Historia al azar: La verdad del triangulo
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Harry Potter Después de la Guerra » 5- Flourish y Blotts
Harry Potter Después de la Guerra (R15)
Por eagle
Escrita el Viernes 28 de Diciembre de 2018, 18:07
Actualizada el Martes 19 de Febrero de 2019, 12:02
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5- Flourish y Blotts

―5―

 Flourish y Blotts

 

Pasaron dos semanas desde la última vez que Ron vio a Hermione. Seguía tan molesto que ni siquiera le escribió en ese tiempo, al igual que ella, la cual se envió lechuzas únicamente con Ginny. Mientras tanto, en La Madriguera surgieron algunos cambios: cuando el menor de los Weasley estaba en Australia, George decidió reabrir el negocio "Sortilegios Weasley"  y  no le fue difícil encontrar ayudantes, muchos querían trabajar allí por su diversión. De esto lo habían convencido sus padres para que no pasara tanto tiempo encerrado en su habitación y lograra entretenerse con algo. Por otra parte, Harry y Ginny anunciaron que tenían una relación. Sus padres lo tomaron muy bien, ya que querían a Harry como a un hijo y sabían que cuidaría bien de su pequeña pelirroja.

Eran las ocho y cuarto de la noche, lo cual indicaba el inicio de la cena. Últimamente el Sr. Weasley llegaba un poco tarde por su trabajo al igual que George, la tienda estaba funcionando bastante bien y había mucha demanda. La Sra. Weasley agregaba los últimos condimentos mientras que los chicos ponían la mesa, cuando de repente se escuchó un ruido fuerte. Era Ginny quien bajaba a toda prisa por las escaleras y con gran emoción anunció:

― ¡Mañana vendrá Hermione a visitarnos!

― ¡Oh! ¡Qué bueno hija! ¿Te ha dicho cómo está su familia? ― Preguntó Molly mientras que con su varita ubicaba los platos en la mesa.

― ¡Sí, dice que están bien! Herms vendrá a la tarde y se quedará una semana.

De soslayo, Ginny miró a su hermano, pero éste no dijo nada, seguía con su tarea de poner la mesa.  Tuvieron una cena tranquila, y al finalizar Harry y Ginny se fueron al jardín con la capa de invisibilidad para estar un tiempo a solas, como solían hacerlo casi todas las noches. Molly lavaba los platos con órdenes de su varita, Arthur leía "El Profeta", George estaba en su cuarto creando nuevos dulces, del cual provenían varias explosiones y Ron  se encontraba muy pensativo en la sala, frente a la chimenea. Mañana llegaría su novia, seguían siendo novios porque al menos, la chica no le envió ninguna carta diciendo lo contrario. Se preguntaba cómo estaría y que haría. Seguramente estaba ordenando sus cosas o leyendo algún libro. La extrañaba y se arrepentía por su reacción, pero su orgullo era más fuerte.

Al día siguiente, cerca de las cuatro de la tarde, llegó la castaña. Saludó a todos muy animadamente, abrazando a sus amigos. La Sra. Weasley le dio unas palmaditas cariñosamente y cuando llegó el momento de saludar a su novio, se detuvo, lo examinó y lo saludó con un hola demasiado seco y cortante. A continuación, se dirigió al cuarto de su amiga y allí se encerraron por horas.

― ¿¡Y cómo te lo dijo!? ¡Cuando me escribiste que salían me puse muy feliz Ginny! ― Exclamaba muy emocionada.

