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Lindsey Cooper, la hermana de Lily Evans » Una visita nocturna
Lindsey Cooper, la hermana de Lily Evans (ATP)
Por Hermaire
Escrita el Sábado 11 de Enero de 2020, 20:34
Actualizada el Jueves 29 de Octubre de 2020, 20:58
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Una visita nocturna

Capítulos
  1. El nacimiento
  2. Magia
  3. La verdad
  4. Lista para el viaje.
  5. Albus Dumbledore
  6. Hogwarts
  7. Conociendo a los Dursley
  8. Valle de Godric
  9. Severus Snape, ¿el amigo de Lily?
  10. ¡Hola, tía Lindsey!
  11. Conociendo un poco más
  12. Una visita nocturna
  13. La vista en el juzgado
  14. No eres ella
  15. Desahogo
  16. La llegada de Beauxbatons
  17. ¡No puede ser posible!
  18. Un pequeño enfrentamiento.
  19. La carta del abogado
  20. La primera prueba
  21. La vista en el juzgado
  22. Una contienda lejos del juzgado
  23. El anuncio de Dumbledore
  24. Una carta de tía Petunia
  25. ¿Irías conmigo al baile?
  26. El baile
  27. Un espía en el pasillo
  28. Incertidumbre
  29. Un nuevo artículo de Skeeter
  30. El paseo
  31. Amor
  32. Un intruso
  33. Gemelas.
  34. Revelación.
  35. Perdóname
  36. ¿Qué sucede con Lindsey?
  37. La segunda prueba del torneo
  38. ¿Ocurrió de nuevo?
  39. Antídoto
  40. Muerte en el castillo
  41. Cuidaré de ti
  42. La excursión a Hogsmeade.
  43. Una grata visita.
  44. El fantasma
  45. ¿Qué diantres está pasando?

Nota de autora: Mis queridos lectores (as) en vista de que ustedes tienen que esperar ocho largos días para poder leer un nuevo episodio de esta historia (debido a mi trabajo y otras actividades que tengo que realizar) esta semana les he traído uno más largo de lo normal y además con un final impactante y algunas imágenes incluídas que sé que les va a encantar. Espero sinceramente que les guste y que lo disfruten tanto como yo disfruté creándolo.

Un beso y agradecida por tanto apoyo y cariño reflejado en sus votos y esos preciosos comentarios, se despide 

                                                                                                                                Hermaire  



Los días fueron pasando dentro y fuera de los muros del castillo, como si nada estuviera ocurriendo, indiferentes, a excepción de unos cuantos que navegaban en un mar de incertidumbre, haciéndose miles de preguntas mientras se valían de la memoria para viajar al pasado en busca de respuestas, como Petunia Dursley que no podía evitar derramar lágrimas (aprovechando que su marido se había ido al trabajo y su hijo se encontraba en el colegio) mientras revisaba las viejas fotografías familiares de su infancia. Recordaba el mismo llanto silencioso en los ojos de su madre, todas las mañanas mientras preparaba el pastel de cumpleaños de Lily (quizá pensaba en su otra hija, esa que había nacido muerta) 

Si bien no soportaba verla haciendo magia, Petunia no odiaba a Lily en realidad, solo la envidiaba por tener poderes especiales. Junto a su hermana se sentía opacada y débil, sobre todo cuando sus padres elogiaban sus proezas, a pesar de que los señores Evans nunca tenían favoritismos, pero Petunia solo se centraba en la atención especial que ambos le brindaban a Lily cuando ella regresaba de Hogwarts, sin tomar en cuenta que ella había pasado todos esos meses lejos de ellos mientras que ella (Petunia) los había tenido todo el tiempo. 

Cuando Lily murió, Petunia tuvo una mezcla de sentimientos, por una parte sintió un dolor agudo atravesar su alma por haber perdido a su única hermana, su cabeza se llenó de recuerdos alegres que, irónicamente le provocaban más dolor en esos momentos; pero por otra parte (y esto no lo reconocería jamás) muy en el fondo sintió alivio porque de alguna forma pensó que la magia había muerto con ella. Era como si sintiera que junto a Lily, estaría también enterrando todo ese mundo lleno de cosas inexplicables. Pero verse forzada a criar al hijo de Lily había sido el colmo... hasta que ella, Lindsey, apareció... ¿Por qué había regresado si la creía muerta? Sin embargo, por otro lado se preguntaba cómo sería la reacción de Harry al verla y, sin saber por qué, sin poder identificar todavía ese sentimiento, se llenó de ira, levantándose abruptamente de la cama, dejando caer el álbum fotográfico que tenía sobre la falda.    

