Historia al azar: De aquel castigo
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Lindsey Cooper, la hermana de Lily Evans » La vista en el juzgado
Lindsey Cooper, la hermana de Lily Evans (ATP)
Por Hermaire
Escrita el Sábado 11 de Enero de 2020, 20:34
Actualizada el Jueves 22 de Octubre de 2020, 20:36
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La vista en el juzgado

Capítulos
  1. El nacimiento
  2. Magia
  3. La verdad
  4. Lista para el viaje.
  5. Albus Dumbledore
  6. Hogwarts
  7. Conociendo a los Dursley
  8. Valle de Godric
  9. Severus Snape, ¿el amigo de Lily?
  10. ¡Hola, tía Lindsey!
  11. Conociendo un poco más
  12. Una visita nocturna
  13. La vista en el juzgado
  14. No eres ella
  15. Desahogo
  16. La llegada de Beauxbatons
  17. ¡No puede ser posible!
  18. Un pequeño enfrentamiento.
  19. La carta del abogado
  20. La primera prueba
  21. La vista en el juzgado
  22. Una contienda lejos del juzgado
  23. El anuncio de Dumbledore
  24. Una carta de tía Petunia
  25. ¿Irías conmigo al baile?
  26. El baile
  27. Un espía en el pasillo
  28. Incertidumbre
  29. Un nuevo artículo de Skeeter
  30. El paseo
  31. Amor
  32. Un intruso
  33. Gemelas.
  34. Revelación.
  35. Perdóname
  36. ¿Qué sucede con Lindsey?
  37. La segunda prueba del torneo
  38. ¿Ocurrió de nuevo?
  39. Antídoto
  40. Muerte en el castillo
  41. Cuidaré de ti
  42. La excursión a Hogsmeade.
  43. Una grata visita.
  44. El fantasma

Cuando llegó el momento de dar la puntuación de Harry, Lindsey desde luego estaba a su lado para apoyarlo y también estaban Ron y Hermione.

Madame Máxime le dio un ocho en su evaluación, Crouch le dio un nueve, Dumbledore también le dio un nueve, Ludo Bagman le otorgó un diez y como era de esperarse Karkarov solo le dio un cuatro.

 

—¡Infeliz! —musitó Lindsey entre dientes—. ¿Un miserable cuatro?

—Es un cerdo egoísta. A Krum le dio un diez —añadió Ron igualmente indignado.

 

Lindsey no lo dijo pero realmente estaba maravillada con la molestia de Ron pues significaba que se había reconciliado con su amigo. El pelirrojo no dejaba de quejarse y despotricar de Karkarov, así como tampoco dejaba de alabar la proeza de Harry con la escoba.

 

—¡Estoy muy orgullosa de ti, Harry! Hiciste un gran trabajo aunque me llevé un gran susto —lo felicitó Lindsey cuando iban de regreso al castillo.

—Gracias por tu apoyo, tía.

—No tienes absolutamente nada que agradecerme, cielo —respondió la mujer desordenándole el cabello como un gesto cariñoso.

Después de un breve silencio Harry añadió:

—La primera prueba fue superada, solo falta esperar a mañana. ¿Tienes alguna idea de lo que podrían preguntarme?

—No lo sé, cariño pero de todos modos el director Dumbledore me aseguró que como de costumbre nos acompañaría. Además, de seguro el señor Mahoney, nuestro abogado, nos asesorará.

Mientras Lindsey, Harry, Ron y Hermione retornaban al castillo se toparon con Rita Skeeter (en realidad salió desde detrás de un árbol de tronco grueso) Ella intento hacerles una nueva entrevista a tía y sobrino pero ellos se negaron desde luego. Ambos estaban todavía bastante molestos con la periodista. Su cinismo al pretender una nueva entrevista después de las falacias que escribió en el artículo anterior no hizo sino desbordar la rabia que ambos sentían.  

 

—¡Muchas felicidades, Harry! Tu tía tiene razones de sobra para estar orgullosa de ti ¿y qué harán ahora?

 

Ellos continuaron el camino sin emitir comentarios pero la bruja insistió.

—¡Vamos! ¿Me concederían una entrevista? ¿A dónde partirán mañana? Así que tienen una bogado, ¿eh? ¿Tiene algo que ver con el litigio contra los muggles que te criaron? ¿No te parece un gesto desagradecido?

Lindsey perdió la paciencia y se detuvo enseguida.

