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Lindsey Cooper, la hermana de Lily Evans » ¡No puede ser posible!
Lindsey Cooper, la hermana de Lily Evans (ATP)
Por Hermaire
Escrita el Sábado 11 de Enero de 2020, 20:34
Actualizada el Jueves 29 de Octubre de 2020, 20:58
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¡No puede ser posible!

Capítulos
  1. El nacimiento
  2. Magia
  3. La verdad
  4. Lista para el viaje.
  5. Albus Dumbledore
  6. Hogwarts
  7. Conociendo a los Dursley
  8. Valle de Godric
  9. Severus Snape, ¿el amigo de Lily?
  10. ¡Hola, tía Lindsey!
  11. Conociendo un poco más
  12. Una visita nocturna
  13. La vista en el juzgado
  14. No eres ella
  15. Desahogo
  16. La llegada de Beauxbatons
  17. ¡No puede ser posible!
  18. Un pequeño enfrentamiento.
  19. La carta del abogado
  20. La primera prueba
  21. La vista en el juzgado
  22. Una contienda lejos del juzgado
  23. El anuncio de Dumbledore
  24. Una carta de tía Petunia
  25. ¿Irías conmigo al baile?
  26. El baile
  27. Un espía en el pasillo
  28. Incertidumbre
  29. Un nuevo artículo de Skeeter
  30. El paseo
  31. Amor
  32. Un intruso
  33. Gemelas.
  34. Revelación.
  35. Perdóname
  36. ¿Qué sucede con Lindsey?
  37. La segunda prueba del torneo
  38. ¿Ocurrió de nuevo?
  39. Antídoto
  40. Muerte en el castillo
  41. Cuidaré de ti
  42. La excursión a Hogsmeade.
  43. Una grata visita.
  44. El fantasma
  45. ¿Qué diantres está pasando?

Madame Maxime y parte de su comitiva entraron a calentarse al castillo tras el ofrecimiento de Dumbledore pero justo cuando pasaba por el lado de Lindsey, Noah se detuvo sin poder evitarlo.

¡Hola! —la saludó en francés, pero al ver que ella mantenía a Harry rodeado con un brazo enseguida dedujo que debía tratarse de alguno de los miembros de la familia que había ido a buscar a Inglaterra así que se pasó al inglés—. Me alegra verte.

—¡Bienvenido, Noah! —respondió Lindsey tratando de sonar despreocupada aunque las manos le temblaban 

—Gracias. ¿Lograste encontrar a tu familia por fin? —preguntó mientras señalaba a Harry—. ¡Cielos si hasta tiene tus ojos!

—Más bien los de mi hermana.

—A propósito de ella ¿Cómo está? ¿Se alegró de verte? 

Lindsey estaba incómoda y Harry notó su tensión. 

—Es una larga historia, Noah. Por favor entra para que entres en calor. Está helando aquí afuera. 

—Sí, yo... Es un placer verte de nuevo, pero todavía no me has presentado al chico. He de suponer que es tu sobrino, ¿no?

Noah le sonrió a Harry extendiéndole la mano para que el muchacho se la estrechara.

—Soy Noah Vertonghen, el...

—Medimago de Beauxbatons —lo interrumpió Lindsey antes de que Noah cometiera una imprudencia—, y como bien dedujiste él es mi sobrino Harry Potter. 

—Encantado en conocerte, Harry, pero no solo soy el medimago de Beauxbatons, también soy un viejo amigo de tu tía —añadió con cierto rencor en el tono de la voz. 

 Posteriormente siguió su camino hacia el interior del castillo. 

Todavía Lindsey se estaba recuperando del encuentro cuando escuchó una voz desagradable que hablaba en francés. 

¡Hola, querida!  —la saludó Colette Piaf y antes de que Lindsey pudiera evitarlo, la besó en ambas mejillas.

