Regístrate | Recupera tu contraseña
     
     
Menú




 
¿Quién ha añadido esta historia a sus Favoritos?
Lindsey Cooper, la hermana de Lily Evans » La carta del abogado
Lindsey Cooper, la hermana de Lily Evans (ATP)
Por Hermaire
Escrita el Sábado 11 de Enero de 2020, 20:34
Actualizada el Jueves 29 de Octubre de 2020, 20:58
[ Más información ]

La carta del abogado

Capítulos
  1. El nacimiento
  2. Magia
  3. La verdad
  4. Lista para el viaje.
  5. Albus Dumbledore
  6. Hogwarts
  7. Conociendo a los Dursley
  8. Valle de Godric
  9. Severus Snape, ¿el amigo de Lily?
  10. ¡Hola, tía Lindsey!
  11. Conociendo un poco más
  12. Una visita nocturna
  13. La vista en el juzgado
  14. No eres ella
  15. Desahogo
  16. La llegada de Beauxbatons
  17. ¡No puede ser posible!
  18. Un pequeño enfrentamiento.
  19. La carta del abogado
  20. La primera prueba
  21. La vista en el juzgado
  22. Una contienda lejos del juzgado
  23. El anuncio de Dumbledore
  24. Una carta de tía Petunia
  25. ¿Irías conmigo al baile?
  26. El baile
  27. Un espía en el pasillo
  28. Incertidumbre
  29. Un nuevo artículo de Skeeter
  30. El paseo
  31. Amor
  32. Un intruso
  33. Gemelas.
  34. Revelación.
  35. Perdóname
  36. ¿Qué sucede con Lindsey?
  37. La segunda prueba del torneo
  38. ¿Ocurrió de nuevo?
  39. Antídoto
  40. Muerte en el castillo
  41. Cuidaré de ti
  42. La excursión a Hogsmeade.
  43. Una grata visita.
  44. El fantasma
  45. ¿Qué diantres está pasando?

En todo Hogwarts nadie podía deducir quién estaba más indignado cuando salió el artículo que escribió Skeeter, si Harry o Lindsey. El mismo derrochaba amarillismo, estaba lleno de falacias minuciosamente construidas para tocar la fibra de los lectores y dejar a Harry como el más desvalido de los campeones. Pero no solo él estuvo mencionado en el artículo sino su «recién llegada tía» como la había llamado Skeeter, que había llegado desde España para buscarlo y arrancarlo del seno familiar muggle en que se había criado todos esos años (algo que contribuía a que al pobre muchacho se le llenaran de lágrimas sus verdes ojos) 

Harry corrió enseguida a mostrarle el periódico a su tía en la enfermería y ambos lo leyeron llenos de rabia antes de hacerlo añicos:

Supongo que les debo mi fuerza a mis padres. Se que estarían orgullosos de mí si pudieran verme en este momento... Sí, algunas noches aún lloro por ellos, no me avergüenza confesarlo... Sé que no puedo sufrir ningún daño en el Torneo porque ellos me protegen...

Lindsey señaló unos párrafos que la hicieron desear tener a Skeeter frente a ella para darle su merecido. 

Afortunadamente Harry no está solo, su recién llegada tía afirma apoyarlo en todos los sentidos, lo que nos lleva a preguntarnos si acaso esa sería la razón por la cual el muchacho está participando ahora en un Torneo en el que solo se permite la intervención de jóvenes mayores de edad.

Lindsey Margaret Cooper es la prestigiosa medimaga de Hogwarts, especialista en toxicología mágica y reparación de huesos. ¿Cuál es la razón para que alguien con una brillante carrera no esté en un prestigioso hospital como San Mungo? Sencillo, Lindsey es además la hermana gemela de la madre de Potter, Lily. Fue criada en España debido a que su madre adoptiva se vio en la necesidad de huir después haberla robado de los brazos de su familia. 

Cooper estuvo casada con el también insigne medimago Noah Vertonghen que ejerce en Beauxbatons y que se encuentra en Hogwarts como parte de la comitiva del colegio participante del Torneo de los Tres Magos. Cooper, al enterarse de la noticia de su verdadero origen, no lo pensó dos veces y decidió viajar hasta el Reino Unido —dejando su matrimonio de dieciséis años— para buscar a su familia la cual creía viva pero solo encontró a Potter y a su otra hermana que ahora tiene la custodia del menor de edad. 

