Historia al azar: Si no fueras un sueño.
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Difícilmente » III
Historia terminada Difícilmente (ATP)
Por BocaDeSerpiente
Escrita el Domingo 28 de Abril de 2019, 14:55
Actualizada el Domingo 28 de Abril de 2019, 15:12
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III

Capítulos
  1. I
  2. II
  3. III
  4. IV
  5. V
  6. Epílogo

No era que Draco fuese ingenuo, sólo optaba por evadir ciertas cuestiones. Olvidarlas, relegarlas. Ignorarlas el tiempo que pudiesen ser ignoradas.

Esa era un buen ejemplo de ellas.

—¿Llevas la túnica que tiene el amuleto de calor?

—Sí.

—¿Los zapatos de suela rugosa?

—Sí.

—¿La lámpara de aceite?

—Sí.

—No te olvidas de la insignia de Prefecto, ¿cierto?

Draco le mostró una sonrisa avergonzada a su amigo y se estiró hacia la mesa de noche, para cogerla y acomodársela en el cuello.

El dormitorio de chicos de sexto estaba vacío desde que Justin había ido a llevar, por él, la canasta anónima de disculpas a Sprout. Zacharias estaba sentado, de piernas cruzadas, en su cama, y tenía un libro en su regazo; la lectura estaba pausada desde hace rato, cuando le llamó la atención para contarle que Harry estuvo preguntando por él y la razón que pensaba que tenía para hacerlo.

Debido a que sus camas estaban una junto a la otra y no podía escaparse sin ser visto, anunció que iría a hacer la patrulla nocturna y utilizó el recurso de Prefecto como la oportunidad para escabullirse de la charla inminente que se avecinaba sobre él, al igual que lo haría la ola de un tsunami en la costa.

Su amigo no podría haberse visto menos impresionado por su manera de evadir el tema, y aunque le dedicó una mirada larga que decía mucho más de lo que quería saber, no presionó, y le hizo el chequeo rutinario antes de dejarlo salir.

—¿Qué harías tú sin mí, Dray? —Se burló, con un deje afectuoso que pocas veces se le colaba en la voz frente a otras personas, y regresó la vista a su libro, seguramente, a sabiendas de que no lograría convencerlo de nada por esa noche; así de terco era. Qué bien lo conocía.

—Morir —Exageró con una sonrisa, acercándose a su cama e inclinándose para besarle la mejilla, un simple roce, un agradecimiento silencioso por la falta de insistencia, que sabía que reconocería, porque, de nuevo, qué bien lo conocía.

—No vuelvas demasiado tarde, ¿sí? Cuesta levantarte en días normales, las patrullas sólo te dejan medio muerto en las mañanas.

—Sólo dos vueltas y vengo.

Zacharias asintió de forma distraída e hizo un gesto vago con la mano, en dirección a la puerta.

—Aquí te espero. Vete antes de que Justin llegue y quiera seguirte por ahí.

Él se rio y, tal y como le dijo, se apresuró a salir, para no encontrarse a su otro amigo y ser entorpecido en su tarea de Prefecto. Justin aún tenía problemas para comprender por qué tenía que irse de noche.

Draco no soltó el aire que contenía hasta que estuvo fuera de la Sala Común y dobló la primera esquina, la que alcanzaba las escaleras al pasillo.

Harry preguntó por él. El propio Seamus se lo contó a Zacharias y Hannah, a modo de advertencia, como él y Dean, Luna Lovegood, Blaise Zabini, y las gemelas Patil hacían, cada vez que alguien estaba averiguando sobre él o pretendía acercarse; era la manera en que sus amigos se preparaban para posibles desastres. Igual que el de primer año.

No volverá a pasar, había prometido Hannah entonces, abrazándolo tan fuerte que el recuerdo casi le dolía.

Seamus pensaba lo peor al instante y no dudó en decírselo a sus amigos.

Zacharias, sin embargo, le mencionó a la ligera, con esa calma suya que era tan falsa pero carecía de fallos para estar seguro, que creía que Harry preguntó sobre él porque le gustaba.

En momentos así, recordaba que uno de los detalles que más le atraía de él, en esa época en que tenía un enamoramiento profundo por su amigo, era esa capacidad de opinar lo mejor de alguien, e incluso a veces, acertar.

Sólo que no era lo mismo en esa ocasión. No podía.

Cuando alguien preguntaba por su familia, era imposible que fuese una buena señal, y él lo sabía.

