Historia al azar: Sacrificios
Regístrate | Recupera tu contraseña
     
     
Menú




 
¿Quién ha añadido esta historia a sus Favoritos?
Harry Potter Después de la Guerra » 4- Experimentos Indeseables
Harry Potter Después de la Guerra (R15)
Por eagle
Escrita el Viernes 28 de Diciembre de 2018, 18:07
Actualizada el Martes 19 de Febrero de 2019, 12:02
[ Más información ]

4- Experimentos Indeseables

―4―
Experimentos Indeseables


Ya era de noche. Los mortífagos estaban a varios metros de la carpa, pero dentro del perímetro de encantamientos de protección que la castaña había hecho. Ésta se encontraba dentro y trataba de repararle el brazo a su novio.
― ¡Episkey!
― ¡AY! ― Se quejó, cuyo brazo seguía roto.
― ¡Lo siento! ―Se disculpó. ― Creí que iba a funcionar pero… ― Decía mientras lo examinaba. ―, ha mejorado un poco, ¿no crees? 
―Sí, gracias Herms, pero es todo por hoy ¿sí? ― Pidió con franqueza. ― Me duele mucho.
―Está bien. ― Aceptó no muy convencida. Él la besó. ― ¿Qué haremos con los mortífagos?
―Pueden ser útiles. ― Confesaba esbozando una sonrisa mezclada con dolor.
― ¿Cómo? ― Preguntó desconcertada. ― ¿A qué te refieres?
―Tenemos que hacer que tus padres recuerden la realidad, es decir, implantarles nuevamente la realidad, ¿no? 
 La castaña asintió. Sin embargo, no entendía la relación que existía entre sus padres y los atacantes. A pesar de sus pensamientos, su novio continuó:
―En los libros que leíste, dicen que cualquiera puede hacer el contrahechizo.
―Sí, cualquier GRAN mago o bruja. ― Recalcó.
― ¡Y tú lo eres! El punto es, le acabas de borrar la memoria a éstos ― Señaló hacia afuera, donde estaban los mortífagos. ―, y se me ocurrió que antes de entregarlos… ―Miró al suelo. ― podrías practicar con ellos.
La chica abrió los ojos como platos y, cruzándose de brazos, exclamó:
― ¿¡Estás loco!? ¡De ninguna manera!
― ¡Hermione! ¿Quieres que te reconozcan sí o no?
― ¡Sí! ¡Pero esta no es la forma!
La castaña comenzaba a molestarse cada vez más. Lo que proponía su novio era completamente una locura e iba en contra de sus principios. Y otra vez, sin darse cuenta, Ron y Hermione peleaban como siempre lo hacían.
― ¡Entonces dime otra forma! ―Gritó. ― ¡Sabes que estos malditos querían matarnos!
― ¡Lo sé! ¡Pero son personas! ¡No puedo jugar con su memoria como se me dé la gana! ―Le reprochó. 
― ¡No vas a jugar! ― Contradijo el chico. ― Tratarás de hacerles lo mismo que quieres hacerles a tus padres, pero antes lo harás con ellos. O dime, ¿A caso vas a probarlo con tus padres primero? ¿Y si algo sale mal? ¡Pagarían ellos!
― ¡Pero no por eso deben pagarlo estos hombres!
― ¿Hombres dices? ¡Tus padres son buenos! ¡No se merecerían algo malo! En cambio, estas personas, si se les puede decir así, nos habrían matado minutos antes y lo sabes.
―Sí, pero no es excusa. ― Refunfuñó. 
― ¡No se trata de dar excusas Hermione! ―Gritó fuera de sí. ― ¿A caso crees que se arrepentirían si nos hubieran entregado a Voldemort? ¡No! ¡Claro que no! ¡Ellos pudieron haber matado a Fred y no tendrían ningún remordimiento!
―Ron… cálmate. ― Pidió mirándolo a los ojos. Él obedeció. 
―No vas a jugar con ellos, te lo aseguro. ― Habló tras varios minutos de silencio. ―Tratarás de hacerles lo mismo que vas a hacer con tus padres pero...