―Te  contaré, te contaré. ― Ginny estaba muy feliz y entusiasmada. ―Me llevó a cenar al centro muggle, que por cierto eligió un lugar muy bonito. Cuando terminamos, comenzamos a caminar y en un callejón nos desaparecimos y fuimos a una playa. La verdad es que en el momento no entendía nada. ― Comenzó a ruborizarse. ― Le pregunté por qué estábamos allí, se acercó y me susurró al oído que cerrara los ojos. Me puse muy nerviosa. Después me dijo que los abra y habían pequeñas luces flotando y formaban un "TE AMO" ¡Sentí cómo comenzaba a darme calor Herms! Seguro estaba como un Fénix. ― Ambas comenzaban a reír. ― Me di vuelta y ahí estaba, parado con una rosa blanca en la mano. Se acercó, me dio la rosa y me confesó que lamentaba haberse tardado, que nunca dejó de amarme y que siempre pensaba en mí. ― Algunas lágrimas resbalaron por sus mejillas de emoción. ― Y que ahora que se calmaron las cosas podíamos estar juntos si yo quería, estaba tranquilo porque sabía que yo no correría ningún peligro estando con él. ¡No pude evitar abrazarlo y le dije que sí, que quería estar con él siempre!

― ¡Wooow! Harry resultó ser muy romántico. ¡Qué hermoso Ginny! Te dije que ocurriría.

― ¡Sí! Después volvimos y al día siguiente se lo dijimos a mis padres y realmente lo tomaron muy bien. ¡Estoy feliz Herms!

― ¡Me alegro muchísimo por ustedes!

La castaña abrazaba muy fuerte a su amiga. En cuanto se separaron, la pelirroja preguntó:

― ¿Y con mi hermano qué sucedió? Nos dijo que quisiste quedarte con tus padres. Sospeché que algo pasó porque no volvió a hablar de ti, por lo menos no con mis padres o conmigo, aunque creo que le dijo algo a Harry y él no me lo ha contado.

―Se enojó porque no les conté a mis padres que somos novios, ¿puedes creerlo?

― ¡Oh! Un poco lo entiendo si me pongo en su lugar, pero es fácil de deducir, no tendría que haber reaccionado de esa manera. Tiene que esperarte, ¿no?

―Sí, ¡pero no me ha escrito en todo este tiempo! ―Exclamó enfadada.

―Lo sé, todo este tiempo ha evadido todas mis preguntas que hacía sobre ti. ¡Tienen que reconciliarse Herms! Aún lo quieres, ¿cierto?

― ¡Claro que lo quiero Ginny! No sé si maduró tanto como yo creía… esto me hace dudar en ese aspecto, pero de ninguna manera tengo dudas sobre mis sentimientos hacia él.

― ¡Entonces habla con él!

―Sí, pero voy a esperar a que él haga algo. No tengo que ser yo la que esté siempre detrás de él, ¿no crees?

―Tienes razón. Espero que este bobo no reaccione demasiado tarde.

Mientras tanto, en la sala los chicos jugaban ajedrez y conversaban sobre el mismo tema.

―Ron realmente entiendo que ella no les dijo a sus padres, pero debes aceptarlo. Por algo lo hizo así.

―He estado pensando y… no puedo estar sin ella. No sabes lo difícil que ha sido todo este tiempo.

― ¿Y por qué no le escribiste en lugar de pedirme que le robe las cartas a Ginny? ―El ojiazul se encogió de hombros.

―Ya sé, ¡fui un tonto y me arrepiento! Pero… conociéndola, va a tardar en perdonarme.

―Tienes que hablar con ella.

―Lo sé amigo. Lo sé y lo haré.

Ya habían pasado tres días desde que la castaña estaba en La Madriguera y Ron cada vez que tenía oportunidad trataba de hablar con la chica, pero ésta se mostraba muy distante. Harry y Ginny estaban hartos de verlos en esa situación tan infantil, por lo tanto, quisieron colaborar con la reconciliación e inventaron una excusa para reunirlos. La mente brillante fue Ginny. Su idea consistía en invitarlos al Callejón Diagon y luego dejarlos a solas para que de una buena vez por todas, hablaran como debía ser.

El plan se puso en marcha: los invitaron al Callejón Diagon a comprar unas cosas que necesitaban y, con suerte, ambos aceptaron. Los cuatro se aparecieron en el Callejón, olvidando que el Mundo Mágico seguía conmocionado por los sucesos anteriores y ya no podían dar un paso con tranquilidad como antes. Todos les agradecían por sus hechos y los vitoreaban a cada minuto. Si bien era algo grato de escuchar, realmente ya los estaba sacando de quicio. Harry y Ginny omitieron todos los comentarios que les hacían y decidieron seguir con la técnica acordada. En un momento les dijeron que irían a buscar una lechuza para el ojiverde, y sin esperar la respuesta, se fueron lo más rápido que pudieron. Ahora sólo restaba que hablaran.

