Historia al azar: Antiguas Amistades
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Eres mi mundo » Capitulo 01
Eres mi mundo (R13)
Por AngelCaido0
Escrita el Domingo 10 de Marzo de 2019, 22:29
Actualizada el Martes 19 de Marzo de 2019, 13:13
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Capitulo 01

Descendí del tren con mis maletas con la ayuda de un operario del ferrocarril que controlaba las llegadas de los pasajeros a Ottery St. Catchpole, y acudir a aquellos quejosos que perdían sus pertenencias. El viento era cálido a mediados de agosto, sentía que mis mejillas ardían bajo los rayos de sol de las nueve de la mañana, mis manos sudaban resbalándose de las manijas de las maletas sosteniéndolas con más fuerza, fui abriéndome paso entre la multitud. Estaría viviendo  con los mejores amigos de mis padres, ya que teníamos complicaciones en mi casa, por eso mis padres, me separaron a mí y mis hermanos diciendo que nos protegían, sería mejor quedarnos donde nos acogieran y no hiciéramos dramas. No sabía si era verdad o no.

Me detuve en la entrada, bajando con cuidado y esquivando aquellas personas que iban como snitch a ser recibidos. Llevaba un vestido enterito de jean, una bufanda de media estación y unos grandes anteojos de montura negra como John Lenon.

-¿Atenas?-me nombraron era una voz media, ni alta ni baja.

 Giré mi cabeza a la derecha, visualizando una figura acercándose con un andar torpe. Aquel rostro alargado, afligido y a su vez, se veía lúcido. Tenía una estatura promedio, era calvo solamente había quedado un aro de cabello pelirrojo. Sonreía.

-Imagino que es el señor Weasley.-le dije, obviando la respuesta. Él se rió sonrojado, me enseñó una fotografía mía que había sido hace unos diez años.- Oh, los padres siempre orgullosos de sus hijos.

-Todos lo somos.-me corrigió, asentí.- Déjame ayudarte con esto, no dudo que puedas llevarlo…

-Me quedó con esta, usted puede llevar mi baúl.-le dije correspondiendo a su propuesta.

Continuamos hacia la salida de la estación de tren, el paisaje era hermoso. Tenía abetos rodeando la estructura de la estación, que lo hacía más agradable y el estacionamiento tenía algunos vehículos de diferentes colores, más allá se iba abriendo un cielo azul con sierras, arboledas y las aves que cruzaban el horizonte. Nos detuvimos frente a un viejo Ford turquesa que me causo nostalgia pensar en mi padre, debía ser paciente analizaría este asunto.

-¿Qué pasa?-me preguntó el señor Weasley, abriendo el portaequipaje.- Siento que esté algo maltratado, pero el motor es una maravilla.

-No mal interprete, señor Weasley.-le dije rápidamente, subió mis maletas con esfuerzo y cerró, girándose hacia mí.- Papá vendió el suyo, tuvo que hacerlo por las deudas.

-Lo siento.-me dijo con una mueca de pena, hizo una gesto para subir por el lado del copiloto. Entramos, me quité mi bufanda cubriendo mi cabeza con un turbante de color lila.- Piensa, que algunas cosas deben irse para que otras nuevas lleguen.

-Ajam, eso mismo me dijo mi papá.

-Bien, ¿preparada para la aventura con los Weasley?

-Seguro.

 

Estacionamos detrás del cobertizo de paneles de madera de roble, el rugido del motor se detuvo brevemente. Bajamos, el señor Weasley rodeo el auto para ayudarme con la puerta que estaba atascada, con un golpecito de su varita en esta, se abrió.

-La magia siempre ayuda.-mencionó con una risa dulce, me reí.- Espero que no te asustes al entrar, estamos remodelando la casa y los chicos están ayudando.

-No será un problema.

Avanzamos unos metros hasta la entrada principal, me quedé viendo el entorno de piedras grises, algo agrietadas con el paso del tiempo y seguían estando fuertes para sostener la estructura del hogar. El señor Weasley estaba buscando unas llaves en sus bolsillos con esmero. La puerta se abrió con un crujido, dejando escapar un dulce aroma de galletas, un poco de polvo blanco se colocó por los huecos de la gran puerta.

-¡Por favor, Arthur!-exclamó una mujer menuda, regordeta y sus brazos estaban en jarra.- ¿Por qué tardaste tanto? ¿Acaso la señora Patterson te detuvo en sus cursiladas?

-Cariño, ella es Atenas.-ignoró el reproche de su esposa, que se giró a comprobar la excusa del señor Weasley.

-Señora Weasley, hubo un retraso de horarios. Tuve que llegar a las ocho y media, si debe enojarse con alguien entonces sería con la gente del ferrocarril.

Hubo un silencio entre todos, los ojos azules de la mujer que buscaba un poco de ayuda en la casa, terminó sonriendo olvidando el problema. Nos reímos del cambio del humor de ella, al parecer era su manera de bromear con su esposo. Me abrazó con fuerza, casi dejándome sin aliento, palmee su espalda para indicarle que entendía su gran entusiasmo y felicidad al tener a la hija de su mejor amiga, después de varios años sin vernos. Por lo visto, mis padres no habían perdido el contacto. Y, solamente recordaba a los señores Weasley, tres niños pelirrojos que buscaban todo el tiempo fastidiar a otro de sus hermanos. Ahora, no recordaría cómo se veían siendo más grandes, más pelirrojos y más vivaces.

-¿Qué esperan? Pasen.-nos apuró con sus manos, tomó mi brazo conduciéndome al interior de La madriguera.- ¡Ron, deja algo de galletas para las visitas!-gritó la señora Weasley, me hundí de hombros sin esperarme aquel vociferación no tan grave, pero el niño pareció detenerse con mitad de la comida en su boca.

-Pero, mami…George dijo que podía comerlas.

-Ayuda a tu hermano a limpiar el gallinero.-le ordenó, extendiendo su varita para accionar la bandeja de galletas. Se volteo a verme cambiando su tono de voz.- Te daré el desayuno, te veo demasiado delgada, Atenas.

El niño guardó las galletas dentro de su gorra, sin presentarse salió hacia el otro lado de la casa obedeciendo rápidamente las indicaciones de la señora Weasley, que me dio un pequeño empujón animándome a sentirme integrada al entorno. Se trataba de un hall principal con una comunicación al comedor junto a la pequeña cocina, tenía paneles de madera de roble, retratos familiares y paisajes de Inglaterra. El dulce aroma a galletas horneadas tentaron en llevarme todas a la boca, no había desayunado porque los sándwiches de atún terminaron siendo mi cena. La señora Weasley tomó una silla con una gran sonrisa me invitó a ubicarme en esta, obedecí un poco perdida al ambiente y las nuevas caras. La mujer me sirvió una gran taza de té con leche, depositó la bandeja que habían quedado únicamente cinco galletas.

- Ahora, come antes que Ron vuelva a pedir más.

-Claro.



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