—Si ella cree que puede quedarse con él está muy equivocada. Ella no es mi hermana ¡La desconozco! —dijo con rabia mientras las lágrimas le corrían por el rostro—. Es una extraña, otra bruja igual a ella, una vergüenza para la familia y... no quiero que se lo lleve, no quiero verla complacida. 


A kilómetros de distancia, amparado bajo un disfraz, aparentando ser un muggle cualquiera, Sirius Black contemplaba a Hedwig mientras ella se perdía en la distancia, acababa de escribirle una carta a su ahijado, reportándose al fin, respondiendo su anterior esquela. Sacó un pedazo de pergamino que mantenía en su bolsillo y releyó la carta recién recibida de Harry donde dos cosas habían llamado su atención: 


Querido hocicos. 

Fiel a la promesa que te hice de mantenerte informado sobre cualquier cosa que aconteciera conmigo, quiero contarte dos cosas desconcertantes e igualmente importantes, una no estoy seguro de si es buena o mala, pero la otra te puedo asegurar que es grandiosa. No vas a creer lo que voy a contarte... 

En primer lugar quería decirte que me ha estado doliendo la cicatriz desde este verano, sin embargo solo fue una vez y ahora durante el curso sucedió un par de veces más y con un poco más de intensidad. No entiendo por qué sucede si nunca antes me había pasado. Yo no quería alarmarte por algo que quizá no tiene importancia, pero Hermione insistió en que te avisara y además, recordé mi promesa. 

Pero, por otra parte, la siguiente noticia es mucho más gratificante y difícil de creer ¡TENGO OTRO PARIENTE! Sí, otro pariente sanguíneo que no tiene nada que ver con los Dursley, salvo por el hecho de que es hermana de mi tía Petunia. ¡Sí! Así como lo lees. Resulta que yo no sabía que mi madre había tenido una hermana gemela, pero el día que nació, parecía muerta, aunque en realidad no lo estaba, ocasión que aprovechó una enfermera del hospital para robársela y llevarla muy lejos de sus padres, a España. Mis abuelos, mi madre y mi tía Petunia siempre creyeron que ella había muerto, pero no... ¿Puedes Creerlo? 

Hace poco la enfermera, la madre adoptiva de mi tía Lindsey (es así como se llama ella) murió, pero antes de hacerlo le contó con lujo de detalles todo acerca de su verdadero orígen, así que ella regresó al Reino Unido para buscar a su familia sin tener idea de que mi madre y sus padres habían muerto. El profesor Dumbledore la llevó junto a tía Petunia pero ella la echó de su casa (supongo que estaba terriblemente asustada y te juro que yo habría pagado por ver eso). 

Es idéntica a mi madre, Sirius, son como dos gotas de agua y no te lo había dicho antes porque yo quería pasar el mayor de mi tiempo libre junto a ella, saberlo todo, conocerla más a fondo. Es muy bonita, cariñosa y amable. Dice que ya me ama y que quiere cuidar de mí, así que está haciendo gestiones para reclamar mi custodia y poder adoptarme. Ella es medimaga y trabaja aquí en el colegio junto con la Señora Pomfrey. 

Todo esto es maravilloso, increíble pero maravilloso, Sirius. Estoy tan feliz y me gustaría tanto que pudieras conocerla. Yo le he hablado mucho de ti y también el profesor Dumbledore, así que sabe que, aunque por ahora estás prófugo, eres inocente. 

Esperando recibir al fin noticias tuyas, se despide tu ahijado. 


Sirius estaba eufórico por dentro, atónito ante la noticia de su ahijado y lamentaba profundamente no poder ir en ese mismo momento a Hogwarts como le hubiese gustado, pero no podía ser imprudente, tendría que esperar un poco más. Sin embargo, pensaba acercarse y para eso viajaría hacia el norte. Por otra parte también le llamó la atención el hecho de que a Harry le doliera la cicatriz y esta situación, aunada al regreso de Peter el año pasado, lo vinculaba inevitablemente con Voldemort. Lo bueno era que Harry ahora contaba con alguien más que lo apoyaba, y no era cualquier persona... era la hermana gemela de Lily ¡Por Merlín! ¿Cómo podía ser eso posible? Siempre creyó que ese tipo de situaciones solo se daban en las novelas anexadas en las revistas para brujas. 

