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Slytherin´s en tiempos de guerra » Capítulo 31 - Theodore "Ya era uno"
Slytherin´s en tiempos de guerra (ATP)
Por Luna_Greyback
Escrita el Viernes 5 de Abril de 2019, 19:53
Actualizada el Sábado 1 de Agosto de 2020, 00:25
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Capítulo 31 - Theodore "Ya era uno"

Capítulos
  1. Capítulo 1 - Theodore "Él no era un monstruo"
  2. Capítulo 2 - Daphne "Lo que vale es que no lo somos"
  3. Capítulo 3 - Blaise "¿Entonces ya es definitivo?"
  4. Capítulo 4 - Draco "Eso jamás se lo perdonaría"
  5. Capítulo 5 - Pansy "Solo del de ellos dos"
  6. Capítulo 6 - Theodore "Intentó recordar un momento feliz"
  7. Capítulo 7 - Daphne "Lo necesito"
  8. Capítulo 8 - Blaise "¿En qué estaba metido Draco?"
  9. Capítulo 9 - Draco "¿Él era capaz de hacer eso?"
  10. Capítulo 10 - Pansy "Hay cosas que podemos aceptar"
  11. Capítulo 11 - Theodore "Ya tienes un espacio"
  12. Capítulo 12 - Daphne "Ella no quería irse"
  13. Capítulo 13 - Blaise "Tampoco era tan patán"
  14. Capítulo 14 - Draco "¡Soy uno de ellos!"
  15. Capítulo 15 - Pansy "En serio, mamá"
  16. Capítulo 16 - Theodore "Jamás me dejes"
  17. Capítulo 17 - Daphne "Bingo"
  18. Capítulo 18 - Blaise "Definitivamente extrañaba esa época"
  19. Capítulo 19 - Draco "¿Por qué al fantasma..."
  20. Capítulo 20 - Pansy "Eso hace una familia"
  21. Capítulo 21 - Theodore "Simplemente no podía"
  22. Capítulo 22 - Daphne "Quedémonos así para siempre"
  23. Capítulo 23 - Blaise "Tracey, yo..."
  24. Capítulo 24 - Draco "Estaba viva"
  25. Capítulo 25 - Pansy "¿Lo recuerdas?"
  26. Capítulo 26 - Theodore "Siempre lo vas a ser"
  27. Capítulo 27 - Daphne "Todo saldrá bien"
  28. Capítulo 28 - Blaise "¿Dónde está Draco?"
  29. Capítulo 29 - Draco "¡No tengo miedo!"
  30. Capítulo 30 - Pansy "Con eso se quedaba"
  31. Capítulo 31 - Theodore "Ya era uno"
  32. Prueba

Tan solo habían pasado dos días.

Theodore Nott veía con miedo la túnica negra que estaba extendida en su cama. Había llegado el día que tanto temía. Si bien es cierto, en los últimos meses había estado concientizándose acerca de lo que le esperaba al volver a la Mansión Nott, pero ahora estaba aterrado. Recordó como había llegado hace tan solo un par de días, mientras que su padre se quejaba de la hipocresía de las madres de sus amigos. ¿Él quien se creía para hablar de hipocresía? Decir que le daba pena su esposa cuando la tenía secuestrada y la había asesinado con su propia varita.  Por la cara que le había puesto Emmanuel Nott, sabía que el hombre se había dado cuenta de sus pensamientos y antes de sufrir un regaño acompañado de unos cruccios, se fue directamente a su habitación y se encerró en ella. No lo quería ver. Nunca más lo quería ver, pero estaba condenado. Él mismo lo había dicho.

Ahora había llegado el día. El día donde sería marcado para siempre. A partir de ese día ya no iba a volver a ser el mismo. Su brazo estaría marcado, su cuerpo estaría marcado, su vida estaría marcado. Todo cambiaría. Ya no lo verían con los mismos ojos. Él ya no se vería con los mismos ojos.

