Historia al azar: Aureka's Song
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Lindsey Cooper, la hermana de Lily Evans » Un pequeño enfrentamiento.
Lindsey Cooper, la hermana de Lily Evans (ATP)
Por Hermaire
Escrita el Sábado 11 de Enero de 2020, 20:34
Actualizada el Jueves 29 de Octubre de 2020, 20:58
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Un pequeño enfrentamiento.

Capítulos
  1. El nacimiento
  2. Magia
  3. La verdad
  4. Lista para el viaje.
  5. Albus Dumbledore
  6. Hogwarts
  7. Conociendo a los Dursley
  8. Valle de Godric
  9. Severus Snape, ¿el amigo de Lily?
  10. ¡Hola, tía Lindsey!
  11. Conociendo un poco más
  12. Una visita nocturna
  13. La vista en el juzgado
  14. No eres ella
  15. Desahogo
  16. La llegada de Beauxbatons
  17. ¡No puede ser posible!
  18. Un pequeño enfrentamiento.
  19. La carta del abogado
  20. La primera prueba
  21. La vista en el juzgado
  22. Una contienda lejos del juzgado
  23. El anuncio de Dumbledore
  24. Una carta de tía Petunia
  25. ¿Irías conmigo al baile?
  26. El baile
  27. Un espía en el pasillo
  28. Incertidumbre
  29. Un nuevo artículo de Skeeter
  30. El paseo
  31. Amor
  32. Un intruso
  33. Gemelas.
  34. Revelación.
  35. Perdóname
  36. ¿Qué sucede con Lindsey?
  37. La segunda prueba del torneo
  38. ¿Ocurrió de nuevo?
  39. Antídoto
  40. Muerte en el castillo
  41. Cuidaré de ti
  42. La excursión a Hogsmeade.
  43. Una grata visita.
  44. El fantasma
  45. ¿Qué diantres está pasando?

Esa noche Lindsey casi no pudo dormir y tenía fuertes razones para justificar su insomnio: por una parte estaba el hecho de que su sobrino Harry era oficialmente, pese a su corta edad, uno más de los campeones del peligroso torneo; y por otra parte estaban las palabras de Moody quién dejó sobre la mesa una hipótesis y una afirmación al mismo tiempo. 

Moody estaba casi convencido de que alguien debía haber engañado al cáliz de fuego para hacer que Harry participara, acto que podría tener un cruel desenlace para el muchachito debido a su escasa experiencia de acuerdo a su edad. En segundo lugar había declarado con excesiva seguridad que Severus Snape había sido un mortífago (dado a lo que Lindsey sabía de ellos el término se confería a los seguidores de Voldemort) ¿Habría él ayudado a su jefe a perseguir a Lily y a su familia?..... ¿Sería él quién había introducido el nombre de Harry en el cáliz con oscuras intenciones? ¡Dios santo! No podía creerlo capaz de semejante atrocidad aunque... a decir verdad no podía presumir de conocerlo demasiado.

Lindsey cerró los ojos evocando el día en que Snape cerró la herida de su mano con aquel extraño hechizo sanador e incluso le fue imposible no acordarse de la intensidad con que la había besado en mitad de la noche; le pareció tan apasionado, tan romántico incluso (a pesar del atrevimiento) ¿Cómo era posible que alguien así pudiera haber hecho tanto daño? Entonces recordó las palabras de Dumbledore: 

Severus Snape se apartó de Voldemort mucho antes de su declive y yo lo demostré en su momento cuando fue necesario.

Ella no sabía si Snape había sido un mortífago o no, tampoco lo conocía lo suficiente para afirmarlo o negarlo, pero si Dumbledore lo defendía y le guardaba tanta estima como parecía debía ser por algo. De todos modos lo que más le angustiaba era el hecho de saber que Harry corría un gran riesgo al participar en ese torneo.   

 —No puedo permitirlo —susurró para sí misma mientras giraba en la cama pensando con decepción que realmente no podía hacer nada al respecto.


Al salir del salón de trofeos, Snape no se dirigió a su habitación, sino que abrió las puertas del castillo y se fue al exterior, directamente hacia el puente de madera, más allá de la explanada. Estaba rojo de ira, sintiendo la sangre arder dentro de sus venas. Quería que la fuerte brisa que arremolinaba sus cabellos se llevara toda la vergüenza que sentía al verse descubierto frente a Lindsey quién ahora debía estar pensando lo peor de él gracias al malnacido de Moody. 

