noah, ya basta!

 

—Déjame, Noah ¡Ya basta!

 

Lindsey no podía creer que eso estuviese pasando. Ella sabía que Noah era un obstinado y que no renunciaba tan fácilmente a sus propósitos pero ella pensó que todo había quedado claro tras la firma del divorcio.

No obstante le costó resistirse cuando Noah rozó sus labios, algo que lo hizo sonreír con satisfacción. ¡Lo sabía! Ella no lo había olvidado.  

 

¿Lo ves, amor? ¿Qué sentido tiene que sigamos separados? Tú todavía me amas y yo también a ti. Casémonos de nuevo y te será más fácil recuperar la custodia de tu sobrino.

 

—¡Deja de decir tonterías, Noah —respondió Lindsey empujándolo cuando el recuerdo de la traición la hizo recobrar el sentido—. Eres un cínico ¿No te basta con Colette?

 

—Ella solo fue una aventura ¡Acaso no puedes entender eso!

 

—Una aventura que duró algún tiempo.

 

Te juro que ella y yo no teníamos nada antes de que ambos regresamos al colegio. Fue allí, en Beauxbatons cuando nos reencontramos y… pues caí en un desliz, pero fue ella.

 

Como sea, mientras yo me quedaba en casa para cuidar de mi madre enferma cuando tú supuestamente estabas en tu trabajo resulta que te ibas a la villa con esa… mujer a revolcarte con ella. De todos modos como ya sabes no le echo toda la culpa a ella sino a ti que me debías fidelidad.

 

Pero cariño, ella y yo no hemos vuelto a… Te amo Lindsey y por eso estoy aquí —respondió él volviendo a abrazarla pero esta vez ella estaba más determinada a resistirse.

 

Pensé que estabas aquí porque eres el medimago de Beauxbatons y querías acompañar a tu campeona ¡Suéltame!

 

¡Piénsalo, Lindsey! Piensa en lo que te propuse, amor. Ya tuvimos suficiente castigo al estar separados. Casémonos de nuevo.

 

¿Y quién te dijo que me divorcié de ti por castigo? Lo hice por dignidad y la dignidad no tiene fecha de caducidad, Noah ¡Suéltame o no respondo!

 

—Preferirías entonces perder la custodia de tu sobrino. Te recuerdo que si nos presentamos ante el juez como un matrimonio tendrás más posibilidades pues el muchacho contará con una familia. Tendrá un padre y una madre.

 

Lindsey perdió la paciencia así que, como pudo, se apoderó de la varita que llevaba escondida bajo la blusa y apuntó con ella a su ex esposo debajo del mentón. 

 

Él no necesita un padre como tú —espetó con ira.

 

El hombre se sorprendió al mirarla.

 

Ella tenía el entrecejo completamente fruncido y una profunda determinación reflejada en su rostro. La varita bien afirmada en el puño comenzó a despedir destellos rojos que le hicieron daño y lo obligaron a soltarla.

 

Yo me puedo valer por mí misma y si lo pierdo en el litigio lo intentaré una y otra y otra vez hasta lograr que se quede conmigo.

 

—Yo solo quería ayudarte.

 

—Me ayudas mucho estando tan lejos de mí como puedas —respondió Lindsey mientras secaba un par de lágrimas.

 

Todavía me amas ¿no es así? —preguntó Noah tratando de acercarse nuevamente.

 

No te acerques a mí o no respondo, Noah ¡Ya es suficiente!

 

—¡Tranquila! —exclamó mientras ponía las palmas de la manos al frente para demostrarle que no tenía malas intenciones.  

 

Estoy cansada de todo esto: de tu insistencia, de la estúpida cara y absurda voz de tu amante, de mi hermana Petunia…

 

—Yo puedo apoyarte, confía en mí.

 

—Jamás confiaré de nuevo en ti y pensé que te había quedado claro.

 

—¿Qué sucede? —preguntó Snape —al llegar al lugar y mirar la escena. Tenía la varita en la mano al intuir que había problemas.

 

No tenía idea de lo que estaba hablando la pareja en francés pero por el tono era evidente que estaban discutiendo. Lindsey se veía furiosa, amenazando a su ex marido con la varita. Este parecía tratar de calmarla pero la mujer se veía muy alterada, incluso había lágrimas en sus ojos.

