Historia al azar: La vida sin Voldemort
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Lindsey Cooper, la hermana de Lily Evans » ¡Hola, tía Lindsey!
Lindsey Cooper, la hermana de Lily Evans (ATP)
Por Hermaire
Escrita el Sábado 11 de Enero de 2020, 20:34
Actualizada el Jueves 29 de Octubre de 2020, 20:58
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¡Hola, tía Lindsey!

Capítulos
  1. El nacimiento
  2. Magia
  3. La verdad
  4. Lista para el viaje.
  5. Albus Dumbledore
  6. Hogwarts
  7. Conociendo a los Dursley
  8. Valle de Godric
  9. Severus Snape, ¿el amigo de Lily?
  10. ¡Hola, tía Lindsey!
  11. Conociendo un poco más
  12. Una visita nocturna
  13. La vista en el juzgado
  14. No eres ella
  15. Desahogo
  16. La llegada de Beauxbatons
  17. ¡No puede ser posible!
  18. Un pequeño enfrentamiento.
  19. La carta del abogado
  20. La primera prueba
  21. La vista en el juzgado
  22. Una contienda lejos del juzgado
  23. El anuncio de Dumbledore
  24. Una carta de tía Petunia
  25. ¿Irías conmigo al baile?
  26. El baile
  27. Un espía en el pasillo
  28. Incertidumbre
  29. Un nuevo artículo de Skeeter
  30. El paseo
  31. Amor
  32. Un intruso
  33. Gemelas.
  34. Revelación.
  35. Perdóname
  36. ¿Qué sucede con Lindsey?
  37. La segunda prueba del torneo
  38. ¿Ocurrió de nuevo?
  39. Antídoto
  40. Muerte en el castillo
  41. Cuidaré de ti
  42. La excursión a Hogsmeade.
  43. Una grata visita.
  44. El fantasma
  45. ¿Qué diantres está pasando?

—¿De qué rayos está hablando Malfoy? —preguntó Harry intrigado a sus amigos. 

—No tengo la menor idea, pero es evidente que quería que le preguntásemos —contestó Hermione—. Y tú, ya cálmate, Ron. No dejes que Malfoy te afecte. 

—No me afecta... es solo que... ¿no escuchaste lo que dijo de mi padre? Él no ha ascendido porque prefiere quedarse con su puesto y trabajar en asuntos de muggles no porque —dijo el pelirrojo pero su voz quedó amortiguada cuando cerró la puerta corrediza tan fuerte que el vidrio se hizo añicos... 

—¡Ron! —exclamó Hermione, reprendiéndolo, luego apuntó la puerta—. ¡Reparo! Sí, Ron, ya lo sabemos. Si tu padre se siente bien con su actual puesto nadie debe cuestionarlo.  

—Es un idiota —siguió Harry mientras miraba el paisaje agreste a través de la ventanilla—. Solo vino aquí a jactarse de saber algo que nosotros no. 

—Tal vez solo lo hace para molestarnos. No sabe nada, es mentira —dijo Hermione, mirándolo por encima del libro que leía—. Este será un año normal, como todos los demás. 

—Hermione ¿los años anteriores te han parecido normales? —preguntó Ron perplejo. 

—No precisamente pero... me refiero a que no creo que haya algo especial este año. 

—No lo sé... noté cierto misterio en mis padres cuando tocaban el tema de Hogwarts durante el verano. 


Harry siguió mirando a través de la ventana. El enojo tras la intromisión de Malfoy en su compartimento se fue mermando, sobre todo por la sensación de que algo extraordinario lo aguardaba al llegar al castillo. Tal vez ese idiota sí supiera algo después de todo y debía ser extraordinario o de lo contrario no sonreiría o se jactaría de esa forma, pero... ¿y si era algo malo? Si lo hacía feliz no debía ser algo bueno... ¡Qué rayos! —pensó Harry mientras sonreía. Debía estar feliz por el simple hecho de acercarse a Hogwarts cada vez más, con estar con sus amigos y sobre todo, lejos de los Dursley. 


Mientras tanto en la oficina del director Dumbledore, Snape se incorporaba con dificultad del diván, sentándose mientras intentaba enfocar la mirada. Todo a su alrededor le daba vueltas, sentía una gran debilidad y estuvo a punto de sucumbir de nuevo al escuchar esa voz y mirarla. 

