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Slytherin´s en tiempos de guerra » Capítulo 16 - Theodore "Jamás me dejes"
Slytherin´s en tiempos de guerra (ATP)
Por Luna_Greyback
Escrita el Viernes 5 de Abril de 2019, 19:53
Actualizada el Sábado 1 de Agosto de 2020, 00:25
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Capítulo 16 - Theodore "Jamás me dejes"

Capítulos
  1. Capítulo 1 - Theodore "Él no era un monstruo"
  2. Capítulo 2 - Daphne "Lo que vale es que no lo somos"
  3. Capítulo 3 - Blaise "¿Entonces ya es definitivo?"
  4. Capítulo 4 - Draco "Eso jamás se lo perdonaría"
  5. Capítulo 5 - Pansy "Solo del de ellos dos"
  6. Capítulo 6 - Theodore "Intentó recordar un momento feliz"
  7. Capítulo 7 - Daphne "Lo necesito"
  8. Capítulo 8 - Blaise "¿En qué estaba metido Draco?"
  9. Capítulo 9 - Draco "¿Él era capaz de hacer eso?"
  10. Capítulo 10 - Pansy "Hay cosas que podemos aceptar"
  11. Capítulo 11 - Theodore "Ya tienes un espacio"
  12. Capítulo 12 - Daphne "Ella no quería irse"
  13. Capítulo 13 - Blaise "Tampoco era tan patán"
  14. Capítulo 14 - Draco "¡Soy uno de ellos!"
  15. Capítulo 15 - Pansy "En serio, mamá"
  16. Capítulo 16 - Theodore "Jamás me dejes"
  17. Capítulo 17 - Daphne "Bingo"
  18. Capítulo 18 - Blaise "Definitivamente extrañaba esa época"
  19. Capítulo 19 - Draco "¿Por qué al fantasma..."
  20. Capítulo 20 - Pansy "Eso hace una familia"
  21. Capítulo 21 - Theodore "Simplemente no podía"
  22. Capítulo 22 - Daphne "Quedémonos así para siempre"
  23. Capítulo 23 - Blaise "Tracey, yo..."
  24. Capítulo 24 - Draco "Estaba viva"
  25. Capítulo 25 - Pansy "¿Lo recuerdas?"
  26. Capítulo 26 - Theodore "Siempre lo vas a ser"
  27. Capítulo 27 - Daphne "Todo saldrá bien"
  28. Capítulo 28 - Blaise "¿Dónde está Draco?"
  29. Capítulo 29 - Draco "¡No tengo miedo!"
  30. Capítulo 30 - Pansy "Con eso se quedaba"
  31. Capítulo 31 - Theodore "Ya era uno"
  32. Prueba

Su padre abrió la puerta sin ganas y lo dejó pasar. Celestine Nott, estaba sentada en una esquina mirando el ventanal en el cual se veían copos de nieve caer lentamente. Ella estaba pálida, con los parpados marcados y las ojeras moradas. Se veía mucho más delgada y con el cabello desteñido, ya no era ese marrón oscuro y brillante, ahora parecía un castaño carbón.

-Madre - Theo corrió hasta el sillón donde estaba sentada. Era un día antes de Navidad, ya llevaba tres días en la casa y recién su padre se dignaba a dejarlo ir a verla.

-Theo, cariño - su madre lo abrazó con fuerza, correspondiéndole a su único hijo -. ¿Qué haces aquí? Le pedí a Narcissa que te dijera que no vinieras.

-Como me iba a quedar en Hogwarts, necesitaba ver como estabas - le respondió él, ahorrándose las lágrimas.

Estaba viva. Estaba viva.

- ¿Cómo estás? ¿Estás bien? ¿Te da de comer? ¿Te ha hecho algo?

-Estoy bien, Theo - respondió ella sonriéndole. Theodore no entendía cómo podía lograr sonreírle estando como estaba -. Me da de comer y no me ha hecho nada desde que me metió acá.

- ¿Estás segura? Quizás te ha hechizado para que no te des cuenta…

-Tu padre no me haría algo así de nuevo.

- ¿Entonces porque estás acá? - Theo no entendía por qué su madre decía esa clase de cosas -. ¿Estás bajo la Imperius?