-Joven Nott - la voz de uno de sus elfos domésticos lo sobresaltó. Estaba tan concentrado en sus pensamientos que no notó la llegada de este -. Creo que ya debería de empezar a arreglarse.

Un movimiento de cabeza hizo que el elfo decidiera irse.

El castaño cerró la puerta con su varita y empezó a ponerse esa túnica. Se sintió tan asqueroso. Caminó hasta el único espejo que tenía y se vio…

Él no era un monstruo. Él no era un monstruo. Él no era un monstruo.

Levantó su manga izquierda, dejando a la vista su caucásico brazo, donde en unas horas estaría manchado de tinta negra. Recordó la marca de Draco, la marca de su padre: un cráneo con una serpiente saliendo de su boca.

-Theodore - escuchó la voz de su padre.

Era la hora, ya no había escapatoria. Se preguntó cómo sería ese día con su madre. Quizás ella no podría evitarlo, pero al menos al regresar esa noche, tendría un regazo donde llorar.

Bajó hasta el vestíbulo, donde su padre lo esperaba. Miró alrededor y vio ese horroroso lugar donde estaría atrapado el resto de su vida. Ese lugar, que era el escenario de sus pesadillas. Era el heredero de todo eso. Jamás podría irse de ahí.

-Llegaremos tarde - pronunció su padre.

Se le vino a la mente esa idea que en un principio tuvo: El día en que me convierta en Mortífago veré a mi padre orgulloso de mí por primera vez. ¿Veía orgullo en su mirada? Por supuesto que no. Era la misma expresión que le había dedicado desde que tenía uso de razón. Lo bueno para Theodore era que no lo esperaba, porque esa pequeña esperanza que le tenía a Emmanuel Nott se había esfumado ese 24 de diciembre de 1996.

Se aparecieron en un campo. El cielo estaba oscuro, como si fuera mitad de la noche, pero realmente acababa de terminar la tarde. Una fila de personas con túnicas negras lo esperaba en medio de ese lugar. Caminó al lado de su progenitor hasta que se chocó con esta gente. Ellos decidieron abrirse en un círculo, rodeando un caldero negro, que estaba en medio.

Theodore miró a su alrededor, distinguió a todos. O alguna vez habían estado en su casa o los había visto en la portada del Profeta como los más buscados. Varios ya se habían escapado de Azkaban. Otros habían salido de sus escondites. Theodore buscó a Draco con la mirada y felizmente lo encontró. Estaba pálido y demacrado, con mucho peor aspecto que el que llevaba desde hace meses. Había recibido un par de Crucios, estaba seguro. Al parecer que no haya sido capaz de matar a Dumbledore, había hecho enojar a Voldemort.

-Tranquilo - fue la palabra que los labios de Draco formaron. Y sí, necesitaba eso.

-Theodore Emmanuel Nott - la voz chillona e irritante de Bellatrix Lextrange hizo que Theo esté a punto de dar un salto por el susto -. ¿Preparado para serle totalmente fiel a tu Señor?

Theodore Nott nunca había sido purista, así todo su entorno (a excepción de su madre y Astoria Greengrass) lo era. Los Nott era una familia parte de los Sagrados 28, de las familias más importantes y antiguas de los magos ingleses, de las familias más puras que existían. Su madre, que había sido la responsable de la mayoría de su educación, siempre le dijo que todos los magos eran iguales, así que con eso siempre se había quedado. Por eso jamás le importó hablarse con un mestizo, por eso repudiaba el término "sangre sucia" … por eso no estaba de acuerdo con Voldemort. Le daba completamente igual si en el futuro a su hijo se le daba por enamorarse de una muggle, realmente no le importaba. A diferencia de sus amigos, que eran más aficionados a que su apellido esté "limpio" por el resto del universo. Él respetaba sus creencias, jamás les había pedido que cambien de opinión, ni les había regañado por ser puristas, él lo respetaba. Sabía que ninguno de sus amigos estaba a favor de Voldemort, incluido Draco, que solo lo aparentaba, él lo sabía perfectamente. Sus amigos podían ser puristas y todo lo que quieras, pero ellos no le deseaban la muerte a los que no lo eran. A ellos solo les importaba su entorno y sus descendientes puros. Por eso no estaban de acuerdo con Lord Voldemort.