—¿Te encuentras bien? ¿Cómo te sientes?


¡Por la barba de Merlín! No podía ser posible. ¡Era ella! Esa era su voz... y su rostro. Se veía más madura, pero era ella y parecía.... viva. Podía sentir la calidez y suavidad de su piel cuando le palpó la frente con su mano. ¡No! No era un fantasma, era un ser de carne y hueso. Ella hablaba pero él no podía escucharla porque todavía estaba medio sumido en un letargo que lo aislaba de la realidad. ¿Cómo era posible que ella estuviese allí? Él jamás había visto su cadáver, no había querido verlo pero estaba seguro de que ella estaba muerta o de lo contrario ¿Dónde había estado metida todo este tiempo?... —pensó él mientras la miraba con detenimiento. Ella miró al profesor Dumbledore con una expresión de preocupación. 

—Puedo ir por mi equipo para medir su frecuencia cardiaca —dijo haciendo el ademán de marcharse, pero Dumbledore la retuvo. 

—No, descuida, pienso que no hará falta. Creeme cuando te digo que es absolutamente natural que se encuentre tan pasmado.        

—¿Usted cree? Está muy pálido y su pulso está muy acelerado —dijo Lindsey, volviendo a tomar la muñeca de Snape para examinarlo—. Además, parece no reaccionar.

Pero en ese preciso instante lo hizo, él retiró su mano fuera del alcance de la medimaga como si su contacto lo quemara, se levantó tambaleando del diván y se alejó. 

—¡Lily! —exclamó con voz trémula debido al estupor—. ¿Qué rayos significa esto, Albus? ¿Por qué ella?... 

—No soy Lily —se apresuró a sacarlo del error la mujer. Dumbledore permaneció callado, atento a su reacción—. Mi nombre es Lindsey Margaret Cooper, soy la nueva medimaga del colegio y bueno... también soy la hermana gemela de Lily Evans. Sé que eras su mejor amigo así que comprendo tu reacción. 

—Eso no... puede ser cierto... Lily no tenía ninguna... es decir, su única hermana es Petunia Evans y jamás... 

—No seas tan cerrado, Severus —intervino Dumbledore al fin mientras él volvía a tomar asiento. Estaba transpirando y se pasaba las manos por la cara una y otra vez mientras forzaba a su mente a buscar una explicación lógica, por más que la estuviese escuchando ya. 

—¿De dónde saliste? ¿Por qué Lily jamás me contó nada al respecto?  

—Es una larga historia, pero... —Lindsey odiaba malponer a Emily al revelar la verdad pero no había otra alternativa más que decirla, era lo justo además—. El día en que Lily y yo nacimos, una de las enfermeras que atendía el parto de mi verdadera madre me... secuestró y huyó conmigo a España donde crecí. A los diez años fuí a Beauxbatons donde me correspondía debido a mi ubicación geográfica, y después me formé en la academia de medimagia.  

Severus seguía pasmado. Ella se acercó a él con compasión y le colocó una mano en el hombro. 

—Puedo traerte una poción para calmar los nervios —ofreció, pero él volvió a apartarse de forma abrupta para deshacer el contacto.   

—¡Estoy bien! —dijo sin gritar, pero con tanta determinación que hizo sobresaltar a Lindsey. Dumbledore negó con la cabeza, imaginó que él no tomaría la situación a la ligera. 

Esa mujer no tenía idea de la mezcla de emociones que estaba sintiendo en su interior en ese instante. Por un momento, en medio de la gran impresión llegó a invadirlo también una gran alegría al pensar que se trataba de Lily... quizá, de alguna forma hubiese sobrevivido y decidió regresar, pero no... ¡No sonaba lógico! Solo Potter había sobrevivido esa noche maldita.... solo él, pero en el fondo conservaba una esperanza hasta que escuchó la explicación: No se trataba de Lily, sino de su hermana gemela, así que una terrible decepción se apoderó de su ser.... ¡No era ella! Pero eran tan parecida a Lily, más que parecida era su viva imagen, asombrosamente idéntica a ella. Él jamás había olvidado su imagen, ni tampoco su voz y por lo tanto podía compararlas sin dificultades. 

