Historia al azar: Es duro ser la muerte
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Lindsey Cooper, la hermana de Lily Evans » Conociendo un poco más
Lindsey Cooper, la hermana de Lily Evans (ATP)
Por Hermaire
Escrita el Sábado 11 de Enero de 2020, 20:34
Actualizada el Jueves 29 de Octubre de 2020, 20:58
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Conociendo un poco más

Capítulos
  1. El nacimiento
  2. Magia
  3. La verdad
  4. Lista para el viaje.
  5. Albus Dumbledore
  6. Hogwarts
  7. Conociendo a los Dursley
  8. Valle de Godric
  9. Severus Snape, ¿el amigo de Lily?
  10. ¡Hola, tía Lindsey!
  11. Conociendo un poco más
  12. Una visita nocturna
  13. La vista en el juzgado
  14. No eres ella
  15. Desahogo
  16. La llegada de Beauxbatons
  17. ¡No puede ser posible!
  18. Un pequeño enfrentamiento.
  19. La carta del abogado
  20. La primera prueba
  21. La vista en el juzgado
  22. Una contienda lejos del juzgado
  23. El anuncio de Dumbledore
  24. Una carta de tía Petunia
  25. ¿Irías conmigo al baile?
  26. El baile
  27. Un espía en el pasillo
  28. Incertidumbre
  29. Un nuevo artículo de Skeeter
  30. El paseo
  31. Amor
  32. Un intruso
  33. Gemelas.
  34. Revelación.
  35. Perdóname
  36. ¿Qué sucede con Lindsey?
  37. La segunda prueba del torneo
  38. ¿Ocurrió de nuevo?
  39. Antídoto
  40. Muerte en el castillo
  41. Cuidaré de ti
  42. La excursión a Hogsmeade.
  43. Una grata visita.
  44. El fantasma
  45. ¿Qué diantres está pasando?

Dumbledore, McGonagall y la señora Pomfrey salieron de la enfermería para dejarlos solos, tenían la necesidad de darles espacio y ellos dos los agradecieron. Lindsey le contó todo a Harry, con lujo de detalles, todo acerca de su vida: cuál era su nombre completo, como había llegado a España, su paso por Beauxbatons, incluso le contó que había estado casada y las razones por las cuales se había divorciado recientemente. No quería esconderle nada, no a él, y el muchacho desde luego se indignó al ver la forma en que la habían engañado sus padres adoptivos y como la había traicionado su ex esposo, pero la alegría de tenerla a ella en su vida, pronto le hizo olvidar la molestia.

No podía creerlo todavía, no dejaba de mirarla y sonreírle, acariciaba su rostro y su cabello para asegurarse de que fuera real y Lindsey a su vez, lo besaba una y otra vez en las mejillas y lo abrazaba, agradecida y feliz de que al menos uno de sus sobrinos la quisiera.   

—¡Oh, Dios! Tenía tanto miedo de que tú no me quisieras, Harry. 

—No digas eso —contestó el muchacho, secándose un par de lágrimas más—. Todavía me cuesta creerlo y de hecho no sé si despertaré en cualquier momento, pero te juro que si es un sueño no quiero despertar. Saber que tengo a alguien más es reconfortante y maravilloso. 

—Sé que soy una desconocida para ti, pero tenemos todo el tiempo del mundo para conocernos y saber de nuestros gustos mutuos porque además.... pienso... bueno yo quiero... no sé como lo tomes tú pero me gustaría adoptarte legalmente. 

—¿Adoptarme?  

—Sí, sé que todavía es temprano para pensar en eso puesto que apenas estás conociéndome hoy, pero tuve la oportunidad de conocer a Petunia y... no me gustaría que regresaras ahí, salvo quizá para buscar tus cosas. Ella... dijo cosas horribles y el profesor Dumbledore me dijo que ellos te habían tenido confinado en una alacena por años. No conservan ninguna fotografía tuya, ni de Lily y... no quiso enseñarme alguna que tuviera de mis padres. 

Llegado a este punto, Lindsey no pudo evitar echarse a llorar. Harry la abrazó por instinto, sintiéndose extraño pero conmovido al mismo tiempo. La entendía perfectamente al pensar con cuánta ilusión había llegado ella a Inglaterra en busca de los suyos, para encontrarse con la terrible realidad de que casi todos estaban muertos, sin siquiera haberlos visto jamás. 