En buena hora se le había ocurrido pasar por ese lugar en su camino a la lechucería para enviar su acostumbrado encargo a la botica.

 

—¡No es tu pgoblema, pgofesog! Es un asunto entge ella y yo.

 

—¡Lárgate de mí vista, Noah! Estoy cansada de ti, ya te lo dije —contestó Lindsey.

 

Piensa en la propuesta, cariño —volvió a solicitar el hombre, hablando de nuevo en francés para excluir a Snape de la conversación.

 

—No tengo nada que pensar —respondió Lindsey en inglés para no seguirle el juego—. ¡Fuera de mi vista!

 

—Pero tu sobrino….

Ya te dije que me las arreglaré por mi cuenta. No necesito una familia de papel o un matrimonio falso para ganar la simpatía del juez.

 

Lindsey… no discutamos esto frente a un extraño.

 

—Me parece que la medimaga Cooper no desea su compañía, medimago Vertonghen  —comentó Snape con su acostumbrado estoicismo.

 

Al escuchar aquello Noah se irguió cuan alto era y también extrajo su varita. Ya era la segunda vez que veía a ese sujeto cerca de Lindsey y tomándose atribuciones que no le correspondían. Evidentemente el profesor de Pociones también extrajo la suya pero su expresión impertérrita así como la sobriedad de sus movimientos, lentos pero firmes, le conferían un aire de seguridad que por un momento hizo dudar a Noah.

 

—¡Eso lo decidigá ella, no tú!

 

—Me parece que ya lo decidió —respondió Snape encogiéndose de hombros—. Será mejor que regrese a su carruaje ahora mismo, íntegro y no más tarde para ser atendido por su sanador.

 

Lindsey miró atónita a los dos alternativamente.

Noah lo miró con una sonrisa llena de sarcasmo. 

 

—¿Estás guetándome, pgofesog? No te lo aconsejo. Quizá no lo sepas pego Lindsey y yo fuimos campeones de duelo en nuestgo colegio. Así que no seguía aconsejable que un pgofesog de pociones quiega guetagme. A no seg, clago está que pgetendas envenenagme

 

—Noah, Lárgate de una vez por todas. He tenido un largo día. No lo hagas más difícil, ¿quieres?  —soltó Lindsey.

 

Severus también sonrió con ironía mientras señalaba el carruaje de Beauxbatons a lo lejos.

 

Aquel simple gesto hizo explotar de ira al medimago del colegio francés. No iba a permitir que ese profesorcito de Pociones se burlara de él ¿Quién demonios se creía que era?

 El hombre elevó la varita y dejó escapar un embrujo de piernas de gelatina con el que pretendía dejar en ridículo al profesor pero su contrincante fue tan hábil que con un simple movimiento de la varita desvió el embrujo.

 

—Noah ¡Por Merlín! ¿Qué rayos estás haciendo? —se quejó Lindsey.

 

Pero su ex marido volvió a arremeter, esta vez con un maleficio de furúnculos no verbal. Snape volvió a repeler el encantamiento pero esta vez contraatacó con un maleficio de rodillas al revés pero tampoco logró atinarle ya que Noah se defendió con un encantamiento escudo que obligó a Snape a echarse a un lado para evitar el efecto rebote.

 

—¡Ya basta! —gritó Lindsey sin que le hicieran caso—. ¡Deténganse ahora mismo antes de que salgan lastimados!

 

Ambos se arrojaban maleficios y embrujos a diestra y siniestra, casi sin pensarlos, salían espontáneamente desde lo más profundo del desprecio que cada uno sentía por el otro.

 

—¿Quién eguespaga pedigme que me aleje de ella? —reprochaba Noah mientras ejecutaba un movimiento de estocada con su varita, dejando escapar un maleficio de mocomurciélago —. Tendgás que seg tú el que se aleje de ella ahoga mismo sino quiegués ser alcanzado por una vegdadega maldición en lugag de solo embgujos de adolescentes. Solo estoy siendo condescendiente pogque estamos en una escuela.    

 

—Precisamente, Noah. Estamos en una escuela así que nada de magia oscura ¿de acuerdo? ¡Basta! ¡Deténganse y compórtense como adultos!

 

—Comprendo perfectamente, Cooper pero te recuerdo que no fui yo quien comenzó esta refriega, solo me defiendo como es natural.

