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When The Time Goes Out » Capítulo VII
When The Time Goes Out (R13)
Por billitha trukau
Escrita el Sábado 18 de Mayo de 2019, 14:56
Actualizada el Domingo 28 de Junio de 2020, 16:37
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Capítulo VII

¿Han visto las películas donde la popular le hace la vida imposible a la nerd?

Bueno, yo no era la nerd, era la inadaptada y Samantha Warren era la popular. Y si señores, esas peliculas por muy cutre, clichés o imposibles que parezcan si pasan en la vida real.

Al otro día, miércoles, que llegué al entrenamiento con las porristas me di cuenta inmediatamente de la manera tan burlesca en que me miraban todas las chicas, incluso la gordita que se había sofocado al correr la vez pasada.

Lo gracioso de todo era la fotografía a color de mi siendo humillada con el jugo de betabel.

La expresión en mi rostro era palpable. La boca abierta por la sorpresa, las manos en movimiento hacia arriba, y luego estaba la otra foto de mi con el remate de la ensalada sobre mi cabeza.

Cada chica tenía una hoja con esas fotografías, todas excepto Samantha y Natalie.

La humillación se posó en el centro de mi pecho y unas ganas terribles de dar la vuelta e irme se apoderaron de mí, pero aquello solo me duró unos cuantos segundos, el sentimiento fue reemplazado por la rabia y las ganas de querer arrancar cabezas.

―Pongan atención, chicas. Nuestra querida compañera alemana fue muy estúpida al querer pasarse de lista con nosotras —dijo Samantha.

Sus ojos hielo chispearon con maldad y supe que aquello iba a terminar mal.

Natalie a su lado tenía los brazos cruzados y la mirada fija en mí, como si ya estuviera imaginando las cientos de maneras en que podría destrozarme, humillarme e incluso matarme. Sin embargo, eso no logro intimidarme.

―La verdad es que no tuve que ser tan lista, con unas idiotas como ustedes no es necesaria tanta inteligencia.

Una que otra pequeña risa se escuchó en algún lado, pero no me permití ver quienes habían sido, no podía alejar la mirada de la retadora de Samantha, no iba a dar marcha atrás, no obstante, por mi vista periférica me di cuenta de que Natalie giró la cabeza en dirección al grupo de chicas y las risas se apagaron de inmediato.

La Abeja Reina sonrío. 

—Tus días están contados, bichito, la basura como tú no dura mucho tiempo.

―De hecho, la basura es una de las cosas que más tarda en degradarse, todo mundo lo sabe —me encogí de hombros con inocencia.

Las risas se volvieron a escuchar y fue como la gota que derramó el vaso. Samantha entorno los ojos y más rápido de lo que mis ojos pudieron captar, me soltó una bofetada y acto seguido tiro de mi cabello hacía abajo.

Me bastaron unos segundos para reaccionar y saber que estaba pasando. En cuanto me di cuenta de que estaba tirada en el pasto con Samantha a ahorcas sobre mí, tirándome manotazos y rasguños, sentí que la sangre me iba a explotar de la ira, la rabia me recorrió las venas como un rayo.

Alce mis manos a su cabeza y jale de su cabello con tanta fuerza que soltó un grito agudo, forcejee con la otra mano para detener los puños que ella intentaba dirigir a mi rostro.

Estaba tan enojada, tan encabronada que en ese momento no me importaba romperle todos los huesos a esa maldita perra, no me importaban los gritos de las chicas a las cuales ni siquiera podía entenderles nada, no me importó, tampoco, cuando alguien sonó un silbato con fuerza y de pronto todo se volvió silencioso alrededor.

Pero yo no solté el cabello de Samantha, no deje de rasguñarla y morderla en las partes que alcanzaba, y cuando me giré y yo quede arriba la seguí golpeando con fuerza con los puños cerrados.

―¡Amberlin! ¡Samantha! —era la entrenadora.

―¡Suéltame! —chillo Samantha haciéndose la víctima.― ¡Ayúdenme!

―¡Cállate estúpida, tú fuiste la que inició! —grité y la abofetee con fuerza.

―¡Sepárenlas! —ordenó la Sr. Bethany.

Medio segundo más tarde alguien me envolvió con sus brazos por la cintura y me levantó del suelo, Samantha gritó con fuerza cuando seguí jalando su cabello, tuvo que llegar otro chico y abrir mis dedos de las manos para que pudiera soltarla.