¿Qué necesidad tenía ese viejo decrépito de exponerlo de esa forma, insinuando además que él quería hacerle daño a Potter? Por otro lado ese asunto también lo dejó pensando ¿Cómo había hecho Potter para introducir su nombre en el cáliz? En un principio había creído fervientemente que no había sido nadie más que el propio muchacho el autor de la fechoría, pero debía reconocer, muy a su pesar, que al menos en ese aspecto el chiflado ex auror tenía razón. Dumbledore no había cometido ningún error al trazar la línea de la edad, él mismo lo había visto, entonces ¿cómo podría haber cruzado Potter sin haber sufrido las consecuencias? ¿O sí habría sufrido algún efecto secundario y su tía lo habría ayudad...? ¡No! Sería imposible. Pero de alguna forma se las habría ingeniado...

Snape deslizó la palma de la mano derecha por su rostro tratando de serenarse, no podía dejar que ese viejo loco lo sacara de sus casillas. Al día siguiente debía hablar con Lindsey. No entendía por qué pero seguía molestándole como una punzada en el corazón el hecho de saberse descubierto por ella, que pensara que era un desalmado. Le era imposible apartar de su mente la mirada llena de terror y sorpresa cuando el viejo fenómeno reveló que él era un mortífago.  

Al día siguiente después del desayuno, Lindsey se puso muy triste cuando Harry le dijo que Ron no quería hablarle. Comprendía que ese era solo un arrebato de orgullo adolescente pero al mismo tiempo le dolía que el mejor amigo de su sobrino no le creyera. Afortunadamente Hermione sí le brindaba todo su apoyo. 

Lamentablemente la situación de Harry conmovió tanto a su tía que no dejaba de besarlo y abrazarlo en el vestíbulo, situación que aprovecharon Malfoy y sus amigos para mofarse de él aunque desde lejos por temor a que la medimaga tomara represalias contra ellos (solo hacían la parodia de que Goyle acunaba a Draco en su regazo mientras este esbozaba un falso gesto angelical) 

—No estás solo, mi niño.

—Lo sé, Tía Lindsey y te lo agradezco —respondió Harry ingeniándoselas para zafarse de su agarre con delicadeza para no herir sus sentimientos mientras fulminaba con la mirada a Draco, Crabbe y Goyle. 

Durante toda la mañana, Severus no tuvo la oportunidad de hablar con Lindsey debido a que estaba ocupado.

Por la tarde al llegar al pasillo de las mazmorras donde se encontraba una de las aula que usarían, se encontró con una escena grotesca: Goyle tenía el rostro lleno de furúnculos y los dientes incisivos de Granger le pasaban de la barbilla, entretanto Malfoy y Potter se apuntaban a la cara con las varitas.  

Pero Lindsey estaba horrorizada al saber la forma tan fría en que el profesor de Pociones había manejado la situación entre los adolescentes. Hermione narró entre lágrimas, con dificultad debido al tamaño de sus incisivos, mientras la Señora Pomfrey trataba de calmarla, como Severus Snape (luego de que Ron le informara la situación y le mostrara el estado de ella) había asegurado no encontrar diferencia alguna entre su estado actual tras el ataque de Malfoy y el de siempre. Para colmo Goyle aseguro con aire fatuo, quizá para molestar todavía más a la pobre castaña, que tanto Harry como Ron se habían ganado un castigo además de una quita de puntos para su casa. 

—Es una soberana injusticia —se quejó Lindsey enfadadisima mientras se calzaba un par de guantes para tratar los furúnculos del muchacho con un ungüento. 

—No es ninguna injusticia, Señora Cooper, le aseguro que Potter empezó. Su hechizo era para Malfoy pero tuvo mala puntería. ¡Mire lo que me sucedió! —respondió Goyle. 

—¡Mentira! Además Mafoy me embujó a mí—exclamó Hermione llorando de rabia e impotencia. Casi no podía pronunciar las palabras por evidentes razones.  

—¡Estate quieta, jovencita! —dijo la señora Pomfrey mientras le entregaba un espejo—. Voy a rebajarlos y tú me avisarás cuando deba detenerme, ¿de acuerdo? 

Hermione asintió.

—¿Estás seguro de que Harry empezó? —preguntó Lindsey con el ceño fruncido mientras le aplicaba el ungüento a Goyle. 

—¡Ouch! Sí, desde luego que fue él. Estábamos tranquilos y él nos atacó sin razón. Usted solo quiere defenderlo porque es su sobrino. 