Por su parte Lindsey también estaba decepcionada, pese a que ya le habían advertido que Severus Snape era un hombre parco y huraño, sabía que había sido el mejor amigo de Lily, así que por un momento pensó que también podría serlo de ella y de esta manera ganar un amigo más en Hogwarts, ya que con Dumbledore, la señora Pomfrey y Hagrid ya se la llevaba bastante bien. Todos en Hogwarts habían tomado a bien su llegada, todos le habían dado palabras de aliento y bienvenida, todos a excepción de él cuya reacción le hizo recordar a Petunia y nunca lo hubiese imaginado ya que había sido amigo de Lily, su mejor amigo, o quizá no lo había sido después de todo... ¿seguiría despreciandola todavía debido a su estatus de sangre? —pensó la mujer al recordar lo narrado por Hagrid.     

—De acuerdo yo... no quise importunarte... ni a ti ni a nadie —dijo con un hilo de voz mientras juntaba las  manos, luego se dirigió al profesor Dumbledore con voz resignada—. Será mejor que me retire. Si me necesita estaré en la enfermería con la sanadora Pomfrey, señor director. ¡Ah! y no olvide que el profesor... Snape, debe ingerir algo dulce para que se reponga más rápido, aunque afortunadamente ya le veo mejor semblante. 

Cuando Lindsey salió del despacho, un par de lágrimas rebeldes se escaparon de los ojos del profesor de Pociones, pero enseguida él se apresuró a removerlas con la manga de su túnica. Dumbledore no pasó desapercibido este detalle pero no quiso importunarlo haciendo comentarios, simplemente se dirigió al escritorio para servirle un pedazo de pastel de limón. Severus, al percatarse de lo que hacía, quiso detenerlo.

—Lo único que necesito es que me expliques por qué esa mujer vino ahora y por qué no lo había hecho antes —dijo, tomándole la mano al director. 

Dumbledore lo miró a los ojos, sonrió y, tratando de disolver un poco la tensión y el nerviosismo del hombre comentó: 

—Pensé que me preguntarías de nuevo por qué decidí darle el puesto de D.C.A.O a alguien más, y específicamente a Alastor Moody. 

—Sabes muy bien que en un momento como este eso es lo que menos me importa, Albus —respondió Severus, muy alterado, después de soltar la mano del director—. ¿Cómo es que?... ¿Por qué no vino antes?... ¿Por qué nadie sabía de ella sino hasta ahora? 

—Su madre le reveló la verdad acerca de su origen hace solo unos meses, Severus —dijo el director, observando cómo el profesor de Pociones tomaba asiento de nuevo, esta vez frente al escritorio. Fawkes dejó escapar un chillido que lo hizo sobresaltar, estaba muy nervioso—. Comprendo tu reacción y hasta tu actitud pero, no tienes idea por lo que ha pasado en tan poco tiempo: Hace tan solo unos meses su madre murió, rompió su matrimonio de diesiseis años y descubrió toda esta barbaridad acerca de su origen. No conforme con todo esto decide regresar a su país de origen, con la idea de encontrar a sus padres y hermanas y a pesar de la tristeza que ya llevaba en su corazón por todo lo ocurrido, una luz de esperanza y entusiasmo brilló en su interior con la idea de encontrar a su familia... ¿Puedes imaginar mi cara al verla, Severus? 

Snape no se atrevía a mirar al director, tenía la vista fija en sus manos temblorosas, las cuales tenía entrelazadas sobre la superficie del escritorio. 

—Ella llegó junto a Madame Maxime, directora de Beauxbatons, vino a buscarme porque sabía que yo estaba buscando a un medimago para el colegio y Maxime le habló de mí. Cuando la vi por primera vez me sorprendí muchísimo hasta que supe la historia. Ella moría por encontrar a su familia y pensaba que solo yo podía ubicarla al tener los archivos de antiguos estudiantes. Pero tuve que ser el portador de las nefastas noticias que todos habíamos escuchado ya hace trece años. No solo sus padres verdaderos habían muerto también, sino Lily, su hermana gemela y para colmo de males, Severus, su única hermana, Petunia Dursley la recibió como bien debes imaginar, con miedo al principio y un profundo desprecio después.    

—Potter —susurró Snape, más para sí mismo—. ¿Qué sucederá cuando la vea?

