Historia al azar: Navidad pensando en ti
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Dark Weasley » Albus ~ Confession #1
Historia terminada Dark Weasley (R15)
Por Always_Potterica
Escrita el Martes 1 de Enero de 2019, 19:21
Actualizada el Martes 26 de Febrero de 2019, 03:09
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Albus ~ Confession #1

Capítulos
  1. Dominique ~ Confession #1
  2. Louis ~ Confession #1
  3. Lucy ~ Confession #1
  4. Victoire ~Confession #1
  5. Molly ~ Confession #1
  6. Molly ~ Confession #2
  7. Roxanne ~ Confession #1
  8. James ~ Confession #1
  9. Louis ~ Confession #2
  10. Albus ~ Confession #1
  11. Victoire ~ Confession #2
  12. Rose ~ Confession #1
  13. Fred ~ Confession #1
  14. James ~ Confession #2
  15. Lily ~ Confession #1
  16. Rose ~ Confession #2
  17. Roxanne ~ Confession #2
  18. Hugo ~ Confession #1
  19. Lucy ~ Confession #2
  20. Fred ~ Confession #2
  21. Molly ~ Confession #3
  22. Louis ~ Confession #3
  23. Dominique ~ Confession #2
  24. Lucy ~ Confession #3
  25. James ~ Confession #3
  26. Rose ~ Confession #3
  27. Hugo ~ Confession #2
  28. Albus ~ Confession #2
  29. Victoire ~ Confession #3
  30. Fred ~ Confession #3
  31. Dominique ~ Confession #3
  32. Lily ~ Confession #2
  33. Albus ~ Confession #3
  34. Lily ~ Confession #3
  35. Hugo ~ Confession #3
  36. Roxanne ~ Confession #3
  37. Epílogo
  38. Nota de la autora
Engañé a Alice


Sé que parece contradictorio por lo que puse, pero la verdad es que amo a Alice. Estoy enamorado de ella, lo juro. Durante el curso anterior, olí la poción Amortentia que mi hermano hacía para Pociones, los aromas que sentí eran: Budín de Yorkshore (la comida favorita de Alice), perfume Daisy (lo que le regaló a Alice en Navidad desde que empezamos Hogwarts) y shampoo de coco (el que Alice utiliza). ¿Se necesita otra prueba para demostrar que la amo? Nada lo confirma más que el aroma que desprende mi Amortentia.

Desde niños, he gustado de Alice, de esa pequeña de cabellos rubios dorados y hermosos ojos celestes como el mar. Sentía esas famosas cosquillas en el estómago al verla y toda mi vida me he dedicado a hacerla feliz. Fui detallista y cariñoso con ella, no era un secreto para nadie, ni para Alice, que mi corazón le pertenece. Sin embargo, ella no respondía a mis sentimientos y, aunque no me resignaba a enamorarla, tampoco me quedaba sin probar. A los doce años comencé tener algo así como novias y desde tercero he tenido relaciones sexuales.

Y sí, seguía amando a Alice, pero nunca me quedaba sin chicas.

Durante comienzos de cuarto año, empezamos a salir, por fin. Siendo la familia de Alice amiga de la mía, a todos les agradó la noticia y yo no podía sentirme más contento. ¡Alice, una chica inteligente y hermosa, era mi novia! Mi sueño se había vuelto realidad y me dediqué a ser el mejor novio del mundo para ella. En mi opinión, Alice debía ser la chica más feliz del mundo y estaba decidido a que lo fuera. No aspiraba a nada más que sacarle sonrisas en su bello rostro.

Pero… pero… (siempre hay un pero, ¿verdad? ¿Qué sería de nosotros sin los peros? Más felices, supongo) yo amo a Alice, pero amo el sexo.

Alice es parte de ese pequeño grupo de personas que siguen siendo vírgenes luego de los catorce años en los años veinte del siglo XXI. Básicamente, son como unicornios para los muggles. Era una pena para mí, que quería tener relaciones con ella. Los primeros cuatro meses no pasaba nada, aún pensaba que todo era un sueño e iba a despertar en mi cama sin tener a Alice como novia, pero luego las ganas de hacerlo se me pegaron. Había pasados varios meses desde que lo hice con una chica y mis insinuaciones se hicieron presentes: comentarios descarados, miradas lascivas, caricias al basarnos.

La verdad que tampoco ayudaba mucho que Alice tuviera un cuerpo de infarto.

Solo que había un problema: Alice no quería hacerlo, incluso me pidió que parara con mis insinuaciones porque la ponían incómoda. ¿Y qué iba a hacer yo, que ponía la felicidad de Alice antes que nada? Me resigné y dejé de darle indirectas de que la quería en mi cama. Cuando fue Navidad y Alice pasó las vacaciones en mi casa, se quedó a dormir en mi habitación (porque tal vez yo no fuera de todo un santo, aunque mis padres lo ignoraban, pero Alice no era la clase de chica que tendría sexo con los padres de su novio durmiendo a unas habitaciones de donde estaban). Me encantó tenerla conmigo, pero que molestia se me hacía dormir pegado a ella y que mi amigo se despertara. Ni te cuento las erecciones matutinas a la mañana y cómo hacía para esconderlo de ella.

Alice me estaba matando y ella era demasiado inocente para darse cuenta, otra cosa que amo de ella.

Alice lo es todo para mí y como ya he dicho, lo que más quería es su felicidad.

Por eso mismo debía dejar de ser su novio.

