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Dark Weasley » Fred ~ Confession #1
Historia terminada Dark Weasley (R15)
Por Always_Potterica
Escrita el Martes 1 de Enero de 2019, 19:21
Actualizada el Martes 26 de Febrero de 2019, 03:09
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Fred ~ Confession #1

Capítulos
  1. Dominique ~ Confession #1
  2. Louis ~ Confession #1
  3. Lucy ~ Confession #1
  4. Victoire ~Confession #1
  5. Molly ~ Confession #1
  6. Molly ~ Confession #2
  7. Roxanne ~ Confession #1
  8. James ~ Confession #1
  9. Louis ~ Confession #2
  10. Albus ~ Confession #1
  11. Victoire ~ Confession #2
  12. Rose ~ Confession #1
  13. Fred ~ Confession #1
  14. James ~ Confession #2
  15. Lily ~ Confession #1
  16. Rose ~ Confession #2
  17. Roxanne ~ Confession #2
  18. Hugo ~ Confession #1
  19. Lucy ~ Confession #2
  20. Fred ~ Confession #2
  21. Molly ~ Confession #3
  22. Louis ~ Confession #3
  23. Dominique ~ Confession #2
  24. Lucy ~ Confession #3
  25. James ~ Confession #3
  26. Rose ~ Confession #3
  27. Hugo ~ Confession #2
  28. Albus ~ Confession #2
  29. Victoire ~ Confession #3
  30. Fred ~ Confession #3
  31. Dominique ~ Confession #3
  32. Lily ~ Confession #2
  33. Albus ~ Confession #3
  34. Lily ~ Confession #3
  35. Hugo ~ Confession #3
  36. Roxanne ~ Confession #3
  37. Epílogo
  38. Nota de la autora
McGonagall resultó gravemente herida por mi culpa


No tengo vida, te lo dejó claro. Tengo la vida de alguien más, pero esa es otra historia. Hablemos de lo que me está carcomiendo por dentro, necesito sacarlo de mí y escribirlo acá parece la mejor idea. Ya lo hable con alguien y la verdad que no me ayudo en nada, pero no me arriesgare a decírselo a alguien que tenga boca para difundir mi secreto.

Empecemos por el principio. Con mis mejores amigos, Frank, Lorcan y Lysander, forme Los Merodeadores II, una nueva versión del grupo de bromista que hubo en la década de los setenta. Éramos los niños problemas de Hogwarts, los que hacen bromas cada semana y pasan las tardes de los sábados castigados. Los padres de mis amigos se molestaban, en especial el padre de Frank, al ser el profesor. ¿Y mi padre? Mi padre estaba orgulloso.

Mi padre era bastante flexible en cuanto a las bromas y los castigos se refería, no se podía esperar otra cosa de quien tenía una tienda de bromas y en su etapa de adolescente había sido un bromista innato. Y sí, realmente parece bueno que no tengas represalias por meterte en problemas, pero te cuento un secreto: odio las bromas.

Es fastidioso tener que matarme la cabeza para pensar en una broma por semana y que todo el mundo piense que no sirvo para otra cosa, que si tengo malas notas es porque las dejo de lado por estar ocupado ideando la nueva travesura de la semana siguiente. Honestamente, el tema de las Leyes Mágicas me interesan y quería trabajar allí, pero siendo hijo de George Weasley, ya tenía mi puesto reservado en Sortilegios Weasley y ningún hijo de él trabajaría en un puesto tan aburrido, como ya había declarado. ¿Y por qué forme los Merodeadores si yo era todo lo contrario a los objetivos que el grupo tenía? Digamos que mi padre tuvo mucho que ver en eso.

Mi queridísimo padre me contó sobre los Merodeadores y su mapa antes de que comenzará Hogwarts y tuvo la fantástica idea de qué debía fundar un nuevo grupo de bromistas. Se lo comentó a tío Harry, que aunque no lo vio con buenos ojos, se lo dijo a James y le entregó el Mapa del Merodeador que conservaba. Pero James se negó a hacerlo y ojala yo tuviera esa oportunidad. Tío Harry me dio el Mapa y le prometí a mi padre que fundaría el grupo. Elegí a los gemelos Scamander porque eran los niños más traviesos que conocía y a Frank porque era mi mejor amigo desde niños. Lorcan era Colagusano, Lysander era Lunático, Frank era Cornamenta y yo era Canuto. ¿Alguien me preguntó si yo estaba feliz con todo ese mambo? No, solo lo dieron por hecho.

Así que ahí estaba, haciendo bromas que no me resultaban graciosas, realizando fiestas de contrabando cuando quería irme a dormir y metiéndome en problemas aún cuando sabía que afectaría a la carrera que quería. Pero, ¿qué más daba?, papá ya me había asegurado que trabajaría con él y en cuando tenía trece puso ese plan en acción. Claramente, mi padre no me conocía en absoluto.

Así habíamos estado hasta que llegue a mi último curso. Estaba a dos semanas de finalizar el semestre y solo faltaban los EXTASIS, que me tenían especialmente preocupado. Había intentado estudiar cuánto podía, pero la insistencia de mi padre para que siguiera haciendo bromas no me daban un rato de tranquilidad y había estudiado muy poco. Temía repetir el curso. Tal vez no fuera muy importante para mi padre, que me dijo que podía dejar el colegio desde que fui mayor de edad, pero yo quería terminar mis estudios. Quizá, algún día, siguiera la carrera de Leyes Mágicas que quería.

La verdad que yo pensé que, al estar en temporada de exámenes, las cosas iban a relajarse, Lorcan, Lysander y Frank también se ponían las pilas en estudiar. Yo tendría que estudiar. Entonces recibí una carta de mi padre, en la que me preguntaba cuál sería la broma del cierre, que debía ser una tan grande que nadie fuera a olvidarla.