― ¿Y si saliera mal? ―Preguntó preocupada. ― ¡Dejaría mal a dos personas Ron!
― ¿¡Y ellos a cuántas familias destrozaron!? ¡Innumerables! Prefiero que lo pruebes en ellos y no en tus padres. ―Decía mientras le acariciaba el rostro. ― Además… eres muy lista ― Agregó. ―, dudo que salga mal. Confía en mí, confía en ti, en tus habilidades. Hazlo por tus padres.
Esto la dejó reflexionando por varios minutos. Seguía sosteniendo que, aunque fueran mortífagos, no era motivo para probar en ellos sus nuevas destrezas, pero ¿con quién más lo haría? Si algo salía mal con sus padres no se lo perdonaría nunca. Demasiado era llevar con la carga de haberles modificado la memoria. Tal vez, lo que proponía su novio no era lo correcto como a ella le gustaba, pero al menos, tenía que intentarlo.
―Está bien. ― Aceptó aún no muy convencida. 
El ojiazul estuvo a punto de festejar por la buena decisión, pero prefirió limitarse y seguir animándola.
―Mañana empezaremos ¿sí? Tienes que confiar, sé que podrás hacerlo.
Por segunda vez en sus vidas, se acostaban juntos. El pelirrojo no pudo dormir debido al dolor, pero le gustaba ver cómo lo hacía su novia. Era muy hermosa y no comprendía cómo una chica como ella estuviera con él. Ambos eran muy diferentes, pero a pesar de eso, estaban juntos por más raro que pareciera. Sabía lo afortunado que era en tenerla, porque para él, era la mejor mujer de todo el universo. 
La noche transcurrió lentamente. Los primeros rayos del sol y el piar de las aves comenzaron a sonar muy temprano para el gusto de Ron, que fue en el momento en el que por fin comenzaba a conciliar el sueño. Trató de ignorar los pequeños cantos alegres de las cotorras, cuando oyó gritos desesperados que lo alertaron completamente:
― ¡Auxilio! ¡Alguien que nos ayude!- Exclamaba Travers.
― ¡Sáquennos esto de los ojos por favor! ¡Tenemos hambre!
―No puede ser. ― Murmuró.
Con sumo cuidado, trató de quitar su brazo sano que estaba atrapado debajo de la cabeza de su novia e intentó incorporarse. Sus intentos por no despertarla fueron inútiles. Estaba a punto de salir cuando ella despertó.
―Ronnie, ¿a dónde vas?
―Sólo iba a… 
― ¡Auxilio! ― Se oyó otra vez. 
― ¿Qué fue eso? ―Inquirió preocupada. 
―Es lo que justamente iba a ver. Quédate aquí. ― Pidió el chico.
Salió con la varita en alto, preguntándose de quién serían esos gritos. Hizo tan sólo unos pasos cuando comenzó a escuchar pisadas detrás de él. Miró por arriba del hombro y comprobó que era Hermione, quien también había salido, apuntando hacia lo desconocido. Se enfadó un poco al ver que ella no lo obedeció,  pero estaba claro que no se quedaría oculta esperando lo peor. 
Caminaron un par de metros, cuando volvieron a escuchar los gritos. Y tal como el chico lo había pensado, los responsables de aquellos gritos eran Selwyn y Travers. Por fortuna, el hechizo obscuro seguía funcionando en ambos mortífagos, quitándoles el campo de la visión.
― ¿Quién anda ahí? Tenemos hambre. ― Chilló Selwyn.
―Libérenos, por favor. ― Secundó Travers.
Los chicos cruzaron miradas. La castaña lo miró con dureza y a toda velocidad, volvió a meterse en la tienda. El pelirrojo siguió vigilándolos, sin dejar de apuntarlos con la varita. Minutos después, la chica reapareció cargando entre sus brazos diferentes tipos de apetitivos. 
―No estarás hablando enserio, ¿verdad?
Ella sólo se limitó a mirarlo, abriendo un paquete de galletas. 
―Son personas, Ronald. Deben alimentarse. ―Contestó luego de darles la comida.
