Historia al azar: Sentimientos ocultos
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When The Time Goes Out » Capítulo XIV
When The Time Goes Out (R13)
Por billitha trukau
Escrita el Sábado 18 de Mayo de 2019, 14:56
Actualizada el Domingo 28 de Junio de 2020, 16:37
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Capítulo XIV

—¿Por qué estás tan feliz hoy? —preguntó de pronto Harper. Me encogí de hombros.

—No sé de qué estás hablando.

—Has cantado casi todo el día, y tú nunca cantas —recalcó.

Me detuve un momento en mi tarea de limpiar mesas para verla. —¿Está prohibido cantar en el trabajo?

Ella roló los ojos. —No seas idiota. Es ese chico, ¿verdad?

Negué con la cabeza y le di el avión. Faltaba medía hora para que cerráramos el lugar y como ya no había personas presentes nos habíamos puesto a limpiar y recoger todo, cosa que mi compañera chismosa no estaba haciendo. Caminé hacía la siguiente mesa y ella me siguió de cerca.

—Oh, vamos. Has estado más… sonriente y distraída desde que apareció él. —La ignoré. Ella continuó. —Pensé que tu estado de ánimo era algo emo, pero ese chico te tiene en una montaña rusa constantemente. Te hace enojar, te hace reír y ahora hasta cantar.

—Yo siempre he cantado.

—No seas mentirosa.

—No soy mentirosa, tú eres sorda —me detuve para verificar que toda mi área estuviera hecha.

Harper se colocó frente a mí y me obligó a verla a los ojos.

—Dime la verdad, ¿Son novios?

—¡Dios! ¡No!

—¿Te gusta?

—No.

—¿Le gustas?

—No… no lo sé. No importa.

Intenté esquivarla, pero ella me obstruyó el paso con una facilidad impresionante. Sus ojos cafés estaban llenos de emoción. —¡No jodas! El rubio esta guapísimo y se ven bien juntos. Deberían intentar…

—Es castaño claro y solo somos amigos —la corté. —Y no jodas tú, maldita daltónica. Ahora ponte a trabajar que ya me quiero ir.

La rodeé para dirigirme a la barra. Harper me dio una mirada coqueta antes de ponerse a limpiar y yo negué con la cabeza mientras una sonrisa involuntaria me tomaba presa.

Había tenido tanta suerte —dos semanas atrás— cuando había llegado a casa y no había encontrado a mi padre. Al parecer ninguno de los dos había llegado a dormir y no se había dado cuenta de nada.

Comenzaba a sentirme una persona afortunada.

Marek y yo habíamos adaptado una rutina a nuestros horarios.

Cuando él no tenía entrenamiento entonces se dedicaba a pasar las tardes conmigo ayudándome con la recolección. Hacía todo tipo de cosas para llamar la atención de la gente a contribuir a nuestra causa, su favorita era ponerse a cantar con su guitarra afuera de diferentes lugares.

Y era excelente.

Si las personas no nos daban despensa, entonces nos daban dinero para comprar lo necesario.

Y aparte, aprovechábamos el tiempo juntos para grabar nuestro documental. Marek había adoptado esa costumbre de llevar su cámara a todos lados y grabarme despistada o tomarme fotos nada favorecedoras.

Los días que él no estaba yo me la pasaba recorriendo diferentes calles y locales. Conseguía menos cosas, pero nunca me iba sin nada.

—¡Llegó tu galán, Blue! —gritó Harper desde la entrada del local.

Levanté la mirada de golpe para contemplar a Marek parado del otro lado del cristal. Tenía una sonrisa de oreja a oreja y sabía que estaba conteniendo una risa.

Fulminé a la pelinegra que estaba parada cerca de la puerta entreabierta, ella se encogió de hombros con inocencia.

—Aún no termino, dile que me espere —siseé.

—Para nada. Ya te puedes ir, no dejes esperando al chico lindo —me guiñó un ojo.

Le sonreí con sarcasmo mientras caminaba hacía la salida y cuando pase por su lado le murmuré:
—Deja de ser tan maldita.