-No, cariño - Theodore no estaba seguro, pero tampoco sabía cómo revertir esa maldición como para asegurarse -. Estoy bien, créeme. Pero no quiero que vuelvas a venir a esta casa, puedes largarte, ya tienes diecisiete años.

-Mi padre no me dejará - respondió él -. Sabes que quiere que sea Mortífago, no me dejará irme hasta que me haya convertido en uno. No le importa que ya sea un adulto.

-Prométeme que cuando puedas, lo harás.

Theodore seguía sin entender muy bien que era lo que estaba pasando. Su madre le decía que su padre no era capaz de hacerle nada más a ella, pero le pedía que se fuera de la casa. Había pensado ciertamente en irse, pero ¿a dónde iría? Aún no terminaba el colegio, no tenía más familia a parte de sus padres ¿A dónde iría? Además, su padre no lo permitiría, y si se iba, mandaría a alguien a buscarlo y lo esperaría de nuevo en esa mansión decidido a lanzarle unos Crucios.

-Está bien - respondió él por complacer a su madre -. Pero, madre, tenemos que hablar.

- ¿Qué ha pasado?

-Tengo que sacarte de aquí - respondió el castaño sin darle muchas vueltas -. Necesito sacarte de aquí.

-Theo, estoy bien.

-No mamá - Theo creía que estaba hablando con una cría de cinco años. No creía que su padre no le había hecho nada en todo este tiempo, porque antes de irse de Hogwarts no se comportaba de esa manera -. ¿Cómo puedes decir que estás bien si estás secuestrada? Le voy a proponer a mi padre un plan, te mandaremos lo más lejos posible, volverás a usar tu apellido de soltera y mi padre nunca más sabrá nada acerca de ti. Es lo que quiere, créeme.

-Theo, yo soy una Nott - respondió ella -. Yo amo a tu padre.

Theo estaba controlando cada vez más las ganas de llorar. Su madre estaba enferma. Se había demorado en responder la carta de Narcissa, que se había perdido un mes de explicaciones sobre el actual estado de su madre. Se sentía el ser más despreciable de este planeta.

- ¿Cómo puedes decir eso? ¿Acaso no comprendes todo lo que está pasando, madre? ¡Por favor! ¡Merlín! ¡Te tengo que sacar de aquí! - chilló el castaño.

-Escúchame, mi amor - la mujer habló con voz suave -. Estaré bien, tú no te preocupes por mí. Hazle caso a tu padre, sé un Mortífago y después lárgate tú. Dile a Daphne que la amas, dile a tus amigos que los amas, quiero que seas feliz, mi amor.

- ¡Pero no voy a ser feliz hasta saber que estás sana y salva lejos de aquí! - siguió chillando el chico.

-Theodore, deja de chillar, por Merlín - dijo Emmanuel Nott entrando a la habitación molesto.

-Estoy hablando con ella - dijo Theodore mirándolo a los ojos -. Aún me queda tiempo.

-Puedes hablar con ella, pero no chillar barbaridades, inútil.

-No le digas así a nuestro hijo, Emmanuel - pidió su mujer.

Emmanuel la miró por unos segundos sin decirle nada. Theo pensó que si ella le había exigido eso no podía estar bajo la maldición Imperius, aunque tampoco estaba completamente seguro. Cuando él había estado, cada cosa que salía de su boca y cada movimiento que su cuerpo realizaba, no era propio de él, no era bajo su control.

-He escuchado lo que le acabas de decir a tu madre, Theodore. ¿De qué plan estás hablando?

Theodore se arrepintió de haber dicho eso en ese momento. Pero sentía que era el momento de proponérselo, quizás resultara positivo para él.

-Quiero hacer un trato contigo.

-No - respondió él sin pensarlo -. No aceptaré ningún plan tuyo. Sé que lo único que quieres que haga, es que libere a tu madre, pero no puedo hacerlo. Ella ha traicionado mi confianza y la traicionará más si la dejo libre.

-Puedes poner las condiciones que quieras - pidió Theo -. Se irá lo más lejos de aquí, ni siquiera llevará el apellido Nott, pero déjala ir, por favor.