Harry le dio un vistazo y descubrió que era la mujer más hermosa que había visto después de las veelas del mundial de quidditch. Tenía los cabellos largos de color rubio platino, los ojos azules y la piel lozana, de apariencia suave.

Me alegra verte de nuevo. ¡Ah, casi lo olvido! Esta es mi prima (por la familia de mi madre) Fleur Delacourt.

Aunque Harry no entendía una sola palabra de lo que la preciosa mujer decía en francés, observó por instinto a la chica que ella tenía a su lado.  La muchacha parecía tener mucho frío y de hecho llevaba una especie de bufanda alrededor de la cabeza.

  —Es un placer conocerte, Fleur —respondió Lindsey mirando a la chica que también la besó en ambas mejillas. 

Harry no pudo observarla a detalle pero lo poco que observó de su rostro se veía tan hermoso como el de la mujer que tenía a su lado.

—Este es mi sobrino, Harry —dijo Lindsey, ahora en inglés. 

—¿En serio? No sabía que tuvieras hermanos —respondió la mujer mientras besaba a Harry (sorprendiéndolo) 

Pese a su respuesta Lindsey estaba segura de que mentía. Lo más seguro es que Noah le hubiese contado todo lo que sabía acerca de su rapto y posterior adopción por parte de los Cooper.

—Si no te importa, Colette será mejor que entren. Veo que tu prima muere de frío. Yo en cambio debo esperar a nuestros otros invitados.

—¡Oh! Desde luego, queguida. Ya tendgemos mucho más tiempo paga convegsag después.  

Lindsey no respondió sino que miró hacia otro lado en clara actitud de desagrado. La única razón por la cual no le reclamaba a la mujer por su descaro al saludarla como si nada hubiese pasado era porque a su lado se encontraban Harry, sus amigos y el profesor Dumbledore y lo último que ella quería era una escándalo. 

Colette avanzó hacia el castillo y entonces Harry lo comprendió todo. Ató cabos en su mente.

—Oye, tía. Esa mujer y el otro...

—Sí, Harry, son ellos, los mismos de los que te hablé —respondió la mujer con un matiz de rabia que Harry no le había visto desde que la conocía. 

El muchacho entonces se sintió indignado al recordar el descaro con el que ambos personajes se dirigieron a Lindsey como si no le hubiesen hecho nada antes. 

Ron, en cambio todavía miraba hacia las puertas dobles del castillo con una expresión atontada.

—¡Qué mujer más hermosa! —susurraba una y otra vez. 

Hermione lo miraba con molestia. 

De pronto alguien gritó mientras señalaba la superficie del lago.

—¡Miren allí!

Cuando todos dirigieron la mirada hacia esa dirección observaron un barco de grandes dimensiones que salía a flote como si fuese un submarino. 

Cuando la tripulación bajó tocando tierra firme todos los observaron llenos de admiración por la seguridad que derrochaban así como la imponencia de sus uniformes. 

El director Karkarov caminó hasta Dumbledore para saludarlo y entonces Ron por poco colapsa por la sorpresa al ver entre los alumnos de Durmstrang a su ídolo Víktor Krum. 

Dumbledore los hizo pasar a todos al gran comedor para tomar el banquete de bienvenida con el que quería agasajar a sus huéspedes. 

Lindsey estuvo bastante incómoda toda la velada. Charity, a su lado en la mesa de los profesores, comprendiendo perfectamente la molestia de su amiga, le puso una mano en el hombro para transmitirle fuerzas.

—¿La gusana vino también? —preguntó en un susurro.

—¿Quién? —preguntó Lindsey.

—La gusana que se interpuso... ya sabes quién. 

—Sí —respondió Lindsey deslizando la cucharilla por su cuenco de bouillabaisse como si fuese más interesante que el evento que se estaba suscitando en el castillo—. Puedes verla allí en la mesa de Ravenclaw, en todo su esplendor, moviendo la cabellera como siempre.