Se moría de ganas de verla y comprobar con sus propios ojos, cuán parecida era a la esposa de su mejor amigo, pensaba que verla le traería muchos recuerdos gratos y que también sería como tener a Lily y James de vuelta. 


Snape, por su parte seguía igualmente afectado. Trataba de controlarse, reprochándose a sí mismo constantemente. Durante el día, se paseaba por el tercer piso con la esperanza de ver salir a Lindsey de la enfermería y cuando ella lo hacía, la seguía sin que se diera cuenta. Tan solo mirarla provocaba que su respiración se agitara y que el corazón le palpitara con violencia, entonces su mente se llenaba de recuerdos maravillosos donde Lily era la protagonista. Lily... ¡Lily! ¿Y si era ella? ¿Y si de alguna forma había sobrevivido y pretendía regresar de incógnito utilizando esa historia absurda?... 

¡Dios! ¿En qué estaba pensando? —se preguntaba todas las noches a la hora de dar vueltas y vueltas en su cama hasta muy entrada la noche porque no podía dormir. 

Dumbledore había pretendido hablarle sobre ella pero él se lo había prohibido. No quería hablar del tema y al mismo tiempo se moría por hacerlo y no sabía si ceder o mantenerse firme, había tantas preguntas en su cabeza que quizá solo ella podía responder, pero le era tan difícil mirarla a los ojos sin que los suyos se llenaran de lágrimas y su corazón de melancolía. Odiaba tanto sentirse así de vulnerable. Quería abrazarla y no soltarla así ella no fuese Lily, tenía su rostro con eso bastaba y sobraba. 

Snape no hacía más que enterrar el rostro en la almohada y llorar todo lo que no podía estando frente a ella. Huía de Lindsey no solo porque su presencia lo alteraba, sino porque le molestaba que no se tratase de la verdadera Lily. Sabía que su comportamiento la intrigaba y que ella tal vez quería una explicación, sobre todo sabiendo que él había sido el mejor amigo de su hermana (odiaba a Dumbledore por habérselo dicho) por eso no buscaba topársela de frente, sino más bien contemplarla a lo lejos, como en ese momento...

Él estaba amparado detrás de un pilar en el patio cerca del aula de Transformaciones, Lindsey estaba allá, a lo lejos, conversando con Potter mientras leían algo (al parecer eran deberes del muchacho) Él se veía complacido y feliz con su compañía, sonreía constantemente e incluso había mejorado en la elaboración de sus pociones. Desde luego, los medimagos sabían muy bien de esas cosas —pensó mientras suspiraba, pero una voz tras su espalda lo hizo sobresaltar.

—¿Por qué no hablas con ella, hijo? Tal vez te haga bien.     

—¡Albus! Déjame en paz, ¿quieres? —respondió con su acostumbrada parquedad y ceño fruncido. Odiaba saberse descubierto y el hecho lo llenó de vergüenza   

—Tal vez te haga bien hablar con ella y a ella le haga bien hablar contigo. Al igual que tú está llena de preguntas que tal vez tú puedas ayudar a contestar. Solo mírala, es su viva imagen, es idéntica a Lily y sin embargo nunca llegó a conocerla, todo lo que sabe son datos proporcionados por todos aquellos que la conocimos, pero quien mejor que su mejor amigo para hablarle de ella. Estoy seguro de que a Lindsey le gustaría escucharte. 

—No tengo intenciones de hablar con esa mujer, Albus, además, tú sabes bien que Lily y yo dejamos de ser amigos mucho antes de... de su muerte. 

De pronto el hombre cayó en la cuenta de algo... algo que enseguida comenzó a inquietarlo. 

—¿Ella lo sabe? —preguntó—. ¿Sabe que su hermana y yo dejamos de ser amigos? 

—Lo sabe —respondió Dumbledore. 

—¿Y también sabe por qué?. 

Dumbledore respondió esta vez con un asentimiento. 

—¿Por qué se lo dijiste? 

—Te puedo asegurar que no fuí yo quién lo hizo, sino Hagrid, pero no debes culparlo, tú jamás le prohibiste que lo hiciera, además, supongo que es algo que no te importa demasiado.  


Severus se pasó las manos por la cara y siguió su camino, mientras Dumbledore sonreía.