Él sí había logrado ver solo una fotografía de los señores Evans que su tía Petunia conservaba en su habitación, y en base a eso se los describió a su tía para que ella, al menos pudiera hacerse una imagen mental. ¡Pobre tía Lindsey! No solo había sido apartada de su familia, sino que además, la única hermana que le quedaba era una persona egoísta y malvada. 

—Muchas gracias, Harry —dijo la mujer, secando sus lágrimas—. De todas formas intentaré conseguir alguna fotografía como sea. También soy su hija y tengo el mismo derecho que Petunia. 

Hubo un breve silencio que luego Harry rompió con una afirmación que puso muy feliz a Lindsey, provocando incluso una de sus hermosas sonrisas.    

—Creo que.... ¡No! No creo, estoy seguro de que me gustaría estar contigo. Siempre soñé con salir de casa de los Dursley pero el profesor Dumbledore nunca lo ha permitido.

—¿En serio? Pero ahora está de acuerdo. Ya inicié los trámites, aun sin saber si estabas de acuerdo —comentó la mujer, acariciando la mejilla de su sobrino—, desde luego, si me rechazabas yo habría desistido enseguida, pero ahora que me has confirmado estar de acuerdo seguiré adelante, aunque Petunia me advirtió que se opondría. 

—Pero los de la corte tendrán que escucharme —intervino Harry con avidez—. ¿Para qué me quiere ella? 

—Quizá para lastimarme pero no lo conseguirá. ¡Harry! Compré una casa en Londres para que vivamos en ella cuando salgas del colegio en verano. Es un poco más pequeña que la de los Dursley pero tendrás tu propia habitación e incluso hay una de invitados en la que podrás alojar a tus amigos.  

Harry no podía creer lo que estaba escuchando, ese era el sueño de toda su vida. Siempre había fantaseado con que alguien lo rescatara de los Dursley, alguien que en sus sueños todavía no tenía rostro, ni nombre, ni género, pero ahora se había convertido en una maravillosa realidad, ese alguién ya tenía un rostro, uno hermoso porque era el mismo de su madre y tenía nombre: «Lindsey Cooper», pero a partir de ahora se sentiría feliz de poder llamarla «Tía Lindsey»

Harry le contó lo feliz que se sentía con sus expectativas y que no veía la hora de que el juez fallara a su favor debido a que se moría de ganas por salir de casa de los Dursley, incluso le contó acerca de los decepcionado que se sintió de no haberse podido ir con Sirius el año pasado y ella se sorprendió y conmovió con toda esa historia acerca del prolongado cautiverio del padrino de Harry, siendo inocente, pero al mismo tiempo se alegró de que alguien más, así fuese desde el exilio, lo quisiera. 

—No puedo imaginar su cara si llegara a verte... tía, tía Lindsey. Es extraño llamar a alguien así a parte de... 

—Ella siempre será tu tía y mal que bien siempre te recibió en casa pero, ahora podrás contar conmigo. 

Harry y Lindsey estuvieron hablando largo rato de todo un poco, de los amigos de Harry, cuales eran sus asignaturas favoritas y si le gustaría ir a conocer España algún día. Él sonrió al decirle que estuvo a punto de vivir en ese país cuando los Dursley querían mudarse a Málaga por asuntos de trabajo de tío Vernon, y que él se había preocupado mucho al pensar que no podría seguir asistiendo al colegio de magia y hechicería. 

—Claro que sí, habrías ido a Beauxbatons, como yo. El colegio francés recibe a todos los estudiantes del mediterráneo —respondió Lindsey, tomándolo por la barbilla—. Es curioso que nadie te haya dicho que habían otros colegios de magia.   

—Mi amiga Hermione siempre vive riñéndonos a mi otro amigo, Ron y a mí por no haber leído Historia de Hogwarts y otro acerca de la educación mágica que no recuerdo su nombre —dijo Harry, rascándose la cabeza, alborotando todavía más su cabello rebelde—. según ella allí lo explica bien. 

—Sí, es cierto, deberías leerlos pero ahora yo me encargaré de tu eduación ¿eh? Me aseguraré de que hagas tus deberes y que no te metas en problemas, aunque estoy segura de que eres un buen chico. 

—Que bueno, porque ya empezabas a sonar como Snape. 