Una vez que estuvieron satisfechos, los hombres lo agradecieron inmensamente:
― ¡Muchas gracias! ¿Por qué nos tienen aquí? ¿¡Qué hemos hecho!? ― Cuestionaba Selwyn muy desconcertado. 
Ron no lo toleraba más. Demasiado era tener que alimentarlos y ahora, ¿escuchar el tono de voz más inocente después de lo que habían hecho? No, claro que no. Olvidando que los capturados no recordaban nada, bramó:
― ¿¡Qué no han hecho malditos!?
―Ron no digas eso. ―Se quejó su novia entre susurros. ― Ellos no lo saben
―Cierto. ― Concordó.
Los dejaron en el mismo lugar y entraron nuevamente a la tienda para desayunar. Una vez finalizada esta acción, salieron para poder comenzar de una vez por todas la misión que se habían auto encomendado. 
―Bien, comencemos. Trata de concentrarte ¿sí? ― Pidió, haciéndole masajes en los hombros. ― Trata de desear bien lo que quieres, pensar en lo que quieres que recuerden y luego… hazlo. Sin dudar. Sé que lo harás bien, eres extraordinaria. ― Dijo besando su frente.
Hermione tomó su varita, respiró hondo, trató de concentrarse lo más que pudo, pero la imagen de sus padres venía a su cabeza y no veía a aquellos hombres como los mortífagos que eran, si no como a sus padres. Imaginaba que ellos estaban atados allí y ella tenía que salvarlos, sintió que no tenía otra oportunidad.
― ¡Remorandum! ―Gritó.
La varita lanzó una luz amarilla y los hombres dieron un quejido.
― ¡Qué nos ha hecho! ― Chilló Selwyn.
― ¡Que alguien nos ayude por favor! ¡Estamos secuestrados! ― Pedía Travers.
Cuando los chicos se acercaron a ver, Hermione en lugar de implantarles un recuerdo de la realidad, les había hecho grandes ronchas rojizas en el rostro, las cuales provocaban aparentemente un gran dolor a los mortífagos.
―Está bien Herms, se lo merecen, ¿no lo crees? ― Opinó divertido.
― ¡No Ron! Bueno… un poco sí. Pero no quiero tenerlos aquí y torturarlos. No somos como ellos.
―Lo sé. Nuestro objetivo no es torturarlos ni vengarnos, entiende eso. ¿Qué sugieres? ¿Los dejamos así o…? 
―Dictamo. ―Respondió con rapidez. ― Eso los ayudará, creo que me queda un poco.
Se dirigió a la tienda, y, frustrada, buscó la botellita que tenía y se la aplicó a los hombres mientras se retorcían de dolor.
―Herms tranquila, ¿sí? Mejor lo intentamos mañana, ahora deberías descansar tu mente, despejarte un poco. ¿Qué te parece si caminamos un rato? ―Propuso.
―Sí, creo que es lo mejor pero… ¿Y si aparecen más? Tu estas con el brazo roto, te lo recuerdo. 
―No lo creo. Éstos con suerte llegaron hasta aquí, y sin memoria, atados y vendados, no son un peligro. ― Sonrió. ― Con respecto a mi brazo, bueno… ¿podrías arreglarlo? 
―No quiero arriesgarme. Necesitas crece―huesos y no tengo. 
―Vamos, intenta nuevamente. Tal vez con eso se me pase. 
― ¡Necesitas crece―huesos! ―Volvió a repetir. 
―Pero Hermione, creo que…
― ¡Episkey!
― ¡AY! ¡Demonios! ―Se quejó.
― ¡Lo siento Ronnie! ― Dijo acercándose para examinarlo. ― Te lo dije, no funciona así, necesitas…
          -Está mejorando Herms, mira.
El brazo estaba menos hinchado y el chico notaba como los huesos se le estaban acomodando lentamente
―Creo que un par de días más y ya está. 
―Tal vez, eso espero. ¿No deberías enviarle un patronus a tu familia? Deben estar preocupados.
―Cierto, lo olvidé por completo.
Apuntó su varita, y realizando movimientos ondulantes, murmuró:
― ¡Expecto Patronum!