—¡Vaya! Sin razón, ¿no? ¡Déjame ver ese botón que llevas en la túnica! 

—¿Cuál? ¿Este? ¡No! Yo... este... No es nada. 

—Potter apesta —leyó Lindsey sin quitar su expresión adusta—. No sé por qué estoy tan segura de que esta porquería es un diseño de los Slytherins. En el poco tiempo que llevo aquí no creo capaz a los Hufflepuff de diseñar algo así.  

—Y sin embargo lo llevan con orgullo —respondió Goyle satisfecho.

—Quizá tienes bien merecido lo que te sucedió. Además tienes suerte de que yo sea más profesional que tu profesor o de lo contrario te quedarías con esa fea cara de pizza. 

La señora Pomfrey estuvo a punto de reírse pero se contuvo. Hermione en cambio lo hizo abiertamente, no solo por la respuesta sagaz de la tía de su amigo sino porque, sin proponérselo siquiera, Malfoy le había dado la excusa perfecta para hacer lo que sus padres nunca le habían permitido usando magia: arreglar la imperfección de sus incisivos. Ahora lucía una dentadura recta, completamente uniforme, digna de un comercial de dentífrico.  

Afortunadamente Hermione fue dada de alta inmediatamente después de que sus dientes fueron rebajados, pero Goyle tendría que quedarse al menos un par de horas en lo que el ungüento que Lindsey le aplicó le hacía efecto. 

A la hora del almuerzo, cuando Lindsey se disponía a ir al gran comedor, un poco más calmada tras el disgusto, escuchó que una voz que jamás había oído antes la llamaba con cierto tono de sorpresa. 

—¡Lindsey Cooper! ¿Eres tú? 

Cuando Lindsey se volvió para ver de quién se trataba, se dio cuenta de que en efecto jamás había visto a esa mujer rubia de rizos elaborados que le sonreía sin quitar esa expresión de sorpresa. La bruja abrió su bolso de piel de dragón para sacar una pluma a vuela pluma y un cuadernillo de notas mientras su fotógrafo disparaba el flash contra Lindsey sin previo aviso. 

—¡Sí! No cabe duda de que el parecido es asombroso —dijo la rubia mirándola de arriba a abajo— Ludo tenía razón, son como dos gotas de agua. No entiendo como no habían hecho esta noticia del dominio público antes. 

—Disculpe pero no sé quién es usted —comentó Lindsey con tono amable—. Quizá conoció a mi hermana pero yo...

—Sé muy bien quién eres, corazón. Bueno aunque hay muchas cosas que todavía no sé y por esa razón me gustaría hacerte algunas preguntas si no te importa. Soy Rita Skeeter, periodista del prestigioso diario El Profeta —se presentó la mujer extendiendo la mano a Lindsey quien la estrechó con cortesía. 

—Es un placer conocerte, Rita pero no veo en qué podría interesarle la vida de una medimaga común y corriente. A no ser que quieras escribir un artículo sobre salud. 

—Tengo entendido que fuiste raptada de los brazos de tus verdaderos padres ¿es eso cierto? —preguntó la odiosa periodista mientras su pluma hacia de las suyas. 

Lindsey estaba perpleja con la cantidad de información que manejaba la mujer pero intuyó que tal vez habría sido Ludo Bagman su fuente, debido a que trabajaba en el ministerio donde sí conocían su caso. No creía que hubiese sido Barty Crounch y mucho menos Dumbledore. 

—Escuchame, Rita, no creo que esa información deba estar en su periódico. 

—Tu sobrino es famoso, querida y es lógico que tú también lo seas, después de todo también tienes una historia interesante como la de tu hermana. Así que eres española también, ¿eh? ¿Por qué decidiste regresar al país? ¿Quieres ser algo así como la madre de repuesto de Potter?  

—¿Qué dices? —preguntó Lindsey comenzando a enfadarse, notando además que pese a que se negaba a responder, la a vuela pluma continuaba deslizándose por el pergamino del cuadernillo. 

—¿Cómo fue ese encuentro entre ambos? ¿Emotivo? ¿Potter te aceptó como a una madre? No debió costarle porque eres idéntica a Lily Potter, seguro hasta te confunde con ella ¿y quién no lo haría? 

—No me interesa ser entrevistada por nadie. Ahora si me disculpan tú y tu fotógrafo, debo ir al gran comedor. 

—¿Cómo te sientes con el hecho de que tu sobrino es una de los campeones del torneo? ¿Cómo fue que lo hizo? ¿Lo ayudaste? 

