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Lindsey Cooper, la hermana de Lily Evans » La primera prueba
Lindsey Cooper, la hermana de Lily Evans (ATP)
Por Hermaire
Escrita el Sábado 11 de Enero de 2020, 20:34
Actualizada el Jueves 29 de Octubre de 2020, 20:58
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La primera prueba

Capítulos
  1. El nacimiento
  2. Magia
  3. La verdad
  4. Lista para el viaje.
  5. Albus Dumbledore
  6. Hogwarts
  7. Conociendo a los Dursley
  8. Valle de Godric
  9. Severus Snape, ¿el amigo de Lily?
  10. ¡Hola, tía Lindsey!
  11. Conociendo un poco más
  12. Una visita nocturna
  13. La vista en el juzgado
  14. No eres ella
  15. Desahogo
  16. La llegada de Beauxbatons
  17. ¡No puede ser posible!
  18. Un pequeño enfrentamiento.
  19. La carta del abogado
  20. La primera prueba
  21. La vista en el juzgado
  22. Una contienda lejos del juzgado
  23. El anuncio de Dumbledore
  24. Una carta de tía Petunia
  25. ¿Irías conmigo al baile?
  26. El baile
  27. Un espía en el pasillo
  28. Incertidumbre
  29. Un nuevo artículo de Skeeter
  30. El paseo
  31. Amor
  32. Un intruso
  33. Gemelas.
  34. Revelación.
  35. Perdóname
  36. ¿Qué sucede con Lindsey?
  37. La segunda prueba del torneo
  38. ¿Ocurrió de nuevo?
  39. Antídoto
  40. Muerte en el castillo
  41. Cuidaré de ti
  42. La excursión a Hogsmeade.
  43. Una grata visita.
  44. El fantasma
  45. ¿Qué diantres está pasando?

Cuando Lindsey se dirigía a su habitación se encontró con Charity en el camino.

—Te estaba buscando, Lindsey. ¿Fuiste a la oficina del director? ¿Qué te dijo?

—Así es pero fue inútil. Harry tendrá que participar. Él debe saber desde luego cuál es la primera prueba pero no me lo dijo así que temo por él. 

—No te preocupes. Dumbledore no dejaría que le sucediera algo a sus estudiantes, debe estar preparado —dijo Charity para tranquilizarla.

—Eso mismo me dijo él pero también me preocupaba todo eso del litigio por Harry. Después del artículo de Skeeter temí que el ministerio de magia me retirara el apoyo ante los muggles. Pero afortunadamente Dumbledore me tranquilizó al respecto y además ¡Mira! —comentó Lindsey mostrando la carta que acababa de llegar con la invitación adjunta para Harry. 

—¿Qué es eso? 

—Es la invitación a declarar para Harry —respondió Lindsey con una sonrisa—. Debe estar allá un día después de la primera prueba. ¿Has de creer que mi hermana recibió la citación y la muy malvada la retuvo? Supongo que ella debe saber a donde dirigirse para enviar correos para magos, todos los familiares muggle lo saben. 

—Lindsey, cariño, no conozco a tu hermana pero desde que me contaste como te echó de su casa y trató al pobre Potter todos estos años, me doy cuenta de que es una... mejor me reservo el adjetivo —comentó Charity riendo. ¿Y bien? Debes estar contenta, ¿no?

—Contenta pero nerviosa.

—¿Por qué? Potter sabrá qué decir cuando le toque. No te preocupes, querida que ese muchacho será tuyo. Y en cuanto a... el otro ¿lo has visto?

—El muy idiota quiso hablar conmigo pero no se lo permití, nada me saca de la cabeza que fue él o... su amante los que se pusieron a hablar con la periodista para que escribiera esa basura de artículo. Colette me interceptó cuando iba a casa de Hagrid para decirme con su vocecita estúpida y absurda que había leído el artículo. 

 —¿Y tú qué hiciste? 

—Desde luego la puse en su lugar, le dije que no me importaba lo que ella y Noah hicieran con sus vidas pero que no se metieran más en la mía. Pero uno de los escregutos de Hagrid se escapó y le explotó la cola allí casi en el tobillo de esa... estúpida mujer. 

—¡Ay no puedo creerlo! —Soltó Charity muerta de risa y una mirada de avidez. 

