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Harry Potter Después de la Guerra » 6- Caminos Separados
Harry Potter Después de la Guerra (R15)
Por eagle
Escrita el Viernes 28 de Diciembre de 2018, 18:07
Actualizada el Miércoles 16 de Enero de 2019, 21:12
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6- Caminos Separados

—6—

Caminos Separados

 

Se aproximaba el cumpleaños de Harry y la Sra. Weasley estaba comenzando con los preparativos. Faltaban específicamente tres días y quería que todo saliera bien. Invitarían a Neville, Luna, Seamus, Dean, Hagrid, Dromeda con Teddy y a Bill y Fleur. También invitaron a Charlie y Percy, pero no podían ir a causa del trabajo.

Estaban terminando de almorzar, cuando llegó el Sr. Weasley muy cansado, pero a pesar de eso, trataba de mantener una pequeña sonrisa en sus labios. De a poco, el hombre se recuperaba de la irremediable pérdida, a diferencia de Molly. Su esposa trataba de mantenerse ocupada para no pensar, pero ver a George todos los días le dificultaba su tarea. La Sra Weasley sabía que el día de su esposo en el trabajo había sido atareado como los otros, pero a diferencia de éstos, esperaba a que llegara más temprano.

—Hola querido, — Saludaba mientras salía al encuentro con su esposo. — ¿Cómo te fue hoy? ¿Por qué tardaste tanto? — Se besaron.

—Estábamos tomando algunas decisiones en el Ministerio Molly, y ¿adivinen qué? — Decía muy sonriente mirando a los chicos. — ¡¡Kingsley Shacklebolt ha sido nombrado el nuevo Ministro de Magia!! ¿Qué les parece? —Preguntaba muy satisfecho.

— ¡Eso es muy bueno! Me alegro mucho por él. — Decía Harry.

—Sí, creo que ahora las cosas van a estar mejor, ¿no papá? — Comentaba Ron.

—Sí, por supuesto que sí hijo. ¡Todos estamos muy contentos! En mi departamento habían rumores de que sería el próximo, ¡y estábamos en lo cierto! ¿Se los dije o no, eh? — Comentaba muy contento.

 

Al terminar el almuerzo, Molly mandó a Ron y a Harry a desgnomizar el jardín, mientras que Ginny debía ayudarla con los apetitivos. Al día siguiente llegó Hermione, a quien también la Sra. Weasley le asignó algunas tareas para tener todo listo para la fiesta.

 

Era un hermoso último día del mes de julio de 1998, Harry comenzaba a abrir los ojos cuando sintió que alguien lo estaba golpeando. Eran sus amigos despertándolo, Ginny se tiró encima llenándolo de besos, mientras que Ron y Hermione no paraban de reír viendo cómo le había quedado el cabello por culpa de la pelirroja.

—¡¡Feliz cumpleaños Harry!! —gritaron al unísono los tres.

— ¡Gracias chicos!

—Ven Harry, no te tardes. — Lo apresuraba su novia.

El chico se cambió y cuando bajó lo saludaron muy alegremente los Sres. Weasley junto con George. Le entregaron sus regalos: Ginny le regaló unos artículos de Quidditch, Hermione un libro con las mejores jugadas de Quidditch, Ron un tablero de ajedrez mágico y George unos artículos de su tienda.

Llegó el atardecer y comenzaron a aparecer los invitados. Hicieron una pequeña fiesta en donde todos hablaban animadamente, incluyendo a George, que estaba un poco mejor que antes. El patio estaba todo decorado con varios artículos de la tienda de George, lo que hizo que los invitados se divirtieran muchísimo. Habían juntado tres mesas, las cuales formaban una larga más larga, bajo una especie de carpa. El mantel estaba decorado con bordados de un partido de Quidditch, las escobas con sus jugadores subían y bajaban haciendo grandes partidas a lo largo de la mesa. Todos los amigos de los chicos se enteraron de las nuevas parejas formadas y les demostraron gran alegría y entusiasmo. En un momento de la cena, Luna se acercó a Harry.

—Harry ¿puedo hablar contigo un momento?

—Sí, claro Luna ¿Qué sucede?

—Sólo quería decirte que mi padre lamenta mucho lo que sucedió con él la última vez que se vieron. Estaba muy nervioso y desesperado.

—Oh… ¡sí claro!

—Espero que lo disculpes. — Decía un poco avergonzada.

—Sí, Luna, entiendo su situación. Ya todo pasó, ¿no crees?

—Eso parece. ¿Has visto algún gnomo de jardín? — La rubia miraba hacia todas partes. — Recuerdo que la última vez que vine aquí uno me mordió y encontrar alguno ahora ayudaría al nuevo invento que está haciendo papá.