Ella estaba hecha un desastre, su cabello pelirrojo era una maraña de enredos y mechones salidos, su piel blanca tenía moretones rojos en algunas partes y una pequeña línea de sangre corría por la comisura derecha de sus labios.

―¿Qué demonios está pasando aquí? —exigió la Sr. Bethany. Le di una mirada rápida para comprobar que estaba enojada, con las mejillas rojas y los labios apretados.

Pero no podía estar más enojada que yo. 

—Esta maldita perra cree que puede hacer conmigo lo que se le dé su gana —escupí rabiosa y miré a la perra aún en el suelo. —Y no te atrevas a hacerte la víctima, todas aquí son testigo de que tú empezaste todo —amenacé.

―¡Tú pusiste una cucaracha en nuestra comida!

―¡Eso es mentira, ustedes la pusieron ahí!

―¡Cállense las dos! —grito la Sra. Bethany con voz chillona y los ojos entornados. —Las quiero a las dos en la dirección. ¡Ya!

La persona que me sostenía me soltó, Samantha se puso de pie y el momento se volvió más tenso si era posible, la entrenadora sonó su silbato y dio una orden rápida a las chicas quienes se dispersaron como hormigas por todos lados.

Samantha y yo comenzamos a caminar, casi podía escucharla gruñir por lo bajo mientras se acomodaba el cabello y evitaba mirarme, yo no me moleste en hacer tal cosa, estaba todavía demasiado enojada como para importarme como lucia en ese momento.

No habíamos avanzado mucho cuando escuché los pasos de la entrenadora, seguida de su voz gruñona.

―¿Qué diablos pasa con ustedes? —soltó al aire.

Ninguna respondió. El resto del camino siguió en silencio y conforme nos acercábamos a la dirección mi enojo fue disminuyendo. Acaba de tener una pelea con medio mundo viendo, iban a expulsarme, ese era mi fin.

La preocupación y el miedo me llenó los huesos casi al instante. Acababa de arruinarlo todo, me había metido en una pelea y ahora sería expulsada, sin la oportunidad de ingresar a otro instituto, sin graduarme. El único objetivo que había tenido en mi vida se acababa de ir a la basura por una estúpida pelea. Por culpa de Samantha.

Porque estaba claro que a ella no la expulsarían, por dios, era una Warren, hija del colaborador más importante del instituto, ¿Cuántos sobornos haría su padre para evitar que la desgracia cayera sobre su hija?

¿Qué haría mi padre por mí? Nada, probablemente me correría de la casa. Ya era un estorbo para él, estaba segura que no quería vergüenzas viviendo bajo su techo.

En un segundo visualice mi futuro hecho mierda y unas terribles ganas de vomitar me apretujaron el estómago, pero me aguante solo porque vomitar a estas alturas no era una opción viable, aunque quizás tirarme de un puente si lo era.

La Sra. Bethany abrió la puerta de la dirección y nos hizo pasar a ambas. Un hombre de traje y de mirada estricta y analítica nos recibió.

El director McCarthy nos miró desde su asiento con las cejas fruncidas.

―Director, perdone la interrupción, pero estas chicas acaban de tener una pelea en el estadio de entrenamiento.

El hombre alternó la vista entre la pelirroja y yo, se acomodó en su asiento y ajusto su corbata.

―Señorita Warren, señorita Ross. ¿Si saben que una pelea amerita la expulsión?

―Pero ella fue quien inicio la pelea, ella y Natalie.

―Tú pusiste un bicho en nuestra comida —alegó la pelirroja aun con el labio sangrando.

―Eso ni siquiera sucedió dentro de la escuela, y yo no lo hice.

El director nos ignoró a ambas y regresó a ver a la maestra Bethany de manera interrogativa. —¿Dónde estaba usted cuando esto sucedió?

―Fui a llevar a un estudiante a la sala de enfermería.

Hubo un silencio súbito, tan tenso que no pude hacer otra cosa que retener el aire dentro de mis pulmones.

El director soltó un leve y cansado suspiro. —Maestra Bethany, vaya a buscar a la maestra West mientras yo interrogo a este par, por favor.

No.

