Historia al azar: Dulce Melodía
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Ethel Hallow » El engaño perfecto
Ethel Hallow (ATP)
Por Hyon
Escrita el Miércoles 6 de Marzo de 2019, 01:11
Actualizada el Martes 7 de Julio de 2020, 23:29
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El engaño perfecto

Capítulos
  1. Invocación
  2. Cuarto Oscuro
  3. Revelación
  4. Castigo
  5. El Aquelarre del Caldero
  6. Maldiciones
  7. Premonición
  8. Secretos
  9. Descubrimiento y esperanza
  10. Las piezas puestas
  11. El bosque Hueco
  12. Bosque Hueco Parte 2
  13. Ilusion
  14. Revelación
  15. Un sacrificio mas
  16. En la mira
  17. Una razón para luchar
  18. Buscando problemas
  19. El hombre de la mano quemada
  20. Conflicto
  21. Pelea parte 1
  22. Pelea parte 2
  23. Pelea parte 3: El principio del fin
  24. Pelea parte 4: La oscuridad en tu interior
  25. Pelea parte 4: La oscuridad en tu interior
  26. Parte 5: Sangre en tus manos
  27. Plan Oculto
  28. El engaño perfecto
  29. Los últimos deseos
  30. Cruda realidad
  31. En un lugar desconocido
  32. La cruda verdad
  33. Tiempos oscuros
  34. La calma antes de la tormenta Parte 1
  35. La calma antes de la tormenta Parte 2
  36. Asturistas
  37. Regresión
  38. Un viaje a otro tiempo
  39. Albert
  40. Los origenes
  41. Evelyn Bocangra
  42. Desentrañando la verdad
  43. Diane White y las gemelas Cackle Parte 1
  44. Diane White y las gemelas Cackle Parte 2
  45. El peligro se aproxima
  46. Sacrificio
  47. Hoguera
  48. Un mismo orden
  49. Hacia la oscuridad
  50. Descenso
  51. El comienzo
  52. Una mentira..
  53. El final de una historia Parte 1
  54. El final de una historia Parte 2

Los dedos de Albert apretaban más el cuello de Gullet. Ella se agarraba de la mano que la mantenía cautiva. Tratando desesperadamente de soltarse.  Tratando de mantener su concentración, todo el tiempo que fuera necesario. Si ese hombre se daba cuenta de lo que planeaba. No solo los esfuerzos de Agatha sino el de ella, habrían sido en vano.

      ¡MUERE!— dijo el hombre roto sin dejarle de quitar los ojos de encima.

Gullet se le dibujo una sonrisa sobre su rostro.

      Sabes…— dijo mientras ponía una mano en su corazón y la otra en el pecho de aquel hombre— no eres el único que sabe ¡JUGAR SUCIO....Expelió! lanzándolo de lejos de ahí,  cayendo al suelo abruptamente—Maestra Cackle ¿qué espera?…¡Váyase!— sin apartar la mirada de donde había lanzado a aquel hombre— esto no lo detendrá por mucho tiempo.

      ¿Por qué haces esto? — dijo Hardbroom casi al mismo tiempo, dudando de su repentina buena obra. Le costaba creer que no haya huido cuando tuvo la oportunidad.

Gullet miro el cadáver de Agatha, para mirarla después.

      No lo hago por ustedes— dijo Gullet

      Entiendo— dijo la maestra Cackle mientras se levantaba

La presión sobre su corazón aumentaba.  El hombre de la máscara cuarteada se levantaba, como si no hubiera recibido daño alguno. Gullet lo miraba con odio. Si no fuera por él, muchas de sus compañeras aun seguirían con vida. Este rápidamente saco su cuchillo y se lo lanzo. Mientras que él, sin perder oportunidad corría de nuevo tras ella.

      ¡MORIRÁS BRUJA!

