Historia al azar: Por Amar a Ciegas
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Harry Potter Después de la Guerra » 8- Cartas
Harry Potter Después de la Guerra (R15)
Por eagle
Escrita el Viernes 28 de Diciembre de 2018, 18:07
Actualizada el Domingo 28 de Abril de 2019, 20:20
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8- Cartas

—8—

Cartas

 

Harry se sentó junto a su novia, quien estaba muy asombrada por verlo allí. Saludó a sus amigos, quienes aún seguían asimilando todo lo que había dicho. Siempre Snape mostró ser tan frío y despreciable, constantemente en contra de Gryffindor, apoyando a los Carrow y resultaba que era del bando de los buenos. Harry se vio inundado de preguntas de sus amigos de todo tipo : Cómo se lo había dicho, si estaba seguro que él no modificó su memoria, si de verdad apoyaba a Dumbledore, si valía la pena que su retrato esté en el despacho con los demás respetables directores de Hogwarts, y otras tantas más. Una vez que logró explicarles todo, pudo hablar con Ginny:

— ¿Cómo llegaste hasta aquí? ¿Te apareciste y caminaste hasta llegar al castillo? Porque en el tren no te vi…

—Ginny tranquila, vine en la moto. —Le contó mientras la tomaba de las manos. — Sólo ha pasado una semana y te he extrañado muchísimo.

—Y yo a ti. —La pelirroja le besaba la mejilla. —Y por cierto…amé tu sorpresa. —La pelirroja lo había extrañado en esa semana, él era muy importante en su vida y tener la oportunidad de verlo le maravillaba.

— ¿Cómo va todo? Aún no nos escribieron —Reprochaba Hermione molesta.

—Sí, Ron me pidió que te explicara eso. Esta semana ha sido de entrenamiento sin parar. Son lecciones de vuelo, pero eso lo tenemos bien controlado gracias al Quidditch, también nos están enseñando más a defendernos, a protegernos y todo eso. Y con tantos entrenamientos hemos estado bastante cansados. —Hermione estuvo a punto de hablar pero no la dejó. —Ya sé, recién ha pasado una semana, pero han sido entrenamientos duros. Luego empezaremos con las misiones, pero de eso no les puedo hablar.

—Está bien, pero adviértele a Ronald que no se olvide o pagará las consecuencias. —La castaña daba miedo en el tono en que hablaba y luego agregó más calmada. —Me alegro que les esté yendo bien Harry, cuídense.

Los chicos siguieron hablando como siempre, daba la impresión de que sería un año más en Hogwarts como todos los anteriores, con la ausencia de cierto pelirrojo. McGonagall miraba a su Casa y ésa era la impresión que le daba, ver a todos allí, tan tranquilos y tan crecidos. No dejaba de mirar a Harry, siempre la había impresionado y le tomó mucho cariño, pero ese año no sería como los anteriores, ya no lo tendría más como un alumno. Con mucha nostalgia, dio por finalizado el banquete, lo cual indicaba que Harry debía irse.

El azabache se despidió de todos sus amigos, le dio un fuerte abrazo a Hermione y antes de irse besó muy tiernamente a su novia. Ella lo abrazó y permanecieron así por unos minutos.

—Dile a Hermione que este fin de semana les enviaremos las cartas, olvidé decírselo. —Comentaba mientras le acariciaba su cara. —Sino matará a Ron, ¿no crees? —Los chicos comenzaron a reír.

—Está bien, le diré —Tomó la cabeza del chico entre sus manos y le dio un dulce beso, el último hasta Navidad. —Te amo.

—Te amo mi pelirroja —Le dijo muy sonriente. La chica comenzó a reír. Estaba a punto de besarla otra vez cuando fueron interrumpidos.

— ¡Potter! Creo que ya debes irte, ese comportamiento no es correspondiente aquí en Hogwarts. —McGonagall llegaba al vestíbulo donde ellos se encontraban. Los chicos se sonrojaron al extremo. — Y felicitaciones por su relación, suerte en tu nueva carrera, Potter. —La profesora le dio unas palmaditas y se alejó rápidamente.

—Adiós Ginny. —El azabache le dio un beso en la mejilla y se fue de regreso al Ministerio en su motocicleta.