Esa noche, mientras estaban en la sala común, Harry recibió a Hedwig con gran emoción. Esperaba la carta de Sirius con su respuesta y al darse cuenta de que el ave la traía, no dudó en quitársela y comenzar a leerla frente a Ron y Hermione, en voz muy baja para que nadie más oyese.


Harry

Salgo ahora mismo hacia el norte, esta noticia de que tu cicatriz te ha dolido, se suma a una serie de rumores que me han llegado hasta aquí. Si vuelve a dolerte, ve directamente con Dumbledore o... con tu tía. ¡Cielos! No puedo creer todo eso que me contaste y sinceramente muero de ganas por verla y comprobar con mis propios ojos su parecido. Esto es... ¡Wow! Es todo tan loco... nunca lo hubiera imaginado ni en mis sueños más desquiciados. 

Por ahora no puedo ir a verte pero te prometo que pronto lo haré.

Dale un fuerte abrazo a Ron, Hermione y a tu tía de mi parte. 

                                                                                                                           Sirius  


—¿Viene hacia el norte? ¿Vendrá pronto a verte? Eso podría resultar muy peligroso, Harry —comentó Hermione muy preocupada. 

—No debí decirle nada acerca de mi cicatriz y mi tía. 

—¿De qué estás hablando? —dijo Ron—. Tener a tu tía y padrino cerca será lo mejor que te pueda pasar, tomando en cuenta lo de tu cicatriz. 

—¿No lo entienden? Viene a verme porque cree que estoy en peligro y a mí no me pasa nada.

—Tal vez también siente curiosidad por ver a Lindsey —comentó Hermione—, pero definitivamente no debería venir. 

Harry se fue a dormir muy preocupado, llegando a tener pesadillas. Al día siguiente decidió contarle a su tía acerca de su cicatriz y la forma en que lo molestaba últimamente y además pedirle opinión acerca de la decisión de Sirius de ir a verlos pronto, así que se acercó a la enfermería después del desayuno, pero Lindsey estaba atendiendo a un chico de séptimo curso que se había intoxicado con una pócima que bebió al perder una apuesta. Era una pócima mal elaborada que debía sacarle furúnculos pero en su lugar le abrió dolorosas heridas en su cuerpo, así que la señora Pomfrey recibió a Harry en la puerta entreabierta, pidiéndole que se marchara porque su tía estaba ocupada con un caso delicado. 

De vez en vez se escuchaba al chico gemir de dolor mientras le indicaba a Lindsey que ingredientes había usado en la pócima elaborada. 

—¡Señora Pomfrey! —la llamó la medimaga desde su lugar—. Necesitaremos hervir un bezoar por cinco minutos en una pócima vitalizante. Este chico está fuertemente intoxicado. Tendrás que estar aquí no menos de dos días, muchacho. 

—De acuerdo, Lindsey, querida —dijo la señora Pomfrey, luego se volvió hacia Harry—. Ya escuchaste, Potter, hay bastante trabajo aquí por ahora. Quizá puedas hablar con ella durante el almuerzo. No entiendo por qué rayos a estos chicos de hoy en día les gusta jugar con su vida... beber una pócima mal elaborada a propósito 

Fue lo único que el chico escuchó antes de que la puerta se cerrara. 

Por la tarde, luego del almuerzo, cuando ya Lindsey estaba desocupada y Harry también, ambos pudieron hablar y el muchacho le contó todo.  Lindsey meditó por unos segundos. 

—Tu caso fue muy especial, Harry, no hay registros acerca de personas que hayan sobrevivido a una maldición asesina, tú eres el único caso, por eso no sabría como responder tu pregunta, sin embargo me dedicaré a investigar y lo consultaré con el profesor Dumbledore.

—No me gustaría crear alarmas, tía —se apresuró a añadir Harry—, ya ves que Sirius quiere venir por causa de esto, no quería asustarlo —dijo el chico bajando la cabeza. Ella lo tomó por la barbilla y le subió el rostro. 

  —No, mi cielo —le dijo con una sonrisa—. No creo que se trate de algo peligroso, tal vez se trate de algo sin importancia que se puede deber a múltiples factores: la forma en que te estás alimentando o si duermes lo suficiente —lo tranquilizó la mujer, pero la verdad es que, sin saber mucho del tema, ella también asoció el repentino dolor de su sobrino con Voldemort, ya que era precisamente la cicatriz que le dejó el mago tenebroso tras su ataque, la que le dolía. Sin dudas consultaría al profesor Dumbledore—. Y con respecto a tu padrino, tampoco debes preocuparte, Harry, supongo que él sabe lo que hace y que además será discreto. No creo que se aparezca en pleno vestíbulo llamándote a los gritos, ¿o sí? 

