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Harry Potter y ¿qué pasó después? » Despedida
Harry Potter y ¿qué pasó después? (ATP)
Por Kike Potter Abril
Escrita el Lunes 7 de Enero de 2019, 09:37
Actualizada el Domingo 17 de Febrero de 2019, 15:50
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Despedida

Habían hecho una gran fiesta en la cocina de La Madriguera. Hasta Charlie había venido de Rumanía para festejar que Harry y Ron tendrían acceso a la Oficina de Aurores. Hagrid sollozaba con su enorme pañuelo estampado del tamaño de un mantel y repetía ¡Lo sabía Harry, lo sabía! McGonagall también estaba allí, y aunque le costaba contagiarse del ánimo, Harry juraría que le había visto sonreír un par de veces.

A Harry y a Ron les esperaban dos años de estudios por delante, pues tendrían que recuperar el año perdido de ÉXTASIS que no habían cursado, además de prepararse bien dentro del Ministerio para ser considerados miembros de todo derecho de la Oficina de Aurores. Hermione y Ginny ya habían comprado en el Callejón Diagon todas las cosas que iban a necesitar ese curso.

McGonagall se les acercó a Harry y a Ron cuando nadie podía verlos y les dio sendos libros titulados El camino de obstáculos hasta la meta del auror, y sin más, les dejó allí. Sospechaban que ese libro iba a tener gran utilidad durante los años que les quedaban, pero como era un día de felicitaciones, dejaron los libros en el dormitorio de Ron, y continuaron celebrando ese paso tan maravilloso.

Los días en La Madriguera seguían siendo tan maravillosos como siempre. Aunque siempre había tareas que hacer allí, como dar de comer a las gallinas, Harry y Ron pasaban las tardes jugando al quidditch con Hermione y Ginny. Percy de vez en cuando iba a comer, y anunció un día que tenía pareja. George y Ginny se rieron un poco de él, pero cuando conocieron a Audrey, todos dejaron de reírse de él y aceptaron a la chica gratamente.

Pero pronto llegó el día más triste para Harry desde que volviera a La Madriguera. Ginny se tenía que marchar a Hogwarts un año entero, y eso entristecía mucho al muchacho. Se había acostumbrado a su presencia y a sus caricias que no era capaz de pensar en que se marcharía y no la vería hasta Navidad.

Harry, Hermione, Ginny y Ron salieron de La Madriguera por primera vez en mucho tiempo para aprovechar las últimas horas que les quedaban juntos. Bajaron la colina hacia el pueblo de Ottery Saint-Chatchpole donde se mezclaron con los muggles del pueblo. Allí, fueron a comer una hamburguesa y a estirar las piernas por las distintas tiendas que tenían desconcertados tanto a Ron como a Ginny. Después de las tiendas, entraron en un bonito restaurante con decoración medieval- Harry se acordó del Gran Comedor de Hogwarts- adornado con bonitos cuadros en las paredes de piedra. Harry y Hermione pidieron la comida para los 4, pues ni Ginny ni Ron habían estado antes en un restaurante muggle.

Después de cenar, se fueron a dar un paseo por el centro, disfrutando de las últimas horas de sol de un día que había sido cálido y agradable. Llegaron a unos pequeños jardines y ahí estuvieron sentados toda la tarde, viendo a los muggles pasear a sus perros y a algunos ancianos dando de comer a las palomas. Harry tuvo que explicarles a Ron y Ginny en qué consistía el fútbol, porque veían extraño esa manera de jugar. Hermione los miraba con una risita burlona cuando Harry le explicaba qué era el fuera de juego, o como se sacaba un córner. 

  • ¿Pero acaso sigues el fútbol, Hermione? - dijo Ron con fingido enfado cuando volvió a preguntar por enésima vez que era un tiro libre. 
  • No, pero me sé bien las normas- dijo con una sonrisa de oreja a oreja.

Harry y Ron buscaron un pequeño callejón y se desaparecieron, materializándose de nuevo en frente de la valla del jardín de los Weasley. Ambas parejas se despidieron, pues cada una de ellas iba a despedirse de manera más íntima antes de que empezara el curso escolar y los dejaran allí unos meses. Hermione ya se había leído todos los libros del curso y estaba leyéndose el penúltimo capítulo del libro de Ron que le había regalado McGonagall.

Harry y Ginny se fueron al huerto, donde estarían protegidos de las miradas de los demás, y donde hallaban tranquilidad. Era su lugar predilecto para las escapadas nocturnas que realizaban. Harry se apoyó en un árbol y Ginny se recostó en él. Pasaron allí horas hablando de lo maravilloso que había sido ese verano, y en lo maravilloso que podría haber sido todo si hubieran estado juntos mucho antes.

En muchas ocasiones, Harry habría tenido que imaginarse que estaba con Ginny, o soñarlo. Pero desde que todo había acabado, ahora eran felices juntos, y ya comenzaban a hacer pequeños planes de su vida futura en común. 

  • Me gustaría tener una hija- dijo Harry cuando Ginny le bombardeó a preguntas personales. - Sí, creo que sería genial. 
  • A mí también, he tenido seis hermanos que soportar, no quisiera tener que soportar a dos Potter más como tú- respondió Ginny, y ambos rieron con ganas.

Cuando el reloj abollado de Harry marcó las una, Harry y Ginny se levantaron, miraron por última vez el huerto de árboles donde habían pasado momentos dulces durante todo el verano, y se dirigieron sigilosamente hacia la casa. Se despidieron en el rellano de Ginny en el primer piso, con un beso que a Harry se le hizo maravillosamente eterno, el tiempo no pasaba cuando Ginny estaba con él.

Subió, todavía embelesado por el perfume floral de la pelirroja, y entró en el cuarto de Ron. Él ya había llegado y estaba dormido. Cerró los ojos e imaginó una vida en la que Ginny y él estarían juntos siempre. Así de contentó se durmió.

Se levantaron muy ajetreados y escuchando las protestas de la señora Weasley por no estar todo preparado la noche anterior. Ginny y Hermione bajaban las escaleras y las volvían a subir con trozos de tostada de mantequilla en la boca. Harry echaba de menos estar en esa situación, pues años atrás él también lo había vivido en aquella casa que consideraba su hogar. Se acordó de Sirius, cuando le contó que él había abandonado Grimmauld Place cuando cumplió dieciséis años y lo acogieron en la casa de la familia Potter. Allí, como Harry en La Madriguera, era siempre bienvenido.

Harry, Ron y los señores Weasley acompañaron al andén 9 y ¾ a Ginny y Hermione. También habían ido los señores Granger, que charlaban amistosamente con el señor Weasley sobre el funcionamiento de las tostadoras.

Harry ayudó a Ginny y a Luna, que también estaba por allí cuando llegaron a montar los baúles en el vagón del tren. Se despidieron dulcemente, y cuando empezó el tren a alejarse, Harry junto con Ron recorrieron el andén hasta que perdieron de vista a Ginny y Hermione, sintiéndose raros por no estar por segunda vez consecutivas sentados en los compartimentos. Harry no sabía si algún día podría regresar a Hogwarts. 



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