La maestra se retiró de inmediato con una cara de pocos amigos. El director nos hizo tomar asiento y me preparé para mi fin. No me iba a librar de esta, no iba a conseguir salir inmune, había ido demasiado lejos. Mi mente malvada comenzó a recriminarme, debí haberme contenido, debí haber sido menos impulsiva, pero... Samantha lo había iniciado, ella me había golpeado primero, yo solo me había defendido, no era mi culpa.

―Es inaceptable tolerar una pelea en esta institución. Warren, estoy sorprendido de su conducta tan agresiva, y tú, Ross, creí haberte dicho que estabas en el límite y que un problema más te iba a causar expulsión inmediata.

El corazón se me hundió hasta el estómago.

El director continuo: ―Así que quiero saber, exactamente qué fue lo que paso, y cuál fue el motivo.

Como era de esperar, Samantha me ganó la palabra. 

—Ella fue la que empezó, puso una cucaracha muerta en nuestra comida y cuando le reclamamos, se puso como una salvaje, si no hubiera sido por Hunter y Declan nos hubiera matado ahí mismo.

¿Pero qué mierda estaba diciendo? 

―Tú y Hunter me tiraron un jugo en la cabeza, y yo no puse la maldita cosa en la comida, no soy tan estúpida como para perder mi empleo, porque eso ni siquiera sucedió en la escuela, fue en Crafee'Be. Y hoy que llegué al entrenamiento, Samantha y Natalie ya le habían repartido mi foto llena de jugo de betabel a todas las chicas solo para humillarme. Fueron ellas las que iniciaron, y fue Samantha quien inicio la pelea.

―¡Cállate! Todo mundo aquí sabe que tú eres la problemática, siempre eres tú la que arruina todo, eres peor que tu padre alcohólico.

―Samantha —reprendió el director.

Me quedé callada, solo porque no tenía argumentos contra eso.

La puerta de la oficina se abrió de golpe, y la maestra West y Bethany aparecieron. Lo primero que recibí de la maestra West fue una mirada dura y recriminatoria.

―Ross y Warren, esperen afuera.

Me levanté de mi asiento sin una palabra y salí contemplando la idea de irme de una vez a mi casa. ¿Qué caso tenía esperar si ya sabía lo que iba a pasar? Pero ver a Samantha llamándole a su padre desde el otro extremo de la sala de espera me hizo reconsiderar la idea, no iba a irme sin dar pelea.

A través el cristal de la oficina observé a las maestras y al director discutir, no podía escuchar lo que decían y tampoco era buena leyendo los labios, pero por las expresiones faciales podía notar que la entrenadora estaba enojada y West no dejaba de alegar y alegar una y otra vez, el director solo parecía dar argumentos a favor o en contra.

Pasaron alrededor de diez minutos cuando vi que un chico con ropa deportiva se acercaba.

Cuando estaba a solo unos metros lo reconocí. Era Marek Maison, con el cabello despeinado y sudoroso, la ropa y los tenis sucios por el lodo y el pasto.

Apenas me miró cuando paso por mi lado y entró directamente a la oficina del director sin siquiera tocar o pedir permiso. Tenía el semblante totalmente serio, incluso hasta parecía estar enojado.

El director le dijo algo, pero Marek lo hizo callar y le mostró su teléfono, pasaron unos segundos inquietantes en los que nadie dijo nada, y después el director la paso el teléfono a las maestras para que vieran lo que sea que estuviera ahí, Marek volvió a hablar y esta vez el director lo escuchó con atención.

Yo solo quería saber que estaba pasando.

―¿Qué hace tu maldito novio aquí?

No me molesté en contestarle, segundos después la puerta se abrió y salió Marek. —Dice el director que entren.

―¿Qué hiciste? —me acerque a él con un paso. 

Joder, estaba aterrada, ni siquiera podía estar enojada con él por estar ahí de entrometido nuevamente, esta vez estaba preocupada de verdad.

Marek me miró con unos ojos verdes cansados y dijo: ―Solo entra, Ross.

Algo en su tono de voz me hizo callarme y obedecerle, entré y detrás de mi vino Samantha. No vi, pero escuché que Samantha le susurraba algo a Marek, tan bajo que no logre entender nada. Una vez que la puerta se cerró supe que era el juicio final.

―Dada la evidencia que su compañero Mason me trajo, hemos decidido que ambas harán doscientas horas de servicio comunitario, de lunes a viernes de tres a siete de la tarde. Sin ninguna excusa, sin ningún pretexto, y sin ninguna falla.

