Historia al azar: Sin gloria ni razon
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Dark Weasley » James ~ Confession #1
Historia terminada Dark Weasley (R15)
Por Always_Potterica
Escrita el Martes 1 de Enero de 2019, 19:21
Actualizada el Martes 26 de Febrero de 2019, 03:09
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James ~ Confession #1

Capítulos
  1. Dominique ~ Confession #1
  2. Louis ~ Confession #1
  3. Lucy ~ Confession #1
  4. Victoire ~Confession #1
  5. Molly ~ Confession #1
  6. Molly ~ Confession #2
  7. Roxanne ~ Confession #1
  8. James ~ Confession #1
  9. Louis ~ Confession #2
  10. Albus ~ Confession #1
  11. Victoire ~ Confession #2
  12. Rose ~ Confession #1
  13. Fred ~ Confession #1
  14. James ~ Confession #2
  15. Lily ~ Confession #1
  16. Rose ~ Confession #2
  17. Roxanne ~ Confession #2
  18. Hugo ~ Confession #1
  19. Lucy ~ Confession #2
  20. Fred ~ Confession #2
  21. Molly ~ Confession #3
  22. Louis ~ Confession #3
  23. Dominique ~ Confession #2
  24. Lucy ~ Confession #3
  25. James ~ Confession #3
  26. Rose ~ Confession #3
  27. Hugo ~ Confession #2
  28. Albus ~ Confession #2
  29. Victoire ~ Confession #3
  30. Fred ~ Confession #3
  31. Dominique ~ Confession #3
  32. Lily ~ Confession #2
  33. Albus ~ Confession #3
  34. Lily ~ Confession #3
  35. Hugo ~ Confession #3
  36. Roxanne ~ Confession #3
  37. Epílogo
  38. Nota de la autora
Me acosté con Rose cuando estábamos ebrios


Te contaré como sucedió todo. En Gryffindor se realizó una fiesta, una de las muchas que se organizaban en la Torre luego del toque de queda para no ser molestados por los profesores. No recuerdo qué excusa pusieron esta vez para realizar la celebración, pero un gran número de otras Casas aparecieron en la Sala Común de Gryffindor. En esos momentos era cuando todos olvidaban sus diferencias y se dedicaban a llevarse bien entre bailes y tragos.

Había sido parte del grupo quien dio la idea. Los Merodeadores 2.0. eran mis amigos cercanos y no había dudado en ayudarlos, nunca venía mal una fiesta. Así que ahí estábamos, una noche de octubre, pasándola bien entre amigos y compañeros. El alcohol no se terminaba más y para entonces eran las once y media de la noche. Los niños de primero a tercero habían sido encerrados en sus habitaciones, aún cuando se habían enfadado, y los Prefectos persuadidos para que no acabarán con la diversión. Por el momento, todo marchaba bien.

Hablaba con una chica que había ingresado a Hogwarts el curso anterior e iba a nuestro año. Venía de Italia y tenía un interesante acento al hablar. Además, era hermosa: cabello negro, ojos color caramelo y un cuerpo lleno de curvas. Era bastante linda y si no fuera porque Fred la había reclamado, tal vez intentaría algo con ella.

—La estaba entreteniendo hasta que vinieras —le dije a mi primo cuando apareció. Ella se rió de forma burlona y Fred sonrió.

—Gracias por cuidarla, Jimmy —dijo, siguiendo mi broma—. Ahora, si me disculpas, vamos a bailar Annabeth.

No era que ninguno de los se quisieran de forma romántica, solo les gustaba echar un buen polvo cuando quisieran, pero allá a ellos. Honestamente, Fred y la chica Zabini harían una gran pareja, como había dicho Frank, claro, si fuera que tuvieran una relación abierta. Me encogí de hombros y seguí bebiendo la cerveza muggle que tenía en mi vaso rojo. Siempre preferiría el alcohol muggle que al mágico, el de los muggles era mucho más fuerte.

Siendo sincero, la fiesta empezó a aburrirme a eso de la una de la mañana y tenía ganas de subir a mi habitación, el sector de dormitorios tenía un hechizo que evitaba que el ruido de la música y de las voces llegará hasta allá, así los niños podían dormir tranquilos. Últimamente me sentía más maduro, había llegado un momento de mi vida que ir a fiestas y hacer bromas ya no eran muy importantes para mí. Así que iba a irme, cuando noté a mi prima sentada sola y ceñuda en uno de los sillones rojo de la Sala Común.