Un hermoso Terrier salió de su varita, dando volteretas entre ambos y, después de corretear, se quedó parado frente a él, esperando el mensaje. 
―Estamos bien. ― Murmuró. Dicho esto, el perro desapareció. 
―Te sale muy bien Ronnie. ―Opinó mientras le acariciaba su pecosa cara.
―Es por el recuerdo. ― Reconoció embobado. ― Nuestro beso en la Sala de los Menesteres, ése es el más feliz que tengo ahora.
Los chicos se besaron y comenzaron a caminar. Ron estaba tranquilo y seguro que no habría más mortífagos ahí, al contrario de Hermione, la cual estaba muy nerviosa y atenta a todo. A pesar de la notable inseguridad de Hermione, pasaron un agradable día, recorriendo las calles australianas y siguiendo a los padres de la castaña sólo por el gran deseo que tenía de verlos. Cuando regresaron a la noche, los hombres aparentaban estar dormidos.
Pasaron algunos días, en los cuales todas las tardes espiaban a los Granger cuando éstos salían del trabajo. Un día, la chica hasta tropezó con ellos a propósito sólo para poder sentirlos. Cada noche se sentía fatal, era muy doloroso tenerlos tan cerca y tan lejos al mismo tiempo, pero la compañía de su novio amortiguaba su dolor. En las mañanas, ella intentaba hacer el hechizo una y otra vez y, como siempre, volvía a fallar. Ya no tenía más dictamo para aplicarle a los hombres, y éstos tenían la cara al rojo vivo. Ahora por última vez, la chica volvía a intentarlo pero ahora estaba muy concentrada y segura de sí.

―Remorandum, Remorandum, Remorandum. ― Susurraba constantemente.
― ¿Ese es el nombre de tu nuevo hechizo? ― La interrumpió su novio. 
―Sí. ¿Suena….mal?
―Suena estupendo. ― Opinó mientras la abrazaba y le besaba la frente. ― ¡Eres brillante! Ahora tranquila, y hazlo. Sé que puedes.
La castaña tomó aire y temblorosa tomó la varita. Se acercó a los hombres con paso firme, levantó su brazo, apuntó y haciendo algunos movimientos de muñeca, exclamó con claridad:
― ¡Remorandum!
Esta vez, la varita lanzó una luz blanca y los cuerpos de los hombres se relajaron y a continuación, comenzaron a gritar:
― ¡Maldita sangre sucia! ¡Libéranos! ― Se quejaba Travers.
― ¡Te arrepentirás de esto Weasley! ¡No creas que somos los últimos en el mundo! ― Amenazaba Selwyn.
― ¡Bien hecho Hermione! ― Como pudo la abrazó y ella lo abrazó aún más fuerte, olvidando el brazo que seguía dañado. ― ¡AY! ― Se quejó dolorosamente, separándose por inercia.
― ¡Ronnie perdóname! ― Pidió arrepentida. ― ¡Te amo! ― Exclamó emocionada.
Los chicos se besaron por unos minutos y luego el pelirrojo se detuvo al escuchar que los hombres seguían maldiciéndolos.
― ¡Cállense idiotas! ¡Si no fuera por mi novia ya los habría matado!
La vez que los oía quejarse o el simple hecho de verlos le hacía irritarse mucho. Demasiado tal vez. Respiró hondo, se tranquilizó y mirando fijamente a su novia, preguntó:
― ¿Estás lista? Ahora iremos por tus padres.
- ¡Sí! ― Afirmó alegremente. 
La chica estaba feliz y comenzaba a pensar que si no fuera por el apoyo constante del pelirrojo no lo habría logrado o… si él no la acompañaba, probablemente habría sido capturada por los mortífagos o quizá la habrían matado. Salieron del parque y una vez en el centro, Hermione informó que sus padres estaban en una tienda a dos cuadras de donde se encontraban. Caminaron con rapidez y, aún así, esas dos cuadras le parecieron eternas. Cuando llegaron al lugar, observaron a través de la ventana y allí los vieron, comprando apetitivos y felices como de costumbre. Esperaron a que emprendieran el conocido camino hasta su hogar y los siguieron. En el momento en que los Granger abrían la puerta, se acercaron corriendo y susurraron a la vez:
― ¡Desmaius! 