—No te rías, Charity, fue una quemadura de segundo grado y por ende bastante dolorosa. El caso es que solo aceptó ser atendida por Noah porque no quiso que yo la tocara.   

—Es claro que quiso hacerse la víctima —dedujo su amiga con un encogimiento de hombros—. Solo vino hasta aquí para provocarte pero tú no debes caer, Lindsey.  

—Es difícil —confesó la pelirroja—, no sabes cuanto. Cuando los veo juntos no puedo evitar recordar ese día... el peor día de mi vida cuando perdí a mamá y a Noah al mismo tiempo. 

Sus ojos se humedecieron y la voz se le quebró. Su amiga la retuvo en un abrazo para contenerla. 

—Sé que lo amas pero en algún momento, cuando menos te lo esperes pasará. Solo debes tener paciencia y por ningún motivo caer en su labia. 

—¡Eso jamás! Lo amo, Charity pero también me amo a mí misma. 

—Eso es, así me gusta, ahora ve a buscar a tu sobrino y cuéntale las buenas nuevas acerca de la vista a la que tendrá que asistir —respondió Charity sonriéndole mientras le secaba las lágrimas. 

Harry estuvo tan contento como indignado con el asunto de la invitación a la corte. ¿Cómo era posible que tía Petunia hubiese sido tan egoísta como para no enviarle a él la invitación? Sabía que los Dursley eran capaces de muchas cosas con tal de hacerlo infeliz y de que la pasara muy mal, como las veces que lo dejaban con la señora Figg para que no fuera al zoológico, al parque o al circo junto con ellos, pero nunca imaginó que tratarían de impedir que alguien más lo adoptara solo por seguir martirizándolo hasta que cumpliera la mayoría de edad. 

También se alegró de que la fecha no coincidiera con la primera prueba del torneo.  

—Afortunadamente has mejorado bastante con tus hechizos, mi cielo —aprobó Lindsey—, pero aún así debes cuidarte mucho. Me gustaría darte apoyo desde las gradas pero debo estar con la señora Pomfrey y los demás sanadores y medimagos en una tienda detrás del terreno que están preparando para ese día. ¡Ay, Harry tengo tanto miedo! 

—No te preocupes, tía, todo estará bajo control —dijo Harry para tranquilizarla pero la verdad era que se moría de miedo—. No puedo esperar a ir a Londres y decir lo feliz que me siento desde que te conocí. 

—¿De verdad, Harry? ¿Sientes que te he traído felicidad? 

—Mucha, esa es la verdad. Tú y Sirius han sido fundamentales para mí y me alegro de tenerlos conmigo pues aunque Sirius esté lejos lo siento muy cerca a través de sus cartas.

 —Muero por conocerlo y agradecerle todo el apoyo que te ha brindado. 

—También me gustaría que lo conocieras, tía. Ya llegará ese día. 

Unos días antes de la primera prueba todos los alumnos que tenían el permiso se fueron a Hogsmeade, incluyendo algunos profesores que se ofrecían voluntarios para «cuidar del rebaño» pero Snape jamás se incluía entre los voluntarios, más bien consideraba una lástima que los alumnos más jóvenes no tuviesen permitido asistir también para que así dejaran el castillo en total y absoluta paz. De todos modos los que se iban dejaban el castillo más silencioso y así él podía disfrutarlo mejor. Por desgracia, en su paseo se encontró de frente a Karkarov cerca del lago negro cuando el pocionista intentaba llegar al bosque. ¿Qué demonios estaba haciendo husmeando por ahí? De seguro ya no tendría tiempo para huír. Ni modo, ya lo había visto.   

—¡Severrus! ¡Es bueno verrte! ¡Deberriamos irr a Hogsmeade a tomarr unos Whiskys de fuego como en los buenos tiempos! —comentó el director de Durmstrang mientras le abarcaba los hombros con un brazo

—No me apetece ir allí, Karkarov, prefiero quedarme aquí. 

—¡Ah! Y ya veo porr qué —comentó con voz pícara al señalar a la bellísima mujer que leía una revista semi recostada en una poltrona frente al carruaje de Beauxbaton. Karkarov no perdió oportunidad para saludarla—. ¡Buenos días, mademoiselle! ¿Cómo se encuentras luego del accidente? —después añadió guiñándole un ojo a su amigo—. Es bellísima esa mujerr ¿no lo crrees?