Tome dos vasos con cerveza de mantequilla y me acerqué a ella.

—Anda, Rosie, no puedes tener esa cara en una fiesta —dije, aún cuando yo quería marcharme. Le entregue un vaso y ella arrugó la nariz, pero terminó aceptando.

—Cuando yo sea Perfecta el siguiente año —dijo con confianza—, olvídense que haya fiesta cada mes.

Internamente lo agradecí.

—Si tú lo dices —contesté, dándole un trago a mi vaso—. Los Merodeadores son muy persuasivos.

Rose chasqueó la lengua y yo me reí. Rosie es por mucho mi prima favorita y mejor amiga, nos llevamos dos años de diferencia, pero somos muy unidos. Era de esperar, ambos teníamos muchas cosas en común: éramos hijos de héroes, los hermanos mayores, teníamos una afición por el Quidditch (aún cuando ella lo negará) y apoyábamos a los Pride of Portree, amábamos la tarta de melaza y nadie mejor que el otro entendía que era ser primogénito del famoso Trío de Oro. Éramos confidentes y sabíamos que podíamos contar con el otro.

Por eso me arrepiento de lo que sucedió más tarde.

Seguíamos hablando con Rose. Su charla era lo único que me mantenía abajo o ya me hubiera ido arriba a dormir.

—Inglaterra tiene un equipo horrible —decía Rose. Habían pasado dos años de la Copa Mundial de Quidditch, pero mi prima seguía sin olvidar la derrota de la Liga de nuestro país—. Desde que Dakota Anderson se retiró del Quidditch, hemos estado perdidos. ¡En la siguiente temporada, apoyaré a Francia! Estoy harta de estar humillándome por la estúpida selección que tenemos.

—A ti te necesitan, prima —afirme, riendo. Rose había tomado al menos cuatro vasos de cerveza de mantequilla y ya estaba hablando mucho entusiasmo.

Ella puso una sonrisa socarrona.

—Mi récord es de cuatro minutos para atrapar la snitch dorada —presumió.

—Gryffindor te necesita. Las serpientes nos han estado pisoteado los dos últimos años.

La sonrisa de Rose se borró y en su rostro apareció una mueca de tristeza. Me lamente haber hecho aquel comentario. Rose tenía razón, era una excelente buscadora y si se hubiera presentado en las pruebas en su segundo curso, Gryffindor hubiera mantenido la Copa de Quidditch con nosotros, pero Rose se había metido en la cabeza que debía ser un ejemplo a seguir para todos y hacía todo lo que sus padres decían, aún cuando a ella no compartía sus ideas.

—Mamá dice que el Quidditch es un deporte bárbaro y que no debo jugarlo —se lamentó—, y mi padre insiste que me concentre en mis estudios.

La entendía muy bien. Desde niño, crecí escuchando historias sobre mi abuelo y su mejor amigo, las travesuras que hicieron y todos los problemas que se metieron. James Potter I y Sirius Black habían sido magos brillantes y bromistas, y yo llevaba los nombres de ambos, sin contar el apellido de mi padre. ¿Te das una idea de lo qué significa que tu futuro ya esté escrito por el simple hecho de tener el nombre de otra persona que ya tuvo una historia? Todo el mundo espera que sea como ellos, que sea el mejor en Defensa Contra las Artes Oscuras, que me meta en problemas y, por Merlín, que esté con una pelirroja. Mi abuelo y mi padre se casaron con una pelirroja y ahora todos dan por hecho que yo estaré con una.

Una vez a mi padre le conté que me gustaba una chica y lo primero qué preguntó era si su cabello era rojo. Que si la chica tenía buenos modales, que si era inteligente, que si sentía lo mismo que yo, no era importante. Lo que jodidamente era importante era su maldito color de cabello. Y cuando le dije que era castaña, mi padre me dijo algo que me heló la sangre de rabia.

—Ah, ya veo —contestó, perdiéndole interés—. Bueno, James, tienes trece años, aún te queda personas por conocer.

"Aún te queda pelirrojas por conocer", sabía que quería decir. Y aunque mi enamoramiento con la castaña duró menos de medio año, me molestó muchísimo que mi padre no pusiera interés en mis sentimientos solo porque la chica no era pelirroja.