Hermione al ver esta acción de sus amigos, largó un fuerte suspiro y se dirigió rápidamente, sin decir nada, a Flourish y Blotts, lugar en donde cada año compraba sus libros escolares. El pelirrojo corrió tras ella, aunque se retrasó un poco debido a que varias personas lo seguían elogiando, cosa que le sorprendió bastante ya que esto solía sucederle solamente a Harry. Cuando por fin entró a la librería, vio a McLaggen hablando con ella. A medida que se acercaba, escuchaba lo que éste decía:

― ¿Qué te parece si tenemos una cita, Granger? Podremos arreglar lo que pasó en la fiesta de Slughorn.

McLaggen comenzaba a poner su mano en la cintura de la castaña a pesar de que ella se rehusaba. Al ver esto, Ron sintió su sangre hervir y rojo como su cabello, no lo soportó más y apartó al chico de un tirón, haciéndolo tambalear y que casi cayera.

― ¡Qué diablos te sucede Weasley! ― Se quejó el agredido en cuanto logró estabilizarse.

― ¡Lo que sucede es que es mi novia! — Exclamó con énfasis en las últimas dos palabras. — ¿Qué tratabas de hacer McLaggen? ¿A caso no tienes respeto con las mujeres?

Al ver la reacción del pelirrojo, la chica no pudo evitar sentirse protegida. Cormac los miró extrañado y todos los magos presentes observaban muy cómodos el espectáculo que éstos hacían.

―A sí que ahora sales con este perdedor, ¿eh Granger? ― Cormac los miraba de manera arrogante mientras se acomodaba la túnica.

―No es ningún perdedor para tu información. No sé qué te hace pensar que saldría con alguien como tú. ― Le reprochó la chica muy furiosa.

―Tú fuiste la que me invitó a la fiesta, Granger, no lo olvides. Pero si prefieres estar con la zanahoria ― Dijo mirando de forma burlona a Ron. ―, está bien, es tu elección. Después no quiero que vengas a pedir que salga contigo otra vez, porque te aseguro que no lo haré.

― ¿¡Y qué demonios te hace pensar que ella haría algo así!? ¡Vete y déjanos en paz! No creo que quieras que te dañe. ― Bramó el pelirrojo con una mirada desafiante.

― ¿Y qué podrías hacerme, Weasley? Sabes que soy mejor que tú en todos los aspectos.

― ¡Oh, sí, claro! ¿Ya olvidaste la vergonzosa derrota por la que nos hiciste pasar contra Hufflepuff?

Tras ese recuerdo, McLaggen se fue sin decir nada, lanzando una mirada de repugnancia. Seguía muy avergonzado por eso. Los presentes comenzaron a aplaudir al héroe de la castaña. Él la tomó de la mano y  la sacó de ahí rápidamente.

― ¿Te encuentras bien Hermione?

―Sí, claro que sí Ronald. Yo podía defenderme sola, lo sabes. No hacía falta todo ese espectáculo que acabas de hacer.

―Prefiero enfrentarlo yo, no quiero que se sobrepase contigo. Y no fue un espectáculo, estaba defendiéndote, además eres mi novia.

― ¿Estás seguro de eso? ― Preguntó seriamente.

El rostro del chico reflejó una inmensa desilusión al mismo tiempo que empalidecía.

― ¿Qué tratas de decir? ―Repreguntó, confundido.

―Que si estás seguro que sigo siendo tu novia.

―Pues... claro que sí, por qué…

― ¡Entonces dime por qué no me escribiste  en todas estas semanas! ― Gritó fuera de sí, dándole golpes en el pecho sin importarle que varias personas los miraban alrededor.

― ¡Por Merlín Hermione! ¡Casi me matas del susto!