Colette hizo a un lado la revista y miró a ambos hombre con indiferencia antes de responder. No obstante ambos notaron una extraña sensación agradable cuando observaron que su cabello de pronto pareció brillar más mientras ondeaba.  

—¡Oh! Estoy mucho mejogseñog diguetog. Ggaciasa los cuidados del medimago Vertonhen.

—¡Qué dulce voz tiene! ¿No lo crresSeverrus

—Sí, ya lo creo que sí —respondió Snape sin darse cuenta de lo que  pero al ver la sonrisa burlona de la mujer sacudió su cabeza y añadió—: ¡Eh! Ahora la dejaremos para que siga con su recuperación y descanso. 

—Nos vemos luego entonces. A revoir! —se despidió la mujer haciendo una seña con mano. 

 —¿Porr qué? —preguntó Karkarov molesto—. No quierro irrme. Deseo mirrarla todo el día. 
 

—Déjala en paz, será mejor que regreses al barco —comentó Snape al ver a Lindsey que, a lo lejos, detenía su labor de recoger setas para negar con la cabeza.

Ella estaba cerca del huerto de calabazas con la cesta que llevaba colgada en el brazo repleta de setas, raíces y hierbas. No pudo evitar negar con la cabeza desaprobando el hecho de como caían los hombres al antojo de Colette cuando bien podrían resistirse a sus encantos (era una teoría demostrada y aprobada por la Organización Mundial de la Medimagia) Las semiveelas no tenían encantamientos tan fuertes como los de las veelas auténticas de cuyas garras sí era casi imposible escapar, salvo tomando la precaución de taparse los oídos para no escucharlas cantar. 

Karkarov siguió su camino molesto, Snape en cambio se dirigió hasta Lindsey. Quería continuar la conversación con ella desde el día que hubo la discusión con el imbécil del medimago pero ya no se la encontraba tan a menudo por ahí. Por eso le pareció extraño verla recolectando ingredientes como ahora. Quizá sería porque, al igual que él, había visto partir al medimago junto a la directora del colegio y los estudiantes en las carretas rumbo a Hogsmeade. 

Al llegar junto a ella se apresuró a abordarla. 

—¡Cooper! Yo... quería continuar la conversación de la otra vez pero Karkarov... bueno. 

—Descuida. Sí, te distrajiste un poco con la semiveela. Es natural, ¿no? —respondió Lindsey con una sonrisa irónica y luego agregó en un tono bajo que sin embargo no pasó desapercibido ante Snape—: Todos son iguales. 

—No, yo... es decir, Karkarov insistió en preguntarle como seguía luego del accidente. Ni siquiera sabía que había tenido uno pero...

—A uno de los escregutos de Hagrid le explotó la cola cerca de su delicado tobillo —respondió Lindsey con voz áspera mientras arrancaba el último trozo de corteza de un árbol que tenía detrás de ella. Luego añadió antes de marcharse—: De todos modos ya todo quedó dicho. Tú sigues pensando que Harry introdujo su nombre en el cáliz y yo no estoy de acuerdo con esa absurda hipótesis desde luego. 

—Y tú opinas que tal vez fuí yo —respondió Snape caminando junto a ella.

—Yo jamás te he acusado abiertamente de ello como sí lo hiciste tú con mi sobrino. 

—Solo quiero que sepas que Moody es un paranoico prejuicioso. Lo que yo fui hace más de catorce años ya no lo soy más. Es cosa del pasado, no pretendo ni pretenderé jamás volver a ser uno de ellos. Además el Señor Tenebroso desapareció.  

—Ese es asunto tuyo, no mío. Mi asunto es mi sobrino. Es lo que más me interesa. 

—Lo que quiero decir es que no tienes que protegerlo de mí. 

—¿Cómo podría yo estar tan segura de ello? —preguntó Lindsey deteniéndose para mirarlo a los ojos. 

Severus se estremeció con su mirada y vaciló antes de hablar para responderle pero al final se animó cuando vio que ella comenzaba a avanzar nuevamente para alejarse de él. 

—Se lo prometí a ella... en su tumba.

La medimaga volvió a detenerse. Era la primera vez que lo escuchaba hablar de Lily. 