―Pero soy la capitana del equipo de porristas, no puedo faltar a los entrenamientos.

―Es un castigo, Warren, no un privilegio —el director la miró de mala manera y agregó: ―, y dado que hay evidencia de que tú iniciaste la pelea, a ti te asignaremos la recolección de basura de todas las áreas verdes en el pueblo.

―¿Qué? Pero ustedes no pueden hacer esto, soy hija de Antonie Warren, el hombre que más ha aportado a esta institución.

―Y con mayor razón, deberías de dar un mejor ejemplo, Samantha. Considera que no terminaste expulsada, pero esto claramente afectara tu expediente final.

―Esto es una completa mierda, voy a hablar con mi padre y a decirle que usted...

―No te preocupes por eso —la cortó el director. ―, la maestra West ya le aviso, y su padre está completamente de acuerdo.

La cara de estupefacción de Samantha igualo la mía. Su padre no había hecho nada para ayudarla, incluso estaba de acuerdo en que su princesita se pusiera a recoger basura. Eso no podía ser cierto.

Samantha salió hecha una furia de la oficina, diciendo maldiciones y con el teléfono en mano. La entrenadora salió detrás de ella sin una sola palabra, y al final solo quedamos el director, West y yo.

―Y usted señorita Ross, debería darle las gracias a su compañero por haber traído evidencia a su favor, si no hubiera sido por él, justo ahora estaría recibiendo su despedida.

No sabía ni que decir.

—Sus doscientas horas se basarán en la recolección de comida, ropa y medicinas para llevarlas al asilo de Crawnleft. ¿Entendido?

Asentí con la cabeza, no podía pedir nada más, estaba incluso agradecida por hacer esa tarea.

―Y Ross, que sea la última vez que te veo por aquí. Retírate —dijo finalmente le director.

Salí de la oficina en estado de "Aún no lo creo" pero después reaccioné y busqué a Marek con la mirada, ya no estaba en la sala de espera.

Me había salvado por segunda vez en menos de un mes. Había traído evidencia, estaba segura de que era un vídeo, ¿Por qué de que otra forma podría haber sido la situación más clara?

Marek Maison, el chico nuevo, salvándome el trasero una vez más.

Me encamine por el pasillo con la mirada bien atenta por si lo veía, sabía de sobra que a esas horas había muy pocos alumnos en la escuela y, por ende, sería fácil encontrarlo.

Y no sabía si estar agradecida, feliz, enojada por entrometerse o terriblemente preocupada. ¿Por qué razón lo había hecho? ¿Tendría que pagarle algunos dólares, hacerle algún favor? Mi cabeza comenzó a martillar un montón de ideas crueles, porque siendo realistas nadie ayuda a la persona que siempre es odiosa con ella, ¿Por qué Marek lo había hecho?

Giré en el siguiente pasillo a la derecha y lo vi a lo lejos sentado en el tercer escalón de la escalera que iba en dirección a la parte superior, su cabello dorado caía en desorden por su frente y tenía la cabeza inclinada hacia abajo, con la vista fija en un teléfono móvil.

Me quedé quieta un segundo, sabía lo que tenía que hacer, pero no sabía cómo hacerlo. No recordaba haber agradecido nunca algo en mi vida, y en las películas sabía que las palabras eran un guion estructurado, pero en la vida real no había ningún instructivo, ningún guion que seguir. 

Tomé un suspiro hondo, y comencé a caminar hacia él con pasos lentos y silenciosos.

―Pensé que te habías ido. —él levantó la cabeza en cuanto escuchó mi voz y elevó una ceja en forma interrogativa.

―¿Por qué razón me iría?

―¿Por qué razón te quedaste?

Marek me miró dubitativamente un momento y después una ligera sonrisa apareció en su rostro, pero no llegó a sus ojos. Inmediatamente me di cuenta de que algo andaba mal, estaba raro, desganado, pero también noté que se estaba esforzando en parecer que no.

Mal intento conmigo, yo más que nadie sabía exactamente como se sentía tener que fingir estar bien cuando todo estaba mal.

―Me quedé porque no me iba a quedar con la curiosidad de que había pasado contigo y la otra.

Fruncí los labios y  me senté al lado de él a una distancia considerable. —Servicio comunitario. Ella recolectará basura y yo comida, ropa y medicinas. Estoy comenzado a sentirme la persona más buena del mundo.

