Historia al azar: Donde Hogwarts es real
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Difícilmente » IV
Historia terminada Difícilmente (ATP)
Por BocaDeSerpiente
Escrita el Domingo 28 de Abril de 2019, 14:55
Actualizada el Domingo 28 de Abril de 2019, 15:12
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IV

Capítulos
  1. I
  2. II
  3. III
  4. IV
  5. V
  6. Epílogo

Lo que más le gustaba a Draco de la hora de la comida, era que tenía un rato libre para escuchar el resumen del día de sus amigos, a los que no veía en todas las clases desde que eligieron irse por diferentes ramas de la magia en tercer año. Compartía Aritmancia y Runas Antiguas con Zacharias, pero en horarios disparejos, debido a las ausencias por las prácticas de Quidditch, y en la segunda, también estaba Hannah, mientras que Susan y Justin se decantaron más por Cuidado de Criaturas Mágicas y Adivinación, lo que ocasionaba que algunas anécdotas fuesen extrañas.

Esa era una de ellas.

Se cubrió la boca con ambas manos, en un intento de disimular la risa y no ahogarse con el té que acababa de beber. Hannah, sentada a su lado, tenía los ojos y la boca muy abiertos, y el rostro teñido de un intenso rojo. Zacharias apretaba los labios para contener una sonrisa y Justin tenía la nariz arrugada en una clara señal de asco.

—¿Acabas de decir —Intervino entonces, emitiendo un sonido de total desagrado, que sólo hizo que Susan sonriese más y Draco se doblase por la risa— que justo cuando te ibas a acostar con Weasley, tu Puffskein, la bolita de pelos con la que jugamos todo el tiempo en la Sala Común y te despierta con lamidas, le mordió la mano y casi le rompe un dedo?

Susan asintió varias veces.

—Hagrid y yo estábamos experimentando sobre qué le pasa a un Puffskein al que le das comida que se sale de su dieta —Explicó, agitando la cuchara y con un aparente deje de orgullo—. Se ha puesto hiperactivo, rabioso, y dormilón. No estoy segura de cómo fue que lo lastimó tanto, no se supone que tenga dientes, pero Hagrid estará muy interesado, esto abre un nuevo campo de investigación para nosotros.

—Claro, después de que tu Puffskein haya alejado a Montague con saltos sobre su cabeza, cuando se iba a acostar contigo también, esto es una mejora.

—Y a Zabini, y a Corner, Diggory, Thomas, McMillan —Zacharias levantó una mano y se puso a sacar la cuenta con los dedos—, Wood, ¿y a quién más le dio?

—A Tin —Añadió Draco, mordiéndose el labio para calmar los bufidos de risa.

—Básicamente, aleja a cualquiera con el que me vaya a acostar. Tal vez sea eso lo que...

—¿Po...podemos no hablar de esto mi...mientras comemos? —Hannah, aún más roja que antes, se trabó con las palabras al hacer su petición, jugueteando con la comida de su plato y sin mirar a ninguno en particular. Susan se rio, le rodeó los hombros con un brazo y comenzó a contar una anécdota que nada tenía que ver con la anterior.

Draco estaba por unirse a la plática cuando se percató de que Zacharias, sentado al otro lado de su asiento, respondía a un saludo de alguien en una mesa diferente, con un gesto apenas perceptible. Al seguir la dirección de su mirada, notó que Hermione acababa de sentarse con los Gryffindor y sonreía hacia ellos; Ron estaba refunfuñando, con una mano envuelta en un vendaje, y Harry parecía abstraído.

—Merlín, lo del Puffskein es verdad, miren ahí —Susurró a sus amigos, que buscaron entre los leones a la pobre víctima de la mascota mutante de Susan. Ella misma fue la que más se rio al encontrarlo.

—Tal vez podríamos usar a tu Puffskein para nuestro plan de hoy —Mencionó Zac tras un momento, inclinándose sobre la mesa para mirarlos a todos.

Draco sintió que algo se desinflaba dentro de él. Dio el último bocado de salchicha y alejó el plato, para después apoyar la cabeza en uno de los hombros de Hannah; su mejor amiga no dudó en besarle la coronilla.

Si sólo hubiese sido más valiente. Si hubiese tenido más tiempo.

