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Dark Weasley » Roxanne ~ Confession #1
Dark Weasley (R15)
Por Always_Potterica
Escrita el Martes 1 de Enero de 2019, 19:21
Actualizada el Viernes 18 de Enero de 2019, 13:26
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Roxanne ~ Confession #1

Padezco de cleptomanía


Aburrida. Siempre estoy aburrida.

Cualquiera diría que alguien que tiene un padre que trabaja en una tienda de bromas y una madre medimaga que viene con varias historias de casos extraños que tuvo, siempre tendría algo con que entretenerse. Pero ya había probado cada artículo de Sortilegios Weasley y había escuchado cada anécdota de mi madre, no había nada nuevo para mí y yo vivía aburrida de la vida. No había nada de emoción en ella.

Había visto cada película que había y me sabía de memoria las nuevas maniobras de Quidditch que había. Los exámenes no me perturbaban porque conocía las respuestas y ya me había leído cada libro de la biblioteca. Era aburridísimo no tener nada nuevo que hacer y constantemente me quedaba echada en un sillón viendo la nada. ¿Qué iba a hacer ahora?, era la pregunta que me hacía de forma habitual.

Creo que empezar a robar fue algo que me alejó de mi aburrida rutina. La incertidumbre que me daba a la hora de hacerlo era una sensación placentera, no saber si alguien se daría cuenta de mis actos me llenaban de adrenalina, y por primera vez encontré un pasatiempo duradero y lejos de cansarme alguna vez. No era necesitada, mi familia se encontraba en una. buena posición económica y nunca me había faltado nada. No robaba por poseer algo, robaba por llenarme de adrenalina.

La primera vez que pasó estaba en la Sala Común de Ravenclaw, tirada en uno de los sillones y mirando el fuego chispear en la chimenea. Había terminado un crucigrama que había en El Profeta y volví a mi estado de hastío común. Una chica, dos años mayor a mí, leía una novela de un autor muggle y estaba sentada delante de mí, apenas la había notado. Pero entonces el Prefecto de Ravenclaw llegó hasta ella, para avisarle que su hermana menor había sido lastimada durante el entrenamiento de Quidditch y ella se marchó con rapidez, dejando el libro sobre la mesa.

Me quedé mirando la portada, con desinterés. Se trataba del reflejo de un hombre en un charco al revés y el título se hallaba en letras grandes y blancas: Los buenos suicidas. Abajo, en rojo, daba entender que el autor era un tal Toni Hill. La verdad que no me llamó la atención y no era de tomar cosas ajenas de personas que no conocía, pero estaba tan aburrida que lo tome y leí el sinopsis en la parte trasera. No entendí nada y solo había sacado que era una novela policial, mi género favorito.

—Tal vez… —susurre.

No tenía nada bueno que leer. Había leído toda la biblioteca personal de Ravenclaw y los libros que me interesaban de Hogwarts, aparte de los míos propios. No tenía un nuevo material de lectura. Y Los buenos suicidas sonaba tan interesante.

Me lleve el libro a la habitación tras asegurarme que nadie me había visto.

Más tarde, la chica preguntaba por el libro y fue una de muchas personas que negaron saber algo. Fue una sensación increíble la que sentí cuando escondía el libro bajó el colchón y mentía sobre la desaparición de él. Tenía entonces trece años y no me había sentido más viva que ese momento.

Seguí robando. Una pluma, un par de dulces, unos apuntes, al principio. Y luego siguieron joyas, ropa e incluso galeones. No devolvía nada de lo que robaba y tenía un bolso con un encantamiento de extensión donde guardaba todos mis trofeos. No me limitaba a Ravenclaw, cuando tenía la oportunidad de entrar a otras Salas Comunes, por fiestas o juntadas con mis primos, me terminaba llevando algo preciado por alguien. Una vez, me adueñe de un gato de un Gryffindor, que mantuve en cautiverio por dos días, hasta que me hartaron sus maullidos y lo deje volver con su propietario.

Era consiente que estaba mal lo que hacía. Robar era malo, en cualquier sentido, pero era lo único que me sacaba de mi aburrimiento y me daba la adrenalina que quería. El placer que sentía al cometer un delito era tan intenso que seguía aumentando mis fechorías.

¿Sabes que era muy buena en el Quidditch? Tía Ginny una vez me llevó con ella a ver a su antiguo equipo, las Arpías de Holyhead, y yo estuve jugando con las chicas del equipo. Alice Spinnet, la capitana, quedó tan impresionada que me dio un lugar en el equipo. Sí, durante Navidad de mi cuarto año, me ficharon para jugar con uno de los mejores equipos de Quidditch. Mis padres, fanáticos del deporte, estaban orgullosos… hasta que se dieron cuenta que si quería participar en el equipo, debía abandonar el colegio. Era un sueño para mí y no me importaba mucho abandonar Hogwarts, yo quería estar en el equipo. Costó, mucho, pero mis padres aceptaron, con la condición de que no me presionará mucho y que tuviera profesores particulares.

Aquel curso era el último que tendría antes de entrar de lleno a las Arpías de Holyhead, así que creí que debía hacer algo grande, como lo que hicieron mi padre y mi tío Fred cuando abandonaron el colegio en séptimo. Mi plan no era dejar un pantano en un pasillo entero, sino hacer algo privado y arriesgado del que nadie supiera nada.

Sabía perfectamente qué hacer.