—¿Esa? Sí, la vi hablando contigo —dijo Charity—pero no sabia quién era hasta ahora. En supuse que el hombre que se detuvo a hablar contigo era él. Fue fácil reconocerlo por su uniforme de medimago ¡Son unos cretinos!  Ella no tenía por qué venir...

Lindsey guardó silencio, seguía revolviendo su sopa.  

—Ella es bonita pero no me parece la gran cosa, solo una coqueta —añadió Charity para levantarle el ánimo a su amiga.

Lindsey miró a su amiga con una sonrisa irónica. 

—Es una mitad veela, Charity.

—¿Y qué? Tú y yo estamos mejor que ella —añadió con un encogimiento de hombros. Su respuesta al menos hizo reír a Lindsey aunque escuetamente. 

Pasados unos minutos Lindsey se sintió incapaz de seguir allí, mirando sin poder evitarlo a Noah y a su amante.

—No tengo hambre, será mejor que me retire ahora mismo —aceptó Lindsey dejando la cuchara a un lado. 

—¡No seas tonta! No dejes que esos dos te afecten y mucho menos les demuestres que su presencia puede altearte. 

Su amiga no respondió, estaba atenta a sus palabras a sabiendas de que tenía razón, pero era tan difícil seguir su consejo.

Cuando el banquete terminó, Dumbledore le dio la bienvenida oficial a los invitados. Presentó a Bartemius Crounch como el Director del Departamento de Cooperación Mágica Internacional y a Ludo Bagman como el director del Departamento de Deportes y Juegos Mágicos. Posteriormente le pidió al Sr Filch que trajera el cáliz de fuego anunciando que el mismo estaría expuesto veinticuatro horas para que los aspirantes depositaran en él su nombre y el de su colegio. Pero les hizo la advertencia de que solo podían hacerlo los que hubiesen alcanzado la mayoría de edad. Desde luego esta nueva resolución causó mucha molestia entre los estudiantes pero mantuvo a los adultos tranquilos, sobre todo a Lindsey. 

Los estudiantes sobre todo se mostraron decepcionados al escuchar que el director dibujaría alrededor del cáliz lo que él denominaba «la raya de la edad» que impediría que los más jóvenes intentaran participar. No obstante algunos como los gemelos Weasley no pensaban rendirse tan fácilmente.  

Al finalizar la velada Lindsey fue a buscar a su sobrino para darle un beso antes de acostarse y lo encontró frente al cáliz en el vestíbulo, contemplándolo con fascinación. SMomentos después notó que el director Igor Karkarov, así como algunos de sus estudiantes miraban al chico con curiosidad. 

—Sí, es Harry Potter —dijo Moody.

—¿Tú? —preguntó Karkarov con una expresión entre miedo y sorpresa.

—Sí, soy yo y a no ser que tengas algo qué decirle a Potter será mejor que te apartes, Karkarov.

El director se hizo a un lado, le dio una última mirada a Harry, luego observó a Lindsey para sonreírle antes de hacerle una pequeña reverencia con la cabeza a modo de respeto antes de marcharse con su comitiva hacia el barco donde pernoctarían los próximos meses.

Snape se acostó en su cama exhausto aquella noche, debido a todo el trabajo del día en que tuvo que coordinar los últimos detalles del recibimiento de los invitados.

Tras un suspiro de tedio repasó todo ese día en su mente pero nada le había desagradado más que la presencia de Igor Karkarov en el castillo.

El hombre había sido mortífago como él, un cobarde traidor que no había dudado ni un segundo en delatarlo ante el ministerio de magia con tal de ganar indulgencia. De no haber sido por Dumbledore él también habría pasado una buena temporada en Askaban a pesar de no haber asesinado nunca a una persona como sí lo había hecho Karkarov. El muy cretino logró salir de la prisión cuando entregó a Barty Crounch Jr (un gran escándalo en esa época)

Mientras Snape descansaba la cabeza en la almohada no pudo evitar pensar también en Lindsey (como siempre) y en la expresión taciturna que mostró desde el momento en que se plantó frente al castillo para recibir a los huéspedes y sobre todo la expresión de incomodidad cuando conversaba con el medimago del colegio francés. Sus ojos verdes, antes alegres, de pronto se ensombrecieron sin ninguna razón aparente. Pero sea como fuere ese no era asunto suyo. 