La respuesta de Harry fue una carcajada.  


Después de la conversación, Harry entró al castillo en busca de sus amigos, Lindsey decidió quedarse por allí, admirando el jardín mientras daba un paseo. Había tantas cosas en Hogwarts que todavía le quedaban por ver, como los invernaderos, así que se dirigió en esa dirección, encontrándose a Charity Burbage en el camino. En todas esas semanas que ya llevaba en el castillo, la maestra de Estudios Muggles junto con Hagrid, la profesora McGonagall, la señora Pomfrey y el profesor Dumbledore, también se había convertido en su amiga, pero ella era especial. Ambas tenían la misma edad y por lo tanto se sentían identificadas y sentían más cómodas a la hora de hacerse confidencias.   

—¿Conociendo los invernaderos? —preguntó la maestra de Estudios Muggles. 

—¡Ah! Sí son hermosos. Todavía no los conocía —respondió Lindsey. 

—¿Cómo son los de Beauxbatons? —preguntó Charity, muy curiosa. 

—Si de verdad quieres mi opinión pues... son un poco más hermosos, bueno es que tienen una fuente en el interior y muchos adornos barrocos y dríades que cantan para ti mientras trabajas, aunque permanecen calladas cuando hay clases.  

—Eso suena muy interesante —aceptó Charity. Aquí solo escucharías Mandrágoras y eso sí que es peligroso. 

El comentario de Charity las hizo reír a ambas mientras tomaban asiento en una de las banquetas. 

—¿Y bien, cómo te has sentido aquí? —preguntó la maestra de Estudios Muggles cuando dejaron de reírse. 

—No puedo quejarme en lo absoluto —respondió Lindsey—. Hogwarts es un lugar precioso, vasto y con gente maravillosa. La señora Pomfrey y yo hacemos un gran equipo, sabe muchas cosas y nos complementamos bien, aunque afortunadamente no ha habido demasiados pacientes qué tratar, solo un par de casos de alergias con plantas venenosas y el chico intoxicado con la poción mal elaborada. 

—Ah, creo que es por la ausencia del quidditch este año, pero ya verás como se pondrán las cosas cuando empiece el torneo. 

—Espero que nadie salga lastimado en serio. Afortunadamente los menores de edad no podrá participar y así Harry estará fuera de peligro. 

—¿Y lo extrañas? 

—¿A quién? —preguntó Lindsey, tratando de adoptar una actitud más solemne. 

—A tu ex esposo, desde luego —respondió Charity—. ¿Estás preparada para recibirlo en octubre? 

Lindsey guardó silencio por unos segundos, meditando su respuesta, pero al final se decidió. Desde que la conoció, Charity le inspiró confianza y mucho más después de haber pasado tiempo con ella, conversando. Fue así cómo se sintió animada hace tiempo para relatarle el asunto de su verdadero origen y la traición de Noah. Charity también le había hecho algunas confidencias y así ambas habían llegado a entablar una bonita amistad, pero a Lindsey le dolía y le molestaba admitir, incluso para sí misma, lo que seguía sintiendo por Noah.    

—Supongo que algún día lo olvidaré —respondió más para sí misma. 

—Charity le pasó un brazo por los hombros y le sonrió para animarla. 

—Es natural que lo extrañes tanto, mujer, no fueron tres días los que conviviste con él. Por más que el muy desgraciado te haya fallado no es tan fácil como chascar los dedos y olvidarlo, es un proceso que toma tiempo y paciencia. 

Recuerda lo que te conté acerca de mi relación con Robert, el muggle que conocí hace años en un verano en la piscina del hotel donde fui a vacacionar. Estuve a punto de revelarle acerca de mi condición, me había enamorado perdidamente de él y luego descubrí que el muy... patán estaba casado y su esposa estaba embarazada. Lo odié, lo aborrecí, me alejé, desde luego, pero seguí amándolo en silencio hasta que el tiempo y la distancia fue curando mis heridas. 