Tal parece que la medimaga quiere repetir la historia de su vida pero de una forma legal ya que, según algunas fuentes confiables, ella está llevando a cabo un litigio para arrebatarle la custodia de Harry Potter a sus amorosos tíos muggles.  

—Esto podría entorpecer el proceso, Harry. Esa mujer podría perjudicarme gravemente  —comentó Lindsey indignada. 

—¡Asquerosa arpía! ¡Mira esto, tía! ¿De dónde sacó Skeeter que yo?... Se aprovechó de lo que dijo Colin pero Hermione y yo solo somos amigos... —dijo Harry señalando otro párrafo.

Finalmente Harry ha hallado el amor en HogwartsColin Creeve, su íntimo amigo, asegura que a Harry raramente se le ve sin la compañía de una tal Hermione Granger, una muchacha de sorprendente belleza, hija de muggles y que, como Harry, está entre los mejores estudiantes del colegio.   

Después de aquel artículo, los de Slytherin solían gritarle cosas a Harry para molestarlo e incluso algunos (sobre todo las chicas) miraban a Lindsey con un poco de recelo, pensando que ella quería separar a Harry de su familia. 

Por otra parte, Lindsey se devanaba los sesos tratando de pensar quien rayos le había dado tanta información a esa periodista, información verídica que ella había manipulado minuciosamente para terminar en mentiras. Ella no pretendía arrancar a Harry de los brazos de los Dursley (si tan solo supieran que clase de monstruos eran ellos) de todos modos tenía pensado dejarles las puertas abiertas de su casa en Londres por si querían visitarlo pero estaba más que segura de que ellos declinarían su oferta. 

¿Quién podría haberle contado lo del proceso legal?.... ¿Sería Ludo Bagman? Dumbledore jamás lo haría y él mismo se lo había asegurado aunque Lindsey no lo creyera necesario. Esa información podría haberla dado cualquier persona que trabajara en el ministerio de Magia pero ¿y lo de Noah? Tendría que ser él mismo quien le contara sobre él a la asquerosa periodista.  

¡Lindsey! Leí el artículo —dijo Colette hablando en su idioma, alcanzándola junto al carruaje de Beauxbatons cuando la medimaga iba a visitar a Hagrid para ayudarlo a vendar una de las patas delanteras de un unicornio.

 —¿En serio? ¿Y qué te pareció? —preguntó Lindsey con una mano en el pecho fingiendo sorpresa—. ¿No habrás sido tú quien brindó un poco de información —falsa desde luego— acerca de tu novio y mía?  

¿Mi novio? ¿De qué estás hablando, Lindsey? 

¿No sabes de qué te hablo? ¿No fuiste tú acaso quien le habló a Skeeter acerca de mi ex relación con Noah, ahora devenido en tu amante? ¿O quizá fue él mismo? Claro que ella utilizó esa información para tergiversarla diciendo que yo lo había abandonado —Lindsey no pudo evitar mirarla con todo el desdén que pudo antes de continuar—. ¿Por qué no fueron valientes para decirle la verdad?  

Desde luego que no, Lindsey, además ya te dije que él y yo no somos amantes, querida. Lo que sucedió ese día fue solo un asunto pasajero, algo sin la mayor relevancia para ambos. Si tu lo dejaste fue porque quisiste. 

Lindsey rió con ironía.

—Ahórrate las explicaciones que no las necesito. Tengo cosas mucho más importantes que hacer, además que absurdo pensar que pueden subestimar mi inteligencia de esa forma. Solo se vieron una vez. ¡No me interesa! Ya no es mi marido así que puedes seguir revolcandote con él sin remordimientos. Si es que alguna vez los tuviste.  —respondió Lindsey echando fuego por su mirada. 

Y luego dices que no te importa —respondió Colette sin poder evitar una sonrisa que le hizo relucir sus dientes blancos como perlas—. Noah jamás me importó. Está bien, lo admito. La pasamos bien muuuchas veces. El muy tonto no podía creer que yo estuviese de nuevo en Beauxbatons y no se pudo resistir a mi... ¿cómo decirlo sin que suene jactancioso?... a mi condición natural.

¿De ramera? —preguntó Lindsey sin poder evitar también una sonrisa sardónica. 

¡No me ofendas!  —exclamó Colette con una expresión que ensombreció su rostro seráfico—. Me refiero a que él... Yo no tengo la culpa de ser hermosa por naturaleza y de que esa belleza supere la tuya.  