Marek soltó una risa escandalosa. —Sí, claro —dijó con sarcasmo una vez que se tranquilizó.

―¿Qué estabas haciendo aquí en la escuela? —lo miré para comprobar el uniforme deportivo del Barcelona que llevaba. Él me miró de manera divertida.

―¿Ahora tú eres la entrometida? -Role los ojos. ―Soy un deportista, juego fútbol y tenía entrenamiento.

―Ahhh —fue lo único que se me ocurrió decir, sabía lo que tenía que decir a continuación, sabía las palabras, pero mi lengua estaba hecha nudos, tan enredada que ni de gritar me sentía capaz en ese momento, ¿Por qué era tan difícil decir un simple Gracias Marek?

Pasó un segundo, y luego otro y otro, y ninguno dijo nada. 

Vamos Amberlin, solo es un maldito gracias.

Pero no podía, las palabras estaban en mi boca mas no había manera de pronunciarlas, estaba atascada, podía sentir el nerviosismo y la desesperación en mis venas.

Tragué saliva y abrí la boca. —Yo...

Se fueron, las palabras se me esfumaron, y cuando sentí el peso de su mirada en mi fue mucho peor, la presión aumentó en mi sistema.

―¿Tú qué? —inquirió con las cejas arqueadas. Eso no lo estaba haciendo más sencillo.

―Yo... ya me tengo que ir —me puse de pie en un brinco y él me siguió con la mirada.

―¿Segura?

Cobarde. Estúpida. Tonta. Ni siquiera eso puedes hacer bien. 

Suspire. —Ehhh, sí.

Marek tenía una cara de confusión y diversión en el rostro, y eso solo me hizo enojar. Él lo sabía. 

—Aja, ¿Así que solo viniste a... ―se llevó una mano a la barbilla para darle un aire más dramáticamente pensativo ―... a sentarte y a preguntar que qué estoy haciendo aquí?

Me mordí los labios por dentro. —No sabía que estaba prohibido sentarse y preguntarte cosas.

Marek sonrió divertido. —Para nada, puedes venir, sentarte y preguntarme cosas cada vez que quieras. Ten por seguro que siempre habrá un lugar para ti.

―Eres un odioso e imbécil.

―Un odioso e imbécil que te salvo de una expulsión segura —lo miré con reproche, pero Marek siguió hablando. —No te preocupes, no tienes nada que agradecer, no quiero que te mueras por decir un simple Gracias, ya me he dado cuenta de que esa palabra te come la lengua.

Maldito estúpido sabelotodo. Maldito creído y arrogante. Porque eso era lo que él era, un creído y arrogante, siempre teniendo respuesta para todo.

Me di la vuelta y me alejé, pero a mitad del pasillo recordé algo y me giré para encararlo. ―¿Qué fue lo que te dijo Samantha?

Marek se puso de pie. —Pero mira que entrometida estas hoy, hasta ni pareces tú —dijo mientras daba pasos hacía mí.

Me cruce de brazos. ―¿Qué te dijo?

―¿Para qué quieres saber?

―¿Por qué llevaste la evidencia?

―¿Por qué te lo diría?

―¿Por qué le das tantas vueltas?

―¿Por qué viniste a buscarme en realidad?

―Yo no te estaba buscando —alegué de inmediato. Marek sonrió de manera burlona y se acercó más.

―¿Segura de que no? Hay muy pocas personas en la escuela y no tienes amigos, ¿A quién más buscarías si no es a mí?

Eso era el colmo. 

―Eres la persona más estúpida, imbécil, egoísta, arrogante, fastidiosa y horrible que he conocido en mi vida —escupí.

Esta vez Marek se cruzó de brazos. 

—¿Solo eso? —hizo puchero. —Yo creo que te falto agregar guapo, buena onda, con cuerpo de dios griego, voz masculina, cabello de oro y... ¿Ya dije súper mega papi mamado?

No podía estar hablando en serio. No podía ser así de jodido. 

—No, estoy segura que no me falto nada —lo rete con la mirada.

Él se encogió de hombros. —Una lástima, quizás te hacen falta unos lentes —se inclinó para inspeccionar mis ojos y yo le di un empujón. —No seas tan nena, estaba jugando...

―Aja.

―Ya, va, me calmo. Si me acompañas por una chimichanga responderé a todas tus preguntas.