Mira, soy un buen chico. Tengo buenas notas, soy uno de los más inteligentes de Hogwarts, respeto a las personas (mientras me respeten a mí), juego de cazador en el equipo de Slytherin y mi trabajo soñado es ser un Inefable. Pero pronto descubrí que no era el mejor de los novios. Sí, a Alice la trataba como si fuera una princesa, pero la falta de sexo se hacía obvio y mis ojos siempre se iban hacia cualquier chica con falda muy corta que pasara. No respondía a las insinuaciones de ellas, pero tampoco hacía esfuerzo para que pararan.

—Solo creo que deberíamos tomarnos un tiempo —le dije en ocasión, luego de una de las muchas pelas que tuvimos por el mismo tema—. Conocer a otras personas.

—Pero tú me amas —declaró, frunciendo los labios. Tenía los ojos llorosos y yo me sentía la peor persona del mundo.

Me tapé el rostro con las manos y me deslicé por la pared hasta el piso. Habíamos ido a un salón vacío para hablar.

—Claro que te amo, Alice —aseguré—. Pero no soy el mejor chico para ti.

¿Mencioné que aparte de mis insaciables ganas de tener sexo, me metía en problemas constantemente y había estado al borde la expulsión más de tres veces? No era un chico perfecto, sin duda, no como Alice, que no tenía ninguna falta en su historia académica.

—No puedo darte la atención que mereces por los entrenamientos de Quidditch y me la pasó más tiempo castigado que contigo —me quejé—. Te mereces a alguien que esté contigo todo el tiempo que quieras, que te acompañe a clases o incluso que pertenezca a Hufflepuff como tú.

—Pero yo te quiero a ti.

Alice no me dejó volver a hablar y corrió a abrazarme, sentándose sobre mí y ocultando su rostro entre mi hombre y mi cuello. La sentí temblar al llorar y eso aumentó mis pensamientos de que ella se merecía a alguien mejor. Pero no podía terminarle, no si ella sufriría.

Siempre me prometí que nunca haría nada para hacerla sufrir. Y aun así, la engañé.

No seré como esos idiotas que dan mil y una excusas por lo que hicieron, echándole la culpa a otros que a sí mismo. Soy el responsable y lo admito. Estaba en mi habitación, una compañera mía se coló y me besó antes siquiera que me diera cuenta que ya no estaba solo. ¿Qué si intenté resistirme? Sí, lo hice, pero ella puso mis manos sobre sus pechos y adiós al autocontrol. Lo hice con ella, una, dos y tres veces. Demasiado tiempo sin sexo.

Me gustaría decir que fue la única vez que engañé a Alice, pero no fue así.

Dejé de negar las insinuaciones de las chicas atrás mío y le fui infiel a Alice más veces de las que podía contar. Me sentía una mierda, no por lo que hacía (la verdad era que no sentía arrepentimiento alguno), sino porque sabía que Alice iba a resultar herida. Y sí, la engañaba, pero seguía amándola. Y sé que está eso de el que ama, no traiciona, pero pueden darme cuántas gotas de Veritaserum quieran y se darán cuenta que no miento.

Aún dedicaba mi tiempo a los estudios, Quidditch y Alice, pero me daba un momento para estar con otras chicas. No había estado con nadie desde Alice y fueron muchos meses sin tener sexo. Había olvidado que tan placentero era llegar el clímax. Ojalá fuera Alice con quien estuviera cada noche, pero las cosas no eran así. Mientras yo estaba con alguna chica cualquiera en la Sala de los Menesteres, Alice dormía en su habitación sin conocer realmente a su novio.

Amo a Alice. La amo. Pero me gusta el sexo.

Así estuve varios meses y empezamos quinto hace dos semanas. Honestamente, no sabía cuándo iba a terminar mi etapa de infiel, pero me aseguraba que ningún rumor le llegara a Alice. Nunca pensé que lo iba a descubrir, era demasiado cuidadoso. Sin embargo, lo hizo. Una de las tantas chicas con las que estuve era de su Casa y se lo contó, más bien se lo gritó y ella vino a encararme.

—¿Es cierto? —me había preguntado llorando y no hacía falta especificar de que estaba hablando.

—Te dije que no era el mejor para ti.

Habíamos discutidos varias veces antes y yo seguía insistiendo que no debíamos estar juntos. Alice nunca me escuchaba.

—¿Y ahora es mi culpa? —protestó, limpiando sus lágrimas con brusquedad. Mi corazón se encogió al verla en ese estado.

—No, es mía. Solo mía —afirmé. 

Las lágrimas seguían saliendo de los ojos de Alice y aun así me seguía pareciendo la chica más hermosa del mundo.

—¿Por qué, Albus?

Me encogí de hombros.

—Podría decirte que lo hice para que entiendas que no soy quien piensas, pero la verdad es que me gusta demasiado el sexo.

Alice me dedicó una mirada de decepción que me provocó lágrimas. Me odiaba a mí mismo por lastimarla, pero por mucho que intenté ser el chico adecuado para ella, no pude. Ahora solo espero que encuentre a alguien mejor, uno que en serio se la merezca, aunque dudo que exista tal persona. Alice es demasiado perfecta para cualquiera. 

Ese día terminamos y no hemos vuelto a hablar desde entonces. No paran de lloverme las malas miradas, no solo del hermano y los amigos de ella, sino de mis propios primos, que quieren a Alice como si fuera parte de mi familia. Mis padres están decepcionados de mí, pero te seré sincero, diario:

Amo a Alice, pero honestamente no sé qué es el amor.

Albus Severus Potter,
18 de septiembre de 2021.


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