Lo que haría pasaba los límites por completos. Dejaría de ser una chica que robaba por no aburrirse y pasaría a hacer una ladrona en todas las letras. Quizá robar unos pendientes no estaba bien, pero lo que quería hacer dictaba una sentencia en cualquier punto de vista. Y la verdad era que eso me animaba más.

—Necesito que me ayudes —le dije a Lucy, la noche antes del Banquete de Fin de Curso. Mi prima, pintándose las uñas de rojo, apenas murmuró un "Hmm"—. No preguntes, solo necesito que hagas que mi lechuza beba esto y que se quedé a tu lado durante toda la cena de mañana.

—¿Qué? —preguntó confundida, mirando el pequeño frasco que tenía en las manos.

—Solo hazlo, Lucy. Por favor —pedí, adoptando la mejor cara de cachorro degollado que tenía. Lucy aceptó, pero mantuvo el ceño fruncido.

Le había dado una poción Multijugos a Lucy, ella debería dárselo a mi lechuza y el animal se vería igual a mí. Había tomado las medidas necesarias para que funcionará en mi lechuza. Aprovechando que McGonagall no se ponía tan estricta el último año sobre dónde sentarse, Lucy no tendría problema en hacer sentar a mi lechuza con ella en Slytherin y todos pensarían que estaría en la cena. Tenía una hora para hacer lo planeado.

Esa noche, tras asegurarme que Lucy había hecho lo que le pedí (estaba sentada en su mesa, sosteniendo por los hombros espantada la lechuza-Roxanne, que miraba con una expresión retrasada todo), fui hacia mi objetivo. Me había asegurado de robarle a James la Capa de Invisibilidad que su padre le había dado (planeaba regresársela luego, claro, además él siempre prestaba la Capa a sus primos si la necesitaban). Tendría que haber sentido terror, culpa o arrepentimiento por lo que haría, pero no sentía más que adrenalina en mi sangre.

Dulce y placentera adrenalina.

¿Qué era lo que iba a robar? El Sombrero Seleccionador.

Me puse la Capa y camine hasta el despacho de la directora. Me había pasado los últimos días merodeando el pasillo para escuchar la contraseña y por fin la sabía: "Tarta de melaza". McGonagall se había contagiado de poner contraseñas de postres como Dumbledore. Subí las escaleras con rapidez, luego de asegurarme que no había nadie cerca, y llegue al despacho. Espere que algo llegara a mí, algún sentimiento que hiciera recapacitar y dar marcha atrás. Pero nada llegó.

El Sombrero Seleccionador, viejo y desgastado, pero de gran valor, reposaba sobre una mesita y, aparte de los ojos curiosos de los directores en los retratos, que intentaban averiguar cómo se había abierto la puerta, no había ningún otro testigo. Tenía una sonrisa cínica mientras me acercaba al vejestorio. Lo tome con ambas manos, sobrecargada de satisfacción y orgulloso al haberlo conseguido.

—Sabía que también serías buena en Slytherin —comentó el Sombrero Seleccionador.

Me reí y lo apunte con mi varita, asegurándome que la Capa no se moviera.

¡Silencio! —exclamé.

Salí del despacho, dejando a los retratos incrédulos y gritando insultos a la persona que fue capaz de robar el Sombrero Seleccionador. Lo primero que hice fue ir a la Sala Común de Gryffindor (la contraseña era muy sencilla: "Godric") y regresar la Capa de Invisibilidad al baúl de James. A continuación, me encargué de poner distintos hechizos que evitarían que fuera rastreado y use una lechuza que encontré en la habitación de mi primo para enviar al Sombrero Seleccionador a otro lado.

—Llévalo a la habitación veinte del Caldero Chorreante —ordene, recordando que Hannah Longbottom había mencionado algo a mi tía de que esa habitación estaba en reparamiento y nadie entraba. Mañana por la mañana estaría en casa y podría dar una escapada al pub a buscar el Sombrero Seleccionador.

Por fortuna, Lucy estaba con la lechuza-Roxanne a la vuelta del Gran Comedor cuando llegue. Al rato se transformó en una lechuza, que mande ir a mi habitación a descansar.

—¿Qué hiciste? —me preguntó mi prima mientras caminábamos hacia el Gran Comedor,

—No quieres ser parte de esto —asegure.

La mañana siguiente, todo fue un descontrol porque durante el desayuno, una furiosa McGonagall hablaba sobre que un vándalo tuvo el descaro de llevarse el Sombrero Seleccionador de su despacho durante la cena y que en ese momento los Jefes de las cuatro Casa y los Premios Anules revisaban cada baúl de cada estudiante, en busca del sombrero desaparecido. Actúe tan desconcertada y molesta como el resto, aún cuando los ojos inquisidores de Lucy estaban sobre mí.

—Eres lo bastante grande para saber las consecuencias de tus acciones —fue todo lo que mejor dijo y sonreí. Ella no diría nada.

Terminamos yéndonos de Hogwarts a eso de las cinco de la tarde y no había rastros del Sombrero Seleccionador. McGonagall dijo que estaba muy decepcionada y esperaba que el sombrero apareciera luego del siguiente curso.

No creo que vaya a pasar.

Roxanne Weasley,
13 de junio de 2020



¿Saben que la pizza es mi comida favorita y más si mi tía es quien cocina? Estoy tan feliz que vengo con otros capítulo.
Besos.


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