      No ¡aun no! — Gullet utilizando la otra mano que estaba sobre su pecho y detuvo el cuchillo, lanzándolo lejos de ahí. Para después utilizar ambas manos para controlar el cuerpo de aquel cazador y estrellarlo con varios árboles— muereeee

Aquel hombre no emitía algún sonido. Ni siquiera de dolor. En su mente solo había un solo pensamiento. Muerte. Delirios enfermizos acerca de lo que era un mundo en paz, tranquilo. Todos aquellos actos extraños y destructivos que había hecho. Era para un bien mayor. La señorita Cackle y la maestra Hardbroom, no lo pensaron mucho. Tomaron a las niñas, llevándoselas en su espalda. Marchándose de ahí. Sabían que si se quedaban, tan solo serían una carga para Gullet. Quien desesperadamente trataba de derrotarlo.

      ¡Nooo!— grito mientras aumentaba mas su poder— ¡NO LAS DEJARE ESCAPAR!— utilizando su telequinesis para lanzarle rocas aquella bruja que lo tenía controlado.

Gullet no tuvo mas opción que romper su concentración para tele transportarse y evitar aquellas rocas la hirieran. Mientras que él iba tras de la maestra Cackle y las demás.

      Porque simplemente no te mueres— dijo Gullet desesperada, mientras llevaba sus manos al suelo y recitaba el hechizo prohibido de su familia— Extracción— mirándolo— Captura.

Varias raíces salieron del suelo y lo rodearon, impidiendo que las capturara. Dándoles el mayor tiempo posible para huir.  

      ¿Crees que esto me detendrá? —   reuniendo todo su poder— y expulsando fuego alrededor.

«Que monstruoso poder» pensó Gullet quien salía expulsada de ahí.

El fuego iba esparciéndose por todo el bosque. Las aves y los animales corrían en pánico en dirección contraria al fuego. Las raíces fueron quemándose lentamente, hasta desaparecer por completo. Dejándolo libre. Por un breve momento se quedó estático. Viendo como corrían por el bosque. Gullet pudo sentir el abrasador calor sobre su rostro. Viendo como aquel terrible monstruo que se había convertido el fuego, se propagaba más a causa del viento.

El hombre roto volvió a reunir más energía. No las dejaría escapar, las quemaría vivías. Sabía que ya no tenían el poder suficiente como para detenerlo.

      ¡MUERAN! — expulsando todo su poder, haciendo el fuego se extendiera aún más rápido.

Esmeralda rápidamente formo alrededor de ellas un campo de fuerza. Justo a tiempo antes de que el fuego las engullera.

      ¿No puedes hacer nada mejor? — dijo el hombre de la máscara cuarteada sin esperar respuesta— ¡PATETICO!...Entonces…muere junto con ella.

Gullet mal herida, con quemaduras alrededor de su cuerpo. No  podía dejar de mirar el cuerpo de Agatha. En lo que le había prometido. Había utilizado la mayor parte de su poder para proteger aquellas rosas. Se levantó lentamente y vio como Amelia, Hécate y Esmeralda estaban a merced de aquel hombre. Indefensas. Y simplemente se dio la vuelta, sin mirar atrás.

 Ese era su trabajo, salvarlas. Su plan había funcionado. Gullet sabia que no podía escapar con las niñas con toda esa gente alrededor. No con Amelia y Hécate respirando sobre su espalda. Justo cuando nadie miraba, cuando todos se concentraban en la muerte de Astor. Ella había cambiado a las niñas. Lo que llevaban sobre sus espaldas no era más que una rama y una flor. Con un simple hechizo de confusión mental, se habían convertido en la carnada perfecta. 

Gullet podía irse tranquila sabiendo que aquel hombre solo pondría su atención en aquellas brujas. Pensando que ella ya estaba muerta. Su clon se encargaría de que así fuera. Le había dado la mayor parte de su magia para que fuera creíble. Mientras que ella aun escondida hallaba la oportunidad perfecta para huir con las niñas, ahora convertidas en rosas. Gullet escucho un estruendo y después… nada. Se detuvo por un momento, casi tentada en regresar. Pero no lo hizo, apretó más las rosas sobre su cuerpo y siguió caminando.