Ésa fue la única forma que encontraron para dejarlos inconscientes por, al menos, unos minutos para poder ingresar a la casa.
― ¡Mobilicorpus!
Levitaron los cuerpos y los acomodaron en el sillón de la sala. Los Sres. Granger parecían dormidos. A pesar de saber que sus padres sólo se encontraban inconscientes, sin daño alguno, le daba un poco de nostalgia verlos en esa situación. Ron percibió esto, por lo tanto, se acercó más a ella, le tomó la mano y susurró: 
―Puedes hacerlo, tranquila. Y no olvides que te amo. ― Finalizó besándola tiernamente.
Como respuesta, le sonrió con nerviosismo. Tomó aire varias veces, sus manos estaban frías a causa del sudor. Buscó su varita, se concentró y los apuntó: 
― ¡Remorandum!
Lo dijo lo más fuerte y claro que pudo. Como antes, de la varita salió una luz blanca que iba directo a la cabeza de su madre.
― ¡Remorandum! ― Repitió, esta vez, apuntando a su padre.
La chica estaba muy preocupada y abrazó al pelirrojo, esperando el efecto de su hechizo. Algunos minutos pasaron y nada había cambiado. Ambos comenzaban a impacientarse, hasta que en un momento percibieron cómo el cuerpo de los adultos se relajaba. Sólo bastaron un par de segundos para que el tedioso silencio acabara:
― ¿Hija? ― La Sra. Granger comenzaba a despertarse, tocándose la cabeza y mirándolos muy extrañada.
― ¡Mamá! ― Exclamó feliz. 
La chica soltó a su novio y se abalanzó sobre su madre comenzando a llorar de la emoción.
― ¿Qué sucede Hermione? ― Preguntó su padre, quien estaba tan sorprendido y confuso como su madre.
Hermione los abrazó lo más fuerte que pudo y así permanecieron por unos instantes. Desde el otro lado de la sala, el chico observaba feliz la escena familiar. Luego, se separaron un poco y ella permaneció sentada en medio de ambos.
― ¿Dónde estamos cariño? ― Inquirió su madre. ― Pareciera como si este lugar lo… recordara. 
Su madre observaba con mucha atención toda la casa y en una esquina, vio a un chico: flaco, alto, de cabello tan rojo como el fuego, ojos celestes y un brazo quebrado. Lo conocía, era el mejor amigo de su hija pero ¿por qué se encontraba allí? Lo último que recordaba era estar en la sala de estar, a punto de tomar el té y era justo como estaba en ese momento, sólo que no era la misma sala y no había té. La ropa de su hija era distinta y el cabello lo tenía más enmarañado que de costumbre.
―Estamos… estamos en Victoria, Australia. Ha pasado cerca de un año desde que se fueron de Londres. Les… les tuve que...que… ― Le daba pavor que sus padres se enfadaran con ella, pero ya había comenzado y lo mejor era terminar. Sin darse cuenta, empezó a sollozar. ― Tuve que modificarles la memoria. ¡Perdón!
― ¡Hija! No llores. ―Pidió su padre. ― Creí que habíamos quedado de acuerdo que no harías magia en casa, un poco sí, sólo para practicar por cuestiones académicas, pero no hacia nosotros, cielo.
― ¡Estaban en peligro! ― Exclamó exasperada. 
Hermione  comenzó a contarles todo lo que había sucedido hasta ese día; desde que les modificó la memoria hasta cómo se desató la Batalla final en el colegio y habían vencido. Todo era cierto, pero olvidó algo: mencionar que salía con Ron, el chico al que ellos consideraban que era su amigo. Después de aproximadamente dos horas de plática, el padre se paró y fue hacia el pelirrojo.
―Debo agradecerte por proteger a mi hija y acompañarla hasta aquí, eres un gran amigo. ― Decía mientras le estrechaba la mano y le daba unas cariñosas palmaditas en la espalda.
