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When The Time Goes Out » Capítulo XII
When The Time Goes Out (R13)
Por billitha trukau
Escrita el Sábado 18 de Mayo de 2019, 14:56
Actualizada el Domingo 28 de Junio de 2020, 16:37
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Capítulo XII

Tenía hundidos los ojos por las terribles orejas que cargaba, pero nadie podía borrar de mi rostro la leve sonrisa torcida que llevaba.

Era cierto que los alumnos del instituto hacían tres cosas cuando me veían;

1-      Me empujaban al pasar.

2-      Me cerraban el paso.

3-      O me abrían camino.

La tercera sucedía en ocasiones espaciales como cuando la perra de Samantha me había vaciado basura encima. Pero esa vez fue diferente.

Mientras caminaba por el pasillo los alumnos me abrían paso no porque oliera a podrido o algo por el estilo, sino porque no podían evitar verme con la boca abierta. Con asombro, confusión y duda al mismo tiempo.

Podía escuchar todo lo que murmuraban con cada paso que daba.

¡Dios, mira su cabello!

¿Acaso se volvió loca? Se ve ridícula.

¿Esa es Amberlin Ross, la bichita rara?

¡Qué cambio tan exótico! Se ve genial.

El patito feo se convirtió en cisne.

Hay que tener mucho valor para hacerse un cambio tan drástico. Solo mírala.

Esos y muchos más que se le iban sumando a la lista.

Sí, me había cortado el cabello hasta la altura de la barbilla no porque yo quisiera, eso había sido por necesidad. Pero haberme teñido el cabello de color azul había sido decisión mía y sin la opinión de nadie.

Y las personas simplemente no podían creerlo.

Esperaba que pudieran captar el mensaje oculto de mi cambio tan repentino. Porque aquello no era solamente un arranque loco adolescente de cambio de look. No. Era una declaración muda de que ya no iba a dejar que me pisotearan. De que podía ser más lista que todos ellos.

—Tú sí que sabes cómo llamar la atención —dijo Marek cuando se unió conmigo en el pasillo.

Lo único que quizás lo hacía resaltar a él igual que a mí era la sonrisa radiante que llevaba en los labios y la mirada feroz que atravesaban sus ojos.

—Vine presentable para la nueva obra —admití y las sonrisas cómplices aparecieron en nuestros rostros.

—¿Las cámaras están listas?

—Todo está donde debería de estar.

—Entonces que comience el juego —dijo guiñándome el ojo. —Te veo en quince minutos. Y trata de ser la mejor actriz posible.

No tuve que responderle nada cuando él se alejó de nuevo por el pasillo contrario. Yo estaba más que extasiada y ansiosa por ver caer a la Abeja Reina de su trono. Era momento de que los papeles del juego cambiaran.

La Reina Perra iba en camino.

Habíamos elegido ese lunes en específico porque sabíamos que habría junta escolar en la cancha de básquet ball y sabía de sobra cual era el lugar favorito de Samantha bitch y su clan maquiavélico.

A ellos les gustaba siempre estar cerca de la tarima que montaban para llamar la atención del público y por lo general ellos siempre estaban en el lado izquierdo, también porque la mayoría de las veces ellos subían a decir algo al respecto de los cursos que tenían a cargo. Samantha sobre las porristas y Hunter sobre algún deporte varonil.

Marek y yo nos habíamos colado el sábado y el domingo a mitad de la noche al instituto para asegurarnos de tener todo listo y que fuera tan perfecto como lo habíamos planeado. Habíamos colocado cámaras en puntos clave para poder captar con perfección el momento en que todo ocurriera.

Y con el mapa de todo el conducto de ventilación que Marek había sacado de quien sabe dónde todo indicaba que íbamos camino al triunfo.

Quince minutos después la mitad del instituto estaba reunido en la cancha indicada. Todos ellos estaban justo donde yo quería que estuvieran.

La maestra Bethany comenzó a hablar a través del micrófono informando sobre las actividades académicas, técnicas y deportivas que estaban por venir, y nos pedía que fuéramos a apoyar a nuestros compañeros participantes.

Diez minutos después le cedió el micrófono a Hunter y a Samantha.

Bien. Era momento de que la acción comenzara.