Si fuese mejor y no tuviese que hacer planes para invitarlo a salir.

Seguramente Harry nunca querría a alguien así.

—Hoy no hay plan, Zac.

Su amigo ladeó la cabeza y se apoyó un codo. No lucía molesto, ni confundido; incluso para él, que lo conocía bien, sólo tenía una expresión rara.

—¿Por qué no?

Draco suspiró.

—Es suficiente, en serio, yo...

—¿Ya te vas a rendir? —Fue en ese momento cuando Zac endureció su voz y frunció el ceño—. Nuestro Dray no se cansa por dos veces que no le salga muy bien.

—Fueron tres, si cuentas la de anoche.

—Esa no cuenta, porque no nos tenías a nosotros para ayudar. Hoy sí, y será diferente.

Draco sacudió la cabeza, enderezándose de nuevo, y paseó la mirada por los rostros de sus amigos. Todos los observaban en silencio.

—Las personas normales le plantan cara a quien les gusta y los invitan a salir así. Un Gryffindor seguro apreciaría más que hiciera eso.

—¿Quién te dijo que tú eras normal?

Él parpadeó, sin saber si se suponía que tendría que sentirse ofendido de algún modo. Zac se mantenía neutral después de decirlo, incluso cuando Justin saltó sobre la mesa para sujetarlo del cuello de la túnica, y los estudiantes alrededor del grupo se callaron ante el inminente reto.

—A lo que me refiero —Continuó sereno, alzando los brazos para sujetar las muñecas de su compañero, que mascullaba amenazas en su cara, y apartarlo—, es que nunca has hecho las cosas de una forma normal. Por Merlín, prácticamente renunciaste a tu familia cuando aceptaste quedarte en Hufflepuff y tenías sólo once años. Nunca he visto que no consigas algo que quieres, y no vamos a empezar ahora, ¿cierto?

—Pero...

La réplica se le trabó cuando su amigo bufó y negó.

—Si quieres a ese chico, sea por la razón que sea, que para mí es incomprensible —Draco no pudo evitar esbozar una media sonrisa por el fingido tono de exasperación que utilizó—, vamos a conseguirte una oportunidad, los "no" son inaceptables aquí. Ahora, escuchen, y Justin, deja de mirarme así.

El muchacho le dio un último susurro contenido, para después volver a tomar asiento. Zacharias se acomodó la túnica y comenzó a hablar, y por un momento, a Draco le pareció que esta vez sí podría resultar.

Una hora más tarde, parado frente al espejo, desde el que podía ver a Susan, Justin y Zacharias sentados en su cama, a través del reflejo, y a Hannah detrás de él, peinándole el cabello, no estaba tan seguro.

—Tenemos que estar a las afueras de Hogsmeade en una media hora. ¿Repasamos el plan? ¿Cómo lo vamos a separar de su grupo de Gryffindor?

—Yo distraigo a la Weasley —Justin lucía un poco confundido al encogerse de hombros—, no debe ser tan difícil. Seré encantador.

—¿Puedes ser encantador? —Replicó Susan, ganándose un empujón que la tumbó en el colchón.

—Sean serios —Ordenó Zac—. Granger dijo que podría acompañarlo hasta la entrada, pero ella no está invitada hoy; alguna excusa se inventará para irse. Susan va a retener al mejor amigo, sin su Puffskein mordelón, si es posible —La mencionada se rio—, y Hannah va a poner encantamientos de vigilancia alrededor del perímetro, para que mantengamos lejos a cualquiera que vaya a interrumpirlos.

—¿Tú qué vas a hacer?

Zacharias mostró una amplia sonrisa.

—Dray y yo tendremos una cita —Le guiñó a través del reflejo, y se echó a reír por lo bajo cuando Justin le dio una patada en las piernas, y Susan hizo el ademán de derribarlo de la cama—. Ya, ya, eso sí se lo toman en serio, eh. Yo lo voy a acompañar hasta que llegue, y después me aseguro de que nadie se les acerque demasiado, para que agarre valor y lo invite a salir por fin.

Draco se encogió e intentó concentrarse en el espejo. Hannah acababa de terminar y estaba listo, envuelto en una de las mejores chaquetas que los Abbot le regalaron una navidad, y con uno de los pantalones que Susan le insistía tanto que usase.