—El caso es que tendré que verlo en octubre, Charity, y mi corazón está... expectante... Por un lado, lo confieso, muero por verlo y por el otro deseo que se quede en Francia. Sigue doliendo lo que me hizo... Él se revolcaba con ella mientras yo lidiaba con la enfermedad de mi madre, descubría la bajeza que me hizo el mismo día en que mi madre murió... fue realmente duro. 

—No pienses en eso, deja que el tiempo transcurra sin atormentarte y cuando llegue el momento ya veremos. De todos modos te veo muy feliz junto a Potter, tu sobrino —dijo Charity, satisfecha al ver como se iluminaba el rostro de su nueva amiga al nombrarle a Harry—. Se nota que has aprendido a quererlo.  

—No me hizo falta demasiado tiempo para adorar a mi sobrino... lo quiero tanto y me siento muy feliz de poder estar aquí junto a él. 

—Eso se nota —respondió su amiga con una sonrisa—, y Potter también te quiere mucho. No hace falta más que mirarlo para ver lo feliz que está. Nos has caido muy bien a todos, Lindsey, y no solo porque te pareces mucho a tu hermana, sino por tu forma de ser y...

—No a todos —respondió la medimaga con sinceridad—. Hay alguien a quién no le caigo nada bien a pesar de que yo no le he hecho nada malo, y sin embargo creo que sí tiene que ver con mi hermana.

—¿Te refieres a Severus?  

Lindsey asintió. 

—No, no es que le caigas mal. Es buena persona aunque bastante pétreo a veces, pero es parte de su personalidad. De todos yo soy quién más o menos lo comprende, a parte del profesor Dumbledore. 

—¿Cómo era su relación con mi hermana? —preguntó Lindsey de repente, con la mirada perdida en la distancia, a través de los cristales del invernadero. 

—Ellos pues... eran los mejores amigos, los más unidos en todo Hogwarts y creo que hasta de la faz de la tierra, hasta que discutieron y... 

—Él la insultó, Hagrid me lo dijo pero todavía no entiendo por qué lo hizo si se supone que eran amigos.

—Él estaba siendo humillado por Potter y sus amigos.

—¿Él? 

—Sí, Severus no siempre ha sido el que ves ahora. Antes era un poco débil y asustadizo, inseguro y, bueno, Potter se aprovechaba de eso  —a este punto Charity comenzó a sentirse un tanto incómoda así que bajó la voz y se acercó un poco más a su amiga—. ¡Lindsey! Creo que Harry no sabe nada de esto así que no se lo digas, por favor. 

Lindsey asintió y Charity continuó. 

—James Potter cambió mucho con el tiempo, tanto que logró que tu hermana se fijara en él por fin, pero solía ser un fanfarrón insufrible, un ególatra que disfrutaba gastandole bromas pesadas a la gente, en especial a Sev. Ese día en que lo humillaba públicamente, colgandolo de los tobillos, Lily intentó ayudarlo pero Potter le hizo ver que si lo liberaba sería por ella, porque una chica lo estaba protegiendo. Supongo que ese fue el colmo de la humillación para él. 

—Pero aún así, ese no era un motivo para desquitarse con ella de esa forma. Hagrid dice que lo hizo influenciado por sus compañeros de casa que posteriormente se volvieron mortífagos (creo que es así como llaman a los seguidores del mago tenebroso) Hagrid afirma que él también... 

Charity negó enérgicamente con la cabeza. 

—Te puedo asegurar que Severus dejó de ser un mortífago hace mucho, incluso antes del declive del lord... de quien tú sabes. Él era muy joven en esa época y muy fácil de influenciar, supongo que se dejó seducir por el poder y esas cosas, pero recapacitó.

—Yo creí que él odiaba en verdad a mi hermana por su estatus de sangre y que por esa misma razón me odiaba a mí. 

Charity sonrió y negó con la cabeza. 

—En lo absoluto, nunca creí que Sev odiara a Lily, sino todo lo contrario, él... bueno, fueron amigos por un buen tiempo así que... ¡No! No la odiaba.


Por la noche a la hora de dormir, Lindsey meditó un poco sobre el asunto, sospechaba que había algo más, algo que no le contaban, algo que había provocado que Snape reaccionara de esa forma tan hostil con quien había sido su amiga. Ella solo había querido defenderlo, de todos modos ese no era asunto suyo, lo único que esperaba de Snape era que, si bien odiaba a Harry, como había afirmado Ron, su amigo, no se desquitara con él por lo acontecido con su padre, él debía entender que Harry ya no era el pobre chico huérfano que no tenía quien lo defendiera, ahora ella lo protegería como su madre se lo había pedido en sueños. Por otra parte le llamaba la atención todo ese asunto de la cicatriz en la frente del niño ¿Por qué le dolía? No había una razón para ello, al menos no una que ella conociera, pero ya lo consultaría con el profesor Dumbledore después. 