Se sentía tan desilusionado, tan acabado. Su estúpido flechazo no le traería más que desgracias, si Harry estaba interesado en lo otro.

Y él no quería pensar eso de Harry. No, no de él.

Caminó arrastrando los pies, con la lámpara de aceite en una mano para iluminarle el trayecto. Saludó a la gata del conserje, que se le acurrucó entre los pies y maulló, y a Padma Patil, la Prefecta de Ravenclaw, y completó la primera vuelta sin encontrar un desvarío en la rutina y con la sensación de que ya podía volver y enfrentarse a los ojos conocedores de Zac.

Pero luego dio inicio a la segunda vuelta y se encontró de cara a un Harry Potter, que salía de un armario de escobas y se quedaba petrificado al verlo.

Y lo razonable habría sido dictar el castigo por hallar un estudiante fuera de la cama a esa hora, y enviarlo de vuelta a su Sala Común; el problema era que nadie dijo que Draco pudiese ser racional con el chico que le gustaba.

Por Merlín, que alguien se apiadara de él. Deseó tanto que Susan hubiese tomado la patrulla de esa noche, o que lo hubiese acompañado.

Cuando Harry debió percatarse de que no tenía intenciones de reprenderlo, se relajó y caminó hacia él, con las manos metidas en los bolsillos y una sonrisa tímida y tensa.

—Draco, no es lo que...

—¿Qué haces aquí? —Inusualmente a la defensiva, dio un paso hacia atrás e interpuso la lámpara de aceite entre ambos. Harry se detuvo con un sobresalto y los dos quedaron iluminados por el resplandor dorado.

—No sabía que los Prefectos usaban lámparas, en vez de hacer un lumos —El Gryffindor sonrió más, en un intento de relajar el ambiente, pero él no cedió. Debió notarlo, porque suavizó sus facciones, y Merlín bendito, Harry Potter en la noche, iluminado sólo de una forma tenue que realzaba sus pómulos, no podía ser bueno para su salud mental—. No estaba haciendo nada, lo juro; salí a caminar porque mis amigos se pelearon, Mione estaba molesta, Ron quería hablarme sobre eso y quejarse. La torre no es un buen lugar para mí ahora, no me hagas volver. ¿Por favor?

Acompañó la petición con otra sonrisita y ladeando la cabeza, gesto que lograba que quisiera enterrar los dedos en ese cabello desordenado y llenarle de besos los labios curvados.

Eso no era bueno.

¿Dónde estaba Justin cuando se necesitaba? ¿Estaría caminando de regreso de la oficina de Sprout? ¿Lo encontraría ahí, si se quedaba lo suficiente?

¿Y Hannah? Tenían una manera de comunicarse en secreto, para emergencias. Draco no podía pensar, así que aquello tenía que ser una emergencia, ¿no?

Oh, por Helga, quería gritar. Recordó lo sucedido en la cena y se encogió un poco.

En verdad no quería pensar que Harry fuese de esos.

—¿Draco? —Él utilizó un tono suave y dulce para llamarlo, y cuando dio un paso hacia adelante con una mano extendida, fue que este se percató de que llevaba rato callado.

Se obligó a respirar profundo y aclararse la garganta. No, Harry no podía ser de esos, ¿cierto?

¿Cierto?

—¿Estás molesto conmigo? —Preguntó después, jugando con sus pies y con la cabeza agachada. Y el arrebato de ternura y cariño que lo invadió, no tendría que haber sido capaz de sacudirlo, pero lo fue.

Era tan lindo y le gustaba tanto. ¿Y no era eso lo que importaba?

—Tienes que tener cuidado —Optó por decir, en un susurro, y dio un vistazo alrededor para comprobar que aún estaban solos—, Peeves estaba planeando una broma por aquí cerca.

—¿No me vas a regañar? —Harry levantó la mirada a tiempo para verlo negar— ¿sin castigos? ¿Sin orden de regresar?

Draco le mostró una sonrisa tímida y negó. Luego lo apuntó con la mano que sostenía la varita.

—Pero no voy a romper las reglas por ti, esta vez es una excepción —Sentenció, en el tono más severo que era capaz de usar, y el otro se rio y se puso una mano sobre la boca para disimular el sonido.

Draco tenía la sensación tonta de que podía vivir de su risa.