—Ese no es tu problema, Skeeter. ¡Déjanos en paz o de lo contrario habrá un juicio pero contra ti por acoso!

La mujer se detuvo también, mirando a Lindsey con asombro.

—¿Acoso? ¿Por qué? Solo quiero saber si tienen algunas palabras para El Profeta.

—Solo tengo una palabra.

—¡Harry! —exclamó Lindsey en tono de advertencia.

—¡Adiós! —respondió el chico a Skeeter y siguió su camino hacia el castillo, seguido de los demás.

—¡Por Merlín, Harry Potter! No comprendo por qué estás tan molesto conmigo si…

—¡Aléjate de mi sobrino, Skeeter! —advirtió Lindsey señalándola con un dedo —. Ya tuvimos suficiente sensacionalismo con el asqueroso artículo que escribiste sobre nosotros.  

—¿Asqueroso? ¿Asqueroso? —se quedó Skeeter rezongando—. Soy una periodista respetable.

 

Cuando estuvieron lo bastante lejos Lindsey se atrevió a expresar su preocupación en voz alta.

 

—¡Por Merlín! ¿Cómo lo supo esa mujer?

—Siempre anda husmeando por ahí —respondió Ron.

—Seguramente escuchó nuestra conversación pero ¿cómo? Si no estaba por ahí cerca sino más adelante.

—Esa mujer es una arpía —se quejó Hermione.

—Bueno, ya llegamos. Tía, subiré a mi habitación, necesito escribirle a Sirius cuanto antes para contarle los pormenores. De seguro está preocupado.

—Sí, mi cielo, es justo que lo hagas pero después descansa para que repongas fuerzas. ¡No te fatigues!

 

Harry, Ron y Hermione se dirigieron escaleras arriba en dirección a su habitación, Lindsey en cambio, mucho más tranquila después de comprobar que su sobrino había salido ileso en la primera prueba se dirigió hacia la oficina de Dumbledore para esperarlo allí. No tuvo que esperar demasiado porque él ya estaba de regreso acompañado por Ludo Bagman.  

—Bueno, Albus tengo que reunirme con Crouch en un rato ¡Nos vemos luego! ¡Adiós, señora Cooper!

Lindsey lo despidió con la mano.

 

Una vez que Lindsey y Dumbledore se reunieron en la dirección ella se apresuró a contarle lo del desagradable encuentro con Skeeter y lo preocupada que estaba de tan solo imaginar que esa mujer pudiera aparecerse en el juzgado para perjudicarla, así como lo había hecho con su apestoso artículo.

—No podría hacerlo —la tranquilizó Dumbledore—. Ella tendría que dar muchas explicaciones. No olvides que es un juzgado muggle en el que nos enfrentamos.

—¡Dios mío! Y pensar que nada de esto sería necesario si Petunia no fuese tan egoísta. —respondió Lindsey mientras se pasaba las manos por el cabello en señal de impotencia—. ¿Por qué quiere evitar que yo lo tenga? ¿Qué gana con todo esto? Ella lo ha tenido por trece años.

—Lamento decirlo pero la razón se resume en una sola palabra, egoísmo —contestó Dumbledore colocándole una mano en el hombro para intentar reconfortarla—. Ella quiere herirte intentando apartarte de Harry.

—Pero él es lo único que tengo, es el único lazo con mi hermana gemela. Profesor Dumbledore, Harry me ama tanto como yo a él…

—Lo sé, Lindsey, eso quedará demostrado mañana así que no debes preocuparte. Se hará todo lo que sea necesario para que Harry quede bajo tu tutela.

 

Harry escribió y envió la carta para Sirius, Lindsey en cambio se reunió con Charity en la enfermería para comentar los pormenores de la prueba y las expectativas del día siguiente. Se sentía tan tranquila después de hablar con ella y con Dumbledore.

 

 

Severus Snape no se lo diría a nadie pero la verdad era que estaba bastante aliviado luego de haber visto triunfar a Harry en la primera prueba. Desde su lugar en las gradas había visto su magnífica destreza en el manejo de la escoba y, muy a su pesar, tuvo que admitir al menos ante sí mismo que sus habilidades se igualaban a las de su padre. Desde la distancia también pudo advertir a la angustiada tía que lo contemplaba todo desde la tienda de enfermería.

No sabía lo que ella estaba pensando en ese momento pero podía intuirlo fácilmente ¿Qué sucedería si lo perdía a él también? Potter era lo único que le quedaba ya que obviamente no podía contar con el afecto de Petunia Dursley.