—¿Snape? ¿El profesor de pociones? ¿El que era amigo de tu madre en sus años de colegio? 

—¿Amigo de mi madre? ¿Quien te dijo eso? —preguntó Harry extrañado. 

—Hagrid y pues... así es. 

—No lo creo, Snape no puede ser amigo de nadie, ni siquiera de sí mismo. 

—Bueno, lo noté bastante agrio la verdad, cuando lo conocí ayer. 

—No es solo agrio, él es... bueno, me odia, nos odia a todos. Es un amargado e insoportable que...

—¡Harry! Quizá solo es un profesor estricto y exigente, es natural que todos sus alumnos tengan esa impresión de él, pero no debes exagerar. ¡Verás! Si tienes alguna dificultad con su asignatura, yo podría ayudarte.  

En ese momento sonó la campana que anunciaba la segunda hora de clases y ambos miraron el reloj. 

—¿Cuál es tu siguiente clase? —preguntó Lindsey, echando un vistazo al horario que McGonagall le había entregado previamente a Harry y que había caído al suelo junto a su mochila. 

—Cuidado de Criaturas Mágicas —comentó Harry con una expresión de preocupación, mientras miraba el pergamino. 

—¿No te gusta? 

—Bueno... Hagrid me cae muy bien, es un gran amigo. 

—Me refiero a su asignatura. 

—No mucho, la verdad, él siempre tiene animales peligrosos y...

—¿Animales peligrosos? —se alarmó Lindsey. 

—Bueno, no precisamente peligrosos sino más bien... desagradables y... No me gustan esa clase de animales

—Tranquilo, ve a tu clase, cariño y salúdame al buen Hagrid. 



Cuando Harry llegó a su clase comprendió perfectamente la enorme sonrisa en el rostro de Hagrid, y él a su vez dedujo que este ya había conocido a su tía. Ni Ron ni Hermione podían creer lo que Harry les contó acerca de su nuevo pariente. 

—¿Estás bromeando? —preguntó Ron—. En serio ya dinos por qué McGonagall te llevó a la enfermería. 

—Ya se los dije, Ron, allí estaba la nueva medimaga del colegio y es la hermana gemela de mi madre. 

—¡Por los calzones bombachos de Merlín! —exclamó Ron. 

—¡Por todos los cielos! —exclamó Hermione, entre sorprendida y sonriente.

Mientras llegaban los alumnos y Hagrid les mostraba los escregutos de cola explosiva con los que trabajarían a partir de ese momento, Harry les contó a sus amigos todo lo referente a su tía y como es que había terminado en el extranjero, lejos de sus verdaderos padres y su hermana gemela. 

—¿Y dices que tu tía Petunia la echó de su casa? —preguntó Hermione mientras se enjugaba las lágrimas—. Comprendo su sorpresa pero... ¿Ni siquiera le dio un beso o un abrazo? 

—¿Qué te sucede, Granger? ¿Por qué estás llorando? ¿Tanto miedo le tienes a esas pequeñas bestias que nos tiene Hagrid? Y esto es tan solo el comienzo, te aseguro que crecerán y se pondrán peores. 

Hermione ni siquiera le hizo caso, pero Harry y Ron lo fulminaron con la mirada. 

—Métete en tus propios asuntos, Malfoy o terminarás en la enfermería lloriqueando como el año pasado —se burló Harry mientras Ron estallaba de risa. Luego se volvió hacia sus amigos—:  ¿Crees que tía Petunia abrazaría a alguien que luce como mi madre y que además es una bruja? Lo mejor de todo es que mi tía Lindsey desea adoptarme, incluso compró una casa en Londres. 

—¿Pero estás seguro que podrá? —preguntó Hermione, no muy optimista—. Es que ella tendría que litigar en las dos comunidades, la mágica y la muggle, debido a que eres mestizo.  

—Harry no es mestizo, sus dos padres eran... 

—Es mestizo, Ron. Si toda su familia materna es muggle, Harry entra en la categoría de mestizos, además, no olvides que fue criados por muggles y son ellos los que actualmente tienen la tutela de Harry. 

—Tía Lindsey dice que tía Petunia se niega a cederme a ella.

—¡Que pedazo de!... 

—¡Ron! —lo reprendió Hermione, luego se dirigió a Harry— No te aflijas —dijo poniéndole la mano en un hombro a su amigo—. Estoy segura de que tu tía logrará quedarse contigo. 