-No, Theodore.

-Es lo único que te estoy pidiendo - Theo suspiró -. Es lo único que te he pedido en la vida.

-No estoy para cumplir tus caprichos, Theodore. Tu madre es mi esposa, y no quiero que deje de hacerlo.

- ¿Es tu esposa? - Theodore preguntó indignado, sabía lo que podía causar sus palabras, pero estaba cansado. Estaba harto de todo lo que le estaba pasando -. ¿A tu esposa la secuestras en tu propia casa?

Su padre se quedó quieto sin nada que decir.

- ¿A tu esposa le lanzas maldiciones imperdonables? - Theodore empezó a caminar hacia él, levantando la voz. Esto no era un comportamiento propio de él, pero ya no podía más-.  ¿A tu esposa la hechizas? ¿A tu esposa la enfermas? ¿A tu esposa la tratas así?

-Deja de gritarme, engendro del demonio - bramó su padre. Theodore retrocedió varios pasos -. ¡A tu padre no le gritas! ¡A tu padre no lo amenazas! ¡A tu padre le obedeces! ¡A tu padre no le llevas la contra! ¡Cruccio!

Theodore se arrodilló sintiendo un dolor insoportable por todo el cuerpo, más específico en el cerebro.

- ¡Emmanuel! - chilló su madre alarmada.

- ¡Cállate la boca!

- ¡No le vuelvas a hacer eso a nuestro hijo!

Sintió las frías manos de su madre intentando ponerlo de pie, pero él no tenía ni fuerzas ni ganas de hacerlo.

- ¡Cómo tuvimos a alguien tan débil y despreciable como hijo! ¡Me avergüenzo de él!

- ¡No digas eso! ¿Recuerdas cuánto nos costó tenerlo? - la mujer estaba por ponerse a llorar -. Siempre quisimos un hijo, pero siempre lo perdíamos. Hasta que llegó Theo y… ¿no recuerdas la felicidad que sentiste en ese momento? Ya tenías a tu heredero, ya tenías…

- ¡Tenía un hijo igual a ti! - gritó el hombre -. ¡Cada aspecto de carácter y personalidad era igual a ti!

-No sé cuándo perdiste esa magia que sentías cuando tuvimos a nuestro hijo - la mujer hablaba y lloraba -. ¿Qué fue lo que hicimos?

-Tú, mujer, siempre fuiste un obstáculo en mi vida. En mis elecciones. Y ese - señaló a Theodore con desprecio. El discurso de su mujer no estaba conmoviéndolo ni un poco -, pensaba lo mismo que tú. ¿No podías ser como Draco?

-Soy fiel a mí mismo - logró decir Theodore. Aún le dolía todo el cuerpo.

- ¡Eso que me interesa!

-Emmanuel, recuerda todo lo que hemos vivido. Theodore es tu hijo, es nuestro hijo…

- ¡Deja de decir tonterías, mujer! ¡No me vas a convencer de absolutamente nada! ¡En unos meses será un Mortífago y nadie ni nada me hará cambiar de opinión!

Ahora sí las lágrimas de Theodore se dejaron ver por todo su rostro. Ya no soportaba nada, ya no sentía nada.

- ¡Seré un Mortífago, pero déjala ir! ¡Por favor! - gritó Theo con todas sus fuerzas -. ¡Por favor! ¡Padre!

-No, Theo - dijo su madre -. Todo va a estar bien.

- ¡Seré un Mortífago! - siguió llorando y gritando Theo -. Si quieres lo seré mañana, o en estas vacaciones, pero solo déjala ir. Lo único que te pido es eso. Si como dice mamá, esa felicidad que sentiste en algún momento de tenerme, recompénsame con esto, por favor.

- ¡Te he dicho que no! - bramó el hombre con todas sus fuerzas. Los dos retrocedieron un par de pasos más -. ¡Ya estoy harto de que tú seas un cobarde y de qué tú siempre intentes de interponerte en mi camino! ¡Avada Kedavra!