Ella me palmeó el hombro en forma de despedida. Una vez afuera levanté la mano para hacer callar a Marek antes de que empezará a decir estupideces.

—Ni una sola palabra —le advertí. Él puso su sonrisa ladeada y elevó sus cejas.

—Ella dijo que yo era un chico lindo y que era tu galán —alardeó.

—Harper solo dice estupideces.

—Pues a mí me cae muy bien, ¿Crees que debería invitarla a salir? —dijo viéndola a través del cristal.

—Si quieres que su novio te deje los ojos morados, entonces sí. —El rostro de Marek se quedó pensativo aun mirando a mi compañera, después se giró para verme y se encogió de hombros. —Creo que me conformare contigo por el momento.

Lo miré de mala gana y le saqué el dedo medio. Marek formó una sonrisa burlona en sus labios.

—Qué bueno que no eres de la realeza, sino ya te habrían mandado a la horca por tan delicados modales.

—Déjame en paz, y date prisa que tenemos cosas que hacer. —alegué comenzando a caminar con mi mochila en mano. Marek no tardo en acompasar su paso con el mío.

Esa misma noche haríamos nuestra última jugada, nuestra última obra maestra. Y teníamos que asegurarnos de que todo saliera a la perfección, de maravilla. Hunter y Samantha ya habían tenido su merecido públicamente, las personas aún se burlaban de ellos en los pasillos, pero faltaban otros dos y unos cuantos más.

Así que después de pasar una hora repasando el plan, de comprobar que teníamos todo lo necesario en nuestras mochilas y de estar otra hora vigilando la escuela desde lejos para asegurarnos que no había ningún guardia, ningún perro, ni ninguna otra persona merodeando, finalmente procedimos a entrar y a actuar.

—Shhhh. Calla. No hagas tanto ruido.

—Es la una de la mañana. No hay nadie. Corre.

—¿Por qué corremos si no hay nadie, entonces?

—Porque me hace sentir como si estuviera en una película. Soy como un héroe.

—Más bien un criminal.

—La adrenalina es la misma, así que no importa.

Rolé los ojos y lo seguí cuando cruzó la puerta principal del instituto. La linterna alumbraba los pasillos oscuros mientras nosotros avanzábamos hacía los laboratorios químicos con mochilas en mano.

Nos habíamos puesto cubre montañas por si acaso habían decidido poner cámaras de seguridad por lo que había ocurrido en la cancha de básquet.

Como toda una experta me encargué de abrir la puerta con los pasadores que procuraba llevar a todos lados. Teníamos el tiempo contado. Debíamos ser lo más rápidos y agiles posibles. Así que en cuanto entramos al salón comenzamos a vaciar nuestras mochilas.

Declan llevaba química básica porque era un imbécil y no podía pasar el curso, y Marek se había enterado por terceras personas que estaban a punto de presentar un proyecto.

—¿Cuál es?

Marek sonrió con sarna y señaló el volcán que estaba en la última mesa. —Un volcán, ¿Es enserio? ¿En qué estamos, en preescolar?

—Es Declan ¿Qué esperabas? —se encogió de hombros. Eso era cierto. ¿Qué se podía esperar de un completo idiota?  

Nos dirigimos hacía la última mesa y analizamos el volcán antes de decidir de qué manera lo arruinaríamos. Después de pensarlo un buen rato, de investigar y comprobar que provisiones llevábamos y que cosas tenía el laboratorio que nos pudieran servir, nos pusimos manos a la obra.

No nos llevó más de quince minutos cambiar algunos elementos y líquidos de lugar y frascos. Tampoco nos tomó mucho colocar las cámaras ocultas para que se apreciara directamente el momento en que todo sucediera.

Y como había hecho una lista, de manera muy literal, Marek y yo buscamos el casillero de unas cuantas personas que me habían molestado, que se habían burlado y que habían sido casi tan crueles como el cuarteto.