—¡Ya basta, Skeeter! ¡Déjala en paz! —exclamó Charity al ver la escena desde las escaleras de mármol, muy enfadada. Así que terminó de bajar y tomó a Lindsey del brazo para llevársela hacia el interior del gran comedor—. ¡Mujer insoportable! 

—¡Fue un placer conocerte, Lindsey! —gritó Skeeter desde las puertas del vestíbulo. 

—Creí que ya se habían marchado tú y tu fotógrafo, Skeeter —dijo Dumbledore con un tono pétreo cuando la vio parada en el umbral del castillo, guardando la pluma dentro del bolso. 

Lindsey estaba indignada con esa mujer y le preocupaba que también hubiese importunado a Harry con sus preguntas. Charity no quiso mentirle así que le advirtió que debía prepararse para leer un artículo amarillista en cualquier momento.  

Lindsey creyó que ya había tenido suficiente pero se equivocaba porque por la tarde cuando daba su acostumbrado paseo por los jardines del colegio, sintió que alguien la tomaba del brazo y al girarse comprobó que era Snape. Al verlo tuvo una mezcla de sentimientos: rabia, decepción, tristeza y hasta algo de miedo. 

 —Cooper, necesito hablar contigo y solo hasta ahora he podido hacerlo. 

—Yo no tengo nada que escuchar.

—Pero yo sí tengo mucho que decir —insistió Snape, bloqueándole el paso para que no se marchara—. Moody tiene razón, fuí un mortífago pero... 

—Ese es tu problema Snape pero eso sí, quiero que te mantengas alejado de mi sobrino así que no permitiré que cumpla ese castigo contigo. 

—Debe seguir las reglas y si tiene un castigo su deber es cumplirlo. 

—Un castigo injusto y lo sabes —respondió Lindsey desafiándolo con la mirada. 

—No creo que sea injusto, ya viste como dejó a Goyle, fue él quién comenzó la pelea. 

—¿Y por casualidad viste como tu alumno predilecto dejó a Hermione Granger? ¡Ah no! Se me olvidaba que tienes tan pocas luces que no pudiste notar la diferencia entre como estaba antes y como la dejó ese pequeño cretino. 

Severus guardó silencio por unos segundos mientras ella continuaba mirándolo con odio. 

—¿Cómo te consta que fue Harry quién lo inició todo? —siguió Lindsey—. ¿Solo te basta el testimonio de los alumnos de tu casa? ¿Dónde está el castigo para Malfoy por haber respondido al ataque? ¡Eres injusto, Snape! Por eso no me extraña que hayas sido...

—¡Sí! Fuí un mortífago, Cooper pero jamás asesiné a nadie y además me alejé del Señor Tenebroso. Decidí unirme a Dumbledore para ayudar a la Orden—respondió con voz determinante y desesperada al mismo tiempo mientras la tomaba por los hombros. Su mirada era tan intensa que hizo ruborizar a la medimaga. 

—¿Fuiste tú quién introdujo su nombre en el cáliz? 

Severus puso los ojos en blanco. 

—Por supuesto que no, ha debido ser él mismo. Te digo que Potter ama infringir las reglas. Lo conozco mejor que tú. 

 —¡Ya basta de sacarme en cara que no estuve en su vida! ¡No es mi culpa! ¡Y ya deja de acusarlo! 

—No te estoy sacando en cara nada —intentó retenerla Snape mientras ella trataba de quitarle las manos de encima. 

Snape la sentía temblar de ira y esta vez rehuía su mirada, dirigiéndola al piso. 

—¿Qué sucede? —preguntó él—. Yo necesito que me escuches... 

—Si quieres hablar de tu pasado solo quiero saber si acaso tú... si tú llegaste a perseguirla junto a ese desgraciado de su asesino —respondió Lindsey todavía mirando al piso por temor a descubrir la verdad en los ojos del pocionista. 

—¿Qué? —preguntó incrédulo, tomándola por la barbilla para obligarla a mirarlo. 

—Si tu eras uno de sus vasallos, quiero saber si tú lo ayudaste a capturarla —expresó Lindsey con los ojos llenos de lágrimas, tomando a Severus por la capa mientras lo agitaba un par de veces —¡Dímelo! ¿Lo ayudaste? 