  

—¡Hola, Severus! ¿Qué haces aquí? —preguntó Charity un poco contrariada al salir de la enfermería y verlo en el pasillo—. ¿Necesitas alguna cosa? ¿Pomfrey o Lindsey?

Él negó con la cabeza.

—No, yo… solo quería saber si… eh.

—¿Estás enfermo? —preguntó Charity al ver que su rostro estaba más pálido que de costumbre.

—No, no lo estoy. Yo pasaba por aquí, nada más.

—De acuerdo ¿Qué tal si me acompañas a beber una taza de té entonces? ¡Vamos a la sala de profesores!

—En realidad me gustaría regresar a…

—¡Vamos, Severus! No me irás a hacer un desaire, ¿o sí?

Severus suspiró con resignación mientras se dirigía sin remedio hasta la sala de profesores.

 

—Qué bueno que todo ha salido bien. Tan solo fue la primera prueba y mira todo el revuelo —dijo Charity mientras llenaba la tetera de agua.

—Yo también agradezco que haya terminado toda esa payasada. Al menos tendremos un par de meses de descanso hasta la próxima prueba. ¡Qué forma de perder el tiempo! —respondió Snape mientras tomaba uno de los pasteles de calderos que estaban servidos bajo una cúpula de cristal.  

—No es una pérdida de tiempo, Severus. La recreación también es buena para los estudiantes. El caso es que son pruebas muy peligrosas. Mis pobres nervios se destrozaban cada vez que un campeón salía al ruedo. No quiero ni imaginar lo que sintió la pobre Lindsey al ver a su sobrino de solo catorce años tratando de escapar de una dragona —comentó Charity atenta a la reacción de su amigo mientras servía el té.

Él guardó silencio por unos segundos mientras se debatía ente hablar o no hacerlo. Finalmente ganó la primera opción.

—Es natural que se preocupe, ¿no? Según Albus ella está tratando de ganar la custodia del muchacho. De hecho creo que mañana tendrá vista según escuché (sin querer desde luego) durante el desayuno.

Charity sonrió sin poder evitarlo.

—Habrá una vista efectivamente. Yo me ofrecí para ayudarla a declarar a su favor desde luego. Necesita demostrarle al juez que es diligente y perfectamente capaz de criar a su sobrino. Los muggles son bastante drásticos y hacen un montón de requerimientos. Adoran la burocracia.

—¿Entonces irás mañana con ella? —preguntó Snape tratando de que su pregunta sonara casual.

—Ella dijo que no es necesario ya que el entrevistado esta vez será Potter. Él solo tendrá que hacer que sus respuestas coincidan con la información que previamente ha dado Lindsey. Para los muggles ella es médico y trabaja en el hospital St Mary de Londres, en fin…

—Espero que el chico no lo arruine —musitó el pocionista.

—¿Qué dices? —preguntó Charity.

—Nada en realidad, solo espero que tengan buenos resultados.

 

De nuevo hubo un silencio, uno que se prolongó un poco más esta vez. De pronto, sin poder contenerse más, Charity formuló la pregunta que tenía atragantada desde hace mucho. 

 

—¿Qué sientes al mirarla?

—¿A qué te refieres? —preguntó Severus incrédulo, colocando su taza ya vacía sobre la mesita de té.

—A Lindsey desde luego. No puedes negar que su parecido con Lily es extraordinario.

—¿Y qué con eso? —preguntó Severus comenzando a irritarse.

—Bueno, eras su mejor amigo así que supongo que te alegrará tenerla de vuelta de alguna forma.

—¡Ella no es Lily! —espetó Snape tomando a su amiga por los hombros. La expresión de su rostro logró asustar a Charity.

—¡Lo sé! Discúlpame, ¿sí? Fui una tonta, yo…

—Descuida —respondió Snape relajándose un poco. No obstante salió de la sala de profesores.

 

Al día siguiente, después del desayuno, Harry, Lindsey y el director Dumbledore partieron hacia Londres para la vista acordada.

Mientras caminaban hacia las verjas donde desaparecerían conjuntamente el director le dio a Harry algunas pautas para asegurar el éxito de su participación.