—Y tú... ¿estás seguro de que te gustaría ir a vivir con una extraña, Harry? 

—¡Santo cielo, Ronald!

—Pero es cierto, Hermione, acaba de conocerla.

—No me hace falta demasiado tiempo para conocerla... Se parece mucho a mi madre y... me gusta su personalidad ¡Cielos! —Harry se sobresaltó cuando, después de poner en su caja a su escreguto, la cola de este estalló.  


A la hora del almuerzo, Lindsey Margaret Cooper fue oficialmente presentada ante el personal y el alumnado como la nueva medimaga de Hogwarts. Lindsey notó que, allí, en la mesa de los profesores, Severus Snape la miraba de reojo pero Alastor Moody, el nuevo profesor de D.C.A.O la miraba con descarada curiosidad, incluso con una expresión de sorpresa que le costó disimular. Al parecer, Albus Dumbledore también se dio cuenta de ello porque enseguida se la presentó, revelándole, sin mayores detalles, que ella era la hermana gemela de la fallecida Lily Potter. 

—Es un placer conocerla, señorita... señora... 

—Lindsey, solo llámeme Lindsey, profesor —dijo la mujer sonriéndole, aunque un tanto recelosa. Había algo en ese hombre que no le gustaba y no era precisamente su apariencia, sino más bien... algo raro. 

Durante el almuerzo, ella se enteró que el hombre había pertenecido junto a  los Potter y muchos otros más a La Orden del Fénix.

Además, por todo Hogwarts comenzó a regarse la noticia de que Lindsey no solo era la nueva medimaga del colegio, sino también la tía de Harry Potter, hermana gemela de su madre, lo que provocó que Draco, Malfoy al enterarse, no perdiera la oportunidad de buscarle problemas a Harry. Durante el receso, cuando se encontró con él, Ron y Hermione, comenzó a molestarlo. Lindsey que había estado observando a su sobrino desde una de las ventanas de la enfermería, se dio cuenta de que algo andaba mal y decidió bajar. 

—¡Vaya, Potter! Así que la medimaga resultó ser nada más y nada menos que una gemela perdida de tu madre.... ¿Dejarás a esos muggles con los que vives para irte a vivir con ella? No te costará trabajo, supongo. Después de todo si vienes de una casa de muggles, podrías perfectamente vivir con una sangre sucia. 

Harry enseguida sacó su varita mientras Hermione intentaba contenerlo. 

—¡No, Harry! No te dejes provocar. ¡Por favor, cálmate! 

—¡Cierra la boca, pedazo de escoria! —gritó Harry sin dejar de apuntar a Malfoy con su varita. 

—¿Acaso no es cierto, Potter? Si tu madre era una sangre sucia.... su hermana gemela también lo es.

En ese momento, todos quedaron sorprendidos al ver a Severus Snape,emerger detrás de una fuente, pero no tanto por su aparición como por su reprimenda a Draco. Él jamás lo había reprendido, al menos no delante de los Gryffindors. 

—¡Cierra la boca, Malfoy! —gritó con vehemencia. Resultaba extraño ver esa expresión al referirse a su alumno favorito y ahijado. 

—Pe... pero, señor, yo solo. 

—¡No quiero escucharte de nuevo refiriéndote en esa forma a alguien más!

—De acuerdo, señor —susurró Draco, medio desconcertado. 

—¡Ahora ve a tu sala común!. 

Lindsey llegó en ese momento, justo cuando Draco y sus amigos pasaron junto a ella en sentido contrario, refunfuñando. Se detuvieron por un momento para contemplarla con curiosidad y casi enseguida continuaron su camino. 

—¡Y ustedes!... Deberían hacer lo mismo. ¡Lárguense de mi vista, ahora! 

—Pero si nosotros no hicimos nada malo —protestó Ron. 

—Dije ahora, Weasley. 

—¿Sucede algo malo con los niños, profesor? 

Severus al mirarla se sobresaltó, sin poder evitarlo, comenzó a transpirar y a palidecer. Estaba perdiendo el control de nuevo y odiaba hacerlo, sobre todo frente a sus alumnos. No podía permitir que lo vieran así, de modo que actuó de la peor forma, irritando a la medimaga al ver de qué manera él trataba a sus estudiantes y sobre todo a Harry. Ella, que se había hecho la promesa de cuidarlo después de hablar con los Dursley, no estuvo dispuesta a tolerar eso. 