—Eh… no, creo que no hay ninguno. Con Ron nos encargamos de…

— ¡Oh mira! Allí creo que va uno — La chica se puso a correr en dirección  donde había señalado tan exageradamente.

—Al menos se disculpó —Comentaba Ron en voz baja.

—Sí, hay que entenderlos, ¿no crees? —Decía Hermione animadamente.

Llegó la hora del postre y la Sra. Weasley sirvió un enorme pastel. Ese era el primer cumpleaños para Harry en donde no tenía nada de qué preocuparse, estaba muy relajado al saber que de ahora en adelante todo sería más tranquilo que antes, y estar allí con sus seres queridos era lo mejor que le podría suceder. Luego de la entrada de la hermosa torta, se apareció el Sr. Weasley muy sonriente con una enorme cosa que levitaba perezosamente. La mirada de todos los presentes se desviaron hacia ese inmenso objeto y comenzaron a hablar entre ellos preguntándose qué sería.

— ¡Feliz cumpleaños, Harry! — Exclamó Arthur, dejando el extraño paquete cuidadosamente en el suelo. Harry lo miró curioso. — ¡Vamos! ¡Ábrelo!  — Insistía al ver la cara de sorpresa del chico, quien no reaccionaba.

Harry se levantó de su asiento. Alzó la vieja manta que éste tenía encima y su cara se transformó al ver aquel precioso regalo. Todos los presentes quedaron boquiabiertos.

—No estaba seguro si llegaría a hacerlo, pero creo que después de todo, tenía solución. — Comentaba Arthur. — ¿Te gusta? Y le agregué una nueva bocina — Decía señalando un pequeño botón.

Harry no aguantó la emoción y le dio un fuerte abrazo a su suegro. Era lo mejor que podía esperar, la motocicleta de su padrino totalmente restaurada. Lo más importante para él era que aquel artefacto había pertenecido a la única persona que estuvo cerca de ser un padre para él, Sirius. También consideraba al Sr. Weasley como un padre, pero Sirius era diferente, era la persona que, de no ser por ese enfrentamiento en el Ministerio, hubiera formado por primera vez una familia de verdad.

—¡¡Muchas gracias Sr. Weasley!!

—De nada, Harry, de nada — Arthur abrazaba al azabache como a un hijo más.

Sin tiempo que perder, el chico subió a la motocicleta y dio unas vueltas para probarla. Funcionaba a la perfección. Todos sus amigos quisieron probarla y lo hicieron, realmente era un regalo increíble. Los presentes pasaron uno por uno para subir a la motocicleta, al contrario de Hermione y Fleur, pues fueron las únicas que no se animaron a subir.

 

 

Pasaron once días y la familia volvía a estar de fiesta, esta vez celebraban el cumpleaños de Ginny, que a diferencia del anterior, consistía en un almuerzo familiar. Mientras éste transcurría, todos notaron los comportamientos extraños de Fleur.

— ¿Estás bien amor? —Bill estaba muy preocupado por las reiteradas veces que su esposa se levantaba de la mesa.

—No te pgeocupes amog, es sólo una descompogstugga, ya pasagá.

— ¿Segura querida? —Preguntaba su suegra.

—Sí, todo está bien Molly, gracias.

Durante todo el transcurso del almuerzo, Fleur no mejoraba su aspecto. No podía dejar de ir al baño todo el tiempo.

—Creo que será mejor que nos vayamos, lo siento familia. — Anunciaba Bill con tono preocupante.

— ¡Oh está bien Bill! Llévala a descansar, seguramente fue el viaje. —Reponía su madre.

—No suelo teneg pgoblemas con las apaguiciones —Decía la chica extrañada. —Adiós y disculpen que nos tengamos que ig  de esta manega. Que tegmines bien tu día Ginny. —La pareja le había regalado un hermoso colgante de plata con sus iniciales.

— ¡Gracias chicos! No pasa nada, no se preocupen. —Contestaba la cumpleañera. - ¡Espero que te mejores Fleur!

 

Ya eran las cuatro de la tarde y los chicos estaban por ir a Hogsmeade cuando de repente tres lechuzas llegaron golpeando la ventana de la cocina. Molly las hizo entrar, sin dudas eran del Ministerio de Magia, ya que éstas solían tener una identificación en una de sus patas. Las lechuzas entraron cuidadosamente y buscaron a los destinatarios: Harry Potter, Ronald Weasley y Hermione Granger. Éstas a su vez, debían esperar una respuesta, por lo que se quedaron quietas, paradas en los respaldos de las sillas para descansar del viaje. Cuando los chicos tuvieron las cartas en la mano, se miraron unos a otros. El primero en abrir la carta fue Ron.