—Esto va a ir mal —Musitó al darse la vuelta, con un puchero. Zac rodó los ojos, y se puso de pie para caminar hacia él y sujetarle las manos, haciéndolo dar un giro lento, igual que las veces que bailaban.

—Va a ir bien. Es sencillo; llegará, se quedarán solos en un sitio que conoces, le dirás, y aceptará.

—Pero…

—Tal vez te parezca mejor cuando Harry vaya por ti y te meta la lengua hasta la g...

—¡Ya acordamos en que nada de lengua para nadie! —Justin interrumpió a Susan, dándole otro empujón, a la vez que la llamaba sucia, pervertida y mala influencia, y ella se doblaba de la risa y le regresaba un manotazo.

—Será divertido —Agregó Hannah en un suave murmullo—, como una salida cualquiera, hasta que llegue él. Tal vez el problema es que hemos intentado alejarlo y adaptarnos a los Gryffindor.

—Pero quien va a la Tejonera, se adapta a los tejones —Completó Zac, y ambos intercambiaron un asentimiento—. Ten confianza, Dray, te ves muy bonito, sólo se tú mismo y veremos a Potter encandilado por ti.

Draco intentó no quedar atrapado en el torbellino de ideas, halagos y locuras de sus amigos, pero como de costumbre, le resultó imposible, y cuando salieron del castillo hacia el pueblo mágico, junto a otros estudiantes de su Casa, habría podido creer que se trataba de una visita normal, si la piel no le hormiguease y sintiese el estómago revuelto.

La "Tejonera", como les gustaba decirle a los Hufflepuff, en realidad era una estructura pensada para ser una posada, que nunca abrió sus puertas, y como la dueña perteneció a su Casa durante los años en Hogwarts, se la cedió a los estudiantes bajo las sencillas condiciones de mantenerla aseada, en secreto y no meterse en problemas. Quedaba alrededor de medio kilómetro a las afueras de Hogsmeade, y la entrada era un árbol que lucía como un canelo, que al retirar el musgo que le cubría las raíces, revelaba un agujero y un tramo de escaleras de tierra amarilla.

Casi tres metros bajo tierra, estaba el complejo entramado de túneles de piedra, reforzado por magia, que surgía de una sala amplia, en la que los estudiantes colocaron sillones de todo tipo (la mayoría a punto de tirarse a la basura y retapizados por ellos mismos), un equipo de radio que cambiaba las canciones mediante un hechizo, y decoraciones aportadas por cada uno. La cuarta regla, de la que nadie hablaba pero que estaba implícita, era que si un Hufflepuff empezaba a frecuentar la Tejonera, le tocaba aportar algo, al menos una vez.

Esa era la razón de que, de su grupo en el cuarto año, resultase una extraña combinación de dos sillones, otra radia mágica, unos tapices de diseños coloridos de mándalas, unas escobas Barredoras y un juego de snitch y Quaffle para interiores. Y a decir verdad, el observar las paredes recubiertas de lo que cada quien llevaba, que en muchos casos no tenía relación entre sí, era lo que más le gustaba a Draco.

—Estás muy nervioso —Hannah le echó un vistazo, le apretó el hombro, y regresó a la proyección que flotaba sobre su palma, donde estaba el resultado del hechizo de vigilancia—, a Harry le gustará el sitio.

—¿Cómo lo sabes?

Su amiga sonrió. Estaban acomodados en un círculo de sillones mullidos, algunos de motivos florales y otros a los que alguien les puso el diseño a rayas de amarillo y negro, y una mesita frente a ellos tenía cervezas de mantequilla ya vacías. El murmullo de voces de otros estudiantes y sus invitados, la lenta pieza de una canción que no sabía identificar, y los latidos de su corazón en su oído, eran todo lo que podía escuchar.

Cuando Zac se acercó y le tendió otra jarra de cerveza, podría haberlo abrazado, sólo por darle una excusa para apretar las manos en torno a algo -el vaso, en este caso- y soltar parte de la ansiedad. Incluso había empezado a golpetear el suelo con un pie, sin darse cuenta, y su amiga lo frenó al ponerle una mano con suavidad sobre la rodilla; llevaba dos años sin tics, no quería comenzar ahora.