Me moví un solo paso para posicionarme en un lugar que me permitiera ver mejor. Aun sentía la mirada curiosa de las personas a mi alrededor, pero yo estaba concentrada en la mata de cabello dorado que estaba unos pasos más adelante.

Como si Marek sintiera mis ojos sobre él, regresó a verme y sonrió. No con malicia, sino con genuina amabilidad. Maldito idiota, en serio debería entrar a teatro.

Hunter estaba diciendo algo sobre el equipo de futbol americano mientras la pelirroja esperaba su turno para hablar.

Un segundo parecían el rey y la reina del baile y al siguiente eran una copia barata de Carrie bañada en sangre de cerdo.

La pintura roja revuelta con lodo y pegamento cayó directa sobre ellos desde el techo.

Hunter se quedó a mitad de su maravilloso discurso, después maldijo fuertemente. Samantha soltó un grito chillón y por un momento parecía que iba a empezar a llorar.

El público quedó en un silencio súbito, totalmente choqueado por lo que acababa de pasar.

Pero cuando la entrenadora subió al escenario con sus alumnos estrella los comentarios se hicieron notorios.

La sorpresa, la burla, las risas, los teléfonos apuntados hacía ellos, los flashes, y, sobre todo, la humillación notoria que cubría cada parte del cuerpo de La Bestia y la Abeja Reina.

Hunter estaba hecho una furia y Samantha parecía ser capaz de matar a medio mundo. Natalie tenía la mirada de una víbora asesina y Declan tenía dirigidos unos ojos astutos hacía todo el público.

Alejé la vista antes de que pudiera toparse conmigo, para ese momento Marek ya había llegado a mi lado, su rostro era de impecable sorpresa, horror y burla al mismo tiempo. Yo estaba haciendo un intento muy fuerte por no reírme a carcajadas.

Sentía un jubilo tan grande en el corazón que quería ponerme a saltar de la euforia.

Una probada de su propia medicina. Eso era lo que se merecían y eso era lo que nosotros les daríamos.

La entrenadora nos ordenó salir a todos del lugar a gritos.

 

▲ ▲ ▲


—¿Vista la cara de La Bestia?

—No jodas. Parecía como si le hubieran dado por el culo sin haber usado lubricante.

Solté una tremenda carcajada que hizo que me doliera el estómago.

Marek tenía las mejillas rojas y sus carcajadas descontroladas casi lo hacían reírse como puerquito. No podía. No había dejado de reírme desde el momento en que habíamos salido del instituto.

—¿Ya checaste los vídeos?

—Ya los resguardé como en veinte sitios diferentes. No pienso perderlos por nada del mundo.

Y sinceramente yo tampoco pensaba perderlos. Momentos gloriosos como aquellos tenían que resguardarse como si fueran un cofre lleno de oro.

Marek me codeó el brazo con una sonrisa cómplice, yo le regresé el gesto.

—Entonces, ¿tienes una lista?

—Oh sí. Ahora sí —afirmé. Había unas cuantas personas que merecían estar en mi lista negra de personas que debían irse directo al infierno.

—Bien. Porque yo tengo ganas de seguir humillando a personas.

—No lo dudo.

Nos reímos y seguimos andando con nuestras patinetas en mano hasta que llegamos al supermercado. Marek me condujo a la bodega trasera de la gran tienda y tomo el carrito de mandado que estaba escondido debajo de unas cajas de cartón.

—¿No dijiste que tu amigo te lo prestaba? —pregunté.

Marek hizo una cara de culpa falsa. 

—Bueno, tal vez no es mi amigo y tal vez… solo tal vez no lo pedí prestado.

Lo miré con reproche, pero él se encogió de hombros e hizo ademan de subirse al carrito como sí nada. Lo detuve antes de que terminara de pasar su gran pierna hacía el otro lado.

—Si no te molesta, ahora subiré yo. Hoy te toca ser Tiro al Blanco.

Él achicó los ojos y se cruzó de brazos. —¿Es en serio?

—¿Qué?

Él de verdad parecía indagando y sorprendido. 

—Acabo de confesar que nos robamos el carrito y tú solo dices que es tu turno de subir. ¿Qué clase de persona eres?

Rolé los ojos y lancé mi mochila y mi patineta al área de bebes.