―No has respondido aún, Ronald. ― Respondió con indiferencia.

―Lo siento Herms, me comporté como un tonto y no supe entenderte. Quería que les digas y no pensé bien en ese momento. Eso es algo que lo tienes que decidir tú, no yo. Te extrañé mucho.

Se acercó a ella y la abrazó con fuerza, a pesar de no recibir el mismo afecto.

―Te amo Hermione Granger. ― Susurró en su oído.

La piel de la castaña se erizó por completo. Estar lejos de él por tanto tiempo era algo que ya no podía soportar después de haber estado juntos casi al borde de la muerte. El contacto que deseó por dos semanas al fin sucedía, y ahora ése se convirtió en su debilidad, haciendo que su orgullo y enfado se derritieran como la cera de una vela encendida. Rápidamente correspondió al abrazo con más fuerza de la que ella misma se creía capaz

―Yo también te amo Ronald Weasley. Pero no quiero que hagas más escenas por estas cosas. Si yo te digo que esperes un poco es por algo. No conoces a mi padre.

―Los invitaremos a casa si quieres. ― Propuso, para luego besarle los labios.

Los chicos se separaron un poco y comenzaron a caminar de la mano, dirigiéndose a Emporio de la Lechuza, donde supuestamente se encontraban sus amigos.

―Creo que sería mejor que tú vengas. ― Contestó después de unos minutos.

― ¿Estás segura? A propósito, creo que a tu madre le caigo bien.

―Es por lo que hiciste.

―Sinceramente no hice nada. — Dijo encogiéndose de hombros. — ¿Crees que me aceptarán pronto? ¿Tu padre qué piensas que dirá?

―Puede ser Ronnie, no lo sé. Mi padre es el sobreprotector, y no estoy segura de lo que dirá, nunca presenté a un… novio. ― Al decir la última palabra, le apretó levemente la mano a su novio, sonriendo.

Unos minutos después, llegaron a su destino. Abrieron la puerta del local, pero sólo se encontraron con un par de personas desconocidas, que al percatarse de su presencia, les pidieron que firmen unos trozos de pergaminos. Una vez complacidos sus fanáticos, salieron del lugar, confusos.

― ¿Dónde se habrán metido Harry y Ginny? No están aquí, además no nos tardamos tanto ¿o sí?

―Mejor dejémoslos. Tal vez necesitan un poco de… privacidad.

― ¡Hermione! ¡Es mi hermana! ― Exclamó molesto.

― ¿Y qué tiene? ¿A caso nosotros no hacemos lo mismo?

―Sí, pero prefiero no pensar en eso. Aunque, si me pongo en el lugar de ellos, me odiaría si interrumpiera algo.

―No es para menos. ― Ambos rieron por unos instantes. ― ¿No es lindo que vuelvan a estar juntos?

―Sí, mi hermana lo quiere mucho y desde hace bastante. Personalmente creo y sé que nunca dejó de amarlo. Y de todos los chicos del colegio… sé que Harry es el indicado. Sé que la cuidará bien. Sabes… él me pidió permiso para salir con ella. ―Confesó con tranquilidad.

― ¿Lo dices enserio?

―Sí. ¡Fue genial! No es que si no me lo pidiera me enojaría, pero es como que respeta las cosas.

Caminaron hasta casi el final del largo y alborotado callejón. Miraron las vidrieras incomodados por los constantes ojos que se clavaban a sus espaldas, hasta algunos sin disimulo. Certeramente ya nada era como antes. No podían ni siquiera pasear tranquilos por el callejón Diagon como solían hacerlo desde niños.

A pesar de que al pelirrojo le gustara un poco la fama que él había adquirido, comenzaba a fastidiarlo. Al fin comprendía a Harry cuando mencionaba en algunas ocasiones que era molesto ser el centro de atención cuando fue lo que menos quiso en su vida. Impaciente por irse de allí, preguntó a su novia en tono divertido:

― ¿Querías comprar algún libro antes que el Rey baboso te molestara?

―Quería ver que libros podríamos necesitar en el último año. Es increíble cómo pasó todo tan rápido, ¿no crees?