—Nada, supongo que se alegrará aún más que tú y Petunia —comentó Dumbledore como si nada. 

—¡Ella no es su madre! ¡No es Lily! —dijo levantándose del asiento mientras golpeaba la superficie del escritorio con las palmas de las manos. Su voz temblorosa y cargada de rabia, aunada a los ojos brillantes le indicó al director cuanto dolor le provocaba su propia afirmación. 

—Y eso es lo que te molesta, ¿no? Que no se trata en realidad de la mujer que amaste y que continuas amando a pesar de tantos años? 

—¡No le habrás contado una sola palabra! —dijo con voz susurrante aparentemente determinante pero con un matiz de temor que el director no pasó por alto—. Tú me prometiste... 

—Jamás en mi vida he olvidado una promesa, Severus —respondió Dumbledore con tono ofendido—. Y no voy a empezar ahora. Te lo dije entonces y lo reitero: Nunca voy a revelar tu mejor parte. Algo de lo que deberías sentirte orgulloso. 

—No quiero seguir hablando de esto ¡Ya basta!   

—De acuerdo, si es lo que quieres, pero recuerda que ahora tendrás que convivir con ella, con Lindsey... así que será mejor que te vayas haciendo a la idea.   

A pesar de que Severus tenía mejor color y semblante, era evidente que todavía se encontraba bastante afectado. 

—Ella piensa adoptar legalmente a Harry. 

—¿Qué? Pero... 

—Puede hacerlo —afirmó Dumbledore, mientras le ofrecía un poco de copos de maíz a Fawakes—. Ella, al igual que Petunia lleva la sangre de Lily en sus venas, así que con ella estará a salvo, pero tendrá que enfrentarse a una batalla legal muggle primero, antes de que las autoridades mágicas le concedan la custodia definitiva. Petunia Dursley se ha negado en un principio. Tal vez lo hace por fastidiar. Parece odiarla con la misma intensidad que a Lily, aunque ambos sabemos qué es lo que en realidad le pasa con respecto a la magia... 

—Yo... voy a retirarme, voy a mi habitación —dijo el hombre, levantándose de su asiento. 

—Descuida, Severus, te entiendo —dijo Dumbledore comprensivo—. ¡Ah! No olvides esto, es la lista de estudiantes que tendrás este año para los TIMOS y EXTASIS. 

Severus la tomó y se marchó del despacho como un alma en pena. Dumbledore también sintió compasión por él pues no debía ser fácil estar en su lugar. Su mirada al ver a Lindsey por primera vez no solo estaba cargada de asombro, sino de esperanza, una esperanza que fue muriendo conforme se enteró de la verdad. Dumbledore estaba convencido de que su vida no sería la misma de antes. Lindsey había llegado al país y a Hogwarts para transformar algunas vidas, le gustase o no. Sabía que su sola presencia lo perturbaría y que tal vez le removería sentimientos que él había mantenido dormidos por años o quizá muy despiertos ante un simple recuerdo pero nada podía hacer por evitarlo, solo esperar para ver qué sucedía más adelante. De lo que sí estaba seguro era de que nada en la vida sucedía por casualidad.  

Snape entró al fin en su despacho, arrojó los documentos recién recibidos sobre el escritorio y su equipaje en un rincón para luego seguir hasta su habitación con una sola pregunta en su mente: ¿Qué demonios estaba sucediendo? ¡Lily tenía una hermana gemela! Solo eso podía explicar el asombroso parecido de esa mujer con ella. El profesor seguía con una mezcla confusa de sentimientos en su interior. Por una parte no quería volver a verla porque le temía a su propia reacción, odiaba perder el control como lo había hecho hacía solo unos minutos. No sabía si en cualquier momento se abalanzaba sobre ella para capturarla en un abrazo y así poder sentir, de alguna forma, que Lily había regresado y que podría sentirla otra vez, tocarla, aspirar su perfume y verla de nuevo con vida como tantas veces sucedió en sueños, tan solo en sueños. Pero por otra parte se moría por verla de nuevo. 

