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Harry Potter y ¿qué pasó después? » Hogsmeade
Harry Potter y ¿qué pasó después? (ATP)
Por Kike Potter Abril
Escrita el Lunes 7 de Enero de 2019, 09:37
Actualizada el Domingo 17 de Febrero de 2019, 15:50
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Hogsmeade

Los meses en los que no estaba Ginny en La Madriguera se le hicieron eternos a Harry. Había aprendido a convivir con su ausencia, pero aún podía oler su perfume floral por las noches. Ahora Harry vivía en el cuarto de Fred y George, que la señora Weasley se había empeñado en decorar para que estuviera al gusto de Harry. Él se había opuesto desde el principio a ocupar la antigua habitación de los gemelos, pero sus protestas no sirvieron para nada, pues un día la señora Weasley le dijo que ya tenía lista su habitación.

Cierto era que la señora Weasley se había esmerado mucho con la decoración, pues el cuarto de Harry estaba como él mismo podría haberlo decorado. Las paredes eran ahora de un color verde muy bonito, relajante, y en ellas colgaban varios posters de Gryffindor y de una gran snitch. La cama de Fred estaba ahora en el cuarto de Percy, y ya no estaban las viejas cajas de bromas de los gemelos. Ahora había un bonito escritorio de madera, una silla, un armario, y una percha en el alfeizar de la ventana para que Zeus descansara después de enviar mensajes de Harry. Su cuarto, ahora en el segundo piso, daba también al huerto de árboles frutales, y entraba un sol agradable por la habitación. Si ya se sentía como uno más de la familia Weasley, sin duda en el momento que le dieron su propia casa en La Madriguera no pudo ser más feliz.

Enviaba cartas a Ginny con bastante frecuencia, y ella se alegró al enterarse de que Harry ocupara una habitación muy cerca de la suya. Kingsley por fin le había enviado la Saeta de Fuego, la escoba que le había regalado Sirius muchos años atrás, y Harry la tenía entre sus brazos, usando el nuevo kit de mantenimiento que le había regalado George. Ron estaba usando el que hacía años le había regalado Hermione a Harry, y así se tiraban horas. Pero para Harry, la habitación de Ron era su lugar preferido, lejos del bullicio diario de La Madriguera.

Desde la partida de Hermione y Ginny, los dos habían empezado a estudiar el libro que McGonagall les había obsequiado, y Hermione les mandaba muchas cartas con ayudas y esquemas que usaban a diario- Harry le envió una abundante caja de bombones de menta en compensación. Algunos integrantes de la Orden pasaban de vez en cuando por La Madriguera, y seguían con satisfacción los progresos de Harry y Ron como estudiantes de la Oficina de Aurores.

Harry había mandado a Kreacher a Hogwarts nada más volver de su viaje con Ginny, pero le envió a Zeus con nuevas instrucciones, ayudar a Ginny y Hermione si están tenían algún problema, y Zeus volvió con pasteles de calabaza que Ron había engullido nada más verlo. 

  • Me egcangta egte elfo- dijo él con la boca llena.

El señor Fletcher de vez en cuando pasaba también por La Madriguera para comprobar que Harry y Ron cumplían con el nivel adecuado de estudio. Siempre era muy simpático, y siempre resolvía muchas dudas que ellos tenían.

Pero no todo era estudiar. Harry y Ron de vez en cuando iban al pueblo muggle a despejar su mente de los libros que los tenían atrapados muchas horas en la cocina. Y muchas veces, viajaban al Callejón Diagon a visitar a George. Allí siempre se lo pasaban genial, y veían a viejos amigos del colegio por allí.

Una mañana, Harry recibió a Zeus en su cuarto. Se levantó, le dio de comer y cogió la carta de su patita derecha. Era una carta de Ginny.

Harry.

¡Estoy harta de ÉXTASIS! Quiero volver ya a casa por Navidad y poder vernos. La profesora McGonagall es muy estricta, y todavía los de sexto y séptimo no hemos tenido ocasión de ir a Hogsmeade, no paramos ni un minuto. Estos exámenes están acabando con mi vida. Sprout está algo más relajada, creo que ella ya tienes ganas de retirarse. Aunque aquí las apuestas están entre ella y Flitwick. Hagrid no para de invitarme a tomar el té a su cabaña, pero siempre estoy tan ocupada que no puedo ir. Espero que mamá lo llame para Navidad. Él también te echa mucho de menos. Dice que el colegio sin vosotros dos es menos alegre, pero al menos no está teniendo accidentes en su clase. El profesor de Defensa contra las Artes Oscuras de ahora es muy competente, y nos está enseñando muy bien.