—A todos les gusta —Simplificó ella, encogiéndose de hombros.

—No estoy seguro de que esto sea buena idea —Volvió a aclarar, tal vez por enésima ocasión, y le dio un sorbo a su bebida. Hannah y Zacharias lo observaron con idénticas expresiones de diversión y exasperación cariñosa—, es en serio, chicos. Harry seguramente querría salir con alguna chica valiente e independiente, muy Gryffindoresca, y yo casi lloro por una planta en Herbología.

—Yo también lloré, y no me iba a comer a mí —Le recordó Hannah.

—Creo que cualquiera llora si se lo van a comer —Añadió su amigo, seguido de un gesto vago.

Draco resopló y formó un puchero. ¿Quién decía que Harry en verdad iba a ir, para empezar? Aun si su amigo hizo un proyecto con Hermione, que era muy cercana a él, se agradaban y estaba al tanto de la idea general, no significaba que ella fuese a conseguir que llegase ahí. Mucho menos si no quería.

¿Y por qué querría ir?

Apretó la cerveza cuando el pecho empezaba a dolerle. No, no, no, no se iba a poner tan mal por eso.

—Está bien, suficiente —La voz de Zac lo sacó de su respectivo período de lamentación, y luego fueron sus manos las que se cerraron en torno a sus muñecas y lo jalaron fuera del sofá. De pronto estaban frente a frente, y su amigo fruncía el ceño al verle los ojos llorosos; empezó a secarlos sin decir nada—. Hay que demostrar la valentía de los tejones, Dray, no tienes que ponerte así. Anda, adivina qué traje para nosotros.

Cuando se apartó y lo soltó, tenía una sonrisa que reconocía de muchas veces en que terminaron en una travesura o en problemas. Que se sacase el Puffskein de Susan del abrigo, le confirmó sus sospechas.

—Tú y yo vamos a jugar con esta bolita, uno a uno como Cazadores, y el que lo inserte más veces —Miró alrededor y señaló un recipiente cóncavo de plástico, vacío— ahí, antes de que llegue Potter, elige dónde vamos a almorzar.

Draco luchó por contener una sonrisa y hacer su mejor expresión de seriedad.

—Bien.

Si alguien le hubiese dicho a Draco lo cómico que era perseguir a una falsa Quaffle en una sala, por muy grande que fuera, con un Cazador de tres años de experiencia, no se lo hubiese creído. No importaba que las escobas hubiesen chocado, y él se hubiese estrellado contra una pared dos veces, porque se estaba riendo para el momento en que se abrazó al Puffskein, y notó que la expresión de su amigo cambiaba al mirar en otra dirección.

—Llegó —Dijo entre dientes, sin mover los labios—, no entres en pánico.

Pero fue demasiado tarde. No tenía que aclarar a quién se refería, para que la cabeza se le vaciase y el corazón le latiera desenfrenado, por un motivo muy distinto al reciente juego.

Ni siquiera recordaba lo que se supone que debía hacer, así que cuando Zac le indicó que bajasen, lo siguió, mirando hacia todas partes en busca de la mata de cabello negro y desordenado que era su favorita.

Lo localizó bajo el umbral todavía y contuvo la respiración. Tenía las manos metidas en los bolsillos de un pantalón demasiado ancho, el rostro sonrojado por el frío, y el ceño apenas fruncido al recorrer el lugar con los ojos, no por molestia, tal vez simple incomodidad o confusión.

Una parte de él, dentro de su cabeza, sólo era capaz de gritarle "¡Harry, Harry, Harry!" mientras devolvían las escobas a su sitio y se dejaba arrastrar por Zac de regreso al conjunto de sillones. Su amigo se inclinó por encima de Hannah, que modificó su hechizo y se lo guardó en un bolsillo, en una especie de esfera-alarma.

Luego Harry observó en su dirección y una sonrisa tonta le creció en el rostro, sin que se diese cuenta. El Gryffindor saludó con un gesto, cambió el peso de un pie al otro, y después de una ligera vacilación, caminó hacia él.

