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Luz de luna » Prólogo
Luz de luna (R13)
Por BocaDeSerpiente
Escrita el Miércoles 31 de Julio de 2019, 13:12
Actualizada el Sábado 28 de Septiembre de 2019, 22:39
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Prólogo

Los libros siempre tienen un comienzo definido. Las verdaderas historias no.

Cuando algo ha cambiado tu vida de golpe, es más sencillo identificar el momento en que ocurrió, que cuando se trata de un suceso eventual, lento, de esos de los que apenas eres consciente hasta que ya es demasiado tarde para frenarlo; el enamoramiento de Harry fue, más o menos, como este último.

Lo curioso es que una historia no puede ser contada sin que alguien elija su comienzo, y es de esperar que varíe dependiendo de la persona. Si le preguntase a Draco, por ejemplo, este le diría que su historia comienza con Fluffy, o en la enfermería, deseando una especie de imposible. Él haría énfasis en que no fue un cambio brusco, sino desastroso, y Harry lo encontraría lo bastante divertido como para rodearle el cuello con los brazos, ponerse de puntillas e intentar besarlo hasta contagiarle la sonrisa.

Ron podría contar que la historia comenzó por culpa de los gemelos Weasley. Hermione aseguraría que fue cuando asistieron al primer año en Hogwarts.

Pansy, probablemente, comentaría que fue por la situación de su familia y Godric's Hollow. Luna, bueno, Harry no podía decir que entendía algo respecto a la forma de pensar de Luna, pero si tuviese que hablar en nombre de su amiga, imaginó que ella haría mención a Daphne Greengrass, un calamar, o un Augurey; sí, Luna era así, de ideas dispersas.

Pero la verdad es que Harry nunca fue el mejor de los seis para contar historias; aquel título se lo llevaba otro, y bien merecido que lo tenía. Aun así, si tuviese que seleccionar un momento, uno solo, en una secuencia interminable de Draco Malfoy, para explicar por qué ese idiota era el amor de su vida, sabía cuál sería.

Su momento, contrario a lo que muchos pudiesen pensar, ocurrió años antes de tener una idea de quién era ese niño rubio. Harry tendría que agradecerle alguna vez, porque le debía su momento, a su madre, Lily Evans.

Fue algún día festivo, cuando Harry rondaba los cuatro años; no tenía tan buena memoria para recordar exactamente cómo terminó atrapado en medio de un sofá con plaza para tres, con Sirius más ebrio de lo que debería estar en presencia de un niño a la derecha, y Remus a la izquierda, intentando que el otro dejase las bromas de doble sentido que sonaban cómicas para él, a pesar de no entenderlas. Si se concentraba, sí podía ver el instante preciso en que levantó su cabecita y vio, en el sillón de al frente, a sus padres besarse.

Lily y James siempre fueron amables y cariñosos, y a veces, Sirius hacía bromas al respecto que les sacaban los colores a todos los adultos en la habitación. Al pequeño Harry le gustaba cuando el rostro de su madre se veía del mismo color que su cabello.

La diferencia, en esa ocasión, fue la curiosidad. Harry se removió en el asiento, balanceando los piecitos en el aire, y preguntó, atrayendo la atención de los cuatro, por qué sus papás se besaban. Hubo un breve silencio que recibió sus palabras, antes de que Lily se acercase para cargarlo y comenzase a explicarle.

Los mayores se besan cuando se aman, las personas casadas se besan, los padres se besan...

No aclaraba mucho, en especial porque el pequeño Harry quería saber qué era "amarse". Aquello dejó a Lily pasmada unos segundos, y después de dar un rápido vistazo a la sala y advertirle a los antiguos Merodeadores que no hicieran un desastre, lo apretó más contra sí y lo llevó escaleras arriba, hasta su cuarto.

Harry se dejó hacer, concentrado en el aroma del cabello de su madre y las caricias que le daba en la espalda, y para cuando lo recostó en la cama, casi había olvidado las cuestiones que tenía su mente infantil.

Lily se sentó junto a él, sosteniéndole una manito.

—Papá y yo te amamos, Harry, ¿sabes eso? —sonrió cuando el niño comenzó a asentir con ganas.

—¡Siempre me lo dicen, cuando me dan besitos!

—Sí, entonces debes tener una idea de qué es el amor, ¿no?

Harry apretó los labios y frunció el entrecejo, en una expresión de absoluta concentración que era casi dolorosa. De pronto, el rostro se le dividió en una sonrisa y volvió a asentir, alzando los brazos y sacudiéndolos.

—¡Amor es dar besitos! —declaró, sentándose lo más rápido que podía para estirarse hacia la mujer, rodearle el cuello y empezar a besarle la cara. Lily se dobló por la risa y lo estrechó fuerte.

—Sí, el amor también es dar besitos...

—¿También? ¿Qué más es? —Harry se detuvo y se alejó lo suficiente como para verla; ella aún sonreía, ¡su madre era la mujer más linda del mundo cuando sonreía!

Lily apretó los labios, al igual que él un momento atrás, y se tomó unos instantes para pensarlo, segundos valiosos en los que él jugó con su cabello y un mechón se le enredó entre los dedos, causando que lo jalase por accidente cuando quiso apartarse.

—El amor es la luz de luna, Harry —susurró, interrumpida por un jadeo ahogado y pasándose una mano por el lado de la cabeza que le quedó adolorido por el tirón.

—¿La luz —el niño imaginó la enorme luna, redonda y reluciente, que se veía desde el patio de su casa, y arrugó la naricita— de la luna, mami? ¿cómo es eso?

Su madre soltó una risa contenida. Harry recordaría aquella imagen de ella años más tarde; sonriéndole, con las mejillas ruborizadas y los ojos brillantes de quien piensa en su ser amado.

—La luz de la luna es perfecta, amor. Pura, hermosa, siempre está ahí, siempre te ilumina cuando está oscuro. Harry, la luna es la que hace que la noche no nos asuste, a todos nos gusta la luna, ¿verdad? —él asintió con ganas—. Eso es el amor, cariño.

El amor es la luz de luna, repitió el pequeño Harry en su cabeza, como solía hacer con las cosas importantes en clases, asintiendo de nuevo y riendo por el beso que su madre le dio en la frente, a manera de buenas noches.

Está más que claro que Harry no lo entendió esa noche, ni la siguiente, ni hasta muchos años después, pero la lección de Lily se grabó a fuego en él.

Ese es, para quien le pregunte, el momento en que todo comenzó.



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