Se preparaba para darse la vuelta cuando el muchacho estiró una mano y encerró los dedos alrededor de su muñeca, en una suave presión. Arqueó una ceja al percatarse de que Harry boqueaba, como si luchase con las palabras.

—¿...a dónde crees...que pueda ir, sin ser visto?

Ah.

—A los pisos de arriba —Le tomó un segundo extra responder, porque necesitaba ocultar la decepción de su voz. Pero Harry no lo soltó y él volvió a encararlo por completo, en una cuestión silenciosa.

—¿Y cuánto le queda a tu turno? —Agregó, en lo que pareció ser algún tipo de inspiración repentina.

Draco luchó contra el estremecimiento que una simple frase podía causarle. Oh, es que si él quería pasar un rato a su lado o-

¿Era buena idea estar juntos de noche?

Creía que sus amigos morirían si lo supiesen. Tal vez no tendría que contarles, sería un secretito, algo sin sentido, para que no se preocupasen. En especial Hannah.

—Apenas hice la primera vuelta —Murmuró, consciente de que ahora le ardían las mejillas. Esperaba que Harry no lo notase.

Lo escuchó emitir un "hm", mientras que deslizaba su mano más abajo, le rozaba la palma y jugueteaba con sus dedos. No era la primera vez que le tomaba la mano así; en las clases de Herbología, ocurría seguido cuando Draco estaba ocupado con los apuntes y él ya no tenía nada que hacer, y en la biblioteca, cuando se reunían por un proyecto, lo hacía de un modo que aparentaba ser inconsciente, al aburrirse o cuando necesitaba concentrarse.

Siempre agitaba una emoción cálida y cosquilleante en su estómago, fuese cual fuese la razón.

—¿Quieres que te acompañe?

—¿A h-hacer las rondas? —Tartamudeó sin darse cuenta. La piel de Harry era cálida contra la suya, y bueno, era difícil pensar así. Lo vio asentir—. ¿Por qué? —La pregunta fue más bien una exhalación temblorosa. El otro aún jugaba con sus dedos.

—¿Cómo que por qué? No quiero volver, es de noche y estás solo, ¿hay algo malo con que quiera acompañarte? —Harry frunció el ceño, pero su expresión era más de confusión que de molestia—. Será divertido, nunca recibí una insignia de Prefecto, y en quinto año estaba muy molesto con Dumbledore por eso.

Draco parpadeó a la nada. No había oído sobre ese tema.

—¿En serio?

—Sí, lo que pasó fue que él pensó que ya tenía muchas obligaciones, debía saber lo del Quidditch y el club de duelo, pero yo no entendí en ese momento, así que puede que le haya reclamado...

—¿Le reclamaste a Albus Dumbledore?

Aquello era más que inverosímil. Harry tuvo la decencia de lucir avergonzado.

—Sí, bueno, más o menos, sabes que él no se altera, entonces yo era el único que gritaba y...

—¿Le gritaste a Albus Dumbledore?

—Es que estaba muy, muy molesto —Se excusó, encogiéndose—, y él no decía nada, y siempre me ha molestado más cuando no me contestan a lo que les estoy diciendo y...

Y de algún modo, retomaron el patrullaje uno junto al otro. Harry se escondía ante cualquier atisbo de un profesor o un Prefecto, y esperaba su señal para volver a caminar a un lado; le contó del explosivo temperamento que tuvo en quinto año, y él agradeció no haberlo notado entonces, porque era probable que no hubiesen sido amigos. Después la conversación se alejó de su cauce, y hablaron del primer año de Harry y el espejo mágico, y el segundo y la llegada en auto, y el tercero y las vacaciones con su padrino en unas montañas y el cuarto y su enamoramiento por Cedric que aún negaba. Luego de los Weasley, y de sus padres, y de Godric's Hollow, y de por qué conocían a Dumbledore, y de tantas cosas más que serían difíciles de mencionar, o absurdas, como por qué las arañas caminaban en hileras hacia el patio y la fascinación de Hagrid por los dragones.

Cuando se quiso dar cuenta de lo que pasaba, estaban sentados en el borde de la torre de Astronomía, la lámpara se había apagado hace rato, y en medio de la charla, sólo un resplandor blanco pudo devolverlos a la realidad de que no faltaba mucho para el amanecer. Harry frunció el ceño al ver el patronus con forma de zorro que saltó sobre él, para darle un mensaje, en el que Zac decía que ya no sabía cómo evitar que Justin fuese a buscarlo y le avisase a Susan y Hannah que no había llegado de la patrulla nocturna, le preguntaba si estaba bien, y le recordaba que incluso si tenía una razón para desaparecerse así, tenía unos amigos muy exagerados.