—¡Ahí viene! —Fue lo único que se le ocurrió decir, zarandeando a Zac. Le llevó un momento caer en cuenta de que, si lo podía sacudir así, era porque tenían las manos unidas, y Draco se la apretaba con la suficiente fuerza para que fuese obvio que estaba conteniendo una mueca de dolor.

Aligeró el agarre y lo escuchó suspirar de alivio.

—Actúa normal —Dijo después, pero Harry estaba a unos pasos de distancia cuando se detuvo y frunció el ceño, ¿y cómo se podía "actuar normal" así?

Entonces otro tipo de pensamiento cruzó su mente y un nudo se le formó en la garganta. ¿Harry estaba molesto?

¿A Harry no le gustaba estar tan lejos del pueblo, de sus amigos?

Draco estaba seguro de que, aunque no se enojaría, sí se sentiría extraño si se iba a un sitio desconocido sin ellos.

Quiso lloriquear.

—¡Zac! —Espetó en un susurro contenido, y de nuevo, sólo notó la fuerza con que lo sostenía por el quejido que dio su amigo.

—Merlín, Dray, necesito las dos manos para el partido del viernes —Masculló, aunque no se zafó, sólo lució resignado—. Tienes que hablarle, viene para acá.

—¿Pero no parece molesto?

Zac se encogió de hombros.

—Sigue viniendo para acá y no creo que sea por mí o por Hannah.

—Pero...

—Hola.

Draco gritó. En verdad gritó.

El primer impulso al haber abierto la boca y sentir el par de miradas extrañadas sobre él, fue esconderse detrás de su amigo, lamentarse de su existencia, y desear un agujero en la tierra para esconderse cuando las mejillas comenzaron a arderle.

¿Podría abrir un hueco con magia no verbal, si estaba lo bastante desesperado?

De cierta forma, no creía que aquello fuese a quitarle la vergüenza. Tal vez sólo la aumentaría por caer en un hueco frente a Harry.

—¿Draco? —Oh, Harry tenía una voz tan linda cuando le hablaba suave para llamarlo. Bueno, su voz siempre era linda, pero-

—Contesta —El susurro de Zac sólo llegó a él, pero fue suficiente para que parpadease, respirase profundo, y se asomase por encima de uno de los hombros de su amigo, que era apenas más alto que él.

—H-Hola.

Harry arqueó las cejas, desvió la mirada un instante (¿hacia sus manos? ¿Por-? Oh, mierda), y volvió a fijarse en ellos cuando Draco soltó de forma brusca la mano de su amigo.

Aquí no pasó nada, aquí no pasó nada, se dijo, pero Harry lo observaba con una expresión extraña y era obvio que pasaba algo, y él no sabía qué.

Contuvo un lloriqueo a duras penas.

Zac, con uno de esos sonidos que hacía cuando comenzaba a frustrarse, se echó hacia un lado y le puso una mano en la parte baja de la espalda, para impulsarlo hacia adelante y dejarlo frente a Harry.

—Por Merlín, si apenas se ven y ya siento que sobro —Le oyó murmurar con un deje de diversión, y rogó porque el Gryffindor no hubiese escuchado lo mismo. Por suerte -¿o tal vez no tanta?-, Harry estaba más ocupado en dirigirle una mirada poco agradable a su amigo.

De pronto, el Gryffindor se sobresaltó, abrió mucho los ojos, y mostró una sonrisa enorme y tonta, al sacar un paquete envuelto en papel de regalo de colores pastel de su abrigo.

—Tengo esto para ti —Se lo tendió, y Draco quiso gritar, y saltar, y llorar, y lanzarse sobre él a abrazarlo, pero se limitó a recibirlo. La etiqueta de Honeydukes en un extremo, lo hizo morderse el labio. Ni siquiera creía que tuviese que preguntar qué dulce era, dada la manera en que Harry lo observaba con, con-

Con algo que no podía definir. Pero le gustaba, le hacía sentir un cosquilleo en el estómago y ganas absurdas de reír.

Abrazó el paquete contra su pecho, al igual que hacía con el Puffskein de su amiga.

—Gracias.

—¿Qué son? —A su lado, Zac se estiró para revisar lo que decía la envoltura, con una expresión curiosa—. Dray es alérgico a varios dulces de esos, Justin se los va a comer si él no puede.

