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La Cura de Pomfrey 2 » Capitulo 7 - Albus
La Cura de Pomfrey 2 (R15)
Por noeschp
Escrita el Lunes 11 de Febrero de 2019, 21:06
Actualizada el Viernes 19 de Julio de 2019, 17:06
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Capitulo 7 - Albus

  • ¿Lo llevaste a Durmstrang? - le preguntó Scorpius, sorprendido, con ambas manos aferrando la baranda metálica que los separaba de la torre del reloj hacia el abismo. Albus a su lado asintió con la cabeza. - ¿Pagaste su cuota? - preguntó indignado, pues conocía perfectamente  la exorbitante suma que exigía el colegio.

  • Solo el diez por ciento... - admitió Albus entonces, desviando una sonrisa hacia el exterior del castillo. Scorpius tardó solo un segundo para echarse a reír. Rieron un largo rato, cómplices; como dos niños que han hecho una excelente travesura.

Ese breve instante hizo sentir a Albus nostalgia. Vió a su amigo, que tenía dos grandes entradas en la sien y el cabello más claro que de costumbre. Observó las arrugas debajo de sus ojos y la pequeña pero notoria barriga de su abdomen… El inconfundible paso del tiempo. Sin embargo, Albus estaba inmaculado; como el viejo recuerdo de sus treinta y tres años…

  • ¿Sabe hablar danés? - Albus negó, aun con una sonrisa en los labios y Scorpius se echó a reír otra vez. Cuando por fin pudo contenerse continuó - Tu sentido de la justicia me da un poco de miedo - admitió sonriente y Albus rió - ¿Lo dejarás sin estudios?

  • Le enviaré un pajarito… - admitió Albus, chasqueando los dedos, donde apareció una pequeña rosa. Su tallo era verde oscuro, y los pétalos de un rojo vibrante e intenso. - Dejaré que llore unos días. Quizás le escriba primero a Lena. Luego intentara con Aira o Byron… Va a costarle…

  • No deberías darle nada… - sugirió Scorpius, observando la cabaña de Hagrid humeando a la distancia - El muchacho intentó matarte…

  • Es un niño… y mi nieto…

  • Intento matarte - le repitió mirándolo con fijeza.

Albus le sostuvo la mirada unos segundos antes que alguien subiera las escaleras de caracol. Una figura delgada y esbelta se asomó con cierta cautela.

  • Hola Cooper - lo saludó Albus. Scorpius se volvió hacía el mayor de sus hijos, expectante.

  • Hola tío. - lo saludó - Padre… - el joven era una réplica de Scorpius de niño, salvo por sus ojos, de un verde intenso. El mismo verde de Albus. - ¿Me prestás dinero? Irémos a Hogsmeade y queria comprar un estuche para mi violín…

Scorpius frunció el entrecejo y se separó de la baranda.

  • ¿Qué pasó con el que tenías?

Cooper agachó la cabeza hacia el suelo, avergonzado. Tenía trece años, y era alto y atractivo, pero no era tan vivaz como su padre. Era un joven dulce y distraído, y muchas veces lo molestaban otros niños...

  • Dile que lo carguen a mi cuenta - ofreció Albus rápidamente y Cooper le sonrió.

  • No, está bien - dijo Scorpius  quitándole importancia - ¿Qué pasó?

  • Nada… Solo se abre solo… - Scorpius arqueó las cejas y su hijo se sonrojo. Siempre se avergonzaba frente a su padre, como si le debiera enorgullecimiento en lugar de decepción. Pero Scorpius, aunque frío y firme, estaba demasiado orgulloso de sus hijos; sobre todo de Cooper. Era el único Ravenclaw de los cuatro Malfoy, y el violín era su regalo más preciado. Era su única forma de contacto cercana con su ávida inteligencia. Sus manos se escurrían como olas en el mar, y su música encantaba a todos en el castillo, donde practicaba en cada pasillo; en los que no dejaba de abarrotarse su público alrededor; lo llamaban "el violinista", aunque todo supieran inconfundiblemente que era el hijo de Profesor Malfoy- Se cayó al suelo y ya no cierra bien…

  • Ten - Scorpius le dio una gran cantidad de galeones - Comprate cuerdas si quieres. No corras la voz con tus hermanos - dijo y ambos rieron. Cooper le agradeció y se marchó rápidamente.