Todo era tan confuso... No era Lily, no era ella... su nombre era Lindsey, si mal no recordaba, venía de España y tenía una vida totalmente diferente, había estado casada por dieciséis años lo que lo llevó a preguntarse por qué la mujer habría roto su relación. No era Lily pero lucía como ella, hablaba como ella y olía como ella. Pudo sentir su perfume cuando se acercó para examinarlo de nuevo... Quería que ella se fuera de inmediato y que dejara su vida como estaba antes de su regreso, pero al mismo tiempo le aterraba la idea. ¡No! No podía irse. 


Al anochecer llegó por fin el contingente de alumnos al castillo, en medio de un torrencial aguacero. Harry saludó a Hagrid al salir del tren y notó que estaba más entusiasta que de costumbre cuando le respondió el saludo. Lo abrazó de tal forma que casi lo asfixia y además lo miraba de forma extraña, como si supiera algo que él ignoraba, pero a diferencia de Malfoy, con él no le dio mala espina. 

El grupo se encaminó al castillo a bordo de las acostumbradas carretas sin caballos y cuando todos pensaban que estaban a salvo del agua al alcanzar el vestíbulo, se dieron cuenta de lo equivocados que estaban pues Peeves los recibió arrojandoles globos de agua, afortunadamente la profesora MacGonagall los salvó al amenazar al duende con que llamaría al director. No obstante Harry no pasó desapercibida la extraña mirada de la profesora que, aunque sabía que le guardaba cariño pues hasta le había regalado una escoba nueva en una ocasión, jamás lo había recibido con un abrazo ni tampoco le había acariciado las mejillas mientras le sonreía y le daba la bienvenida. 

—¿Qué mosca le picó? —preguntó Ron cuando se enfilaban a través de las mesas en el gran comedor.     

Harry se encogió de hombros por toda respuesta. 


Unos pisos más arriba, Lindsey tenía la mano sobre los labios mientras se asomaba por una de las ventanas. La señora Pomfrey la miraba con conmiseración. 

—¡Ya están llegando! —dijo con emoción mientras temblaba.

Estaba tan emocionada como nerviosa. No sabía como Harry tomaría su presencia, si con cariño y felicidad como casi todos en el castillo o con miedo y desprecio como lo habían hecho Petunia y Snape. Por un momento guardó silencio al recordar el encuentro con el profesor: Él, a diferencia de Petunia no le había dicho palabras hirientes, pero sí notó rechazo, tal se debía a que al igual que Lily solo la consideraba una sangre sucia o tal vez no... después de todo Hagrid le había dicho que se había disculpado con ella, auque no había sido una disculpa particularmente fuerte sino más bien... ¿Qué más daba ya? —se reprendió a sí misma mentalmente. Lo verdaderamente importante era cómo la iba a recibir Harry. Sabía que no podía ir a verlo en esos momentos pero se moría de ganas por estrecharlo entre sus brazos y decirle que si él se lo permitía, a partir de ese momento se convertiría en su protectora. Él era lo único que le quedaba pues Petunia ya la había rechazado con vehemencia y sinceramente esperaba que con su sobrino la situación fuese muy diferente. 

—Te mueres de ganas por verlo, ¿no es así? —dijo la Sra Pomfrey. 

—Sí, pero al mismo tiempo muero de miedo... ¿Que tal si me rechaza y no quiere que lo adopte? Después de todo no soy más que una extraña, aunque sea su pariente de sangre. 

—Conozco a Harry Potter desde hace casi cuatro años ya y por lo tanto puedo dar fe de que él te recibirá con cariño. Se alegrará de saber que ahora podrá contar contigo —aseguró la sanadora, rodeandole los hombros con un brazo.  

—Quisiera tanto verlo así fuese de lejos —comentó la medimaga...


Pese al pasar de las horas, Severus Snape todavía se mostraba afectado, no podía dejar de pensar en ella, a pesar de haberla visto solo unos cuantos minutos. Tal vez su actitud le había parecido grosera a ella pero en ese momento él no había podido soportar su cercanía: lo descolocaba, lo perturbaba y amenazaba con sacarlo de control nuevamente. Por un momento estuvo a punto de subir las escaleras de piedra rumbo al tercer piso, con la excusa de preguntar a la Señora Pomfrey o quizá... a ella misma, si acaso necesitaban algunas pócimas que él pudiera preparar para el nuevo año escolar, pero enseguida descartó la idea al recordar que usualmente era la misma enfermera la que le hacía el pedido. No tuvo más remedio que encaminarse directamente al gran comedor y una vez en su asiento no pudo evitar buscar a Harry con la mirada. Lo halló enseguida, entre sus amigos como siempre, ajeno a todo lo que acontecería en su vida en muy poco tiempo. 