Era espectacular haberse ganado de manera tan fácil la confianza del Sr. Granger. De seguro que ningún novio conseguía tan rápido esas palmaditas tan reconfortantes de su suegro. Pero había un problema: ellos no estaban al tanto de eso. Ahora que estaban frente a frente, era el momento de decirles que él era el novio de su hija. Con toda la valentía que tenía, comenzó con su pequeño discurso:
―Señor, quiero decirle con todo respeto que… 
En ese momento se detuvo al ver la mirada que le lanzó su novia. ¿Qué acaso no era ésa la mejor manera de decírselos? Al parecer Hermione no estaba de acuerdo. Era momento de retractarse:
―… que acompañé a su hija con… con mucho gusto. No fue nada.
El brillo que había tenido en su mirada durante la estancia en ese país, había desaparecido por completo en tan solo un par de segundos, esfumado como la felicidad con la presencia de un dementor. 
―Muchas gracias Ronald. ― Agradeció su suegra quien también le daba unas palmaditas. Luego se volteó a ver a su hija y agregó: ― Los felicito a ambos por lo valientes que han sido y por tomar grandes riesgos y comprometidas decisiones. 
La chica volvió a abrazar con fuerza a su madre. Esta vez, también se sumó su padre y arrastraron a Ron para el emotivo abrazo. 
―Hija, quiero que volvamos a Londres, a casa. ― Pidió su madre.
―Está bien mamá. Iré a sacar los pasajes para mañana, ¿les parece bien?  ― Ellos asintieron. ― Con Ron tenemos que arreglar unas cosas y vendremos por la mañana a recogerlos.
―Pero regresan para la cena, ¿cierto? ― Inquirió su madre.
―No, debemos hacer algo antes. Es algo… confidencial. 
― ¿Y dónde van a dormir? ― Preguntó muy interesado el Sr. Granger.
―Estamos cerca de aquí, no se preocupen. ―Avisó la chica mientras abría la puerta de entrada. ― ¡Los vemos mañana!¬
Salieron de allí para ir directo al aeropuerto. Mientras hacían la fila para sacar el pasaje, Ron tenía una pregunta que le rondaba en la cabeza desde el momento en que salieron de la casa de los Granger. Desesperado por obtener una respuesta coherente, soltó la pregunta sin más:
― ¿Por qué no les dijiste que estamos juntos? ― Murmuró. ―Lo estamos, ¿no?
―Claro que sí Ronnie, pero prefiero… esperar un poco.
― ¿Hay… algún problema?
―No, es que… mis padres son… bueno, un poco sobreprotectores y no quiero que malinterpreten las cosas. ― Se dio cuenta de inmediato de la cara de desilusión del chico y entonces, agregó sonriendo: ― Se lo diremos antes de volver a Hogwarts, lo prometo.
―Para eso faltan tres meses. ― Musitó un poco enfadado.
―Por eso dije antes. ― Repitió, tomándole la mano. ― No te enojes, se lo diremos. No creas que no quiero contarles, lo haremos a su debido tiempo. Es mucha información para ellos.
-Está bien, no quiero presionarte. Todo a su debido tiempo… supongo.
Sacaron los pasajes; saldrían a las ocho de la mañana. Aún debían resolver las cosas que tenían pendiente lo más rápido que podían, entonces, regresaron a toda velocidad al parque. Al entrar al perímetro de los encantamientos protectores, aún permanecían allí los hombres, atados y sin poder ver. Hermione se adentró en la tienda para guardar sus pertenencias, mientras él intentaba invocar a su patronus. Le costó horrores poder hacerlo, pero finalmente lo logró. Avisó a su padre del viaje que harían y le pidió que enviara a Kingsley de inmediato con un par de aurores por cuestiones de seguridad. Se alejó lo suficiente para esperarlos y, un par de minutos más tarde, llegaron, tal como lo había esperado.
―Ron, recibí el mensaje urgente de tu padre. ¿Todo está en orden? — Inquirió Shacklebolt.  
―Sí, nada de qué preocuparse. ― Le aseguró. ― Vinimos aquí para buscar a los padres de Hermione y nos topamos con un par que querrás conocer. 