Pero bueno. Te escribo para decirte que la semana próxima habrá excursión a Hogsmeade, así que te invito a que vengas conmigo. ¡Pero no dejes de estudiar! Mamá se pondría histérica si fuera así, creo que aún no entiende que no hayáis regresado a Hogwarts. Espero a Zeus con impaciencia con tu respuesta Harry, y más te vale que aparezcas por allí.

Te echo de menos,

Ginny.

Harry sonrió, escribiendo el mensaje que ella había pedido, y por la tarde Zeus volvía al cielo. Dentro de poco vería a Ginny. Y Ron a Hermione, pues en el desayuno le comentó que Hermione también le había pedido que fuera a Hogsmeade con él. Los dos estaban radiantes, estaban deseando verlas desde hacía mucho tiempo.

La semana se hizo muy lenta para Harry. Había extrañado tanto a Ginny… pero ahora podría volver a disfrutar de su sonrisa, de sus caricias y de su melódica voz. La señora Weasley entró en su cuarto el viernes por la noche con un cesto de ropa limpia. 

  • Ay que ver la cantidad de ropa que usáis tú y Ron. Y mucha de ella ya se está quedado otra vez pequeña y desgastada. Ahora que vais a salir tú y Ron podríais comprar calcetines, porque se están desparejando, Harry, cielo.
  • Siento todas las molestias que se está tomando por mí, señora Weasley. Sobre todo, por este cuarto. Ya le dije que podría apañármelas yo en Grimmauld Place- respondió Harry. 
  • Harry, mete ese calcetín en el armario, ¿quieres? - Harry se levantó del escritorio y ayudó a colocar las cosas. - No digas tonterías- prosiguió la señora Weasley, - sabes de sobra que esta también es tu casa. Y me las tuve que ingeniar para conseguir una buena vitrina para ese regalito de Ginny.

Harry miró la miniatura de su dragón. Estaba metido dentro de una vitrina de cristal que la señora Weasley había conseguido después de que Archie, pues así lo había bautizado, hubiera quemado las tostadas del desayuno del señor Weasley al día siguiente de su cumpleaños. 

  • Pero…- comenzó a protestar Harry de nuevo.
  • No, Harry, aquí estás bien, de momento. Arthur y yo estamos encantados de que estés aquí con nosotros, y por nada del mundo desearía que estuvieras solo en esa fría casa. Al menos, Kreacher ha cambiado su actitud con todos nosotros. Eso sí, Harry, puedes ir si quieres a recuperar ciertos objetos de allí, pero que no sean peligrosos. Entiendo que es tu casa y tu herencia. Ahora estudia, Harry. Después os llamaré para cenar a ti y a Ron- y la señora Weasley le sonrió. 
  • Gracias, señora Weasley- dijo Harry sonriéndole también.

Harry acarició a su pequeño scoop Zeus, la verdad es que estaba pensando en irse a Grimmauld Place con Ron unos meses hasta que Ginny acabase por fin de estudiar en Hogwarts. Pero allí le hacían sentir muy querido, algo de lo que siempre se enorgullecía de comprobar. Harry pensó, que sin Sirius o sus padres, su verdadera familia ahora eran los Weasley. Ellos siempre le habían tratado como un hijo, y habían arriesgado sus vidas para que Harry estuviera siempre a salvo de Voldemort y sus partidarios. Decidió que debía devolverles pronto el favor, pronto.

La mañana siguiente, Harry se despertó muy temprano. Él había bajado a desayunar antes de que Ron despertarse. Solo la señora Weasley estaba allí, pues Arthur no trabajaba al ser sábado y siempre se despertaba más tarde. Parecía que ella ya se había olvidado de la conversación anterior, y le servía zumo de calabaza y unas salchichas con beicon en el plato mientras tatareaba alegremente una canción de la célebre Celestina Warbeck.

Ron bajó a desayunar también, aunque tuvo que subir a regañadientes a su cuarto a ponerse los zapatos porque se le habían olvidado del nerviosismo de la excursión. Una vez desayunados y arreglado la cocina, tomaron los polvos flu del macetero de la chimenea y exclamaron ¡A HOGSMEADE!