¿Tu te estás oyendo, Colette? Pareces una estúpida colegiala con esos argumentos absurdos además ¿de qué te sirvió tu belleza cuando quisiste formar parte de la compañía mágica de teatro nacional francesa? Ni siquiera te sirvieron tus encantos de veela y tampoco tus otras formas de obtener lo que quieres  —respondió Lindsey mirándola de arriba abajo con desdén mientras Colette bufaba de rabia—. La respuesta del director de la compañía teatral fue certera: No tenías talento, al menos no el suficiente como para formar parte de su compañía así que no te quedó más remedio que ir a enseñar en Beauxbatons lo poco que puedes ofrecer en danza y  arte dramático. Sí, por ahí hay gente chismosa y una se entera de cosas, ¿verdad? 

¿Y tú qué? Tantos diplomas para terminar encerrada en un colegio al igual que tu ex marido. 

Entré aquí por una razón que a estas alturas ya debes conocer, pero de cualquier manera me terminó gustando este lugar. Después de todo hubiese sido mi lugar desde un principio pero ese no es un asunto que me interese discutir contigo. En realidad no me interesa discutir nada contigo. Ya te lo dije, si tanto te interesa Noah hasta el punto de seguirlo hasta aquí solo por estar a su lado, puedes hacer con él lo que te plazca.  

 —Lo extrañas, lo sé —respondió la mitad veela—. Y te duele que haya sido yo precisamente quien ¡Ahhh! ¿Qué es esa cosa? ¡Socorroooo—gritó histérica al ver junto a ella a uno de esos escregutos de Hagrid que se había salido de su jaula. 

—¡Cielos! —exclamó Lindsey cuando vio que al bicho le explotaba la cola estando junto al tobillo de Colette.

—¡Ahhhhh! 

El grito agudo que soltó la mujer de seguro se oyó en el castillo mismo, el barco de Durmstrang o incluso hasta la villa de Hogsmeade. 

¿Estás bien? —preguntó Lindsey un tanto preocupada al ver que ella se dejaba caer al suelo presa del dolor. Pero de inmediato se dio cuenta de que no era así en lo absoluto pues la media del pie derecho se había chamuscado y ella tenía todo el tobillo excesivamente enrojecido.  

Lindsey apuntó enseguida al animal con la varita y conjuró una jaula para mantenerlo neutralizado. 

¡Déjame ver! —Solicitó Lindsey agachándose frente a la mujer para examinarla. 

La detestaba, es cierto, no soportaba su presencia, pero su ética profesional le impedía dejarla a la buena de Dios. No había escogido esa profesión para abandonar a alguien que necesitara su ayuda. 

¡No me toques! —exclamó la mitad veela rechazándola. 

En ese momento comenzaron a salir personas del carruaje, incluidas Madame Maxime y Noah. Karkarov también se acercó hasta el lugar ya que estaba cerca y se dirigía a su barco. 

¡Por la barba de Merlín! —expresó la directora de Beauxbatons al ver a Colette en el suelo con el hermoso rostro surcado de lágrimas y con el tobillo enrojecido como claro signo de una quemadura—. ¿Qué sucedió aquí? 

¡Fue esa cosa horrorosa! ¡Ni siquiera sé qué es pero explotó y me hizo mucho daño! —respondió Colette entre sollozos—. ¡Por Dios del cielo no aguanto, Madame! 

Es un escreguto de cola explosiva —la corrigió Lindsey señalando al animal mágico. 

¿Es tuyo? —preguntó Colette indignada. 

Lindsey negó con la cabeza. 

—¡Hagrid! —exclamó Madame Maxime y tal como si lo hubiese convocado lo vio venir hacia ella. Tal vez atraído por el grito de dolor de Colette—. Es del guardabosques. Él los está criando. 

—¡Noah! —exclamó Colette al verlo. Como si hubiese visto al propio Jesús en persona alzó los brazos hacia él con una expresión suplicante—. ¡Ayúdame, por favor! ¡Me duele mucho! 

Yo intenté ayudarla pero no me lo permitió —aclaró Lindsey mirándola con desdén. Era una zorra manipuladora. 

No cabían dudas de que estaba sufriendo, por el aspecto de la quemadura se notaba a leguas pero ella también sabía que Colette estaba exagerando con aquel melodrama para llamar la atención de Noah solo para molestarla. ¡Qué absurdo! Ese ya no era asunto suyo y tampoco debía importarle. 

Noah examinó la herida con detenimiento.