—Nunca quise hacerle daño. Jamás lo habría hecho. Cuando ella... —Severus flaqueo al contemplar esas pupilas verdes pero tuvo que mirar al suelo para poder continuar. Estar cerca de Lindsey le gustaba y lo mataba al mismo tiempo. Era una sensación extraña y difícil de explicar con palabras—. Cuando ella murió yo juré en su tumba cuidar de su hijo... se lo debía. 

—¿Por qué? —preguntó Lindsey dejando caer la cesta para tomar a Severus por los hombros—. ¿Por qué se lo debías? ¿Cuál es tu deuda con ella?  Si jamás le hiciste daño ¿por qué te sentías en deuda con mi hermana? 

—Por que yo... no... Ya lo sabes, me volví un mortífago y ella odiaba las artes oscuras. Aquella promesa fue lo único que encontré para reconciliarme con ella de algún modo. Yo...

Severus intentó huir como tantas otras veces debido a la carga de emociones que se suscitaban en su interior cada vez que tenía a Lindsey cerca o cuando hablaba de Lily y en este caso ambas cosas fueron demasiado para él. No obstante Lindsey se lo impidió sujetándolo con más fuerza, no estaba dispuesta a dejarlo ir. A leguas se notaba que estaba sufriendo y tal vez debía reconocer que Moody se había excedido en sus acusaciones. Dumbledore era un hombre sabio y honesto así que por alguna razón confiaba tanto en Snape como para haberlo rescatado de Askaban.

—¡Espera! No necesitas decir nada más. No creo que hayas sido tú quien puso el nombre de Harry en el cáliz pero tampoco creo que haya sido él mismo —dijo Lindsey y al ver que había logrado retenerlo lo liberó y se dedicó a recoger del suelo todas las raíces, cortezas, setas y hierbas que se habían caído de la cesta cuando ella la soltó—. Discúlpame, todo esto me tiene nerviosa. Han sido demasiadas las cosas que he tenido que enfrentar en mi vida en tan poco tiempo. 

Mientras ella hablaba Severus la escuchaba atentamente. Tenía mucha razón y la entendía. No solo había perdido a su madre, sino que se había enterado de que era adoptada y al regresar a su país de origen descubrió que casi toda su familia había fallecido a excepción de la única hermana que además quería enfrentar un litigio legal por quitarle al sobrino que nunca quiso. Para colmo Potter se encontraba participando en el Torneo como cuarto campeón. Ella tenía razones de sobra para estar alterada y preocupada no solo por todo lo antes mencionado, sino porque su sobrino seguramente no estaba preparado para enfrentar todo lo que se venía por delante. ¡Dragones! Nada más y nada menos que Dragones.  Afortunadamente Dumbledore había tomado todas las previsiones necesarias.

—Descuida —respondió Snape, agachándose también para ayudarla a recoger lo que se había caído.

—El que haya incluído el nombre de Harry en el cáliz para que participara en un Torneo tan peligroso a sabiendas de que por su edad no tiene la experiencia de sus contrincantes lo hizo con negras intenciones. Él es menor que los demás y por lo tanto no tendrá tantas posibilidades debido a que hay muchos hechizos que todavía desconoce. Solo está en cuarto curso. —Lindsey suspiró mientras se secaba el sudor de la frente y posteriormente se apartó un mechón de pelo del rostro. Severus se sorprendió mirando y siguiendo con embeleso cada movimiento que ella ejecutaba—. Si tan solo supiera a qué se enfrentará podría quizá orientarlo pero por ahora solo puedo tratar de estar preparada con lo que sé hacer mejor. 

—Comprendo, todos estos ingredientes poseen propiedades curativas y regenerativas. —analizó Snape mientras metía en la cesta la última raíz—. ¿Aún no sabes a qué se enfrentarán en la última prueba? 

—No pero ¿tú sí lo sabes? —preguntó ella con esperanza. 

Snape lo negó enseguida por temor a preocuparla más. 

—Esa información solo la poseen los miembros del jurado y el consejo. 

—Sí, tienes razón —respondió ella suspirando con resignación—, de todos modos me aseguraré de elaborar mucha poción revitalizante para los campeones porque estoy segura de que necesitarán mucha energía, sobre todo Harry que es el más pequeño de los cuatro.

—Si... lo deseas puedo ayudarte —se ofreció Snape antes siquiera de pensar en arrepentirse. Cuando se dio cuenta ya su boca había hablado por él. 