—¡Márchense! —insistió Snape con voz pétrea y determinante. 

—Estamos en nuestra hora libre. Fue Malfoy quien vino a molestarnos —protestó Harry. 

—¡Lárgate, Potter! No quiero verte... a ninguno de los tres. 

—Me parece muy grosero de su parte tratar así a sus alumnos, profesor Snape... ¿Qué sucede, Harry? 

Snape ni siquiera la miró, se dio media vuelta y se alejó. 

—No sucede nada, tía Lindsey —se apresuró a responder Harry—, es solo que... Olvídalo, será mejor que nos vayamos de aquí, no quiero toparme de nuevo con Malfoy y tener que darle su merecido. 

—¡No quiero problemas! ¿Eh? —dijo Lindsey, tomándolo por los hombros, recordando cuando la señora Pomfrey le dijo que James Potter, el padre de Harry, solía quebrantar las reglas constantemente—. No te metas en problemas, cielo y cualquier cosa que suceda contigo, házmelo saber ¿sí?  Recuerda que ahora puedes contar conmigo. 

Harry asintió con la cabeza. 

Ron y Hermione no dejaban de mirarla con asombro. Ellos también habían visto a la madre de Harry en las fotografías que él conservaba en un álbum que le regaló Hagrid en su primer curso.

—¿Ellos son tus amigos? 

—¡Ah! Sí, disculpa que no te los había presentado antes... Ellos son Hermione Granger y Ron Weasley, mis mejores amigos.  

—¡Oh! Es un placer conocerlos, chicos —dijo Lindsey mientras estrechaba sus manos—. ¡Weasley! —exclamó de repente—. Entonces tú eres el amigo con el que Harry estaba pasando sus vacaciones, ¿no es así? 

—Sí, así es... a Harry le encanta venir a mi casa, señora Cooper. Yo... disculpe, es asombroso, usted es idéntica a... 

—Sí, cariño, ya lo sé, soy idéntica a mi hermana —respondió Lindsey riendo—. Muchas gracias por recibir en tu hogar a mi sobrino—. Y tú, Hermione, me han dicho que eres una de las mejores alumnas del colegio y que incluso has ayudado mucho a Harry... Te lo agradezco. 

—No es nada, señora Cooper —respondió Hermione entre halagada y conmovida. Ver a Lindsey era como conocer a la madre de Harry—.  Ha sido un placer. 

—Pero no sean tan formales conmigo, pueden llamarme Lindsey... a excepción de tí, Harry, me hace mucha ilusión que me llames «tía» y creo que me estoy estrenando como tal. 

Todos rieron con el comentario. 

—Traten de andarse con cuidado, ¿eh? ¿Qué fue lo que sucedió? 

—Draco Malfoy estaba molestando a Harry llamándola a usted... bueno, llamandote... 

—¡Ya basta, Ron! —se quejó Harry. 

—¿Qué cosa? —preguntó Lindsey con curiosidad. 

—Bueno, me cuesta trabajo decirlo porque yo no suelo jamás decir eso. 

—¿Y bien?

—Él dijo que usted... es decir, que tú... Te llamó sangre sucia —reveló Ron al fin—. Es un abusivo repugnante, por eso todos lo odiamos. 

—¿Ah sí? ¡Vaya! Entonces es un pequeño defensor de la supremacía de la sangre pura —comentó Lindsey riendo, lo que llamó la atención de los muchachos—. Pierdan cuidado, chicos. Eso suele suceder cuando los magos son demasiado ignorantes o lo suficientemente orgullosos como para no investigar en los libros de genética mágica.  

—¿Genética mágica? —preguntó Harry. 

Ron se veía tan confundido como Harry y Hermione más bien se veía expectante y emocionada de aprender algo nuevo. 