—¿Qué sucedió? —preguntó Hagrid nervioso al ver el corro de gente y no entender una sola palabra de lo que hablaban todos en francés. 

—Lo mismo me prregunté yo. Solo sé que escuché un grrito de mujerr —añadió Karkarov con su acento búlgaro. 

—Fue el escreguto, Hagrid —explicó Lindsey señalando al animal encerrado en la jaula. 

Hagrid se pasó las manos por el rostro con preocupación. 

—Ha debido escaparse. Tendré que reforzar el corral. Lo lamento mucho, señorita... 

—Piaf —respondió Colette entre sollozos. 

—¡Oh, Pgima! ¡Pobgecita! —se lamentó Fleur Delacourt. 

—Es una qumaduga de segundo ggado —diagnisticó Noah mientras Colette lloraba todavía más, totalmente desvalida. Lindsey notó como sus cabellos comenzaron a ondular y a brillar con más ímpetu. 

Posteriormente él la tomó en brazos para conducirla al interior del carruaje. 

—No te preocupes, Hagrid. Ella se pondrá bien —intentó tranquilizarlo Lindsey.

¡Me duele mucho, Noah!

—¡Que mujerr más herrmosa! —dijo Karkarov mirando a Colette con admiración mientras Noah la conducía al interior del carruaje—. Si quierre yo puedo ayudarrla o puedo traerr nuestrro medimago personal desde el barrco... 

—No, no segá necesaguio Kagkagov. Noah es nuestgo medimago pegnosal  —respondió Madame Maxime—. ¡Todos adentgo, chicos!

Todo el mundo entró en el carruaje y Karkarov se alejó decepcionado hacia su barco pero Madame Maxime se quedó afuera para hablar con Hagrid. 

—¡Cielos! Ya tuve problemas el año pasado, Lindsey —susurró inclinándose para que la pelirroja escuchara, aprovechando que Madame Maxime estaba entretenida asegurándose que todos sus alumnos entraran al carruaje—. Ya sabes, lo que te conté acerca de ese hipógrifo y el mocoso Malfoy. 

—No fue tu culpa, Hagrid. Ni en aquella ocasión ni en esta. Solo debes ser un poco más cuidadoso. ¡Por cierto! Esta, al igual que Malfoy, también es una dramática y diplomada además.

—Hagrid, no puedo cgeeg que tengas esa cosa hoguible sulta pog ahí —dijo al fin Madame Maxime indignada. 

—No, Olympe. Son los escregutos que están estudiando mis alumnos y...

—¿Tus alumnos estudian esas cosas? —preguntó la mujer horrorizada. 

—No son peligrosos —rebatió el guardabosques señalándolo y para su desgracia el animal comenzó a golpear los barrotes de la jaula con el afilado aguijón de la cola que acaba de crecerle de nuevo.

—Sí, ya lo cgeo que sí —respondió Madame Maxime contemplando al animal con miedo.  

—Entiendo si quieres presentar una queja ante el consejo del Torneo y... 

—No pienso qujagme de nada. Ya pasó. Solo ten más cuidado con tus bestias y tú échale una mano, queguidapog favog—dijo Madame Maxime sonriéndole a Lindsey mientras le guiñaba un ojo. 

—Descuide, Madame —respondió Lindsey también con una sonrisa—. Yo lo ayudaré.

—Olympe, no olvides lo de... bueno, lo quería mostrarte después.

 —No te pgeocupes, Hagrid. Yo... te estagué espegando —respondió la directora.

Madame Maxime se adentró al carruaje con el rostro ruborizado y Lindsey se dedicó a liberar al escreguto. Hagrid utilizó su «paraguas rosa» para domarlo y devolverlo al corral que también reforzó con magia. Posteriormente ambos se fueron a ejecutar la labor que tenían previamente trazada, vendar la pata del unicornio.   

—Así que tienen una cita, ¿eh? —dijo Lindsey con un tono burlón. 

A Hagrid lo atacó una tos repentina. 

—No, eh... yo solo... quería mostrarle el huerto y... 

—¡Vamos, Hagrid! El huerto está al alcance de su vista. 

—Sí pero, en fin yo... 

—Descuida que estoy segura de que hacen una pareja estupenda. 

—¿En serio lo crees? —preguntó Hagrid con avidez, delatándose.  

—Sí que lo creo. 