Harry abrió los ojos, estaba en el interior de Las Tres Escobas. Allí es donde tenían que esperar a que Ginny y Hermione les encontraran. Pidieron dos cervezas de mantequilla cuando se escuchó: 

  • ¡HARRY! ¡RON!

Ellos se volvieron cuando vieron al guardián de Hogwarts, Hagrid, acercándose a ellos. Como la gente del pueblo encontraba normal la actitud del semigigante no se sobresaltaron. 

  • Hola, Hagrid- dijeron al unísono Harry y Ron. 
  • ¿Qué tal? ¿Cómo va todo? ¿Qué hacéis por aquí? - preguntó Hagrid. 
  • Hemos venido a ver a Hermione- dijo Ron. 
  • Y a Ginny- puntualizó Harry. 
  • Ah, vaya, y para el pobre Hagrid no hay visita, ¿no? Malditos mocosos desagradecidos- y rió fuertemente. - Así que a ver a las señoritas Granger y Weasley. ¡Vaya par de tortolitos! 
  • ¡Shhh! Hagrid estás llamando mucho la atención. Nadie lo sabe- dijo Ron. 
  • Y, ¿por qué motivo, Ronald Bilius Weasley, nadie sabe que estás saliendo conmigo? - dijo una voz amenazadora detrás de ellos. 
  • Hermione… - dijo Ron, asustado. 
  • Ya hablaremos tu y yo…- dijo Hermione. - ¡Hola, Hagrid! 
  • Hola, Hermione. ¿Cómo has estado? No has tenido mucho tiempo de venir a visitarme con esos horribles exámenes en la cabeza… - y negó con la cabeza. 
  • No, Hagrid, estamos Ginny y yo muy ocupadas con montañas de deberes. ¡Mírame a la cara! Estoy llena de ojeras de no dormir. 
  • Para mí estas preciosa- dijo Ron, en un intento de arreglar lo que había dicho antes, pero Hermione le miró ceñuda y Ron calló.

Ginny y Harry estaban riéndose de la escena, cogidos de la mano. Se miraron también unos segundos, diciéndose lo mucho que se habían echado de menos el uno al otro susurrando. Dejaron a Harry y los cuatro se sentaron en una mesa apartada, lejos de miradas curiosas. Ellas les contaban como McGonagall y los demás profesores las estaban torturando con redacciones diarias e investigaciones inverosímiles.

Harry y Ginny dejaron también a Ron y Hermione a la hora del almuerzo y dieron una vuelta por la calle principal de Hogsmeade. Harry veía a lo lejos el castillo de Hogwarts y sentía añoranza, tanta que se planteaba si de verdad hacia bien no volver a estudiar para atravesar sus puertas una vez más. Pero apartó esa idea de su cabeza. Ahora iba a convertirse en auror, la ambición que tenía desde los catorce años, y lo sería junto a su mejor amigo.  

Ginny notó que Harry se entristecía al ver el castillo, así que entraron en la lechucería para comprar algunas cosas para Zeus. Harry le regaló a Ginny una pluma nueva y bonita para que al hacer sus redacciones se acordara de él, y también golosinas de Honeydukes que se chupaban y no perdían el sabor. A la hora del café, Ginny sugirió ir al Salón de Té de Madame Tudipié y Harry pegó un pequeño respingo. Odiaba aquel espantoso lugar, sabía que era el sitio de las parejitas a donde iban a besuquearse. Ginny se rió. 

  • Oye, Harry, has vuelto por Privet Drive? -  preguntó Ginny. 
  • No. Lo tengo en tareas pendientes. Tampoco he podido ver a Teddy desde que Lupin me hizo su padrino y me enseñó la foto. 
  • Deberías ir, o al menos mandarle una carta a tu primo. ¿Habíais quedado en eso, ¿no?  - dijo Ginny. 
  • Sí, además, tengo que ir para ver qué sorpresa me has dejado en mi dormitorio.

Ambos rieron. Las horas habían pasado rápidamente, y Ginny y Hermione debían regresar a Hogwarts. Se despidieron a mitad de camino, cuando ya se veía a lo lejos la verja principal de Hogwarts. 

  • Nos veremos, pronto Ginny. Sed fuertes, las dos, ya os queda menos- les animó Harry.

Y cuando las vieron desaparecer, ambos se desaparecieron.  



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