Draco se rio por lo bajo.

—¿Cuál es tu patronus? —Preguntó Harry de pronto, antes de que él pudiese sacar por completo la varita.

Como respuesta, realizó una floritura en el aire, pensó en las últimas vacaciones, las que pasó con Hannah y Susan, y un pavo albino (que brillaba más de lo que lo haría el normal, según le dijeron) se materializó frente a los dos.

—Dile a Zac que estoy bien —Comenzó, y tras darle una mirada a su acompañante, decidió agregar lo único que esperaba que evitase una interrupción más—, estoy con Harry. Sólo me distraje, pero vuelvo en un rato, lo prometo.

El pavo se desvaneció en una masa blanca flotante, que se dispersó en dirección a las escaleras. Pasaron un momento en silencio, antes de que Harry se inclinase hacia adelante, con los codos apoyados en las rodillas.

—¿Sabes que llevamos casi un año de ser compañeros de Herbología y casi no sé nada sobre ti? —Había un deje de amargura en la forma en que lo dijo, y Draco tuvo que obligarse a no interpretar más de la cuenta—. No sabía cuál era tu patronus o si podías hacer uno, lo que es genial, porque es magia muy avanzada, ni sé cosas como qué dulces de Honeydukes te gustan, qué tomas con las comidas en el comedor, o en qué Casa pensaste que estarías cuando entraste a Hogwarts.

—Me gustan los caramelos explosivos de limón —Contestó después de un instante, con una sonrisa débil— y las fuentes flotantes de chocolate. Tomo té en el desayuno y en la cena, y a veces un jugo en el almuerzo —Dio una bocanada de aire, para infundarse de un valor que no le pertenecía—. Pensé que iría a Slytherin.

Harry giró la cabeza hacia él y lo observó por un momento, en silencio. Después torció un poco la boca.

—Prefiero los dulces de miel, las granjeas y el jugo de calabaza —Se encogió de hombros, y su expresión se convirtió en una divertida, al añadir:—. ¿Slytherin? ¿De verdad? El Sombrero quiso mandarme ahí, tuve que pedirle que me enviase a Gryffindor en su lugar.

—Hubieses sido un Slytherin muy raro —No pudo evitar reírse, Harry lo imitó, inclinándose para entrechocar los hombros de ambos, de forma débil.

—Tú lo hubieses sido aún más, no te pareces en nada a ellos.

Draco se estremeció contra su voluntad, y apretó las manos en puños, en los bordes de su túnica.

—¿Cómo que no me...parezco? —Sintió, más de lo que vio, la tensión que se apoderó de Harry cuando oyó el temblor de su voz en la última palabra.

—No, no, no quise decir nada que, ah —Se pasó las manos por el cabello, desordenándolo más de lo que ya estaba de por sí—. Estás bien en Hufflepuff, ¿no? Es ahí a donde tenías que ir, tú entiendes.

Lo miró en silencio, y notó que el otro dejaba caer los hombros, y parecía que algo se había desinflado dentro de él. Lo cortó antes de que hubiese empezado, cuando lo vio abrir la boca para continuar.

—El Sombrero dijo "Slytherin" apenas me tocó la cabeza —Explicó, despacio, medido. No hables de más, se decía, no hables de más; la única persona a la que se lo había contado era Hannah—. Tin, Sussy y Abby ya habían ido a Hufflepuff, nos conocimos en el tren. Nosotros creíamos que Zac iría a Ravenclaw. Era lógico que no hubiésemos quedado juntos, esas cosas no pasan, lo de encontrar a tus amigos el primer día y tener la suerte de ir a la misma Casa —Hizo una breve pausa, en la que se percató de que Harry lo observaba con ávido interés. No valía la pena retractarse a esas alturas—. Y casi toda mi familia había ido a Slytherin, además; era lo que se esperaba de mí. Pero cuando el Sombrero iba a gritarlo, le pedí que no lo hiciera, que me enviara a otro lado, no importaba cuál.

—Y te mandó a Hufflepuff.