Miró a un lado y al otro en busca de Lindsey, ante la idea repentina de que ella pudiera estar allí y no en la enfermería como había creído, pero, a pesar de haber un asiento de más en la mesa, ella no estaba presente. Charity Burbage llegó en ese momento y le colocó una mano en el hombro. 

—Me alegra ver que tienes mejor semblante ¿cómo te sientes?  —preguntó, tomando asiento a su lado.  

—Estoy bien —respondió con su acostumbrada parquedad. 

—Comprendo tu reacción, es asombroso. Yo misma no pude dar crédito a lo que vi. ¡Mira al pobre Harry Potter! —dijo la maestra de Estudios Muggles, señalando al muchacho con la cabeza—. No tiene ni idea de que allá arriba en la enfermería se encuentra alguien igual a su madre. Dumbledore le sugirió a Lindsey no dejarse ver por el muchacho hasta mañana. 

—Comprendo —respondió Snape asintiendo, fingiendo no sentir el menor interés pero en el fondo agradeció la información. 

—¿Qué sentiste al verla? —insistió Charity, mirando a su amigo con curiosidad.

Él la miró con inquina. 

—Deja de preguntar tonterias ¿quieres? —espetó.  

—Está bien, pero no puedes negarme que...

—El director se acerca y por ende empezará la ceremonia —zanjó Snape. 


Luego de ocupar su lugar en la mesa, el director autorizó a la profesora MacGonagal a empezar la ceremonia de selección, así que la mujer colocó el sombrero en un taburete y comenzó a llamar uno por uno a los estudiantes de primero. Posteriormente el banquete inicio, reconfortando a los hambrientos, cansados y empapados comensales que comenzaron a engullir los alimentos sin ningún reparo, agradeciendo sobre todo las bebidas calientes. Muchos comenzaron a hacer conjeturas respecto al par de sillas vacías, atribuyendo la primera al nuevo profesor de D.C.A.O e ignorando por completo a quién pertenecía la segunda. Pero al menos una de sus dudas fue disipada una vez que terminó el banquete y el director comenzó a dar su acostumbrado discurso.  

Dumbledore les dio la bienvenida a los alumnos e hizo algunos anuncios, más que todo correspondientes a nuevas normas de seguridad, no sin antes  decir que ahora el colegio contaba con una medimaga, la cual, al igual que el nuevo profesor de D.C.A.O no estaba presente. El director solo la excusó a ella, explicando que llegaría al día siguiente a ocupar su puesto, no obstante no mencionó nada respecto al nuevo profesor. Sin embargo y justo cuando el director estuvo a punto de mencionar lo del Torneo de los Tres Magos, lo interrumpió la presencia de un mago que apareció en la puerta del gran comedor, empapado e invadiendo el lugar con su apariencia intimidante e imponente. El hombre se echó hacia atrás la capucha y se sacudió el agua de la melena antes de seguir avanzando hasta mesa de los profesores en medio del asombro de los demás. El director entonces aprovechó la ocasión de presentarlo y finalmente pudo hacer el tan esperado anuncio del evento. 

Todos estaban maravillados con el anuncio hasta que el director les aclaró que había un límite de edad para los aspirantes, entonces comenzaron las protestas que enseguida fueron extinguidas a una señal de Dumbledore, mientras les explicaba que serían seleccionados por un juez especial, sin agregar más detalles.     

Finalmente y después de hacer el anuncio, los estudiantes se retiraron a sus respectivas salas comunes con una mezcla entre alegría, entusiasmo, expectación y otros hasta decepción al saber que no podrían participar en el torneo que tendrían en octubre. Pero cuando Harry se fue a la cama esa noche no pudo imaginar siquiera que no tendría que esperar a octubre para recibir una maravillosa sorpresa. 


Al día siguiente, después de salir de la cama y arreglarse, cuando se dirigía al gran comedor para desayunar como siempre, fue interceptado por una entusiasmada y sonriente profesora MacGonagall que lo tomó por el brazo y lo separó de sus amigos Ron y Hermione, diciendo que necesitaba llevarlo urgentemente a la enfermería. 