¿Qué tan importante era saber las respuestas? Y ¿Qué tantas preguntas tenía? Definitivamente muchas, pero Marek... ¡Oh, joder!

Lo dudé, lo pensé, lo volví a pensar y a reanalizar. ―¿Todas mis preguntas?

―La mayoría —respondió. Hice una mueca, él se encogió de hombros. —La mayoría es mejor que nada, y en estos últimos días he conocido a algunas personas que no ofrecen nada.

―¿Es un reclamo?

―Es una muestra de que se puede dar sin esperar nada a cambio. A eso se le llama bondad.

Suspiré. —Sí, claro, bondad. —Marek amplio su sonrisa, dejando ver unos dientes blanquecinos y derechos. —Solo deja de sonreír y vámonos. 




            El restaurante de Ginger estaba particularmente lleno, pero como solo éramos dos no nos costó trabajo encontrar una mesa, elegimos una en la orilla, pegada al cristal y enseguida ordenamos.

En el camino, Marek me había explicado cómo había visto la pelea desde el otro extremo del estadio, y que había tenido que sobornar a un chico para que le prestara su teléfono donde tenía el vídeo que había grabado.

―Ahora lo del jugo de betabel tiene mucho sentido —puntualizó.

―No me digas, que observador eres.

El cielo ya comenzaba a pintarse de colores naranjas y purpuras con rosa, y el aire corría leve, lo sabía por los árboles que estaban enfrente y por sus hojas que se movían como si siguieran alguna melodía inaudible.

―¿Y bien?, ¿Qué fue lo que te dijo? —no podía decir gracias pero si podía ir directo al punto con otras cosas.

Marek me dio una mirada de "Joder, que desesperada eres" .

—Haber, aclaremos, primero lo primero —alegó —tienes que decirme porque inicio la pelea.

―Las preguntas las hago yo, no tú —le recordé.

―Pero esa no es una pregunta, es una petición... una petición amable y amigable —dijo encogiéndose de hombros.

Lo medite un momento, y luego me di cuenta de que ni siquiera yo sabía cómo había iniciado todo, si lo pensábamos desde el inicio de manera muy literal entones no tenía la más mínima idea. Hacía tres años que me había mudado con mi padre y desde el inicio había sido una tortura, primero por ser nueva, luego por no tener amigos, y después, después... ¡Oh! El hecho que había terminado por condenar mi vida social, escolar y todo.

Le conté a Marek que la enemistad con Samantha, Hunter y su clan había iniciado con un accidente de laboratorio, fue a mitad de primer año, cuando el maestro de química nos pidió hacer un proyecto en equipo, yo hice equipo con las chicas, y Samantha, Hunter, Declan y Natalie eran otro equipo.

En la exposición nos había tocado estar uno junto al otro, y por alguna razón del destino, karma o mala suerte, había resbalado con un líquido que alguien había derramado en el suelo y había caído justo encima de su proyecto, no solo destruyéndolo, sino también llenándolos a ellos de todas las sustancias que habían mezclado.

A Samantha le había caído en el cabello y su melena pelirroja había terminado siendo amarilla, todos los presentes se burlaron de ellos, y como si no fuera poco, el maestro nos reprobó a ambos equipos.

Fue todo un desastre.

―Baia, baia, ¿Quién lo diría? —meditó y una sonrisa burlesca se le escapó. —Pero, de todas maneras, esa no es razón para hacerle la vida imposible a nadie, fue un accidente —opinó.

―Díselo a ellos, a ver que te dicen. Pero no te hagas tonto.

―Ah, sí, dijo algo así como "Escúchame bien, engendro, si haces algo que me perjudique voy a hacer que te arrepientas" —Marek se encogió de hombros —amenazas vagas, nada de qué preocuparse.

Yo no estaba de acuerdo con eso, Samantha era una persona de cuidado, podía ser el humano más cruel de la humanidad si se lo proponía, pero Maison estaba demasiado tranquilo. Tal vez él nunca había sido víctima de personas como esas.

La mesera colocó los platos en la mesa

―¿Y por qué razón llevaste la evidencia?

Tenía que saberlo, porque si yo hubiera estado en su lugar no hubiera hecho lo mismo, de hecho, yo no hubiera intervenido por nadie, hubiera dejado que lo expulsaran y hubiera estado incluso feliz, o eso era lo que pensaba, porque cuando lo analice mejor me hizo sentir un poco mal lo egoísta que sonaba.