 

—¿Quién demonios te cgees que egues, maldito estúpido pgofesor de cuagta? —espetó Noah con los ojos irritados por la ira. Comenzaba a sentirse cansado y frustrado mientras que su oponente se notaba fresco e incluso sereno.

 

El profesor de Pociones había resultado ser mucho mejor contrincante que él. Se lo veía fresco e inmutable, sus movimientos tenían cierta gracia que le confería un aire de experto, pero lo que más le molestaba era el hecho de que pretendiera hacerse el héroe con Lindsey. ¿Quién demonios era ese hombre en su vida?

Afortunadamente la mayoría de los estudiantes estaban en las aulas y los pocos que tenían horas libres estaban lejos de ellos en las inmediaciones del lago negro. No obstante, para detener la contienda antes de que ambos llamaran la atención de los estudiantes que se encontraban a lo lejos y que se formara un escándalo a raíz del bochornoso  incidente, Lindsey elevó la varita por encima de la cabeza y dejó escapar una gran llamarada acompañada de un sonido de explosión.

El truco funcionó ya que detuvo la contienda pero fue porque Noah perdió la concentración con lo que fue alcanzado por uno de los embrujos de Snape.

Aunque se moría de ganas de usar alguna de las maldiciones de su repertorio, el profesor de Pociones se contuvo debido a todas las consecuencias que esto acarrearía pero tampoco dejaría que ese infeliz se saliera con la suya al molestar a Lindsey y pretender ridiculizarlo a él, así que, sin pensarlo demasiado solo dejó escapar un embrujo que le llegó a la mente, muy utilizado en los tiempos del colegio y con el cuál no correría riesgos de despido de su cargo o de prisión precisamente por ser considerado «un embrujo inocente». No obstante para Noah representó una grave ofensa.

 

¡Anteoculatia!—espetó Snape.

 

El medimago cayó hacia atrás al ser alcanzado por el hechizo que le impactó en plena cabeza y posteriormente quedó pasmado al ver que de las cienes le brotaban sendos cuernos enormes que parecían de bisonte.

Lindsey ahogó un grito y Snape bajo la varita mientras lo contemplaba con desprecio. Noah estaba pasmado ¿Por qué ese maldito profesor había elegido ese maleficio, precisamente ese?   

 

—¡Me las vas a pagag! —espetó antes de apuntarse a sí mismo en la cabeza y deshacer el embrujo.

 

—¡Cielos! ¡Ya basta de amenazas! ¡Deberías tener más respeto ya que te encuentras en un territorio que no es el tuyo! ¡Lo atacaste en su propio colegio! ¿Qué esperabas? ¿Flores?

 

—Y te pones de su pagte —espetó con una mezcla ente rabia, decepción y reproche y luego añadió con una risa irónica— Ahoga lo compgendo todo.

 

—¿De qué estás hablando? —preguntó Lindsey mirándolo con un gesto de confusión.

 

—Estás con él ¿no es así? Pog eso me guechazas.

 

—¡Dios! No puedo creerlo —dijo Lindsey tras un suspiro de exasperación.

 

—Qué Gápido me conseguiste geemplazo, Lindsey. Y luego te vienes a hacer la digna.

Snape, por instinto estuvo a punto de hacerle pagar la ofensa, elevando nuevamente la varita, pero Lindsey se le adelantó y en menos de lo que el mismo Noah pudo preverlo, le giró el rostro de una bofetada. 

 

—¡Atrevido! ¡Insolente!

 

—¡Lindsey! —exclamó con asombro el hombre mientras se frotaba la mejilla lastimada

 

—Tú eres el menos indicado para ofenderme. Además no es tu problema lo que haga o deje de hacer con mi vida ¡Lárgate de mí vista ahora mismo! ¡Estoy harta de ti!

 

Él se alejó camino a su carruaje en vista de que la mujer comenzó a alterarse, alternando sollozos efímeros con improperios.

De verdad estaba agotada. Antes del incidente ya Lindsey estaba preocupada a causa de lo que el juez le había insinuado a Harry acerca de quedarse con la familia Dursley, pero ahora sus nervios estaban a flor de piel. Se dejó caer sentada sobre el pasto, temblando de ira mientras secaba sus lágrimas.

 

—¿Estás bien? —preguntó Snape agachándose a su lado.