—Pero, profesora, estoy bien, a pesar de que llegamos empapados ninguno de los tres se resfrió —alegó Harry, confundido.

—No se trata de eso, Potter, debes acompañarme. 

—Pero profesora, ¡Eh! probablement Harry se retrase para su primera clase de la semana, que por cierto todavía no sabemos cual es —dijo Hermione, igualmente desconcertada.  

—No se preocupe por eso, señorita Granger, Potter no tendrá que asistir a la primera Hora de clases, Herbología. La profesora Sprout sabe las razones y fue ella misma quien sugirió dispensarlo. ¡Por cierto, Granger! ¿Sería tan amable de repartir el nuevo horario en la mesa de Gryffindor por mí, estaré un poco ocupada. Muchas gracias —añadió la mujer después de darle un montón de pergaminos a la chica, después se alejó con harry por las escaleras. 

 —¿A la enfermería? —preguntó Ron, rascándose la cabeza. 

—No lo sé, pero será mejor que nos apresuremos  al gran comedor, nosotros no tenemos dispensa para saltarnos la primera clase. 


Por el camino, la profesora McGonagall no sabía cómo empezar a preparar a Harry para lo que vería, mientras en la enfermería, Lindsey se moría de nervios, esperando a su sobrino. 

McGonagall estaba consciente de que Harry estaba desconcertado con la repentina decisión de llevarlo a la enfermería, no sabía por donde empezar así que decidió detenerse abruptamente, tomarlo por los hombros, mirarlo a los ojos y arrancar con una pregunta. 

—Harry —lo llamó por su nombre de pila—, ¿qué harías si yo te dijera que de pronto ha aparecido un pariente tuyo?

—¿Alguien como Sirius Black? —preguntó el muchacho todavía más confundido mientras se colgaba la mochila al hombro.  

Ella negó con la cabeza mientras sonreía. 

—Me refiero a un pariente de sangre —aclaró.  

—Si es como los Dursley preferiría no conocerlo —dijo el muchacho sin poder evitar sonreír también. 

Harry notó que, sin dejar de sonreír, los ojos de la profesora comenzaban a humedecerse. 

—Imagínate —dijo la mujer—, que de repente aparece un pariente tuyo, alguien muy cercano aunque jamás lo hayas visto en tu vida y que ese alguien asegura venir para protegerte y que incluso te ama sin haberte visto siquiera en persona. 

—Lo imaginé toda mi vida —respondió Harry comenzando a preocuparse al ver que, tras su respuesta a la profesora se le escapaba un sollozo de conmoción—. ¿Qué sucede, profesora? —se aventuró a preguntar. 

—Es que... Verás, Harry. Hace poco descubrimos algo extraordinario, tan extraordinario como maravilloso. 

—¿De que... se trata? —intentó indagar con nerviosismo. 

—Es que hace unos días vino a Hogwarts alguien muy especial, Harry, se trata de nuestra nueva medimaga. 

—Sí, el profesor Dumbledore mencionó que hoy tomaría su puesto, ¿no? 

—Así es, Potter. Ella ha estado aquí todo el tiempo, es solo que no pudo estar en el banquete para evitar impresionarte. 

—¿Impresionarme? —preguntó Harry, atónito.

 ¿Acaso su apariencia podía llegar a ser incluso más impresionante que la del profesor Moody? —se preguntó internamente.  

—Sí, es que... pues... nuestra medimaga ha venido a ocupar el puesto para estar cerca de ti. 

—¿De mí? —preguntó, mirándola con extrañeza mientras se tocaba el pecho con la palma. 

—Sí, es que ella es... bueno, en realidad lo que te dije no se trata de una suposición al azar, de verdad tienes un pariente y es ella.  

—Pero, profesora, toda mi familia a parte de los Dursley murió. Mis padres y abuelos. No tengo más tíos sanguíneos que tía Petunia. 

La mujer negó con la cabeza mientras más lágrimas salían de sus ojos. 

—Tu madre tuvo otra hermana, una hermana gemela, Harry.  Es la viva imagen de ella. 

—¿Qué? —preguntó él palideciendo. 