Llenamos algunos casilleros de mierda de caballo que habíamos recogido de algunos establos cuando veníamos de regreso del asilo. A una chica que yo sabía que siempre tenía cremas, perfumes y cosméticos les echamos polvo pica—pica. A otro chico de segundo le vaciamos cinco botellas de aceite y leche podrida en todos sus libros.

Justicieros malvados era lo que Marek y yo éramos. Y se sentía jodidamente bien.

—¿Alguien más en tu lista? —preguntó mi cómplice con esos ojos siniestros.

—Sí, pero con ella tendremos que ir a su casa.

Marek sonrió de una manera que hizo rugir mi sangre con adrenalina pura. —¿Y cuándo lo haremos?

Fue mi turno de sonreír. —Esta noche.

No necesitaba decirle el nombre. Él sabía quién era. La había dejado hasta el último lugar de mi lista por una sola razón. Samantha podía ser La Abeja Reina, la perra, la odiosa capitana de las porristas, pero Natalie Anderson -la mejor amiga—  era la mente maestra, era ella quien elegía a las víctimas y manipulaba a los demás para hacerlos pedazos.

Natalie era la verdadera perra, la verdadera enemiga. La que debía pagar más caro que todos.

Me había tomado la tarea de estudiarlos a cada uno de ellos desde que Marek me había obligado a acompañarlo al supermercado y había hecho una pequeña lista con algunas ideas de lo que podría pasarles a cada uno.

La morena era la que me había costado más. Con esa actitud tan callada, tan distante y superior fue difícil encontrar alguna debilidad para usar en su contra, pero después de tanto observarla había dado en el blanco.

Y esa misma noche estaba dispuesta a devolverle todos los favores.

Marek y yo salimos del colegio como unos verdaderos criminales que habían tenido éxito en el robo.

El aire de la noche golpeándonos el rostro mezclado con nuestras risas era mil veces mejor que la receta de la creación de las chicas súper poderosas.

Montados en nuestras patinetas llegamos en menos de diez minutos.

Había pasado suficientes veces por su calle para saber en qué lugar estaba ubicada su habitación. Era la que tenía un balcón con la vista hacía la casa izquierda. Las luces estaban apagadas y las cortinas cerradas, pero era de esperarse dada la hora que era.

—¿Cómo se supone que vamos a subir ahí? —preguntó Marek con las cejas fruncidas.

—¿Para qué crees que te traje a ti? —lo miré. —Vamos, esclavo, haz lo tuyo.

Sus ojos verdes me fulminaron antes de caminar hacía la ventana e inspeccionarla a detalle.

Tardamos alrededor de cinco minutos en idear una manera de subir a su balcón sin hacer ruido y sin ser vistos por nadie. Abrir las puertas dobles para entrar a la habitación fue mucho más sencillo. Me sorprendió encontrar una habitación extremadamente limpia y ordenada. El color rosa pálido y blanco en las paredes era de esperarse junto con la decoración aniñada.

—¿Por qué tu habitación no está así? —murmuró Marek observando todo con la luz de su teléfono. Le di un codazo en las costillas.

—Porque yo no soy así de ridícula.

La cama estaba pegada a la pared, situada en el en el centro. Nos acercamos de puntitas y nos tomamos unos segundos para observar a la persona que dormía plácidamente solo para comprobar que fuera la indicada.

Natalie Anderson tenía la mitad de la cara aplastada contra la almohada, la boca ligeramente abierta y un rostro libre de maquillaje que dejaba a la vista todas sus imperfecciones y unas cejas casi invisibles. Su cabello se extendía desordenadamente sobre la almohada y las cobijas blancas.

Marek sobrepaso una mano cerca de su rostro solo para asegurarnos de que estuviera muerta en el sueño. Ella no hizo ningún movimiento.

—¿Debería sentirme mal por hacer esto? —susurré con duda.

—¿Crees que ellos se sintieron mal haciéndote pedazos? —respondió él.

—¿No se supone que deberías darme buenos consejos, en lugar de sonsacarme para hacer cosas malas? —inquirí levantando las cejas.

—No te estoy obligando, nos podemos ir. Pero… —me apuntó con su dedo índice —, ella se lo merece. Que alguien la ponga en su lugar una vez en la vida no está mal.