Lindsey recostó la cabeza en la almohada, dispuesta a dormir, pensando en las expectativas que tenía para el día siguiente en que tenía que viajar a Londres para lo del asunto de la adopción legal de Harry. Tenía una cita en el juzgado, una cita donde tendría que ver de nuevo a su hermana Petunia, y el asunto, y por más que le desagradara, debía reconocer que era necesario, pero no se iría sola, el profesor Dumbledore la acompañaría para ayudarla y darle ánimos, pero de pronto otro pensamiento comenzó a imperar en su mente... ¿Y si el juez decidía fallar a favor de los Dursley no solo por haber tenido a Harry por trece años, sino por el simple hecho de ser una familia establecida? En cambio Lindsey era una mujer sola y que para los muggles no tenía una profesión. El miedo comenzó a invadirla...

Apretó la almohada contra sí, llena de incertidumbre. ¡No! De seguro el profesor Dumbledore pensaría en algo, él parecía tener siempre un as bajo la manga, de todos modos la cita del día siguiente solo era eso, una cita con el juez, él todavía no determinaría nada. ¡Por Merlín! Todo sería más fácil si ella hubiese podido contar con Noah, si él jamás se hubiese metido con esa... si tan solo jamás la hubiese traicionado... si ella pudiera dejar de sentir lo que sentía por él. 

Un par de lágrimas se escaparon de sus ojos y resbalaron por sus mejillas hasta que finalmente se quedó dormida, cansada de tanto pensar. 


Snape, no podía seguir durmiendo, se despertó sobresaltado tras una pesadilla recurrente donde encontraba el cuerpo sin vida de Lily, atormentado con el hecho de saber que había sido él el que reveló la profecía. Hacía mucho que había dejado de tener esas pesadillas pero ahora habían vuelto con más intensidad, desde que la medimaga llegó. ¿Por qué rayos tuvo que aparecer en su vida?.. Quería tenerla cerca y lejos a la misma vez. Le gustaba mirarla e imaginar que era Lily pero ¡No! No lo era... si tan solo lo fuera —pensó mientras se levantaba de la cama ya sin poder dormir. 

Él se vistió y salió de su habitación para dar una ronda por el castillo como solía hacer siempre que no podía dormir, no obstante su cabeza era un mar de recuerdos y preguntas, un torbellino de emociones que no podía contener, así como tampoco podía controlar sus pasos que poco a poco y sin que él se diera cuenta, lo fueron conduciendo hasta el tercer piso. 

Si tan solo, hubiera podido decirle que la amaba con locura antes de que ella terminara junto a Potter, si hubiese tenido el valor suficiente para alejarse de las artes oscuras que ella tanto odiaba, de Musilver, de Avery y de todos esos que lo empujaron al abismo. Si él hubiese cerrado su boca al escuchar esa maldita profecía... jamás la hubiese perdido. 

Por trece largos años había dejado de verla y se había resignado, pero ahora todo había cambiado... Por más que la medimaga no fuese Lily ¡Dios! Era su viva imagen, era como tenerla de vuelta y lo sentía como una oportunidad para enmendar sus errores, hasta que la razón le indicaba que no era así. 

No quería llamar su atención, ni tampoco tenerla cerca porque entonces perdería el control, quizá como lo hizo cuando la contempló por vez primera, por eso la miraba desde lejos para que ella no advirtiera su presencia, aunque en algunas ocasiones ella lo había sorprendido mirándola, obligándolo a recurrir al patético recurso de fingir estar haciendo otra cosa. Pero él la necesitaba, necesitaba saber que ella estaba allí, cerca de él y que esta vez no se iría. Se estaba obsesionando con ella, lo sabía, pero poco y nada le importaba.

Miró en todas direcciones y abrió la puerta de la enfermería en medio de la oscuridad, afortunadamente no había pacientes. Caminó hacia el fondo y al leer el nombre de Lindsey en una de las puertas, colocó la mano en el pomo, deteniéndose en seco...

—¿Qué demonios estoy haciendo? —se dijo a sí mismo en un arrebato de lucidez—. Debo estar loco.      