—Está bien —respondió Lindsey con una sonrisa que representaba el cese de cualquier hostilidad. Fue tan maravilloso verla sonreír que no pudo evitar que sus propios labios se curvaran aunque ligeramente para emular algo muy parecido a una sonrisa. 


En efecto, con el pasar de los días, el profesor Snape frecuentó en varias ocasiones la enfermería para ayudar a la medimaga con la elaboración de los brebajes. La señora Pomfrey los observaba trabajar desde su lugar con la varita en el aire mientras unas vendas se enrollaban por arte de magia. Era como observar a Severus y Lily en sus mejores tiempos. Los dos conversando acerca de ingredientes, propiedades mágicas y curativas o hechizos de sanación... Incluso Lindsey se sorprendió gratamente cuando Severus le dio un par de trucos para la elaboración de uno de los brebajes. Ella al principio se mostró un poco escéptica con los cambios pero al ver que surtían mejor efecto quedó maravillada. Para la señora Pomfrey era fascinante escucharlos. 


Finalmente llegó el día de la tan anhelada y temida primera prueba. Ese día temprano después de desayunar, todos los medimagos y sanadores de los diferentes colegios fueron convocados hasta los cubículos que ocuparían en unas tiendas detrás del recinto que usarían los campeones en la primera prueba. Allí fueron informados por Ludo Bagman y Barty Crounch de que el desafío que tendrían que enfrentar los campeones sería apropiarse de un huevo de oro protegido por un enorme dragón. Y eso explicaba los rugidos furiosos que llegaban hasta la tienda mientras el primero de ellos era ubicado en su sitio. Lindsey quedó pasmada y asimismo todos los demás sanadores y medimagos.      

—¿Dragones? ¿Escuché bien, señor Crounch? ¿Someterán a los pobres campeones a enfrentarse a dragones? 

—Cálmese, medimaga Cooper —solicitó el Sr Crounch—. Creo que quedó bastante clara la advertencia que se les hizo a todos los aspirantes antes de que introdujeran su nombre en el cáliz. Se les dijo que tendrían que enfrentar peligros y esa es la razón por la cuál se puso un límite de edad.  

—Pero Harry no introdujo su nombre en el cáliz, es demasiado joven como para enfrentarse a una criatura de esa magnitud —argumentó Lindsey todavía sin poder dar crédito.

—Escuche, Cooper. Allá afuera hay una comisión grande de cuidadores de dragones. Ellos están preparados para intervenir si algo se sale de control. Ahora les pido que por favor se suplan de todo lo necesario para enfrentar posibles heridas hechas por estos animales.

—Esto es insólito —se quejó la señora Pomfrey mientras se dirigía al castillo en compañía de Lindsey para buscar ungüentos para quemaduras, escencia de díctamo, crecehuesos y demás brebajes que pudieran servirle—. ¿Cómo diantres van a traer a esas bestias? Diggory la tendrá difícil pero Potter tendrá en realidad muy pocas probabilidades... ¡Oh, querida! Disculpame... Yo y mi gran bocaza. Quise decir que tendrá pocas probabilidades de tomar el huevo de oro, no de sobrevivir. Ya escuchaste a Crounch: habrá una comisión de cuidadores de dragones —dijo la señora Pomfrey al ver que Lindsey se echaba a llorar.

—¡No es justo! ¡No quiero que Harry compita! ¡Tengo que advertirle! 

—¡No! Lindsey, hija. Potter ya debe haber sido trasladado hasta las tiendas de los campeones. No hay nada que hacer salvo esperar. 

Lindsey estaba muy inquieta y también lo estaba Snape allí, sentado en las gradas mientras esperaba la salida de los campeones. Aquellos dragones eran imponentes, enormes y por demás feroces. Él no dejaba de pensar en Harry al igual que Lindsey. Le preocupaba su falta de experiencia aunque se tranquilizó al recordar que el muchacho había enfrentado a un Troll de montaña (con la ayuda de sus amigos esos sí) con tan solo once años de edad. Claro, esto era diferente, era una enorme dragón hembra furiosa que pretendería defender sus huevos. 

El primero en salir fue Cedric Diggory. 