—Y me mandó a Hufflepuff —Aceptó—. Me cuestionó por qué y hablamos sobre eso, me ofreció Ravenclaw, pero no valoro tanto el conocimiento. Pensé en los amigos que había hecho en el tren, y él decidió que Hufflepuff podía ser bueno para mí, que aprendería mucho con ellos. Que mejoraría.

Un silencio extraño se formó entre ellos por un rato, antes de que Harry carraspease.

—¿Por qué le pediste que no a Slytherin?

—¿Por qué lo hiciste tú? —Contraatacó, en un tono más grave del que pretendía. Cuando iba a disculparse, sin embargo, el otro sacudió la cabeza.

—Ron me metió en la cabeza ideas sobre Slytherin malvados, que esperaban un Señor Oscuro para dominar y erradicar a los muggles.

Draco no pudo evitar bufar y cruzarse de brazos.

—Eso es estúpido.

—Teníamos once años —Le recordó Harry, con una sonrisa que rozaba lo afectuoso, y lo convirtió en una masa temblorosa—, claro que éramos estúpidos, pero tenía todo el sentido del mundo para mí en esa época. Yo no quería ser un mago oscuro, así que le pedí que me enviase a otro lado —Una breve pausa, en la que se rascó la nuca—. Básicamente, fue culpa de la exageración de Ron y mi idiotez, nunca lo había pensado. No es algo que la gente me pregunte tampoco, nadie se esperaría que yo hubiese estado a punto de ir ahí.

—¿Nadie...sabe?

—Tal vez lo mencioné una vez a Mione, no estoy seguro, habrá sido hace mucho —Él se encogió de hombros—. ¿Y tú qué?

Draco tiró de los bordes de su túnica. Harry le acababa de contar algo importante, algo que revelaba un lado de su personalidad. Algo que no hablaba con otras personas, por lo general.

Y el corazón le latía tan rápido, que no se habría sorprendido si se le hubiese salido del pecho en ese preciso instante.

—Mi madre tiene una hermana —Explicó, ante la mirada consternada del otro, y sonrió al pensar en ella—, que fue repudiada de la familia por casarse con un hijo de muggles. Padre la detesta —Un escalofrío lo recorrió al mencionar al hombre, mas decidió ignorarlo—, pero ella consiguió estar ahí en mi cumpleaños once, con su hija y un lindo regalo. Yo no las conocía. Madre calmó a padre, y pasé un rato con ellas, y me dijeron...cosas, que me hicieron pensar.

—¿Como qué? —Harry tenía una expresión de concentración, que no le había visto poner ni en las clases más importantes, y no podía dejar de ruborizarse y contener una sonrisa cuando lo miraba así.

—Ya sabes, ideales Hufflepuff más que nada —No pudo evitar reírse de su propia broma—, cosas como no juzgar a alguien por su familia o lo que tiene, que las personas que lo hacían, podían dañar a otras, y eso, más o menos. Yo no entendí mucho. Pero antes de que se hubiesen ido, padre nos alcanzó; no hizo nada a mi tía, fue directo hacia su hija, Nymphadora no llevaba mucho tiempo de haberse graduado de Hogwarts, y no quiso atacarlo frente a mí. Por no querer que yo viera que le hacía algo a mi padre, él la lastimó a ella.

Se percató del momento exacto en que Harry comprendió sus palabras. Se puso rígido y apretó las manos en puños a sus costados.

—Era un hombre adulto atacando a una muchachita —Siseó en un susurro contenido—, a su sobrina, y frente a ti, ¿qué...qué clase de...? —Se calló sin terminar de formular la frase, y su expresión se suavizó al estirar una mano hacia él y darle un leve apretón—. No tendría que haber hecho eso.

Él asintió, distraído por el agarre en su mano, los dedos que se entrelazaban. Habría jurado que se derretía por dentro.

—Lo sé —Musitó, y si lo hizo con voz ahogada, fue más por el cúmulo de emociones que lo inundaba, que porque lo hubiese afectado mencionarlo. Hablar con Harry era mucho más sencillo de lo que se había esperado.

—¿Por eso no querías? Como, ahm, ¿no querías...ser ese tipo de persona, algo así?

Oírlo trabarse con las palabras y gesticular con la otra mano lo llenó de ternura, de nuevo, y tuvo que refrenar el impulso de inclinarse y besarle el rostro mil veces.