 

Señor Ronald Bilius Weasley:

Me complace anunciarle que es admitido para formar parte del Departamento de Aurores, ya que he visto su capacidad y desempeño que emplea para combatir contra las Artes Oscuras. Se ha realizado un acuerdo con el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, para que sea eximido de completar el último año, entregándole un diploma a modo de finalización de sus estudios en dicha institución.

Será muy bienvenido y tendrá una excelente formación que desarrollará a lo largo de las misiones que emplearemos. Sepa que su presencia sería de suma importancia.

Esperaré ansioso su respuesta.

Lo saludo atentamente,

Kingsley Shacklebolt, Ministro de Magia.

 

La carta de los chicos restantes decía exactamente lo mismo.

    ¡Esto es estupendo Harry! ¡Podremos ser Aurores! —El pelirrojo estaba feliz.

— ¡Sí! ¡Es increíble! — Exclamaba el azabache, dándole un fuerte abrazo a su amigo.

— ¡Y no importa que no termináramos nuestro último curso! —Comentaba Ron, volviendo a leer la parte de "Se ha realizado un acuerdo con el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, para que sea eximido de completar el último año" "para que sea eximido" "para que sea eximido" leía una y otra vez. — Ya mismo hay que darles algo a esas lechuzas. —Decía muy emocionado dirigiéndose a la cocina en donde habían golosinas para ellas.

A diferencia de los chicos, Hermione no expresaba ninguna emoción. Se dejó caer en uno de los sillones y  su mirada se perdió en la misma nada.

— ¡Mamá! ¡Harry, Hermione y yo fuimos aceptados para ser Aurores! ¡Mira! —El pelirrojo le acercaba la carta a su madre.

— ¡Oh! Vaya… ¿no son muy jóvenes aún para entrar a los Aurores?

—Mamá, ¡esto lo envía el mismo Kingsley! Además, es una decisión que lo tomaremos nosotros, ¿no chicos? Y ya sabes cuál es la respuesta… ¿no? —Decía mientras miraba a su amigo y a su novia a la vez.

—No.

Esa negativa provenía desde la sala, la cual retumbó en toda la casa. Fue algo tan fuerte y con tanta seguridad que ya se sabía de quién provenía. Ginny miraba toda la situación sin decir nada, no quería empeorar las cosas más de lo que ya estaban.

— ¿Cómo que no? ¿A caso no ves la oportunidad que tienes ante tus ojos?

— ¿De qué oportunidad me hablas Ronald? ¿De ir por todo el país en busca de mortífagos, exponiendo nuestras vidas a la muerte? ¿Ésa es la oportunidad de la que me hablas? —Hermione se hallaba ahora de pie, mirando muy enfadada a su novio y a su amigo, elevando cada vez más su tono de voz.

— ¡Es la oportunidad de acabar con todos ellos! —Repuso Ron molesto.

— ¿¡Ah sí!? ¿Y cómo es que estás tan seguro de eso Ronald? Harry, me imagino que tú no…

—Sí Hermione, —La interrumpió. —Yo iré. ¿No leíste que nuestra presencia es muy importante? Si Kingsley nos envía esto, es porque realmente nos necesita. — El azabache apuntaba a las anteúltimas líneas de  la carta.

—Sabes que sólo es porque derrotaste a… Voldemort. ¿Vas a seguir exponiendo tu vida a eso? Te recuerdo que lo has hecho desde siempre y…

— ¡Por esa misma razón Hermione! Lo he hecho desde siempre y él lo sabe. Por eso nos envía la carta, sabe que siempre hemos estado en contra de Voldemort, como tantos otros, pero es diferente. Nosotros nos hemos enfrentado a esto desde que entramos a Hogwarts. ¡Los tres! ¡Estamos preparados para esto!

— ¡Exacto! —Cooperaba Ron. — Sabemos cómo actuar, ¡lo demostramos innumerables veces! Tú sabes que puedes hacerlo Herms.

— ¡No se trata de que si puedo o no Ronald! ¡No quiero seguir con eso! ¡No es lo mío!

—Chicos, cálmense. —Intervenía Molly. — Esta es una decisión de cada uno, es personal. Yo opino como Hermione, pero Harry tiene razón…si Kingsley les envía esto a unos jóvenes de diecisiete años, es porque cree que pueden hacerlo. Desde ya creo que les dará protección, ¿no? Eso lo podremos hablar luego en persona. Tómense su tiempo, piénsenlo bien. Esto decide su futuro.

—No necesito ni pensarlo. —Respondió con dureza su hijo.