Theo no supo muy bien que había pasado. Sintió que la maldición iba dirigida para él por un segundo, porque cayó al piso con fuerza. Cerró los ojos con fuerza, esperando morir. Pero no fue así. Tuvieron que pasar unos diez segundos para poder reaccionar y darse cuenta de lo que en realidad había pasado. Se arrastró por el suelo frío de esa situación donde su madre había estado encerrada, y cuando la encontró, él se partió en dos. Miró sus ojos celestes, idénticos a los que él veía al verse al espejo, los miró. Estaban perdidos. Abiertos y perdidos. Y sin vida. Estaban sin vida.

Su mayor miedo había sucedido. Recordó la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras de hace tres años, con el profesor Lupin, donde habían practicado el encantamiento Ridikulos, con un Bogart. Recordó ver a su padre. Recordó ver al monstruo que lo asustaba desde que era pequeño. Jamás le había pegado, pero lo había insultado desde que era pequeño. Mayormente cuando estaban a solas porque su mujer no se lo permitía. Recordó como el profesor y varios de sus amigos y compañeros al ver que su Bogart era su padre se quedaron helados y sin comentarios. Recordó como había dicho Ridikulos y se había convertido en uno de esos payasos que salían de una pequeña caja, haciendo reír a toda la clase.

Su mundo se quebró. Ese momento había sido la gota que faltaba para que el vaso se llenase al tope y él ya no lo soporte. Desde que tenía memoria hacía todo lo que estaba a su alcance para recibir una felicitación de su padre, de realmente sentir que era un modelo a seguir. Pero jamás lo había logrado. Y ahora, esa pequeña esperanza se había esfumado. Emmanuel Nott había logrado que la pequeña esperanza que su hijo seguía sintiendo por él, se acabara.

No podía dejar de mirarla. Era hermosa, se veía tan hermosa y joven, a pesar de que Theodore sabía perfectamente cuantos años tenía. Como en un mes y cuatro días, cumpliría uno más.

-Eres… - Ni siquiera tenía fuerzas ni ganas de insultarlo.

Tampoco tenía ganas de mirarlo a los ojos y darse cuenta si encontraba arrepentimiento en ellos. Ya no creía en nada sobre él. Solo escuchó sus pasos alejándose de la habitación.

Con su mano, cerró sus ojos, haciendo que parezca dormida. Eso se veía más bonito, en ese momento.

-Perdón - gimió el castaño. Le acarició el rostro mientras le hablaba -. Perdón. Debí hacer algo, tú no merecías esto. Perdón, madre.

Él no entendía con qué fuerza lo había logrado, pero se levantó. Se levantó y caminó por la Mansión, buscando a ese hombre.

 - ¡Eres el peor hombre que existe en este maldito mundo! - chilló Theodore al encontrarlo en el salón principal, con expresión neutra. Como si no acabase de asesinar a la mujer que en algún momento amó.

- ¡Deja de gritarme, imbécil!

- ¡La has matado!

- ¡Cállate! - bramó él.

Theodore tenía tantas preguntas en mente. ¿Cómo su madre había podido amar a ese despreciable mago?

-Mátame - le pidió Theodore llorando -. Mátame, por favor. Ya no puedo.

-La verdad es que si tengo ganas de hacerlo - dijo fríamente el hombre -. Pero no puedo hacerlo. Tú si me sirves.

- ¡Basta! ¡Ya! ¡Deja tu ambición de ese despreciable Voldemort! ¡Has destruido a esta puta familia que me tocó!

- ¡No insultes a tu familia! - volvió a bramar el hombre -. ¡Cómo te atreves a insultar a tu familia!

-Sí, tienes toda la razón - Theodore asintió. Miró el cuadro que estaba colgado encima de la chimenea. Era una pintura de los tres, de hace un par de años. Recordaba que cada año venía un pintor a retratarlos y colgaban el cuadro en ese mismo lugar siempre -. Esto no es una familia.

Theodore tomó su varita y tiró el cuadro al piso. Lo rompió en dos, dejando a su padre solo en un pedazo y a su madre y él en otro.

- ¡Baubillious! - gritó Theodore apuntándolo.

- ¡Aurorium!

- ¡Everte statum!

- ¡Desmaius!

- ¡Avada… - dijo sin pensarlo Theo.

- ¡Expelliarmus! - gritó el hombre haciendo que la varita de su hijo ruede por el piso.