—Alek, acabamos de hacer algo mucho peor que robar un carrito de mercado. Además, lo hemos estado robando desde hace semanas —puntualicé y me subí al carrito. —No intentes ser el señor moral ahora, a estas alturas ya no te va.

—¿Ah no? Y según tú ¿Ahora qué es lo que me va?

—Ahora te va a cargar la chingada si no comienzas a manejar este carrito.

La risotada que soltó Marek fue tan fuerte que me aturdió los oídos. Yo me limite a sonreír y a disfrutar del camino mientras él tomaba el control del pequeño transporte que ya comenzaba a formar parte de nosotros.

—¿Acabas de llamarme Alek?

—¿No fue así como te llamó tu mamá ese día?

El aire fresco mezclado con la luz de la tarde acercándose era exquisito.

—Sí. Pero solo mi familia me llama así.

—Entonces te buscaremos otro apodo.

—Solo los amigos se ponen apodos.

—Ese es un paradigma estúpido. Tú y yo… somos colegas.

—¿Colegas? —se río. —Yo creo que somos más que eso.

—En tus sueños, Maison. En tus sueños.

—Los sueños se hacen realidad ¿Lo sabias? Y no es por nada, pero te aseguro que vas a terminar amándome.

Fue mi turno de reír. 

—Lo haré cuando Samantha Warren se convierta en mi mejor amiga y Hunter Dixon sea mi novio.

Marek emitió un sonidito parecido a un quejido. 

—Difícil, ambicioso y muy poco probable. Pero nunca imposible.

Y antes de que pudiera argumentar cualquier otra cosa empezó a correr como un loco por la calle arrastrándome a mí también, corrió y me dio vueltas en el carrito. Sentí que estaba en algún juego mecánico y no pude evitar reírme por la emoción, la adrenalina y el hecho de Marek era un loco demente, desenfrenado, sin vergüenza y de que la falta de aire lo hacía reír como un puerquito.

Pusimos el carrito con el cartel de: "Ayudemos a los abuelos" mientras nosotros nos poníamos a trabajar en el proyecto.

Habíamos hecho guiones para crear un pequeño documental de viajeros nómadas y como no contábamos con mucho presupuesto ni con mucho tiempo disponible (ya que yo tenía que cumplir con mis horas de servicio e ir al trabajo y Marek no podía faltar a sus entrenamientos de futbol), habíamos decidido que tomaríamos pequeños lugares del pueblo y los haríamos parecer lugares importantes para nuestro trabajo. Después de todo el maestro nunca nos había dado limitaciones.

Así que teníamos permitido usar todo nuestro ingenio, capital y lo que se nos ocurriera.

El campo viejo de béisbol abandonado fue el primer sitio que visitamos.

Para hacerlo más interesante montamos una casita de campaña que le habíamos robado momentáneamente al hermano mayor de Marek. La ubicamos a mitad del campo desértico de pasto seco y pusimos la cámara con el triple de manera que solo enfocara a la casita, una parte del campo y el horizonte más allá.

Me sentía como en uno de esos comerciales donde la pantalla muestra un escenario súper genial de una playa y conforme el zoom se aleja va quedando al descubierto el montaje falso.

Era algo casi gracioso. Si veíamos desde la cámara daba la ilusión de que de verdad estábamos a mitad de un campo abierto en cualquier parte el mundo, pero si dejábamos de ver por el lente no estábamos en nada más y nada menos que en un simple campo viejo y olvidado.

Marek dijo que era la belleza de la vida y del mundo.

—La clave está en la perspectiva con que ves las cosas. Y si ves desde el ángulo correcto, puedes encontrar belleza donde antes había indiferencia.

Esas habían sido sus palabras cuando quedo satisfecho con el enfoque del lugar.

Después, duramos aproximadamente una hora haciendo toma tras toma tras toma, hasta que conseguimos una toma decente que nos gustó a ambos. Porque cuando Marek no se trababa hablando francés, entonces a mí se me olvidaban mis líneas, o cuando parecía que todo iba a salir bien de repente alguno de los dos se reía por la seriedad que nos tomábamos, y si no era una cosa entonces era otra.

Cuando el cielo se oscureció recogimos todo y fuimos a su casa para dejar las extremadamente pocas cosas que habíamos juntado ese día.