Desde su lugar en la tienda, Lindsey presenció todo con nerviosismo y casi grita de horror al ver como la dragona escupía una llamarada de fuego sobre el muchacho. La medimaga se sentó junto a la camilla que debía ocupar el muchacho porque sus piernas ya no podían sostenerla más. ¿Cómo podía la multitud allá afuera disfrutar de algo así? Era un circo romano. Podía escuchar la voz de fanfarria de Ludo Bagman y los aplausos o gritos pero por un momento su mente se aisló. ¿Podría Harry enfrentarse solo a ese animal? ¿Y si el que le tocaba era aún más fiero? 

—¿Quiegues un poco de té, Lindsey? —le ofreció Noah al verla tan perturbada—. Tiene unas gotas de valeguiana

—No, gracias lo único que puede tranquilizarme es ver que mi sobrino entra en esta tienda sano y salvo. 

—Así segá, ya lo vegás. No dejagán que algo malo le suceda. 

Al poco rato Diggory entró en la tienda con el precioso rostro enrojecido por las llamas, pero luciendo orgulloso el huevo de oro que le había arrebatado al dragón. 

—¡Santo cielo, Diggory! —exclamó la señora Pomfrey—. Toma asiento, muchacho ya te aplicaremos un poco de ungüento. 

—Bebe esto, te ayudará para el dolor —dijo Lindsey dándole una botellita con un líquido púrpura de muy buen sabor—. ¿Quién es el siguiente?—preguntó después mientras examinaba su pulso.  

—Gracias, señora Cooper, es Fleur. 

—¿Y Harry? ¿Está nervioso? —preguntó la mujer mientras la señora Pomfrey buscaba el ungüento—. Será mejor que te recuestes. Dame eso, lo pondré junto a ti pero descansa. ¡Ya pasó todo muchacho. ¡Santo cielo! Tanto lío por un huevo dorado. 

—Harry está un poco nervioso. Todos lo estábamos pero ya ve ¡Lo logré! Así que no veo por qué él no habría de lograrlo también —respondió Diggory sonriendo. 

—Sí, así es —respondió la medimaga para darse ánimos. 

—¡Se está arriesgando, ya lo creo! ¡Eso ha sido muy astuto! Es una lástima que no le haya servido de mucho —dijo Bagman.

Lindsey abrió un poco la tienda para ver como a Fleur se le estaba incendiando la falda pero la chica la apagó casi enseguida con un aguamenti. La medimaga volvió junto a Cedric para tomarle la presión arterial. 

—Estás bien, gracias a Dios ¿Cómo te sientes? ¿Ha pasado el ardor?

—Estoy bien, señora Cooper. Ese ungüento que me aplicó Madame Pomfrey es maravilloso. 

—Y lo mejor de todo es que no te dejará cicatriz —respondió la señora Pomfrey. 

En ese momento Fleur ingresó casi ilesa a la tienda y Noah se apresuró a atenderla. Solo tenía algunos rasguños.

Al cabo de unos largos diez minutos fue el turno para Krum que a juzgar por las ovaciones del público hizo una buena actuación, pero Lindsey no dejaba de pensar en que Harry debía estar muriéndose de miedo, tal vez planeando con torpeza lo que debía hacer. ¡Dios! ¡Qué terrible sensación de impotencia!

¡Sí, señor! ¡Krum acaba de lograrlo! —gritó Ludo Bagman. 

Víctor Krum ingresó a la tienda con solo algunas contusiones pero su medimago y sanador saltaron sobre él como moscas, tanteándolo por todos lados. 

Dicen que Krum está asegurado en un millón de galeones ¿será verdad? —comentó Noah en francés  a Lindsey pero ella apenas le contestó.

No lo sé, en todo caso se ve que está bien.

Al momento de oír el silbato, Lindsey supo que era el turno de Harry y entonces salió a contemplar su actuación desde la puerta de la tienda, rezando para que no le pasara nada malo y entonces lo vio: parecía todavía más frágil y pequeño parado al otro extremo de la enorme bestia que lo aguardaba, un colacuerno húngaro...

La multitud gritaba y el dragón sacudía con ferocidad la cola a un lado y al otro. Debido a la distancia, ni Snape (en las gradas) ni Lindsey (en la tienda) podían distinguir si había miedo o no en la mirada del muchacho, y debido al bramido de la multitud tampoco pudieron escuchar su conjuro; solo pudieron observar que él alzaba el brazo apuntando con la varita hacia el cielo pero nada ocurría... 

—¡Dios mío! —susurró Lindsey mientras esperaba con ansias. 