—Algún día seremos libres —le dije a Rose, aunque no estaba seguro que fuera así—. Algún día seremos quién queramos, no que nuestros padres y el mundo quiere.

—Brindo por eso —murmuró, todavía con una sonrisa triste. Chocamos nuestros vasos y nos bajamos el contenido de una.

Y entonces empezamos a tomar. Y a tomar y a tomar. Y no bebidas mágicas, sino muggles, tan fuertes que pronto no podía distinguir cuántos dedos tenía en la mano. Estaba borracho y Rose estaba borracha. Y entonces ocurrió.

No recuerdo bien lo que sucedió, a semanas de lo ocurrido. Mi mente sigue teniendo lagunas de lo sé pasó esa noche por tanto alcohol que ingerí, pero tengo suficientes recuerdos para darme una idea de lo que pasó. Y sobre todo esta la parte de la mañana siguiente, y si tenía alguna duda, eso me lo confirmó.

Tengo fragmentos borrosos que conforman la historia. Rose y yo haciendo competencia de quien toma más shots, los dos riendo mientras nos íbamos de la Sala Común, llegando de alguna manera a la Sala de los Menesteres, hablando incoherencias sentados en el suelo, ella besándome, yo quitándole la remera, los dos desnudos en el frío suelo, ella sobre mí, ella abajo mío. Los dos abrazados luego se acabar de hacerlo.

También tengo ese recuerdo de la mañana siguiente, bien nítido porque el alcohol ya se había marchado de mi sistema. Me había levantado primero y había encontrado a Rose durmiendo al lado mío, y no me di cuenta qué pasaba. ¿Cuántas veces Rose había dormido conmigo en la misma cama? Millones de veces. Entonces caí en cuenta que estaba desnuda cuando se movió, haciendo que la sábana (¿Cómo diablos apareció una sábana?) que la cubría se bajara un poco. Y descubrí que yo también estaba desnudo. Los recuerdos no los tenía presentes en ese momento, pero bastaba con sumar uno más uno para saber que sucedió.

Me fui.

Realmente no sabía cómo diablos iba a hablar con Rose. Claro, la amaba, pero de la misma forma que se aman los hermanos. Rose es mi mejor amiga y detestaba la idea de arruinar todo por un simple. Cuando estaba yendo a buscarla, semanas después de intentar no cruzarme con ella, para solucionar las cosas, fue cuando me di cuenta de un detalle.

—Mierda, ella es virgen —me lamente, dándome un golpe en la cabeza—. Bueno… era virgen.

Me sentía un completo imbécil.

Rose no estaba en la Sala Común y una amiga de ella dijo que no la había visto en toda la mañana. Supe dónde podía estar Rose y me dirigí al Bosque Prohibido, que era el lugar favorito de Rose cuando quería pensar. Afortunadamente, ella no se metió hasta las profundidades del bosque, pero me costó encontrarla. Y me rompió el corazón al verla.

Estaba llorando.

—¡Oh, James! —exclamó cuando yo me acerqué. Me senté a su lado y me abrazó con fuerza—. Lamento mucho haberte ignorado todos estos días, pero no me siento nada bien.

—Rose, yo… —empecé, aunque no sabía qué decir.

Ella sollozó con más fuerza.

—Algo pasó en la fiesta que se hizo —me interrumpió—. Tengo que decírselo a alguien… o no lo soportare... Solo prométeme que no me miradas de otra forma —Su labio inferior tembló y sus ojos se llenaron de lagrimas—. Me emborrache tanto que me acosté con alguien… ¡Me entregue a un completo desconocido, James!

Rose seguía llorando, balbuceando cosas de haber despertado en la Sala de los Menesteres, desnuda en el piso, con un horrible dolor en las caderas y sin enterarse de lo que ocurrió. Había entrado en pánico, pero se había relajado al ver un preservativo usado a unos metros de ella, pero eso no sacaba que siguiera alterada.

—Yo estaba contigo. ¿No viste con quién estaba cuando te fuiste?

Ella no se acordaba en absoluto de nada y, si no se había acordado en todas estas semanas, no iba a acordarse jamás. Rose es mi mejor amiga, pero no puedo decirle que pasó. No soportaría perderla.

Negué con mi cabeza y ella siguió llorando abrazada a mí.

En serio lo lamento, Rose.

James Potter,
17 de noviembre de 2020


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