Al día siguiente un poco antes del desayuno, Lindsey y la Sra Pomfrey recibieron en la enfermería a un chico y a una chica con largas barbas además de una expresión que se debatía entre decepción y molestia. 

—¿Lo ves, querida? Ya te había dicho que algo así sucedería —dijo la Sra Pomfrey—. Nunca faltan los que quieren pasarse de listos subestimando las advertencias del director. Y esto es solo el comienzo.

—¡Santo cielo! —exclamó Lindsey señalando un par de camas para que los estudiantes las ocuparan. Ella tuvo que hacer un gran esfuerzo para no reírse.

—Poción envejecedora, ¿eh? 

Los dos asintieron resignados.

—¿Cuál fue la dosis que tomaron?

—Un par de gotas cada uno —respondió Susan Fawecett de Ravenclaw.

Lindsey miró a la señora Pomfrey.

—Madame, prepararé el antídoto porque no tenemos en existencia, ¿de acuerdo? 

—Sí, no te preocupes. Iré preparando el caldero y los ingredientes. Es una suerte que ese antídoto no requiera de un tiempo prolongado de maduración (solo un par de horas) de lo contrario tendrían que pasar al menos un mes con esas barbas.

En ese momento entraron los gemelos Weasley muertos de risa. También ellos llevaban sendas barbas blancas. 

—Te lo dije —comentó la Sra Pomfrey. 

Lindsey no pudo evitar reírse pero luego pensó en su sobrino.

—Oigan chicos, Harry no habrá intentado algo parecido, ¿o sí? 

Los dos se miraron entre sí y rieron con más ímpetu.

—Ni soñarlo —respondieron a la misma vez.

—Harry no tiene las agallas que tenemos nosotros —comentó Fred.  

—Sí pero también es la razón por la cual él no ostenta una barba —contestó la Sra Pomfrey.



Esa misma noche después del banquete de Halloween, todos estaban expectantes sin quitarle la mirada de encima al cáliz. Posteriormente Dumbledore se ubicó junto a él y comenzó a leer los nombres escritos en los pergaminos que salían expulsados con una lengua de fuego directo a sus manos.

Fleur Delacourt fue la primera campeona en ser anunciada e invitada a entrar en una habitación que estaba detrás de la mesa de los profesores donde posteriormente les darían las instrucciones. Madame Maxime la miró con orgullo pero no tanto como Colette Piaf que vitoreaba a su prima con ímpetu. 

Lindsey observó también a Noah aplaudiendo a la elegida pero cuando los ojos de él se posaron sobre ella, desvió la mirada.

El siguiente elegido fue Viktor Krum. Karkarov estaba hinchado de orgullo, embestido con la seguridad que le otorgaba un campeón como el suyo al que, según su juicio, nadie podrían vencer.  

La mesa de Hufflepuff hizo un gran alboroto cuando Cedric Diggory resultó ser el campeón de Hogwarts. 

No obstante el momento más sorprendente así como tenso fue cuando Dumbledore se vio interrumpido en pleno discurso de felicitaciones por el propio cáliz que arrojó de la nada un nuevo pedazo de pergamino. Ese era un comportamiento atípico, nunca antes visto además. 

Se suponía que una vez arrojados los tres pergaminos correspondientes a los colegios participantes, el cáliz debía sellarse (por decirlo de alguna manera)

Dumbledore tomó el pergamino en el aire mientras los demás observaban la escena con atención y posteriormente se contagiaron con la expresión de sorpresa del director cuando leyó el contenido. 