Entonces, ¿Por qué él lo había hecho?

Marek se llevó un bocado a la boca. ―¿Tiene que haber alguna razón?

―Siempre hay una razón.

Él lo pensó y al final se encogió de hombros. 

—Creo que no hay ninguna, o tal vez me pareció injusto que te expulsaran cuando ella había iniciado todo —me miró y agregó: —y, además, me hubiera quedado sin pareja en francés, hubiera perdido a una novia que no me ama, bueno, si me ama, pero no lo admite, y... ―levantó el dedo para enfatizar —siendo sinceros, ¿A quién hubiera molestado después?

―¡Argh! Deja de decir que somos novios, ¿No te das cuenta que lo único que haces es empeorarlo todo?

Sus ojos cambiaron de diversión a maldad, al igual que su sonrisa, y esa pequeña luz roja se encendió en mi cabeza.

―Solo con una condición.

―No.

―Ni siquiera saber que voy a decir.

Lo miré como si fuera estúpido. —Sí, sí sé que vas a decir y es un no, ya te lo había dicho.

―Pero he mejorado mi propuesta, escúchala... ―Marek se enderezó como si fuera a decir algo importante en televisión ―, di que sí y si no te gusta te puedes ir cuando quieras, es más, si tú quieres hasta te dejo de hablar, como si nunca nos hubiéramos conocido, pero primero tienes que darme una oportunidad.

Había fruncido los ceños sin darme cuenta. —Recuérdame cual era el objetivo de este macabro plan.

―Mejorarlo todo, arreglar las cosas, ser cómplices. —eso ultimo lo agregó con una nota de maldad y diversión, y unos ojos verdes tan insistentes que me hicieron recordar sus palabras:

"...no conoces mi tenacidad, mi fuerza de voluntad, mi espíritu inquebrantable..."

En aquel momento no lo conocía, pero empezaba a hacerlo, y estaba segura de que, si le decía que no, él iba a seguir insistiendo una y otra y otra vez hasta que obtuviera el sí que quería escuchar.

¿Qué tan malo era decir sí? 

Me había salvado dos veces, cosa que nadie nunca había hecho por mí, mi vida era un desastre, no tenía amigos, estaba hundida hasta el infierno y sin exagerar, entonces ¿De verdad era malo decir sí?

Observé a Marek, su mirada aún fija en mí, esperando con paciencia e interés. No, Marek no era malo, no era como Declan o Hunter, Marek solo era... no encontré palabras para describirlo, pero en definitiva no era como ningún otro chico que hubiera conocido antes.

―De acuerdo, PERO—lo señalé con mi dedo indice. —si algo no me parece cumplirás con el trato.

Una sonrisa extendida apareció en sus labios y sus ojos brillaron de excitación.

―¡Amberlin Ross! Te aseguro que no te vas a arrepentir de esto. Te prometo que este va a ser el mejor año de tu vida —soltó con entusiasmo, con esa alegría excesiva y extraordinaria.

Y sonreí, durante un segundo sonreí de verdad, porque verlo tan feliz me produjo una sensación que hacía tiempo que no recordaba, y se sintió extraño, ajeno a mí, como si una grieta que había sellado desde hacía tiempo comenzará a abrirse de nuevo.

Y eso más que alegrarme, comenzó a asustarme.

Le pregunté a Marek sobre los macabros planes que tenía y él solo me dijo que el sábado me iba a decir todo, que iba a pasar por mí a mi trabajo y que llevará mi patineta.

¿Misterioso? Sí y mucho.

El resto de la comida estuvimos hablando de los lugares a los que iríamos a hacer el proyecto, le pregunté por la verdadera razón de su mudanza y solo dijo que había sido por un accidente familiar, sin embargo, no quiso entrar en detalles y cambio de tema rápidamente.

Marek estaba ocultando algo, y yo quería saber que era.



Hola, pequeñas criaturas del mal. 

Séptimo capitulo actualizado. ¡Yeiiihhh!

Ya vi que personitas nuevas la agregaron a favoritos y en serio no saben que feliz me pone. 

No pensaba publicar esta historia hasta que estuviera terminada, ya que es super especial e importante para mí, pero la emoción de compartir algo diferente a lo que estoy acostumbrada me ganó con mis planes. 

En serio, les daré un consejo: No se encariñen mucho con los personajes :( 

Nos leemos XOXO

Atte: Madd.




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