Hagrid estuvo a punto a punto de revelarle a su amiga que aunque lo parecía y le habría gustado que así fuese, el objetivo de la cita no era otro más que el de mostrarle a la mujer a los dragones que utilizarían para la primera prueba y que desde luego  pensaba invitar a Harry para que él también estuviese enterado, pero luego desistió al intuir que ella se pondría nerviosa y buscaría proteger a su sobrino a toda costa lo que por ende terminaría delatando la impudencia. 

Al día siguiente, Harry le contó a su tía que había hablado con Sirius usando la chimenea de la sala común. Tampoco él quiso mencionar nada del tema de los dragones para no asustarla pero era evidente que estaba nervioso (se le notaba) ¿Debía contarle y pedirle consejos? ¡No! Ella terminaría tratando de impedirle que participara y así delataría la imprudencia de Hagrid.

—¿Y qué te dijo tu padrino, cariño? ¿Ya sabe que formas parte de los campeones?

—Sí, lo sabe y al igual que tú no está de acuerdo. Piensa que alguien colocó mi nombre en el cáliz con claras intenciones de acabar conmigo y que pareciera un accidente —dijo Harry y al ver que a su tía se le llenaban los ojos de lágrimas quiso cambiar el tema—. Me dijo que lo mantuviera al corriente de todo y que ni bien pueda se las ingeniará para verme pero es muy peligroso, no me gustaría que lo aprendieran.  

—Tienes razón, podría ser muy peligroso pero... ¡Dios mío! Se cerca la prueba y todavía no tenemos idea de que pueda ser. Me gustaría al menos tener un indicio para poder guiarte.

—Podrías ayudarme con los encantamientos convocadores —respondió Harry como por inercia. 

—¿Encantamientos convocadores? ¿Para qué los necesitarías? —preguntó Lindsey—. Creo que te sería más útil el encantamiento escudo por si necesitas protegerte de algo.

—No, es que... todavía no me salen los convocadores y el profesor Flitwick... pues, los estamos viendo en clases. Hermione pensaba ayudarme esta misma noche. 

—No te preocupes, consigue un aula y yo estaré ahí con ustedes. 

Así fue. Lindsey se unió a Harry y a Hermione para enseñarle a su sobrino a concentrarse y que así pudiera ejecutar bien el encantamiento convocador, además del encantamiento escudo que ella creía muy pertinente. 

—Es muy sencillo, Harry, solo observa como lo hace Hermione —dijo Lindsey mientras le arrojaba un cojín a la muchacha.

¡Protego—exclamó Hermione y el cojín rebotó sobre el escudo invisible conjurado para regresar a Lindsey que lo atrapó. 

—Te será muy útil para repeler conjuros de ataque que se revertirán sobre tu oponente pero debo advertirte que no funciona con maldiciones imperdonables. Estas solo pueden ser esquivadas con la ayuda de tus habilidades. 

Mientras Lindsey estaba ocupada en la enfermería, Hermione ayudaba a Harry con los encantamientos convocadores y los escudo pero cuando podía lo hacía ella misma. Estaba aterrada de que su sobrino no pudiera defenderse por no estar preparado y le angustiaba sobremanera desconocer a qué se enfrentaría. Lo veía pequeño e indefenso y al parecer también la Señora Weasley ya que después de la publicación del artículo la medimaga recibió una carta de la mujer suplicándole que tratara de impedir a toda costa la participación de su sobrino.  En un principio Lindsey no comprendió por qué razón la mujer no la odiaba después de la difamación de Skeeter pero el mismo Ron Weasley le dijo que él se encargó de aclararle a su madre que ella no pensaba robar a Harry del seno de su familia como acusaba la periodista, además de que los Weasley conocían muy bien a los Dursley para saber lo crueles que eran con el pobre muchacho, así que en todo caso se alegraban de que ahora tuviera un nuevo pariente que además era tan parecido a su madre. 

Lindsey se dedicó a responder la misiva agradeciendo todo el amor que la familia le dedicaba a su sobrino. También les dijo que lamentaba no poder hacer nada para impedir la participación de Harry aunque lo había intentado en numerosas ocasiones pero al menos lo estaba preparando para ayudarlo a enfrentarse a lo que fuera que lo estuviese aguardando en la primera prueba del torneo. 

Al menos Hedwig estuvo más dispuesta a servir a la tía que al sobrino porque a Harry no lo quería ver ni en pintura después de que él le advirtiese que no podía usarla para enviarle misivas a Sirius por temor a que pudieran interceptarla. 