El Torneo de los Tres Magos le hacía honor a su nombre porque solamente participaban tres estudiantes, cada uno correspondiente a un colegio distinto. Pero cuando Dumbledore reveló el nombre escrito volvió a causarse un gran revuelo. Hubo mucha indignación por parte de todos los estudiantes, sobre todo de los colegios extranjeros debido a que el cuarto campeón no solo era menor de edad sino de Hogwarts.

—¡Harry Potter! —leyó Dumbledore con una voz que denotaba el gran asombro que sentía. 

El gran comedor se llenó de protestas e interrogantes.

—¡No puede ser posible! 

—¡No tiene diecisiete años! 

—¿Otro campeón de Hogwarts? 

—¿En serio dijo Harry Potter?

—¿Cómo lo hizo? 

—¡No puede ser! —exclamó Lindsey mientras se levantaba de la mesa de los profesores.

—Yo no puse mi nombre ahí —les aseguró Harry a Ron y a Hermione—, y ustedes lo saben. 

—¡Harry Potter —lo llamó el profesor Dumbledore mientras la profesora McGonagall (que se había apostado a su lado) se pasaba una mano por la cabeza.

Lindsey también fue a hablar con el director.

—Señor, esto no puede ser posible. Harry es menor de edad, no puede competir. ¡Dios mío! Sería demasiado peligroso. 

—Ya veremos que hacer, Lindsey —intentó tranquilizarla Dumbledore mientras Harry se acercaba.

A una seña del director Harry continuó el camino hacia la habitación detrás de la mesa de los profesores en la que habían entrado los otros campeones. Al poco rato entraron detrás de él Lindsey, el profesor Dumbledore, la profesora McGonagall, Madame Maxime, Karkarov, Ludo Bagman, el señor Crounch, Snape y Moody.

Lindsey corrió hasta su sobrino y lo tomó por los hombros.

—Harry, cariño. Dime qué sucedió ¿Cómo lograste meter un pergamino con tu nombre en el cáliz? 

—¡Te juro que yo no lo hice, tía! —respondió Harry exasperado —. Nunca metí mi nombre en el cáliz.

—Lo sé, cariño, te creo —le dijo Lindsey antes de besarlo en la cabeza para transmitirle confianza, aunque ella se moría de miedo igual que él. 

—Le pediste a alguien mayor que metiera tu nombre en el cáliz por ti —preguntó Dumbledore.

—No, profesor. No hice nada de eso. 

Pog supuesto que miente —dijo Madame Maxime.

—Disculpe, Mademe pero si Harry dice que no lo hizo es porque no lo hizo —protestó Lindsey.

—Es evidente que mi sobrino no pudo haber cruzado la raya de edad —razonó McGonagall.

—Pero Dumbledore podría haber cometido un error —volvió a intervenir la directora de Beauxbatons. 

—Sí esa es una posibilidad —aceptó Dumbledore más por cortesía. 

—Esto es injusto. Hogwarts tendrá dos campeones —se quejó Karkarov—. Sugiero que todos dejemos que nuestros estudiantes vuelvan a arrojar sus nombres al cáliz...

—Todo es culpa de Potter, Karkarov. Desde que llegó no ha hecho más que infringir las normas, traspasar límites... —intervino Snape. 

—¡Ya basta! —estalló Lindsey—. ¿Acaso tienes pruebas de lo que estás diciendo, Snape? ¿Te consta que fue quien, valiéndose de alguna argucia metió su nombre en el cáliz? 

—Lindsey tiene razón —intervino McGonagall —, aquí nadie tiene pruebas. El caso es que es un hecho.

—Desde luego no participagá, ¿o sí? —dedujo Madame Maxime.

—Pero las reglas dicen que cuando el cáliz escoge a un estudiante este está obligado a participar —respondió el señor Crounch.

—¡No puedo creerlo! Insisto en que lo justo sería que cada estudiante añada su nombre al cáliz hasta que cada colegio cuente con dos campeones —dijo Karkarov.