Suspiré. Marek tenía razón. Ella había sido el cerebro despiadado. Pagarle con la misma moneda era justo.

—De acuerdo, dame la crema.

Marek me pasó la botella redonda, me unté una buena porción en la mano y después me incliné para ponérsela a Natalie en las cejas y en el resto de la piel. Era crema depiladora y al despertar no iba a tener ningún bello en el rostro. Era mi obra maestra. Mi lienzo exquisito.

—Bien —le regresé la crema. —Tijeras.

—Traje una sorpresa —dijo antes de darme lo que le había pedido.

—¿Qué es? —pregunté, pero Marek ya tenía en su mano una pequeña máquina para el cabello. Lo miré sorprendida. Era un maldito genio.

—Ya me estas cayendo bien —asentí. Él sonrió mofándose de mi alago.

Miré a la morena y su cabello largo y trenzado. La vanidad era su debilidad. Verse bien en todo momento era lo que la dominaba. Me había costado trabajo descubrirlo, pero después de tantas observaciones minuciosas me había dado cuenta. Y amaba su cabello.

Sin pensarlo demasiado me puse en la tarea de cortar una por una todas sus trenzas hasta dejarle el cabello al ras de su cuero cabelludo. No fue un gran corte, algunos mechones quedaron disparejos debido a que solo tenía acceso a un lado de su cabeza. Pero cada tijerazo que le di fue una satisfacción que me hizo sentir poderosa y feliz, como si por primera vez en mi vida estuviera haciendo lo correcto.

Y como Marek había sido un genio con la sorpresa, entonces también la había rapado en algunas partes. Estaba realmente impactada de que no se hubiera movido ni despertado.

—¿Por qué no la rapas toda?

—Porque quiero que sufra cuando vaya con la estilista y le pida que termine lo que nosotros iniciamos.

—Recuérdame nunca ser tu enemigo.

Le sonreí. —A ti no te cortaría el cabello.

El rostro de Marek reflejó que había entendido perfectamente bien y eso me hizo querer reír. Pero como se suponía que no debíamos de hacer ruido entonces me aguanté.

Bajar por el balcón fue mucho más complicado que subir, al final, terminamos saltando. Marek saltó primero, luego yo. Y nos alejamos tan rápido como llegamos. Tuvimos suerte de no rompernos ningún hueso. Pero lo más importante era que la misión estaba cumplida y que mi espíritu se sentía indomable.

Había pensado un millón de veces en hacer algo al respecto, en devolverles la misma mierda que ellos me tiraban, pero nunca había tenido el valor, nunca había sido el momento perfecto, nunca había tenido a alguien que me apoyara. Un cómplice, un… amigo.

La calle que se extendía bajo nuestros pies estaba iluminada por las farolas amarillas.

—Se sincera conmigo, Amberlin.

—¿Qué?

—¿Aun no te has arrepentido de haber dicho que sí?

—Todos los días, desde que me despierto hasta que me duermo. No entiendo cómo es que te soporto tanto. —me reí sin ganas, pero Marek me estaba mirando con los ojos entrecerrados y al final terminé por darle un empujón juguetón.

—Ya estoy editando el vídeo para nuestra exposición, es esta semana, y no es por presumir, pero está quedando de poca madre. —cambio de tema.

—¿Y crees que nos saquemos un diez?

 —Un diez más puntos extra. Seremos la envidia de la clase.

—Si eso no ocurre reconsiderare este extraño trato que tenemos. —le advertí. Él se encogió de hombros, despreocupado.

—No lo harás. Yo lo sé. —aseguró con una sonrisa torcida y los ojos brillantes.


Hola criaturas del maaaal!!!

He regresado a actualizarles y a advertirles que en el siguiente capítulo las cosas se pondrán realmente feas :( 

Entonces, por favor, tomen precauciones. 

Eso es todo, pueden quedarse con la intriga y hacer suposiciones de lo que creen que va a pasar, si quieren las pueden dejar en comentarios :) 

Bye, criaturas! 




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