  • Ojala Sheron y él hubieran sido grandes amigos… - dijo Albus pensativo.

  • Cooper es demasiado sensible. Sheron lo escupiría como a un pedazo de pan...

  • Quizás tienes razón…

  • Quizás no. La tengo - respondió Scorpius con convicción, acercándose nuevamente hacia la barandilla - ¿Qué piensas hacer con él?

Albus no respondió y el silencio de Scorpius fue tan placentero como su risa de hace unos minutos. Él lo entendía, no hacía falta que insistiera con que abandonara a Sheron. Sabía que Albus era incapaz de hacerlo…

  • ¿Cómo estás tú? Con todo esto - le preguntó entonces. Albus pensó en silencio un rato antes de responder.

  • Cuando Sheron me lanzó el hechizo me sentí extraño. Como si una parte de mi se fuera… y…

  • ¿Si? - insistió al ver que Albus se había quedado ensimismado.

  • Solía escuchar a Ewan en mi cabeza… y ya no está… - Scorpius se incorporó otra vez, escuchándolo con atención y el entrecejo levemente fruncido - Sé que está allí… - continuó, pensativo - Como sabes que tienes la risa, pero…

  • ¿Lo escuchabas?

  • Si, en sueños… No como escuchas a una voz nítida, sino como que sabes que está ahí. Como una segunda conciencia… - Albus se rió al ver la cara de desconcierto de su amigo. - Sueno como un loco…

  • Nunca me dijiste esto…  

  • No creí que fuera relevante… Después de todo el Obscurial no deja de ser un alma, partida o no… Ewan esta dentro mio - dijo y el humo negro se inquietó en su piel. Scorpius estaba acostumbrado a ello, pero se asombro un poco al ver como Albus lo controlaba, lo llamaba como si fuera parte de su propia magia - Como una presencia... Pero se ha apaciguado desde lo de Sheron… Lo consulte con Ewan en la enfermería. Me dijo que es probable que Sheron se haya hecho con una parte suya… Su ojo...

Scorpius asintió, comprendiendo.

  • ¿Sabes si los perjudica? ¿A ti o a él?

  • No… la verdad… Yo no me siento diferente, salvo eso… Sigo sintiéndome fuerte, vital… No he envejecido en un mucho tiempo… - dijo tristemente.

  • Es algo increíble - comentó Scorpius apoyándose otra vez en la barandilla. - Luces como hace diez años atrás…

  • Si pero tu no - Scorpius compuso una mueca - Ni Emma… Ni Aira, ni Lena, ni Sheron… Ni siquiera mis padres… A veces me pregunto si enterraré a mis nietos… - confesó su temor más grande - Si continuaré viviendo entonces…


Albus se detuvo cerca de los setos, casi sin hojas, donde extrañamente se aferraban a viento y tormenta aquellas intensas rosas. La nieve caía a torrente y resbalaba por los impresionantes invernaderos que Durmstrang tenía detrás del castillo. Eran altos, de casi unos diez metros de altura, con ventanales impresionantes que dejaban ver la desesperante ilusión de conservar el resto de las plantas que Albus sabía que allí, con aquel clima, no crecían. Herbología debía ser una de las asignaturas menos frecuentes y más costosas del castillo.

Albus escuchó un rugido a su espalda y se volvió indiferentemente. Era la segunda vez que se encontraba al mismo en aquel lugar.

Los lobos gigantes de Kenai eran muy conocidos en aquella parte del mundo; respetados y temidos. Estaba enterado que rondaban los terrenos más bajos del castillo, a veces atacando o amenazando a los magos que pretendían subir a sus barcos; los que estaban amarrados en las costas de alrededor de la playa. Eran especies realmente enormes, con al menos un metro y medio de largo sin la cola.