―La verdad que sí, hace ocho años no te conocía y míranos ahora. Jamás creí que estaríamos juntos. ― Se detuvieron para mirarse profundamente por unos instantes, hasta que él la abrazó por la cintura y siguieron caminando. ― ¿Quieres ir otra vez a Flourish y Botts?

―Después de esa escena, prefiero volver cuando estemos por ir a clases de nuevo. ― Respondió fingiendo estar molesta. Ron sonrió.

―Bueno, entonces ¿volvemos?

―Sí. Ya me están cansando esas miradas. ― Comentó, haciendo señas con los ojos a un par de hombres que los observaban desde la tienda de Ollivander. ― ¿Tú no necesitabas nada?

―Ya tengo lo que siempre necesité. ― Respondió, apretándola levemente contra su cuerpo, para luego besarla suavemente.  

Los chicos se desaparecieron para volver a la tan tranquila Madriguera. Al ingresar a la sala, se encontraron por fin con sus desaparecidos amigos.

─ ¡Vaya! Creo que ya solucionaron todo ¿no? ─ Los señaló Harry mientras se levantaba del sofá en donde estaba sentado junto a  su novia.

─ ¿Dónde se habían metido? ─ Se quejó el ojiazul. ─ ¡Los buscamos por el callejón y no estaban en ningún lado!

- ¿Quieres bajar la voz hermanito? ─ Musitó su hermana molesta.

─Está bien, está bien. ─ Aceptó, recordando que su madre no aprobaba mucho que las parejas estén tanto tiempo a solas.

─ ¿Qué han comprado? ─ Preguntó la castaña, mientras se acercaba a ver una jaula situada en la esquina. Dentro de ella, se encontraba una lechuza de tamaño promedio. Su plumaje era oscuro y presentaba unas manchitas blancas. Sus ojos amarillo ámbar se movían con rapidez, inspeccionando cada rincón de la casa.

─Éste es Snowflake, la nueva lechuza de Harry. ─ Presentó Ginny.

─ ¡Es muy bonita! ─ Opinó Hermione mientras le acariciaba su suave plumaje a través de las rejas.

─Fue Ginny quien la eligió. ─ Comentó Harry.

 

Los últimos cuatro días habían sido muy placenteros para todos excepto para Arthur, quien estaba muy ocupado en el Ministerio. George inventó un nuevo dulce. Éste hacía que al comerlo, las orejas se agrandaran diez veces más de lo normal. Con este nuevo invento, George se pasaba todo el día tratando de encontrar la forma para que le sirviera a su inexistente oreja. Tal vez, en un futuro si lograba perfeccionarlo, podría tener aunque sea una oreja por al menos, un par de horas. El tiempo de duración dependería de la modificación que le haría.  

Hermione volvió a su casa, quedando de acuerdo con Ron que les contarían a sus padres de su relación en una cena el fin de semana próximo. Los días pasaban. Harry, Ginny y Ron fueron a visitar a Teddy, el cual estaba más hermoso que antes y el cabello esta vez estaba azul. Harry no dejaba de pensar en el día en que ese pequeño se enterara de la causa de la muerte de sus padres. Él debía ser quien le cuente todo, pero ahora no tendría que preocuparse por eso,  era momento de disfrutar de ese hermoso bebé. Luego de jugar toda la tarde con él, Teddy se quedó dormido en los brazos de Ginny. Era muy placentero ver cómo la pelirroja disfrutaba tener al bebé en sus brazos, su mirada era muy dulce y tierna. A Harry ver esa imagen, le producía una sensación extraña que no había sentido antes, pero en unos años más, tal vez sabría lo que significaba.

Finalmente llegó el tan ansiado fin de semana, el pelirrojo estuvo muy nervioso esos últimos días. Su madre trataba de tranquilizarlo y Harry le repetía que todo saldría bien y, para que se despejara un poco, diariamente jugaban Quidditch hasta tarde, aunque por momentos resultaba muy aburrido ya que sólo eran tres jugadores.