. . .

Casandra tuvo una pesadilla esa noche.  Que se había colado por su mente, como un fantasma. Miro alrededor y vio extrañada que se encontraba en un lugar totalmente diferente al que había crecido de cuando era una niña ¿se trataba realmente de un sueño? Se sentía tan real, que era como si fuera un recuerdo. Uno que había olvidado hace mucho tiempo.

En él se encontraba sola en lo que parecía ser su habitación, sentada junto a su ventana, esperando ansiosa el regreso de su madre. Fue entonces cuando un ruido se escuchó en la planta baja. Al principio estaba feliz de que su madre hubiese vuelto, pero después, el miedo la empezó embargar cuando abrió la puerta y vio la sala en completa obscuridad.

Algo dentro de ella quería alejarse de ahi …sentía una sensación extraña…como  si algo muy malo fuera a pasar dentro de poco. Quería tomar su escoba e irse volando lejos de ahí. Pero más que lo intentaba, no podía. Tan solo era una espectadora, un simple títere manejado por fuerzas que ella desconocía.

Solo podía sentir como su respiración aumentaba cada vez más conforme avanzaba. Agarro con más fuerza a su osito, mientras seguía caminando y bajaba las escaleras.

      ¿mamá? — buscándola dentro de la casa— ¿Estas ahí?

Nadie contesto.

Un hombre alto con pantalones y chaleco negro, se escondía tras la puerta de la cocina. Con un cuchillo en la mano. Donde tenía una deforme y fea cicatriz. Su respiración se hizo cada vez más lenta.

«solo un poco más» pensó aquel hombre.

Dentro de aquella retorcida mente, sabía que nadie lo atraparía. Era por eso que usaba el cuchillo en vez de usar su magia. Para así no dejar una huella alguna que pudieran seguir. Casandra se retorcía en su cama, tratándose de gritar a si misma, que no siguiera…que parara. Pero nada funcionaba. La niña seguía avanzando lentamente hacia la cocina.

      ¡No! ¡¡Para!!— se gritaba a si misma— ¡Alto! —Parándose precipitadamente de la cama, cubierta de sudor. No dejaba de respirar aceleradamente.

Miro alrededor y vio que un seguía ahí, en su aquelarre. Dentro de la seguridad de su habitación. Respirando aliviada, pero solo momentáneamente. Observo como una espesa neblina estaba cubriendo los alrededores del bosque. Cambiándolas nuevamente de lugar. Y eso, solo podía significar una cosa. Peligro. Alguien ajeno al aquelarre había traspasado su barrera. Casandra rápidamente se levantó y se dirigió hacia un grupo de brujas que habían salido para enfrentar lo que se aproximaba.

Una sombra se balanceaba de un lugar a otro, hasta caer precipitadamente al piso. Soltando lo que traía sobre sus manos.

Georgia se aproximó con cautela, viendo que sobre el suelo. Había el cuerpo de una bruja con graves heridas. Y a su lado, 3 hermosas rosas. Que habían quedado intactas.

      ¡¡Gullet!!— dijo la bruja de mayor edad.

      Geor..gia— mirándola, Gullet se levantó con dificultad rompiendo el hechizo que tenía sobre aquellas rosas.

Y en su lugar, aparecieron 3 brujas inconscientes. Griselda, Ethel y Sophie.

      ¿Gullet que te sucedió? ¿Quiénes son estas niñas?

Casandra se acercó más a un. Miro alrededor y no vio a nadie más. Asustada, empezó a temer lo peor.

      Gullet… ¿Dónde está mi madre?

Ella no tuvo palabras para decírselo, se había formado un nudo en su garganta. Tan solo la miro con lágrimas en los ojos. Negando con la cabeza.

 

 

 



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