-Sí - respondió, sabiendo que esa tenía que ser su respuesta.

-Acércate - pidió la bruja.

Theodore caminó hasta donde ella lo había hecho. Al costado de ese caldero negro que descansaba en medio del circulo formado por Mortífagos. Arriba del caldero se veían burbujas verdes y un aire del mismo color, no olía mal, ni hacía sentir una extraña sensación, pero él se sentía mal.

-Brazo izquierdo.

El castaño levantó su brazo y dejó que la mujer le arremangue la túnica. Sacó su varita y promulgó un hechizo irreconocible. Jaló de él hasta que su brazo quedó encima del caldero. Theodore no tenía ni idea de cómo era la ceremonia, así que siguió todo lo que ella le empezó a decir.

-Theodore Emmanuel Nott - repitió su nombre -. ¿Prometes obedecer las órdenes que el Señor tenebroso te indique?

Solo había una respuesta.

-Lo prometo - al terminar de decir la palabra, una gota verde cayó en su brazo provocando un dolor inmenso en su cuerpo. No tenía ni idea qué era, parecía ácido en una herida abierta.

- ¿Prometes confiar en todo lo que el Señor tenebroso te pida?

-Lo prometo - otra gota más y aún más dolor.

- ¿Prometes seguir al Señor tenebroso antes, durante y después de su gloria, hasta el último día de tu vida?

Más gotas empezaron a caer alrededor de su brazo. Theodore no pudo evitar el dolor y empezó a llorar. Él sabía perfectamente que no estaba llorando por el dolor, estaba llorando por lo que estaba por convertirse. Sería un Mortífago.

-Lo prometo - dijo.

El dolor se volvió mil veces más fuerte. No le importó que lo vieran llorar. No le importo ni un poco. Su vida a partir de ese momento no volvería a ser la misma. Nadie. Ni sus amigos, ni Daphne, ni él mismo, lo volverían a ver con los mismos ojos.

Un rayo verde salió del caldero y en el cielo se formó la Marca Tenebrosa. Todo se volvió negro por unos segundos hasta que una luz verde volvió a iluminar el lugar. El caldero estaba vacío. Los Mortifagos se habían arrodillado, en honor a un miembro más en su bando. Theodore abrió los ojos y los llevó hasta su antebrazo.

Ahí estaba. Ya era uno.

Cada vez que veía su antebrazo se sentía un monstruo. Era un maldito monstruo. Y cuando se negaba a llevar su vista a la marca, involuntariamente lo hacía y se sentía cada vez más un monstruo.

Habían Mortifagos infiltrados en el Ministerio de Magia, esperando al día perfecto para hacer un golpe de estado y tener el control del mundo mágico inglés. Habían Mortífagos en cada bendito lugar del país. Habían Mortífagos en la Mansión Malfoy, él estaba ahí.

-En casa de un miembro de la Orden - contestó Snape, que al llegar y verlo sentado en la misma mesa donde lo esperaban lo miró con un aire de burla. Él simplemente había agachado la cabeza y había permanecido así hasta que Voldemort había vuelto a hablar -. Según nuestra fuente, le han dado a ese lugar toda la protección que la Orden y el ministerio pueden proporcionar. Creo que una vez que lo lleven allí habrá pocas probabilidades de atraparlo, mi Señor; a menos que, por supuesto, el ministerio haya caído antes del próximo sábado, lo cual nos permitiría descubrir y deshacer suficientes sortilegios para burlar las protecciones que resten.