Agradecí enormemente cuando su mamá no apareció por sorpresa y no me obligo a quedarme a cenar, pero de todas maneras me vi arrastrada por Marek hacía su habitación.

—¿Me vas enseñar el cadáver de alguien ahora que descubrí que eres una persona vil y cruel? -me burlé.

Él en respuesta me dio una mirada siniestra y malévola.

—La verdad es que pensaba hacer de ti ese cadáver.

—Jaja, buena suerte con eso.

—¿Alguna vez vas a dejar de subestimarme? —preguntó con interés mientras buscaba entre sus cajones no sé qué cosa. Aproveché para tomar la guitarra que estaba en la cama y pase mis dedos sobre las cuerdas para escuchar el sonido melifluo que emitían. 

—Cuando me enseñes un cadáver de verdad, tal vez —le respondí.

—A mí me gustaría enseñarte muchas cosas. Un cadáver definitivamente no está en la lista. —Rebuscó en el fondo de un cajón y finalmente dijo: —¡La encontré!

Era una libreta de pocas hojas y aspecto viejo. La pasta tenía rayones de plumones y estampillas pegadas. Marek se acercó y se sentó en la cama. Abrió la libreta y comenzó a pasar las páginas con rapidez hasta que se detuvo en una que estaba medio doblada.

—¿Así que tienes una lista?

—Algo así.

—¿Una lista de cosas que quieres enseñarme? —Marek levantó la vista de golpe con los ceños fruncidos y después asintió con la cabeza. Pensativo.

—¿Y dónde está esa lista?

—En mi cabeza.

—¿Y se puede saber qué cosas incluye tu famosa lista?

—Nah —soltó despectivamente. —Ahora siéntate ahí, cállate y escucha. Ah, y dame mi guitarra —me la arrebató.

Role los ojos antes de obedecerle y sentarme en la silla giratoria que estaba cerca de su pequeño escritorio. Tomé un pequeño muñeco que había sobre la mesa y observé a Marek acomodarse junto con su guitarra. Colocó la libreta abierta sobre la cama y entonces empezó a tocar.

Sus dedos comenzaron a moverse sobre las cuerdas y el sonido brotó como una melodía suave y lenta.

Do you feel the same when I'm away from you?

Do you know the line that I'd walk for you?

We can turn around and we could give it up

But we'll take that what comes

Take what comes

Su voz baja, ronca y melodiosa hizo que se me pusiera la piel chinita. Sentí que mi corazón latía cada vez un poco más fuerte conforme Marek seguía cantando, como si siguiera su voz y cada acorde hecho por sus dedos.

Él cantaba y tocaba al mismo tiempo. Inclinado sobre la guitarra parecía estar en una pequeña burbuja invisible. Totalmente concentrado en la música.

Y yo ni siquiera estaba segura de estar respirando. Estaba segura de que en ese instante no era capaz de apartar mi vista de él ni por un segundo. Porque lo que estaba viendo… ese chico de ojos verdes y sonrisas fáciles acababa de abrir una puerta en mi interior y me tenía totalmente paralizada.

Y cuando levantó la mirada hacía mí sentí como si acabara de encontrar un tesoro perdido.

Oh, I'll take your hand when thunder roars

And I'll hold you close, I'll stay the course

I promise you from up above

That we'll take what comes

Take what comes, love

We're walking the wire, love²

We couldn't be higher

Sus dedos recorrieron una última vez las cuerdas de la guitarra y la habitación quedo en silencio.

Los segundos que pasaron no fueron suficientes para regresarme a la realidad. No hasta que Marek habló.

—¿Y bien? ¿Te gusto? Es una de mis canciones favoritas de Imagine Dragons.

Sus ojos verdes estaban brillantes y atentos a mí. Carraspeé hasta que encontré mi voz.

—Demasiado… esperanzadora —opiné.

—¿Y no es la esperanza lo último que muere?

—No. Algunas veces no.

Marek dejó la guitarra y la libreta aún lado, recargó sus codos sobre sus rodillas y me miró con fijeza. 

 —Si no es la esperanza lo último que muere, entonces, ¿Qué es?