 

—No deben estar nerviosos, ninguno de los dos. Confíen en Archivald, nuestro abogado. En cuanto a ti, Harry, si el juez te pregunta en qué escuela secundaria estudias solo debes responder que en Mercy, un colegio internado al norte de Gales (el lugar existe así que puede que lo crea de inmediato) En caso contrario Archivald o yo mismo estamos autorizados a modificar su memoria (solo en los casos en los que nuestro anonimato como comunidad mágica se vea amenazado de algún modo)

—También debes decir, si te preguntan desde luego, que trabajo como médico en el hospital St Mary de Londres —añadió Lindsey.

—Todo saldrá bien —aseguró Dumbledore mientras los demás asentían llenos de esperanza y nerviosismo al mismo tiempo.

 

Las regias prendas de ropa muggle con las que desentonaban en Hogwarts se veían bastante apropiadas dentro del juzgado cuando se encontraron en el lobby con el abogado encargado del caso.

El señor Mahoney estrechó la mano de todos para saludarlos, a excepción de Lindsey que seguía con la costumbre arraigada de besar dos veces en cada mejilla, (algo que no desagradaba para nada al abogado) El simpático caballero también saludó con especial efusividad a Harry, felicitándolo además por su magnífica participación del día anterior en la primera prueba de Torneo.

Todos se sentaron a conversar en el lobby mientras se hacía la hora en que Harry debía prestar su declaración.

Su sorpresa fue grande cuando vieron a la familia Dursley en pleno ingresar al edificio del juzgado (aunque Vernon parecía estar obligado al igual que Duddley) ¿Qué demonios estaban haciendo allí? Se suponía que la cita era solo para Harry.

Lindsey no pudo evitarlo así que decidió encararlos. 

—¿Qué están haciendo aquí? —preguntó sin poder ocultar su estupefacción.

—Lo mismo que tú, supongo —respondió Petunia con desdén.

—Yo solo vine a acompañar a Harry que fue citado para hoy.

—Mi hijo también fue invitado a declarar.

—¿Qué? ¿Y eso por qué?

—Yo no fui informado de esto —se quejó Mahoney—. Alguien tuvo que haber solicitado dicho llamado de declaración.

—Desde luego, fui yo —aseguró el abogado de los Dursley—. La señora Dursley tiene todo el derecho del mundo de valerse de cualquier recurso, dentro del marco de la ley, claro está.

—¿Eso es válido?

—Desde luego que lo es. Al menos yo estoy usando recursos dentro del marco de nuestra ley —respondió Petunia con vehemencia—. En cambio tú...

—¿A qué te refieres? —preguntó Lindsey.

—No querrás que te responda, ¿o sí? Sabes bien que no eres médico…. Sé lo que eres —dijo Petunia en susurros, acercándose a su hermana para que su abogado no se diera cuenta.

—Y supongo que estarías orgullosa de contárselo a tu abogado, o mejor dicho, al juez, a ver si te cree —respondió Lindsey sin dejarse amilanar.

—¿Qué se supone que dirás tú, Duddley —intervino Harry, rojo de rabia.

—Mejor cállate —respondió su primo.

—Me sorprende verte aquí, Vernon. La primera vez que nos vimos me dio la impresión de que estarías feliz si apartaba a mi sobrino de tu casa.

El muggle iba a responder pero justo en ese momento un hombre se acercó al grupo y Petunia le pidió que se abstuviera de cualquier comentario.

 —¡Buenos días! Su señoría, el juez Norman Cartland, solicita la presencia de Harry James Potter —dijo el hombre mientras consultaba unos documentos que llevaba en un pisapapeles.

—Soy yo —respondió Harry, fulminando con la mirada a sus tíos muggles—. De verdad me sorprende que estés tan decidida a quedarte conmigo, tía Petunia. Pensé que me odiabas, es decir, todos.

Petunia, completamente ruborizada abrió los ojos en señal de sorpresa. Se sentía abochornada.

—¿Cómo puedes decir eso? —respondió con un hilo de voz.

Vernon, sin poder contenerse, asesinó al muchacho con la mirada.

—¡Por aquí! —lo condujo el secretario del juez señalándole el camino.

 

Lindsey sonrió satisfecha, parecía que todo estaba dándose a su favor. Lo que Harry acababa de decir frente al secretario del juez sería determinante para echar por tierra las intenciones de su hermana. Solo faltaba su testimonio. No obstante le dolía demasiado que Petunia siguiera con la idea de separarla de Harry tan solo para herirla.

Dumbledore le colocó una mano en el hombro para indicarle que la apoyaba.