Adentró al grupo de aurores hasta llegar hacia donde estaban los mortífagos.
― Buen trabajo chicos, los felicito. No debería sorprenderme pero es algo para alegrarse un poco. Veo que te han dado un poco de trabajo, ¿no? ― Dijo apuntando hacia su brazo, el cual seguía vendado.  
―Sí, pero no es nada. 
―Suerte que tengo esto. ― Comentó con una sonrisa.
 De entre su túnica, Kingsley sacó una botellita de crece-huesos y se la entregó al chico.
―Bébela hasta el fondo, siempre es bueno andar con esto si tienes misiones que cumplir.
Ron, obediente, aceptó la botellita y la bebió de una sola vez. La poción era realmente asquerosa, lo cual hizo que haga algunas arcadas. Hermione al oír voces, salió de la tienda y saludó amistosamente a los recién llegados. 
― ¿Con lo de tus padres necesitan ayuda? ― Preguntó el hombre robusto, mirando a la castaña.
―No, gracias, ya los encontramos. ¿Cree que pueden haber más mortífagos por aquí?
―No lo creo. En Londres estamos ubicándolos de apoco, es un trabajo un poco pesado, pero necesario. Muchas gracias por avisarnos.
Kingsley se despidió de los chicos y se dirigió hacia afuera del perímetro de encantamientos, arrastrando a los capturados con la ayuda del resto de su equipo. Justo antes de desaparecerse, Travers los amenazó:
― ¡No te salvarás Weasley! ¡Te lo puedo asegurar!
Los chicos hicieron caso omiso a esa intimidación. Siguieron guardando sus pertenencias y, a la noche, el chico prefirió dormir solo ya que con el crece―huesos su brazo estaba demasiado adolorido. 
A la mañana temprano, levantaron la tienda y se dirigieron a buscar a los padres de la chica. Ron estaba más callado de lo común. Le había molestado bastante que su novia no le contara la relación que tenían a sus padres, pero tal vez tenía razón; era demasiada información por un día. 
Luego del largo viaje, llegaron a Londres aproximadamente a las once de la noche. El chico tenía la vaga esperanza que su novia volvería a La Madriguera con él, pero desde luego que ella planeaba quedarse con sus padres. Apartados de  los señores Granger, comenzaron a hablar:
―Debo quedarme con ellos, Ron. ― Susurró.
―Pero ¿cuándo volveremos a vernos? ― Preguntó un poco triste y enfadado.
―Lo dices como si fuéramos a separarnos por años. ― Respondió graciosa. ― En unas semanas iré a verlos.
―Está bien.
Hermione notó el extraño y repentino comportamiento de su novio. Estaba así desde el día anterior. Algo no andaba bien, estaba distante y frío con ella. Fuera lo que fuere, estaba lista para enfrentarlo.
― ¿Te sucede algo?
―No, ¿qué podría pasarme?
―Ron dime que te pasa.
―No sé de qué hablas.
― ¡Ronald! ¡Dime ahora mismo qué sucede!
―Nada del otro mundo: viajamos, recuperas a tus padres y te olvidas de mí. ¿Eso te parece tan raro?
Desde luego que ella no se esperaba esa respuesta. Fue algo con tanta naturalidad que hizo que se enfadara.
― ¡Eres un…!
― ¡Vamos! ¡Dilo! ― La desafió.
―Adiós Ronald.
La castaña se alejó con sus padres muy enfadada al igual que Ron. Éste último fue al callejón que estaba a unas cuadras del aeropuerto y se desapareció, volviendo a su hogar con su familia. Estaba muy enfadado en ese momento y actuó sin pensar, tanto así que no quería saber nada de ella por al menos unos días.



« 3- Australia Comenta este capítulo | Ir arriba 5- Flourish y Blotts »


Potterfics - Harrylatino
Potterfics es parte de la Red HarryLatino

contacto@potterfics.com

Todos los derechos reservados. Los personajes, nombres de HARRY POTTER, así como otras marcas de identificación relacionadas, son marcas registradas de Warner Bros. TM & © 2003. Derechos de publicación de Harry Potter © J.K.R.