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Harry Potter y que pasó después » Examen de Auror
Harry Potter y que pasó después (ATP)
Por Kike Potter Abril
Escrita el Lunes 7 de Enero de 2019, 09:37
Actualizada el Miércoles 8 de Abril de 2020, 09:04
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Examen de Auror

Capítulos
  1. Introducción
  2. Después de la guerra
  3. Vuelta a La Madriguera
  4. La partida
  5. Búsqueda
  6. Reencuentro
  7. Se acaba el verano
  8. La Oficina de Aurores
  9. Despedida
  10. Hogsmeade
  11. Teddy Lupin
  12. Futuro incierto
  13. Examen muggle
  14. Visita inesperada
  15. Regreso
  16. ¡Sorpesa!
  17. Grimmaud Place
  18. Harry, padrino
  19. Las Arpías de Holyhead
  20. Otra vez King's Cross
  21. Petición
  22. La pedida
  23. Mamá Molley Weasley
  24. Fiesta sorpresa
  25. La boda de Harry y Ginny
  26. Luna mágica
  27. La mansión de los Potter
  28. El número 4 de Churchill Road
  29. Familia reunida
  30. Navidades en La Ponderosa
  31. Examen de Auror
  32. Primera misión
  33. La mansión de los Ryddle
  34. La bóveda secreta
  35. El interrogatorio
  36. Juicio
  37. Funeral
  38. Calma
  39. El tercer cumpleaños de Teddy
  40. El informe para el Ministerio
  41. El compromiso de Ron y Hermione
  42. Daemonum ignis
  43. Arpías contra Puddlemere
  44. Terror nocturno
  45. De vuelta a la acción
  46. Inferi
  47. Preparativos para la boda
  48. Acampada
  49. Desparición
  50. La visita a Ron
  51. Severus Snape
  52. La ayuda de Snape
  53. Cokeworth
  54. CARTA (COVID19)
  55. Vulnera Sanentum maxima
  56. Buenas noticias

Harry echaba de menos la acción. Llevaba ya casi dos años estudiando para el examen final de los aurores, y lo que menos le apetecía era estar allí sentado repasando todos los esquemas que Hermione le había dado. Se encerraban horas y horas en la biblioteca de La Ponderosa, hasta bien entrada la noche. Ginny, los días que no iba a entrenar, se solidarizaba con ellos y se ponía a leer en la biblioteca en un sillón muy cómodo cerca del fuego.

Los meses pasaban y Harry echaba de menos a Teddy, pues con las horas que debía dedicar a estudiar en la biblioteca no tenía tiempo para el niño, pero se prometió a sí mismo que en cuanto acabasen sus estudios y tuviera un horario de oficina, entonces se dedicaría a jugar con el pequeño en los jardines de la casa y a jugar con el con la escoba de juguete.

Ron, siempre malhumorado cuando tenía que estudiar, tenia que salir de la biblioteca cada hora porque Hermione le había prohibido taxativamente que no podía comer nada en la preciada biblioteca. Él miraba a Harry, esperanzado, pero Harry le devolvía un gesto que Ron entendía no queda más remedio.

La temporada de Quidditch también iba tocando a su fin. Las Arpías iban primeras, pero sacaban pocos puntos al Puddlemere United, así que se reunían mas que nunca, pues estaban ante una oportunidad histórica de conquistar un título de Liga. Además, ese año se retiraba la capitana, Gwenog Jones. Ginny seguía acaparando muchas portadas en la sección de deportes, cosa que le fastidiaba mucho, pues tenía que conceder muchas más entrevistas de las que ella habitualmente daba. Hasta el momento, las entrevistas las intentaba dar en la sede de las Arpías de Holyhead, y estaba evitando todas las relaciones con la prensa rosa y esa odiosa escritora, Rita Skeeter.

Hermione a veces se iba con Ginny al pueblo que había cerca de la mansión, Falmer. Estaba cerca de la Universidad de Sussex, por lo que Hermione y Ginny se entremezclaban con los estudiantes. Después, volvían con alguna comida para Harry y Ron, dando éstos rienda suelta a su hambre contenida por las horas de estudio.

La noche antes del examen, Harry y Ron se dieron el lujo de no repasar más. Necesitaban dormir, pues el cerebro estaba a punto de estallarles. Por la tarde, una lechuza del ministerio había aparecido en la percha del salón, y les dejó una nota del Departamento de Aurores.

Estimados Harry y Ron.

El examen de auror tendrá lugar mañana, viernes 28 de enero a las 13.00 horas en la puerta de la Oficina de Aurores. Debéis estar antes, a las 12.00 horas en mi despacho, para pasar por una comprobación de varitas de mano de Garrick Ollivander.

Kingsley.

Kreacher despertó temprano a Harry y Ron para que desayunaran algo y repasaran algo antes de la hora de partir. Después de un rico desayuno en las cocinas, Hermione y Ginny se reunieron con ellos en la biblioteca. Hermione, nerviosa, controlaba el tiempo en un reloj de plata que había colgado encima de la chimenea. A las 11, Harry y Ron dejaron los esquemas, y se fueron a vestir.