—Fred, tienes bajas, tendrías que estudiar —me señaló James, mi primo favorito y a quien consideraba un buen consejero.

—Tú sabes que no puedo —le dije con una mueca triste.

—Si le dices a tu padre…

Hojee las hojas del libro de Aritmancia de James con brusquedad.

—Sabes perfectamente lo que significa tener el nombre de alguien muerto.

No se habló más del tema y mientras James estudiaba, yo intentaba pensar en alguna travesura tan documental que fuera del agrado de mi padre, mas nada se me venía a la mente. No era la mente brillante tras las bromas que los Merodeadores II realizaron, mis amigos se encargaban y a veces mi padre daba sugerencias. Yo no era bueno para estas cosas.

Los exámenes se acercaron y con ellos, las numerosas cartas de mi padre recordándome que hiciera la broma. Mi padre tenía complejo de adolescente, desgraciadamente. Al final, lo mejor que se me ocurrió fue poner explosivos en los baños, no lo genial que mi padre esperaba, pero no tenía otra cosa. Papá me facilitó los explosivos de su tienda y mientras todos mis compañeros estaban estudiando, yo estaba poniendo desinteresado explosiones bajo los retretes. Me sentía culpable por hacer algo que haría que McGonagall gastará mucho por arreglar, pero ¿qué otra cosa podría hacer? Mi padre jamás entendería que quisiera dar marcha atrás.

—Entonces, ¿cuál será la broma del siglo? —me preguntó Lorcan cuando me reuní con mis amigos en la biblioteca. James me dio una mirada, pero lo ignore.

—Ya lo verás —contesté, forzando una sonrisa. Ninguno de mis mejores amigos sabía cuánto detestaba las bromas—. Sucederá durante la cena.

Entonces llegó la cena. Los explosivos serían activados con un hechizo que debía hacer, lo hice. Se escucharon estruendos por todo el castillo y más de uno se sobresaltó por el ruido. Todo el mundo dejó su cena por la mitad y nos dirigimos hacia las distintas áreas donde venían los ruidos. Actuaba sorprendido y confundido como el resto, para no delatar sospechas. Por el momento, todo genial.

Y luego, mientras los alumnos se reían por la broma, llegó el profesor Longbottom con la cara blanca y una expresión espantada.

—¡Minerva…! —exclamó horrorizado, acercándose a los profesores—. Parece que estaba usando los baños cuando ocurrió la explosión… ¡Está toda lastimada! ¡Filius, ayúdame, la dejé en mi despacho!

Aquello cortó las risas y un mal sabor se situó en mi boca. James se acercó a mí y me tiró del cuello de la remera, llevándome a la Sala Común de Gryffindor, el resto de los alumnos eran ordenados a regresar a sus salas por ordenes de los asustados profesores. James me hablaba, mascullando insultos por debajo, pero no escuchaba nada. McGonagall tenía casi cien años, era una mujer ya entrada en años y se rumoreaba que se jubilaría en un par de años más. Y ahora… ahora estaba herida por mi culpa.

Flitwick, siendo el subdirector, se presentó en el desayuno, dando la noticia que McGonagall se encontraba sumamente herida y fue trasladada al San Mungo. Los sanadores la atendieron con rapidez y lograron curar las hemorragias internas, pero se había roto varios huesos y necesita sangre de su tipo. Se debía actuar con rapidez por la edad de la directora. Los exámenes fueron cancelados y Flitwick mencionó la posibilidad de darlos la primera semana de julio. Al tener los exámenes suspendidos, se adelantaba la partida de Hogwarts porque los profesores querían asegurarse del bienestar de McGonagall.

Ese mismo días, se hicieron los baúles y abordamos el Expreso Hogwarts. No se había averiguado quién era el responsable de la broma, se había preguntado a todos los bromistas del colegio, los Merodeadores II incluidos, pero todos negamos, pero mis amigos y James no paraban de mirarme. Me senté con ellos, pero no aparte la vista de la ventana. Me sentía tan culpable. Si McGonagall le sucedía algo peor -si moría- sería por mi culpa.

Esa noche en casa, hable con mi padre. Dije por primera vez directamente lo qué sucedió con McGonagall, llorando y sintiéndome una persona horrible. Le pedí que me llevara la mañana siguiente al San Mungo para disculparme personalmente con ella. Pero sí había algo que recordar era que mi padre no había madurado en absoluto. Esperaba gritos, discusiones, miradas de decepción, pero mi padre me puso la mano sobre mi hombro y dijo:

—Entiendo que te sientas culpable, pero serás castigado por la ley si admites que fuiste tú.

Lo miraba con incredulidad.

—McGonagall esta casi muerta, y si muere, a ti te arrestaran. Fred, eres una buena persona, no voy a perderte de nuevo.

De nuevo. Nunca me perdiste, papá… pero la verdad es que no hablaba de mí. Jamás era sobre mí.

Me dijo que lo dejará de lado, que McGonagall era una mujer fuerte y saldría de eso, que seguía siendo un niño y no tenía que preocuparme por nada. Y también bromeó con que me fuera a dormir temprano o ni un terremoto me levantaría para trabajar mañana en Sortilegios Weasley.

Dudo que alguna vez leas esto, McGonagall, pero quiero que sepas que en serio lo lamento. Solo quería complacer a mi padre, no quería lastimar a nadie. Me gustaría dejar las bromas, por las dudas que volviera a lastimar a alguien, pero no puedo. Y como una mala ironía de la vida, trabajaré hasta que me muera en Sortilegios Weasley. Ha pasado un mes desde el accidente y sigues internada, no despiertas todavía. Lo siento, McGonagall. Lo siento mucho.

Fred Weasley II,
1 de julio de 2022


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