—Pero no es así como funciona esto, Igor —objetó Dumbledore—. El cáliz se apagó y no volverá a encenderse hasta la próxima ocasión. 

—Me veo tentado a marcharme. 

—Que conveniente, ¿no es así? Solo lo dices porque sabes que tu campeón se ve obligado a participar al haber firmado un contrato mágico de tipo vinculante cuando arrojó su nombre al cáliz —comentó Moody—. Como sea, el caso es que aquí hay gato encerrado, no creo que haya sido el muchacho quién arrojara su nombre al cáliz, debió haberlo hecho alguien más y sin su consentimiento. 

—No te entiendo, Moody — intervino Ludo Bagman.  

—Es muy sencillo. Alguien debió haber colocado su nombre en el cáliz y no debió haber sido algún adolescente, sino alguien con experiencia, alguien con la habilidad suficiente como para hacer creer al cáliz que él entraba como participante de un cuarto colegio. 

—Parece que has pensado demasiado en eso, Moody.

—Mi trabajo es pensar como lo haría un mago tenebroso como bien deberías saberlo, Karkarov. Hay gente que puede aprovecharse de situaciones inocentes con negras intenciones. Todos sabemos que este torneo es muy peligroso. Habrá pruebas que requieran de habilidades especiales y encantamientos que Potter no ha estudiado aún, así que en su caso lo tendrá más difícil. Es evidente que quien introdujo su nombre no le tiene gran aprecio.  

—¡Dios mío! —exclamó Lindsey, rodeando por instinto a su sobrino con un brazo mientras lo apretaba contra sí.

—Escuchen — dijo Dumbledore—. No sabemos como sucedió pero el caso es que no nos queda más remedio que aceptarlo. Tanto Harry como Cedric serán los campeones de Hogwarts.

—¡No! No, profesor Dumbledore. Harry es demasiado joven para intentarlo siquiera —intentó objetar Lindsey—. Me niego rotundamente. 

—Me temo que no podemos hacer nada al respecto —respondió Barty Crounch mirando a Lindsey con curiosidad. 

Dumbledore ya había puesto al tanto de la situación a todos en el ministerio debido a las gestiones que estaba haciendo Lindsey para ganar la custodia de Harry. En especial Barty y Ludo lo sabían (ya que se verían en la frecuentar de ir al colegio) pero todos se mantuvieron discretos al respecto porque ni el director ni Lindsey habían querido que se hiciera demasiado público el asunto. Trataban de evitar algún tipo de circo mediático respecto a su situación. No obstante Dumbledore le advirtió a la medimaga que ni bien comenzara el torneo sería algo difícil de esconder y por lo tanto había que resignarse a lo inevitable. Todo el mundo lo sabría, sobre todo porque estaban conscientes de que un evento de esa índole sería cubierto por la prensa.  

—Yo tampoco estoy de acuerdo —afirmó Karkarov.

—Ni yo, desde luego. Lo siento Lindsey pego esto es una locuga y una injusticia. 

—Mi querida Maxime, si se le ha ocurrido una alternativa mejor me gustaría escucharla —dijo Dumbledore.

Hubo un breve silencio y después intervino Ludo Bagman, obligándose a dejar de mirar a Lindsey.

—Bueno, entonces tendremos que darles las instrucciones ¿Quieres hacer el honor, Barty? 

Barty Crounch les anunció que la primera prueba del torneo se llevaría a cabo el veinticuatro de noviembre y que por ninguna razón los participantes debían solicitar o aceptar ayuda de ningún tipo. 

Dumbledore ofreció algunas bebidas cuando terminó la reunión, pero nadie quiso aceptar la oferta así que el director le pidió a los estudiantes que se marcharan. Madame Maxime y Karkarov también se retiraron al igual que Ludo Bagman y Barty Crounch. 

Lindsey retuvo a Harry antes de que se marchara, lo apartó de los demás y volvió a tomarlo por los hombros para mirarlo a los ojos:  

—Harry, mi niño...