—Ni sueñes que te quedarás con mi sobrino —espetó Petunia, sin mirarla siquiera.

—No olvides que también es mi sobrino ¿para qué lo quieres tú? ¿Para seguir martirizándolo?

 —¿Tú qué sabes de él? Apenas lo conoces.

 —¿Y tú, qué sabes de él? ¿Acaso sabes cuál es su color favorito o qué le gusta comer? Tuviste trece largos años para averiguarlo y jamás te importó. Solo ahora eres tan abnegada. Es una lástima que hayan arrastrado también a su hijo en todo este asunto.

—¡A mi hijo no lo metas en esto! —advirtió Vernon, señalándola con el dedo.

—Fueron ustedes los que lo metieron, ¿no es así, Dudders? Se nota a leguas que no quieres estar aquí… ¡Dime una cosa! ¿De verdad odias a Harry o simplemente te han enseñado a desdeñarlo?

—¡Deja de hablarle a mi hijo inmediatamente!

—¿Por qué me odias tanto, Petunia? ¿Qué fue lo que te hice?

—No vale la pena, Lindsey.

—Creo que sí, profesor Dumbledore, creo que valdría la pena que ella me respondiera esas preguntas. Yo no creo haberte hecho algo malo, Petunia. Ni siquiera me has dejado conocerte, no me has dado la oportunidad…

 —¡Jamás permitiré que pongas un solo pie en mi casa de nuevo! Eres una intrusa.

—No es mi culpa haber crecido al margen de la familia.

—Me importa un comino… Te pareces tanto a ella que…

—Pero no soy ella y además ¿cuál fue su pecado? Te molestaba tanto que ella fuese…

—¡Cállate! —suplicó Petunia Lívida al darse cuenta de que Lindsey estaba a punto de cometer una imprudencia.

—Calma, Lindsey —intentó tranquilizarla Dumbledore—. Confía en Harry y en nosotros.

 

El mismo secretario que vino en busca de Harry salió para buscar a los abogados de ambas partes para entrevistarse con ellos.

—Albus tiene razón, Lindsey, solo debes tener confianza —dijo el abogado antes de seguir al secretario. No obstante el secretario se detuvo un instante para hacer un nuevo requerimiento.

—¡Casi lo olvidaba! —se quejó dándose un golpecito con la palma de la mano en la frente—. ¡Profesor Albus Dumbledore! ¿Quién de ustedes es el profesor Dumbledore —le preguntó a Albus y a Vernon.

El aludido se levantó de inmediato.

—Soy yo —respondió con una de sus simpáticas sonrisas.

—El honorable juez requiere su presencia en la sala.

Por una parte Lindsey estaba feliz porque sabía que el testimonio del director Dumbledore ayudaría mucho a su causa pero por otra parte lamentaba el hecho de no haber llevado más testigos. De seguro Charity hubiese contribuido a darle más credibilidad todavía pero lamentablemente pensaba que solo entrevistarían a Harry.

Cuando Harry vio entrar a Dumbledore en la sala se sintió más tranquilo, temía en todo momento cometer un error o que se notara demasiado su nerviosismo. Pero afortunadamente la confianza del hombre le brindó una gran seguridad.

—¡Buenos días! —saludó Dumbledore, teniendo especial cuidado de quitarse el sombrero de muggle.

—¡Buenos días tenga usted, Profesor Dumbledore! ¿No es cierto? —preguntó el juez, consultando sus notas.

 

Junto al juez había una mujer rubia (que a Harry le recordaba a Skeeter) tomando notas en una máquina de escribir.

 —Sí —confirmó el recién llegado—. Albus Percival Wulfric Brian Dumbledore.

Le hubiera gustado añadir también los pomposos títulos que normalmente acompañaban su nombre para brindarle más solemnidad al asunto y ayudar a Lindsey, pero tuvo que reconocer que en esta ocasión sería todo lo contrario (lo creerían un chiflado)

—Este chico, Harry Potter, afirma que es usted director del instituto Mercy. ¿Es eso cierto?

—Lo es, su señoría.

—Recuerdo que usted lo mencionó cuando prestó declaraciones la última vez. En esa ocasión usted también mencionó que era amigo de sus padres y que había sido usted mismo quién lo dejó en casa de los Dursley cuando tenía tan solo un año de edad.  

—En efecto, sostengo lo que dije.

—Bien, Tengo entendido que los padres del menor eran bastante jóvenes, por eso me pregunto cómo es que le encargaron a usted entregarlo con los Dursley en caso de la muerte de ambos.