Harry y Ginny se encargaron de elegir la ropa más adecuada para asistir a la casa de los Sres. Granger. Se hicieron las seis de la tarde y el ojiazul estaba listo para irse, se veía más nervioso que nunca. Su novia lo esperaría en un callejón cerca de su casa. Se despidió de todos y se apareció en el lugar acordado. Caminaron ocho cuadras, Hermione lo encontró muy bien vestido a la manera muggle. Éste llevaba una camisa manga corta roja y azul cuadrille, jeans azules y  zapatillas blancas.

—Tranquilo, no pasará nada. — Le aseguró, tratando de calmarlo al ver su rostro muy pálido y al notar su mano un poco sudorosa. — Estas muy bien vestido Ronnie.

—Gracias, Harry y Ginny me ayudaron a elegirla. De hecho Harry fue el de más ayuda, con mi hermana no teníamos idea de qué comprar. Además, las primeras apariencias son importantes, ¿no? — Respondió nervioso.

Llegaron a la entrada. Era una hermosa casa de dos plantas, color blanca y tejas rojas. La castaña abrió la puerta y había una larga mesa lista para la cena. Desde la cocina provenía un delicioso aroma a  carne de cordero.

—Vamos. — la chica lo condujo hasta la sala de estar.

Al entrar, había relucientes sillones blancos, una chimenea en el centro con varios trofeos encima, una alfombra roja cubría casi todo el piso y a la izquierda se situaba una gran biblioteca repleta de libros. Seguramente la chica pasaba mucho tiempo allí, pensó Ron. Junto a ésta estaba parado un hombre alto, de cabello castaño y ojos marrones, sosteniendo un libro entre sus manos. Sin dudas era el Sr. Granger, quien no se percató de que los jóvenes entraron a la sala.

—Papá…ya hemos llegado.

— ¡Hola chicos! ¿Cómo has estado Ronald? — Preguntaba mientras le tendía la mano al pelirrojo.

   Buenas noches Sr. Granger. Bien ¿y usted?

—Muy bien Ronald.

—Tiene una casa muy hermosa señor. — Afirmó con nerviosismo.

—Oh, gracias, eres muy amable. — La cara del Sr. Granger era un poco grande. Su cabello era castaño y ondulado, y éste se veía medianamente invadido por algunas canas. Parecía estar alegre.

— ¡La cena ya está lista! — La voz provenía del comedor y era agradable escuchar eso, ya que el chico tenía un poco de hambre.

Los tres se dirigieron al comedor. Allí estaba una mujer, de estatura media como su novia, cabello liso azabache con algunas canas al igual que su marido y ojos marrones. Era como ver a Hermione con varios años más, con la diferencia del cabello.

— ¡Hola Ronald! ¿Cómo te encuentras? —Saludó alegremente.

—Eh…muy bien Sra. Granger, gracias por preguntar.

—Nos alegra que vinieras a cenar Ronald, tal vez esto compense lo que has hecho por nuestra hija. — Comentaba el Sr. Granger. — Qué lástima que Harry no haya podido venir. ¿Ya se siente mejor?

—Oh si, un poco mejor. — Se apresuró en contestar la castaña. Había olvidado contarle su pequeña mentira.

Cuando se sentaron a la mesa, la Sra. Granger sirvió la cena, la cual consistía en una carne de cordero con puré de papas. Ésta se asemejaba mucho  a una comida que hacía la Sra. Weasley.

La cena transcurrió animadamente. Los Sres. Granger hacían todo tipo de preguntas para conocer más del muchacho. Lo único que sabían era que asistía a la misma escuela que su hija, que había estado de viaje junto con ella y su otro amigo en busca de cosas importantes y que participó de la Batalla de Hogwarts. Obviamente también sabían que cuidó de su hija durante el viaje de Australia y que la apoyó en todo momento.