Estaba seguro que Voldemort ni se había dado cuenta de su presencia. No entendía por qué tanto esmero en que se convirtiera en Mortífago si era prácticamente invisible.

- ¿No hay ningún voluntario? - dijo Voldemort caminando tras sus Mortifagos -. Veamos… Lucius - se paró detrás del hombre -, no sé para que necesitas más una varita.

Lucius Malfoy levantó la cabeza y dejó ver un rostro pálido, ojeroso y realmente cansado. El mismo rostro que tenía su mujer, Narcissa, a su lado, y Draco, al lado de su madre. Lucius y Draco estaban igual, se notaba que los habían torturado. Theo pensó que quizás el padre de su amigo se veía peor porque había recibido las maldiciones de su esposa. Estaban en su casa, ahora ese era el cuartel de Voldemort, ahí descansaba, ahí vivía, para el gusto de Bellatrix Lextrange y para el horror de los Malfoy, que estaban asustados y con ganas de escapar. Ya no eran los privilegiados, ya no eran los favoritos, estaban sentados en el extremo más alejado de la mesa, mostrando el nivel de inferioridad en el que se encontraban. Y ahora se burlaba de Lucius Malfoy, en su propia casa. Y se burló de la hermana de la señora Malfoy, que acababa de casarse con el profesor Lupin. Y se burló de Draco, preguntándole si se haría cargo de sus primos. Mientras que Bellatrix juraba y perjuraba en que los borraría de su árbol genealógico para siempre.

-La tendrás - aseguró el Señor Tenebroso -. Y lo mismo haremos con las restantes familias: cortaremos el cáncer que nos infecta hasta que solo quedemos los de sangre verdadera.

Voldemort levantó la varita que le había pertenecido a Lucius Malfoy y movió lentamente al cuerpo que levitaba entre ellos.

- ¿Reconoces a nuestra invitada, Severus?

El profesor, como el resto de la mesa miró el cuerpo.

- ¡Severus! ¡Ayúdame! - gritó realmente aterrorizada.

-Ah, sí - respondió secamente el profesor de pociones.

- ¿Y tú, Theodore, sabes quién es? - inquirió Voldemort.

Theodore se sorprendió con el simple hecho de saber que Voldemort recordaba su nombre. Miró el cuerpo. Claro que sí sabía quién era. Nunca había estado en una clase de ella, nunca había entablado una conversación con ella, pero la había visto en la mesa de profesores, en los pasillos de su escuela y simplemente hablando con otras personas. Viva.

Theodore negó con la cabeza.

-Claro, tú nunca asistías a sus clases. Para los que no lo sepan, les comunico que esta noche nos acompaña Charity Burbage, quien hasta hace poco enseñaba en el Colegio Hogwarts. Sí, enseñaba a los hijos de los magos y brujas todo sobre los muggles, y les explicaba que estos no son tan diferentes a nosotros.

Murmullos y risas.

-Severus, por favor… por favor…

-Silencio - ordenó Voldemort haciendo caer sobre la mesa a la profesora -. No satisfecha con corromper y contaminar las mentes de los hijos de magos, la semana pasada escribió una apasionada defensa de los sangres sucias en el Profeta. Según ella, los magos debemos aceptar a esos ladrones de nuestro conocimiento y nuestra magia, y sostiene la progresiva desaparición de los sangre limpia es una circunstancia deseable. Si por ella fuera, nos emparejaríamos todos con muggles o ¿por qué no?, con hombres lobos.

Nadie rió. Nadie se atrevió a reír.

-Avada Kedavra.

Por un segundo Theodore pensó que frente a él estaba su madre. Por un segundo recordó el rayo verde en su pecho y ambos cayendo desplomados al suelo.

Sacudió la cabeza sacando ese momento de su mente. No quería revivirlo. Era horrible.

-A cenar, Nagini - dijo Voldemort en voz baja.