—Ambos eran muy jóvenes, es cierto pero también eran bastante precavidos. He de suponer que lo que les motivó a hacerme esa petición fue simplemente el hecho de que todos somos vulnerables, señor juez, sin importar la edad que tengamos. Además, los padres de ambos muchachos habían muerto ya. ¿A quién se lo dejarían?

—¿De qué murieron los Potter? —preguntó el juez mientras hacía algunas anotaciones.

—Un accidente de tránsito —respondió Dumbledore sin vacilaciones.

El juez se quitó las gafas y se frotó los ojos con los dedos antes de volver a hablar.

—Si usted dejó a Harry James Potter en casa de los Dursley por petición de su madre, no comprendo por qué ahora pretende arrebatarlo del seno de una familia constituida.

—Señor juez, creo que usted ya conoce la historia de Lindsey Cooper, la otra tía del joven aquí presente. Ella también merece su compañía.

—Sí, conozco su lamentable historia pero, comprenderá usted que no puedo entregar la custodia de un menor de edad a alguien que prácticamente es una desconocida para él. Además, los Dursley son una familia, una familia que además lo ha tenido por trece años.

Harry comenzó a irritarse.

—¡Tía Lindsey no es una desconocida para mí!

—Tranquilo, Harry —intervino Dumbledore—. Por favor, siéntate de nuevo. Verá, señor Juez, me parece que el propio Harry podrá contestar mejor esa pregunta.

—Sí, de hecho para eso lo mandé a venir. Harry Potter, parece que le guardas mucho aprecio a tu tía Lindsey, ¿no es así? Me pregunto como es que prefieres a tu otra tía si no has tenido casi oportunidades de verla. Según me has dicho tú mismo el colegio en el que estudias es un internado, ¿o me equivoco, profesor Dumbledore?

—No, no se equivoca, Mercy es en efecto un colegio internado, pero no es una penitenciaría, señor Juez. Mis estudiantes tienen permitido visitar una ciudad cercana al colegio cada fin de semana y día feriado, oportunidad que la doctora Cooper ha sabido aprovechar bien para encontrarse con su sobrino. También ha ido directamente al colegio a verlo. Siempre ha estado pendiente de él.  

—De acuerdo, comprendo entonces el aprecio hacia la doctora Cooper pero. Ahora te pregunto a ti directamente, jovencito. ¿Cómo te llevas con los Dursley? ¿Cómo ha sido la convivencia durante todos estos años? Después de todo te recibieron en su casa desde que eras un bebé de solo un año y supongo que deben ser como unos padres para ti.

Harry no pudo reprimir una sonrisa sardónica que desconcertó al juez. Dumbledore guardó silencio, decidido a presenciar el momento tan solo como espectador. Ya había dicho todo lo que tenía qué decir.  

 

—Unos padres… Nunca supe lo que esa palabra significaba, a pesar de haber crecido dentro de… una familia como usted mismo mencionó, señor Juez. Jamás me sentí parte de esa familia.

—Pero ¿y eso por qué?

—Porque mi primo y yo no recibimos el mismo tratamiento. Él es un Dursley, el hijo auténtico. Yo en cambio siempre he sido visto como una carga indeseable.

 

El juez se mostró todavía más desconcertado con el testimonio del muchacho.

 

—Eso no fue lo que afirmó su tía Petunia.

—No sé por qué ella pretende quedarse conmigo si jamás me ha querido en su casa.

—Yo me hago la misma pregunta —confesó el juez—. Las únicas razones por las cuales ella podría querer quedarse con tu custodia son que exista una herencia de por medio de la cual ella o su marido quieran hacerse cargo en tu nombre o porque realmente te aprecia. Ahora pregunto… ¿Tus padres dejaron alguna herencia?  

Harry no sabía qué responder porque no estaba seguro de si su respuesta lo perjudicaría o por el contrario lo favorecería, así que Dumbledore intervino.  

—En efecto, dejaron una pequeña fortuna de la cual yo soy albacea.  

—¿Tiene como probar lo que dice, señor director?

—No ahora mismo pero después podré enviar alguna prueba con el abogado de la doctora Cooper.

El juez asintió.

 —Juro que no miento, señor juez. Nunca me he llevado bien con ninguno de los Dursley. Jamás me han tratado como a un hijo y puede comprobarlo tan solo con ir a su casa. Se dará cuenta de que ellos no poseen ninguna fotografía mía.