Severus estaba perplejo, no supo que responderle por aquellos segundos aterradores que le parecieron horas, mirando ese par de esmeraldas acusadoras. Solo se quedó mirándola mientras una punzada incómoda se instalaba en su corazón lo mismo que la duda: ¿Debía decirle la verdad? ¡Sí! Sí lo había ayudado, no de una forma directa, no lo había conducido hasta la casa de ella pero había revelado la profecía que la involucraba. Había sembrado en el corazón de Voldemort la discordia, encendiendo una mecha que le explotaría en el rostro a los Potter. ¡Maldición! No habría querido hacerlo, no sabía que se trataba de ellos. Fue un egoísta al tomar en cuenta que cualquiera que saliera lastimado en esa cacería brutal que Voldemort llevaría a cabo después de escucharlo, habría resultado en una perdida lamentable, pero Dios, el destino o la vida misma se encargaron de escarmentarlo de la peor forma posible cuando el Señor Tenebroso escogió a los Potter, precisamente a los Potter para asesinarlos.  

Pero ¿sería realmente bueno que le dijera la verdad? ¿Lograría tranquilizarla o solo generaría más desconfianza e inquietud en ella? Tras estas interrogantes a Severus no le quedaron más dudas acerca de cual debía ser su respuesta. Debía mentirle. 

—¿Lo ayudaste a matar a Lily? ¿Mataste a James? ¿Quisiste vengarte de ellos acaso? 

—¡NO! No, no. Jamás hubiese hecho algo así —respondió Snape tratando de contenerla—. No creas en las sandeces de Moody, es un paranoico.

—Pero él dijo que tú... que tal vez quieres que Harry... Tú odias a mi sobrino, Snape ¡Suéltame! ¡No lo niegues! Eres injusto con él. 

—Cooper, escúchame —insistió Snape sin soltarla porque tenía la imperiosa necesidad de aclarar sus dudas y tranquilizarla respecto al veneno que Moody había inoculado en ella—. Si le preguntas a cualquiera que conozca a Moody te dirá que él ve enemigos en todos lados y que tiene especial desconfianza con los que, como yo, alguna vez se metieron en problemas. 

—Yo lo protegeré de todo y de todos si es necesario. 

—Y estoy de acuerdo contigo pero de mí no tienes que protegerlo.

—¿Estás seguro? ¿No debo protegerlo de tus injusticias? 

—No exageres. 

—¡Suéltame! —volvió a demandar la pelirroja, llena de rabia—. ¿No fue una injusticia haberlo castigado por reaccionar ante una provocación de tus monstruos? 

—Él no debió haber atacado a Malfoy. 

—Y tu monstruo no debió haber atacado a Harry, pero claro solo él y Ronald Weasley salieron perjudicados al intentar defender a su amiga.

—Tú no lo comprenderías, no eres tú quién debe lidiar con adolescentes frenéticos todos los días. 

—¿A no? ¿Y qué crees que recibí en la enfermería? Adolescentes lastimados porque fuiste totalmente incapaz de manejar la situación. ¡Suéltame ya, Snape! 

—¿Qué sucede aquí? —preguntó una voz masculina con marcado acento francés. 

—¡Noah! —exclamó Lindsey sorprendida. 

—Le pido, pgofesor... 

—Snape —completó el aludido mirándolo con el ceño fruncido. 

—Bien, pgofesor Snape, le pido que la suelte ahoga mismo y que deje de molestagla

—No sé quién sea usted y me temo que tampoco me interesa pero debo aclararle que este es un asunto entre ella y yo.

Noah sonrió con sorna mientras negaba con la cabeza. 

—No, vegás, ella me integuesa más de lo que podgías suponer ya que es mi esposa. 

Al escuchar esas palabras Snape volvió a quedar sorprendido, tanto que decidió liberarla pero Lindsey no se movió de su lado. Por otra parte,  las palabras de la medimaga pelirroja le proporcionaron cierto alivio que no supo como explicarse ante sí mismo.

—¡Querrás decir ex esposa, Noah! Tú y yo ya no estamos casados. 

Así que ese cretino era el ex marido de Cooper. Sí, es cierto. Severus recordó entonces el día en que Lindsey llegó al castillo. En ese entonces, Dumbledore reveló que había estado casada y que tras divorciarse además de la muerte de su madre, ella había resuelto volver a su país de origen en busca de su familia de sangre. 

—Sea comos sea, amigo, le pido que deje de molestagla, además ¿quién es usted y con qué deguecho la toma del bgazo?  

—¡Lárgate de aquí, Noah! 