—Tía, te juro que yo no lo hice —insistió sin apartar la mirada de sus ojos. 

La expresión de incertidumbre así como de miedo conmovió a su tía. 

—Lo sé, te creo pero hay algo que me preocupa terriblemente y es que creo que el profesor Moody tiene razón. Debe haber alguien queriendo perjudicarte 

Harry guardó silencio, tal vez pensando en su situación. Por lo tanto Lindsey lo atrajo hacia ella para darle un fuerte abrazo.

—No te preocupes, cielo, no voy a dejar que te lastimen. Si no queda de otra y tienes que participar me aseguraré de que sepas todo lo necesario. 

Harry correspondió el abrazo agradecido. La sensación de estar protegido no tenía precio, le proporcionaba un gran alivio. 

Cuando Lindsey regresó a la sala de trofeos donde solo quedaban McGonagall, Dumbledore, Snape y Moody, ella intentó volver a oponerse a la participación de su sobrino en el evento pero Dumbledeore volvió a rebatirla al recordarle que Harry no podría declinar.

—Yo estoy seguro de que alguien debe estar interesado en perjudicar al muchacho —insistió Ojoloco. 

—¡Vamos, Moody! Me parece que Karkarov tiene razón —intervino Snape—. Para nadie es un secreto que eres un paranoico. ¿Quién podría estar interesado en asesinar a Potter o hacer que se lastime durante las pruebas del torneo?   

—No lo sé, respondemelo tú, Snape. Tú mejor que nadie deberías saberlo. 

—¿Por qué? —preguntó Lindsey alarmada—. ¿De qué está hablando? 

—¿No lo sabes aún, Cooper? 

—¡Basta, Alastor! —advirtió Dumbledore con voz amenazante. 

—Es la verdad, Albus. Ella es nueva en el país según tengo entendido, ¿no? Probablemente no sepa que nuestro flamante profesor de Pociones fue un mortífago por los años en que su hermana gemela huía para resguardar a su hijo.

—¿Un mortífago? 

—Sí, un seguidor del Señor Tenebroso, el asesino de tu hermana y tu cuñado. 

Snape bufó de rabia, le temblaban las aletas de la nariz. No podía creer que ese cretino hubiese sido capaz de exponerlo de esa manera. Pero lo que más le causó malestar fue ver la expresión de horror en el rostro de Lindsey. En su fuero interno sintió que era como decepcionar a Lily otra vez.

—Severus Snape se apartó de Voldemort mucho antes de su declive y lo demostré en su momento cuando fue necesario —dijo Dumbledore con un tono que no admitía refutaciones. Estaba indignado.

—Desde luego que lo sé. Yo estuve ahí el día en que fue acusado por el propio Karkarov durante su juicio, cuando el hombre comenzó a traicionar a sus cófrades con la esperanza de ganar indulgencia. 

Lindsey no podía dar crédito a lo que escuchó. Snape le arrojó una mirada asesina a Moody y se marchó de la sala azotando la puerta tras de sí 

—No tenías ningún derecho de abrir heridas del pasado, Moody —reprochó McGonagall.

—¿Acaso dije alguna mentira?

—No venía al caso tu información —añadio Dumbledore visiblemente molesto.

—¿Él era un mortífago? —preguntó Lindsey de nuevo. Estaba abrumada. 

—El y el otro, Karkarov —respondió Moody señalando con la cabeza la puerta por donde segundos antes había salido Snape.

—Y yo te repito que eso ahora no tiene la menor relevancia y que en su momento quedó demostrado que, al menos Severus estaba arrepentido. Además, él jamás cometió asesinato alguno...

 —Sí, claro Dumbledore. Según mi opinión quién fue un mortífago lo será para siempre. 

—Que bueno que yo no necesite tu opinión, Moody. Creo ha sido suficiente por hoy. Ha sido un largo día y deberíamos descansar.






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