—Supongo que el cuerpo de la persona. —Me encogí de hombros y agregué: —Pero tocas bien para ser un idiota.

Marek sonrió. 

 —¿Solo toco bien?

Rolé los ojos. 

 —Te falta quizás afinar un poco más la voz, podrías reventar los tímpanos de alguien.

—Eres la primera chica que no cae rendida ante mis talentos.

—Eso es porque yo no caigo rendida ante los talentos ni encantos de nadie —aseguré.

Pero comenzaba a dudar incluso de mi misma.

Sí. Acababa de comprobar algo a ciencia cierta. Ya no había espacio para ninguna duda.

Marek era un peligro para mí.

No lo era de la manera en la que al principio había pensado. No, nada de eso. Era peor.

Porque mientras lo observaba, mientras admiraba sus ojos, su sonrisa, lo relajado de su cuerpo y lo despeinado de su cabello, supe que era la clase de peligro que me iba a terminar rompiendo en mil pedazos.

Él era esa clase de chico que entraba a tu vida para hacer una revolución completa de pies a cabeza, que te obligaba a abrir los ojos de manera abrupta, que era capaz de sacudir a cada uno de tus miedos, capaz de enfrentarse a cada uno de tus demonios, la clase de chico con un espíritu tan inquebrantable que no existía ser humano capaz de igualarlo en todo el universo.

Eso era lo que lo hacía un peligro y yo era un ser con un alma tan rota que sabía que no iba a ser capaz de soportarlo.

Aun así, aquello no era lo peor de la situación. Lo peor era que yo lo quería.

Yo quería esa revolución, quería que terminara de romperme, quería que me empujara hasta hacerme caer al vacío. Lo necesitaba tanto que me dolía aceptarlo.

Solo alguien tan masoquista como yo podía desear la completa destrucción.

Así que le sonreí y deje abierta la puerta para que él pudiera entrar y hacer un desastre con mi vida como se le diera la gana. Que al fin y al cabo muy poco me importaba.

—¿En qué piensas?

—En nada.

—Cuando una persona dice eso es porque ha estado pensando en todo.

Ahí estaba él, contestando con toda esa facilidad odiosa. De verdad era un imbécil.

Me puse de pie para acercarme a la ventana y que pudiera darme un poco de aire. Para mi mala suerte no había ni una miserable pizca de brisa. Sentí a Marek pararse a un lado de mí. Ambos viendo a través de la ventana al más allá.

—¿Sabes cuál era mi sueño antes de venir aquí?

—No. ¿Cuál?

—Era ir a esquiar a las montañas Big Bear.

—¿Y ya lo cumpliste?

—No.

—¿Cuál es tu sueño ahora?

—Ahora —suspiró con pesar y yo me giré para verlo. —Ahora supongo que disfrutar cada momento.

Tragué saliva mientras la obscuridad y el verde de su mirada me consumían. 

 —¿Por qué? —quise saber.

—Porque es lo único que importa —respondió. —Porque el pasado es intocable, porque el futuro no existe y porque el presente es lo único que tenemos. Solo hay una vida y tienes que sentirla hasta que te cale en los huesos, tienes que vivirla hasta romper todos los paradigmas y juicios sociales posibles, hasta que respires y en lugar de sentir que se te llenan los pulmones sientas que se te llena el alma.

Había una intensidad tan grande e irrevocable en su mirada que sus palabras me estremecieron con pequeños escalofríos.

—Eres un dramático.

Él sonrió y se encogió de hombros como si nada. 

 —A veces me inspiro.

Le di un codazo en las costillas, pero él observó fijamente a un más allá que no pude alcanzar y entonces sonrió ligeramente, no feliz sino nostálgico, como si viera algo imposible de tener.

Y yo estaba tan jodida que no pude ver lo que aquello significaba.


Hola criaturas del maaal

Estoy muy feliz de venir a actualizarles, a mi, personalmente este capítulo me encanto, ame escribirlo... peroooo.. solo para advertirles, apartir de (mas o menos) aquí las cosas se ponen un poco turbias. No todo puede ser felicidad.

Y para los que no ubicaron la canción, es Walking the wire de Imagine Dragons. 

Esta hermosa, pueden ir a escucharla. 

Espero que les haya gustado. Besos. 

Atte: Madd. 



 



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