Ginny miraba a Harry mientras este terminaba de abrocharse la capa de viaje. No había dicho nada desde que había entrado en la habitación, pero no le veía nervioso. Al contrario, Harry se sentía con ganas de demostrar que valía como auror, después de todo, con la gran aventura buscando horrocruxes con Hermione y Ron, y matando después a Voldemort, había demostrado su capacidad ante toda la comunidad mágica. 

  • ¿Estás bien, Harry? - preguntó Ginny a su marido. 
  • Sí, estoy bien, estoy preparado- le respondió él, y después de besarla, bajaron a esperar a Ron y Hermione.

Después de acceder los cuatro mediante red flu al atrio, los cuatro montaron en un ascensor. El despacho de Kingsley estaba en la primera planta. Así que, tras ascender los ocho pisos que separaban el despacho del ministro con el recibidor principal, Harry y Ron avanzaron hacia la puerta de roble macizo que había al final del pasillo. Ginny llamó a la puerta y una voz calmada les invitó a pasar. 

  •  Ah, señor Potter, es usted. Y el señor Weasley, desde luego- les saludó la voz del señor Ollivander. 
  • Hola, Harry, Ron. Pasad, y sentaos. Ya veo que vienen acompañados, no esperaba menos. Ginny, Hermione, ¿qué hay? Tomad asiento vosotras dos también. No tardaremos mucho, ¿verdad Ollivander? 
  • No señor ministro, ya sabe usted que esto es rápido. Primero usted señor Weasley, hágame el favor de entregarme su varita si es tan amable- y Ron le entregó su varita. -Sí, recuerdo está bien, sauce, núcleo de pelo de unicornio, treinta y seis centímetros, razonadamente flexible y muy útil para los encantamientos. Veo que la tiene usted muy bien cuidada. 
  • Sí, señor. La traté muy bien desde que me la vendió cuando empecé mi tercer curso de Hogwarts. Me la quitaron en la mansión de los Malfoy, pero la pude recuperar en la batalla de Hogwarts, la tenía un carroñero. Y también la de Hermione. 
  • ¿No le ha dado fallos? - pregunto Ollivander. 
  • No, está bien desde el primer día que la recupere. Noté el mismo calorcillo que el día que la compré. 
  • Entonces quién se la quitó no tenía intenciones reales de quitársela. Me alegro, señor Weasley, recuperar una varita es como recuperar una parte de uno mismo.

El señor Ollivander sostuvo un rato más la varita de Ron, y tras hacer aparecer chispas verdes, se la devolvió con una sonrisa a su propietario. 

  • Bien, ahora usted señor Potter. Ajá, la varita más impresionante que recuerde haber vendido, a parte, claro está, de Aquel-que-no-debe-ser-nombrado. Acebo, pluma de fénix, veintiocho centímetros. Muy bonita y flexible. Muy buena para la defensa de las artes oscuras, y por lo que veo, no estaba equivocado. ¡Lumos! - y tras aparecer luz de la punta de la varita, Ollivander la apagó, y se la devolvió a Harry. Noto algo diferente en su varita, señor Potter. Una magia más poderosa que el día que la confeccioné. Trátela con cautela. Y esconda bien la otra. 
Sin decir nada más, el señor Ollivander se levantó, inclinó un poco la cabeza ante Kingsley, y se desapareció.

  • Bueno, chicos, es hora de llevaros ante el señor Fletcher. Es hora de que demostréis que podéis entrar en el Departamento de Aurores.

Cuando retrocedieron por el pasillo del primer piso, atravesaron dos puertas grandes de roble y entraron donde estaban los aurores. Éstos, al verlos, estallaron en aplausos. Entraron al despacho del señor Fletcher, donde había una persona más. 

  • ¡Neville! ¿También te presentas para el examen? - preguntó Ron. 
  • Sí, claro. Después de los ÉXTASIS, quería probar suerte aquí- afirmó Neville con una sonrisa.
  • Vaya, veo que se conocen bien, señores. Bueno, ya habrá tiempo para hablar. Ahora tenemos un examen por delante. Por favor, ministro, señora Potter, señora Granger, si son tan amables, debemos comenzar.

El examen fue más fácil de lo que había pensado Harry, que por fin entendió a McGonagall. Les había dado más tarea para entrar más preparados, y por ello, entrar seguro con más rango dentro. A pesar de todo, el examen tenía su dificultad, y Harry tuvo que poner todo su empeño en concentrarse. Definió los pasos para convocar hechizos de magia defensiva avanzada, y gracias a los apuntes de Hermione, resumió brevemente los doce usos de la sangre de dragón. Después de una hora de examen, Harry, Neville y Ron salieron del despacho de Fletcher. Tras media hora, el jefe de los Aurores salió al exterior de su despacho y anunció: 

  • Me complace anunciar que, desde hoy, los señores Harry James Potter, Ronald Bilius Weasley y Neville Longbottom son ahora miembros de nuestra oficina de aurores.

Lo habían logrado, ya eran Aurores.



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