Pasaron dos semanas desde que las chicas volvieron a Hogwarts, la mayoría de los alumnos que estaban en séptimo eran los mismos del año pasado, que estarían hasta diciembre como Seamus, Neville y Luna para completar sus EXTASIS, que debido a la Batalla, no pudieron terminar. Mientras tanto, Harry y Ron les enviarían lechuzas a las chicas cada fin de semana pero solamente recibieron una vez a Pig y Snowflake, y éstas decían que seguían con los entrenamientos y que estaban muy ocupados, casi ni tenían tiempo para descansar y que pronto comenzarían con una misión muy importante. Hermione y Ginny los entendían, pero no podían evitar estar un poco enojadas.

Ellas con las clases iban bastante bien, Hermione era prefecta junto con la pelirroja, lo cual las cansaba un poco. El sábado llegó y éste no era un día cualquiera, era el cumpleaños de la castaña. A media mañana aún se encontraba durmiendo plácidamente en su cuarto, debido a que la ronda de prefectos que había tenido la noche anterior la había dejado exhausta. De pronto, algo la despertó. Cuando pudo abrir los ojos, vio a un Terrier parado a los pies de su cama, más bien, el patronus de éste, y claramente era de su pelirrojo. Se despertó por la luz que éste emanaba, ya que el cuarto estaba todo oscuro. El Terrier comenzó a hablar:

— ¡Feliz cumpleaños mi pequeña perfecta! Te amo Hermione, siento no haberte escrito este tiempo, pero estábamos en una misión importante y recién llegamos, justo a tiempo. Acabo de enviar a Pig, supongo que tardará en llegar, así que espérala para la tarde noche  más menos, sabes que es pequeña y no tiene mucha fuerza. Me encantaría estar a tu lado ahora y llenarte de besos, y verte reír. En este tiempo todas las noches he visto las estrellas y si tú también lo hacías, entonces no estábamos tan lejos. Te amo mucho y espero que pases un lindo día. No sabes cuánto te extraño.

Al finalizar, el patronus desapareció. La castaña tenía muchas ganas de poder abrazarlo, sentirlo y de besarlo, pero no podía. Ella también salía en las noches a ver las estrellas como acordaron, y siempre terminaba susurrando su nombre. El patronus despertó a Ginny y a Parvati, esta última escuchó la mitad del mensaje y no tardó en poner cara de disgusto. Ella y Lavender eran muy amigas y ésta la convenció de que Hermione le había robado a su novio, y por ésta razón, a Parvati no le agradaba mucho Hermione, que luego de dirigirle una mirada de desagrado, salió del cuarto a toda prisa. Ginny se levantó y abrazó a la castaña lo más fuerte que pudo.

— ¡Feliz cumpleaños Hermione!

— ¡Gracias Ginny! —  Su amiga la abrazó tan fuerte, que casi no la dejaba respirar.

—Toma, espero que te guste. - Ginny le entregaba su regalo, el cual era un libro sobre la aritmancia, su materia favorita.

— ¡Gracias Ginny! Me encanta.

Las amigas bajaron al Gran Comedor, desayunaron y se juntaron con sus amigos, quienes también felicitaron a Hermione. Salieron al parque de Hogwarts y regresaron para el almuerzo, y en la tarde subieron a la Sala Común para comenzar con sus deberes. Estaban más tranquilas después de ese patronus, al menos sabían que los chicos estaban bien después de esa misión. Luego de una hora y media de estar en la sala, llegó Snowflake ululando fuertemente y se dirigió hacia la pelirroja. Era una carta de Harry y ésta decía:

Ginny

Siento no poder escribirte, estábamos en una misión importante y no podíamos enviar lechuzas, podrían interceptarlas o revelar nuestra posición. No puedo contarte lo que estamos haciendo aquí, es secreto. ¿Cómo te encuentras? ¿Cómo vas con las clases? Cuéntame cómo las está tratando John Dawlish, según Kingsley es muy bueno y de fiar. Te amo mi pelirroja, te extraño mucho, cuídate y en cuanto pueda mandaré de nuevo a Snowflake. Es bastante rápida creo. Te amo.

Harry.

Ginny estaba muy emocionada y rápidamente comenzó a escribir la respuesta. Mientras tanto, la lechuza se dirigió a Hermione, también había una carta de su amigo para ella:

Hermione

¡Feliz cumpleaños!  No creas que me olvidé de tu cumpleaños hermanita, espero que estés pasando bien tu día. Es raro no estar allí para festejarlo como siempre. Siento no enviarte un regalo, pero en cuanto nos veamos te lo daré, no te enojes. Cuéntame como estas, si es fácil este año o no, pero tú eres muy inteligente y seguro te está yendo muy bien.