 

Ella negó con la cabeza.

 

—No puedo estarlo mientras ese cretino esté en el mismo lugar que yo —respondió con sinceridad—. ¡Maldito! —gritó para drenar toda la rabia y dolor que sentía mientras veía a Noah perderse en la distancia.

 

Comenzó a sollozar de nuevo.

 

Severus no supo qué hacer pero su corazón se encogió dentro del pecho al mirar como se humedecían esos bellos ojos color de esmeralda. Ella estaba abrumada, tanto que, como si fuese una niña pequeña cruzó los brazos sobre las rodillas y hundió el rostro.

 

—El abogado dice que existe la posibilidad de que la custodia de Harry se la entreguen de nuevo a los Dursley porque son una familia, la familia que lo ha tenido desde siempre —comenzó a desahogarse mientras Snape la escuchaba sin decir una sola palabra y tratando de reprimir el impulso enorme de abrazarla para consolarla—. Y este cretino me propuso matrimonio de nuevo. No quiero perder a Harry pero tampoco quiero recurrir a Noah en un intento desesperado… además ¿Quién dice que no puedo cuidarlo sola?

 

—Y eso que algunos muggles piensan que nuestras leyes son medievales —razonó Snape, más para sí mismo.

 

—Quiero cuidar de él yo sola… él es lo único que me queda en este mundo.

 

Severus no pudo evitar sentirse conmovido al escuchar su monólogo.

 

—Si quieres… si te sirve de algo puedo alegar que conozco a los Dursley, al menos a Petunia y…

 

—¿De verdad la conoces? —preguntó Lindsey dejando de sollozar mientras dejaba ver sus ojos verdes por encima de sus brazos.

 

Severus asintió.

 

—Así es… desde la época en que… desde hace años. Sé que no es precisamente una buena persona y en base a eso, aunque no me consta, no me es difícil imaginar que no ha sido la más indicada para cuidar del chico todos estos años.  

 

Lindsey dejó escapar una sonrisa diáfana.

 

—Gracias pero por ahora será mejor esperar. El abogado Mahoney dice que el hecho de que el juez falle a favor de los Dursley es solo una posibilidad pero opina que también habrá que ver si tomará en cuenta el testimonio de Harry y el análisis sicológico que le hicieron en el juzgado hoy.

 

Ella dejó escapar un suspiro y volvió a enterrar el rostro en sus brazos.

 

 —No entiendo, todavía no entiendo por qué la vida se ensaña conmigo si yo no he hecho nada malo… al menos no que yo sepa. Noah… Colette, mis padres adoptivos… mis padres biológicos, los Dursley, mi hermana —dijo Lindsey mientras cerraba los dedos sobre el césped, arrancándolo.

 

—Ya pasó —trató de consolarla Snape—. Si quieres puedo preparar una poción para los nervios.

 

—No hace falta —respondió Lindsey con estoicismo mientras se secaba las lágrimas con las mangas de la blusa, tratando de recuperar la solemnidad. Se sentía avergonzada tras su abatimiento—. Muchas gracias —añadió cuando Snape le ofreció un pañuelo—. Gracias por todo, Snape y perdona el alboroto.

 

—Descuida, no fue tu culpa —respondió el hombre levantándose del césped mientras le ofrecía una mano a ella para ayudarla a incorporarse también— Vamos, te acompañaré al castillo.

 

Lindsey se secó las lágrimas y se dejó conducir por el profesor de pociones hasta el castillo. No había dudas de que pese a su hermetismo y acostumbrada parquedad ese hombre era un caballero y se lo había demostrado en más de una ocasión.

Severus no dijo una sola palabra mientras acompañaba a la mujer pero ni por un solo segundo pensó en apartarse de su lado. Solo se quedó inmerso en sus cavilaciones, pensando en lo injusto que había sido su trato hacia ella cuando recién la conoció. Era una mujer abrumada, asustada por el cúmulo de emociones intensas que había tenido que vivir en tan poco tiempo. Ella se embestía de orgullo y de temple para salir adelante pero la verdad era que tan solo era un ser humano, uno con mucho dolor en su corazón, un ser humano solitario como él.  

 

Ninguno de los dos parecía darse cuenta de lo que sucedía pero poco a poco la barrera que había entre los dos comenzaba a caerse.

 

 




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