—Sí, cuando ambas nacieron, ella nació casi muerta, una enfermera aprovechó la ocasión para  robarla y llevarla lejos de sus padres. Los Evans siempre creyeron que había nacido muerta. Fue criada en España pero recientemente se enteró de todo —dijo la mujer pero al llegar a este punto le ganó un nuevo sollozo—.  La pobrecita llegó a Inglaterra en busca de sus padres y hermanas pero descubrió que casi todos estaban muertos, a excepción de ti y... bueno, tu tía Petunia quien la recibió con miedo y rechazo. 

—No... no... no puede ser... ¿Es una broma?  

—Yo no soy de bromas, Potter y lo sabes, además jamás bromearía con algo así. Detrás de esa puerta está tu nueva tía, su nombre es Lindsey Cooper —dijo la mujer señalando la puerta de la enfermería—, y si estás preparado, si te sientes lo bastante apto puedes conocerla en cualquier momento. 

Unos cuantos pasos los separaban de la puerta, pero el muchacho acortó la distancia enseguida cuando corrió a través del pasillo y abrió la puerta con desesperación y el corazón hinchado de emociones que todavía no lograba definir ¿Alegría? ¿Miedo? ¿incredulidad? ¿Despertaría en cualquier momento? De pronto todo se volvió surreal para él, pero no, estaba despierto, podía sentir el pomo de la puerta bajo su mano, estaba frío y aquella que veía frente a él.... era su madre, la misma que había visto en fotos. Se quedó mirándola con asombro sin saber qué hacer o decir más que deslizar el pulgar por la correa de su mochila mientras ella le sonreía. 

—¡Harry! —exclamó ella mirándolo con dulzura mientras una sonrisa que se mezclaba con lágrimas se dibujaba en su hermoso rostro. 

—¡Mamá! —exclamó él sin poder evitarlo. Temblaba entero, tanto que se le terminó cayendo la mochila al suelo.

 Se sentía extraño al haber pronunciado esa palabra por primera vez en su vida, pero casi enseguida recordó que esa mujer no era su madre, sino su tía, no obstante por su mirada dulce y sus lágrimas pudo deducir que ella distaba mucho de tía Petunia.  

Lindsey no pudo contenerse más y comenzó a sollozar mientras abría los brazos, ahora que lo tenía enfrente sintió un arrebato de afecto aún más grande que cuando lo contempló por primera vez en una fotografía. Era su sobrino, el vulnerable, el huérfano, no el que había crecido rodeado de mimos y caprichos cumplidos, era el hijo de su hermana gemela muerta, el que necesitaba de ella, el que había crecido sin palabras dulces y muy probablemente sin besos de buenas noches. Sus lágrimas eran de conmoción, entendiendo perfectamente por qué la había llamado «mamá» a pesar de que tal vez la profesora MacGonagall ya le habría aclarado todo. 

—No soy tu madre, Harry, pero si me dejas, si me lo permites... te voy a amar como tal —dijo Lindsey entre sollozos. 

Harry estaba pasmado pero un impulso repentino lo hizo avanzar y estrecharla entre sus brazos. Eran tan parecida  a su madre, era como abrazarla a ella.  Sus palabras lo conmovieron y, a pesar de que no sollozó, un par de lágrimas se escaparon de sus ojos verde esmeralda y poco a poco se fue dejando dominar por las emociones que se condensaron en una sola: ¡alegría! Así que comenzó a estrechar a la mujer más y más ante las miradas complacidas y llenas de lágrimas de la profesora MacGonagall, la señora Pomfrey el profesor Dumbledore que también estaba allí, en la enfermería. 

—¡No puedo creerlo! —se dijo a sí mismo, sin soltarla.

—Soy tu tía, mi cielo —dijo la mujer mientras lo contenía en sus brazos, complacida, aliviada y feliz—. Lindsey Cooper, la hermana gemela de Lily. No pretendo ocupar su lugar porque es irremplazable, pero ahora que nos tenemos el uno al otro te prometo que voy a cuidarte hasta con mi vida si es necesario. 

Ambos se separaron para poder contemplarse el uno al otro. 

—¡Que lindo eres!  

—Tú también... la viva imagen de ella —comentó Harry, sin dejar de mirarla. 


Nota de autora: Amigos espero que les haya complacido este extenso episodio y sobre todo este encuentro, les prometo que el próximo viernes regresaré con más. 

Los quiere 

Hermaire.      




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