—¿Quién es él, Lindsey? —insistió Noah con la respiración agitada por la rabia, ahora ignorando por completo la presencia del profesor que le arrojaba una mirada amenazante. 

—Ese no es tu problema. ¡Déjame en paz y vete por donde viniste! 

—¿Tan gápido me geemplazaste? —preguntó el medimago belga con la voz cargada de rencor e indignación, sin medir siquiera sus propias palabras—. ¿Acaso es tu amante? 

Severus no supo en que momento Lindsey pasó por su lado pero cuando se dio cuenta, el rostro del medimago de Beauxbatons estaba girado hacia un lado tras una sonora bofetada por parte de ella. 

—¡Atrevido! ¡Cínico! —gritó la pelirroja con ira contenida. Severus se dio cuenta de que la presencia del medimago le afectaba, así que intentó contenerla de nuevo porque elle parecía querer abalanzarse sobre su ex marido de nuevo. 

Lindsey, cariño ¡Discúlpame! —le habló Noah en Francés para excluir a Snape todavía más de la conversación.  

—¡No me llames así! ¡Y no se te vuelva a ocurrir acusarme de lo que has hecho tú! —le respondió ella en inglés para no seguirle el juego. 

Lindsey, tenemos que hablar pero a solas ¿de acuerdo? —respondió el hombre suavizando el tono de su voz, aunque sin dejar de fulminar a Snape con la mirada. 

—No me interesa, Noah. 

Nos debemos una conversación, Lindsey. 

—Ya hablamos lo suficiente cuando fue necesario. Los términos quedaron arreglados ¿o falto algún pergamino que firmar?

Nada de eso. Es solo que. 

—¡Suficiente! Ya basta entonces de escenas patéticas. Estamos grandes ¿no? ¡Déjame en paz, no quiero hablar contigo!

Lindsey se marchó dejando a Snape y a Noah mirándose con odio todavía, como si fuesen un par de dragones salvajes.    

—Sé que egues el pgofesog de Pociones de Hogwarts pogque lo escuché pog ahí, pego ¿pog qué la sujetabas de esa manega?

—Si ella no te debe explicaciones, yo mucho menos —respondió Snape con un tono desafiante.

—No cgeo que debas hacegte ilusiones con ella, pgofesog —soltó Noah con la sangre hirviendo de ira pero sin borrar la sonrisa irónica que tenía en el rostro. 

Antes estaba convencido de que Lindsey debía estar llorando por los rincones, esperando ansiosa su regreso, que no había podido olvidarlo, así que cuando volvieran a verse tal vez lograría convencerla de que estaba arrepentido pero jamás imaginó que en tan poco tiempo ella lo hubiese olvidado. Ahora estaba casi seguro de que ese hombre tenía algo que ver con Lindsey y eso lo ponía furioso. 

Severus lo miró con desdén. Ignoraba la causa de su separación con Lindsey, pero sea cual fuese el motivo debió haberla lastimado mucho, tomando en cuenta el rencor y la rabia con la que ella se dirigió a él, además de dejarse llevar por ese impulso agresivo al agredirlo. Parecía una fiera herida mucho más que en su orgullo, en su corazón. 

—Me temo que a juzgar por lo que tuve la mala suerte de presenciar y escuchar, ese consejo te atañe mucho más a ti. 

 —¡Asqueroso insolente!

A Severus Snape no le interesó el significado de aquella frase emitida en francés de la cual no comprendió nada pero que estaba seguro se trataba de un insulto por la intensidad de la pronunciación. En cualquier caso más le importaba el hecho de que Noah había sacado la varita dirigiéndole un embrujo que él, con sus asombrosa habilidad logró desviar con suma facilidad.  

—Me parece que necesitas otro consejo —dijo el pocionista acercándose lo suficiente para colocarle la varita debajo del mentón. Su voz era casi un susurro pero lo suficientemente amenazante como para hacerle saber a su contrincante que hablaba en serio—. No se te ocurra desafiarme si no quieres sufrir las consecuencias. 

—¿Estás amenazándome? 

Snape volvió a mirarlo con desdén antes de contestarle. 

—Es solo una advertencia pero puedes tomarlo como quieras.

El profesor de Pociones se marchó con su capa negra ondeando detrás de él mientras el medimago se quedó mirándolo, carcomiéndose en la rabia y la duda. Al momento de llegar los había encontrado a él y a Lindsey discutiendo pero ¿por qué? ¿Estarían juntos o no? De cualquier modo lo averiguaría.   





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