Draco sabía que era su forma, falta de tacto, de decirle que aprobaba el regalo. Claro que Harry no sabía lo mismo y era lógico que resoplase y se cruzase de brazos, ¿cierto?

—Caramelos de limón —Espetó, y en lo que pareció ser una inspiración repentina, esbozó una media sonrisa, que nada tenía que ver con la tierna de la anterior, y añadió:—, sus favoritos.

Oh. Algo en ese tono de voz hizo a Draco estremecerse.

—Después de los bombones rellenos canadienses, sí —Respondió su amigo, despacio, medido, y Harry estrechó los ojos.

oh. De nuevo.

Draco acababa de descubrir que el Harry irritado era capaz de convertirlo en una masa temblorosa de suspiros soñadores.

Giró apenas la cabeza para dirigirle una mirada inquisitiva a Zac, que a su vez, le contestó con una expresión burlona, similar a la que tenía cuando practicaba Quidditch y le llevaba la delantera a los demás Cazadores. Draco ahogó un quejido, y él debió darse cuenta, porque desvió la mirada en dirección a Hannah y los sillones, y lo observó de la manera en que hacía cuando le prometía que todo iba a ir bien. Él quiso creerle.

Terminada la plática silenciosa, consciente ahora de que Harry estaba mirándolo de arriba a abajo, se reacomodó el regalo y al pequeño animalito, y optó por dedicarle una sonrisa, y esperar que no demostrase lo muy perdidamente enamorado que estaba y lo estúpido que se sentía porque no sabía qué más hacer.

—¿Quieres quedarte un rato con nosotros? Abby estaba buscando una emisora buena en la radio cuando nos fuimos a jugar. Yo gané —Declaró, ampliando su sonrisa, pero tras un instante y un vistazo a su amigo, que lo observaba con calma, formó un puchero—, estoy seguro de que Zac me dejó ganar.

El mencionado se rio por lo bajo.

—Quizás. Voy por una cerveza para Hannah, antes de que diga que volvemos sin nada —Rodó los ojos y se inclinó para sujetarle una de las manos y besarle el dorso; Draco ahogó un grito, y después una carcajada, porque no había hecho eso desde que terminaron. Zac le guiñó al enderezarse—. Háblale, actúa normal, como te dije —Susurró al pasarle por un lado.

Y de pronto, ellos estaban solos en medio del resto de estudiantes.

Y Draco quería correr lejos o cubrirse la cara, que sentía arder.

Harry se dedicó a observarlo un momento, y después dejó caer los hombros, liberándose de una tensión que él no había notado que sentía. Cambió su peso de un pie al otro, y metió y sacó las manos de sus bolsillos, y por un instante, tuvo la impresión de que no era el único nervioso.

—Es un lindo lugar —Mencionó, dando un breve vistazo alrededor, y volvió a balancearse sobre sus talones—, no tenía idea de que existía.

Él se encogió un poco de hombros.

—Los chicos y yo sólo hemos invitado a Seamus Finnigan y Luna Lovegood.

Harry lo observó con las cejas arqueadas por un momento, después pareció considerar algo, y dio un paso en su dirección, de modo que quedaban frente a frente.

—¿Cómo se juega con eso? —Hizo un gesto con la barbilla hacia el Puffskein, que se removió entre sus brazos.

—Ahm, es como el Quidditch, uno a uno —Draco se acercó a los sillones para dejar la caja de dulces, y le tendió a la criaturita—; lo jugábamos en el suelo a veces, es divertido.

El Gryffindor asintió despacio y le tendió una mano.

—¿Puedo? —Sin pensarlo, Draco le entregó la bola de pelos, y lo contempló sopesar su peso de una palma a la otra, antes de que comenzase a arrojarlo al aire y atraparlo—. Más pesado que una snitch, más suave. Debe rebotar si choca con alguien —Murmuraba, ajeno al chico que casi suspiraba por su actuación, por la manera en que mantenía los ojos en la 'pelota', y no fallaba en agarrarla. De pronto, esbozó una sonrisa, y se fijó en Draco, sin que aquello le dificultase la maniobra—. ¿Haces de Buscador o Cazador?