La serpiente dejó el cuerpo de Voldemort y se deslizó hasta el cuerpo muerto de la profesora. Voldemort decidió irse sin decir nada, y cada uno de los Mortifagos empezó a desaparecer, no queriendo ver cómo es que la serpiente se comía un cuerpo humano.

-Draco - dijo Theo al encontrarse frente a frente con su amigo -. Ven.

El rubio miró a sus padres, que estaban conversando en voz baja con Bellatrix y su marido, y siguió a Theo.

-A mi casa.

Dos segundos después, ya estaban en la habitación del castaño. Theodore cerró la puerta y Draco conjuró un Muffliato para que ningún elfo o su padre escuchara.

- ¿Cómo estás? - fue lo primero que preguntó Theodore mientras Draco se sentaba en una silla.

No lo veía hace tanto que ni lo recordaba.

-Mi padre escapó, madre está tranquila de tenerlo en la casa. Nosotros dos con Voldemort, no lo soportaría.

- ¿Qué te hizo?

-Nada - respondió Draco firmemente -. ¿Sabes lo que pasó?

Theo asintió. Lo sabía porque un día escuchó a su padre reírse tanto por primera vez, que se asustó y pensaba que se había vuelto loco. Hasta que escuchó como le contaba a uno de sus elfos como Draco había fallado.

-No pude hacerlo.

-Me alegra que no lo hayas hecho - dijo Theo sinceramente -. Tú no eres ningún asesino.

Al parecer esas palabras le habían chocado a su amigo porque bajó su mirada que se había nublado.

-Los asustaste - contó Theo recordando las cartas que Draco les había dejado -. No fue una buena idea.

-No podía ir y despedirme así no más.

-Los asustaste más. Pensaban que te habías suicidado.

-Por eso te pedí que los calmaras - Draco volvió a levantar la mirada -. Dijeron algo de ustedes, ¿se encontraron con ellos?

-Sí - respondió Theo -. Estaban desesperados y vimos la Marca en el cielo, Pansy salió corriendo, fui tras ella, pero Daph y Blaise me siguieron. Estaba intentado calmarlos, pero todos estábamos gritando y nos encontramos con uno, pero tranquilo, no nos hizo nada. No les hizo nada.

Draco suspiró aliviado.

- ¿Sabes algo de ellos?

-¿Tú crees? - Theo negó -. Tampoco creo saber nada de ellos hasta quien sabe cuánto. Cerraron Hogwarts y no creo que sus padres quieran mandarlos.

-No van a cerrar Hogwarts - comentó Draco.

- ¿Qué estás hablando?

-No lo van a cerrar - repitió su amigo -. Has escuchado, tomarán el ministerio y podrán hacer lo que quieran y siento que quieren a Hogwarts controlado, con alumnos dentro.

-Bueno, pero eso no quiere decir que ellos vayan a volver o que nosotros vayamos a volver.

-No creo que Voldemort me quiera encargar otra cosa que hacer, has podido notar que me odia, odia a mi familia. Seguro pedirán que me manden para no tener que ni pensar en mí.

- ¿Y ellos?

-Ese es otro asunto - dijo Draco -. No creo que quieran mandarlos, pero ya veremos.

-Si nos mandan a Hogwarts no quiero estar cerca de ellos - comentó Theodore en voz baja.

No lo había pensado. Pero eso quería.

-Quizás ni ellos vayan.

-Lo sé, pero si están, no los quiero cerca de mí.

Era un monstruo. Sus amigos no merecían eso. Daphne no merecía eso.

-No estarán - aseguró Draco. El castaño levantó la cabeza y lo miró.

-No puedo.

Theodore intentó controlarse, pero se le estaba complicando.

-No hables - pidió Draco entendiéndolo.

Se quedaron un rato en silencio. Ambos tenían miedo. Ambos odiaban su vida en esos momentos. Ambos querían huir. Ambos solo querían ser chicos normales.