—Sí, más o menos eso. Creo que entendí un poco lo que quisieron decirme cuando vi a madre y a mi tía meterse en medio para detenerlo, y a Nym sangrando —Se estremeció contra su voluntad, y de pronto, un brazo le rodeaba los hombros y lo pegaba su costado. Enterró la cara en el cuello de Harry, y estuvo seguro de que podía morir con una sonrisa ahí mismo.

—Y supongo que a él no le gustó mucho lo que elegiste, ¿verdad?

Él se limitó a negar con la cabeza, porque en cuanto abriese la boca, el nudo en la garganta no le dejaría decir más. Harry debió comprender, porque le soltó la mano para rodearlo con ambos brazos, y durante varios minutos, estuvieron en silencio ahí, con las brisas heladas de la noche en Escocia; Draco semiapoyado en su pecho, y las piernas de ambos colgando del borde de la torre.

Y por ese tiempo, no existió nada malo, ni triste, ni doloroso. Harry era la tranquilidad, la familiaridad, el hogar que le hacía falta, a pesar de tener todo lo demás.

—Harry —Llamó en un susurro, que recibió un "¿hm?" como respuesta. Se preguntó si se estaría quedando dormido, y una parte de él se enterneció por el hecho de que pudiese estar tan cómodo abrazándolo como para adormilarse de ese modo—, ¿sabes? Llevo varios días pensando que sería, uhm, buena idea, que mañana, en la visita a Hogsmeade, fueram...

Por el rabillo del ojo, un resplandor blanco captó su atención, y se obligó a levantar más la cabeza, a tiempo para fijarse en el patronus de hurón que saltaba hacia ellos. Hannah.

—Cuidado con Peeves.

La criatura de luz se desvaneció tan pronto como recitó el mensaje. Ellos intercambiaron una mirada alarmada.

—¿Qué decías? —Preguntó Harry, a la vez que se ponían de pie en un enredo de extremidades que los avergonzó a partes iguales.

Pero cualquier rastro de sueño que tuvieron, y los intentos de invitarlo a salir, quedaron en el olvido cuando se escuchó un ruido estridente, más cerca de lo que les habría gustado, y Peeves voló en su dirección, entonando una cancioncilla acerca de chicos que se escapaban de sus cuartos para hacer cosas que no deberían.

Eso definitivamente no salió mejor que el último intento.


No era que Harry fuese tonto, sólo que a veces también prefería ignorar ciertas cosas.

Pero cuando se coló a la torre de Gryffindor, a través del retrato de la Dama Gorda, que estaba dormida a esa hora, sabía que jadeaba y estaba ruborizado, y no era sólo por haber corrido de la torre de Astronomía a las cocinas para dejar a Draco a salvo de Peeves, y tomar atajos con el Mapa del Merodeador para regresar sin ser atrapado.

Sí, Harry se escabulló por la pelea de sus amigos, pero sólo llegó a ese punto en el primer piso por haber visto la vuelta de Draco en el Mapa. Y sí, estaba agotado ahora que prácticamente pasó la noche en vela.

Aun así, eso no explicaba por qué las comisuras de los labios le tiraban hacia arriba, el corazón la latía desenfrenado, y la mano le cosquilleaba, allí donde estuvo por largo rato unida a la de Draco. Y le gustaba la sensación que revoloteaba en su pecho, cálida, inquieta.

Pensaba en buscar algunos dulces de Honeydukes en la visita a Hogsmeade de ese día, luego de una merecida siesta que lo mantuviese despierto por las siguientes horas; tal vez los pondría en una pequeña caja, con un listón. Había visto varias veces que le daban regalos como ese a Draco, por lechuzas que se lo dejaban en el Gran Comedor, o alguien que se lo hacía llegar a través de sus amigos. Creía que le gustaría, y lo haría sonreír, y cuando él sonreía, bueno, a Harry también puede que le gustase eso.

Sólo un poco.

Alcanzó a cruzar la mitad de la Sala Común, antes de que un sillón girase en su dirección. La llama casi desvanecida de la chimenea iluminó a Hermione, que tenía las piernas cruzadas y las manos en el regazo, sobre un libro abierto de grueso tomo (lo que no era nuevo).

Harry dio un salto y ahogó un grito. Juraría que había estado solo, tal vez le hacía falta estar más pendiente de su alrededor.

Su amiga le dedicó una mirada larga, conocedora, y cerró el libro despacio, de ese modo que pretendía advertirle de que una platica que no quería tener se aproximaba. Él se adelantó con el único tema que pudo.