Por un momento ella estuvo a punto de intervenir al ver que el Dragón, o mejor dicho, la dragona, exhalaba una gran cantidad de fuego que obligó al muchacho a refugiarse detrás de una enorme piedra. Pero entonces ocurrió: la escoba de Harry cruzó el campo a toda velocidad y entonces él la abordó con destreza.

Lindsey no pudo evitar exhalar un grito de júbilo que provocó que todo el mundo fuese a asomarse también para saber qué diantres estaba haciendo Potter. 

El muchacho voló cerca de la dragona que asestaba mordidas al aire intentando atraparlo, agitaba la cola, escupía llamaradas pero fallaba una y otra vez.  

—¡Vaya manera de volarr! —se admiró Krum sin poder evitarlo. 

¡Cielos! Si que sabe como volar tu sobrino, Lindsey —comentó Noah.

Harry pasó muy cerca de la dragona intentando cazar el huevo pero en ese momento recibió un golpe en el hombro por parte de la bestia con su cola llena de pinchos. Las púas desgarraron la túnic y la piel del muchacho.

—¡Ven aquí, Lindsey! ¡No deberías ver esto! —intentó impedirlo la señora Pomfrey pero ella continuó mirando con lágrimas en los ojos y sacó la varita por si acaso. 

Pero el sufrimiento no duró demasiado porque cuando menos lo esperaban Harry agarró el huevo de oro mientras la multitud vitoreaba enloquecida. 

Lindsey y la señora Pomfrey se abrazaron. Al fin el peligro había pasado. 

Cuando Harry llegó a la tienda acompañado de la profesora McGonagall y sus amigos Ron y Hermione (sí, Ron venía acompañándolo) Lindsey abrazó a su sobrino y le cubrió el rostro de besos. La jefa de casa y los amigos del muchacho se alejaron, no sin antes recordarle que se encontrarían más tarde para celebrar sea cual fuere el resultado.   

—¡Lo logré, tía! —dijo el chico con voz aliviada. 

—Lo sé, mi amor. Estaba tan asustada por ti.

—Mira esto, Lindsey. ¿Tendrá fractura? —preguntó la señora Pomfrey con los labios apretados—.¡Santo Dios! ¡Dragones! 

—¿Puedes mover el brazo, Harry? —preguntó Lindsey comenzando a preocuparse de nuevo—. ¡Dame eso! Lo guardaré por aquí! 

—Sí, tía, sí puedo —respondió el muchacho dándole a su tía el trofeo que acababa de obtener con mucho esfuerzo—. Solo me duele un poco la herida pero puedo mover el brazo sin dificultad. 

—Afortunadamente no es una fractura entonces.

—Bien, siéntate aquí, jovencito. Tendré que limpiar esa herida antes de curartela —dijo la Señora Pomfrey—. No sé en qué estaban pensando. El año pasado dementores, este año dragones ¿Qué traerán al colegio el año que viene? 

—Toma esto para el dolor, Harry. 

—Gracias, tía. 

La señora Pomfrey le le aplicó un líquido púrpura en la herida que escocía un poco y posteriormente cerró la herida con la varita. Cuando la sanadora se fue a revisar a Diggory en la cama de al lado, Lindsey se dedicó a abrazar a su sobrino con todas sus fuerzas mientras le besaba la coronilla.   

—¿Cómo te sientes, Harry! 

—Aliviado —respondió él con sinceridad. 

—Yo también y no sabes cuanto. Ahora solo queda enfrentar la vista mañana, pero creeme que lo que más me interesa es que estés sano y salvo, mi campeón. Estoy muy orgullosa de ti. 

Esas palabras calaron muy hondo en el corazón del niño que vivió. Era todo lo que le hubiese gustado tener en la vida. Alguien que se sintiera orgulloso de él, que lo quisiera. Jamás se había sentido tan protegido como en los brazos de Lindsey.  

—Descuida, tía. Esa batalla también la libraremos —respondió con convicción. 

—¡Te amo, Harry! —exclamó Lindsey desde lo más profundo de su corazón, aferrándolo con dulzura contra su pecho.  

—Y yo a ti, tía Lindsey. 



Nota de autora: Si te gustan mis fanfics te invito también a apoyar mis historias originales. Se que te gustarán. No te arrepentirás una vez que empieces a leerlas. 

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Y aquí les dejo otra más cortita pero que sé que igual les encantará.

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