Él alzó una ceja ante el tono de inminente reto. En un movimiento rápido y fluido, le arrebató al Puffskein en el aire, se lo pasó de una mano a la otra, y flexionó el codo por detrás de su espalda, para esconderlo. Cuando alzó los brazos, el animal no estaba.

—Zac dice que lo hago desaparecer —Se encogió de hombros, y tras un giro de muñeca, se sacó al Puffskein de la manga de la chaqueta, para devolverlo a la palma de Harry, que bufó.

Zac dice —Repitió, con una voz distorsionada por alguna emoción que no supo reconocer—. Eso te haría un mejor Cazador, pero veamos si te enseño una cosa o dos de ser un Buscador.

Le guiñó al echarse hacia atrás y posicionarse para comenzar a jugar. Si alguien le hubiese preguntado entonces, Draco habría dicho "sí" a lo que fuese; las extremidades se le convirtieron en gelatina, y el rostro le ardía, por lo que requirió de un gran esfuerzo imitarlo para intentar capturar al Puffskein en cuanto dio inicio la partida.

Después de la primera lanzada, en la que casi chocan por sostenerlo, se transformaron en un enredo de brazos y piernas, que los obligaba a trastabillar. Jugar en el piso, consistía en corretearse e ingeniárselas para maniobrar cuando hacían de Cazadores, pero cuando eran Buscadores, dado que el Puffskein no volaba igual que la snitch, tenían que luchar por quitársela al contrario.

Draco lo elevaba por encima de su cabeza cuando la tenía, y Harry tenía que ponerse en puntillas, apoyarse en sus hombros o pecho, y dar saltos, intentando compensar la diferencia de estaturas; aquello le permitía ver su rostro de cerca, los ojos verdes y brillantes, la piel que demostraba ser la más suave que existía, los labios rellenos y apenas rosados, la mandíbula marcada-

Cuando Harry aprovechaba, sin saberlo, su distracción para quitárselo, le tocaba a Draco abalanzarse sobre él, batallando para sujetarle los brazos, alcanzar sus manos y al Puffskein, e inmovilizarlo cuanto pudiese. Sus dedos rozaban las muñecas, los nudillos, el dorso, e incluso el antebrazo en algunas ocasiones, y él sentía que podía derretirse en cualquier instante.

Cuando estaba decidido que uno lo tuvo una mayor cantidad de tiempo y el otro no lo tendría, arrojaban el Puffskein al aire, para atraparlo en el vuelo y comenzar de nuevo.

Draco jadeaba por la falta de aliento cuando dieron fin a la sexta partida, Harry le explicaba una maniobra de Buscadores con la voz distorsionada por la respiración agitada. Era consciente, de forma vaga, de que sus amigos los habían dejado hace rato, luego de observarlos desde los sillones, y puede que algunos otros Hufflepuff estuviesen pendientes de la situación, pero poco importaban miradas ajenas cuando tenía la más importante sobre él: la de Harry.

El capitán de Gryffindor tenía una sonrisa ladeada, que se combinaba a su desastroso cabello, y le daba un aire de despreocupación permanente, y anudado a la ligera capa de sudor que lo cubría después de haberse movido con él por toda la sala, resultaba más como la figura principal de una obra de arte mágico, que un ser humano común. Era tan, tan precioso, tan magnífico. Draco no podía quitarle los ojos de encima, mucho menos controlar los latidos acelerados de su corazón, o el cosquilleo en la piel, en cada rincón que tocó o fue tocado por él.

Tal vez debió hacerlo, porque cuando le arrojó el Puffskein, rebotó contra su frente y tuvo que agitar los brazos en el aire para atraparlo antes de que llegase al suelo. Con un leve quejido, abrazó a la pequeña criatura, y formó un puchero. Un instante más tarde, Harry estaba sobre él, intentando comprobar su estado, haciéndole preguntas y pidiendo disculpas, con una expresión que dejaba en claro que no sabía si disculparse o reírse por lo recién ocurrido.

Draco entrecerró los ojos, y él debió creer que se acababa de enojar, porque calló y dio un paso lejos. Luego le lanzó al Puffskein contra la nariz, justo entre los lentes, y lo capturó al rebotar hacia él. Se comenzó a reír de la expresión perpleja de Harry al apretarse el puente de la nariz y acomodarse las gafas.