—¿Qué pasó contigo y Ron? —Dio un paso más hacia los dormitorios, pero Hermione arqueó una ceja al notarlo, y se sintió paralizado donde estaba.

—Ronald es un idiota.

—Siempre lo ha sido, vas a ver que mañana se da cuenta de que hizo algo mal y...

—Se acostó con Susan Bones —Lo cortó, y las palabras se sintieron igual que una oleada de agua fría. Se estremeció; había un transfondo seco en el tono de voz en que lo dijo, que le advirtió de no indagar demasiado.

—¿Cómo...cómo lo sabes?

A la mierda la incomodidad, si Hermione tenía algo que decirle, que fuese después. Su amiga tendría que estar sufriendo, y sí, Ron era su mejor amigo, pero tenía tanta sensibilidad como una piedra.

Tomó una de las sillas de madera más cercana, caminó hacia ella, y la giró, para sentarse de reversa, las piernas colgando a los lados del respaldar y los brazos doblados sobre la parte más alta de este.

La chica le dirigió esa mirada de "eso es obvio" que tan bien le conocía, y se reacomodó para encararlo. Harry tuvo un mal presentimiento que no tardó en cumplirse.

Hermione le mostró una débil sonrisa. Él comenzó a preguntarse si lo que le dijo era verdad, o sólo fue un truco; de cualquier modo, funcionó. Ahora lo tenía sentado a un lado, demasiado apartado del dormitorio para huir en cuanto la situación lo sobrepasase.

—¿Dónde estabas, Harry? —Preguntó suave, maternal, y su sonrisa se ensanchó. El brillo de sus ojos le aseguró que no era una mera casualidad que lo cuestionase. A veces, odiaba que ella fuese tan lista—. ¿Con cierto Hufflepuff por ahí, hasta estas horas de la noche?

Tragó en seco.

—Me pregunto si sus amigos sabrían qué estaban haciendo...

—Sólo hablábamos —Balbuceó, y le llevó un momento identificar el gesto de triunfo en las facciones de la muchacha.

—Hablar, bien, bien. Sólo hablaban, a las dos de la madrugada.

Harry intentó no pensar en lo mucho que podía implicar la insinuación y asintió con ganas. Merlín bendito, era Draco de quien hablaban; él no le tocaría ni un pelo.

Y no porque no quisiese.

¿Quería?

Oh, mierda.

¿Cómo es que nunca se le había ocurrido-?

—Sí, hablábamos —Sentenció, apartando esos pensamientos que no le ayudarían en nada.

Hermione lo observó en silencio por lo que pudo haber sido una eternidad. Luego se inclinó hacia adelante, dejando el libro en una mesa junto a su sillón, y le sujetó una mano. Harry sintió que deslizaba los dedos contra su palma, y dejaba un trozo de papel.

—Seamus te buscaba para disculparse —Explicó en voz baja—, dijo que se pasó con el comportamiento que tuvo, que se alteró pensando algo que no era; sabe que eres un buen chico. Dean escribió esto para ti.

La muchacha se apartó y se reclinó en el sillón, el libro de vuelta a sus piernas. Él frunció el ceño y desenrolló el papel, revelando una especie de dirección. No la conocía.

—¿Qué es esto, Mione?

—Resulta que los Hufflepuff tienen un lugar especial de reunión a las afueras de Hogsmeade, ¿sabes? —Ella se mostró absolutamente divertida al comentarlo, aunque tenía la mirada puesta en el encuadernado de nuevo—. Los llevan a partir de cuarto año, tienen permiso de invitar un amigo desde sexto en adelante. Conozco a un Hufflepuff que está en sexto exactamente.

—Draco nunca me ha dicho de...

—No, no. No me refiero a él.

Harry dobló el pergamino y se lo guardó en un bolsillo de la túnica, después se cruzó de brazos. Su amiga pasó una página, le dio una ojeada al contenido, y lo miró de reojo, desde abajo de sus pestañas.

—¿Por qué no vas mañana y lo averiguas?

—¿Qué cosa? Ya te dije, Draco no me ha invitado.

—Tal vez le dé pena —Ella se encogió de hombros. Y a él le pareció tan absurdo porque, ¿qué motivo tendría Draco para sentir vergüenza de invitarlo a un sitio? Ellos eran amigos y se tenían confianza, ¿cierto?

¿Cierto?

Harry asintió despacio varias veces, como si lo entendiese, pero a decir verdad, no lo hizo del todo.



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