—Sí, aprendí sobre ello en la academia pero pueden encontrar cualquiera de esos libros en la biblioteca. En ellos se habla del genoma humano que no es más que la secuencia de ADN contenida en 23 pares de cromosomas en el núcleo de cada célula humana diploide. De los 23 pares, 22 son cromosomas autosómicos y un par determinante del sexo. En el caso de los magos 21 pares son cromosomas autosómicos, uno es determinante del sexo y el otro es el que determina el don mágico, pero este suele perderse en las generaciones si los individuos no mezclan su estructura molecular con individuos no mágicos. Es decir, que ninguna familia es de sangre completamente pura desde el inicio, aunque muchas familias suelen llevar a cabo la desagradable práctica de la endogamia o incesto para mantenerse «puros» pero con esto solo logran atrofiar su ADN. 

Harry y Ron siguieron igual de confundidos, pero Hermione más bien estaba maravillada con la información. Si ya le agradaba la tía de Harry aún sin conocerla, ahora le agradaba el doble. 

—Eso es asombroso se admiró Hermione. 

—Chicos, será mejor que se alejen de ese pequeño cretino, no me gustaría que tuvieran problemas —advirtió Lindsey. 

—Siempre lo intentamos, pero él adora seguirnos para molestarnos, en especial a Harry. 

—¡Ron! —volvió a reñir Hermione. 

—Tendré que tenerlo muy vigilado entonces —respondió Lindsey y en ese momento sonó la campana que anunciaba la próxima clase—. Ajá, ya es hora de regresar al castillo, chicos. Yo iré a la enfermería a llenar unos formularios. 

Los chicos se alejaron pero la medimaga alcanzó a escuchar un «No debiste decirle, Ron» de parte de Harry. Lindsey negó con la cabeza mientras sonreía y avanzaba de regreso al castillo. Le agradaba tanto su sobrino, apenas lo conocía y ya sentía que lo amaba. ¿Sería acaso el llamado de la sangre? Le gustaba saber que tenía amigos que lo apoyaban, pero también estaba alerta al saber que había gente a la que no le caía bien como ese tal Malfoy o el profesor Snape. Lindsey no entendía cómo él, siendo tan amigo de Lily como era, ahora parecía detestar a su hijo... ¿Qué pasaba por la mente de ese hombre tan extraño?... De todos modos ese no era asunto suyo. 

Mientras Lindsey comenzaba su ascenso por las escaleras movedizas hasta el tercer piso, otro pensamiento cruzó por su mente, fue más bien una idea repentina que no pudo evitar y que segundos más tarde se recriminó... 

De pronto se visualizó a sí misma y a Harry viviendo en la recién comprada casa de Londres, pero no estaban solos, no, con ellos vivía alguien más, alguien que la miraba con esos preciosos ojos grises y que le hablaba en inglés aunque con ese seductor acento francés... Ella, Harry y Noah vivían juntos, como una familia. 

—Pero ¿qué demonios estoy pensando? —se dijo a sí misma mientras se detenía a medio camino de un pasillo del tercer piso.

Noah ya no era su esposo, por mucho que lo extrañara y que todavía lo siguiera amando, tenía que aceptar que ya nada sería como antes, ya no estarían juntos porque él lo había arruinado todo con esa... esa... ramera. Si el juez muggle fallaba a su favor, en la casa de Londres solo estarían Harry y ella porque allí no habría cabida para Noah. Lo afirmaba desde la dignidad, aunque su corazón se muriera de dolor. 

En ese momento algo llamó su atención y la distrajo de sus pensamientos. Severus Snape salía de la enfermería y cuando sus ojos se encontraron, ella volvió a percibir esa especie de miedo e incertidumbre que el hombre guardaba en su mirada. 

—¿Necesitas algo, Snape? 

—No, en lo absoluto. Ya... hablé con la Señora Pomfrey. 


Él mentía, la verdad era que sus pasos taciturnos lo llevaron casi por inercia hasta ese lugar mientras su mente buscaba miles de excusas para justificarse, sin darse cuenta siquiera de que con solo mirar su aspecto estaría más que justificado. Había tocado la puerta y al no obtener respuestas decidió entrar. No vio a la señora Pomfrey, cosa que agradeció (quizá estaba en su despacho) pero tampoco estaba Lindsay. Solo quería mirarla una vez más porque desde que la había visto por primera vez, esa mujer se había convertido en una maldita obsesión para él y odiaba sentirse así. 

Ella había logrado confundirlo y aturdirlo hasta el punto de povocarle delirios nocturnos que más tarde se convertirían en insomnio. Tenía una batalla interna: no quería mirarla, no quería tenerla cerca porque ella no era Lily, solo era su sombra, su reflejo o su fantasma, pero al mismo tiempo se moría de ganas por contemplarla así fuese de lejos. Si bien no era Lily, era su viva imagen y era lo más cerca que podía estar de ella. 