—El visitador social se dio cuenta de ese detalle pero la señora Dursley alegó que todos los retratos se destruyeron en un incendio que tú mismo provocaste en una rabieta. Dice que tú siempre has sido un joven problemático e incluso un tanto desequilibrado.

—¿Para qué quemaría yo mis propios retratos? —preguntó Harry indignado—. Señor juez. Yo ni siquiera sabía cómo eran mis padres porque los Dursley nunca quisieron enseñarme una fotografía suya. De no haber sido por el profesor Dumbledore jamás lo habría sabido.

Hubo un breve silencio en el cuál el juez parecía meditabundo.

—Tía Lindsey en tan poco tiempo me ha enseñado lo que es una madre. Va a verme cada vez que se presenta la oportunidad. Es una mujer altruista que trabaja por la salud de los otros incansablemente y aun así siempre tiene tiempo para mí. Le gusta escucharme, me entiende.

—Tengo entendido que la doctora Cooper es la hermana gemela de tu madre. ¿No crees que tal vez te hayas dejado llevar un poco por la emoción de ver el parecido con esa madre que nunca tuviste?

—No existiría una razón para que quisiera salir de casa de los Dursley sino es porque jamás me sentí cómodo en ese lugar —respondió Harry desesperación pero la mano de Dumbledore en su hombro logró serenarlo de nuevo—. Me obligaban a preparar el desayuno mientras mi primo dormía hasta tarde. Usé su ropa vieja porque tío Vernon y tía Petunia siempre opinaron que no valía la pena invertir una sola libra en mí si podían evitarlo, dormí en la alacena debajo de la escalera por doce años. ¡Sí! En la alacena debajo de la escalera y no era nada cómodo como comprenderá. Tampoco les gustaba sacarme de viaje así que mientras ellos pasaban las vacaciones en algún otro lugar del país yo jamás salí de Surrey. Tenía que permanecer en casa de la señora Figg (mi niñera) hasta que ellos volvieran.

—¿Cómo era tu alimentación? ¿Te llevaron al médico alguna vez? ¿Tienes todas tus vacunas? —preguntó el medico con una expresión impertérrita. Sus labios estaban apretados en una sola línea.

—Algunas veces me fui a la cama sin cenar como castigo —respondió Harry con toda sinceridad—, En cuanto al médico solo recuerdo haber ido un par de veces cuando comencé a tener problemas de la vista. Tío Vernon me llevó al de la obra social y con respecto a las vacunas, solo recuerdo unas cuantas que me colocaron en el colegio.

El juez volvió a quitarse las gafas, esta vez para mirar fijamente a Harry con sus penetrantes ojos grises.

—Dime una cosa, Potter y necesito que me respondas con toda sinceridad. ¿De verdad preferirías quedarte con la doctora Cooper a pesar de ser casi una desconocida para ti? ¿No crees que tal vez pueda haber vuelto pretendiendo adueñarse, de alguna forma, de la herencia que tus padres te dejaron?

—No hay algo que desee más en este mundo que vivir con tía Lindsey ¡Por favor, señor juez! No creo que ella haya vuelto por el dinero de mis padres. Creo que ella ya tiene más o menos esa cantidad… ¡Por favor, no me envíe de nuevo con los Dursley! ¡No quiero regresar con ellos!

—Muchacho, has de entender que mi trabajo es velar por tu bienestar, así que ten la plena seguridad de que cuando acabe todo este proceso estarás donde mejor te convenga. Por ahora me gustaría que fueses evaluado por un psicólogo especializado en adolescentes.

—¿Un psicólogo? —preguntó Harry extrañado. Lo que faltaba.

—Sí, es parte del proceso —respondió el juez y luego esbozó una sonrisa que sirvió para distender la tensión del momento—. ¡No me mires así, muchacho! Es lo que se acostumbra en estos casos. Necesitamos evaluar tu conducta y personalidad. De igual forma le pediré al licenciado Jones que evalúe a tu primo Dudders al salir de la entrevista conmigo.  

—¿Entonces es cierto? ¿Usted también hablará con mi primo?

—Así es. Ahora si eres tan amable por favor sigue a mi secretario que te conducirá hasta el licenciado Jones. Profesor Dumbledore, muchas gracias por su testimonio. ¡Ah! No olvide enviar las pruebas que prometió.