Al finalizar la comida, el chico estaba bastante tranquilo, al contrario de otras veces, se cuidó en cuanto a la forma de comer y notablemente entró en confianza con los padres de su novia, pero aún no les notificaron de su relación. Hermione, a diferencia del chico, estaba bastante inquieta y repetidas veces durante la cena se levantó de la mesa a refrescarse la cara. Luego, la Sra. Granger sirvió el postre que consistía en un flan casero, algo que el pelirrojo jamás probó en su vida pero que le pareció muy delicioso. Cuando iban a la mitad de éste, Hermione tomó la mano del chico por debajo de la mesa y esto era señal de que era hora de contarles.

—Mamá, Papá….

— ¿Qué sucede cielo? — Su madre notó el comportamiento extraño de su hija y sabía que algo raro le pasaba.

—Ron y yo queremos…

—Queremos decirles algo. — Finalizó el chico.

—Ron y yo… — Decía nerviosa.

—Señor, ¿deja que Hermione sea mi novia? — Preguntó Ron con firmeza. — Juro que siempre la cuidaré y la respetaré.

La chica estaba extrañada con su novio. Se lo veía muy seguro y firme de lo que decía.

—Oh, bueno… ¿Por eso organizaste la cena, no Hermione? — El rostro del padre había cambiado notablemente ante esa petición.

—Sí papá. —         La castaña seguía muy nerviosa.

—Claro que la dejamos, ¿no querido? Son jóvenes, tienen que disfrutar. —Intervino la Sra. Granger. —Nosotros también tuvimos la edad de ellos. —Decía mirando fijamente a su marido.

—Sí, pero comenzamos a salir cuando teníamos veintidós años…no diecisiete. ¿Mira si…?

—No señor, le aseguro que eso no sucederá. — Negó rápidamente al interpretar su pregunta.

—Creo que Ronald es muy cuidadoso querido, no creo que tengan un niño siendo tan jóvenes.

—Bueno, eso lo veremos. Adelante Ronald, demostraste que la cuidas y mucho. Puedes salir con nuestra pequeña.

—No tan pequeña, en unos meses cumplo dieciocho papá. —Intervenía la chica, más calmada.

—Siempre serás mi pequeña. —Reafirmaba el padre, dirigiéndole una  tierna mirada.

Al finalizar, el pelirrojo se despidió de sus suegros y fuera de la casa se despidió de su novia.

—Todo terminó bien, ¿no crees? — Inquirió.

—Sí, más de lo que esperaba. — Confesaba, más tranquila. —Realmente no sabía cómo iban a reaccionar y me puse muy nerviosa.

—Más que yo. — Comentaba el chico mientras le tomaba la mano.

         —Tú estuviste muy tranquilo Ronnie.

—Sí, porque tus padres me cayeron muy bien, y realmente quería que nos dejaran estar juntos. Y por como dijo tu padre, entiendo que eres su pequeña y sé que debo cuidarla bien, como siempre lo he hecho e incluso más. Pero creo que nunca se esperó que un día llegara alguien reclamando a su hija, ¿no? Opino que debe compartirte y eso lo tomó por sorpresa. —Decía divertido. —Pero eso sí… sólo conmigo. — Los chicos comenzaron a reír y de repente se abrió la puerta.

— ¿Todo está bien? — El Sr. Granger los miraba intrigado.

—Sí señor, de hecho, ya me iba. Buenas noches, gracias por todo. — El pelirrojo se despedía con un apretón de manos de su suegro.

—Adiós Herms, te estaré escribiendo. — Dijo, para luego darle un beso en la mejilla, bajo la mirada inquietante de Hugo, la cual era bastante incómoda.

—Adiós Ron. ¡Mándame a Pig cuando puedas!

El chico caminó las ocho cuadras dirigiéndose al callejón más cercano y se desapareció. Esa había sido la mejor de las noches a pesar de las incómodas preguntas que sin querer sus suegros hacían, pero creía que era normal, ya que la castaña era su pequeña hija como lo era Ginny en su familia y tomaban sus precauciones. El pelirrojo pensaba en lo afortunado que era Harry, porque la familia Weasley no tuvo ningún problema que saliera con Ginny y todo fue más alegre y sencillo, todo lo contrario a su caso, pero realmente valía la pena. Todo por Hermione Jean Granger valía la pena para él.



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