El animal le mostraba sus dientes, largos y filosos y tenía el lomo erizado. Aun así, Albus no le prestó atención. Los lobos Kenai eran orgullosos, y no era conveniente mirarlo fijo a los ojos. Albus sabía que él consideraba que los magos estaban invadiendo lo que una vez fue su territorio, pero el animal debía reconocer que también estaba lejos de casa… Aun así se le acercó hasta quedar a un metro aproximadamente. Se puso delante, a 45° y continuó con su actitud renuente, obligando a Albus a tener que mirarlo a los ojos.

Su pelaje era blanco, y a la distancia seguramente se habría camuflado entre la nieve a la perfección. Albus tenía las manos dentro de los bolsillos para no congelarse, y en el izquierdo sostenía inconscientemente su varita. Descubrió lentamente ambas manos, sin sacarla a la vista. El lobo aflojó un poco su semblante, pero no se amedentro; aún Albus era una amenaza.

  • ¿Tienes tus crías por aquí? - le preguntó observando detrás del animal, donde había una cueva cerca de la montaña, casi al límite del puente que sostenía el castillo. El lobo volvió a amenazarlo y supo que tenía razón. Albus volvió a mirarlo a los ojos y se agachó casi arrodillado sobre la nieve para verse fijamente. - No vengo por ti. No me interesan tus cachorros… - el lobo mostró un poco más sus dientes pero él no se inmutó - Estoy esperando a alguien. Ya me iré. - más gruñidos.

  • ¿Señor Potter?

Albus se sobresaltó, poniéndose bruscamente de pie y el lobo se volvió hacia el muchacho enclenque que había hablado y que estúpidamente cometía el error de apuntar al animal con su varita.

  • Ulrik, baja eso.

El joven dudó demasiado tiempo y el lobo se lanzó a trote. Albus sacó su varita y creó un campo invisible en el que el animal se estrelló. Furioso, se volvió y saltó hacia él. Albus lo desvió con un expelliarmus y el lobo cayó sobre la nieve produciendo un gran agujero donde quedó semienterrado. Tardó en levantarse y Albus guardó rápidamente su varita otra vez en su bolsillo.

  • Ve con tus crias - le gritó Albus, mirándolo a los ojos. El lobo dudó, otra vez de pie aun a la defensiva. - No tenemos porque hacernos daño… - el lobo dudo otra vez, pero aflojó el semblante lo suficiente para que Albus supiera que lo iba a lograr, el lobo se marcharía. Se miraron a los ojos largo rato, y el lobo iba calmandose de a poco, a medida que Albus sentía que ya no eran sus ojos los unicos que veían… Era una sensación extraña, como ver de pronto detrás de un velo. Sentía a Ewan en el pecho, su presencia, sus sentidos… como otra alma adherida a la suya…

El lobo se calmó, y tras observarlo como si fuera un perro doméstico, se marchó dando saltos en la nieve hacia su guarida. Albus cerró los ojos, aferrándose a esa sensación, a la presencia como quien se aferra a la felicidad cuando todo alrededor parece rondar mal.

  • ¿Señor Potter? - lo llamó Ulrik con tono precavido. Albus se sintió nadar en aguas negras, tratando de encontrar desesperadamente la superficie. - ¿Señor? - Albus se olvidó de Ulrik, sintiendo a Ewan cada vez más cerca pero, aún lejos, muy lejos… - ¿SEÑOR? - Albus abrió los ojos por fin, casi enfadado por la interrupción del muchacho, pero su enojo se esfumó al ver el rostro desconcertado del niño escandinavo, quien no estaba al tanto de que en aquellas situaciones, el cuerpo de Albus se cubría de humo negro. Al ver sus ojos verdes, Ulrik aflojó el semblante.

  • Lo siento, Ulrik... Gracias por venir.



Les gusta esa portada nueva con fotos o prefieren la q es dibujada? No se... (indecisión total) Buen domingo bellas!!! Espero les guste el cap! Voy a seguir con Rubio arena!! Besos!


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