Te quiere, tu amigo

Harry.

Ella al igual que su amiga, se dispuso a escribir la carta y cuando finalizó, la colocó en la patita de la lechuza y esta salió feliz por la ventana de la torre de Gryffindor ululando. La tarde pasó y casi estaba anocheciendo. Era raro que Pig todavía no llegara, tal vez le habría pasado algo en el camino o simplemente, como lo dijo el pelirrojo, al ser tan pequeña estaría tardando por eso.

La castaña estaba en la torre de Astronomía, realmente le encantaba la vista de allí, aunque en ese lugar era donde murió uno de los mejores directores de Hogwarts. Desde que empezó su séptimo año, iba allí a ver las estrellas para sentirse más cerca de su pelirrojo. Estaban comenzando a aparecer las primeras estrellas cuando vio que algo se aproximaba. ¡Era Pig! Tenía un vuelo muy pesado y  mientras aleteaba, subía y bajaba, aparentemente el viaje le resultó muy agotador, no tenía casi ni fuerzas para ulular. Estaba apagada, y no alegre como siempre. La chica la tomó en sus manos y notó un peso bastante considerable, que para dicha lechuza era muy pesado. El pequeño mochuelo no hizo más que quedarse quieto mientras la castaña se dirigía a la sala común.

— ¡Ranas de chocolate! —Tras decir esto, la Señora Gorda la dejó pasar.

Cuando llegó a su habitación, sacó la carta, la cual era extraña porque a diferencia de las demás, tenía un peso diferente. Le dio a Pig un poco de golosinas para lechuzas, y se dispuso a leer el pergamino. Al abrirlo, cayó a su cama un colgante dorado muy brillante. Antes de verlo, prefirió leer la carta:

Mi pequeña Hermione

¡Feliz Cumpleaños! ¡Te amo mucho! No sabes cuánto te extraño, no puedo estar sin ti pero tengo que aguantar. Seguramente vas a recibir primero mi patronus, porque Pig es muy lenta y más con lo que la he cargado. Sé que no debí hacerlo, pero era necesario, quería darte tu regalo. Espero que te guste, es para que no me olvides en este tiempo. Siento no escribirte, acabamos de llegar de la misión que te mencioné en la carta anterior, no nos dejan mandar mucho correo porque la mayoría del tiempo estamos entrenando o en las misiones, y así será siempre, lo dijo Kingsley. No puedo contarte de las misiones, es lo que más haremos pero son secretas. Estamos bien y bastante cansados, pero bien, no te preocupes. ¿Tú cómo te encuentras? ¿Cómo la estás pasando? Espero que no te quedes encerrada en la biblioteca, sal a los terrenos, ve al lago, despéjate y disfruta este día. Seguro que cuando envíes la respuesta no tardará tanto en llegar. No sabes cómo me gustaría estar contigo. Es raro no estar en Hogwarts, todo es raro si no estoy contigo. Eres mi amor Hermione Granger. Siento si soy un poco meloso y creo que me estoy extendiendo en esto, si fuera por mí te seguiría escribiendo, pero Pig me odiará si sigo después de lo que pondré dentro. Te amo mucho y cuídate, no lo olvides.

Ron.

A la castaña se le iluminó la cara, tenía mucho brillo en los ojos, una amplia sonrisa se le dibujó en el rostro, y las mejillas estaban más rosadas que antes. Tomó el colgante y lo miró detenidamente: éste tenía en la superficie algo grabado, eran sus iniciales: H & R. Creyó que eso era todo, pero se dio cuenta que se podía abrir. Cuando lo abrió, tenía dentro una foto de ellos dos sonriendo, él la tomaba por su barbilla y la besaba, esto se repetía una y otra vez. Esa foto se la tomaron en una de las veces que fueron a Hogsmeade. Ella sólo pudo sonreír, estaba muy feliz. Rápidamente, buscó en su mochila un pergamino, sacó la pluma y el tintero y le respondió:

Mi terco Ronnie:

¡Gracias por el regalo! Me ha gustado mucho, y te aseguro que siempre lo llevaré conmigo. Efectivamente recibí primero tu patronus, y fuiste el primero en saludarme, ya anocheció y Pig acaba de llegar cuando me encontraba mirando las estrellas, como acordamos. Eso definitivamente hace que no te sienta tan lejos. Ahora Pig está descansando y comiendo un poco. Entiendo que las misiones sean secretas, pero ¿no puedes decirme aunque sea un poco de lo que hacen? Presiento que es algo peligroso, de por sí el puesto lo es, pero ya sabes cuál es mi temor. Me alegro mucho de que estén bien Ronnie, ¡te amo muchísimo! Te echo mucho de menos, quiero que ya sea Navidad para poder verte. Te cuento que en la mañana fuimos afuera con Seamus, Neville, Luna y Ginny y en la tarde hicimos tareas, no te enfades por eso. Como sabrás, tenemos un nuevo profesor en DCAO, parece ser  bueno, nos enseña bien. Nos están poniendo muchos deberes pero podemos con eso, es la práctica para el EXTASIS. Ginny y yo somos prefectas y es algo que nos cansa un poco. Te amo mucho y sigue cuidándote, siempre que puedas mándame a Pig, no lo olvides. Vuelvo a pedirte que te cuides por favor, sigue las normas de Kingsley, siempre síguelas, ¿sí? No lo desobedezcas, te conozco Ronald. Y no sé si sigo siendo pequeña Ronnie, ya cumplí un año más. Te amo mucho.

Hermione

Dobló el pergamino, y antes de ponerle la carta en la patita de Pig, le dio un beso en su pequeña cabeza:

—Eres fuerte Pig. Te han cargado mucho esta vez, pero aun así lo lograste ¡Te felicito! — Pig comenzó a ulular fuerte y salió de la mano de la chica y comenzó a dar vueltas por toda la habitación, en señal de agradecimiento.

— ¡Ven aquí Pig! Tengo que darte la respuesta. —  El mochuelo se acercó nuevamente, extendió su patita y una vez que le pusieron la carta, salió volando y Hermione abrió a tiempo una ventana de la habitación para que saliera.

Bajó al Gran Comedor más feliz que nunca, con cara embobada, con el bello colgante en su cuello, el cual era muy reluciente. Se sentó junto a Ginny y ésta notó lo que traía:

— ¿¡Y eso!? ¡Es hermoso! — La pelirroja miraba maravillada el colgante.

—Me lo ha regalado Ron. — Respondió sonrojada.

—Bueno, creo que tiene buen gusto después de todo, ¿no crees? — Las chicas comenzaron a reír.

 

A mediados de octubre emprendieron un viaje de visita a Hogsmeade, las chicas invitaron a Harry y Ron, pero estos no podían ir porque estaban en otra misión importante, lo que significaba estar unas dos o inclusive tres semanas sin noticias de ellos. Hermione siempre llevaba con ella el colgante, y cada vez que se sentía mal por el pelirrojo, lo apretaba fuerte contra su pecho. Últimamente estaba teniendo una sensación extraña. En ocasiones un escalofrío le recorría por toda su espina dorsal y esto la asustaba bastante.

Las semanas pasaban, ya era noviembre y por fin recibieron noticias de ellos. Prácticamente todas las cartas eran parecidas: estaban en misiones que les llevaban semanas, luego seguían con más entrenamiento y estaban muy agotados, pero lo más importante para ellas era que estaban a salvo.

         Se acercó el primer partido de Quidditch a finales de noviembre: Gryffindor contra Slytherin. Ginny era la nueva capitana del equipo y ganaron 190 a 50, cuando Ginny atrapó la snitch dorada. El festejo duró toda la noche en la Sala Común de Gryffindor, todos estaban muy contentos con la victoria contra las serpientes. Al día siguiente, les llegó una carta de los chicos, las echaban mucho de menos y ya ansiaban con verlas de nuevo, siempre decían que todo estaba bien, y que ya no estaban cansados como antes, el constante entrenamiento y las misiones se hicieron rutina, lo cual ya no les dificultaba como antes.

El primer trimestre estaba finalizando, diciembre ya había llegado, algo eterno para Hermione y Ginny, por fin ya era hora de volver a casa. Ya hacían dos semanas desde que no recibían noticias de ellos, pero suponían que estaban en otra misión importante. Hermione en ese tiempo estuvo muy preocupada, siempre tenía malos presentimientos, el escalofrío era constante. No sabían cómo estaban hasta que finalmente recibieron noticias. Éstas decían que las esperaban en La Madriguera, ellos ya se encontraban allí. Al fin había llegado la hora de verlos otra vez después de tanto tiempo de separación.



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