En un intento por saber a que se enfrentaría Harry en su primera prueba, Lindsey fue a ver al profesor Dumbledore en su despacho pero él —lamentándolo mucho—se negó a revelarle información alguna aduciendo que no estaba permitido por no ser ético, pero la verdad era que, al igual que Harry, no quería alarmarla. 

Dumbledore sabía lo mucho que Lindsey amaba a su sobrino y que por ende intentaría protegerlo de cualquier manera, así fuese arrojándose en plena arena para interponerse entre él y el dragón que le tocara enfrentar. De todos modos él había dado órdenes específicas para que el personal de entrenamiento y manejo de dragones estuviesen presentes en todo momento para  actuar si fuese necesario. Él jamás dejaría que sus estudiantes o los de los colegios extranjeros sufrieran percances graves. 

—Profesor, tengo mucho miedo por él. Es muy pequeño. 

—Aunque no lo parezca, ya tiene catorce años y te puedo asegurar que el chico es listo —intentó tranquilizarla el director. 

—Lo sé pero si algo grave le pasa no solo voy a morir de pena sino que ya sabe, la corte no querrá concederme su custodia. 

—Mi querida Lindsey —dijo Dumbledore tomándola por los hombros mientras esbozaba una sonrisa—. No te preocupes por eso. En primer lugar he dado órdenes para que haya un personal pertinente presente en la prueba para resolver cualquier eventualidad. Los campeones no estarán desprotegidos. Y en segundo lugar lo que menos debe preocuparte es la corte muggle pues evidentemente no se enterarán de nada de lo que esté ocurriendo aquí. 

—Lo sé, estoy plenamente consciente de eso pero lo que me preocupa es el ministerio de Magia. Ellos saben que Harry está compitiendo y supongo que no lo ven con buenos ojos, para colmo Skeeter escribió ese artículo asqueroso que sugiere, entre otras cosas, que yo pudiera haber ayudado a Harry a entrar al Torneo. Tal vez al ver todo esto le impidan a mi abogado apoyarme en el juicio muggle y por lo tanto...  

—Ni Ludo Bagman ni Barty Crounch creen que Harry entró en el Torneo por su cuenta con o sin ayuda. Modestia aparte mis hechizos son bastante buenos así que no sería fácil que un adolescente burlara la raya de edad. Descuida, Lindsey que el ministerio sigue apoyándote. Además, no olvides que soy el jefe del Wizengamot —añadió después guiñándole un ojo. Ella sonrió más tranquila. 

Tal y como si fuese una casualidad del destino, justo cuando Lindsey salía del despacho de Dumbledore para regresar a la enfermería la interceptó una lechuza del ministerio para entregarle una carta.  

La muchacha despegó el lacre y comenzó a leer después de comprobar con gran intriga que el remitente era su abogado, el señor Mahoney. 

Lindsey, ya estoy enterado de que tu sobrino Harry Potter está participando en el Torneo como cuarto campeón. Dumbledore ya me puso al tanto de los detalles, pero creo que esta noticia que voy a darte te va a levantar el ánimo. 

Me fuí hasta la corte muggle para averiguar como iba el proceso y me enteré que ya le habían enviado a Potter una cita para que se presentara en el juzgado a hacer su declaración. Se la enviaron a casa de sus tíos en Surrey para que ellos se la hicieran llegar al internado pero evidentemente nunca llegó porque los Dursley jamás la enviaron. Ellos no comprendían porque Potter no había asistido a la mencionada cita, así que al enterarme yo solicité una nueva vista asegurandoles que esta vez Potter asistiría pues yo me encargaría de entregarle  «personalmente» el aviso. Afortunadamente accedieron así que aquí te lo adjunto. Tu sobrino tendrá que presentarse el veinticuatro de noviembre (afortunadamente un par de días después de la primera prueba)  

Sin más a que hacer alusión se despide Archivald Mahoney, tu abogado. 

P.D: Le solicité a Dumbledore estar presente el día de la primera prueba y él accedió, así que nos veremos ese día. 




« Un pequeño enfrentamiento. Comenta este capítulo | Ir arriba La primera prueba »


Potterfics - Harrylatino
Potterfics es parte de la Red HarryLatino

contacto@potterfics.com

Todos los derechos reservados. Los personajes, nombres de HARRY POTTER, así como otras marcas de identificación relacionadas, son marcas registradas de Warner Bros. TM & © 2003. Derechos de publicación de Harry Potter © J.K.R.