—No, desde luego que no, señor juez —respondió Dumbledore después de estrecharle la mano.

 

Harry se dirigió arrastrando los pies hacia el despacho del psicólogo mientras Duddley entraba (con cara de asustado) al despacho del juez.

Estaba cansado y con ganas de irse, no sabía si había logrado convencer al juez con su testimonio y ahora para colmo debía ver a un estúpido psicólogo ¡Lo que le faltaba! Que lo creyeran loco. No obstante Harry no contaba con que el hombre encargado de analizarlo sería tan simpático y que la entrevista en realidad duró menos tiempo de lo que él imaginó o quizá lo había percibido así después de conversar tan amenamente con el licenciado, tanto que en ningún momento se sintió escrutado.

Al poco tiempo se encontró de nuevo con su tía Lindsey que lo esperaba con ansias y una cara de angustia que solo reflejó alivio en cuanto lo vio venir.  

 —¿Ya estás listo para regresar al colegio entonces? —preguntó el abogado Mahoney que se encontraba de nuevo junto a Lindsey y Dumbledore.

—Así es —respondió Harry aliviado.

—Bien, nos vemos en diciembre, Harry —se despidió tía Petunia.

Harry iba a responderle de mala manera pero afortunadamente Dumbledore intervino para evitar cualquier enfrentamiento que pudiera perjudicar el proceso.

—No lo creo, Petunia. Me parece que es imperativo que Harry se quede con nosotros este diciembre.

—Yo podría presentar una queja por eso ¿sabía?

—No si es un requerimiento del colegio. Sé que no lo sabes pero este año se está llevando a cabo un evento muy especial del cuál tu sobrino es participe —respondió el profesor Dumbledore con una sonrisa que Petunia odió—. Si pudieras verlo tal vez te sentirías orgullosa.

Harry dejó escapar una risa irónica de incredulidad.

—Es un colegio de bichos raros, Petunia —se quejó Vernon—. Quien sabe que locura estarán llevando a cabo allá.

—En efecto, si este juez supiera la clase de persona que son ustedes no dudaría en sacarlos de aquí a patadas —añadió Petunia con insolencia.

—Somos gente decente, señora Dursley, como ustedes —respondió el abogado Mahoney.

—¿Cómo nosotros? —preguntó Vernon indignado y luego añadió en un susurro después de mirar a todos lados y comprobar que su abogado no había regresado del baño aún—. Ustedes hacen ma… mag… ustedes son adefesios anormales. No puede existir punto de comparación.

—De todos modos te invito nuevamente a decirle la verdad al juez, Petunia —respondió Lindsey—Ve y dile que venimos del mundo de la magia. Tal vez encuentre interesante tu historia.

 —¡Insolente!

—Pues entonces nos veremos este verano, Harry —volvió a despedirse Petunia.

—Antes prefiero ser devorado por un colacuerno húngaro —respondió Harry antes de salir del juzgado.  

—¿De qué rayos estás hablando?

—Déjalo, querida. El chico está desvariando —respondió Vernon.

 

Una vez fuera todos se sintieron realmente aliviados de la pesada energía de los Dursley y antes de irse al colegio resolvieron visitar un café para unificar ideas y conversar acerca de lo que el juez les había preguntado.

El abogado Mahoney quedó muy satisfecho con el testimonio de Harry y Dumbledore, asimismo aseguró que sería asunto sencillo conseguir el testamento de los Potter (que poseía el propio Dumbledore en su cámara de Gringotts, modificando un par de cosas, claro está, para que quedara demostrado que Dumbledore era el albacea de la pequeña fortuna (requerimiento innecesario en el mundo de los magos). También se mostró optimista respecto a la entrevista de Harry con el psicólogo del juzgado y alegó, como ya lo había hecho el juez, que era parte del proceso y que afortunadamente con la evaluación se echaría por tierra el argumento de los Dursley de que Harry era un chico problemático y desequilibrado.

No obstante, con lo único que se mostró un tanto pesimista al igual que Dumbledore fue con el hecho de que el juez era un tanto tradicional y tal vez uno de los elementos que podrían tener los Dursley a su favor era que ellos eran una familia y Lindsey una mujer soltera, o divorciada mejor dicho. Y que a pesar de todo lo expuesto y lo dicho anteriormente, los Dursley podrían hacer enormes esfuerzos por demostrar que eran la perfecta familia tradicional inglesa, familia que además lo había criado desde que era un bebé.

 




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