-Escucha - el rubio fue quien se atrevió a romper ese silencio que ambos necesitaban -. Esto terminará y todo volverá a ser como antes.

-Está muerta.

-Lo sé, y lo lamento. Pero esto terminará y podrás ser feliz como desees, Theo.

Theo asintió lentamente y miró a su amigo, sabía que el también necesitaba oír algo.

-Todo esto terminará y tú también podrás ser feliz como desees, Draco.

Ahora fue el turno de su amigo de asentir.

Solo tenía a Draco. Y Draco solo lo tenía a él. Solo esperaba que no se lo arrebataran.

La Marca estaba negra. Más negra que de costumbre. Lo estaban llamando.

Theodore se puso la túnica rápido y posó sus dedos en la tinta negra. De la nada lo transportó a una habitación blanca, donde Voldemort y Draco lo estaban. Y alguien más.

-Theodore, te estábamos esperando - dijo Lord Voldemort al verlo llegar.

Theodore avanzó, y siguiendo el protocolo que había aprendido, le dedicó una reverencia, la misma que los elfos le dedicaban a él. Vio el rostro atemorizado de Draco a su lado y supo que algo malo estaba por venir.

-Te presento a Thorfinn Rowle.

El mismo Mortífago que los había encontrado gritando en medio de pasillo la noche de la muerte de Dumbledore, estaba frente a él, con golpes en la cara y con ganas de vomitar.

-A él le encargué algo muy simple, capturar a tres adolescentes indefensos y asustados, y no lo logró.

- ¡Dolohov tampoco!

-Ya veré que hago con él - le respondió Voldemort con sinceras ganas de asesinarlo -.  Estoy ocupado y necesito su ayuda. Tortúrenlo. Háganlo hasta que ya no pueda ni ponerse de pie. Háganlo hasta que ya ni reconozcan su rostro. ¿Quieres mi confianza, Draco? Hazlo. ¿Quieres mi confianza, Theodore? Hazlo.

Y sin más, se fue.

Theodore miró aterrado a Draco, quien estaba en la misma situación que él.

Rowle empezó a reírse escandalosamente.

-A ver, niñitos, tortúrenme - empezó a mofarse el hombre -. A penas pudiste desarmar a Dumbledore, Malfoy y crees que vas a poder…

- ¡Cruccio! - gritó Malfoy haciendo que el hombre se caiga al suelo retorciéndose.

Theo se quedó helado. No. No. No.

- ¿Qué haces? - dijo con un hilo de voz, realmente asustado.

-Si no lo haces, él lo sabrá - le aseguró Draco -. Él se enterará y te lastimará a ti.

-Draco…

-Sé que odias esto, pero nos tocó. No hay escapatoria.

Se odiaba. En ese momento odio a Draco. Odio a Emmanuel Nott. Odio a Voldemort. Odio a Merlín. Odio al mundo. Odio a su vida. Se odió a él mismo.

-No puedo…

No. No. No. No.

- ¡Cruccio! - siguió Draco.

El castaño miró a su amigo, a su amigo desde que tenía cuatro años. Vio dolor, vio sufrimiento, vio miedo en su mirada mientras torturaba a ese hombre.

-Tienes que hacerlo.

Si no lo hacía, lo mataría. Si no lo torturaba, lo torturaría a él. Si no lo hacía, moriría y le fallaría a Daphne. Si moría, no cumpliría su promesa. Si moría, no se casaría con Daphne. Si moría, no podría ser feliz después de que toda esta pesadilla acabara.

Sacó su varita lentamente del bolsillo de su túnica de Mortífago. Era un Mortífago.

-Cru… - empezó costándose la voz -. Cruccio.

Sabía que Rowle no había sentido nada porque para que una maldición imperdonable funcionara, el mago tenía que realmente sentirlo. Y él no lo sentía. Pero aun así ya era uno.

Él era un monstruo.



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