¡Maldición! ¿Por qué tenía que aparecer esa mujer en su vida? ¿Por que no se había quedado en España? ¿Por qué lo ponía tan nervioso? 

—¡Espera! —dijo Lindsey al ver que él hacía el amago de marcharse.

Él no quería hacerle caso, pretendía seguir avanzando sin dar explicaciones, no tenía por qué darlas, pero simplemente no pudo, se quedó allí, rígido y estático, contemplando el rostro de Lindsay mientras ella a su vez, examinaba el suyo pero con una curiosidad profesional.   

—¿Te encuentras bien?

—Sí —masculló el profesor, intentando marcharse de nuevo pero esta vez, la medimaga lo tomó del brazo para impedírselo, e inmediatamente después le palpó la frente, confirmando sus sospechas. El hombre tenía mucha fiebre.

—Pues no lo creo —respondió Lindsey, analizando sus pupilas, encontrándolas más dilatadas de lo normal. Temblaba un poco (quizá a causa de la fiebre) y estaba bastante tenso—. Debes tener al menos treinta y nueve grados de temperatura, sigues estando pálido y me gustaría revisar tu presión arterial. ¿Desde cuando te sientes enfermo? ¡Entra! Voy a examinarte y te firmaré una licencia por hoy porque así no puedes trabajar.  

—Dije que estoy bien —respondió Snape, arrastrando las palabras y fulminándola con la mirada mientras se zafaba de un tirón de su agarre.   

Fue en ese momento que ella cayó en la cuenta de algo al recordar la reacción del hombre al verla por primera vez el día anterior... Él se había desvanecido debido a la impresión y de seguro todavía estuviese sufriendo las secuelas. Se sintió un poco culpable pero ¿Por qué a nadie más parecía afectarle de esa manera sino a él? ¿Tendría algo que ver con alguna sensación de remordimiento por su horrible conducta hacia Lily cuando eran amigos? pero entonces ¿por qué había tratado a Harry de esa forma tan fría y dura? y ¿por qué la trataba asi a ella? No lo sabía pero estaba dispuesta a averiguarlo.  

—¿Qué rayos sucede? Solo quiero ayudarte. Es todo. 

—¡No necesito tu ayuda! —exclamó Snape, pero justo al hacerlo lo embargó una terrible sensación de dejavú que lo obligó a abrir los ojos en una expresión de sorpresa que luego intentó disimular, adoptando la misma actitud parca de hacía tan solo unos segundos—. Yo... debo retirarme. Gracias por su ayuda... señora Cooper —masculló luego antes de marcharse sin dar explicaciones, como era su deseo.  

  Lindsey se quedó allí, contemplándolo mientras su capa se arremolinaba detrás de él, de la misma forma que las preguntas se arremolinaban en la la mente de ella. ¡Qué tipo más raro! No entendía su actitud y a decir verdad no le importaba ya que no soportaba a los tipos prejuiciosos y defensores de la pureza de la sangre, como él y ese pequeño rubio que había molestado a Harry hacía rato. Ella había sentido pena por él en un principio, pero su actitud hosca y grosera no hacía más que confirmar que le molestaba el estatus de sangre de la nueva medimaga del colegio, así como una vez le había molestado el estatus de sangre de su mejor amiga, cuando él comenzó a frecuentar amistades que creería más dignas de él. 


Nota de autora: Hola, amigos, muchas gracias por seguir esta historia, por votar y comentar, incluso por seguirme, es algo que valoro, pero en esta ocasión me gustaría promocionar la historia de mi amiga Rubi Galasanz y que anteriormente seguía por otra plataforma llamada Potterfics, se trata de Siete años en Hogwarts y su secuela El momento de las revelaciones que debido a problemas técnicos con potterfics, se dedicó de lleno a seguirla en otra plataforma, es decir, wattpad donde incluye imágenes maravillosas. Les agradecería que se pasaran por allá para apoyarla 


Link de siete años: https://www.wattpad.com/story/49972016-siete-a%C3%B1os-en-hogwarts

Link de El momento de las revelaciones: https://www.wattpad.com/story/70808068-el-momento-de-las-revelaciones




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