Pero qué más daba —pensó luego, ya estaba allí, no tenía más que abrir la puerta. Solo quería mirarla una vez más, esta vez de cerca, sin que ella advirtiese su presencia. Se estaba arriesgando demasiado, pero ella probablemente estaba dormida, así que decidió aventurarse y giró el pomo. 

La habitación estaba parcialmente iluminada por la luz de la luna que entraba por la ventana abierta, con la que pudo apreciar a detalle el rostro de Lindsey que, por fortuna, dormía profundamente. 

Era tan hermosa —pensó el profesor de pociones mientras la contemplaba y un par de lágrimas emergían de sus ojos. Era lo más cerca que podía estar de Lily, esas eran sus facciones, las mismas que había mantenido grabadas en su memoria por trece años... trece largos años. 

Actuaba por inercia, obedeciendo impulsos más que a la razón, así que se inclinó para acariciarla porque ya no se conformaba tan solo con mirarla, pero no tomó en cuenta que el sueño de la mujer era ligero, así que ella despertó en cuanto el dorso de la mano de Snape rozó su mejilla y entonces abrió los ojos y lo miró con miedo y confusión. La luz de la luna que se colaba a través de la ventana iluminaba lo suficiente como para que ella advirtiese quién era el intruso que había entrado en su habitación. 

—¿Qué rayos estás haciendo aquí? —preguntó Lindsey sin obtener respuestas mientras se levantaba de la cama abruptamente y él seguía observándola. Los ojos del hombre estaban llenos de lágrimas que él se dedicaba a secar usando las mangas de su casaca negra—. ¿Por qué entraste en mi habitación a estas horas? Será mejor que salgas de aquí ahora mismo. 

Ella estaba asustada, ese hombre era en verdad extraño, todo ese tiempo había estado huyendo de ella, ni siquiera se había dejado examinar las veces que lo había encontrado enfermo, casi no le hablaba, salvo para lo estrictamente necesario, pero en cambio se había colado en su habitación en mitad de la noche... ¿Por qué? ¿Por qué la miraba con tanta intensidad? 

—¡Aléjate de mí! —advirtió Lindsey cuando creyó descifrar las intenciones del hombre que comenzaba a acercarse. 

Como él no le hizo caso, ella se inclinó hacia su mesita de noche para intentar tomar su varita, pero no pudo hacerlo ya que Snape fue más rápido y logró capturarla antes de que ella  hiciera cualquier movimiento. Cuando Lindsey cayó en la cuenta de lo que estaba sucediendo, se vio en brazos del pocionista mientras este la besaba con desesperación. 

Ella luchó por quitarselo de encima pero no podía hacerlo. Estaba asustada y sorprendida ¿Qué demonios estaba pasando? ¿Acaso estaba soñando? ¡No! Todo era muy real, podía sentirlo aferrándola, ciñendola contra él cada vez más, podía sentir su fuerza y su respiración, pero Lindsey estaba llena de incertidumbre. Si él no quería ni estar cerca de ella, quizá porque odiaba a Lily ¿por qué lo hacía?... y de pronto, todavía mientras ella forcejeaba, le llegó la respuesta a su última pregunta, quizá él había estado enamorado de Lily y tal vez por esa razón se sintió aún más humillado cuando ella intentó salvarlo de Potter, en esa ocasión él habría actuado por impulso, justo a como ahora. 

Severus, de pronto cayó en la cuenta de lo que estaba haciendo, casi tan sorprendido como ella, así que decidió liberarla de inmediato. En cuanto lo hizo, intentó adoptar su acostumbrada postura solemne, pero después de lo que había sucedido le fue imposible, así como le fue imposible sostenerle la mirada a Lindsey, hasta que ella habló. Esperaba un reproche y hasta un escándalo de su parte por haber entrado de esa forma en su habitación y por lo que acababa de hacer, pero de su boca no salieron preguntas, ni reproches, solo una afirmación que lo hizo ruborizar todavía más, una afirmación que jamás esperó escuchar de ella pero que, tomando en cuenta lo que acababa de pasar era bastante razonable. 

—Tú... amabas a mi hermana, ¿no es así?  

Esa afirmación lo dejó frío, atónito y se maldijo a sí mismo, internamente por haberse dejado llevar por ese impulso, por haber perdido el control en esa forma tan absurda. 

—Yo... lo siento —dijo y salió casi corriendo de aquella habitación en penumbras.  




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