Theo volvió a llorar de impotencia, mientras su padre caminaba hacia él.

- ¿Intentaste matar a tu padre? - le preguntó él muy cerca de su rostro. Él bajó la mirada intimidado -. Tanto tú como yo sabemos que no eres capaz de hacer eso, así me odies con toda tu alma.

Y esa era la verdad, lamentablemente.

- ¿Qué quieres de mí? - preguntó Theo con un hilo de voz -. Me puedo ir, jamás me volverás a ver la cara.

-Tú te vas a quedar acá, porque eres un Nott. En unos años, cuando sea un viejo, me enfermaré y moriré. Tú te casarás, tendrás un heredero y vivirás acá hasta que te mueras - dijo él lentamente -. Pero por ahora, te alistarás para el velorio de tu madre. Le diré a todos que estaba enferma, tiene sentido porque hace meses muchas personas no saben nada sobre ella, y murió por causas naturales. Tú llorarás, chillarás y harás todo lo que se te dé la gana, pero si dices alguna palabra, terminarás loco por todos los Crucios que te lanzaré. Porque no, Theodore, tú solo terminarás muerto por una enfermedad por ser mayor, porque yo no planeo asesinarte.

Theodore recordó el funeral de su abuelo, el padre de su madre, hace más de diez años. Solo había tenido el placer de conocer a ese hombre sus primeros años de vida, pero a su madre la había tenido diecisiete años, a pesar de que hace seis años iba a Hogwarts y pasaba menos tiempo con ella. Ella siempre había sido una madre para él, la que la educó, la que le demostró cuanto lo amaba, la que siempre lo apoyó. Recordaba sus tardes de lectura, como iban a comprar libros para llenar la gran biblioteca que esa casa poseía, cuando viajaban por un día completo a ciudades mágicas, como le hablaba sobre sus amigos, cuando le contó que le gustaba Daphne… había sido la mejor madre que le pudo haber tocado. Ella no se merecía esto. Y si en algún momento tendría que morir, tuvo que haber sido una mañana cualquiera, donde se hubiera sumido en un sueño eterno. Como la gente buena merecía morir.

El cuerpo de su madre estaba envuelto en una tela fina, con perlas rosadas. Descansaba sobre una mesa larga, de madera, donde muchas personas estaban sentadas a su alrededor, esperando a que la ceremonia comenzara.

-Theo - la voz de Daphne lo animó a levantar el rostro. Ya había pasado por ahí Blaise con su madre, al igual que Pansy con toda su familia, pero solo había correspondido a sus abrazos y condolencias por pura cortesía y sin prestarles mucha atención.

La miró detenidamente. Traía un vestido simple y negro, con unos tacones del mismo color que le subían unos ocho centímetros y el cabello peinado para atrás. ¿Por qué se tenía que vestir así? No quería verla de ese color. Solo quería verla de blanco y pasar con ella el resto de su vida ¿era mucho pedir?

-Ella jamás te va a dejar - ni siquiera había escuchado que era lo que le había dicho antes -. Jamás.

Apretó sus manos con fuerza esperando a que él le respondiera algo.

-Daph - intentó decir.

-Dime.

-Prométeme algo, por favor.

No sabía muy bien de donde salían esas palabras, pero salían de la forma más honesta, sincera y franca posible.

-Lo que sea - dijo ella. Theodore la miró a los ojos y se dio cuenta de que tenía ganas de llorar.

-No llores - le pidió -. No puedo con otra carga más.

-Sí, sí, perdón - ella se limpió los ojos con la mano, algo que jamás hubiera hecho si no estuviera desesperada -. ¿Qué necesitas, Theo?

-Jamás me dejes - le pidió con un hilo de voz -. Jamás, hermosa, jamás lo hagas. Eres lo único que me queda.

Daphne se mordió el labio sin dejar de mirarlo. Volteó a ver a su madre, que conversaba con Tessa Zabini y volvió a mirarlo a él.

-Te lo prometo - dijo ella. Y esas palabras eran exactamente las que necesitaba en ese momento. 

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Pobre mi Theo :( Pero bueno, al menos le quedan Daphne y los demás. 

Espero sus comentarios <3



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