El pelirrojo se dirigió veloz a sacar un poco de pergamino que había en su habitación y bajó rápidamente con el tintero y una pluma y se puso a escribir la respuesta. Su novia lo miraba muy enfadada por lo que iba a hacer, pero no le importó, era su decisión. Le resultaba increíble una propuesta como esa, ¡era exactamente lo que buscaba! Si bien, ese era el mayor deseo de Harry, extrañamente también se había vuelto en uno de sus mayores deseos. Desde la muerte de su hermano, quería matar a todo mortífago que se le cruzara en su camino, capturar a quien había sido el causante de aquel derrumbe que se llevó la vida de Fred. Para él, era la manera de vengarlo y evitar que cualquier otra cantidad de magos inocentes corra la misma suerte que
su hermano. Terminó de escribir, plegó el pergamino y lo colocó en la pata de la lechuza que le había entregado la carta. Ésta conforme, levantó vuelo cruzando la ventana de la cocina que permanecía abierta. A continuación, se dirigió a su habitación. No soportaba que su novia lo mirara con tanto enojo en esos bellos ojos castaños.

Harry miraba a Ginny, quien estaba muy preocupada. Sabía exactamente la respuesta de su novio, era algo que anheló desde hace mucho tiempo y ahora se le presentaba la oportunidad de serlo. La chica pensó en que ambos, por diferentes circunstancias de la vida, terminarían juntos el último año de Hogwarts, y luego decidirían qué hacer, pero Kingsley se le adelantó y todo aquello que imaginó alguna vez, quedaba en lo que era en esencia, imaginaciones, y no en una realidad.

—Quiero que te quedes tranquila, ¿sí?

—Prométeme que no te pasará nada —La pelirroja lo abrazaba entre sollozos. — Prométemelo Harry. No quiero perderte a ti también.

—Sí Ginny, te lo prometo, nada me pasará. No seremos los únicos —Decía acariciándole la cabeza, mientras por encima del hombro miraba a su amiga, a la cual le resbalaban algunas lágrimas y hacía todo lo posible para esconderlas.

Harry tomó un pergamino que dejó su amigo, éste dejó uno para cada uno. Escribió su respuesta, plegó el papel, lo puso en la pata de la lechuza que le entregó la carta y ésta ágilmente levantó vuelo y salió por la ventana de la cocina. Su amiga estaba sentada, aun pensativa ante toda la situación. Ginny se encontraba a su lado hablando con ella.

—Podrías ir Herms, sabes que puedes hacerlo. —La animaba la pelirroja.

—Hermione tu eres muy buena, lo sabes. — Seguía Harry. —Te necesitaremos.

—Harry, Ginny, aunque pueda hacerlo, no es lo que quiero. No quiero eso, no es para mí. No me gusta….ya sabes.

—Hermione, tranquila. Es tu decisión y sea la que sea la respetaremos. Tú deberías hacer lo mismo con Ron, ¿no crees?

—S-Sí, creo que sí. — Titubeó.

Aun no estaba segura de qué hacer. Si aceptaba, haría algo que no le gustaba, pero estaría con su novio. Si no aceptaba, volvería a Hogwarts a su último año, y estaría alejada de las personas que estuvieron con ella siete hermosos años. Estuvo a punto de aceptar, pero luego recordó la actitud de Ron inentendible. Él ni siquiera pensó, solo se dirigió a la mesa, escribió y mandó la carta, entonces muy decidida hizo lo mismo. Tomó el último pergamino, la pluma que había sido tocada por el pelirrojo y se dispuso a escribir la respuesta:

Señor Kingsley Shacklebolt:

Agradezco mucho su propuesta y que me haya tomado en cuenta para entrar a tan importante área. Sepa disculparme pero mi decisión es negativa. Mis deseos son regresar a Hogwarts y terminar mi último año. Sé que tendrá a dos personas muy buenas en su Departamento de Aurores y por favor, cuídelos. Es mi única petición.

Una vez más espero me disculpe y que pueda entenderme.

Saluda atentamente,

Hermione Jean Granger.

Al terminar hizo lo mismo que los anteriores, la última lechuza estaba un poco impaciente ya que no dejaba de ulular. Una vez que la chica terminó de poner su carta, la lechuza se dirigió a la ventana y voló muy alto. Hermione la miró hasta hacerse un punto en el hermoso cielo despejado. Volvió su mirada a la sala y acercándose a Ginny dijo:

—Todavía es tu cumpleaños, vayan a Hogsmeade  y diviértanse.

— ¿Estás segura? —preguntaba su amiga al ver la triste mirada de la castaña.

—Claro que sí, ¡vayan! — Decía fingiendo estar más animada.

—Puedes venir con nosotros si quieres. — Comentaba Harry.

—No chicos, gracias. Vayan ustedes yo… veré que hago.

Una vez que los chicos se fueron, Hermione se dirigió rápidamente al cuarto de la pelirroja. Se tumbó en su cama y comenzó a llorar una vez más como tantas veces lo había hecho y el causante seguía siendo el mismo… Ronald Weasley.

 



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