—¿Qué...?

Se lo volvió a lanzar. Y otra, y otra, y otra vez. El Puffskein le dio en un hombro y en el pecho, y Harry empezó a reírse también y saltar o echarse hacia un lado para salirse de la trayectoria de la 'bala'.

—Alto, ¡alto! ¡Espera! —Soltaba entre carcajadas e inhalaciones bruscas, moviendo una pierna a tiempo para que no le atinase en la rodilla, y en su lugar, el Puffskein dio en el piso y saltó de vuelta a sus manos.

Estaba por arrojarlo otra vez, cuando unos dedos cálidos se cerraron en torno a su muñeca. A Draco le llevó una fracción de segundo paralizarse por completo.

—Bien, sí, tienes buena puntería. Tal vez te iría mejor de Golpeador que de Buscador —Ambos se rieron sin aliento, pero él no lo soltó, sino que deslizó su otra mano hacia el brazo que aún tenía libre, y así, lo sujetó de ambos. Tal vez pretendía que se quedase quieto; oh, si supiese que lo convertía en una masa temblorosa y sin sentido, no tendría que hacerlo.

Harry mantenía sus brazos en el aire, el Puffskein todavía atrapado en una de sus manos. A pesar de ser el más alto, por la posición en que lo capturó, podía verlo al mismo nivel, a esos ojos demasiado espléndidos que lo observaban con una emoción cálida y agradable, similar a la que lo inundaba a medida que transcurrían los segundos y ninguno cedía. No se movían.

Poco a poco, sus respiraciones se regularizaron, puede que incluso se hayan acompasado; aliento de cerveza de mantequilla se mezclaba con menta en el mínimo espacio entre los dos, ¿y se estaba reduciendo cada vez más, o eran imaginaciones suyas?

No, no lo eran.

Harry no apartaba los ojos de los suyos. Draco no se consideraba capaz de hacerlo, ni siquiera de pensarlo.

Había pieles calientes por la reciente actividad, labios entreabiertos que exhalaban de forma cuidadosa, y tenía el impulso de inclinarse más hacia adelante, un poco, sólo necesitaba un poco, y quizás podría- quizás tendría su permiso para-

Quizás.

No era más que un quizás.

Pero, de pronto, mejillas ruborizadas se añadían a la situación, y Harry emitía un ruido que estaba a medio camino de ser frustración y súplica, y no sabía que podía ser tan difícil pensar, con la mente algodonada, atrapada en un único pensamiento, que llevaba la imagen de quien tenía al frente.

Y luego había un tacto suave y cálido que le presionaba los labios, y esos ojos que admiraba se ocultaban tras párpados y largas pestañas oscuras, y él sólo pudo ver lo lindas que eran, antes de comprender lo que pasaba.

Harry lo estaba besando.

¿O era él quien lo había besado primero?

De algún modo, estaban más cerca, todavía tenía las manos sostenidas, y el aliento estaba atrapado en su garganta. Permanecieron inmóviles un segundo, Harry tenía los ojos cerrados, apretados, Draco muy abiertos los suyos.

Entonces sintió una explosión de calidez en su pecho, que le hormigueó en el resto del cuerpo, y no sabía ni le importaba descubrir quién era el que movía los labios en busca de más contacto, de más de las sensaciones, de más, porque él lo hacía también y parecían encajar como uno, y si existía algo mejor en el mundo, no necesitaba conocerlo.

Cuando se quiso dar cuenta, brazos le rodeaban la cadera, y él intentaba enredar los dedos en esas hebras oscuras, con las que tanto fantaseaba respecto a la textura que tendrían, y si el aire faltaba, no importaba, y si se balanceaban, tampoco, y quería morder y lamer, y seguir probando aquello con lo que sólo había soñado, la miel que nacía en esos labios y saciaba una sed que no conocía, y-

Y después hubo un grito de dolor, y un empujón que no supo de cuál de los dos fue, y trastabillaron lejos del otro.

Harry lo miraba, jadeante, con los labios hinchados y la cara roja.

Harry, que intentaba quitarse al Puffskein del cuello, donde tenía la mandíbula cerrada sobre su piel.

Y eso no pudo ir peor.



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